EL ARTE DE ESCRIBIR SECUENCIAS INÚTILES

10 mayo, 2010

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Una de las cosas que repiten los manuales de guión, los profesores y los bloguionistas (que actuamos como si fuéramos alguna de las dos cosas anteriores y no somos más que vulgares guionistas con la suerte de tener algunos lectores) es que en un guión no hay espacio para las secuencias que no hacen avanzar la trama.

Se suele decir que, por mucho que te gusten, por divertidas o emocionantes que resulten esas escenas, si el guión se comprende perfectamente sin ellas, hay que eliminarlas. En alguna clase de guión he escuchado incluso la cruel expresión inglesa “Kill your darlings” (mata a tus preferidas). Reconocerás que era la secuencia que más te gustaba cuando ella fije la mirada en tus ojos y después mire al cuchillo que empuñas. Por conmovedora que sea su mirada, tendrás que ejecutar esa secuencia inútil con la que, en tu debilidad, te habías encariñado, secarte las lágrimas y seguir adelante.

Sin embargo, últimamente me he dado cuenta de que grandes películas incluyen unas cuantas secuencias que podrían haberse eliminado.

Hace unos meses estuve en un seminario de Robert McKee en el que mencionaba que esto era admisible únicamente en las comedias. Puso este ejemplo, de “Little Shop of Horrors”.

Antes de que el protagonista (Rick Moranis, al que se ve al final de este clip, en la sala de espera) sea atendido por el sádico dentista, asistimos a una secuencia de unos cuatro minutos en la que otro paciente masoquista al que no conocemos de nada y que no tendrá papel relevante en la trama (Bill Murray en esta versión, Jack Nicholson en la de 1960) es víctima del cruel sacamuelas. No, esa secuencia, como mucho, sólo sirve para reforzar la caracterización del dentista, que es un personaje secundario. No hace avanzar la trama. Pero es divertida. Y, según McKee, en una comedia, una secuencia claramente divertida puede sobrevivir. Se libra del cuchillo.

Pero, por lo que he estado viendo, y, sin ánimo de quitarle la razón al gran gurú del guión, hay secuencias supuestamente inútiles en grandes películas que no son precisamente cómicas.

El ejemplo más sangrante (perdonadme el chiste malo) es el prólogo de la reciente Celda 211. Describo cómo lo recuerdo (tal vez cometa algunos fallos, sólo he visto la peli una vez y hace ya unos cuantos meses).

En la oscura celda que dará título a la película, un preso veterano se corta las venas de las muñecas con una cuchilla. Luego las hunde en la pila, llena de agua. Ésta toma rápidamente un vivo tono rojo. Muy rojo. Todo indica que el suicidio va a tener éxito. Si no me equivoco, aquí entra el título de la película y la música de Roque Baños.

Me he permitido contar íntegra esta secuencia de suicidio sin advertir de que se trataba un espoiler de la peli. Porque… simplemente no lo es. No sabemos quién es el suicida, nunca conoceremos su nombre. Ese personaje y su suicidio no tendrán absolutamente nada que ver con la trama de la película. La única conexión con la historia es que el protagonista acabará encerrado en la celda del suicida.

No he leído la novela de Pérez Gandul, ni las diferentes versiones del guión de Guerricaecheverría y Monzón, así que no puedo saber si el suicida del prólogo tuvo alguna vez alguna historia propia que se fue desechando en el largo proceso de creación de la película. Tal vez el DVD nos sorprenda con una subtrama sobre el anterior inquilino de la 211. No sé de dónde sale ese personaje anónimo, lo que sí puedo imaginar es el motivo por el que esa secuencia aparentemente inútil sigue ahí.

Se me ocurren dos motivos que, en el fondo, son casi el mismo. Decía Cecil B. De Mille que las películas deben comenzar con un terremoto y seguir de ahí hacia arriba. Esto suena muy bien pero, siendo realista, creo que puede ser poco práctico y bastante contraproducente (tanta emoción sin pausa puede anestesiar al espectador), sin embargo, sí pienso que en muchas películas es útil empezar con una secuencia potente y emocionante que interese inmediatamente al espectador, aunque no sea estrictamente necesaria para la trama de la historia.

El segundo motivo y, en mi opinión el principal, por el que los responsables de Celda 211 mantuvieron esa secuencia (y me han llegado rumores de que esta decisión fue objeto de un apasionado debate entre productores y director) fue para establecer cuál iba a ser el tono de la película.

Recordemos cuáles eran las secuencias siguientes a ese prólogo. Se trataba del inicio convencional que muchos de nosotros hubiéramos elegido: un funcionario de prisiones se levanta de la cama, junto a su novia embarazada, decide que va a pasarse por su trabajo, aunque su día oficial de incorporación es el siguiente. El joven llega a la prisión, los funcionarios le presentan su nuevo trabajo, etc.

Es decir, se trata de las típicas secuencias de primer acto; presentación de personajes y del entorno en el que se va a desarrollar la acción. En resumen: algo tranquilo y tal vez incluso un poco aburrido, comparando con el resto de la película. El guionista y el director de “Celda 211” decidieron empezar la película con una secuencia que preparaba al público transmitiéndole una información no argumental, pero sí emocional.

El éxito de la película, tanto de crítica como de público, parece haberles dado la razón. ¿Qué pensáis vosotros? ¿Qué hubierais hecho? ¿Recordáis ejemplos de otras secuencias “supuestamente prescindibles” en grandes películas (o en otras no tan grandes)?

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