DESPUÉS DE LOS PREMIOS GOYA (II)

28 febrero, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

En el último post trataba de explicar porqué, en mi opinión, la mala imagen del “cine español” en muchos medios y entre gran parte del público potencial tiene, sobre todo, que ver con el posicionamiento político de muchos de sus profesionales.

Que éstos se hayan pronunciado de manera casi unánime a favor de partidos de izquierdas ha llevado a que las personas de ideología conservadora hayan desarrollado, también casi unánimente, grandes reticencias contra todo el sector. El momento álgido de esa toma de postura política fue la gala de los Premios Goya de 2003 que se convirtió en una improvisada bofetada en la cara al Gobierno a través de la primera cadena de Televisión Española.

Desde la precipitada salida del poder del Partido Popular, la oposición entre ambos bandos políticos se ha radicalizado en nuestro país, especialmente agudizada por medios conservadores o ultraconservadores. Además de los políticos de izquierda, el sector más atacado por esos medios es, obviamente, el que más se significó contra el Partido Popular cuando estuvo en el poder, es decir, el sector del cine.

Eso sí, gran parte de las críticas no abordan directamente la política, sino que se quejan de la gran cantidad de subvenciones, del supuesto alto nivel de vida del que gozan los profesionales del cine y del escaso éxito comercial de sus producciones. Insisto en que, tras casi todas estas críticas hay una intención ideológica. Hay numerosos ejemplos de sectores muy subvencionados y supuestamente poco exitosos comercialmente que no gozan de tan mala imagen en los medios. La diferencia: no son sectores tan presentes en los medios ni tan identificados con una tendencia política.

En los últimos años, se han añadido otros argumentos que se han acumulado a los que he enumerado más arriba: todos los derivados de la “lucha contra la piratería”. Sin establecer grandes diferencias entre las acciones de las que es responsable SGAE, el Gobierno o los profesionales del cine, se acusa a todo este colectivo de voracidad recaudadora, de defender leyes que restrinjen derechos fundamentales, de imponer un injusto canon a los productos informáticos…

Los colectivos más activos en estas protestas son las Asociaciones de Internautas cuya influencia y capacidad de presión (en la Red, no tanto en el mundo exterior) parece ser considerable. Sin embargo, es difícil saber a quién representan estas asociaciones y cómo se elige a sus representantes. Una de los colectivos más activos últimamente es Anonymous, que se hizo especialmente famoso en nuestro país con motivo de las protestas en la Gala de los Goya. Anonymous podría encuadrarse ideológicamente dentro de algo que llamaremos Ciberanarquismo. Sí, un siglo más tarde, los anarquistas parecen volver a florecer en uno de los países en los más influencia tuvieron. Parecen imaginar que en el mundo virtual podrá realizarse por fin la utopía que no fueron capaces de lograr en el real: la desaparición de la propiedad privada, de las leyes y de las autoridades que las hacen respetar.

Nos encontramos así con que el sector del cine es criticado simultáneamente desde los dos extremos políticos, desde la derecha y desde la izquierda más radical.

Es una suerte de Tormenta Perfecta, en la que varios elementos confluyen para contribuir a crear la peor imagen posible del sector del cine. Hablar positivamente de una película española resulta casi sospechoso. Hablar en contra, pese a no haberla visto, resulta, en cambio, comunmente aceptado. Toda película producida española es, por defecto, sospechosa de ser mala y debe, con gran esfuerzo, probar su inocencia.

Lo mismo vale para los profesionales del sector: sin conocerlos personalmente, existe la convicción general de que se trata de personas que trabajan poco, trasnochan mucho, consumen drogas por vía nasal y viven una vida de lujo que, dado el nulo éxito comercial de su trabajo, es financiada únicamente gracias a subvenciones públicas y pagos de la SGAE.

Quienes llevamos un tiempo trabajando, o relacionándonos con personas que trabajan en este sector, sabemos lo injustas y simplificadoras que son estas etiquetas. Sabemos que la gran mayoría de los guionistas debe trabajar en tres o cuatro guiones a la vez para poder cobrar parcialmente uno de ellos, que casi todos los directores realizan cortometrajes, pilotos de webseries, video clips infrapagados o spots publicitarios mientras esperan que, por fin, su productor logre financiar esa película que sueñan poder dirigir. También sabemos que por cada actor de éxito hay cien sirviendo cafés en La Latina, compartiendo piso como si fueran estudiantes pese a que sobrepasan con creces los 30 años, asistiendo a cursos para tratar de “quitarse el acento” y ser admitidos en castings. También sabemos que la gran mayoría de los productores luchan durante varios años para poder levantar un solo proyecto y que tiene suerte si consigue estrenarlo con cierta dignidad y mantenerlo en cartelera durante un par de semanas en un par de ciudades.

Dice la Wikipedia que, para un antiguo ritual del pueblo de Israel, se tomaban dos chivos. Al azar se elegía uno como ofrenda a Yaveh. El otro era cargado con todas las culpas del pueblo judío. Se le entregaba al demonio Azazel abandonándolo en mitad del desierto, mientras se le insultaba y se le arrojaban piedras.

Supongo que resulta tranquilizador para alguien que no conoce este sector tener alguien a quien poder adjudicar todos los defectos y los vicios, alguien a quien poder insultar sin piedad ni matices.

