YO TAMBIÉN PUEDO SER GUIONISTA

21 octubre, 2014

Por David Muñoz

Hace unos días terminé de leer las 303 sinopsis que han llegado a la nueva convocatoria del programa de desarrollo de guiones de largometraje DAMA Ayuda, en la que soy tutor y también miembro del jurado que selecciona las que van a desarrollarse.

Como suele ser habitual, abundan los dramas y hay muy pocas comedias. Y entre los géneros, el dominante es el que podríamos llamar “dramón realista”, aunque también ha habido muchos thrillers y muchas historias de ciencia ficción.

Pero una de las cosas que más llama la atención es que de 303 solo 64 han sido escritas por mujeres. Y de esas 64, 4 están coescritas con un hombre.

Convendréis conmigo en que se trata de un porcentaje muy pequeño. Y el año pasado ocurrió más o menos igual.

Se dice a menudo -y con razón-, que hay muy pocas mujeres trabajando en el audiovisual español. Especialmente en el cine. Hay pocas mujeres directores de cine y también pocas guionistas que escriban largometrajes (bueno, en realidad nadie trabaja ahora habitualmente escribiendo largos, pero ese es otro tema).

Justo estaba revisando esta entrada cuando leí un tweet de Virginia Yagüe, presidenta de CIMA, que aporta datos concretos sobre esta situación. Lo pego: “De un total de 1.452 cineastas las #mujeres representan el 7% en dirección, el 19,7% en #guion y el 22,7% en producción”.

Como veis, son unos porcentajes incluso mucho inferiores a los de esta convocatoria de DAMA Ayuda.

Y sí, estoy dejando fuera adrede la televisión. Primero porque creo que la situación es distinta (a falta de datos, esa es mi impresión subjetiva), y porque al fin y al cabo DAMA Ayuda es una convocatoria de proyectos de guiones de largometraje y no tengo ni idea de lo que habría pasado si lo que desarrolláramos fueran proyectos de televisión.

Yo lo que me he preguntado al ver que solo 64 mujeres han enviado sinopsis a DAMA Ayuda ha sido: ¿seguro que la mujer está poco representada en el cine o lo que ocurre es que hay pocas mujeres que intentan escribir cine?

Me parece un matiz muy importante. Creo que lo que no tiene sentido, y no soluciona el que creo es el verdadero problema, es imaginar que hay legiones de mujeres aspirantes a guionista de cine a las que se niega el acceso al mercado (que haberlas las hay, y conozco a algunas porque son o han sido alumnas mías, pero casi todos mis alumnos se encuentran en la misma situación; no veo que a ellos les resulte más fácil conseguir escribir su primer largo**).

Por otra parte, estos días también han empezado a arrancar los cursos de guión 2014-15 en los que soy profesor y, salvo allí donde se aplica un criterio de discriminación positiva, hay muy pocas mujeres, especialmente si de lo que se trata es de escribir solo cine. Por ejemplo, en el Instituto del cine, de entre 17 alumnos, solo tres o cuatro son mujeres (no puedo confirmar el número porque solo he ido un día, faltó gente y aún no tengo la lista).

Entonces, lo que me pregunto es… ¿Por qué hay tan pocas mujeres con interés en escribir guiones de largometraje? Y, ¿cómo conseguir que empiece a parecerles una posibilidad?

Ah, aunque quizá debería haberlo dicho al principio, creo que debería preocuparnos que las mujeres piensen que escribir largometrajes no es para ellas. Y no porque me parezca que una mujer guionista vaya a aportar necesariamente algo que no pueda aportar un hombre. Eso depende de cada guionista. Pensar que automáticamente una mujer aporta un punto de vista (estereotipadamente) femenino me parece, en fin, muy machista, y me recuerda a aquellos manuales del franquismo que adjudicaban a las mujeres cualidades tipo dulzura, paciencia, sensibilidad, etc. Igual que hay guionistas hombres que solo escriben sobre hombres (y problemas específicos de hombres), como John Milius o David Mamet, hay otros como Lars Von Trier que prefieren narrar sus historias casi siempre desde un punto de vista femenino. Como creadores, como hombres, Milius y Trier existen en mundos mentales totalmente diferentes. Pertenecen al mismo género porque tienen genitales, pero ya. Lo mismo que pasa con Nora Ephron y Kathryn Bigelow, por poner un ejemplo de mujeres cineastas.

Os lo aseguro: he leído las sinopsis de DAMA sin mirar el nombre de sus autores y en el 90% de los casos he sido incapaz de adivinar si su autor era un hombre o una mujer.

No, lo que me preocupa a mí es que haya un porcentaje muy significativo de gente con potencial para escribir buenos guiones de largometraje que, de forma casi instintiva, sin haberlo razonado demasiado, haya decidido que eso no es lo suyo, que no puede ser lo suyo. Como padre de una hija, es algo en lo que pienso mucho: ¿por qué una mujer tiene que descartar a priori la posibilidad de ser guionista o directora de cine? ¿Por qué a mi hija le parecería más natural trabajar por ejemplo en producción, perpetuando el estereotipo de mujer organizadora/cuidadora?

Hablando de esto en Twitter, uno de mis seguidores, “Pi”, me pasó el link a un vídeo que me pareció muy interesante. Tanto, que me ha hecho cuestionarme algunas de mis ideas sobre cómo resolver el problema:

http://www.eitb.com/es/divulgacion/naukas-bilbao/videos/detalle/2589086/video-naukas-bilbao-2014beatriz-sevilla-ha-ofrecido-charla/

Una de las cosas que cuenta Beatriz Sevilla, la chica que da la charla del vídeo (y digo “chica” porque parece muy joven; no soy uno de esos que llama “chica” a las mujeres de 40 años…), es que hay menos mujeres que quieren ser científicas porque hay pocas mujeres científicas. Y debido a ello entienden que es un área en la que no son muy bien recibidas. Y de hecho, a las que desean serlo, ya que el consenso general es que son unas intrusas, que no es lo suyo y que nunca se les podrá dar tan bien como a un hombre, se las trata peor que a los hombres. Trabajan en peores condiciones, ganan menos dinero, y casi nunca consiguen puestos de responsabilidad.

