FELIZ 2010

31 diciembre, 2009

Por Pianista en un Burdel

Quería hacer una recapitulación amable de lo que ha sido 2009. Un post buenrrollista. Lo siento, soy incapaz. Para mí, este año será ese que empezó con esperanza, por aquello de que teníamos a una guionista de Ministra de Cultura, y acaba con las ayudas al cine paralizadas por un problema legal; con prestigiosos cineastas tirándose los trastos a la cabeza; con las webs donde vemos las series americanas amenazadas de muerte; y con el Tribunal Supremo dispuesto a cargarse el sistema de financiación de las películas españolas. El único consuelo son unas cifras de taquilla espectaculares. Pero es un consuelo muy relativo, cuando no tienes nada que ver con el puñado de películas que arrasan.

Verán, que el sistema de financiación del cine salte en pedazos no me parece una noticia necesariamente mala. Ya había cine antes del 5% de Aznar, y antes de las subvenciones de Pilar Miró, y seguirá habiéndolo después. Para mí, la noticia más terrorífica de todas es la de la fusión de las cadenas generalistas. La llegada de Cuatro y La Sexta, con todos sus defectos e incluso sus horrores, era una promesa de cambio. La esperanza de poder llegar a escribir ficción sin la tiranía del multitarget. Pero ahora, igual que desapareció -también gracias a Aznar- la posibilidad de tener una televisión digital plural cuando quebró QuieroTV y Sogecable compró Vía Digital, desaparece la posibilidad de tener una televisión generalista plural.

Muchos pensarán que exagero. Al fin y al cabo, Cuatro y La Sexta seguirán existiendo. No sean ingenuos. ¿Acaso creen de verdad que los moguls de Telecinco y Antena 3 aspiran a tener sellos indie en los que experimentar nuevos formatos? Para eso necesitarían dos cosas que no tienen: cultura y criterio. No. La compra de Cuatro y La Sexta -dejemos de hablar de fusiones- consiste en que las grandes cadenas eliminan posibles competidores a golpe de talonario, mientras que las grandes productoras obtienen un rendimiento económico a cambio de renunciar a una independencia que no han sabido rentabilizar. En lo que se refiere a contenidos, eso se traduce, simple y llanamente, en la vieja fórmula CC=CC. Concentración de Capital, igual a Cobardía y Continuismo.

Tomen como ejemplo lo que está pasando con una de las series “alternativas” que vieron la luz en una de esas cadenas. No voy a dar nombres ni títulos (lean entre líneas), pero hablamos de una serie con un formato totalmente nuevo, nacida y realizada al margen de la industria, con un presupuesto absolutamente irrisorio, que llegó a saltar al prime-time con unos resultados más que aceptables. Pues después de varias temporadas, está amenazada de muerte. Aún quedan reuniones clave. Quizá los ejecutivos se lo piensen mejor y decidan conservar la serie, pero el mero hecho de que la cadena se esté planteando la desaparición del formato más original (y uno de los más rentables) de su parrilla, nos hace entrever el cariz que va a tomar el asunto con las “fusiones”.

Vamos, que la única buena noticia parece ser la renuncia de TVE a la publicidad… siempre que no se confirmen los rumores que hablan de la supuesta desaparición de “Metrópolis” y “La Mandrágora”, longevos y saludables programas dedicados, respectivamente, a las vanguardias artísticas y al teatro. No me negarán que la cosa tendría gracia: esperar justo al momento en que ya no importan las audiencias para cargarse los programas culturales que se hacían a despecho del share y la tiranía del multitarget. Que las privadas sean conservadoras y busquen la rentabilidad a toda costa es comprensible. Pero en una cadena pública, especialmente cuando se ha desligado de la tiranía de la audiencia, resultaría sonrojante que no se asuman ciertos riesgos. Confiemos en que no pase de rumor.

En los últimos años, TVE ha tenido un enorme éxito apostando por series de época sólidas, escritas por guionistas de talla, que explotan el filón temático de nuestra historia política reciente. (No es riesgo pequeño, teniendo en cuenta lo extendida que está la idea de que hay demasiadas películas sobre la guerra civil y el franquismo, y que eso ya no le interesa a nadie.) También le ha funcionado la apuesta por el talento emergente, como en el caso de Muchachada Nuí. Confiemos en que el nuevo modelo financiero no les impida seguir en esa línea, claramente inspirada en la mejor televisión del mundo. Éste es precisamente el momento de soltar amarras definitivamente y huir del mainstream. Mi deseo de Año Nuevo es que dejen de emitirse eventos supuestamente deportivos, como la Fórmula 1 o el motociclismo; y supuestamente culturales, como las corridas de toros.

El año que viene lo sabremos. Es complicado que sea peor que éste, así que no perdamos la esperanza. Mi plan para esta noche es escaparme en buena compañía a un hotel perdido en ninguna parte, lejos de los petardos y de la risa de los borrachos, dos de los ruidos que más odio en esta vida. Pretendo ponerme un copazo de whisky, meterme en la cama a ver “2010: Odisea 2” en el portátil, y dormir como un bebé. ¿Y ustedes?

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P.S. Habiendo escrito apenas tres artículos en bloguionistas, ya tengo que empezar a envainármela. En mi anterior post, publiqué un link a un PDF con el libro “Una Profesión de Putas”, de David Mamet. Y pregunté si constituía eso un acto de piratería. Pero sobre todo, cometí el error de llamar secuestro al hecho de que ese libro, biblia de muchos guionistas, entre ellos la actual Ministra de Cultura, esté descatalogado. Y lo peor: culpé de ello a la editorial. En la sección de comentarios, Meigul me ha hecho ver mi error, fruto de esa temible mezcla de ignorancia y arrogancia que tanto he criticado en otros. Me parece de ley subir su comentario al post que lo originó, admitir mi metedura de pata, y agradecer el interés y la prolijidad de lectores como Óscar Palmer, Teleoperador o el mismo Meigul, que se han tomado el asunto en serio. Merece la pena leer sus aportaciones.


GUIONISTAS, PROFESIÓN DE ‘FLIPAOS’

30 diciembre, 2009

Por Chico Santamano

Guionistas, profesión de flipaos

La semana pasada, el segundo guionista más atractivo de Bloguionistas y primero de su blog aconsejaba a un guionista joven e imaginario que no tratara según qué temas a la hora de abordar un guión cuya historia se desarrollara en España. Nos quitaba las ganas de escribir thrillers con finales sorpresa, loveactuallys a la española y cualquier cosa que se saliera de nuestras vivencias más cercanas en pos de la verdad, el realismo y el reconocimiento inmediato de la audiencia.

Los que ya me conocen, saben que no puedo estar menos de acuerdo con Guionista en Chamberí. Se ha hablado mucho sobre uno de los grandes males de nuestra profesión. ¿Los productores? ¿Los niños pijos en la industria? ¿La SGAE? Todo eso también, por supuesto. Pero me refiero a la AUTOCENSURA.

Amigo guionista joven e imaginario, ¿qué tal? Ahora te habla Chico Santamano y te ruega que no dejes nunca de ser un ‘flipao’ por ese miedo absurdo de “si esto aquí no se hace” o “en España es imposible que esto sea creíble”.

Por favor, no abandones ese guión sobre una nave espacial que recorre el espacio, o sobre esa estudiante que ha descubierto una red de snuff movies con su facultad como epicentro, o sobre un adolescente aficionado a los juegos de rol que vive entre el mundo real y el imaginario, o sobre esa madre que recibe una llamada de su hija dada por muerta hace años.

Tú podrías ser el nuevo Álex de la Iglesia, el recambio de Alejandro Amenábar, el suplente de Daniel Monzón o el tipo que jubile a Jaume Balagueró. ¿Por qué no?

[Un inciso. Si eres el nuevo Balagueró, por favor te lo pido… ni una sola película más en la que la motivación de los malos sea “encontrar la esencia absoluta del mal”.
GRACIAS por anticipado.]