Puede ser catártico. Hasta terapéutico.

Pero eso no quiere decir que sea justo.

Creo que la constante campaña contra el cine español no es justa. Creo que no hay sector que merezca este trato.

También creo que, contra lo que parecía defender el anterior presidente de la Academia, el sector del cine no debe pedir perdón por existir. Ni siquiera por películas de escaso éxito: ¿Quién es la persona más afectada por una película fallida, por unas críticas devastadoras, por el escaso éxito comercial de una obra? ¿Yo, que, como mucho, he contribuido con unos céntimos de mis impuestos a financiarla o la persona que le ha dedicado años de su vida y ha tratado con todas sus fuerzas de hacer su mejor trabajo? ¿Debe esa persona pedirme perdón a mí por haber fracasado?

También creo que cualquier actor, director o guionista, igual que cualquier médico, abogado, internauta ciberanarquista o columnista ultraconservador, tiene derecho a defender sus ideas políticas, sociales o religiosas, si lo hace guardando el debido respeto a los demás.

Creo que el problema no es que una persona se pronuncie políticamente, sino que una sociedad empiece a cuestionarse si esa persona o ese colectivo puede ejercer ese derecho. Creo que en ese momento esa sociedad empieza a estar enferma.

Por último, creo que lo mejor que puede hacer la gente del cine es, más o menos, lo que está haciendo: aguantar los constantes insultos, casi siempre en silencio, trabajar todo lo posible, dando lo mejor de sí mismos y esperar a que lleguen mejores tiempos.


ESCRIBIR UN DOCUMENTO DE VENTA

25 febrero, 2011

por Ángela Armero

Hola,
Soy una guionista argentina que los lee a diario.
Hace 10 años trabajo en este oficio, el último año sobreviviendo gracias al cine y algo alejada de la TV (lo último que hice, aunque no lo crean, fue adaptar para la TV local “Aqui no hay quién viva”).
Ahora estoy escribiendo un proyecto para una serie con el fin de presentarla a un productor independiente que se interesó por la idea. Por ahora no se trata de una biblia, sino de una presentación.
Mi pregunta es: cuánta información y qué extensión debería tener esa presentación?
Mi experiencia me demostró que los productores no son grandes lectores. Considerando eso, un storyline, breve descripción de personajes, síntesis argumental, y propuesta narrativa es mucho? Es poco? Existe un standard o un formato?
Saludos desde el sur de américa del sur,
JT.

Hola JT:

Intentaré responder tu pregunta desde mi experiencia, sin afán de que sea algo absolutamente cierto, ya que para temas como estos no hay reglas matemáticas ni una sola forma de hacer las cosas.

Es verdad que entre una hoja explicando de qué va una serie y una biblia completa hay un formato que a mí personalmente me gusta mucho. Tú lo llamas “presentación” y yo lo llamo “documento de venta.” Es verdad que una Biblia es también un documento de venta, pero por alguna razón cuando yo me refiero a estas presentaciones pienso en un texto de 10 a 30 páginas que contenga todo lo que es relevante para conocer mi serie.

Antes de profundizar en cómo (creo yo) deberían ser estos documentos, os contaré por qué me gustan tanto. Porque escribiéndolo te da la oportunidad de profundizar en tu idea y de forzarte a escribir por qué alguien debería comprarla. Es decir, tienes que convencerte a tí mismo para poder convencer a otros.

Además, si bien la concreción puede requerirte mucho tiempo y autoexigencia, siempre será te ocupará menos que escribir una biblia clásica con las continuidades, la exhaustiva relación de personajes, las sinopsis de los capítulos… Es mucho mejor intentar despertar un interés previo con un documento más manejable (y también más abierto, lo cual puede ser visto como una ventaja por muchos productores o cadenas de televisión) que arriesgarse a hacer un ingente trabajo sin tener ninguna certeza.

Otro atractivo de los documentos de venta es que, si bien muchas veces no te servirán de nada (como la mayoría de los materiales que llegan a las productoras, por otro lado), sí te proporcionan un vehículo para demostrar tu valía y profesionalidad. Si tienes buenas ideas y sabes venderlas, aunque tu serie no les encante, puede que te den una oportunidad. Yo conseguí trabajar en un drama semanal gracias a un documento de venta de una serie que jamás se hará, iba sobre artificieros de la guardia civil (esto ocurrió varios años antes de “The Hurt Locker”; le llamaremos “Bombazo“) y sin embargo esa idea fue providencial para mí.

A la hora de crear uno de estos dos documentos, para mí hay dos cosas muy importantes.

1. Como dice Mamet, el trabajo del dramaturgo es que el lector quiera seguir leyendo. Cuida todas y cada una de tus palabras, así como el aspecto de lo que envías. Sé interesante. Pica el interés con alguna premisa y no lo expliques todo. Sé ladin@ y refuerza o apóyate aquello que es mejor de tu proyecto y pasa de puntillas por todo aquello más manido o menos interesante.

2. Busca la forma de hablar de todo aquello que para ti singulariza la serie, todo lo que la define, intenta escribir una destilación afortunada del proyecto. Si quieres, puedes verlo como una Biblia en miniatura. Puede tener varios, alguno o ninguno de los apartados que contiene una Biblia, pero yo personalmente siempre incluyo apartados como:

-¿QUÉ ES BOMBAZO?DEFINICIÓN.