Otra idea interesante que plantea Beatriz Sevilla, es que cuando crees que no puedes hacer algo, o bien no se te ocurre que podrías intentarlo, o, aunque lo intentes, lo haces peor.

De nuevo en Twitter, hablando con ahora no recuerdo si el mismo seguidor u otro, éste me ponía otro ejemplo de trabajo en el que el sexo es determinante: en las escuelas infantiles, en las guarderías, apenas hay hombres. Se entiende que es un trabajo de mujeres. Y cuando algún hombre consigue que lo contraten, no es raro que los padres le miren con recelo, como si fuera un posible pederasta. Así, no es raro que haya muy pocos hombres deseando hacer ese trabajo. Por mucho que hubieran disfrutado trabajando con niños de corta edad o por muy bien que hubieran podido haberlo hecho, eligen otra salida laboral. O más bien la sociedad ya la ha elegido por ellos.

Esto me llevó a pensar en otra cosa: yo de chaval jamás pensé que podría ser guionista de cine. Mi padre es carpintero y mi madre ama de casa, y vivía en Usera. No conocía a nadie que ni siquiera se dedicara a un trabajo creativo, y mucho menos a guionistas o directores de cine. Si llegué a escribir largometrajes fue porque lo que sí quise ser fue guionista de cómics (en realidad dibujante). Me parecía algo más asequible, más cercano. Y tampoco creo que me lo hubiera planteado seriamente de no haberme matriculado en Bellas Artes y haber conocido allí a otros locos del cómic como yo.

Respecto al cine, fue fundamental conocer a Antonio Trashorras, mi coguionista durante años, que ya entonces trabajaba de crítico de cine y, aunque también era de un barrio del sur de Madrid, conocía a algunos directores y productores y me hizo ver que podíamos intentarlo. Luego, al empezar a trabajar profesionalmente, descubrí que, efectivamente, guionistas “de barrio” éramos pocos (Carlos López o Javier Olivares, por ejemplo, entre los que conozco) y que era raro encontrarte a alguien de Madrid trabajando en el cine o la televisión que hubiera nacido en la ribera sur del Manzanares.

Así que parece claro que para creer que puedes llegar a hacer algo es importante que te identifiques con la gente que lo ha hecho antes que tú, que sientas que puedes llegar a ser uno de ellos.

Más ejemplos: hace un tiempo leí una entrevista con David Simon, el creador de The Wire, en la que decía que el mayor problema de muchos chavales afroamericanos pobres es que piensan que su vida solo puede ser de una manera y por tanto es la vida que acaban viviendo. Es una profecía autocumplida.

Estas reflexiones me han llevado a cuestionarme algo que siempre había tenido claro.

Como quizá habréis intuido si habéis llegado hasta aquí, no soy muy partidario de la discriminación positiva.

No me gusta porque mi mundo ideal sería una meritocracia. En ese mundo llegarías más cerca o más lejos en razón de tu talento, no de tu sexo o del dinero que tienen tus padres en el banco.

Pero… ¿y si la única manera de cambiar las cosas es dar ejemplo?  ¿Habría que elegir entonces en DAMA Ayuda mitad de sinopsis de mujeres y otra mitad de hombres?

Claro que, como también explica Beatriz Sevilla en su charla, la discriminación positiva tampoco es la panacea universal.

La verdad es que aún no tengo una buena respuesta. Todavía sigo dándole vueltas.

En fin, hoy solo tengo dudas. Pero si llego pronto a alguna conclusión os prometo compartirla con vosotros.

Y por supuesto, me encantaría saber lo que pensáis vosotros al respecto. Sobre todo, vosotras.

**Sé de productores “vieja escuela” que no están a gusto trabajando con mujeres. Por desgracia, existen. Pero creo -o quiero creer- que cada vez son menos. Son una especie en vías de extinción.


FIRMAS INVITADAS. JOANES URKIXO – ESCRIBIR “LASA Y ZABALA”

20 octubre, 2014

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Por Joanes Urkixo

Los compañeros de Bloguionistas me han pedido que os hable de “Lasa y Zabala”, película cuyo guion firmo y que muy probablemente ya se haya estrenado en salas cuando esto se publique. Agradezco mucho la invitación y me apresto a debutar en la primera división de los blogs del audiovisual contando cómo fue el proceso de desarrollo del guion y esperando, cuando menos, no resultaros aburrido.

Hablar del conflicto vasco. Lo había discutido en diversas ocasiones con el productor Joxe Portela (Abra Prod) pero la idea se quedaba siempre a la espera de tiempos mejores, pues a nadie se le escapa que hablar del conflicto vasco ha sido y sigue siendo una tarea enormemente delicada y llena de riesgos, más aún si la intención no se centra en alguno de los atentados de ETA sino, como era nuestro caso, en la guerra sucia del estado.

