CURSOS DE GUIÓN

12 marzo, 2010

Por Guionista Hastiado y Ángela Armero

Un par de lectores de Bloguionistas nos remiten las siguientes cuestiones:

“Buenas tardes.

Estaba pensando en hacer un curso de guión y me han recomendado que os preguntara por qué es lo más conveniente, ya que sois una voz importante en este mundillo.

Había visto un curso en Metrópolis y me han comentado otro en HotelKafka que tenía buena pinta. Para dar los primeros pasos en esto (o lo que es lo mismo, para convertir en guiones todo lo que tengo escrito), ¿es lo más adecuado apuntarse a alguno de ellos?

Mil gracias por vuestra atención”.

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“Hola chicos.

Felicitaros por el blog antes de nada. Ya hacia falta un lugar así para reunir a tantos guionistas.

Quería preguntaros sobre un curso de guión que he visto en abcguionistas.com . El curso es este, http://www.cursodeguion.com/pageID_6718306.html . Me gustaría que me contarais que os parece.

Realmente me interesa más el curso por el resto de guionistas que puedes conocer allí que por el contenido en sí, pero
quizás vosotros sepáis más que yo sobre él.

Muchas gracias.

Saludos!”
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Estimados lectores, a los guionistas en activo muchas veces nos preguntan por éste o aquel curso concreto, y casi nunca somos capaces de dar respuestas satisfactorias, básicamente porque no los conocemos . La calidad y conveniencia de un curso de guión dependen de muchos factores, es difícil opinar sin conocerlos bien, y también es muy peligroso ofrecer información de oídas que puede no ajustarse a la realidad.

¿Es aconsejable asistir a cursos de guión? Desde luego. Y más si, como parece, sois gente que se está iniciando en el oficio. Cuando uno se acerca por primera vez a estos menesteres, suele llevar consigo un montón de ideas preconcebidas y firmes creencias sobre lo que significa escribir y sobre lo que es un buen o un mal guión (yo las tenía y de las gordas). Y una de las cosas que iremos haciendo en nuestro desarrollo como profesionales será desembarazarnos de todo ese bagaje. Y una de las mejores formas de hacerlo es que alguien con más experiencia nos diga a la cara: “eso es una tontería, amigo”. Por mucho que duela. Que duele.

El problema con los cursos de guión es el mismo que podemos encontrarnos en muchos otros gremios: hay algunos que son un timo. Y no siempre tenemos información de primera mano para saber distinguirlos. A veces, ni siquiera una vez terminado el curso podemos saber si nos la han colado o no. Cualquier listillo que se haya leído cuatro libros de guión puede montarse un temario o un titular que suene atractivo (“Cómo derrotar al segundo acto”, “Escribe el guión de tu vida”, “Billy Wilder era igual que tú”).

Por suerte para todos vivimos en el siglo XXI y tenemos a nuestro alcance una fantástica herramienta que no puede ayudar a no meter la pata: Internet. Si tenéis dudas sobre algún curso que os atrae, mi consejo es que paséis algún tiempo investigando en la www y recopiléis toda la información posible sobre el curso. Y que luego, con toda la información en la mano, decidáis.

Y lo primero que hay que valorar a la hora de elegir un curso son sus profesores. Si hay algo que determina de una manera absoluta la calidad de un curso, es quién lo imparte. Un buen profesor debe tener una mezcla ponderada de conocimiento de la materia y capacidad para transmitirla. Un guionista laureado puede ser un pésimo profesor, y un profesor de excelentes habilidades didácticas puede que no tenga ni idea de cómo se escribe un guión. Incluso se dan casos en los que se combinan ambos defectos y el desastre es absoluto.

Mi consejo personal es que busquéis, dentro de lo posible, cursos impartidos por auténticos guionistas. Al menos tendréis garantizada una de las dos habilidades. Por otra parte, los guionistas somos gente que nos dedicamos a escribir y a inventar historias y eso, mal que bien, siempre ayudará a la hora de enfrentarte a una tarima.

Un guionista sabrá explicarte con realismo cuáles son los verdaderos problemas que te encontrarás en tus futuros trabajos. No sólo hablo de resolver un giro en la escaleta, sino de cosas mucho más prosaicas como contratos laborales, metodología de trabajo, formatos de guión… Te mostrará ejemplos concretos, te hablará de sus propias cagadas y te contará anécdotas que harán la clase más entretenida, aunque sólo sea para reírte de él.