Una explicación sucinta del proyecto, que debe hablar del TEMA de la serie y del ARGUMENTO de la serie. No es lo mismo. El argumento de Friends es la convivencia de seis amigos y el tema es la amistad y el amor en la juventud. The Wire retrata la convivencia de los dos lados de la ley en Baltimore y ése es su argumento. En cambio, su tema es la corrupción. En la definición de tu serie puedes incluir una  FICHA para mayor claridad. Por ejemplo:

“BOMBAZO”

PERIODICIDAD: SERIE SEMANAL DRAMÁTICA

13 EPISODIOS

DURACIÓN: 70 MINUTOS

GÉNERO: ACCIÓN / THRILLER

REFERENTES: “24″, “NCIS”, “KING AFRICA”

-BOMBAZO- DETONANTE.

Explicar qué evento, si es que hay alguno, hace que el universo que has creado se ponga en movimiento. (Ejemplo; la llegada de Rachel vestida de novia al bar en Friends.)

-BOMBAZO – PILOTO.

Puede redactarse conjunta o separadamente del apartado anterior, pero una sinopsis del primer episodio puede ayudar a vender (siempre que estés segura de tu piloto.)

-BOMBAZO – PERSONAJES

Aquí se tendría que describir de forma atractiva la personalidad de los protagonistas y si quieres de los secundarios, por ejemplo los que sean relevantes para la serie de alguna manera.

-BOMBAZO – PRIMERA TEMPORADA

En este apartado, podrías incluir una sinopsis muy a vista de pájaro de qué va a suceder en la season one de tu proyecto. (Lógicamente, todo lo que no se tenga o no esté muy aquilatado, es mejor no incluirlo.)

-BOMBAZO – ESCENARIOS

Una descripción somera de los escenarios en los que se va a desarrollar tu serie. Esto ayuda si son pocos y baratos. Si son muchos y caros, es añadirle riesgo a la propuesta, y por tanto deberías dejarlo para más adelante.

-BOMBAZO – MEMORIA EXPLICATIVA

La memoria explicativa ya ha salido en bloguionistas y creo que el Pianista lo explica de maravilla. Yo creo que se trata de glosar en un tono más solemne y persuasivo los ángulos más competitivos de tu proyecto. Puedes “venderlo” desde lo actual que es cierta temática en este momento, por el éxito de series de temática similar, porque por alguna razón para tí es muy importante… Esta es la parte donde tienes que vender algo que parezca realmente valioso para tí.

He visto documentos de venta con MEMORIAS DE PRODUCCIÓN, que es lo mismo pero describiendo un planteamiento de producción atractivo, basado en pocos escenarios, en el uso de determinados medios técnicos, de actores poco conocidos, de la posibilidad de tener patrocinadores… Pero yo no soy muy fan de ese apartado puesto que no es tarea de los guionistas intentar vender sus ideas por lo baratas que son.

Como os digo, se pueden meter todas esas categorías o ninguna; se trata de crear un documento con dos objetivos: seducir y presentar.

Un documento de venta debe ser breve, conciso, visualmente atractivo, original y sobre todo debe inducir el deseo de saber más.

Espero que os haya sido de utilidad. Mucho ánimo para desarrollar vuestras ideas.


CRÓNICA – BERLINALE TALENT CAMPUS (II) – SPEED MATCHING

24 febrero, 2011

por Sergio Barrejón.

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Nota: Este post continúa la crónica iniciada el jueves pasado (ver primera parte, aquí). Aparentemente, aquel post no gustó a casi nadie. Probablemente, aclararlo sea contraproducente, pero voy a intentarlo. En el post de la semana pasada pretendía retratar cómo, cuando nos metemos en muchos líos de trabajo, nuestra vida diaria se resiente.

En mi caso, la anécdota fue que perdí mi teléfono. No es que sea algo trascendente, pero pensaba que podía ayudar a ilustrar el mensaje que yo quería dar con el post, que era algo así como: hay que conocer los propios límites. Aunque, como bien dice David Muñoz, un guionista no puede decir que no, conviene llevar un buen control de a qué se dice que sí. Porque uno se da cuenta de que trabaja demasiado no cuando acepta los encargos, ni cuando llega tarde a las entregas, sino cuando empiezan a pasar cosas extrañas en su vida. Cosas que quizá no tienen nada que ver con el trabajo, pero que son consecuencia de tener demasiadas preocupaciones en la cabeza.

Evidentemente, el mensaje no estaba bien comunicado, y el texto fue percibido como una simple acumulación de anécdotas. Confío en que el artículo de hoy se perciba como más adecuado al contenido habitual del blog. En cualquier caso, se acabaron los prólogos: voy a hablar del Talent Campus.

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Una de las primeras cosas que decido tras la primera fiesta es: voy a acostarme todos los días antes de la 1.00. Tengo 37 años, ya no estoy como para trasnochar durante una semana entera. Y mucho menos cuando la media de edad de los talentos es de veintipocos.