Hubo de pasar aún bastante tiempo para que las cosas cambiaran lo suficiente, cese definitivo de la actividad de ETA mediante, hasta que una mañana de principios de 2013 desperté asaltado por la idea de que había llegado el momento y no podía perder un segundo más. Seguro que todos habéis sentido alguna vez esa clase de revelación y comprendéis la urgencia que me empujó al ordenador sin siquiera desayunar. Aquella mañana elegí el tema (el caso Lasa y Zabala tenía un valor simbólico añadido por ser el primer acto del GAL y además era el mejor documentado), a lo que siguió un periodo de documentación y visitas a la hemeroteca contra el reloj y sin contárselo a nadie por el temor de que alguien se me adelantara, hasta que pude reunir unas páginas con el relato cronológico de los hechos (impactante incluso para aquellos que los vivimos)  y una propuesta narrativa.

Y se lo enseñé al productor.

Puesta en marcha. Este reaccionó de inmediato enviándoselo a ETB pues, en aquel momento, ambos pensábamos que las mayores opciones estaban en una tvmovie o miniserie de dos capítulos aun sin descartar el cine. No habían pasado dos semanas cuando ETB nos convocó a reunión.

Lo primero que hicimos fue incorporar a Pablo Malo quien, además de no estar significado políticamente, añadía un estilo narrativo y de dirección de autores que nos gustaba. Así pues, acudimos los tres a la reunión y allí nos llevamos la primera sorpresa: ETB no iba a invertir más en tvmovies, estaba en cambio interesada en que hiciéramos una película. Por supuesto, aún teníamos que presentar un guion a su comisión de coproducciones. Y aquí vino la segunda y no tan agradable sorpresa: tenía cuatro semanas exactas de plazo.

Decisiones. La primera decisión de urgencia fue que la película fuera bilingüe. Parecía lo más sensato que los personajes hablaran en su forma natural: refugiados vascos, familiares y población local en euskera, en castellano los guardias civiles así como todo el sumario y el juicio, aunque, para optar a las ayudas a la producción en euskera (algo mayores que en el caso del castellano) al menos un 50% de los diálogos tendrían que ser en dicha lengua. Sin duda esto limitaba un tanto las opciones narrativas y me cargaba con el trabajo añadido de las traducciones, pues Pablo Malo no habla euskera.

También era el momento de elegir un punto de vista. Descartamos diversas opciones, como el policía de Alicante Jesús García (gracias a quien se identificaron los cuerpos) o incluso uno de los asesinos, el guardia civil Bayo, para centrarnos finalmente en el abogado de las familias, único protagonista que estuvo presente en todos los hechos de principio a fin. También la idea de centrarnos en los propios Lasa y Zabala se abandonó enseguida: su papel en la historia era trágicamente breve, conocíamos poco de sus actividades anteriores al secuestro, el único retrato que teníamos de ellos procedía de los familiares… No queríamos caer en una imagen empática ni, por ultracorrección, caer en el extremo opuesto.

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Otra decisión inicial fue incorporar a la historia la voz de los familiares de Lasa y Zabala. Sus portavoces, Axun Lasa y Pili Zabala siempre han difundido un mensaje alejado del deseo de venganza y centrado en la justicia, la reconciliación y el entendimiento que los tres, productor, director y guionista, compartimos punto por punto y quisimos que estuviera presente.

A reescribir. Pude acabar a tiempo la primera versión con su correspondiente traducción, aunque éramos conscientes de que aún quedaba mucho camino por recorrer: teníamos una historia con contenido impactante pero estructurada sobre una entrevista a los personajes de Axun y Pili que, fragmento a fragmento, iban dando paso a los diferentes bloques y saltos temporales, en tanto que el personaje principal, el abogado, limitaba su papel a las actuaciones del sumario y el proceso. Todo esto daba a la historia un tono muy documental en el que los acontecimientos sucedían por sí mismos en vez de producirse como consecuencia de las decisiones del protagonista. Esto último me parecía que debía ser la clave de toda nuestra construcción dramática, lo que marcaría la diferencia entre limitarse a contar los hechos tal como ocurrieron o dramatizar la narración para darle identidad propia.

La solución nos llegó al descubrir en una documentación adicional que el abogado real, Iñigo Iruin, había tenido un ayudante durante el sumario. Esto nos proporcionaba un personaje con quien el protagonista pudiera interactuar, expresar sus pensamientos y, en definitiva, desarrollar un conflicto, de modo que decidimos aprovecharlo aunque al hacerlo tuvimos que tomar otra decisión importante:  ficcionar al protagonista.

Dos versiones más tarde contábamos ya con un guion aceptable y favorablemente recibido por todos sus lectores beta, entre ellos varios directores y guionistas. Su estructura, que es básicamente la que se ha mantenido hasta el final, se asentaba  sobre dos planos narrativos: mientras el principal seguía de modo fiel los hechos relativos al sumario y al posterior juicio del caso “Lasa y Zabala”, la subtrama particular del protagonista, nos mostraba a un “Iñigo” ficcionado con un arco dramático y un conflicto que el auténtico Iñigo Iruin jamás tuvo.

A partir de ahí comenzó el trabajo de pulido y afinado. En primer lugar, los cortes de entrevista a Axun y Pili quedaron reducidos a solo uno, lo justo para transmitirnos la esencia de su mensaje. Hubo que suprimir más cosas, pues una de las características de este proyecto ha sido la gran abundancia de hechos reseñables, con la consabida tendencia a irme largo de páginas y el también consabido dolor al tener que eliminarlas después. Además, Pablo Malo empezaba ya a ver con bastante claridad la clase de narración que quería y eso acarreaba cambios pensados desde la planificación de secuencias.

