WE WERE GIVEN GOLD

19 septiembre, 2014

por Sergio Barrejón.

La semana pasada se estrenó la tercera temporada de Amar es para siempre, serie en la que trabajo desde que arrancó, hace ya nueve años, bajo el título de Amar en tiempos revueltos.

A principios de esta semana, se dio a conocer a la prensa la nueva serie de Resines: Aquí paz y después gloria. Se hizo mediante una nota de prensa en la que se citaba a TRECE actores y a CERO guionistas.

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El ninguneo de las cadenas (en este caso Tele5) y de las productoras (en este caso Mandarina) al trabajo de los guionistas es algo que no nos sorprende. Lo que nunca dejará de sorprenderme es el ninguneo de los propios compañeros.

¿La nueva seria de Resines?

¿Ha creado él los personajes? ¿Ha pasado meses diseñando las tramas? ¿Ha escrito los diálogos?

Si en el primer párrafo de este post mencionaba que llevo nueve años trabajando en Amar, es porque, en estas nueve temporadas, el equipo de guionistas siempre ha recibido con ilusión las noticias que llegaban desde Dirección sobre el casting.

Recuerdo lo afortunados que nos sentíamos de poder contar con actores de la talla de Pilar Bardem, Hector Colomé o Ana Otero en la primera temporada (que entonces pensábamos que sería la última). Recuerdo cómo nos admiraban las interpretaciones de Begoña Maestre y una entonces desconocida Inma Cuesta en la segunda temporada. Cómo nos alegrábamos cuando fichaban a algún actor no tan famoso, pero cuyo trabajo conocíamos. Cómo nos contábamos entre nosotros “es buenísimo, yo lo vi en tal corto, o en tal obra de teatro”.

Recuerdo también cómo nos entristecía que no cuajasen las negociaciones para fichar a algún actor que admirábamos (Enrique Villén estuvo a punto de entrar en la serie, por ejemplo).

Las pocas veces que alguien me ha preguntado algo en una rueda de prensa, nunca me he olvidado de subrayar que el mérito de mi trabajo se lo debo en gran parte a los actores. Ellos son los que dan vida a mi trabajo.

Por eso no deja de sorprenderme el obstinado olvido de algunos actores hacia los guionistas. Un actor hablando con la prensa de SU PERSONAJE sin mencionar siquiera a los guionistas que lo crearon mucho antes de que el actor estuviera siquiera contratado, no es sólo un mal compañero, sino que además está tirando piedras contra su propio tejado.

Guionistas ninguneados = guiones mediocres.

Guiones mediocres = interpretaciones flojas.

Queridos actores: estamos en el mismo equipo. Si nos alegramos de contar con buenos actores es porque entendemos que vuestro talento va a hacer brillar el nuestro. Pero sed coherentes: no penséis que vuestro talento puede brillar sin el nuestro.

Cuando el sindicato americano de guionistas declaró una huelga en 2007, actores como Sean Penn, Holly Hunter, Harvey Keitel, Kate Beckinsale, Ethan Hawke, Susan Sarandon, David Schwimmer, Patricia Arquette, James Franco, Eva Longoria y muchos otros participaron desinteresadamente en una campaña titulada Speechlessmicrocortometrajes que ilustraban lo desvalido que puede llegar a estar un actor sin guión.

¿Lo hicieron por solidaridad? Sólo en parte. Como profesionales del audiovisual, ellos sabían lo importante que es contar con guiones de profesionales. Coherente, ¿no?

Cuando en 2002, el veterano actor John Spencer ganó un Emmy por su interpretación de Leo McGarry en The West Wing, lo agradeció con estas palabras:

“Un actor es tan bueno como el material que le dan. Y a nosotros nos dieron oro”.

¿Lo dijo por humildad? Sólo en parte. Después de una vida entera dedicada a la interpretación, trabajando con guiones buenos, mediocres y horribles, había llegado a la conclusión de que sólo se puede ser actor cuando se tiene un buen guión. Coherente, ¿no?

Mientras tanto, en España…

No hay respuesta. Esto es la serie de Resines.

Queridos actores: la próxima vez que os pregunten por vuestro personaje, acordaos de John Spencer. De Sean Penn. De Susan Sarandon. Acordaos de las tardes que pasásteis estudiando nuestros diálogos.

No os pedimos solidaridad. Sólo coherencia.

Queridos periodistas del audiovisual: la próxima vez que ESCRIBÁIS sobre una serie, acordaos de preguntar quién la ESCRIBIÓ. Para copiar y pegar notas de prensa no hace falta ir a la Universidad.

Querido redactor que escribiste el titular “Resines, Fiti y la chica de Buenafuente“, si no quieres que se te note el machismo, procura llamar a Belén Cuesta por su nombre, o por su cargo en el programa de Buenafuente, tal como haces con los hombres.

Actualización 19.09.14, 12.23: En estos momentos, la ficha de la serie en imdb proporciona los nombres de 19 actores, 2 sonidistas, 2 dobles de acción 1 vídeo assist y 1 auxiliar de producción. ¿Adivinan cuántos guionistas?


FIRMAS INVITADAS. DAMA AYUDA: DOS GUIONES Y UN ROTULADOR NEGRO

15 septiembre, 2014

La semana pasada se publicaron las bases de la segunda edición de la iniciativa DAMA Ayuda. En Bloguionistas invitamos a algunos de los guionistas tutorizados en la primera edición a contar la experiencia y, tras Juanjo Ramírez, hoy es el turno de Diana Rojo y Juan S. López, que han desarrollado sus proyectos ‘L de Loli’ y ‘Los Ausentes’ respectivamente junto a David Muñoz durante los últimos nueve meses.

Por Diana Rojo y Juan S. López.

Cuando desde Bloguionistas se pusieron en contacto con nosotros para que contásemos nuestra experiencia en DAMA Ayuda, tuvimos la misma duda que cuando recibimos la noticia de que estábamos seleccionados: ¿seremos capaces?

Y es que conseguir plasmar en estas líneas lo que ha supuesto para nosotros DAMA Ayuda, y concretamente ser tutorizados por David Muñoz, es muy complicado. Son demasiados sentimientos repartidos a lo largo de un intenso proceso de trabajo. Pero vamos a intentarlo.

Nosotros, Diana y Juan, no nos conocíamos antes de todo esto. Pero para los dos suponía una oportunidad de seguir aprendiendo y, por qué no, de encauzar nuestras carreras en el guión, o al menos así es como lo veíamos. Y tuvimos la suerte de ser seleccionados. Os podéis imaginar la alegría que nos llevamos.