Nuestro cine es perfectísimamente capaz de dar algo más que las historias intimistas con cocinas sin recoger de León de Aranoa y Bollaín. Lo ha demostrado en multitud de ocasiones. De hecho, nuestros directores más interesantes e internacionales son aquellos que han despuntado con historias propias o ajenas que van más allá de lo social.

La clave no está en esquivar esos temas, sino en tratarlos con nuestro lenguaje, con nuestras señas de identidad. Les digo por experiencia, que si se limitan a copiar formulas sin más, el resultado será tan patético como el de la foto que ilustra este post.

“Celda 211” ha conectado con el público porque los reos no pueden ser más ibéricos y porque no tenemos tiroteos a cámara lenta con travellings circulares a lo Michael Bay. Puede que “REC” no hubiera funcionado tan bien hace 15 años cuando esa cultura reporteril de “España Directo” no estaba tan asimilada en nuestro cerebelo. Guillermo del Toro contó en “El laberinto del Fauno” exactamente la misma historia que en “Las Crónicas de Narnia”. Huyendo de la guerra, una niña se refugia en un mundo de fantasía (del que podría ser princesa) donde conoce a un Fauno. El mismo punto de partida, pero él usó nuestros códigos, nuestro pasado más reconocible y la hizo nuestra, creíble y lo que es más importante POSIBLE.

Eso sí, no se crean que yo no voy a caer en la tentación de sentar cátedra y no les voy a aconsejar que no escriban sobre algo. Es más, no sólo les voy a aconsejar, es que se lo voy a prohibir. Pero eso será en el próximo post… el primero de la década que viene.

Feliz año a todos.


A VECES OLVIDO QUE…

29 diciembre, 2009

…no es lo mismo ser un bribón que un mamón.

David Muñoz.

En mi primera columna en bloguionistas dije que quería hablar de cómo el montaje acaba convirtiéndose siempre en la última reescritura del guión y que para explicarlo iba a utilizar como ejemplo varias escenas suprimidas que aparecen en los extras de los DVD de dos películas que había visto recientemente. Y también dije que la segunda película la dejaría para esta semana, ya que tenía que ver con otro tema que también me apetecía comentar aquí.

Pues bien, la segunda película en cuestión es el último largometraje de la serie Star Trek, dirigido por J.J.Abrams y escrito por Roberto Orci y Alex Kurtzman. La escena es la versión alargada del momento (muy importante en el universo Star Trek) en el que, cuando aún era sólo un cadete, el futuro Capitán Kirk supera una prueba legendaria que ningún otro alumno de la Academia Espacial había logrado pasar hasta entonces, conocida como “El Kobayashi Maru”. En ella, el aspirante a héroe del espacio entra en un simulador y se pone al mando de una nave estelar tipo la famosa Enterprise, cuya misión es rescatar a una nave civil que está siendo atacada por los  malvados Klingon. En la Wikipedia lo explican bastante bien: “Rescatar a la nave civil Kobayashi Maru es el objetivo principal en una batalla simulada con los Klingons. La nave ha sido inutilizada y la tripulación de cadetes que se acercan a ella deben decidir si intentar rescatar o no a la tripulación, poniendo en peligro a su nave y sus vidas, o marcharse permitiendo que el Kobayashi Maru sea destruido. La difícil decisión de ayudar a la nave se debe a que el Kobayashi Maru está en la zona neutral Klingon y que entrar en la zona constituiría una violación del tratado de paz”. En la película la llaman una “no win situation” (una situación en la que no se puede vencer). De ahí que el objetivo de la prueba no sea que los cadetes la superen sino comprobar cómo reaccionan los candidatos a formar parte de la flota estelar cuando se enfrentan a un problema de este tipo.

Y tal y como dije antes, James T. Kirk se las arregla para destruir a los Klingon que están atacando a la nave civil y rescatar a sus tripulantes.

¿Y cómo lo consigue?

Pues bloqueando momentáneamente el programa.

O sea, haciendo trampas.

Sí, es el héroe de un “blockbuster” norteamericano y es un fullero.

Pero aún así, la escena funciona y logra que nos “enamoremos” de Kirk (o que al menos empaticemos con él lo suficiente como para preocuparnos de lo que pueda ocurrirle durante el resto de la película). El chaval es un desastre en muchos aspectos, pero algo que en principio puede ser un defecto, su incapacidad para aceptar una derrota y para, si es necesario, quebrantar las reglas para lograr ganar, es en realidad su mayor virtud*.

Spock y Kirk

No obstante, tras ver la versión alargada de la escena que aparece en el DVD está claro que Abrams y compañía estuvieron a punto de no conseguir crear esa empatía. En ella, Kirk no queda como un bribón simpaticote sino como un mamón (algunos dirían que como un gilipollas).

Y que el personaje merezca un adjetivo u otro depende solo de unos segundos eliminados en montaje.

Eso que Kirk nunca ha sido un héroe de ciencia ficción al estilo clásico. Ni siquiera en la serie de televisión original. Como a casi todos los grandes personajes que ha dado el género desde los años 70, le definen no sólo sus cualidades positivas (inteligencia, valor, entrega, capacidad para tomar decisiones rápidamente), sino también las negativas (arrogancia, chulería, egocentrismo, machismo). Aunque algunas de ellas, como su carácter impulsivo y un tanto inconsciente, acaban siendo también positivas en el contexto de la historia y son las que terminan convirtiéndole en un tipo tan carismático. Además, esta  Star Trek es esencialmente una “buddy movie” y, como en todas las “películas de colegas”, lo importante es que uno de los dos protagonistas sea todo lo que no es el otro y viceversa. Por eso, simplificando mucho, Spock es la cabeza y Kirk el corazón. Y cuanto más extremo se muestre cada uno de ellos, mejor. Pero de esa dinámica basada en los contrastes (cuya necesidad también olvidamos a veces los guionistas) hablaré en otra columna, así que de momento no voy a decir nada más al respecto. Aunque ahora que lo pienso, también puede que merezca la pena hablar de Avatar y su ahora atípico (y casi me atrevería a decir que anacrónico) protagonista, Jake Sully. Éste sí es un héroe de una pieza, sin fisuras morales, que quizá le debe más a Buck  Rogers o a Flash Gordon que al capitán Kirk.

Pero ya digo que esos son temas para otra entrada del blog. Lo que nos importa hoy es que como guionista nunca suele interesarte que en este tipo de historias la balanza se incline peligrosamente hacia las cualidades negativas (que a veces son mucho más fáciles de explicar). Por eso, debes tener mucho cuidado a la hora de mostrar qué hacen tus personajes  y cómo lo hacen a lo largo de la película.

Y unos segundos pueden marcar la diferencia entre el fracaso y el éxito, entre la empatía y el odio.

En la versión que se vio en los cines de la escena, parece que Kirk consigue bloquear momentáneamente el programa del Kobayashi Maru dando órdenes aparentemente absurdas al ordenador que controla el simulador; órdenes que éste es incapaz de asimilar, ya que van en contra de todo lo que suele hacerse normalmente en una situación así. Visto así, si bien es cierto que Kirk sigue siendo un fullero, también es inteligente. Ha aprovechado un defecto del programa -que encima ha programado Spock-, para “hackearlo”  (reforzando esa dinámica de contrarios de la que hablaba antes; la emoción vence otra vez a la lógica).

La tripulación del Enterprise

Sin embargo,  en la versión ampliada del DVD, descubrimos que Kirk ha hecho algo totalmente distinto: ha engañado a una chica con la que le vimos acostándose un par de escenas antes, diciéndole que va a mandarle un e-mail al ordenador central de la academia justo cuando él se está sometiendo a la prueba, para que al abrirlo ella introduzca sin saberlo un virus informático en el programa que controla el simulador. Eso es lo que realmente provoca el bloqueo. Y una cosa es manipular y engañar a una máquina (cuya forma de funcionar ya digo que es una metáfora perfecta de la manera de hacer las cosas, mecánica y sin sorpresas, a la que siempre se enfrenta Kirk) y otra muy diferente hacer lo mismo con una persona. Además, para rematar la faena, en una escena eliminada posterior, Kirk busca a la chica extraterrestre para disculparse por haberla utilizado y se da cuenta de que es otra de su misma raza cuando ya lleva un rato hablando con ella. Se acaban de ir a la cama y ni siquiera recuerda su cara. Casi podría decirse que este Kirk es un pelín racista. Sólo imaginaros que en vez de tener la piel verde, la chica fuera negra.