Y a rodar. Solo 8 meses (debe andar cerca del récord) y 7 versiones hicieron falta para llegar al rodaje, en Enero de 2014. En ese momento yo era un tanto crítico con algunas decisiones finales de Pablo y me hice a la idea de no esperar demasiado, pero cuando meses más tarde vi la película terminada me llevé una agradable sorpresa pues gran parte de lo que no me gustaba se había quedado en la mesa de montaje. Quiero pensar que mis opiniones al respecto tuvieron algo que ver, aunque no quiero decir con esto que estoy del todo satisfecho, no sería guionista si lo estuviera. Pero, en cualquier caso, creo que Pablo ha hecho un estupendo trabajo y suscribo la película en su totalidad, quizá con la salvedad de que fuera de Euskadi vais a verla doblada al castellano y eso me intranquiliza bastante.

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Joanes Urkixo, a la derecha, con el reparto de la película, en Donosti.

Escribo esto después del estreno en el Festival de Donostia y a pocos días del estreno en salas. Tenemos ya, por tanto, una primera tanda de reacciones que han venido a decantarse en dos grupos radicalmente opuestos: el de aquellos que a priori empatizaban con la historia, y el de quienes no lo hacían y tratan de explicarlo de formas muy diversas aunque todas ellas centradas en el aspecto político. Muy poquito ha habido de crítica cinematográfica e incluso esta parece claramente dividida. Personalmente agradecería más de esto último, pero imagino que las críticas del estreno seguirán la misma senda. Quedáis vosotros, los profesionales, para aportar algo de objetividad.


#LEYLASALLENO Y OTROS CUATRO ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

17 octubre, 2014

Por Alberto Pérez Castaños.

1. ¿Estás atascado en tu guión? ¿No sabes cómo encarar esa maldita escena tan importante del segundo acto? John August es el guionista de películas como ‘Frankenweenie’, ‘Big Fish’, ‘La novia cadáver’ o ‘Titán AE’ entre otras muchas y tiene 11 claves para ti.

2. Nunca nos dejaremos de preguntar por qué la televisiones españolas tratan tan mal a los espectadores de series con sus horarios inverosímiles y duraciones de capítulos excesivas. Es el eterno debate, la eterna queja y, por desgracia, la eterna derrota, pero nunca está de más volver a analizar la situación y en este artículo se hace de manera bastante completa, intervención del Bloguionista Natxo López incluida.

3. El pasado martes tuvo lugar una nueva manifestación contra la Ley Lasalle, en la que representantes de la cultura de todos los ámbitos protestaron contra las inminentes consecuencias de dicha ley. En la web de DAMA están explicadas con detalle. #LeyLasalleNO.

4. En ‘Saturday Night Live’ están de celebración: cumplen 40 temporadas. Nosotros nos queremos unir a la alegría de que este legendario show siga pegando fuerte compartiendo este maravilloso enlace en el que están transcritos TODOS los guiones de todos los programas emitidos, incluidos los de la nueva temporada.

5. En Bloguionistas nos encanta cuando otros profesionales hablan sobre su proceso creativo y sus rutinas. Y si ponen caras graciosas mientras lo hacen, como Mike White en este vídeo, mejor:

Buen fin de semana.


BIENVENIDO, MR. TRONOS

15 octubre, 2014

Por Alberto Pérez Castaños.

La semana pasada los afiliados al sindicato ALMA recibimos una sorpresa en nuestros respectivos buzones de entrada. Aprovechando que actualmente se está rodando ‘Juego de Tronos’ en Sevilla, los showrunners de la serie, David Benioff y Daniel. B. Weiss, darían una Masterclass en la ciudad el martes 14 de octubre y estábamos invitados. Esta vez, al contrario que con las grandiosas Masterclass de Greg Daniels y André y Maria Jacqmetton, la organización no corría por cuenta de ALMA; en esta ocasión el sindicato colaboraría con la SGAE y la Andalucía Film Comission, principales responsables del acto y de que las casi 300 personas que acudieron al Teatro Central de Sevilla pudiésemos hacerles preguntas a estas superestrellas de la industria televisiva.

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Daniel B. Weiss y David Benioff. Foto: Vanityfair.

Los dos protagonistas llegaron al Teatro Central de Sevilla pasadas las cinco de la tarde. Tras saludar y ser presentados por los organizadores empezaba el evento, no sin antes recordarnos que en una hora y media la pareja de guionistas se tendría que marchar y que, como podréis adivinar debido a la ausencia de material gráfico propio en el post, estaba prohibido hacer fotos –al menos fotos periodísticamente aceptables–.*

*Actualización (16 octubre): Gracias a ALMA por facilitarnos fotos del encuentro realizadas por la organización.

Pese a que, antes de comenzar a repartir micrófonos entre los asistentes, la moderadora insistió que fuésemos al grano debido al poco tiempo del que disponíamos y las muchas personas que queríamos hacer alguna cuestión, el afortunado en formular la primera pregunta aprovechó su turno para decir que tenía de un canal de Youtube y pidió a los showrunners que dijesen el nombre de éste en voz alta –en español, de ahí “la gracia”– para lo que parecía ser algún tipo de promoción. Bienvenidos a España, Benioff y Weiss.

Afortunadamente no todas las intervenciones indujeron a la ingesta de cicuta y, en los 90 minutos que los norteamericanos estuvieron sobre el escenario pudieron responder cosas bastante interesantes. Aunque, en opinión de quién esto escribe, hubo cierta carencia de preguntas sobre guión para tratarse de… bueno, de guionistas.

Para empezar, Benioff dijo que se sentían “emocionados de poder estar en Sevilla”, ya que rodar en el Alcázar siempre había sido “una prioridad” desde el principio y estaban “muy sorprendidos y agradecidos” de que les dejasen trabajar allí pese a que, como dijeron más adelante, “España no es un país barato para rodar”. El equipo de la serie estará en Andalucía hasta finales de mes y está previsto el estreno de la nueva temporada para principios de abril.

