Nadie debería amar demasiado lo que escribe.
Si me preguntáis a mí, creo que deberiáis sentir el mismo cariño por la lista de la compra que por la primera versión de un guión. Y no hablo sólo del tuyo, sino también del mío, y del de cualquiera que trabaje en esto.
Hace mucho tiempo, mi amigo Fran, que era guardia real, y antes había sido militar, me contó una bella historia. En su período de formación le mandaron a la montaña varios días, con dos manzanas, una pastilla potabilizadora de agua, una barra de pan y una gallina. Fran pasó un par de días con un hambre perruna, comiendo gajos minúsculos de manzana, bebiendo poca agua, y paseando a la gallina con una correa. Fran y la gallina hacían hogueras a lo Brokeback Mountain y contaban batallitas al amor de la lumbre. Desarrollaron una camaradería muy especial. Lo malo es que, agotadas las manzanas y el pan, a Fran le dieron órdenes de matar a la gallina. No valía cualquiera de sus compañeros, para quienes la gallina no era “la gallina”. Encima, debía hacerlo optando entre dos métodos. El primero consistía en morder la yugular de su amiga (como veréis, todo muy Bear Grylls), y el otro en cogerla por el cuello, y darle vueltas al animalillo hasta rompérselo. Fran escogió este último método, y mientras el cuerpo de la gallina giraba en el aire como el bastón de una majorette, amargas lágrimas cayeron por su rostro.
Yo me he sentido como Fran muchas veces. El guión tiene muchos enemigos y obstáculos. El primero de ellos es uno mismo. Si uno va sobrado de ego, lo primero que se le ocurra le parecerá fantástico. Si uno apenas tiene, nunca estará satisfecho con nada. Las dos posturas son igualmente negativas.
Vencida la resistencia del escritor, en un sentido o en otro, el mundo de las opiniones se alza ante nosotros como un muro infranqueable. Hay opiniones que nosotros pedimos, y otras que nos vienen impuestas si nuestro trabajo entra en un circuito más o menos profesional. Las primeras no son auténticos enemigos, porque son voluntarias y son sugerencias, nadie nos obliga a hacerles caso. Sin embargo, tanto si vendes una peli como una serie, entras en un laberinto de opiniones, y tienes que bregar con lo que piensan los jefes en general.
A mí también me tocó matar a mi gallina, o peor aún, ver cómo la despedazaban sin yo poder hacer nada. Otro guionista y yo desarrollamos un ambicioso proyecto de película para una de las productoras más importantes de este país. Le dedicamos dos años, estábamos muy contentos de nuestro animalillo. Después de innumerables versiones, fuimos a una reunión con los responsables del asunto. “No sé de qué va la película”, dijo la persona que había estado supervisando el desarrollo del guión durante todo ese tiempo, y que había asistido al parto de tres o cuatro tratamientos y un par de versiones dialogadas completas.
Todo guionista asiste a un día funesto en que su gallina muere, o si queréis, es asesinada. A partir de ese momento, nada vuelve a ser igual. Y hay que seguir peleando con todos los obstáculos que encuentran en el camino los guiones, de los que seguiré hablando en “La Gallina de Fran: with a vengeance”. Gracias por leer.
![fotos-divertidas-animales[1]](http://bloguionistas.files.wordpress.com/2009/12/fotos-divertidas-animales1.jpg?w=300&h=229)
Escrito por angelarmero