Otra de las primeras cosas que decido es: las colas para conseguir tickets me las voy a ahorrar desde el primer día. El mostrador de tickets abre a las 8.30. Las entradas para los eventos más solicitados pueden agotarse en menos de dos horas. Pero es justo el momento del día en que llevo a mi hija a la guardería, y es importante establecer ciertas prioridades.

Tengo claro que es importante mantener un cierto orden mental. Cuando uno no lo hace es cuando empieza a perder cosas (por favor, las llaves no), olvidar citas importantes, etc. Así que decido empezar pasadas las 9.30, con los desayunos Rise & Shine.

Desayuno “Rise & Sine”. © David Ausserhofer, Berlinale 2011

En Alemania, la gente sabe desayunar. Aquí, cero grados y sin hielo se considera buen tiempo, para estas fechas. En esas circunstancias, un café y un bollo no pueden denominarse desayuno. Necesitas fruta, huevos revueltos, yogur con muesli. De todo eso hay en el buffet libre. Luego, una hora para mezclarse con desconocidos.

Lo más duro es esforzarse en no mantener largas conversaciones con españoles e hispanoparlantes. Me pasaría horas hablando con Dani Rebner, Carles Pastor o Iker Ganuza, gente encantadora que está también en el Campus. Sobre todo con Iker, que produce mi próximo corto y estamos en plena preproducción. Pero hay que intentar no hacer ghetto español, y conocer a más gente.

Los organizadores insisten mucho en el valuable networking. De eso se trata, en el fondo, el Talent Campus. Por supuesto que hay masterclasses molonas y talleres de altísimo nivel, pero lo que marca la diferencia es la posibilidad de conocer a otros pocos cientos de cineastas que están empezando y compartir mesa con ellos durante varios días. De hecho, hay también eventos destinados específicamente a eso: son las sesiones de speed matching.

Duran una hora y funcionan así: se disponen dos círculos concéntricos de asientos. Los de la rueda de dentro mantienen su asiento durante toda la hora. Los de la rueda de fuera se van desplazando un lugar hacia la izquierda cada tres minutos. Tres minutos exactos marcados… por una bocina. Una bocina implacable que interrumpe la conversación y obliga a pasar al siguente encuentro.

Sesión de speed matching. En primer término, con camisa negra, mi productor: Iker Ganuza (Búsquenle también en la otra foto: es un robaplanos nato)
© David Ausserhofer, Berlinale 2011

Asistí a varias sesiones, y acabé agotado. Fueron lo mejor y lo peor del Campus. Porque sí, es interesante conocer a gente de la otra punta del mundo con la misma vocación que tú. Pero pierde la gracia si se encaran los eventos en plan darwinista, en plan a ver qué puedo sacar yo de este tío. Hay directores que, simplemente, consideran una pérdida de tiempo hablar con otros directores. Sólo quieren encontrar a productores.

En esas circunstancias, y por increíble que parezca, una charla de tres minutos se te puede hacer interminable. Incluso sabiendo que a los tres minutos va a sonar la bocina salvadora. Sólo quedan noventa segundos y ya estás deseando irte. Cuando eso me pasa, disimulo. Pero hay personas que directamente muestran su decepción si no eres lo que están buscando. Lamentable.

Aquí van una serie de consejos para enfrentarse a una sesión de speed matching:

  • La gente quiere titulares. Tienes tres minutos para darte a conocer y conocer al otro. No hay tiempo de detalles. Hay que dar titulares. “Mi primer corto ganó cuatro premios”, “trabajo en una serie para una gran cadena”, lo que sea. Vende lo mejor de ti mismo, y deja que el otro haga lo mismo. Si alguno de los titulares le interesa, te pedirá más detalles. Dáselos sin prisa. Si se acaba el tiempo mientras hablas, mejor. Se quedará con ganas de saber más.
  • Lleva tarjetas de visita de sobra. Y ofrece siempre tu tarjeta. Siempre. Si el otro no te da la suya, es porque tiene un problema de autoestima, o de modales. Peor para él. No caigas en eso.
  • Esto no consiste en ganar o perder.Nadie puede ser interesante para todo el mundo. Si tus titulares no interesan a tu interlocutor, hazle una pregunta de carácter general “And what are you into now?“y deja que hable cómodamente. Escucha con interés. No pierdes nada.
  • Sé humano. Esto no es una feria de ganado. No cuesta nada ser educado y simpático. Incluso con ciertos gilipollas.
  • No creas que vas a encontrar al productor que te hará rico y famoso. Ese productor no va a sesiones de speed matching. Y si fuese, estaría muy a la defensiva.
  • Lleva una botella de agua. No un refresco, no un café. Agua. La necesitarás.

Es extenuante, y la mayor parte de la gente no sólo no te resultará interesante: es que te olvidarás de ellos en cuestión de minuts (y ellos de ti). Pero de vez en cuando, encontrarás a gente con la que haces clic en tres frases.

En la sesión Directors meets Writers, a la que asistí como director, conocí al guionista danés Flemming Klem. Un tipo simpatiquísimo. Me preguntó por mi trabajo y le mencioné mis titulares. Entre ellos, que hace unos años co-escribí el guión de un corto que estuvo nominado al Oscar. Esto suele impresionar bastante. A Klem no. Klem me dijo: “That’s great. I co-wrote a short some years ago that actually won the Oscar“. Dos segundos de silencio, y añadió: “I’m sorry”. Nos echamos a reír. Me cayó muy bien, creo que yo a él también. Hablamos de cómo funcionaría una hipotética colaboración. Intercambiamos las tarjetas. Ojalá sigamos en contacto.