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El nerviosismo con el que acudimos a la presentación de seleccionados en la sede de DAMA con los cuatro tutores y nuestra primera reunión con David unos minutos después, solo fue superado cuando David nos vino a decir que nuestras sinopsis tenían potencial para ser una buena historia, pero que de momento no lo eran ni de lejos. Ese fue el primer momento (uno de tantos, de verdad, no os lo podéis imaginar) en el que pensamos “soy un fraude y se van a dar cuenta”*.

*No queremos enredarnos en hablar sobre nuestros guiones. David, en su post sobre la segunda convocatoria de DAMA Ayuda, al que agradecemos enormemente las palabras que nos dedica, cuenta todo lo que hay que saber sobre “L de Loli” (de Diana Rojo) y “Los Ausentes” (de Juan Salvador López). 

A partir de entonces empezó un proceso de trabajo que David propuso fuese a tres bandas, es decir, tener reuniones periódicas (una vez cada dos o tres semanas) los tres juntos, viendo primero el proyecto de uno y luego el del otro, marcándonos pequeños objetivos que cumplir antes de la próxima reunión. A nosotros nos pareció bien y a día de hoy no somos capaces de imaginar que hubiese sido de otra manera. Nos sirvió para ser un equipo, cada uno escribiendo su guión, pero siendo partícipe de los avances, retrocesos, entusiasmos y frustraciones del otro. No queremos decir que sea la forma ideal de afrontar este tipo de iniciativas, simplemente ha sido la manera en que lo hemos hecho nosotros, y nos ha ido muy bien.

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Exaltación de la amistad guionística.

Lo primero de todo fue olvidarnos de la sinopsis que habíamos enviado. Había que partir de ella para volver a construir la historia, pero esta vez haciendo un boceto muy general de lo que sería la trama principal, las posibles subtramas, quién era nuestro protagonista, las etapas básicas por las que debería pasar la historia y hacia dónde debía encaminarse. Esto nos iba a servir en la siguiente fase de islote al que poder regresar cuando salíamos a navegar a lo loco y nos perdíamos por el camino.

La intención era irnos acercando poco a poco a una escaleta básica. Para ello nos dedicamos a apuntar todo lo que se nos pasaba por la cabeza, tirándonos a la piscina con situaciones que a veces parecían no encajar, pero que nos iban a ayudar a avanzar y a dar lugar a otras mejores. Hubo que volver en varias ocasiones a ese islote del que hablábamos antes, incluso reformularlo y adaptarlo, para ir llegando a un auténtico tratamiento repleto de personajes, acciones, imágenes poderosas, tramas… En definitiva, para encontrar la historia que queríamos contar.

A finales de febrero teníamos un tratamiento donde la historia había cogido forma. Era el momento de lanzarse hacia la primera versión del guión. David nos marcó el objetivo de escribir veinte páginas a la semana, sin mirar atrás, sin excusas de falta de inspiración o de tiempo. Y como la palabra de David es Ley, pues no nos quedó más remedio que hacerlo. De esta manera nos plantamos en abril con nuestra primera versión del guión.

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¡Ains! Las primeras versiones…

Desde luego no eran guiones para ganar un Goya, pero eran unas versiones esenciales para visualizar las historias, percibir si tenían la tensión adecuada, si los personajes funcionaban, si se entendía lo que te habías propuesto contar. Y para lo que más nos sirvió esta primera versión fue para darnos cuenta de que éramos capaces de hacerlo, y que si habíamos sido capaces una vez, lo volveríamos a ser ahora que nos habíamos dado cuenta de que había que “volver a empezar”.

Las 140 páginas de la primera versión no mienten. Si ese segundo acto, leído del tirón, te ha parecido un coñazo, es porque lo es. Si el tercer acto no hay por dónde cogerlo, igual tienes que replantearte el primero. Si ese personaje que tenías por ahí no está aportando nada especial a la historia, ya sabes lo que toca por mucho cariño que le tengas. En este punto es posible que te des cuenta de que a lo mejor es conveniente volver a la escaleta, tapar fisuras, apuntalar, y coger impulso para llegar a la segunda versión.

En la segunda versión aligeramos la historia, eliminamos lo innecesario, las funciones que cumplían los personajes estaban más definidas, las mecánicas de la historia funcionaban mejor, el protagonista era más protagonista porque su objetivo ya era un objetivo, y el antagonista era más… Vaya, el antagonista no hace absolutamente nada: tenemos un problema.

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En la madrugada, un compañero vale millones.

En realidad, lo mejor de la segunda versión es que sabes que si lo has hecho dos veces, lo volverás a hacer una tercera… y una cuarta… ¡y hasta una séptima! Y si dudas, para eso está David, para decirte que no te vengas abajo, que tu historia es buena, que lo sabes hacer y que lo vas a hacer. Y como la palabra de David es Ley…

Cuando te quieres dar cuenta ha llegado julio, han pasado nueve meses desde que empezaste a escribir y eso a lo que llevas dedicando el 90 por ciento de tu actividad cerebral se ha terminado (es importante guardarse el otro 10 restante para comer, dormir y asearse de vez en cuando). Tienes una versión muy digna de un guión, y si quieres puedes continuar mejorando a tu criatura. Pero cuesta asumir, que ya no vas a poder contar con la ayuda de…

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¡TUTHOR!

Tuthor convive entre los mortales bajo la identidad de David Muñoz. Gobierna los fenómenos cósmicos del Conflicto, los Puntos de Giro y el Objetivo. Le gusta pasar desapercibido y le incomodan las alabanzas de sus cachorros. Sin embargo, fuerzas más poderosas y terrenales, como la emoción y el agradecimiento, se imponen en esta pequeña parcela del Universo, que hoy es nuestra.

Tuthor no te va a escribir una nota sin haberse leído en profundidad cada entrega. Y os aseguramos que ha habido muchas entregas que leer. Tuthor no te va a decir jamás que algo está bien por quitárselo de en medio. Lo mismo te tacha una página con uno de esos temibles rotuladores negros que porta en lugar de martillo, que te escribe un “jaja” pequeñito al lado de un diálogo.

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No hay dolor.

La implicación de Tuthor ha ido más allá del compromiso de reunirse una vez al mes y sus deseos de que los guiones queden bien ha estado siempre al nivel de los nuestros. Ha sabido orientarnos sin anular nuestras voces, respetando y alentando nuestra personalidad como guionistas. Tuthor siempre nos ha levantado el ánimo en los momentos de bajón con paciencia y comprensión, y en una ocasión llegó incluso a utilizar un rotulador rosa.

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Tuthor puede hacer varias cosas a la vez en las reuniones.

Desde el primer día hemos confiado en su criterio. Pero eso no quiere decir que no hayamos “discutido” hasta quedarnos a gusto, o que no hayamos probado las artimañas más rocambolescas para intentar salvar una secuencia o un personaje que él ya sabía que se iban a acabar cayendo por su propio peso. Pero Tuthor razona y habla el lenguaje del resto de los mortales.

