EL PARÉNTESIS: LA SERIE (I)

Ibercaja tiene la web bancaria más fea del mundo. Aún así me toca mirarla de vez en cuando y aquella semana, con la primera versión entregadísima y ya trabajando en la siguiente, la visité insistentemente… la pasta no llegaba. Sole me había prometido que habían hecho el ingreso pero, como siempre que se habla de pasta en La Milla, era mentira.

Llamo directamente a Santiago. Le digo que no me han hecho el pago. Como soy idiota justifico mi derecho por contrato a cobrar con una excusa inventada. “Me han pasado el seguro del coche y necesito la pasta”. El productor no parece muy dispuesto a darme explicaciones por teléfono (posiblemente tampoco las tuviera) y me asegura que precisamente esa misma mañana quería hablar conmigo de otro tema.

Cuando quieren hablar contigo de otro tema, no te llega la pasta y no te dan detalles por teléfono. Date por muerto. La fuerza mental de un guionista es tan endeble que pensamos que estamos despedidos tres veces por semana. Y ese día tocaba.

Me planto en su despacho esa misma tarde con la certeza de que el bastardo de Carles ha presentado otro guión que les mola más. Por torpedearle estaba dispuesto a contarle mil historias que me habían contado otros guionistas y amigos. Algunas ciertas. Otras inventadas. Y todas ellas con las palabras ‘tirano’, ‘opus’ y ‘narcotráfico’ bien integradas. Pero nada más lejos. El nombre de Carles no apareció por ningún lado.

Santiago es un gran vendedor de motos y me cuenta su última gran idea. La noche anterior coincidió en los Premios Maite (una gala casi tan rancia como la web de Ibercaja) con dos grandes: Carmen Revilla y Lina (por cortesía de “El Informal”) Morganfreeman. Como las dos grandes que son siempre han deseado trabajar juntas y mi productor, que es rápido como una gacela les dijo: “No se hable más. Yo os preparo una serie. Esto es un exitazo”.

Tres grandes mentiras, claro. “No se hable más.” Se habló mucho más. Fantasearon con la idea de interpretar a dos hermanas que se reencuentran al cabo de los años (¡original!). “Yo os preparo una serie” significa ‘yo llamo al pringado de turno y nos hace una biblia en cuatro días’. “Esto es un exitazo”… bueno, esto es medio verdad. Un exitazo de 1997, claro.

El productor me pone el proyecto sobre la mesa… bueno, ya saben… es una forma de hablar. Me pone EL MUERTO sobre la mesa y yo, que no sé decir que no, suelto algo así como “joder, esto es un exitazo, Santiago, claro… si la gente las adora. Son dos cracks y me pondría con ello, de verdad que sí, pero… tengo que acabar el guión. Y me dijiste que había mucha prisa por pasarlo a Antena 3, ¿no?”.

Claro, ahora prisa ya no había ninguna. Lo que antes era una prioridad que me condenaba a sufrir noches en blanco, pasaba a un segundo plano porque el público estaba demandando muy alto y muy fuerte una serie con Carmen y Lina. Finalmente trago. Pero aprovecho para sacar a relucir el tema de la pasta. ¿Su respuesta?

“Te acabo de ofrecer una serie cojonuda y me estás racaneando con lo otro… Chico, no me jodas.”

Continuará…

3 respuestas a EL PARÉNTESIS: LA SERIE (I)

  1. elperejil dice:

    “La fuerza mental de un guionista es tan endeble que pensamos que estamos despedidos tres veces por semana”

    Jajaja… qué verdad más grande, ahí le has dado.

    Aunque, el caso, es que a veces acertamos… porca miseria…

  2. Regla dice:

    Le ofrecen una serie cojonuda y a usted sólo se le ocurre hablar de algo tan mundano como el dinero. Como es usted, Santamano!! A quién se le ocurre!!!
    ¿No pensó en dirigirse a Sole, la auténtica administradora de sus pagos? ¿O tal vez, la inofensiva secretaria del chandal, en realidad le estaba echando los tejos y usted trataba de evitarla a toda costa?

  3. Arenillas dice:

    Hay tres cosas con las que me he sentido profundamente identificado y que se repiten en cada trabajo, sin excepción:

    1. Mirar la cuenta corriente y que el dinero prometido no aparezca por ningún lado (en mi caso, Banesto en lugar de Ibercaja, lo mismo da).

    2.Pensar que estoy despedido tres veces por semana.

    3. Que lo que antes tenía que estar “para ayer”, ahora ya “no urge tanto”. Hasta que la rueda vuelva a girar.

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