Hace ahora tres años, en el blog del compañero bloguionista David Muñoz, Ángeles González-Sinde decía esto :
Los libros que más me han aportado son los de David Mamet. Yo me rijo por sus mandamientos. Hay uno fundamental que es Los tres usos del cuchillo. Ese libro y otro que se titula Una profesión de putas son mis biblias.
Por aquellas fechas, Ángeles González-Sinde no era Ministra de Cultura. Le faltaban pocos días para ser elegida Presidenta de la Academia de Cine. Pero ya entonces, el excelente libro Una profesión de putas estaba descatalogado por la editorial.
Originalmente, el libro lo editó en España Debate. Cuando la editorial fue comprada por el gigante Random House Mondadori, muchos de sus títulos quedaron fuera de catálogo indefinidamente.
Esto, que es una vergüenza en cualquier caso, roza el ridículo en la época de los libros electrónicos. No hay justificación para algo así: ni siquiera se puede aducir el riesgo económico de imprimir una nueva edición para darle salida. Pero yo creo que, aparte de vergonzoso y ridículo, ese secuestro cultural (a eso lo llamo yo pirateo) se convierte en insultante cuando uno de los títulos secuestrados es una de las “biblias” de la hoy Ministra de Cultura.
Como no podía ser de otra manera, en este blog se va a hablar mucho de P2P, de piratería cultural (la verdadera y la presunta), y de la política del Gobierno en materia de propiedad intelectual. Mis opiniones, como de costumbre, no concuerdan totalmente ni con las del Gobierno, ni con las de la Asociación de Internautas. No soy de los que tirarían piedras a Ramoncín, ni me congratulo de que tal cosa ocurra. Pero tampoco estoy de acuerdo con el canon, tal como se aplica ahora. Estoy totalmente a favor de las ayudas estatales al cine, pero totalmente en contra de que se centren en la producción, y no en la distribución/exhibición/marketing.
Esto es un problema en un país en el que el 99% de la población ve la realidad en formato partido de fútbol: o vas con un equipo, o con otro. Cada vez que opino sobre estos asuntos, siempre hay quien me acusa de estar a sueldo del Gobierno y/o de la SGAE, y quien me acusa de ser un pirata que tira piedras contra su propio tejado y quita el pan de la boca a sus compañeros.
Como este blog es todavía muy joven y no quiero empezar con mal pie, no voy a echar más leña al fuego (de momento). Sólo voy a hacer unas pocas preguntas. A la Ministra, a “la industria”, a todos los que están en contra de “las descargas”:
Si una empresa ha demostrado durante años un total desinterés en vender un producto cultural de su catálogo, concretamente un libro que la propia Ministra de Cultura considera una de sus “biblias”, ¿es piratería que yo ponga aquí un link para descargar gratuitamente ese libro? ¿Sería piratería si este blog tuviese publicidad? ¿Habría que cerrar este blog por ofrecer un producto que la editorial no sólo no tiene en venta, sino que retiene en contra del interés general?
(Avergüenza tener que decir esto, pero ruego a los recalcitrantes que se abstengan de insultar a Ángeles González-Sinde en los comments. No sólo por le guardo bastante aprecio y mucho agradecimiento, sino porque está ya muy visto.)
Feliz Navidad a todos.
P.S. Por si alguien ha llegado aquí buscando en Google “qué demonios regalar a un guionista”, ahí van dos links legales: Bambi contra Godzilla y Conversaciones con David Mamet.