Vamos, que sí, que éste Kirk es un mamonazo de cuidado y resulta difícil creer que pudiera ser el protagonista de una película con una vocación tan comercial como esta.

Aunque no es eso lo único que resulta difícil creer. Menuda academia militar futurista, que es incapaz de detectar que un virus entra en sus sistemas, y que cuando descubre que uno de sus cadetes ha hecho trampas no le  expulsa inmediatamente.

Los guionistas y el director lo explican bastante bien en sus comentarios de la escena ampliada. El método que emplea Kirk es muy cutre,  y además es demasiado facilón. Casi es mejor no explicar lo que ha hecho y que cada espectador se imagine lo que le parezca (de la misma manera en que yo imaginé mi explicación anterior).

Me sorprende un poco que en el comentario uno de los guionistas no parezca muy seguro de haber hecho lo correcto eliminando esos momentos. Pero yo estoy convencido de que no se equivocaron. Gracias al montaje consiguieron corregir un problema que no supieron anticipar mientras estaban escribiendo.

Y cosas así pasan muy a menudo.

Porque no es lo mismo escribir o leer algo que verlo interpretado por unos actores.

A veces… bueno, no, a veces no, casi siempre, los guionistas acabamos hartos de recibir notas por parte del director y de los productores de la película pidiéndonos que mejoremos tal o cuál escena o que afinemos un aspecto de la caracterización de un personaje que no llegan a ver demasiado claro. En muchas ocasiones es cierto que esas notas son el resultado de una lectura apresurada del guión o muestran a las claras que quien las ha mandado no tiene ni idea de cómo se escribe una película (como esos ejecutivos que creen que el primer acto de una película acaba en la página 10, por Ej.), pero también hay gente inteligente que detecta fallos o cosas mejorables y que lo único que quiere es que llegar a rodaje con la mejor versión posible del guión. Y cuando es así (problemas de estructura aparte) lo más habitual es que esas notas mencionen cosas como lo que ocurría con el Capitán Kirk en esa escena.  De pronto, un personaje hace algo que resulta incongruente o que cambia en una dirección no deseada la percepción que tenemos de él. Y es mucho más fácil que eso lo vea alguien que no ha participado en el proceso de escritura con la intensidad del guionista (a veces el personaje que hemos escrito se ha alejado mucho del que teníamos en mente al empezar a escribir y no nos hemos dado cuenta). Fastidia reconocerlo, sobre todo porque aplicar una nota de un par de líneas puede llevarte días de trabajo, pero cuando tienen razón… pues tienen razón.

Al final, una vez la estructura está asentada y se tiene clara la historia que se quiere contar (cosa que no siempre llega a ocurrir antes de rodar), de lo que se trata es de repasar el guión una y otra vez revisando y mejorando pequeños momentos, solucionando errores que sobre el papel parecen intrascendentes, pero que siempre, una vez la película se rueda, y más aún cuando la ves proyectada sobre una pantalla del cine, revelan su verdadera importancia. No hay detalles menores en una pantalla de quince metros. Y si antes no han intervenido un montador o un productor avispados, esos errores permanecerán ahí para siempre, impidiéndote disfrutar del resto de la película. Incluso, años después del estreno, si te la encuentras por casualidad en la televisión, no podrás evitar pasarlo mal viéndola y pensar: “¿Por qué no cambiaría eso? ¿Por qué creí que no era importante?”.

Porque al final, en las películas, todo importa. E igual que a menudo suma, también puede restar.

Como a Kirk, a los guionistas tampoco nos gusta perder nunca. Puede que la película perfecta sea uno de esos “no win scenarios” cuya existencia se niega a aceptar el capitán del Enterprise. Pero como en el fondo somos igual de chulos que él y preferimos pensar que algún día llegaremos a escribirla… que al menos una frase mal empleada o un momento valorado erróneamente no sea lo que nos impida conseguirlo.

*Algún día tendré que escribir aquí sobre como el cine de Hollywood hace que nos comamos con patatas un concepto tan absurdo (derivado en arquetipo de tanto que se usa) a poco que uno lo piense como el del “rebelde dentro del sistema”. Alguien que aparentemente va a la suya y vive de acuerdo a sus propias reglas, pero que, “curiosamente”, acaba siempre haciendo (y más y mejor que sus compañeros) lo que el sistema (personificado en sus superiores) espera de él. En ese sentido, Kirk, Jack Bauer o John McClane, por poner solo tres ejemplos, son primos hermanos. En la vida real  todos habrían acabado en la calle más pronto que tarde o habrían aprendido a agachar la cabeza y dejar de tocar las narices.


IMÁGENES DE MI AÑO

28 diciembre, 2009

por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

La película que se merecía esa guerra, absurda, chapucera. Sin un tiro, pero llena de infamias, insultos. Llena de idiotas que se creyeron listos. Tal vez aún esté en el cine cerca de tu casa.

Fuegos articiales en una casa de Roubaix, personajes que parecen reyes, reinas, sin corona. Catherine Deneuve no ama a su hijo. Nunca lo amó. No se priva de recordárselo. Ni siquiera ahora que sabe que su médula es la única que la puede salvar.

Madrid como no lo había visto antes. O el cine de espías donde no lo ví jamás. En el piano bar Toni 2, donde Hermann Tertsch y yo acabamos nuestras noches más decadentes, en las Torres Blancas, de la Avenida de América o en una terraza de la (horrenda) plaza de San Ildefonso, donde un tipo negro, solitario y silencioso pide dos cafés. En dos tazas separadas. Entré a ver esta película por azar (la taquillera me entendió mal) pero no puedo alegrarme más de aquél error. Me fascinó (aunque no sé si me gustó).

En cambio, la peli que quería ver cuando vi la otra me gustó, pero no me fascinó. Era algo ya visto: un calvo judío bastante feo comienza a hablar a cámara. Y, como antes, de pronto, casi milagrosamente, todo funciona.

Penélope Cruz frente a la pantalla, repite las palabras que la cámara grabó unas horas antes. Ya no le quiere. Quiere a otro hombre. Luego, la felicidad y el accidente. Para mí, lo mejor de Almodóvar en muchos años. Pero con Almodóvar parece que no suelo acertar.

Hitler muere en un teatro de París, aunque sólo fuera por ver eso, ¿no merecería la pena pagar la entrada? Además, están Mélanie Laurent y la secuencia inicial y… esa maravillosa escena de la cervecería. Y Mélanie Laurent.

Don Draper, o como se llame ese tipo realmente, entra en el mar, en California. Un hombre que se ocultó tras una máscara huye ahora de ella.

Vale, está rodada en vídeo y la producción es justita. Pero sólo ver al rapado Malamadre alzar los brazos y exaltar a los presos de las galerías para mí vale más que toda la biblioteca de Alejandría.

Entre cascotes, encerrado en casa, veo en un mes y medio todas las películas de Truffaut. No son de este año pero… eso sólo habla mal de este año. “Besos robados”, “La sirena del Mississipi”, “La piel suave”, “La piel dura”, “Las dos inglesas y el amor”, “El diario íntimo de Adèle H.”, “El Pequeño Salvaje”. Entre termitas y obras infinitas, cada día una joya.

La otra película de mi año se rodó en 1973, en un anacrónico blanco y negro. La madre y la puta. No sé qué decir. Sólo pediros que veáis esto. O, mucho mejor, que veáis entera la película de la que esto sale.