De todas las sesiones de speed matching, la peor fue Director meets Producers. Resulta verdaderamente patético ver cómo los pobres productores tienen que empezar la charla con un disclaimer, para dejar claro que no quieren, o no pueden, comprar proyectos en este momento. Compruebo que esa idea de que lo importante es “llegar a los productores” no es sólo una obsesión española: pasa en todas partes.

Creo que el resumen sería: no te pongas las expectativas altas. Disfrútalo. Y ya lo he dicho, pero… lleva siempre una botella de agua.

Hasta aquí lo del speed matching. Ahora tocaría hablar de los talleres, las masterclasses y demás, pero me saldría una crónica eterna, y además poco útil, dado que el año que viene todo eso habrá cambiado, así que voy a resumir con otro consejo que nadie me ha pedido: apúntense al Talent Campus.

No sólo porque harán contactos valiosos. No sólo porque podrán ver gratis todas las pelis de la Berlinale. No sólo por visitar la ciudad con alojamiento pagado. Y no sólo por la posibilidad de aprender montaje con la montadora de Lars von Triers o manejar las últimas cámaras digitales con un director de foto de primera línea…

Además les permitirá participar en el Talent Project Market y en el Berlin Today Award. De este último puedo decirles que, básicamente, sólo tienen que presentar un guión de corto en inglés y rellenar unos cuantos formularios… y competirán para realizar un cortometraje con una productora berlinesa y 30.000 eurazos de presupuesto. Eligen cinco proyectos cada año y sólo se presentan trescientos. Es, matemáticamente, uno de los concursos de guión con más probabilidades de éxito que existen en el mundo.

No les cuento más detalles, porque me dicen que la semana que viene se los dará de primera mano Sergi Portabella, guionista y director barcelonés que recibió uno de esos premios y gracias a él rodó, en Berlín, en inglés y en 35mm, su corto The Astronaut on the Roof. Todavía no puede verse en Internet, pero sí que puedo dejarles con su anterior obra, del mismo autor y misma directora de fotografía, Bet Rourich:


INTERNET NO ES EL FUTURO…

23 febrero, 2011

Por Chico Santamano.

…”¡es el presente!” gritamos todos los que nos reunimos el pasado domingo frente a los Goya antes de que el bueno de Álex acabara la frase. Estaba claro lo que iba a decir el ex Presidente en un discurso bastante trufadito de obviedades. Entiendo que para esos señores que forjaron hace 25 años la Academia de cine el discurso les resultara chocante y revolucionario, pero para los que hemos madurado personal y profesionalmente con un ratón en la mano nos sonaba todo un poco a “ya, ¿y?”.

Internet no es futuro ni presente… es casi pasado… para muchos jóvenes es un “siempre estuvo ahí”. ¿Acaso hay algún menor de 30 años en la sala que recuerde cómo era su vida sin internet? Mi primera peli, que no es precisamente “Ciudadano Kane”, se llevó unos palos del copón bendito. La mayoría de ellos (los que tenían peor baba) los recibimos en foros y blogs. No niego que en su momento fuera un poco traumático. ¿A qué venía tanta mala leche? ¿No se podía decir lo mismo, pero de manera un poco más educada? ¿No se daban cuenta de que los responsables de la peli podíamos leerlo… o era esa precisamente la gracia del juego?

Parece que se vive un momento de falta de respeto atroz hacia la cultura, pero no es cierto. Bueno, vale, sí que existe esa falta de respeto, pero no es mayor que la de hace 20 años. Las cosas no han cambiado tanto en este santo país. Nos encantan los artistas cuando los descubrimos y tienen ese halo de gran promesa. Pero cuando se consagran y se hacen millonarios gracias a su talento y trabajo nos parecen una mierda y los machacamos. Está claro que internet es una ventana al mundo para todos esos creadores, pero también un amplificador gigante para las opiniones de los consumidores. Si hace una década los artistas que actuaban en la gala de Nochevieja hubieran oído lo que se decía en casa de mis padres sobre ellos les habría dado un auténtico jamacuco. Y en el fondo ESO es parte de Internet…. una familia criticando en nochevieja.

El procedicimiento tras las uvas era siempre el mismo. El primer año a todos nos encantaba “La oreja de van gogh” y, 365 días después, asegurábamos que eran un pastelazo insufrible y que su cantante tenía problemas y no sólo de sobrepeso. Y eso aplicado a todo lo demás… Qué buena estaba Pilar Rubio hace un año, ¿verdad?… y qué tonta y mala presentadora nos parece ahora. Cómo celebrábamos las victorias de Fernando Alonso, hasta que empezó a hacerse “demasiado” millonario.  Ahora Alonso es sólo un estúpido cuellicorto. Precisamente esta semana la novedad se llama Pablo Alborán. El tío ha pasado de mostrar sus canciones en videos de youtube a ser número uno con su primer disco.

