Lo bueno de trabajar en el audiovisual es que siempre hay gente a la que echarle la culpa.
Hace un par de semanas os contaba que nadie debería amar demasiado lo que escribe, y empecé a daros algunas razones. Hoy vengo con idéntico ánimo llorón, y mi regalo de Reyes es un buen catálogo de argumentaciones con el que descargaros de la responsabilidad de haber escrito un mal guión.
Hoy le toca el turno a la fase con la que todo guionista sueña, la del rodaje de aquello que habéis escrito. El proceso es tan largo, jalonado de análisis de unos y de otros, de reescrituras, de cambios de enfoque, de esperas para los veredictos y el capital de los que mandan, que uno llega al rodaje o grabación más o menos con este estado de ánimo:
Sé de lo que hablo. Empecé a escribir guiones de cine profesionalmente en 2002 (unos seis o siete con productora) y el primero se rodó este verano. Así que ahí llega el guionista, hincándose de rodillas en la playa del Nuevo Mundo, pensando que después de haber conseguido lo más difícil, ya nada puede salir mal.
Billy Wilder decía que el problema no son los directores que no saben escribir, sino los que no saben leer. Un director que no sabe leer es una gran tragedia, es como un cantante que repite fonéticamente lo que oye pero sin tener ni idea de cómo darle sentido. Y en nuestro país hay otro tipo que abunda: los que no saben escribir pero que teclean más que Stephen King pasado de Redbulls. Algunos son autores, otros simplemente son… la versión madura de los chavales que escriben poesías en los pupitres de las chicas para ligárselas. Al escribir, nosotros visualizamos nuestra historia, y el resultado final suele diferir tanto de lo que teníamos en la cabeza que, por bien que lo hayan hecho, es un dolor ineludible.
También están los actores, claro. Son un gremio capaz de lo mejor y de lo peor. Por eso es imprescindible, cuando es posible, conocer para quién se trabaja y adecuar el texto a sus capacidades. Por ejemplo, yo tuve la suerte de trabajar con Javier Gutiérrez y la calidad del texto mejoró exponencialmente. A veces no se tiene tanta suerte, ni siquiera en lo social. En el cóctel de Navidad de una serie en la que trabajé, el equipo de guionistas fuimos a saludar a los actores. Actuamos como una bomba de racimo: el pelotón de actores se disolvió en todas las direcciones del espacio.
Pero un guionista no debe entristecerse sólo porque nadie sepa cómo se llama, ni siquiera porque no le paguen a tiempo, ni porque le cambien las frases ni porque no figure en los créditos (creedme; todo eso me ha pasado y me pasa), lo triste de verdad es que te revienten la peli en el trailer, en la promoción, que lo haga un crítico, que lo haga una cadena…
Por ejemplo. “Cata muere en Sin Tetas”, titular de Vertele. Grossen putaden para los guionistas y también para los espectadores de la serie “Without Tits“, ¿no se supone que la gracia de las series es ver lo que pasa? ¿Eh? Algunos días después, el antedicho titular se transforma en “Cata es asesinada por Jessi en las Tetas”, ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Las páginas escaneadas del guión?
Y por último, para minarnos la moral también están los los tag lines y los carteles vergonzantes. Con algunos de los ellos os dejo, y espero vuestras aportaciones. Prometo volver con un post menos llorón. Feliz año.




Escrito por angelarmero