Tras acabar de trabajar en esta serie, justo al principio del verano, viajo a China. Allá, leo el guión de una película que pronto podréis ver. A mí me ha encantado. Por varios motivos, para mí ha sido la película de 2009. Espero que para algunos de vosotros sea la de 2010.

Entre el trabajo en la serie y las termitas no tengo tiempo de hacer un corto serio. Así que hago cinco que no lo son: éste, en mi terraza. Éste, en la cocina. Éste, frente al cuartel de Conde Duque, éste, aprovechando un viaje a Berlín. Y éste último, por diferentes puntos de Madrid, incluyendo mi aseo. No sé si son buenos o malos pero… creo que son algo parecido a mí (y a mi futuro): divertido y algo chapucero.

Ahora que tengo algo más de tiempo me he metido en un buen lío. Un vídeo diario mientras dure el invierno. Y el maldito promete ser largo.

Estoy seguro de que me he olvidado un montón de películas, un montón de series (¡qué pocas series en mi año, por cierto!) y, desde luego, he dejado fuera un montón de recuerdos ¿Qué imágenes os ha dejado a vosotros 2009?


EL GRAN CANON

25 diciembre, 2009
Por Guionista Hastiado

Hay una guerra encarnizada librándose delante de nuestros ojos. Eso al menos es lo que se deduce leyendo las crónicas y opiniones más encendidas de la red acerca del tema de los derechos de autor y el canon.

Los contrincantes en liza son:

A – Los consumidores. Exigen su derecho a compartir y/o descargarse series, películas o programas gracias a los avances de la informática y la universalización de la comunicación. Apelan, con razón, a la inviolabilidad de la información transmitida por Internet para condenar cualquier intento de control de los contenidos que uno gestiona desde su ordenador. Y se muestran radicalmente en contra de un canon por copia privada, que, según ellos, penaliza previamente al consumidor, despreciando la presunción de inocencia.

B – Los creadores. Defienden su derecho a recibir una retribución justa por los beneficios que genere su obra. Consideran que la distribución totalmente gratuita y libre les perjudica, y algunos de sus representantes más belicosos (SGAE) exigen un control gubernamental sobre las descargas (control que entra en conflicto con el derecho a la confidencialidad) y una retribución “justa” en forma de canon para compensar las copias privadas que puedan hacer los consumidores.

Bien, más o menos éste es el resumen que se podría hacer de la situación… si uno fuera un grandísimo maniqueo (maniqueismo: “tendencia a interpretar la realidad sobre la base de una valoración dicotómica”).

La gran falacia de toda esta polémica es pensar que ésta es una pelea de A contra B: consumidores contra creadores. En el fondo, ambos buscan lo mismo: que haya creaciones que satisfagan a la gente, y que además sean accesibles a la gente. Es de perogrullo: los creadores quieren crear para que los consumidores consuman.

Lo que a menudo se obvia es que hay un tercer agente metido en este embrollo. Un agente que es, en realidad, quien está ganando más con toda esta polémica: la industria.

La industria cultural / audiovisual / tecnológica está más fuerte que nunca, por mucho que se quejen. Puede que las descargas en Internet hayan perjudicado ciertos sistemas tradicionales de venta, pero en términos totales se consume mucho más entretenimiento que antes. Gastamos dinero en series, películas, cómics, juegos, dvd´s, bluerays, palomitas, discos duros, pantallas planas, consolas, mandos, ordenadores, portátiles, cámaras, revistas, juguetes, salas 3D, grabadoras, memorias usb, wifi, adsl, i-phones, reproductores portátiles, canales satélites, impresoras, e-books… Y nos gastamos todo ese dinero en parte motivados por la publicidad que nos tragamos a través de esos mismos soportes, mecanismos y canales emisores por los que pagamos (publicidad que también genera beneficios), y a los que nosotros damos cancha a través de blogs, foros, webs de cine y televisión, publicaciones especializadas y el socorrido boca-oreja, retroalimentando la cadena de consumo.

Lo que parece bastante claro es que alguien está haciendo mucho dinero con todo esto. Y lo que los creadores hacemos es pedir una parte pequeña de esas ganancias, cuando derivan directamente de nuestro trabajo, al igual que los inventores cobran patentes, que los empresarios se llevan beneficios, o que los escritores reciben un 8% del precio de cada libro. Si tú te forras gracias a lo que yo he creado, algo debería ganar yo también… Y ese algo no se lo pedimos a los consumidores, sino a la industria, porque los derechos de autor se obtienen extrayendo un tanto por ciento de los beneficios de la industria. Si no hay beneficio, no hay derechos de autor.

Así, paradojicamente, cuando alguien critica los Derechos de Autor en pro de la “universalización de la cultura” lo que está haciendo en realidad es favorecer los intereses de las grandes corporaciones, que son las que abonan el 99% de los derechos de propiedad intelectual.

Otra cosa algo diferente es el canon, sí. Es cierto que el canon por copia privada se cobra sí o sí, pero también es cierto que ese canon existía ya en la época de los casettes, y nadie se quejaba. La idea con la que se creó fue algo del tipo “ey, tíos, si vais a vender aparatos con los que copiar la música que hacemos, por lo menos tened la decencia de darnos una pequeña parte de vuestras ganancias…”. También es verdad que es difícil de entender que se pretenda cobrar un canon astronómico y al mismo tiempo andar cerrando webs y enviando cobradores a las bodas. Ahí es donde la cagan.

Pero, aunque entiendo muchas de las argumentaciones en contra del canon, tampoco acaba de parecerme muy ecuánime que alguien que adquiere, por ejemplo, una grabadora de 150 euros, clame al cielo buscando venganza porque 3,40 de esos euros son para el canon. Como siempre digo, otra cosa es cómo se recaude y reparta ese canon (ahí está el gran intríngulis de la SGAE y el terreno para la negociación).

Todo esto me recuerda en cierto modo a los comunistas y los anarquistas en la guerra civil, pegándose tiros entre sí mientras tenían las tropas de Franco a las puertas de la ciudad. Sinceramente, amigos consumidores (a los que yo también pertenezco), creo que os han tomado un poco el pelo al convenceros de que los guionistas / escritores / realizadores / directores / músicos son vuestros enemigos acérrimos. Los autores no somos Ramoncín, ni Rosario, ni la SGAE, ni vamos por ahí exigiendo dinero a cambio de aire, ni queremos que se prohíba internet (al contrario, nos gusta mucho).

Es cierto que hay algunas cabezas visibles obscenamente forradas (en gran parte porque se lo han ganado, en cierta parte porque se lo han montado bien, sí), pero la gran mayoría de nosotros somos curritos que peleamos por seguir ganándonos el pan mes a mes, y que vemos cómo los que mercadean con nuestro esfuerzo se hacen millonarios, mientras que nosotros seguimos peleándonos como idiotas para que no nos quiten el chiste de la mantequilla o no nos obliguen a meter un estribillo en clave mayor.

Los detractores del canon dicen que sería una estupidez que un arquitecto cobrara sine die a los peatones cada vez que cruzaran un puente diseñado por él. Y estoy de acuerdo: sería una estupidez, porque eso es mezclar churras con merinas. Del mismo modo, sería una estupidez igual de grande que a García Márquez le hubieran pagado 200 pesos por el manuscrito de “100 años de soledad” y jamás hubiera vuelto a ver un duro. Los Derechos de Autor se crearon para luchar contra ese tipo de desmanes, para defender al creador frente a la industria. Democratizar la cultura significa poner los medios para que sea accesible a todo el mundo, y para que la creación no esté en manos de unas pocas empresas, no que todo lo que se cree deba ser gratis para todos.