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Actualización de 29 de diciembre: La sección de comentarios se ha animado mucho, y algunas aportaciones merecen estar destacadas aquí. Concretamente este tirón de orejas que me da Meigul:
Una defensa razonable del libre acceso a bienes culturales (que es posible), exige un poco de rigor. Los libros no pueden “quedar fuera de catálogo indefinidamente”. Una vez que se descatalogan no pueden volver a ser publicados, a menos que se haga otro contrato de edición. Así que una editorial no puede secuestrar un libro. Los contratos de edición incluyen cláusulas por las cuales si el libro se descataloga (o nunca llega a ser publicado tras un plazo determinado) los derechos revierten al autor. De hecho, la editorial no puede venderlo legalmente en versión electrónica porque no tiene esos derechos. Ni lo puede reeditar en papel porque lo ha descatalogado. Así que por favor, no acuses a la editorial de “retener” un libro cuando no es el caso. Lo que hizo la editorial fue publicarlo en primer lugar y darlo a conocer. Para poder seguir publicando libros y dando a conocer autores, una editorial tiene que plegarse a ciertas condiciones. Una de ellas es descatalogar títulos cuya demanda es demasiada baja. En el caso de Debate además cambió su línea editorial y eso hizo que muchos títulos fueran descatalogados (lo que en todo caso los libera para que los pueda editar cualquier otro, no los secuestra). Presentar a las editoriales como un obstáculo a la difusión de la cultura es una falsedad maliciosa.
Si tan escandaloso resulta que este libro no esté a la venta (pese a que se pueda comprar en inglés en Amazon, debe estar en bastantes librerías de segunda mano y se puede consultar en bibliotecas), y alguien cree que la editorial aún tiene derechos sobre el título y que lo que pretende es hurtarle al público ese bien, nada como llamar o escribir a la editorial para interesarse por los derechos. Allí le hubieran remitido al agente del autor, por un lado, y al traductor por otro. Para hacer las cosas legalmente, hubiera tenido que hablar con los dos y obtener su consentimiento para colgar el libro en la red (a cambio de dinero o gratis, eso ya depende de si les convences de que sus lectores merecen disfrutar del libro sin pagar). Comprendo que es mucho más fácil acusar a las editoriales de secuestrar libros y colgar los textos por las buenas, pero me temo que esta argumentación “en defensa del interés general” es bastante endeble. No me parece que el interés general se viera gravemente perjudicado por hacer dos consultas. Y que si el señor Mamet decide que no quiere que su obra se difunda gratuitamente, está en su derecho.
En cuanto a lo lento del proceso de comercialización de libros digitales, las editoriales tienen dos desventajas. Primero, para comercializar un libro (incluso para regalarlo), necesitan un contrato con el autor que les ceda los derechos digitales. Segundo, para que la calidad sea buena, es necesario convertir los archivos a un formato compatible con los lectores digitales. De nuevo, es mucho más fácil no pedir permiso a nadie y colgar un libro escaneado (o trabajosamente pasado a word). Pero como argumentación en defensa de ignorar los derechos de autor, también me parece muy endeble.
Pues me la envaino, qué remedio. Efectivamente, no habría costado nada consultar a la editorial antes de ponerme a dar mandobles. Si no lo he hecho, ha sido por pura pereza y porque tengo adicción a la polémica. Mis disculpas para los que hayan sido injustamente acusados de “secuestro”. En adelante, procuraré informarme mejor antes de echar espuma por la boca.
Dicho esto, el link se queda donde está. Aunque no haya culpables, me parece injusto que no se pueda acceder a este libro fundamental. Si nadie quiere hacer negocio con él, al menos que la gente interesada pueda consultarlo gratuitamente. No se roba a nadie, porque nadie lo tiene en venta en castellano. Está en algunas bibliotecas, sí. Muy pocas. Y no, apenas se encuentra en librerías de segundamano. Tengo puestas alertas en Iberlibro y Uniliber hace mucho tiempo… y nada. Naturalmente, se puede comprar en inglés. Yo lo hice, ahí está la foto. Pero si alguien quiere leerlo en castellano, tendrá que acercarse a la biblioteca de turno y cruzar los dedos; o pasar por mi casa y hojearlo en mi salón (no se lo presto ni a mi madre); o hacer click ahí arriba. ¿Es ilegal? Hoy por hoy, no. El Teleoperador se lo explica mejor que yo.

Escrito por Pianista en un Burdel