Haber podido compartir con él estos últimos nueve meses de escritura intensiva ha sido un privilegio. Todo lo que hemos aprendido es impagable, y por eso te damos las gracias, oh, Tuthor.

Tanto sentimiento de gratitud no habría sido posible sin la labor de DAMA. Roberto, Ruth y todos los que se nos escapan pero que también han estado detrás de esto merecen un agradecimiento igual de efusivo. Hay que poner en valor la labor que desde DAMA se hace en favor de guionistas noveles como nosotros, dándoles la oportunidad de aprender de auténticos referentes del guión. Mil gracias.

Nosotros solo contamos con nuestra propia experiencia, que no ha podido ser mejor. Por eso no podemos hacer otra cosa que recomendar a todo el mundo que aproveche la oportunidad que se les brinda desde DAMA con la segunda edición de DAMA Ayuda: ¡a qué esperáis, insensatos!

No sabemos qué ocurrirá a partir de ahora con nuestros guiones, si se convertirán en una película o caerán en el olvido. Tampoco sabemos si podremos ganarnos la vida como guionistas. Pero hay algo que sí tenemos claro y que nos hace terminar este post con una sonrisa: que nos quiten lo “bailao”.


FIRMAS INVITADAS: DAMA AYUDA A ESCRIBIR PRESIDENTES

9 septiembre, 2014

Como sabréis, ayer se presentaron las bases de la segunda edición de la iniciativa DAMA Ayuda. Tras el éxito de la primera convocatoria, desde Bloguionistas hemos pedido a algunos de los guionistas que fueron seleccionados que cuenten su experiencia a lo largo de casi un año de trabajo. Hoy le toca a Juanjo Ramírez, que desarrolló el guión de su proyecto ‘Presidente’ junto a Carlos López.

Por Juanjo Ramírez.

Empecé a escribir este post, lo borré, lo volví a empezar… Normalmente escribo los posts sobre la marcha, de manera despreocupada, temeraria… Pero si me obligas a escribir sobre Carlos López no puedo teclear a la ligera.

Este texto va a ser difícil, porque yo no me siento cómodo “haciendo la pelota” y sé de buena tinta que Carlos López se siente muy incómodo cuando alguien le halaga.

Inciso: Carlos López ha sido mi tutor en DAMA AYUDA. Fin del inciso.

La primera vez que Carlos publicó en Bloguionistas quedé maravillado. Entonces me fui a IMDB a ver quién era ese tipo y descubrí que había crecido viendo –y aplaudiendo– las pelis que ese señor había escrito para la gran pantalla…

… y los chistes que había inventado para la pantalla pequeña.

Poco después conocí a Carlos en persona y descubrí que siendo quien es y habiendo hecho todo lo que ha hecho, su cualidad más admirable es la HUMILDAD.

Ahora viene un Flashback:

INT. BAR. DÍA.

Como casi todas mis historias, ésta comienza en un bar. ¿Qué hacía en ese bar? ¡Socializarme! Es decir, mirar Twitter. Y un tweet concreto atrajo mi atención: Uno en el que alguien preguntaba a David Muñoz cuál era el plazo final para entregar las sinopsis candidatas a DAMA AYUDA. David respondía que el plazo terminaba a las doce de la noche de ese mismo día. Yo entonces vivía en una jaula y sentía una enorme necesidad de huir de ella. Quizá por eso recordé una idea que tuve algunos años antes, una idea que descarté en su momento porque no me veía con fuerzas para materializarla. ¿Qué mejor excusa para correr hacia mi casa y ordenar esa idea loca en algo parecido a una sinopsis?

El engendro tiene el título provisional de PRESIDENTE y a grosso modo se puede resumir en:

Un ex presidente del gobierno de España que llevó a su país a la ruina. Ahora, pocos años después, se marcha de vacaciones a un hotel aislado en una isla bananera, antigua colonia española. Su intención es desaparecer por unos días, huir de sí mismo y de los demás, beber como si no hubiera un mañana… ¡Pero en esa isla el tema político-social está muy caldeado! Mientras él se emborracha, ¡estalla la revolución! ¡Los guerrilleros asaltan el hotel y toman rehenes! Y él no tiene más remedio que tomar cartas en el asunto. Es la historia de un tío que huye de sí mismo pero se ve obligado a enfrentarse a sí mismo. Una oportunidad de redención. ¿Sabrá aprovecharla, el muy imbécil?

Se trata quizá de una de las historias más personales que he parido, pero es al mismo tiempo totalmente distinta a cualquier otra cosa que haya escrito. Cuando de repente cierta mañana te despiertas y te dicen que DAMA ha elegido tu sinopsis loca, te das cuenta de que te has metido en un berenjenal, de que no sabes cómo coño vas ha convertir esa página y media en hora y pico, de que te esperan unos meses muy jodidos.

Cuando las quimeras se convierten en REALIDAD los obstáculos cobran una consistencia devastadora: ¿Cuál es el género de esta peli? ¿Es comedia? ¿Es thriller político? ¿Es drama contemplativo? ¿Es todo a la vez? ¿El público se creerá al personaje? ¿El público odiará al personaje?

Aquí es cuando llega ese momento complicado que anuncié al principio: No tengo más remedio que “hacerle la pelota” a Carlos López. Sin él esta película no sería como es. Sin él esta película directamente no sería. Porque Carlos creyó en ella incluso más que yo. Porque Carlos supo detectar los hallazgos y los escollos con una clarividencia prodigiosa.

Yo soy muy de defender el anti-dogmatismo, soy muy de abogar por las estructuras eclécticas, por las pelis que no se ciñen a dictaduras de géneros… pero luego escribo –al menos en audiovisual– historias relativamente conservadoras. Estoy acostumbrado a pervertir los géneros, pero no a darles la espalda. Por eso he de agradecer infinitamente a Carlos que me animase a escribir una película que no se casase con ninguna convención, que pervirtiese constantemente las leyes de los distintos géneros que, casi por accidente, rozan la trama de forma tangencial. Por eso agradezco a Carlos que me animase a traicionar las expectativas del público en todo momento, golpeándoles con algo distinto a lo que daban por hecho. Creo que lo hemos conseguido, pero no nos corresponde a nosotros juzgarlo.

En los primeros meses no hubo tratamientos, ni siquiera escaletas. Intercambiábamos mails kilométricos compartiendo impresiones sobre los personajes, sus trasfondos, sus preocupaciones, las motivaciones que les habían llevado a donde estaban… Hablábamos también sobre esa isla ficticia en la que iba a transcurrir la peli. ¿Cómo eran sus lugareños? ¿De qué vivían? ¿Qué conflicto podía mandarlo todo a tomar por saco? Eran conversaciones en las que, de algún modo, íbamos tanteando la historia para que la peli nos revelase su propia personalidad, su propia música, su propio aroma… la manera en que quería ser contada.