 

 

Hacía siglos que un artista anónimo no conseguía semejante hazaña. No les quepa duda… en cuanto el bueno de Alborán gane un par de cientos de miles de euros gracias a su música, se case con una tía buena o diga algo en contra del pensamiento único en internet… tomará el relevo de Alejandro Sanz y será apedreado digitalmente y sin piedad. Y con el cine igual… Un servidor con quince años ponía a caer de un burro a nuestra industria. También es verdad que no había visto prácticamente nada, pero es lo que se decía y uno tampoco tenía el suficiente criterio como para llevarle la contraria a la gran mayoría. No les quepa la menor duda de que si me hubieran puesto un teclado bajo los dedos le habría dado sin piedad a María Barranco.

Porque este invento de Internet, amigos, es como la casa de Gran Hermano… Aquí dentro TODO SE MAGNIFICA.

La figura de Álex de la Iglesia se ha convertido en un referente digno de estudio como hace un año lo fue Belén Esteban para no sé qué catedrático francés. En cuestión de días, el dire de “El día de la Bestia” fue masacrado y vilipendiado en todos y cada uno de los comments vomitados con saña en la red. Al pobre le pilló en plena promoción de su peli… y para más inri, como casi todos sabemos y no todos dicen, no es precisamente la mejor de su filmografía. Sólo hizo falta un gesto para que los internautas le subieran a los altares… Su dimisión (retransmitida al segundo por twitter) y su desacuerdo explícito con una ley controvertida como pocas en la red, pero consensuada como casi ninguna en el Parlamento, lo cambió todo.

Aquí dentro TODO SE MAGNIFICA.

Hace unos días apareció esta noticia.

Como esto de la red va de “de qué se trata que me opongo“, no tardaron en caer críticas en los comments. Unos se indignaron.“Me parece perfecto que quieran cambiar el formato, y la distribución y todo lo demás… ¿pero hacer que personas trabajen gratis? No creo que ésa sea la solución.” y a otros les pareció de puta madre. “Bravo Por Alex de la Iglesia por fin se empieza a ver aires de cambio en la obsoleta industria audiovisual.” Todos ellos tenían algo que decir. La mayoría desde la más absoluta ignorancia… porque la notica ERA FALSA. Era una broma y ninguno de ellos se habían dado cuenta (a pesar del payasete de la cabecera). Pero lo importante era dejar una opinión. Hacerse oír. Como mi tía Emi cuando criticaba todos y cada uno de los vestidos que llevan las cantantes en Nochevieja.

El caso es que Álex de la Iglesia ascendió del infierno al cielo tan rápido como te descargas una canción de Paulina Rubio. Un viaje similar, pero en sentido contrario hizo algunas semanas Nacho Vigalondo.

 

El bueno de Viga siempre ha contado con las simpatías de la Red. Gracias a su blog, posiblemente el más interesante y recomendable para cualquier aspirante a cineasta, se ha catapultado como un director de referencia. SÍ, sólo tiene una peli (de momento). SÍ, ni siquiera fue un éxito de taquilla en España. Pero nadie puede negar que el tipo ha sabido hacer algo que hasta hace bien poco casi nadie había conseguido en esta “industria”. Viga había creado un producto de éxito… él mismo.

Un producto que le ha llevado a ser una presencia imprescindible en conferencias y festivaleos varios. Un producto que ha sido imagen de Pepsi y de El País. Un producto que se fue a la mierda (provisionalmente) por dos imbecilidades. La primera hacer un chiste sin gracia (los siguientes, y de los que casi nadie se hizo eco, sí que la tuvieron) y la segunda… La imbecilidad de unos medios de comunicación tan miserables que anteponen sus guerras empresariales a lo que realmente debería importarles… LA INFORMACIÓN.

¿Que alguien en su twitter haga un chiste sin gracia es realmente noticia? Curiosamente elmundo.es se hinchaba de orgullo con el Holocausto Vigalondo (tirando a dar a El País, claro). Paradójicamente el diario de Pedro Jota sigue teniendo en “nómina bloguera” a un personaje como Sánchez Dragó. El director de “Cronocrímenes” hizo chistes sobre la joven judía Ana Frank, pero si esta hubiera sido de origen oriental y hubiese cumplido un par de años menos, Dragó no habría dudado en follársela (o al menos en presumir de ello junto a su amigo Boadella). Y aquello sí que no fue un chiste sin gracia en twitter…

Los mismos medios que critican al cine español por mierdero (con razón) y a la tele por sus programas basura (con razón también), no hacen otra cosa más que publicar día tras día noticias basura. Cebos para que cientos de trolls se despachen agusto vomitando sus comments y reventar así el contador de visitas. Más visitas, más publi, más dinerito… Ya saben. Curiosamente la mayoría de sus “editoriales” y artículos de opinión no cuentan con la posibilidad de poder comentar. ¿Temen haber creado una bestia o su carne no es lo suficientemente pestilante para dar de comer a sus usuarios favoritos?

(Un ejemplo de noticia absurda y basuresca. Vista ahora mismo en la home de elmundo.es…)

Lo dicho… Aquí dentro TODO SE MAGNIFICA.

Me encantaría hacer una disquisición en defensa del humor negro, pero mis conocimientos al respecto no dan para mucho y ya lo hizo de manera impecable hace unas semanas Henrique Lage en este post (no se lo pierdan).