Encuentro con los guionistas de  Juego de Tronos en Sevilla. Fundación SGAE y Andalucía Film Commission. D. Benioff y D. Weiss

David Benioff y Daniel B. Weiss, ayer en la Masterclass

Los debates sobre la fidelidad de la adaptación de las novelas de George R.R. Martin siempre están presentes, algo de lo que los showrunners son conscientes. Sobre el asunto, Weiss comentó que “la adaptación no es como un matrimonio: no tiene que ser fiel”. “El objetivo de la serie es reproducir la atmósfera de las novelas y hacer que el espectador se sienta como nosotros cuando leímos los libros por primera vez”, sentenció.

Como showrunners que son, David Benioff y Daniel. B. Weiss tienen el poder absoluto de la serie. Por eso, cuando les preguntaron sobre si hay margen para la improvisación de los actores en algunas escenas fueron tajantes: “No hay lugar para improvisar. El lenguaje utilizado en la serie requiere mucha interiorización por parte de los actores y no hay espacio para ello. De hecho, alguien improvisó una línea una vez y lo matamos en el siguiente capítulo”, terminaron bromeando.

Sin embargo, cuando fueron cuestionados por el enorme éxito de la serie no respondieron tan seguros: “No sabemos por qué ‘Juego de Tronos’ tiene tanto éxito. Quizás porque era un nicho vacío y porque es una serie sobre un mundo que nos es ajeno a todos por igual”, afirmó Weiss.

Afortunadamente, a pesar de la abundancia de preguntas tipo señora-de-Cuenca, Benioff y Weiss también pudieron comentar algunas cuestiones sobre guión. Contaron que se escriben todos los guiones de la temporada antes de empezar a grabar para poder rodar por bloques. Además, confesaron que utilizan tarjetas de colores para diferenciar las tramas sobre la pizarra –”muy grande, para que quepan todos los personajes”, aseguraron– y que debido a la multitud de líneas simultáneas por capítulo a veces tienen problemas para encontrar tarjetas de tantos colores diferentes. “Tenemos suerte de conocer el recorrido que tiene la historia, porque normalmente las series se escriben sin saber cuándo acaban”, dijeron. Es decir, está confirmado: ya saben cómo va a terminar ‘Juego de Tronos’.

Sobre la preparación de la escritura de una temporada, Benioff contó que los cuatro guionistas de la serie se reúnen y cada uno desarrolla un cuarto de temporada en un outline. “Hacemos outlines de 130 páginas. Nos dimos cuenta que cuando los hacíamos tan extensos la HBO nos ponía menos comentarios”, confesó. Por cierto, ¿adivináis cuál fue la escena más difícil de escribir en lo que llevan de serie? Exacto, la Boda Roja. “Fue traumático y doloroso, tanto para nosotros como para los actores”, dijo Benioff.

Algunas de las respuestas más curiosas de la Masterclass llegaron cuando fueron preguntados por su relación con el autor de las novelas, George R. R. Martin y cómo iniciaron su relación con él. Dejaron claro que Martin jamás les ha reprochado ninguna decisión que han tomado en la serie y que nunca se ha entrometido en su trabajo. Tanto Benioff como Weiss tenían experiencia nula en televisión cuando le propusieron al novelista adaptar su trabajo. “Al principio, Martin estaba convencido de que ‘Juego de Tronos’ era imposible de adaptar”, contó Weiss. Pero terminaron convenciéndole a lo largo de numerosos encuentros, meriendas y cenas. Recuerdan que Martin, antes de estar convencido, les preguntó quién era la madre de Jon Snow: “La respuesta que le dimos le gustó y empezó a confiar en nosotros”, dijeron. Otra curiosidad: afirmaron que los dos leyeron el primer libro por separado y que, ambos, antes de comentar nada, pensaron en Sean Bean para el personaje de Ned Stark.

Encuentro con los guionistas de J uego de Tronos en Sevilla. Fundación SGAE y Andalucía Film Commission_Teatro Central abarrotado

El Teatro Central, lleno para escuchar a los showrunners.

Además de encargarse de la redacción de la mayoría de los guiones de la serie, Benioff y Weiss también se han puesto detrás de las cámaras alguna vez. Sin embargo, tal y como afirmaron ayer, pese a que “dirigir es una experiencia maravillosa”, esta temporada no volverán a hacerlo.

Como se ha comentado anteriormente, ni Weiss ni Benioff tenían experiencia como guionistas televisivos antes de embarcarse en ‘Juego de Tronos’, pero sí como novelistas y guionistas de cine. Por eso, cuando les preguntaron sobre las principales diferencias que consideran que existen entre cine y televisión, respondieron que “en cine, el que manda es el director, mientras que en televisión lo hace el guionista”. “Nunca antes habíamos estado en un casting y ahora lo elegimos todo, creamos nuestro sueño. En cine, por ejemplo jamás hubiese podido elegir el compositor, y sí lo hice en ‘Juego de Tronos’”, afirmó Benioff, que terminó la Masterclass citando a David Mamet: “Escribir una película es como correr un maratón; escribir una serie es correr hasta que te mueres”.


¿ESTÁ BIEN VISTO CAGARSE EN LOS LÍMITES DEL HUMOR O ES MEJOR “HACER CAQUITA”?

15 octubre, 2014

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por Juanjo Ramírez Mascaró

Son tiempos siniestros. Todos estamos trastocados por el ébola, ya sea pandemia, cortina de humo o ambas cosas. Hace poco publiqué un estado en Twitter y Facebook; una adaptación contemporánea de un chiste clásico:

- ¿Cuántos negros hacen falta para pintar una pared de rojo?

- En Liberia sólo hace falta un niño, pero no saldrá en las noticias.