Así que nunca está de mas tirar de IMDB e investigar el nombre del profesor (por supuesto, ni os acerquéis a los cursos que no anuncian sus ponentes). Si el susodicho tiene en créditos una o dos producciones más o menos conocidas -cine o televisión-, ya os podéis dar por más que satisfechos. Eso significa que posiblemente ha trabajado en otras diez que no llegaron a estrenarse.

Así, por ejemplo, yo os podría recomendar sin miedo el taller que imparte Ángela Armero, y por el que preguntáis. No he asistido al curso y no sé cuál es su metodología, pero sí que sé que Ángela es una guionista en activo que lleva años escribiendo. Además la conozco personalmente y tengo la certeza de que no es el tipo de persona que va a intentar timar a nadie. Con esas dos pistas, ya tenéis garantías más que suficientes.

De la misma forma, también podría recomendar mi propio curso, si no fuera porque soy la persona menos indicada para hacerlo. Yo estoy bastante convencido de que se puede aprender algo en él, pero lo que sí les puedo asegurar es que se lo van a pasar muy bien en Cuba.

Todo esto no significa que un profesor que no haya trabajado como guionista no pueda impartir un curso maravilloso, pero eso dependerá de la suerte o la información previa que tengáis.

(Eso sí, personalmente desconfiaría de alguien que asegura haber escrito cientos de guiones en un montón de televisiones pero que no aparece en ningún crédito en ningún sitio, como sucede con alguno de los cursos por los que se pregunta más arriba. No hay nada más feo que la falta de honestidad).

Hay otros factores a tener en cuenta, claro:

- La pasta. Es el condicionante número uno. Cada cual debe valorar lo que está dispuesto a pagar por un curso. Los más caros no tienen que ser necesariamente los mejores, pero suele haber cierta relación dado que un buen profesional normalmente cobra más.

- El tiempo. Hay cursos de dos días y cursos de cuatro años en escuelas de cine y televisión. Las escuelas de cine pueden ser una buena manera de formarse, porque te pegas varios años viviendo por y para el guión, escribiendo y conviviendo con gente que tiene tus mismos intereses.

Pero son caras, además de que normalmente requieren que tengas dinero suficiente como para vivir sin trabajar durante todo ese tiempo, algo que no todo el mundo puede permitirse (yo, por ejemplo, no pude). Además, en muchos casos se gestionan con menos recursos de los debidos (lo que incide en el número y la calidad de las prácticas realizadas) y también es frecuente que se centran excesivamente en los conocimientos teóricos y no te preparen realmente para el trabajo que te vas a encontrar fuera.

Los cursos breves pueden ser un buen complemento, una manera de conocer un nuevo enfoque, hacer contactos y mantenerte en forma sin tener que hipotecarte de por vida para ello. Si tienes la mala suerte de asistir a un curso-timo, al menos no habrás perdido todos tus ahorros.

- La escuela. Hay instituciones que, de por sí, te pueden dar determinadas garantías. No es lo mismo hacer un máster en la Universidad de Salamanca, que en la casa parroquial de Valdemorillo. Y, por supuesto, siempre será una garantía de calidad (quizá no al 100%, pero sí al 80%) que un curso esté avalado por alguna asociación, sindicato o entidad de Derechos de Autor de Guionistas profesionales…

- El tipo de curso. Los cursos puramente teóricos pueden ayudarte a comprender mejor algunos conceptos más complejos, pero muchos de ellos los podréis aprender también investigando y leyendo por vuestra cuenta. Lo más recomendable, creo, son cursos que aúnan conceptos teóricos y aplicación práctica. Que un profesional corrija tus escenas, escaletas o diálogos es una de las mejores maneras de aprender.

Y después hay muchas otras cuestiones a valorar: ¿Cuántos alumnos habrá en el curso? ¿Puedo compatibilizar sus horarios? ¿Tengo que desplazarme a otra ciudad? ¿Ofrecen algún tipo de título? ¿Pueden conseguirme prácticas? ¿Voy a ligar?