A veces eran intercambios de mails. Otras veces eran reuniones cara a cara. Menos de las que hubiésemos querido, porque ambos estábamos liadísimos y porque yo pasé algunas temporadas en mis islas canarias. Pero recuerdo con cariño esos encuentros en persona (espero que se perpetúen) perdiendo la noción del tiempo, él con su café americano, yo con mi cerveza. Es muy bonita –aunque pretenciosa– esa metáfora para hablar del proyecto: porque el malabarismo de tonos de esta peli es tan osado como combinar en una misma mesa un café y una cerveza.

No es mi intención desacreditar a quienes empiezan hablando de estructura. ¡La estructura me parece importantísima! Pero en este caso la estructura surgió casi sin hablarse: Cuando empezaron a surgir las primeras piezas concretas se iban acomodando de manera espontánea en los distintos bloques narrativos, quizá porque el inconsciente ya iba haciendo algunos trabajos por su cuenta.

Otro inciso: Carlos no suele hablar de actos ni de puntos de giro. Le gusta más pegar la oreja a las historias y escuchar cómo se aproximan, igual que un indio en los raíles de un tren. Él me hablaba de bloques: Detectaba el fin de cada bloque cuando pasaba algo significativo que catapultaba la historia a otro nivel. Fin del inciso.

Conforme el magma emocional se fue concretando en personajes que provocaban cosas, hubo material suficiente para elaborar lo que he bautizado como “esca-r-miento” (ese híbrido extraño entre escaleta y tratamiento) Conforme la trama se perfilaba, las sugerencias de Carlos se iban haciendo cada vez más concretas, pero sin ninguna intención de presionar. Carlos es algo así como un maestro zen de Legazpi. Nunca te fuerza a remar contracorriente: profetiza las piedras del río y te sugiere argucias para esquivarlas sin sacrificar tu ritmo de navegación. Rara vez te resalta un problema si no tiene una solución que ofrecerte y casi todas sus soluciones son tan coherentes que acabas aceptándolas. Me gustaría poder decir que todas las grandes ideas que hay en Presidente son ocurrencias mías, pero NO.

He de reconocer que la escritura de Presidente ha sido una experiencia MUY DURA para mí. Pocas cosas me han resultado tan complicadas de escribir. En parte porque pocas veces he tenido tan poco tiempo libre y tan poca tranquilidad mental, en parte porque nunca había escrito una historia tan compleja, tan ajena a mis géneros habituales y tan cuajada de personajes relevantes… en parte también porque es más duro definir tus estrategias cuanto tienes tutelándote a una persona a la que admiras tanto.

Pero en ese último punto he de decir que Carlos siempre me lo ha puesto fácil. Me ha permitido respirar a mi aire, me ha tratado con un cariño que no merezco (es la única persona a la que he dejado cuasi-plantada por quedarme dormido, y ni me lo reprochó como merecía), me ha insistido siempre en lo mucho que le gustaban los “aciertos” que proponía para la historia, pero al mismo tiempo ha sido el primero en sermonearme cariñosamente cada vez que cedía a las convenciones cómodas de los géneros, o cada vez que me volvía demasiado condescendiente con los personajes.

He de reconocer también que la única fase en la que me he sentido absolutamente cómodo ha sido en la fase de guionizar. Es ahí donde los personajes y las situaciones brotan como si tuvieran vida propia, o como si descubrieran dicha vida conforme la tecleas. Pero estoy seguro de que esos personajes no se habrían comportado de la misma manera sin esos meses previos de pensar, de tirarse de los pelos, de dedicarse a otras cosas y dejarlos fermentar en las trastiendas del cerebro.

Esos personajes no estarían tan vivos sin todos estos meses de trabajo –y los que les queden– ni serían tan únicos sin las preguntas socráticas de Carlos o sin iniciativas como la de DAMA AYUDA.

Existen otras instituciones que, además de ofrecer ayudas similares, pueden permitirse el lujo de pagar a los galardonados para que desarrollen su guión. DAMA suple la cuestión monetaria con cariño y con tutores de calidad. Después de esta experiencia – y habiendo tenido algún que otro escarceo en iniciativas similares – me atrevo a afirmar que el cariño y la implicación de los tutores de DAMA hacen MUCHÍSIMO. Iniciativas como ésta sirven para que se hagan guiones que…

… probablemente…


VUELVE “DAMA AYUDA”

8 septiembre, 2014

Por David Muñoz

Hoy se han anunciado las bases de la 2º edición de DAMAAyuda, el proyecto de tutorización de guiones de DAMA en el que soy tutor. El año pasado escribí un par de entradas sobre DAMAAyuda explicando porqué me parece interesante que exista y cómo fueron las sinopsis que recibimos en la primera convocatoria. Podéis leerlas aquí y aquí.

Un año después, acabamos de dar por terminadas las tutorías de la primera convocatoria, con un resultado más que satisfactorio. Seleccionamos ocho proyectos y de siete hay ya una buena primera versión que esperamos poder “presentar en sociedad” dentro de varias semanas. No han sido ocho de ocho, pero por lo que yo sé ese octavo proyecto no ha sido abandonado, sino aparcado momentáneamente por una suma de circunstancias personales y laborales.

En mi caso, la experiencia no ha podido ser mejor. Creo que tuve mucha suerte al elegir los proyectos de Juan Salvador López y Diana Rojo. Los dos han escrito buenas versiones de sus guiones y han trabajado muchísimo. Y digo “suerte” porque ya puedes ser el mejor tutor del mundo, pero si no das con gente capaz y currante, no hay nada que hacer. Además, ni Juan ni Diana tenían créditos previos como guionistas. Que yo sepa, nunca habían trabajado profesionalmente (escribo en pasado porque precisamente este año Juan ha firmado su primer contrato como guionista). No había nada que me permitiera adivinar si serían capaces de terminar una buena primera versión de un guión. Juan había sido alumno mío en un curso (lo que tampoco asegura gran cosa, claro), pero a Diana no la conocía de nada. Simplemente me gustaron sus historias y me pareció que merecía la pena escribir un guión con ellas.

No voy a contar nada más sobre sus guiones porque quiero esperar a que sean presentados, pero sí que, partiendo de mi experiencia con Diana y Juan, me gustaría comentar algunas cosas que quizá resultarán útiles a quienes se presenten a esta convocatoria y también a quienes sean elegidos:

-Ni la sinopsis de Diana ni la de Juan eran “buenas” sinopsis. Arrancaban bien pero se desplomaban al llegar a la segunda página. Por ejemplo la de Diana incluía una subtrama que no pegaba ni con cola con el resto y que desapareció en la primera reunión que tuvimos. Lo que me atrajo de ambos proyectos fue que los dos contaban con una idea central muy poderosa, y, sobre todo, que estaban protagonizadas por personajes interesantes, con grandes conflictos y objetivos muy bien definidos. Había muchos elementos de los que yo veía que podía tirar para escribir un buen guión.