Nadie se ha mostrado ofendido. Nadie ha dejado “replies” indignados. Nadie me ha hecho ningún unfollow hasta el momento. En Facebook incluso he conseguido algunos “Me gusta”, concedidos por gente que suele apoyar las causas justas.

Quizá me equivoque, pero creo que habría recibido insultos y lapidaciones virtuales – no sería la primera vez – si hubiese escrito exactamente el mismo tweet, pero suprimiendo las palabras: “pero no saldrá en las noticias.” En ese caso, el mensaje habría sido el siguiente:

- ¿Cuántos negros hacen falta para pintar una pared de rojo?

- En Liberia sólo hace falta un niño.

Existe una diferencia, ¿verdad? El primero es un alegato con crítica social. El segundo es un chiste cruel.

Personalmente creo que una mente lúcida sabría detectar la crítica social en la versión “recortada”.

Personalmente creo que una mente lúcida sabría detectar un utilitarismo frívolo en la versión “extendida”.

Personalmente creo que si aún quedan mentes lúcidas en estos tiempos convulsos, probablemente estén brindando con cianuro para no seguir soportándonos durante mucho tiempo.

El lenguaje humano es cojo, ciego y sordomudo. Y nosotros imbéciles.

Ser imbéciles tiene sus ventajas: Si no lo fuésemos no seguiríamos aquí. Nos habríamos marchado, o habríamos impedido que todo esto se convirtiese en “aquí”.

Pero estamos AQUÍ. Las cosas no son perfectas, y si intentamos arreglarlas obedeciendo el manual de instrucciones notaremos que nos sobran tres arandelas y cinco mil tornillos. En casos como éste me acuerdo de esa cita de Samuel Beckett que leí en una novela de Alex de la Iglesia:

Cuando tenemos la mierda hasta el cuello, sólo nos queda cantar.

En otras palabras, imbéciles: Este post va a tratar sobre los límites del humor

… o va a “tratar de tratar” sobre ellos porque el imbécil número uno soy yo, y confieso que tengo más opiniones quebradizas sobre el tema que argumentos potentes.

Llevo década y media dedicándome a esto de escribir. No es mucho tiempo, pero sí el suficiente para fabricar unas cuantas convicciones, cagarme en ellas, esculpir convicciones nuevas con la mierda resultante y volver a sentir – de repente – unas ganas incontrolables de cagar.

En esos años me he especializado sobre todo en dos géneros:

Comedia y terror.

Y a menudo la comedia y el terror se me juntan en un mismo proyecto, porque lo bueno del terror es que es como el color negro: que pega con todo…

… y también porque, en cierto modo, terror y comedia son el principio y el final de un mismo círculo. Ambos nacen de situaciones extremas, de circunstancias en las que ya nadie aguanta más.

En pocas palabras:

Risa histérica.

Reír por no llorar.

Llorar de risa.

Creo que el humor, al igual que el miedo o cualquier otro comportamiento humano visceral, está inscrito en nuestro ADN por una cuestión de pura supervivencia darwinista.

Así a priori estamos todos de acuerdo con eso, ¿verdad? “¡El humor es una válvula de escape!” “¡Al mal tiempo buena cara!” “¡Si la vida te manda pesadillas, devuélvele sonrisas!” “Jejejeje”

El problema llega cuando alguien hace un chiste sobre un tema que a ti te afecta de forma personal. De repente ese chiste es cruel, inhumano, desconsiderado, poco apropiado. “¡Una cosa es reírse y otra es tener mal gusto!

Podría termina este post justo aquí, en esta frase, si alguien me mostrase un barómetro objetivo para medir el sentido del humor y el sufrimiento humanos.

¿Alguien lo tiene?

¿Quién?

¿Nadie?

¡No! ¡Todos a la vez no, por favor!

Está bien, continúo:

Si trabajas en comedia para televisión, teniendo que hacer chistes todos los días sobre todos los temas, es muy probable que, de vez en cuando, te veas obligado a idear bromas sobre temas que, en ese momento concreto de tu vida, te afectan de manera muy directa.

Cuando la gente se sienta en el sofá, cuando hace zapping en busca de miserias que le hagan reír porque no son las suyas propias… a veces dichas miserias están escritas por alguien que sí las está viviendo en primera persona. No es raro que un guionista de comedia se vea obligado a escribir chistes de funerales cuando acaba de morírsele alguien. No es raro que tenga que escribir sobre anorexia cuando tiene un familiar cercano sufriendo dicha situación. No es raro tener que buscarle la comedia al cáncer mientras esperas los resultados de una biopsia (tuya o de un ser querido) o mientras tu hipocondría personal te susurra que quizá deberías hacerte una.

En esa clase de situaciones, un escritor consagrado al humor nunca te dirá que “de ese tema no hay que reírse”. En todo caso dirá: “Oye, hoy yo no estoy de humor para hacer chistes sobre esto. No quiero removerlo. Hacedlo vosotros. Ya os cubriré yo a vosotros cuando estéis en esta misma situación con cualquier otro asunto.

No obstante, también es habitual que la persona más afectada por algo sea la más dispuesta a hacer bromas sobre ello, la que propone los chistes más brillantes, ésos tan afilados que llegan hasta el tuétano porque provienen del tuétano. Lo hablaba el otro día con Daniel Castro: La comedia más auténtica proviene del dolor, de la indignación y de la rabia.

¡Y coño! Porque si algo tenemos en común quienes nos consagramos al humor es que no existe ningún tema del que no necesitemos reírnos. Siempre habrá bajas colaterales, por supuesto. Si algo no es susceptible de ofender a nadie, no es humor.