Por supuesto, y por no dejar escapar el simil, en mis nocheviejas también se contaban chistes sobre famosas víctimas del terrorismo (“¿Cómo duerme…?”)  y nos reíamos MUCHO con el sketch de “Mi marido me pega” de Martes y 13… ¿Sería posible hacer algo así en estos momentos a la vista de lo que le pasó a Nacho Vigalondo?

Aquí dentro TODO SE MAGNIFICA.

 

Hace un par de años la “ira de internet” cayó también sobre Daniel Sánchez Arévalo. ¿Se acuerdan? Se le apaleó desde unos comments achuchados con picardía descarada por el autor del post. La gente juró y perjuró que nunca iría a ver ninguna de sus pelis. ¿Qué pasó tiempo después? Daniel Sánchez Arévalo ha estrenado “Primos”, una peli muy divertida y que está funcionando estupendamente en taquilla. Lo que demuestra que, cuando uno tiene un buen producto, la gente responde y que el mercado a la hora de la verdad no entiende de polémicas azuzadas por unos y otros desde la red…

Que sí… que no es para tanto… Aquí dentro TODO SE MAGNIFICA.

Con todo y con eso, por más que se grite y se insulte, nuestros cantantes siguen llenando sus conciertos y algunos de ellos incluso venden discos (Sergio Dalma… 200.000 discos en pocos meses… parece que el género “SEÑORA” es la solución) y el cine español, cuando quiere y no se pone rancio, chungosocial y ombliguista, nos da unas cuantas pelis que se defienden la mar de bien en taquilla (En 2010… ‘Tres metros sobre el cielo’, ‘Los ojos de Julia’, ‘Que se mueran los feos’ …).

 

Moraleja: el público habla en las taquillas, en los shares, en spotify… ahí es donde se ven nuestros éxitos y nuestros fracasos. Escuchemos a la familia que critica dándoles la importancia justa. Ni más, ni menos… Un canción que nadie conoce, un libro que no se vende, una sala de cine vacía, eso sí que es una vergüenza… Tomemos nota. Aprendamos de nuestros éxitos y no repitamos nuestros errores.

 

En serio, dejémonos de guerras. Sigamos creando.

 

(Y este es mi último post sobre estas mierdas de Internet y/o/vs Cultura. A partir de la semana que viene vuelvo a la “normalidad”. Que para eso hemos venido.)


ADAPTADO

22 febrero, 2011

David Muñoz

En este foro ya he hablado varias veces de adaptaciones literarias al cine.

Y justo ahora estoy viviendo una experiencia relacionada con este tema que me está resultando muy interesante. Desde hace unos meses, me encuentro “al otro lado”. O sea, me están adaptando a mí.

En 2009 se publicó este cómic con guión mío y dibujos de Rayco Pulido:

El planteamiento de la historia muy sencillo: tras la Guerra Civil Española, un maquis se queda sordo tras una explosión accidental y tiene que arreglárselas para sobrevivir en el monte durante el invierno. Pasan muchas más cosas, claro, pero tampoco es plan de destripar todo el argumento.

La cuestión es que más o menos hace seis meses se puso en marcha el (espero que no demasiado largo) proceso que podría terminar dando lugar a un largometraje basado en Sordo. Aunque no sé si es exacto decir que me están adaptando, porque la idea es que yo también acabe firmando el guión de la película, pero al menos durante la primera fase del desarrollo eso es exactamente lo que ha ocurrido. Como tiene muchas ganas de arrancar de una vez (llevamos meses al ralentí por temas de contratos) el director decidió escribir un primer borrador del tratamiento por su cuenta antes siquiera de terminar de cerrarlo todo. Y a mí me pareció una idea estupenda que lo hiciera. Habiendo escrito la historia original en la que debe basarse la película, me resulta muy difícil imaginarla de otra manera y no veía clara la manera de hincarle el diente para “convertirla” en cine.

A pesar de que Sordo es un cómic bastante adaptable (tiene un protagonista con un objetivo claro que hace cosas para conseguirlo, y una trama con sus actos y esas cosas), no podría trasladarse al cine tal cual. Primero, porque hay un par de escenas que costarían todo lo que debe costar la película entera y hay que encontrar equivalentes baratos. Pero también porque rodado viñeta a viñeta al estilo 300, el cómic daría lugar a un “largometraje” de sólo unos 60 minutos (¡y no es plan de mostrar al protagonista cazando conejos a cámara lenta para rellenar!). Para funcionar como película, Sordo debe “crecer” y transformarse en otra cosa.

Un momento que dudo que llegue a estar en la película.

Ah, hay algo importante que no he contado aún: Sordo es un cómic mudo. Apenas tiene dos o tres folios de diálogos. Y la idea es que la película también sea así. Eso plantea muchas posibilidades desde el punto de vista visual. Pero de caer en manos de un director que no sepa cómo contarla correctamente también puede dar lugar a una película árida, aburrida e incomprensible. Quizá eso es lo que más me preocupa de todo: que en vez de un Jeremiah Johnson minimalista a la española, acabemos haciendo un peñazo solo acto para festivales.