-Obviamente, todo esto es muy subjetivo. Fijaos en lo que acabo de escribir: “idea central muy poderosa”, “personajes interesantes”, etc. Cada uno de nosotros calificaríamos de esa manera a ideas y personajes muy diferentes. Y eso mismo nos pasó a los tutores que leímos todas las sinopsis para elegir las finalistas. Seleccionamos creo que diez, y de esas diez solo coincidíamos en dos o tres. De hecho creo que el proyecto de Diana, la comedia “L de Loli”, lo elegí solo yo. Me parece que el de Juan contó con más votos, pero tampoco demasiados.

-Y alguien se preguntará:¿por qué fue seleccionado un proyecto con un solo voto? Pues porque no se trataba de elegir los proyectos más votados, sino de que los tutores eligiéramos proyectos que nos gustaran y que, a ser posible, nos entusiasmaran. Si voy a estar un año desarrollando un guión, reuniéndome a menudo con su autor, e intercambiando decenas de e-mails sobre él, necesito creer que estamos desarrollando algo que merece la pena.

-Así también se evita algo que pasa mucho en los concursos: que no gana necesariamente el proyecto más original, más especial (pues esos proyectos siempre despiertan grandes amores pero también grandes odios), sino el más normalito, el que menos molesta a unos y otros. Elegir “L de Loli” era un riesgo -y ya veréis porqué-, pero el riesgo ha merecido la pena. Estoy seguro de que no hay ni un solo guionista en España que haya escrito un guión ni siquiera parecido al de Diana. Que por otra parte, es un proyecto, creo, con potencial para ser muy comercial y convertirse en un número 1 en taquilla. No se trata de una marcianada (aunque tampoco pasaría nada si lo fuera). Y con esto no quiero decir que el guión de Juan, “Ausentes”, sea precisamente “normalito”, pero sí que parte de un patrón argumental más convencional (aunque al desarrollarlo, creo que Juan lo ha convertido en algo muy especial; tampoco se me ocurren muchas películas parecidas a la suya).

-Escribir ambos guiones no ha sido tarea fácil. Hemos dado muchos pasos en falso. Se han escrito subtramas enteras que luego han sido descartadas, algunos personajes han nacido y han muerto entre una y otra versión…. de todo ha pasado. Y es lo normal. Lo raro sería que no fuera así. Parte del trabajo de los tutores es hacerles saber a nuestros “tutorizados” que todas esas cosas que les están ocurriendo son normales. Que eso no quiere decir que sean malos guionistas. El proceso de escritura es un sube y baja continuo. Lo importante es asumirlo y no desanimarse. La cabezonería, confíar en que a base de trabajar vas a ser capaz de resolver los problemas de tu historia, es tan importante como el talento. Rendirse nunca debe ser una opción. Por muy detallada que sea la escaleta que escribas, cuando la desarrolles te verás obligado a cambiar muchas cosas, y la primera versión dialogada, pese a lo importante que es, siempre es solo un borrador a reescribir. Escribir es reescribir, modificar lo que se había fijado, reformular. A veces creo que el momento en el que los tutores nos ganamos el sueldo es cuando los guionistas empiezan a derrumbarse y estamos ahí para decirles (con sinceridad, porque lo creemos): “sigue adelante, no te rindas, tu historia merece la pena y vas a escribir un buen guión”.

-De la misma manera que esta vez he acertado con los proyectos, la próxima puedo equivocarme. No hay reglas (y menos mal). Quizá la próxima vez elija dos sinopsis cuyos autores no sean capaces de pasar del tratamiento. Puede ocurrir. Pero tampoco sería un fracaso. DAMAAyuda nació con la vocación de, no solo generar proyectos interesantes, sino de enseñar. Y llegaremos donde podamos llegar.

De manera que, resumiendo: si vais a presentaros a DAMAAyuda, no os obsesionéis con escribir una buena sinopsis desde el punto de vista formal, y tampoco os enredéis demasiado; contad de qué va la historia, quién la protagoniza, qué quiere, y, si el desarrollo tiene problemas, para eso están las tutorías. Pero lo que no podemos hacer es inventar una buena historia por vosotros.

Y, si os elegimos, preparaos para trabajar mucho. Probablemente más de lo que esperáis. Es la única manera de hacerlo. No existen recetas magistrales ni soluciones mágicas. Solo pico y pala.


FIRMAS INVITADAS: THE AMERICAN DREAM

8 septiembre, 2014

Clara Roquet es coguionista de ‘10.000 Km’, una de las películas del año. Además de ser una profesional con un futuro prometedor con tan sólo 25 años, Clara todavía es estudiante: está terminando de formarse en la Universidad de Columbia (Nueva York). Por eso, tras la entrevista que le realizamos en Bloguionistas a principios de verano, no dudamos en abrirle las puertas para que contase su experiencia como estudiante de guión en una de las mejores universidades de Estados Unidos.

Por Clara Roquet.

Desde que me fui a estudiar el Máster de Guión de Columbia he recibido multitud de emails preguntándome por la experiencia y por los distintos caminos para irse a estudiar fuera. Así que, aprovechando la generosa invitación de Bloguionistas, voy a darle un par de vueltas al tema.

Si bien es cierto que los Masters de Cine se han ido estableciendo en los Estados Unidos como la forma más común de llegar a la industria, creo firmemente que estudiar un Máster de Guión no es el único camino posible para llegar a ser guionista. Ni mucho menos. Hay cientos de ejemplos de cineastas y guionistas de primer nivel que nunca pasaron por un Máster de Cine, lo cual no quiere decir que no se formaran de otro modo, muchas veces autodidacta, quizás un camino más difícil y largo, pero igual de válido y bastante más barato.

Hay muchas maneras de llegar a un sitio. Yo hace unos años, con las ansias esas alborotadas del principiante –que aún soy– esperaba que alguien me diese la fórmula secreta, el atajo más rápido, un poco a lo manual de autoayuda baratillo. Ahora, en cambio, creo bastante más en eso de “caminante no hay camino, se hace camino al andar”, en la importancia de encontrar un camino propio, cada cual a su propio ritmo y tomando las desviaciones necesarias para llegar al destino que creo que nos une a todos aquí: encontrar tu propia voz, contar historias y, a poder ser, ganarse la vida con ello.