Nuestro gran enemigo común -tanto para los autores como para los consumidores- ha sido siempre el dirigismo cultural. Si los autores no tenemos cierto peso en el proceso, si no conseguimos una retribución justa por nuestro trabajo, si dependemos exclusivamente de quien nos contrata y no del rendimiento que produce nuestro trabajo, estaremos a merced –más si cabe- de la industria. Y a esa industria -como industria que es- nunca le interesará la pluralidad, la innovación, el riesgo o la creatividad, sino la clonación de éxitos, el equilibrio de los balances, los targets generalistas y las convenciones preestablecidas. En definitiva, el empobrecimiento cultural. Nos seguirán diciendo qué es lo que tenemos que oír / ver / consumir, y nosotros les obedeceremos, porque no habrá otras alternativas.

“¿Y a mí qué? Yo no veo nada español, sólo cosas de fuera”, dirán algunos. Por supuesto, pero tanto el cine y la televisión de este mismo 2009 han demostrado que son muchos los españoles a los que les interesa la producción patria, y no me parece una locura que un país vele mínimamente por favorecer y proteger la existencia de una cultura propia. Aun así, si los de fuera lo hacen mejor serán para ellos los beneficios, no hay nada que objetar.

En definitiva, les pido que se replanteen los absolutos a los que creen haber llegado. Sé que es muy difícil, pero si hacen mucha, mucha fuerza podrían llegar incluso a considerar la posibilidad de que no todos los que cobramos derechos de autor seamos unos hijos de la gran puta.

Si no, pueden seguir apedreándonos –comparto la opinión de que resulta muy estimulante- pero sean conscientes de que alguien, detrás de ustedes, les está vendiendo los pedruscos a precio de oro.


SU BIBLIA, SEÑORA MINISTRA

24 diciembre, 2009

Hace ahora tres años, en el blog del compañero bloguionista David Muñoz, Ángeles González-Sinde decía esto :

Los libros que más me han aportado son los de David Mamet. Yo me rijo por sus mandamientos. Hay uno fundamental que es Los tres usos del cuchillo. Ese libro y otro que se titula Una profesión de putas son mis biblias.

Por aquellas fechas, Ángeles González-Sinde no era Ministra de Cultura. Le faltaban pocos días para ser elegida Presidenta de la Academia de Cine. Pero ya entonces, el excelente libro Una profesión de putas estaba descatalogado por la editorial.

Originalmente, el libro lo editó en España Debate. Cuando la editorial fue comprada por el gigante Random House Mondadori, muchos de sus títulos quedaron fuera de catálogo indefinidamente.

Esto, que es una vergüenza en cualquier caso, roza el ridículo en la época de los libros electrónicos. No hay justificación para algo así: ni siquiera se puede aducir el riesgo económico de imprimir una nueva edición para darle salida. Pero yo creo que, aparte de vergonzoso y ridículo, ese secuestro cultural (a eso lo llamo yo pirateo) se convierte en insultante cuando uno de los títulos secuestrados es una de las “biblias” de la hoy Ministra de Cultura.

Como no podía ser de otra manera, en este blog se va a hablar mucho de P2P, de piratería cultural (la verdadera y la presunta), y de la política del Gobierno en materia de propiedad intelectual. Mis opiniones, como de costumbre, no concuerdan totalmente ni con las del Gobierno, ni con las de la Asociación de Internautas. No soy de los que tirarían piedras a Ramoncín, ni me congratulo de que tal cosa ocurra. Pero tampoco estoy de acuerdo con el canon, tal como se aplica ahora. Estoy totalmente a favor de las ayudas estatales al cine, pero totalmente en contra de que se centren en la producción, y no en la distribución/exhibición/marketing.

Esto es un problema en un país en el que el 99% de la población ve la realidad en formato partido de fútbol: o vas con un equipo, o con otro. Cada vez que opino sobre estos asuntos, siempre hay quien me acusa de estar a sueldo del Gobierno y/o de la SGAE, y quien me acusa de ser un pirata que tira piedras contra su propio tejado y quita el pan de la boca a sus compañeros.

Como este blog es todavía muy joven y no quiero empezar con mal pie, no voy a echar más leña al fuego (de momento). Sólo voy a hacer unas pocas preguntas. A la Ministra, a “la industria”, a todos los que están en contra de “las descargas”:

Si una empresa ha demostrado durante años un total desinterés en vender un producto cultural de su catálogo, concretamente un libro que la propia Ministra de Cultura considera una de sus “biblias”, ¿es piratería que yo ponga aquí un link para descargar gratuitamente ese libro? ¿Sería piratería si este blog tuviese publicidad? ¿Habría que cerrar este blog por ofrecer un producto que la editorial no sólo no tiene en venta, sino que retiene en contra del interés general?

(Avergüenza tener que decir esto, pero ruego a los recalcitrantes que se abstengan de insultar a Ángeles González-Sinde en los comments. No sólo por le guardo bastante aprecio y mucho agradecimiento, sino porque está ya muy visto.)

Feliz Navidad a todos.

P.S. Por si alguien ha llegado aquí buscando en Google “qué demonios regalar a un guionista”, ahí van dos links legales: Bambi contra Godzilla y Conversaciones con David Mamet.

_____________________________________________

Actualización de 29 de diciembre: La sección de comentarios se ha animado mucho, y algunas aportaciones merecen estar destacadas aquí. Concretamente este tirón de orejas que me da Meigul:

Una defensa razonable del libre acceso a bienes culturales (que es posible), exige un poco de rigor. Los libros no pueden “quedar fuera de catálogo indefinidamente”. Una vez que se descatalogan no pueden volver a ser publicados, a menos que se haga otro contrato de edición. Así que una editorial no puede secuestrar un libro. Los contratos de edición incluyen cláusulas por las cuales si el libro se descataloga (o nunca llega a ser publicado tras un plazo determinado) los derechos revierten al autor. De hecho, la editorial no puede venderlo legalmente en versión electrónica porque no tiene esos derechos. Ni lo puede reeditar en papel porque lo ha descatalogado. Así que por favor, no acuses a la editorial de “retener” un libro cuando no es el caso. Lo que hizo la editorial fue publicarlo en primer lugar y darlo a conocer. Para poder seguir publicando libros y dando a conocer autores, una editorial tiene que plegarse a ciertas condiciones. Una de ellas es descatalogar títulos cuya demanda es demasiada baja. En el caso de Debate además cambió su línea editorial y eso hizo que muchos títulos fueran descatalogados (lo que en todo caso los libera para que los pueda editar cualquier otro, no los secuestra). Presentar a las editoriales como un obstáculo a la difusión de la cultura es una falsedad maliciosa.
Si tan escandaloso resulta que este libro no esté a la venta (pese a que se pueda comprar en inglés en Amazon, debe estar en bastantes librerías de segunda mano y se puede consultar en bibliotecas), y alguien cree que la editorial aún tiene derechos sobre el título y que lo que pretende es hurtarle al público ese bien, nada como llamar o escribir a la editorial para interesarse por los derechos. Allí le hubieran remitido al agente del autor, por un lado, y al traductor por otro. Para hacer las cosas legalmente, hubiera tenido que hablar con los dos y obtener su consentimiento para colgar el libro en la red (a cambio de dinero o gratis, eso ya depende de si les convences de que sus lectores merecen disfrutar del libro sin pagar). Comprendo que es mucho más fácil acusar a las editoriales de secuestrar libros y colgar los textos por las buenas, pero me temo que esta argumentación “en defensa del interés general” es bastante endeble. No me parece que el interés general se viera gravemente perjudicado por hacer dos consultas. Y que si el señor Mamet decide que no quiere que su obra se difunda gratuitamente, está en su derecho.
En cuanto a lo lento del proceso de comercialización de libros digitales, las editoriales tienen dos desventajas. Primero, para comercializar un libro (incluso para regalarlo), necesitan un contrato con el autor que les ceda los derechos digitales. Segundo, para que la calidad sea buena, es necesario convertir los archivos a un formato compatible con los lectores digitales. De nuevo, es mucho más fácil no pedir permiso a nadie y colgar un libro escaneado (o trabajosamente pasado a word). Pero como argumentación en defensa de ignorar los derechos de autor, también me parece muy endeble.

