Por Chico Santamano.
La situación era la siguiente: Enrique me había intentado encasquetar a su novia para co-reescribir mi guión. La señorita no le pilla el punto, pero aún así pretende poner mi historia patas arriba y convertir una comedia absurdamente comercial y sin más pretensiones que divertir a la audiencia en un manifiesto sesudo sobre el hombre y la guerra. Yo le deseo la mejor de las suertes en su futura (y casi desahuciada) película porque en mi proyecto no tendría cabida.
Todo esto parecía que no había tenido consecuencias. Somos profesionales y yo acepté “gustoso” su crítica porque se me dejó claro que si no nos entendíamos no estaría obligado a aceptarla como compañera de escritura. Como eso fue lo que pasó, pensé que sería ella y sobre todo él, Enrique, quien tendría que entender que aquella unión era cuanto menos contranatura. Pero las consecuencias en forma de contrato retrasado e hijoputa no se hicieron esperar.
Hablé con Enrique y le dije que no podía firmar ese contrato. Se hace el tonto y me dice que por qué. Que era el mismo borrador de la anterior peli. Claro, mamón, pero es que sobre ese borrador se negoció una serie de mejoras que en este no aparecían de nuevo. Le comento que entre ese desbarajuste hay tres puntos cruciales con los que no pienso tragar:
1.- Por primera vez en mi vida, quería asegurarme una parte de las ventas de un posible remake, adaptación a serie o lo que sea… Sí, llámenme flipao, pero con todo este aluvión de compras de guiones patrios no quería ver cómo pasaba la pasta por delante y no poder ni acariciarla.
2.- Por otro lado estaba lo del dvd… Hay gente que no entiende por qué los guionistas tenemos que seguir cobrando más allá del precio del guión (y te ponen el puto ejemplo de los arquitectos…). Aún así, por suerte parece que los derechos de autor generados por las entradas de cine o los pases en televisión nadie los pone en duda (de momento), pero ¿por qué cuesta tanto entender que tenemos el mismo derecho a cobrar por la venta de nuestras películas o series en dvd? ¿En los cines sí y en la fnac no? Evidentemente esto no les sucede a todos y en nuestra “industria” hay algunos guionistas a los que no se les discute este derecho. ¿Se imaginan a Alejandro Amenábar no cobrando ni un duro por la venta de sus dvds? Sin embargo, los que escribimos blogs con seudónimo tenemos que pelear como canis en una noche de botellón.
3.- Y bueno, ya lo que era intolerable del todo es que me bajaran 12.000 euracos así por la cara con respecto a lo cobrado por el último guión.
¿Sus respuestas? Con respecto a lo primero, lo de las adaptaciones, hablaría con su padre (son expertos en pasarse la pelota el uno al otro hasta marearte) y me harían una propuesta. Lo del dvd era más difícil porque sus abogados se lo tenían prohibido (?) después de que FAPAE, achuchados por las distribuidoras, pidieran a sus socios que no cedieran esos derechos (derechos inherentes del autor y que curiosamente sólo podemos cobrar nosotros). Le digo que en SGAE tienen una cláusula específica para arreglar ese entuerto, pero él de momento no me asegura nada. Y llega el tema pasta…
Su respuesta fue clara y contundente… Después del batacazo de la anterior película es lógico (para él) que yo cobrara menos. “Los cachés suben o bajan en función de lo que vales, ¿no?”
Iba a buscar en youtube una explosión nuclear, pero ya se hacen idea del champiñón de arena y mala hostia que se formó sobre mi cabeza en ese momento.
En próximos posts…
El puto sueldo de un guionista.

Escrito por Chico Santamano 