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Universidad de Columbia

Mi camino ha sido el siguiente: me licencié en Comunicación Audiovisual en la UPF y trabajé en España un par de años, primero como becaria en Diagonal TV y luego, gracias a quedar finalista en el Julio Alejandro y a varias personas valientes –o temerarias– que me han dado una oportunidad, trabajé durante un tiempo como guionista de cine. En 2011 pedí la Beca de la Caixa, todo un proceso minucioso durante el cuál llegué a acumular cantidades insospechadas de papeleo por todos los rincones de mi piso de Barcelona. Atrincheradas en montoncitos más o menos ordenados encima de la mesa, el sofá, el suelo y toda superficie lisa que se prestara, mis solicitudes de admisión en las universidades americanas (Columbia, UCLA, AFI, NYU, USC…) parecían cuestionarme como un eco de mi subconsciente: ¿Por qué quieres irte a 6.000 Km de tu pareja, tu familia y tus amigos durante tanto tiempo? ¿No te habrás creído eso del sueño americano, no?

Dos años más tarde, sigo haciéndome muchas preguntas, pero ahora sé que Columbia y Nueva York fueron un acierto en mi camino por varias razones. En primer lugar, por la experiencia vital. Ya sé que suena a eso que te dicen las abuelas cuando te vas a ver mundo, pero es cierto. Al final para escribir nos nutrimos de nuestras experiencias, y el espabilarte solito en una cuidad tan caótica e impredecible como Nueva York es toda una aventura. Nueva York además, es una capital cultural con mayúsculas, donde puedes ver virtualmente todo el cine que te dé la gana, desde lo más experimental, en el Anthology Film Archives hasta las ciclos de cine de autor más completos, en el Film Forum o el Lincoln Center, pasando por multitud de cines pequeñitos especializados.

El Máster de Columbia, con sus aires de Ivy League que me daban cosita al principio, me ha dado algo que la mayoría de escuelas de cine no habría podido darme: la voluntad de forjar una base humanística desde la que contar historias y la posibilidad de juntar dos tradiciones que me atraen desde siempre: la tradición americana de storytelling y el cine de autor europeo. Aparte de esto, lo que más valoro del Máster no es tanto la base teórica, el conocimiento que te transmiten los profesores en sí, que también, sino tres cosas mucho más prácticas:

 1- Las SINERGIAS que se crean cuando te encuentras con personas afines de todos los lugares del mundo. Estudiantes de cine con ganas de colaborar y compartir que se han convertido en mis compañeros de viaje, de cervezas, de aventuras Nuevayorquiles y de penas guioniles.

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 2- Tener DEADLINES. Sí, Deadlines. Nunca en mi vida he escrito tanto como en los últimos dos años. El ritmo que impone el máster es trepidante, hasta el punto que uno no tiene mucho tiempo de preguntarse si lo que está haciendo tiene algún valor o está matando árboles sin beneficio alguno para la historia del cine. Pero justamente esto, el encontrarte con un taller de guión cada semana al que hay que acudir con tus nuevas páginas de guión escritas, dispuesto a recibir feedback de doce personas más un instructor de nombre famoso, hace que te pongas las pilas y se te quiten las manías.

3- La REPUTACIÓN que te da un Máster de este tipo. Bueno…. en realidad la reputación no sirve de mucho, sirve bastante más tener un par de guiones buenos, pero el buen nombre de estos Masters y los contactos de los profesores pueden ayudar bastante a la hora de entrar en laboratorios de guión, concursos, festivales, becas y prácticas en sitios interesantes. Pero repito, tampoco creo que sirva de mucho sin un buen guión, algo que se puede tener de todas formas sin estar en el Máster. Lo único que el Máster facilita estos contactos.

Pero vamos a volver a los orígenes de este post, de los que me he desviado bastante. La verdad es que estudiar un MFA de Guión en Estados Unidos puede ser bastante arriesgado si no vas con beca, sobretodo como Estudiante Internacional. Lo cierto es que la mayoría de americanos de mi clase estudian con un préstamo concedido por el Estado, un sistema muy arraigado para poderse costear el precio de los Graduate Programs. Esto tiene un cierto sentido para los americanos, que después se quedarán a trabajar allí y cobrarán según los estándares de la industria de allí, cuidadosamente establecidos y preservados por unos sindicatos con mucha fuerza. Esto les permitirá devolver el préstamo tarde o temprano, aunque en los últimos años esto viene siendo cada vez más complicado para los estudiantes de cine y de muchos otros programas, de aquí viene todo el debate que se está generando sobre la deuda de los estudiantes. Pero esto ya es otro tema. Lo cierto es que para nosotros, pedirnos un crédito de unos 150.000 euros para estudiar guión es una salvajada. Porque desgraciadamente y siendo realistas, a no ser que las cosas vayan increíblemente bien, no lo podremos devolver.

Así que, a poder ser, hay que ir con beca. Las mejores y más comunes son la Beca de la Caixa y la Fulbright. Si estáis interesados echadle un vistazo a las bases y empezad a preparar la solicitud con tiempo. Lo más importante, como todo en esta vida, es quererlo mucho, currárselo y tener un proyecto específico e interesante. No creo que haya otro secreto. Si tenéis dudas, preguntad a gente que haya tenido beca. Yo tuve la suerte de contar con los consejos de Carlos Marques-Marcet y otros becarios que me ayudaron a preparar la solicitud, y todo el mundo ha estado siempre muy dispuesto a ayudar. Así que si apelad a la solidaridad de los becarios del mundo –me incluyo en el pack– y que la fuerza os acompañe.

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SI LE GUSTÓ EL TEST DE BECHDEL, NO SE PIERDA EL SÍNDROME TRINITY

4 septiembre, 2014

por Sergio Barrejón. 

La semana pasada, Juan Medina publicó aquí un interesante artículo titulado La mujer como McGuffin, que parece que ha molestado a unos cuantos machistas, antifeministas, cavernícolas o como queramos llamarlos.

Hace un par de días, John Tones informaba en Fotogramas de la carta abierta de 600 desarrolladores de videojuegos pidiendo que cese el acoso a Anita Sarkeesian y Zoe Quinn, motivado exclusivamente por su enfoque feminista de los videojuegos.

Está claro, los artículos con enfoque feminista son probablemente los detectores de gilipollas más eficaces del mercado. Aquí va un detector de gilipollas específico para guionistas: el pasado mes de junio, Tasha Robinson publicó en The Dissolve un artículo titulado “We’re losing all our Strong Female Characters to Trinity Syndrome”. En dicho artículo, Robinson incluía un utilísimo test para comprobar rápidamente si nuestros personajes femeninos potentes son en realidad tan potentes como creíamos.

La traducción es mía, así que siéntanse libre de criticarla o mejorarla.