Cuando trabajaba en Vaya Semanita aprendí mil cosas. Una de ellas: Es casi imposible prever a quién vas a ofender con tus chistes. En ocasiones nos agarrábamos a la barandilla de la montaña rusa pensando que habíamos emitido algo que cabrearía a un montón sensibilidades… y no pasaba nada. En otras ocasiones, sin embargo, emitíamos algo que considerábamos relativamente inocente… y nos llovían quejas e incluso amenazas de denuncia.

Si hiciésemos comedia intentando no ofender a nadie seríamos mariposas incapaces de volar por miedo a provocar un terremoto en San Francisco.

Curiosamente, las personas más útiles en los velatorios son las que, a pesar de las circunstancias, consiguen hacer reír a los dolientes, quitándole hierro al asunto, apartándolos de su tormento durante algunos segundos. Esas personas me parecen héroes, o cuñaos, o vete a saber qué… Yo no sé hacer eso, a pesar de que me paguen por ello, muchas veces, a pesar de tener que hacerlo  en salas más deprimentes que cualquier tanatorio.

En cierta ocasión escuché a la humorista Raquel Sastre decir que, ante las quejas de muchos que pusieron el grito en el cielo sobre un chiste que Raquel publicó sobre Irene Villa… la propia Irene se pronunció sobre esa clase de chistes, e incluso especificó cuáles eran sus favoritos.

Lo decía más arriba y lo repito a riesgo de parecer cansino: Humor y miedo. Si reniegas del uno, asegúrate de que no estás condicionado por el otro.

Y donde digo miedo digo bilis, dolor, rencor, valle de lágrimas.

Propongo un experimento: Que dos personas transmitan un mismo mensaje: uno con seriedad, el otro con humor. Muchos se sentirán inclinados a crucificar al humorista. Porque no nos quieren libres: Nos prefieren con miedo.

Por supuesto que hay chistes de mal gusto, pero no siempre lo son por culpa del humorista en cuestión. Normalmente el cómico no sabe quiénes van a recibir su chiste, y si ése fuese un factor de peso para él, no existirían los cómicos.

Y si desapareciesen los cómicos ocurriría lo mismo que si desapareciesen las abejas: La Humanidad se iría al carajo.

El único código deontológico al que puede aspirar un profesional del humor es el sentido común. Y quizá también la convicción de que aunque el humor no esté por encima de todo… sí que está por encima de tropecientas cosas:

El humor tiene el poder de convertir los dragones en lagartijas.

El humor tiene el poder de convertir a Hitler en payaso.

El humor tiene el poder de aguar los licores amargos, los rencores…

El humor tiene el poder de que lo rígido se convierta en lo flexible…

… de que la lucha se convierta en baile.

La prota de Dentro del Laberinto derrotaba a su demonio personal diciéndole, muy convencida: “¡No tienes poder sobre mí!

A cualquier persona que esté ahora mismo en unas circunstancias desgarradoras yo le diría:

Cariño, hoy te ha tocado a ti. Vamos a sacarte una muestra de sangre y de tejidos y la vamos a usar para hacer chistes, porque la gente lo necesita y tú lo sabes. El día en que me toque a mí estar tan jodido como tú, aceptaré que hagáis lo mismo conmigo. Hoy por ti, mañana por mí. (…) Sí… tienes razón… es mejor cuando lo explica Eric Idle:


OH CABO FURRIEL, MI CABO FURRIEL

14 octubre, 2014

por Sergio Barrejón.

Llega el otoño, se caen las hojas, los madrileños tuitean asombrados que ah, oh, está lloviendo, y arrancan de nuevo los talleres de guión del Máster de Salamanca. David Muñoz, largometraje. Pablo Remón, escenas. Un servidor, cortometraje.

La primera vez que di clase en el Máster de Guión de la UPSA fue una charlita de dos horas. Al año siguiente, me pidieron cuatro. Al siguiente, seis. Para el cuarto año ya les avisé que no me pidieran más, que en ocho horas me daba tiempo a contar todo lo que sé de guión y aún me sobraba tiempo.

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-¿Qué voy a hacer?, les dije. ¿Rellenar las horas poniendo mis cortos?

-Oye, pues nos has dado una idea: un taller de guión de corto. ¿Qué tal tres sesiones de ocho horas?

ZAS, en toda la boca.

Y así, desde hace ya tres años, vengo dando un taller de cortometraje de 24 horas. Todo práctico, nada de sentar cátedra. Proyecto cortos (no MIS cortos, claro: cortos buenos), los comentamos, y los alumnos escriben su propio corto.

En la primera sesión, los alumnos tienen que entregar una sinopsis breve para un cortometraje. Para ello les doy un pie forzado, por dos razones: primera, porque sé por experiencia que limitar las posibilidades no limita la imaginación, al contrario. Si quieres ver sudar a un estudiante de guión, dile que escriba algo de tema y extensión libre para dentro de diez días. Dile “lo que quieras”, y lo que querrá será morir.

La segunda razón para darles un pie forzado es que, por pura probabilidad, el 10% de los alumnos serán vagos profesionales. De esos capaces de cascarte una sinopsis de un corto que ya tienen escrito hace dos años. Un pie forzado evita eso… Y consigue que me odien. Porque mis pies forzados… son MUY forzados.

Durante las ocho horas de la primera sesión, aparte de proyectarles varios cortos brillantes e inspiradores, me dedico a destripar a fondo esas sinopsis. Al final de la clase, siempre viernes, siempre ya de noche, los alumnos se van con la apetecible tarea de reescribir la sinopsis de cabo a rabo y convertirla en una buena escaleta… en quince días. A esas horas, el odio que traían se ha convertido en puras ganas de matarme. Siempre salgo de la clase caminando hacia atrás. Darles la espalda podría ser un error letal.