Pues me la envaino, qué remedio. Efectivamente, no habría costado nada consultar a la editorial antes de ponerme a dar mandobles. Si no lo he hecho, ha sido por pura pereza y porque tengo adicción a la polémica. Mis disculpas para los que hayan sido injustamente acusados de “secuestro”. En adelante, procuraré informarme mejor antes de echar espuma por la boca.

Dicho esto, el link se queda donde  está. Aunque no haya culpables, me parece injusto que no se pueda acceder a este libro fundamental. Si nadie quiere hacer negocio con él, al menos que la gente interesada pueda consultarlo gratuitamente. No se roba a nadie, porque nadie lo tiene en venta en castellano. Está en algunas bibliotecas, sí. Muy pocas. Y no, apenas se encuentra en librerías  de segundamano. Tengo puestas alertas en Iberlibro y Uniliber hace mucho tiempo… y nada. Naturalmente, se puede comprar en inglés. Yo lo hice, ahí está la foto. Pero si alguien quiere leerlo en castellano, tendrá que acercarse a la biblioteca de turno y cruzar los dedos; o pasar por mi casa y hojearlo en mi salón (no se lo presto ni a mi madre); o hacer click ahí arriba. ¿Es ilegal? Hoy por hoy, no. El Teleoperador se lo explica mejor que yo.


YANKEE GO HOME!

23 diciembre, 2009

Chico Santamano

Planet 51 / Yankee go home!

Quería liarla en mi estreno de Bloguionistas. Me daba igual rozar la demagogia y abrazarme al populismo. Pretendía escribir algo que diera que hablar y despertara aplausos e insultos a partes iguales en los comments. El caso es que llevaba un tiempo dándole vueltas a cuál sería el primer tema y el otro día viendo “Planet 51” se me encendió la bombilla.

No les exagero si les digo que llevaba años siguiéndole la pista a esta peli. Desde que vi los primeros bocetos en una web de cine supe que “Planet 51” (o “Planet One” como se la conocía en sus principios) tenía que ser un pelotazo de tomo y lomo. Todo parecía tener los mimbres perfectos para que la jugada saliera bien. Pero entonces se cruzó el maldito Escrito por con este fantástico post que me dio la vuelta a la cabeza y me hizo cogerle manía a la peli.

Entiéndanme. Todo el que ha sufrido en sus carnes a un productor incompetente no  puede más que solidarizarse con el vía crucis del compañero Mariano Baselga. A este hombre le marearon y ningunearon para acabar pagándole una barbaridad (supuestamente entre dos y tres millones de dólares más porcentaje de taquilla) a un guionista americano.

Entiéndame más aún. Esto ya era algo personal. Desde ese momento me puse el traje de “vengador de la causa guionística española”. ¿Cómo es eso de que un guionista español no puede escribir una peli como “Planet 51”? ¿De qué coño iban en esa productora? ¡YO he nacido para escribir esa película!

Así que con ese chip me tiré meses hablando con compañeros, indignados todos, porque hubieran contratado a un guionista yanki. Les confieso que en el fondo de mi corazón deseaba que la peli fuera una mierda para poder gritarle al productor desde el blog: “¡TOMA! Chúpate esa… ¿Ahora qué?”.

Pero resulta que “Planet 51” no es una mierda. Es más, es una peli correcta. No brilla, no pasará a la historia, pero al menos no da vergüenza. Vamos, que se deja ver.

El prometedor punto de partida (sí, vale… tampoco habían inventado la pólvora… “Goomer”) se queda en nada por culpa de un desarrollo anodino y simplón, donde nunca nada está realmente en juego. Todo pasa de la manera más fácil del mundo (atrapan al robot, pero vuelve a los cinco minutos… porque ha desatornillado la jaula en off… pues vale) con unos personajes tan planos que no acaban de engancharte lo más mínimo. Y con un solo chiste realmente celebrado por la platea mayoritariamente infantil del kinépolis: el de “qué extraño sitio para llevar la antena”.

Siendo el guionista, Joe Stillman, uno de los OCHO escritores de Shrek, extraña que al menos la película no tuviera más gags, pero claro… quizá no contrataron al más gracioso del grupo. O no se dieron cuenta de la importancia del trabajo en equipo, o del poder de la reescritura o vete tú a saber qué falló.

El caso es que volviendo del cine, hice un enorme esfuerzo por pensar y conducir al mismo tiempo. Meditaba sobre cómo meterme MUCHO con la decisión de contratar a un guionista extranjero. Pensaba enarbolar la bandera española en un post rebosante de orgullo gremial patrio, pero no encontré ni una sola razón para criticar el fichaje que no fuera fácilmente rebatible.

(Así es… Adiós al post polémico para estrenarme en Bloguionistas.)

Por esa regla de tres, los actores tendrían que estar cada dos por tres poniendo el grito en el cielo por los créditos ibéricos de Federico Luppi, Ernesto Alterio, Viggo Mortensen, Natalia Verbeke, Gary Oldman, Leslie Nielsen…

Por no hablar del apartado técnico, donde en muchísimas ocasiones se tira de mano de obra extranjera. De hecho, el mismísimo Colin Arthur está empadronado en nuestro reino y (que yo sepa) Reyes Abades no tira pedrolos a la puerta de su taller.

De pronto pensé en que quizá, por una vez, no les faltaba razón a esos que nos piden a los guionistas que dejemos de mirarnos el ombligo. Que tal vez no somos tan importantes. Pero entonces me acordé de los millones de dólares que pagaron a Stillman y la mierda (en comparación) que le pagaron  a los españoles que pasaron por allí y me volví a cabrear… pero después pensé “joder, ese tío ha hecho Shrek, un puto éxito internacional” y los otros…

En definitiva, ¿quién dijo que el cine español es incapaz de hacer éxitos comerciales que además consigan hacerte pensar? A mí esta peli me ha dado más quebraderos de cabeza que el “Antichrist” de Lars Von Trier.

PD: Ni que decir tiene que deben ir a ver Planet 51… y Celda 211, y Spanish Movie, y Agora. Un año de éxitos de cine español. Enhorabuena a todos sus guionistas.

Al americano también, va… Congratulations.


A VECES OLVIDO QUE…

22 diciembre, 2009

…a nadie le importa que tu protagonista estuviera enamorado en el colegio de una niña que no le hacía caso.

David Muñoz

Una de las cosas que más nos cuesta aceptar a los guionistas cuando empezamos a trabajar profesionalmente es que nuestro trabajo está sujeto a continuas reinterpretaciones y modificaciones hasta que la película que hemos escrito se da realmente por terminada.

Y el montaje es la fase en la que se llevan a cabo más cambios.

Además de realizarse infinidad de retoques “menores” (que casi nunca nos parecen  de verdad “menores” a los guionistas), a veces se eliminan subtramas completas, se hace desaparecer a personajes o se altera completamente la estructura de la película. Si dichos cambios son producto de la falta de confianza en la película por parte de los productores, el resultado puede ser desastroso. En la vida real los patitos feos no se transforman en cisnes por muchas horas que pase el montador delante del Avid. Pero mi impresión es que eso ocurre muy pocas veces.

De hecho, la mayor parte del tiempo el montador se convierte en un buen aliado del guionista y del director, mejorando su trabajo al solventar problemas que es casi imposible anticipar en el guión e incluso durante el rodaje, pero que resultan muy obvios cuando te sientas a visionar el material rodado.

Y precisamente he visto hace muy poco dos películas cuyos DVD incluyen varias escenas eliminadas que me parecen bastante representativas de algunas de las cosas que pueden pasar y pasan mientras se monta y porqué, (y también de algunos de los errores que solemos cometer más a menudo los guionistas). De la primera hablaré esta semana y de la segunda la que viene, ya que tiene relación con otro tema que también quiero comentar en esta columna.

De una de las escenas eliminadas de "Lakeview Terrace".