TASHA ROBINSON – EL SÍNDROME TRINITY ESTÁ ACABANDO CON NUESTROS PERSONAJES FEMENINOS POTENTES

(Extracto)

Ahí va un cuestionario rápido para cineastas que han creado un personaje femenino que no es un pelele, ni una arpía, ni un McGuffin que va de acá para allá, ni un juguete sexual. Enhorabuena, ya tienes un Potente Personaje Femenino. Es un buen comienzo. Y ahora ¿qué? Guionistas, productores, directores, pensad en esto:

  1. Una vez presentado, ¿carece tu Potente Personaje Femenino de acciones significativas o fundamentales para el desarrollo de la trama?
  2. Si consigue algo significativo para la trama, ¿es algo que implica ser violada, apaleada o asesinada por motivar una reacción del chico? ¿Consiste quizá en acostarse con/no acostarse con/aceptar una cita con/romper con el chico? ¿O consiste en insistir a un personaje masculino para que madure de una vez, o para que deje de dárselas de héroe? En definitiva, ¿seguro que ella no existe sólo para servir a las necesidades, al desarrollo o a la motivación del chico?
  3. ¿Podrías reemplazar tranquilamente a tu Potente Personaje Femenino por una lámpara de pie con un letrero que sirva para proporcionar información de utilidad para el chico?
  4. ¿Es un punto clave de tu trama que tu Potente Personaje Femenino sea el personaje más fuerte, más listo, más duro o más experimentado… hasta que llega el protagonista?
  5. … O peor, ¿entra el protagonista en la historia como un gilipollas aturullado, pero luego se pasa la película entera madurando hasta superar a la chica, mientras ella se queda completamente estática, e incluso lo anima? ¿Seguro que la razón de ser primordial de tu Potente Personaje Femenino no es simplemente estar ahí para que el protagonista pueda impresionarla.
  6. Está muy bien si la chica es súper molona. Pero ¿no será que empieza siendo así para que el chico pueda molar más todavía cuando la rescate o la supere en algo?
  7. ¿Es una mujer fuerte y capaz que nunca hasta ahora ha necesitado que la salven, pero que una vez que la trama coge velocidad, de repente es capturada o amenazada por el villano, y necesita la intervención del héroe? ¿Es parte fundamental de la historia cargarse su orgullo
  8. ¿Desaparece por completo durante la segunda mitad/el tercer acto de la película, por alguna otra razón que no sea que esté haciendo algo relevante para la trama (aparte de ser rehén, o morir)?

Si puedes contestar honestamente “no” a todas estas preguntas, quizá sí tengas un Potente Personaje Femenino que merezca ese nombre.

¡Enhorabuena!


JUAN MIGUEL LAMET (1934-2014)

3 septiembre, 2014

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Dos Bloguionistas hemos sido alumnos de Juan Miguel Lamet y al conocer la noticia de su fallecimiento hemos sentido la necesidad de escribir algo sobre él. Al descubrir esto, nos ha parecido bien publicar nuestros textos el mismo día. Hay muchos parecidos en los textos, pero respetando nuestro recuerdo, hemos decidido dejarlos tal y como estaban.

*****

Escribid algo sobre alguien a quien quisierais y haya muerto. Ese fue el primer ejercicio que nos puso a mis compañeros y a mi Juan Miguel Lamet, el primer día de primero de guion, hace ya más de una década. Y fue toda una declaración de intenciones de cómo iban a ser sus clases, de cómo era nuestro profesor.

Cuando le conocimos ya tenía sesenta y tantos y una salud delicada, pero a pesar de ello siempre daba sus clases con energía y entusiasmo. Siempre vestía con traje y corbata, y escribía con pluma. Tenía una letra bonita, y siempre anotaba sus lecciones en pequeñas cartulinas. Era averso a la tecnología, y aunque ya existía el DVD, el prefería traer sus VHS a clase, con la película en el punto en el que quería que viéramos alguna escena en particular. Apenas oía por un oído, no recuerdo cuál, y en ocasiones tenías que cambiar de lado para que te escuchara. Solía traer, en su maletín, varias cintas y libros; muy a menudo nos los regalaba, por haber hecho bien un ejercicio o simplemente de manera aleatoria, o por simpatía. La mayoría escuchábamos embobados sus clases, con sus frecuentes paseos por el aula, o cuando estaba sentado en la mesa, sobre la que sus manos hacían unos giros continuos, como si tuvieran vida propia.

Como he dicho, nos ponía escenas, o nos leía historias, y nos planteaba ejercicios que frecuentemente tenían más que ver con nuestra personalidad y experiencias que con la teoría del guión. Era, además, un maravilloso contador de historias. Le entusiasmaba la relación entre la vida y la obra de los escritores y las escritoras y nos contagiaba su entusiasmo mientras le escuchábamos, en silencio. Así, supimos de Lillian Hellman y sus batallas; del papel de Max Brod; de la breve existencia de Katherine Mansfield. Para Lamet, vida y escritura eran lo mismo. Y nosotros, nos hizo ver, éramos escritores. Cultivó y refinó nuestras habilidades, siempre instándonos a ser originales y sinceros, animándonos a contar la verdad, a dejar que la vida empapara nuestros guiones y viceversa.

Gracias a él vimos el gran sopor que fue para mi la trilogía de Antonioni, pero también “Te querré siempre”, “Roma Citta Aperta” o “Carta a una mujer desconocida”. Gracias a él escribimos nuestros titubeantes primeros guiones, y supimos de mundos enteros, de vidas tempestuosas, de secretos que él puso a nuestra disposición.

El último día de primero, a lo maestro Yoda, quiso darse un paseo con cada uno de los alumnos por las galerías de la Ecam, para darnos su opinión sobre nosotros y sobre nuestro futuro. A mi me dijo algo que jamás olvidaré y que sirvió tanto para darme ánimos como para bajarme los humos (humos que, por otro lado, todo alumno sano de primero de guion tiene). Desde entonces he tenido muy presentes sus palabras y sigo trabajando para aplicar el consejo que me dio.

Así era nuestro profesor Juan Miguel Lamet. El que señalaba el camino, el que nos hacía bucear en las profundidades de nosotros mismos. El que contaba la verdad, aunque mintiera. El que compartía los tesoros. El que te daba una colleja y al mismo tiempo te animaba a creer en tus posibilidades. Tenía a menudo una sonrisa franca en los labios, y cuando describía las novelas, diarios o películas que más le gustaban, utilizaba a menudo el adjetivo “prodigioso”.

Y sí, nos convenció de que la literatura y el cine son prodigiosos, pero también la vida. Creo que así vivió hasta su último momento, engañando a su delicada salud con una curiosidad invencible y un enorme amor por las personas, los libros y las películas.

La última vez que le vi coincidimos en la Ecam. Quedamos en comer el próximo día, pero el resto de mis clases fueron por la tarde, y no le volvi a ver. Sobra decir lo mucho que me apena no haber buscado esa ocasión, pero me quedo con todo lo anterior, con la sonrisa franca, con las clases, el maletín, los libros…

Gracias, Lamet, por todos los prodigios.