Tres semanas después tenemos la 2ª sesión. Proyecto cortos refrescantes, inolvidables. Y luego analizo sus escaletas. Invariablemente hay uno o dos grupos que no han entendido el concepto “escaleta”. O quizá no han conseguido trasladar sus ideas a ese formato despiadado y odioso… pero tan necesario. Ahora ya no me odian sólo a mí. Ahora odian el máster en general. Odian el guión. Y a sus padres, por haber permitido que se matriculasen en esta insensatez. Odian a Montoro, por no haber subido el IVA al 90%, para acabar de una vez por todas con el cine.

Pero invariablemente hay uno o dos grupos que ha tenido una epifanía haciendo la escaleta. Han destripado al bicho, han visto el esqueleto, han comprendido las funciones de los órganos. Tienen la mirada de los mil metros. Y a medida que avanza la sesión, van contagiando a los demás. Toda la clase (menos el 10% de empecinados que nunca falta) va comprendiendo qué quería decir William Goldman con eso de que “las películas son estructura”. Poco antes del final de la clase, suele haber incluso una cierta euforia (mezclada con agotamiento).

Entonces recuerdan que sus maltrechas escaletas deben ser reescritas y luego convertidas en guión… en dos semanas. Y se van arrastrando los pies. Acordándose con envidia de esos compañeros de instituto que eligieron una carrera de ciencias. O Bellas Artes. Qué demonios, en ese momento les da envidia un puesto nocturno de gasolinero.

Tres semanas después. 3ª sesión. Traen un guión escrito. Con sus encabezamientos, sus acotaciones, sus diálogos. Hasta con portada. Entran en clase mirándome con una mezcla de temor y amenaza. Como una madre entregando por primera vez su recién nacido a la celadora del hospital, para que lo lleve a bañar. “Cuídamelo, que te mato”, dicen sus ojos. Yo les pongo unos cortos excelentes para que se relajen. Y luego agarro sus bebés…

Y les hago ver que quizá no son tan guapos como pensaban. De cuando en cuando sale uno hermoso y sonrosado, sí. Un bebé de postal. Aunque lo que más abunda es el bebé normalucho. Simpático, pero nada del otro jueves. Alguno es abiertamente feo. Y nunca falta un 10% que son, lisa y llanamente,  monstruos.

Procuro no ser cruel (una de mis líneas de diálogo habituales es “estáis todos aprobados”), pero nunca miento. Tampoco es el fin del mundo dar a luz a un monstruo. Nos ha pasado a todos. Cuando Flaubert leyó “La tentación de San Antonio” a sus amigos, la crítica de éstos fue: “Tira el manuscrito al fuego y no vuelvas a hablar de ello”. El amigo Gustavo les hizo caso y luego escribió “Madame Bovary”. Moraleja: si has parido un monstruo, no pierdas el tiempo llorando. Se le mata y a otra cosa.

Al final de la 3ª sesión, analizados sin piedad sus primeras versiones de guión, los alumnos se van con los “deberes” más raros que les han puesto en su vida: tienen que reescribir el guión… pero no para entregármelo a mí. Yo ya he terminado mi taller. Tienen que reescribirlo para ellos mismos. Ellos sabrán si les merece la pena o no. Ya han escrito su guión, ya han dejado de ser gente que “quiere escribir”. Ahora les toca a ellos decidir si quieren escribir BIEN.

Es difícil saber cuánto aprovechamiento tiene este curso para los alumnos. Sé que para ellos no soy precisamente el John Keating de “El club de los poetas muertos” (aunque lo intento: desde el año pasado, invito a todos a venir conmigo a correr 5 kilómetros antes de la clase), pero sí tengo una manera de medir la calidad del curso: invariablemente, todos los años después de terminar el taller, hay alumnos que me preguntan si, después de reescribir su guión, pueden enviármelo para que les dé mi opinión.

Suelen ser más del 10%.


COLOQUIO CON LOLA SALVADOR Y OTROS CUATRO ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

10 octubre, 2014

Por Alberto Pérez Castaños.

1. Vamos a empezar con una recomendación. Blogs de series hay tantos como espectadores que quieren matar a los guionistas cada vez que pasa algo que no les gusta en un capítulo; hay muchos que no merecen la pena, otros que la merecen de verdad. Uno de éstos últimos es el de Ana Sanse, y su nombre es “La seriada madre”. No tiene desperdicio. Y la autora nos prometió que lo retomaría. Te tomamos la palabra, Ana.

2. La guionista Lola Salvador, reciente Premio Nacional de Cinematografía, estuvo en el programa ‘Versión Española’, en un coloquio sobre ‘Las bicicletas son para el verano’. Como no podía ser de otra manera, Lola Salvador defendió la importancia de la figura del guionista… y la del resto del equipo de una película, porque, como dice, “el cine no es un arte individual”.

3. Y de guionistas españoles a guionistas americanos. ¿Alguna vez te has preguntado cuáles son los salarios medios de nuestro gremio en Hollywood? Pues en este reportaje de ‘The Hollywood Reporter’ puedes ver lo que cobra desde el actor estrella de la película, hasta el director de una serie, el guionista, el director de fotografía… En definitiva, las cifras de una industria seria.

4. Ahora que sabes lo que cobra una superestrella del guión es el momento que escuches a una hablar bien claro. Neil Gaiman te da las claves para que dejes de hacer el tonto y te pongas a escribir tu historia de una vez:

5. Para terminar, si te has quedado con más ganas de saber sobre hábitos de guionistas, en este enlace algunos escritores como Craig Mazin (‘Resacón 2′)  cuentan sus rituales y/o rutinas. Todas diferentes. Todas válidas.

Buen fin de semana.


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