De cualquier manera, para todos aquellos que no puedan, o no quieran permitirse estudiar en una escuela o apuntarse a cursos, siempre habrá otras alternativas. La mejor es, directamente, trabajar. Cualquier empleo de guionista te obligará a enfrentarte al oficio y a mejorar, y además cobrarás por ello, en lugar de pagar. Evidentemente, sé que ésta no es una opción al alcance de todo el mundo.

Pero también se puede ser autodidacta. Se trata de leer libros, manuales, guiones, webs de guión… ver mucho cine y televisión con sentido crítico y, sobre todo, escribir mucho, aunque estemos convencidos que nuestros guiones no van a ir a ninguna parte, porque nadie los va a leer.

Ninguno de los caminos es fácil y todos llevan tiempo, es cuestión de trabajo y perseverancia, pero no es algo imposible. Existe la posibilidad de que cualquiera llegue a convertirse en guionista siempre que esté dispuesto a pasar el trámite necesario de esfuerzo, penalidades y aprendizaje. Pero, como dijo ayer el Pianista, os va a llevar años, y por eso la primera pregunta que deberíais haceros es: “¿estoy convencido de que ésto es lo que quiero hacer con mi vida?”.

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Ángela Armero

Suscribo todo lo que dice Natxo y me pregunto si es posible añadir algo más. Lo intentaré, ya que uno de los cursos que se mencionan es el mío y por lo tanto me parece lo más natural a la par que propagandístico (intentaré llevarlo con naturalidad, lo prometo.)

El curso de Iniciación al guión televisivo que imparto en Hotel Kafka dura ocho semanas y es de carácter práctico. Las clases son de tres horas y el objetivo es familiarizarse con las herramientas básicas de la escritura de guiones y ponerlas en práctica creando en equipo el primer episodio de una serie de televisión. Para más información, podéis pinchar aquí. Hasta aquí la propaganda (requerida, por otro lado.)

Y ahora, la opinión. Yo he sido alumna de guión en la ECAM y en la actualidad doy clases, y entre estos dos roles tengo algunas ideas bastante claras. Sobre mis tiempos de estudiante, diré que fue una época feliz, que aprendí mucho, tanto de los profesores como de los compañeros. Fue una época que dediqué, como comenta Natxo, a empaparme en cine y escribir mucho, por lo general guiones muy malos, pero es necesario pasar por esta fase; se tienen que caer los dientes de leche antes de sacar unos buenos incisivos. Por supuesto un curso de tres años te tiene que pillar con ahorros (en la ecam existen becas) y sobre todo, con tiempo. A mi me fue bien, y la mayoría de la gente de mi clase, aparte de ser muy buenos amigos, están trabajando de guionistas.

Los cursos más breves son una buena alternativa, una buena forma de meter el pie en la piscina, a ver cómo está el agua y pensar si realmente nos apetece bañarnos o no. Lo mejor es que, sin exigir un sacrificio económico o temporal, nos aportan un estímulo para escribir (deseo que todos mis alumnos tienen en común, por encima de cualquier otra cosa), una oportunidad de luchar contra el tedio y el desánimo, y de conocer gente.

Y luego está la parte personal. Nadie va a abrirte la tapa de la sesera y a rellenártelo con sabiduría, ni metafórica ni literalmente. Si uno quiere convertirse en guionista no basta con recibir ochocientos cursos ni leerse quinientos manuales. Hace falta un compromiso personal, una disposición a escribir mucho, a fracasar durante un período de tiempo indeterminado, a entrenar la muscultura mental antes de que el esfuerzo comience a dar sus frutos.
Con un profesor adecuado, lo que tú sacas de este tipo de cursos es lo que tú metes. Esto que acabo de escribir sonaba mejor en mi cabeza, la verdad, pero lo que quiero decir es que ni los mejores libros ni los mejores profesores te van a enseñar nada si no eres tú el primero que quiere aprender. No es tan diferente de Karate Kid. Empezarás haciendo la mosca reumática y un día, más temprano que tarde, te pondrás a hacer la grulla como un campeón o una campeona.

Por supuesto, donde más he aprendido yo ha sido trabajando, llevándome tortas (metafóricas), reescribiendo, pensando, encajando decepciones, viendo trabajar a los auténticos senseis del oficio. Pero por algún sitio hay que empezar a dar cera y a pulir cera.


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