Ángela Armero

***

 

Hace unos diez días murió Juan Miguel Lamet. Me dio clase de guión durante dos cursos en la ECAM. Posiblemente es el profesor que más ha influido en mi vida. Fue él quien me llamó por teléfono después de leer “Algunas chicas doblan las piernas cuando hablan”, mi guión original de segundo curso, para decirme que le había gustado. Creo que fue la primera vez que alguien me dijo de forma expresa que un guión mío estaba bien. Recuerdo que, nada más colgar, salí de casa, aquél piso compartido en la trasera del Mercado de Maravillas, abrumado por el reconocimiento. Fui hacia la calle Orense, caminando sin ser consciente de adónde iba, pero diciéndome a mi mismo que debía contener mi entusiasmo.

También fue él quien le pasó el guión a otra profesora de la Escuela, la realizadora Ana Díez, que acabó dirigiéndolo algo más tarde. Al poco tiempo de salir de la ECAM ya habían rodado un guión original mío. Nada de eso hubiera ocurrido de no ser por Juan Miguel.

También fue él quien me regaló los “Carnets” de Camus, que había comprado en una de esas excursiones que hacía a la Cuesta de Moyano o a la Feria del Libro Antiguo y de las que volvía con un cargamento de libros, uno para cada alumno. Los compraba pensando en quienes eran sus alumnos pero, quiero creer, también en quiénes creía que podían llegar a ser.

Se preparaba mucho las clases. Siempre llevaba textos para acompañar las proyecciones de películas. Muchas veces eran diarios. Recuerdo haber leído en su clase los de Katherine Mansfield y los de Lillian Hellman… Le encantaban los relatos en los que la frontera entre la ficción y la biografía era casi invisible. No sé si él lo hubiera dicho así, pero parecía sostener que una historia sólo es buena si procede de una experiencia personal. Y eso a algunos nos resultaba algo irritante, sobre todo cuando lo que nos había impulsado a ser guionistas eran aquellas películas norteamericanas que tan poco tenían que ver con nuestras vidas.

Fue en sus clases donde vi por primera vez “Umberto D.”, “El general Della Rovere” y otras películas neorrealistas italianas que me encantaron. También otras como “La aventura” de Antonioni, que me aburrieron soberanamente. Recuerdo que Lamet nos decía que ésas eran las películas que podíamos aspirar a hacer. Ése era el cine que correspondía a nuestra tradición europea. Ésa la industria en la que, con suerte, podríamos llegar a trabajar. En aquél momento esas frases hacían que me hirviera la sangre. Ahora no sólo las entiendo, sino que las comparto y repito, de vez en cuando, olvidando que no son mías.

Nos hacía escribir mucho en clase. Casi nunca guiones, sino relatos breves, ficticios o no. Controlaba el tiempo severamente y luego pedía que leyéramos nuestras redacciones en voz alta. Después las calificaba, como si se tratara de un examen. Había algo de viejo maestro de escuela en sus formas. Cuando leíamos, a veces parecía irritarse por una de las primeras frases del texto, empezaba a negar con vehemencia y ya no hacía caso al resto. Su voz era muy característica y, a veces, algo desagradable. Eso y lo tajante de algunas de sus frases le hacía parecer áspero cuando, realmente era de una sensibilidad extraordinaria.

También se reía. Mucho. Lo hacía de una forma bastante ruidosa. Muchas veces lo que celebraba eran sus propios chistes. Como si a él mismo, con su aspecto de subsecretario de la administración durante el franquismo, le sorprendiera ser capaz de comentarios tan atrevidos.

Cuando acabé mi primer corto como director se lo dediqué. Aunque la narraba una chica, la historia estaba inspirada indirectamente en algo que me había ocurrido. Tal vez por ello le gustó. O tal vez sólo porque le estaba dedicado. Creo que les puso el corto a alguna de las nuevas promociones de alumnos. Recuerdo haber ido a su casa a llevarle alguna copia. También recuerdo que hablamos de vernos otro día para tomar un café. Incluso propuso el Kon-Tiki, una cafetería de la zona de la Castellana que inmediatamente quedó asociada en mi imaginario a una serie de lugares míticos del Madrid de los 60 y 70 en los que seguramente Lamet se reunió con Summers, Picazo, Drove, Borau y otros directores y guionistas con los que trabajó en aquél fugaz “Nuevo cine español”.

Le envié un tarjetón cuando murió su esposa. “No puedo imaginar lo que estás sufriendo” – le decía. “Efectivamente” – me respondió unos días más tarde por teléfono – “es un dolor inimaginable”.

En los últimos años perdimos casi toda relación. Alguna conversación telefónica en la que le notaba un poco ausente, tal vez por la sordera, y que sólo se animaba cuando le preguntaba por sus nuevos alumnos. Entonces hablaba con entusiasmo de gente prometedora a la que yo no conocía de nada. Reconozco que eso me daba celos: Lamet era un mentor que yo no quería compartir.

Hace unos meses le llamé: íbamos a proyectar “Ilusión” en la ECAM y quería saber si podría verle allá. Me respondió que ese día no le tocaba clase. Decidimos que le dejaría un DVD de la película en la Escuela para que lo recogiera en cuanto fuera de nuevo allá. Dije que, cuando la viera podríamos quedar a tomar algo para que me contara qué le había parecido y me hablara de cómo le iba la vida. Realmente yo pensaba en tomar con él en el Kon-Tiki ese café tan largamente aplazado. Respondió que sí. Pero no llamó. Seguramente ni siquiera recogió el DVD de la película.

Murió hace unos pocos días. Parece que de un infarto fulminante, en su casa de Madrid. Nadie debería morir en verano. Nadie debería morir en una estación en la que la gente lleva chanclas, la familia y los amigos están de vacaciones y se enteran de lo ocurrido tarde y mal.

Yo mismo lo he sabido casi de rebote. Y ahora me siento culpable por no haber tenido más contacto con él en los últimos años, por no haberle escrito o insistido para vernos. Me siento culpable por no haberme despedido de él, por no haber hecho todo lo posible por enterarme de dónde y cuándo se le enterró. Por no haberle hecho saber lo mucho que me ayudó.

Ese hombre cabezón y sensible, ese cascarrabias de otra época me ayudó más que nadie. Sin él, simplemente, no sería quien soy. Tal vez ni siquiera seguiría escribiendo.

Como decía la dedicatoria de “Sutura”, gracias, Juan Miguel. Por todo.

Daniel Castro

El próximo miércoles día 10 se celebrará un funeral en memoria de Juan Miguel Lamet a las 20h. en C/ Maldonado, 1 (Parroquia San Francisco de Borja).

 


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