En “Lakeview Terrace”, estrenada aquí con el “videoclubero”  título “Protegidos por su enemigo”, escrita por David Loughery y Howard Korder y dirigida por Neil Labute, la mayor parte de las escenas suprimidas explican dónde trabaja la pareja protagonista. Y no se echan de menos. En realidad, nos da exactamente lo mismo saber a qué se dedican. ¿Por qué? Pues porque nada de lo que ocurre tiene que ver con su vida laboral. Nos daría igual que fueran bomberos, fontaneros o diseñadores gráficos. En “Lakeview Terrace” lo único que importa es lo que pasa una vez la pareja llega a su casa (construida, por cierto, en el lugar que da su título original a la película) y especialmente todo aquello que afecta a su relación con el vecino que les hostiga, interpretado por Samuel L. Jackson. Porque, reducida a su esencia, esa es la historia que cuenta la película.

Pero  esto, que resulta bastante obvio mientras ves el DVD, seguro que no se lo pareció ni al director ni a los guionistas mientras trabajaban en la última versión del guión. Como dice Neil Labute en uno de los comentarios, “sólo en el montaje te das cuenta de lo que es realmente necesario para contar la historia”.

En realidad, es raro que, en algún momento del proceso de escritura, no te preguntes si los espectadores no echaran de menos saber más cosas sobre tus personajes, independientemente de que sirvan o no para comprender mejor la historia. Por alguna extraña razón, todos los guionistas pasamos por un momento de enajenación transitoria que nos lleva a creer que estamos escribiendo una novela y que podemos desviarnos del camino principal y hasta, si nos apetece, hacer alguna paradita*. Y así acabas escribiendo escenas en las que, sin que venga muy a cuento, la madre del protagonista aparece por su casa y repasa con él toda su historia laboral… o un encuentro casual con una ex novia en el supermercado se convierte en un diálogo de tres folios  (por usar dos ejemplos recientes de guiones en los que he trabajado). Y todas esas escenas suelen acabar en la papelera.

Otra escena eliminada de "Lakeview Terrace"

Otra escena eliminada clásica, sobre todo en películas que transcurren en una sola localización (o casi), y que también está entre las cortadas de “Lakeview Terrace”, es esa en la que el protagonista llega a su casa/mansión/chabola y la recorre de arriba abajo con alguna excusa, porque el guionista ha pensando que esa es la mejor manera de que el espectador comprenda su geografía. Sin embargo, al final sólo nos interesan las habitaciones en las que transcurran escenas de peso, y nos vale con conocerlas mientras acompañamos a los personajes en sus acciones. A mí esto me pasó en “El espinazo del diablo”. Escribimos una escena larguísima de presentación del orfanato de la que sólo quedaron unos minutos (o menos) en el montaje final. Y fue una decisión acertada. Porque hubiera retrasado muchísimo el momento en el que se conocen los dos protagonistas de la trama infantil, que era lo realmente importante.

De todas maneras, lo cierto es que ahora mismo en una película española todas esas escenas que al final no sirven para nada casi nunca suelen sobrevivir al inevitable podado de la versión de rodaje del guión. Hasta en películas de presupuesto medio se está tendiendo a guiones de entre ochenta y noventa páginas en los que no te puedes permitir casi ningún capricho. Normalmente, nuestras películas se suelen rodar en tan pocas semanas que resulta milagroso que haya tiempo para algo más que lo indispensable. Así no resulta extraño que en el DVD de una película española la sección “escenas eliminadas” sea una rareza. Mientras, de algunas películas norteamericanas se acaban poniendo a la venta ediciones especiales con hasta un 30% de metraje adicional. Por Ej., hace poco leí que el primer montaje de “The Road” duraba… ¡cuatro horas! Lo cuál no quiere decir nada sobre la calidad de la película (que por otra parte tiene una pinta estupenda). Sólo quiere decir que el guionista y el director de la adaptación de la novela de Cormac McCarthy se han podido permitir descubrir cómo es exactamente la película que querían hacer mientras la estaban rodando y montando. Un privilegio que aquí puede que sólo esté al alcance de Amenábar y alguno más.

Resumiendo: lo que “manda” al escribir un guión de cine es la historia que estás contando. Y todo lo que no tenga que ver con ella (o sea, que no sirva para responder alguna de las preguntas que el espectador se hará mientras la vea sobre los personajes y sus circunstancias) es susceptible de ser eliminado en montaje.

Y es cierto que yo a veces lo olvido. Y que probablemente seguiré olvidándolo. No sólo me viene bien decirlo para justificar el título de mi columna en Bloguionistas.

A ver si ahora que lo he contado aquí consigo que no me pase tan a menudo.

*Otros guionistas, sobre todo cuando empiezan, escriben biografías detalladísimas de sus personajes… que luego no utilizan. No digo que no sea útil saber muchas cosas sobre tus personajes, pero la realidad es que solo vas a acabar usando aquellas que tengan relación con la trama que protagonizan. Lo mismo nos da que Luke Skywalker tuviera una novia a los 16 años que le destrozó el corazón. Solo nos importa que está deseando largarse de Tatooine para unirse a la rebelión (o sea, aquello que le proporciona conflictos y objetivos como personaje; lo que le pone en marcha). Pero por otro lado en ocasiones es inevitable imaginar qué ha sido de tus “criaturas” antes de aparecer en tu guión o qué va a ocurrirles después. En una entrevista reciente en la revista Creative Screenwriting, Quentin Tarantino decía que conocía de arriba abajo las vidas de los personajes de “Inglourious Basterds”, pero que ni siquiera las había escrito. Porque lo que nunca conviene hacer es escribir biografías a modo de “Biblia” televisiva. Sobre todo si luego te empeñas en respetarlas y eso te impide hacer cambios que podrían mejorar la eficacia de tu guión. Puede ser que al llegar al final del segundo acto descubras que te vendría muy bien que tu protagonista tuviera conocimientos de fontanería para salir del apuro en el que le has metido y que sin embargo en su biografía hayas escrito que era contable. Además, incluso las “Biblias” que se escriben en televisión son únicamente documentos de referencia (generalmente muchísimo menos detalladas de lo que cabría esperarse) que suelen quedarse obsoletos en cuanto escribes tres o cuatro capítulos.

Ampliación: justo ayer estuve viendo en Barcelona 50 minutos de la primera versión del montaje de Dentro de mí, la película de terror que escribí este año para Filmax, junto a la jefa de desarrollo de la productora, el director y el montador. Como siempre, me resultó muy interesante ver cómo la película va adquiriendo su forma definitiva. Y como siempre también, bastantes cosas que en guión a todos nos parecían imprescindibles ahora resulta que no lo son tanto (sobre todo muchos diálogos y algunas escenas de transición). De momento, el montaje dura alrededor de dos horas, pero la intención es que acabe teniendo entre 85 y 90 minutos.



CARTA A UN GUIONISTA JOVEN E IMAGINARIO

21 diciembre, 2009

Posiblemente el mundo no necesite un guión tuyo. Asúmelo.

Desde luego, tampoco uno mío. Pero eso ya no tiene demasiado remedio: he escrito unos cuantos.

Seguramente este planeta sería un lugar mejor si tú y yo nos dedicáramos a la pediatría o a plantar árboles en lugar de a fomentar su tala con nuestro empeño en garabatear chorradas en folios o libretas.

Pero si, aún así, sigues prefiriendo escribir guiones a hacer algo productivo, me gustaría darte un consejo basado en mi experiencia. Se que no te servirá, ya que los consejos nunca sirven de nada, pero darlo me tranquilizará la conciencia.

Posiblemente estés en una habitación con pósters de películas y/o fotos de actores. Cerca habrá unos DVDs llenos de series de televisión, esperando a que encuentres un rato para acabar de verlas. Muy probablemente casi todos esos actores, esas películas, esas series, serán norteamericanos.

En tu mente desearías poder escribir para Meryl Streep o Edward Norton y te encantaría que esa conversación que acabas de crear la rodaran con tanta tensión como la secuencia inicial de “Inglourious Basterds”.

Y es normal que, cuando escribas, pienses en las ficciones que te seducen o te hacen soñar. Escribir un thriller con una gran sorpresa final (el tipo está muerto, el muerto es el otro, los dos están muertos, etc.) o una comedia romántica encantadora, con su inevitable y climática carrera al aeropuerto a bordo de un taxi llevado por chófer con peculiar sentido del humor (oh, y qué decir de la vergonzante declaración de amor en público, en metro, autobús, restaurante, cola de supermercado, a través de megáfono u ondas de radio o televisión).

Sin embargo, permíteme que te diga que, posiblemente, lo que menos necesita ahora el mundo es una versión ligeramente diferente de “Amor a quemarropa” o “Love Actually”. No creo que en Suecia suspiren por encontrar al Richard Curtis español.

Creo, en cambio, que siempre habrá un pequeño lugar, aunque sea pequeño, para alguien que cuente algo suyo, algo que tenga que ver con su vida, de una manera propia y hábil.

En nuestras vidas no suele haber pistolas ni aviones privados. Ni muertos que despiertan y atacan cámpings. Puede haber rayas de cocaína, pero no hay demasiados narcotraficantes rumanos con armas bañadas en oro que hablan como si hubieran visto toda la obra de Tarantino esa misma tarde. Mis amigos y yo tampoco solemos tener mucho contacto con mujeres obligadas a prostituirse ni con talleres chinos ilegales de confección textil.

Podemos escribir sobre cualquiera de estos asuntos, por supuesto. Y tal vez sea incluso una gran historia. Pero parece lógico pensar que uno puede escribir mejor si lo hace sobre algo que conoce, ¿no?

En nuestras vidas hay películas y cómics, claro, pero también suele haber hermanos, amor (o algo que parece ser amor), relaciones adictivas, dudas, celebraciones familiares, dilemas laborales, sueños inconfesables y traiciones íntimas. Suele haber miedos, recuerdos borrosos, angustias, reencuentros. Inversiones ruinosas, demandas penales, pequeñas revelaciones, manías que crecen y nos dominan. Hay comidas de trabajo, padres tiránicos y madres excesivamente complacientes. Hay herencias que enfrentan a las familias, hay abuelos que no hablan de la guerra en la que participaron, hay cajones con objetos olvidados, hay codicia y, de vez en cuando, hay alegría y tardes pasadas bañándonos en esa laguna que hay cerca del pueblo. Hay libros que nos aburren y canciones que nos hacen bailar, cuando estamos solos en casa.

Casi todo el mundo va a ver “Avatar”. Es un bicho raro quien no ha visto “Titanic”, “ET” o “Pulp Fiction”. En cualquier lugar del mundo conocen a sus protagonistas y recuerdan lo que les ocurría en la historia. Pero nadie sabe lo que tú sentías en verano, cuando ibas con esos amigos a los que no has vuelto a ver, a recoger bayas que luego introducías en una lata de aluminio y mezclabas con agua de la piscina para producir el mítico y definitivo Veneno Mortal. ¿Cómo pensabas utilizarlo? ¿De dónde sacaste la idea de echar un sapo muerto? ¿Cómo es que lo dejaste bajo la cama durante un año? ¿Qué hiciste cuando te diste cuenta de que aquél líquido pestilente había podrido la tarima y había goteado hasta el piso de abajo?

Personalmente, pienso que alguien que escribe debe arriesgarse a contar su vida o algo parecido a ella. Tal vez la cuente de un modo metafórico, indirecto o muy sutil, cada uno es libre de elegir la forma en la que lo hace, pero no pienso que sea éste un oficio para pudorosos. No imagino nada más profundo, inteligente o creativo que pueda hacer un escritor que dar testimonio de que estuvo vivo. De que vivió en esta parte de la tierra en el año 2009: esto es lo que pasaba a su alrededor, esto es lo que vio, eso es lo que pensó y aquello, lo que sintió.

(En este sentido, a partir de esta tarde voy a empezar un pequeño proyecto experimental. Estará en este blog que he montado para la ocasión. Espero que os guste).


CONSULTORIO: ENVÍO DE GUIONES Y ATAQUE DE PÁNICO

20 diciembre, 2009

J.S.G., desde Uruguay, escribe:

Hola como estan?

acabo de conocer su blog  gracias a la pagina www.lashorasperdidas.com
les cuento que tengo 22 años y hace 1 año termine mi formacion en una escuela de cine.
y en los 3 años y medio de formacion nunca tuve 1 sola clase que valiera la pena de guion, todo lo que se ( que es muy poco) lo aprendi mirando peliculas, leyendo libros y pidiendo consejos a mi mejor amigo (proyecto de cineasta igual que yo).
pero me alegra encontrar un blog en el que puede plantear mis dudas y experiencias.
por ahora les cuento que en este momento me encuentro escribiendo un guion de cortometraje y me interesaria saber si luego de terminado se lo podria mostrar a ustedes para que me dieran su opinion y criticas constructivas.
muchas gracias.
saludos desde Uruguay.
El pequeño proyecto de guionista.
pd: hace poco sucedio algo muy inusual aqui en Uruguay ( para el mundo en general, no es algo que pasa seguido), un joven de 30 años realizo un “cortometraje” llamado “Ataque de Panico” y luego de estar posteado 2 semanas en youtube, lo llamaron desde Hollywood. Todo termino en que ahora va a escribir y dirigir una pelicula de ciencia ficcion de 40 millones de dolares de presupuesto con total libertad creativa, producido por Sam Raimi.
¿vieron el corto? ¿Se puede definir como tal? ¿Que les parecio? ¿Opinan que es el fiel reflejo de la vacuidad creativa por la que esta pasando la  industria del cine?

Lamentablemente, no podemos recibir tu guión. Nuestros respectivos trabajos nos ocupan ya tanto tiempo que apenas podemos leer los guiones de los amigos. Andando el tiempo, tenemos la intención de abrir un servicio de análisis de guiones. Algunos de nosotros hemos trabajado profesionalmente como analistas, y todos tenemos la formación y la experiencia necesarias (habrá que ver si encontramos también el tiempo) para ser analistas. Pero será un servicio de pago. Hasta ese día, no podemos aceptar guiones no solicitados.

Sobre “Ataque de Pánico” te diré que me parece un trabajo técnicamente excelente. No me extraña que haya atraído la atención de la industria norteamericana. Demuestra un gran conocimiento de la gramática de las escenas de acción, y una gran capacidad para explotar los efectos especiales al servicio de la espectacularidad. Es cierto que carece de historia y de personajes, por lo que no se puede decir que demuestre capacidad narrativa por parte del guionista. Pero yo tampoco diría que “es el fiel reflejo de la vacuidad creativa por la que esta pasando la industria del cine”.

De hecho, yo ni siquiera diría que exista esa “vacuidad creativa”. Las crisis de ideas no existen. Siempre habrá gente creativa. Otra cosa es que logre triunfar en la industria del cine. Y es que esa industria está en manos de gente no creativa. Está en manos de financistas. Tener ideas es gratis, pero convertirlas en películas es caro y arriesgado. Por eso, en momentos de incertidumbre económica, o cuando los sistemas de financiación son inestables, las grandes empresas tienden a minimizar riesgos (o eso creen ellos) buscando supuestas garantías de éxito. Por supuesto, las garantías de éxito no existen, pero los débiles mentales necesitan agarrarse a un sistema de axiomas inamovibles, y así nos va. Una de esas presuntas garantías es usar materiales argumentales ya testados con éxito. De ahí la avalancha de remakes y adaptaciones, y la reticencia a usar materiales originales, o que desafíen las reglas del marketing.

En cualquier caso, todo esto no es nuevo. Adaptaciones las ha habido desde el mismo nacimiento del cine, y los remakes también son muy, muy antiguos.

No sé si se podrá denominar cortometraje. La verdad es que los archivos digitales no tienen metraje. Lo que sí tengo claro es que, con esa cantidad de faltas de ortografía, vas a tener que esforzarte mucho antes de denominarte guionista.

Pianista en un Burdel


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