Afortunadamente, después de leer el tratamiento creo que eso no va a ocurrir. La película que quiere rodar el director a partir de nuestro cómic funciona muy bien como largometraje y, sin ser una adaptación totalmente fiel, cuenta la misma historia y lo hace respetando algo muy importante para mí: su tono y la intención que subyace debajo de todo lo que se narra.

Se lo he oído decir muchas veces a escritores (incluso a alguno al que yo he adaptado) y a veces he llegado a pensar que se trataba solamente de una fórmula de cortesía para salir del paso, pero ahora veo que es cierto: cuando te adaptan, los detalles no son tan importantes. Da igual que en el guión de la película falte una escena u otra, por mucho que te gusten. Al fin al cabo, los guionistas y los novelistas nos pasamos la vida apretando la tecla “Supr” y reescribiendo escenas que hasta ayer nos encantaban pero hoy de pronto nos parecen el horror. Lo que sí importa es que sientas que esa siga siendo tu historia.

Lo que peor me sentaría con “Sordo” es que el pesimismo del cómic desapareciera para dar lugar a otra historia del popular género “si quieres, puedes”. En ese sentido, los minutos finales, como en cualquier historia, son cruciales. Al igual que en la mayoría de los largometrajes, revelan el sentido último de lo que se ha contado. Forzar un final feliz haría que todo lo que ha ocurrido anteriormente careciera de sentido. Pero no, el final está ahí, y también la historia que quería contar. Además, como sospechaba, al ver la historia con algo más de distancia de la que puedo permitirme yo, el director se ha permitido cambiar cosas que mejoran el argumento original y ha añadido infinidad de detalles que le dan una personalidad fílmica más rotunda.

Eso sí, me ha resultado también bastante curioso ver cómo en el tratamiento se mezcla mi forma de ver las cosas con la del director. De alguna manera, soy yo visto a través de él (o más bien, somos yo y el dibujante, Rayco Pulido, ya que él también aportó muchas cosas al cómic a nivel narrativo). Lo más desconcertante es que el resultado de ese “trío” virtual es bastante coherente. Así que de momento estoy encantando.

Obviamente, todavía queda mucho trabajo por hacer, y en el tratamiento hay cosas que pueden mejorarse (como en todos), pero es un excelente punto de partida. Apetece mucho ponerse ya con el guión y todavía más verlo rodado.

Un boceto de Rayco para una escena que no aparece así en el álbum

Viendo cómo se siente uno cuando le adaptan, me alegro más que nunca de haber tratado de ser lo más respetuoso posible con el material que he tenido que adaptar yo. La verdad es que nunca he entendido porqué algunos productores compran ciertas novelas cuando saben que lo único que van a poder conservar de ellas es un par de ideas (y a veces ni eso). En algunas ocasiones le veo un sentido comercial –si coges una novela de Philip K. Dick por Ej. (luego, el resultado puede ser Blade Runner, pero también Paycheck…). Pero en la mayor parte de los casos el autor no es tan popular como para que el productor pueda suponer que el hecho de que su nombre aparezca en el cartel va a llevar a gente a los cines.

Además, como autor adaptado de aquí, hay otro factor a tener en cuenta: el dinero que se paga en España por los derechos de una novela o de un cómic no te cambia precisamente la vida. Como mucho, te puede valer para estar un poco más tranquilo dos o tres meses (y en la mayor parte de los casos, como este, ni eso). De modo que si no voy a poder comprarme una casa, espero que por lo menos cuando me siente en el cine a ver la película no se me caiga la cara de vergüenza al ver mi nombre en los créditos.

De hecho, lo que espero es sentirme orgulloso. Y de momento, parece que va a ser así.

Ya os contaré dentro de unos meses.


DESPUÉS DE LOS PREMIOS GOYA (I)

21 febrero, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

(- Primero: disculparme por el retraso en publicar. Tengo dos excusas, eso quiere decir que ninguna de ellas es buena. Estoy fuera de casa, con algunas dificultades para conectarme y, dos, ayer domingo trabajé tanto que no pude escribir. La auténtica es que… anoche se me olvidó ponerme a ello.

- Segundo, tal vez por el punto primero, este post va a ser algo diferente, algo más precipitado y menos reflexivo de lo habitual. Tal vez todo ello sea para bien. )

Vi los Goya con amigos, en una de estas reuniones en las que apenas ves la tele, sólo el tiempo suficiente para poder pensar un chiste supuestamente ingenioso que impide que el resto de los presentes puedan enterarse de la ceremonia.

Eso no me impide sacar unas pequeñas reflexiones sobre la Gala y especialmente sobre los enmascarados Anonymous que abuchearon a muchos de los invitados a la gala y, en cambio, corearon el nombre de Álex de la Iglesia a la entrada al acto. Al parecer, alguno de  ellos tiró algunos huevos. Al parecer también, otros Anonymous afearon la conducta al de los huevos (al que los había tirado, quiero decir).

Algunos medios apenas se hicieron eco de estas protestas, otros se centraron mucho en ellas. Otros medios criticaron a los primeros, por ignorar la realidad. Otros, al contrario, criticaron a los que dieron excesiva importancia a los Anonymous.

Muchas crónicas hablaban sobre la gran tensión con que se vivió toda la ceremonia. Al parecer, uno de los momentos álgidos fue el discurso de De la Iglesia, que, al parecer, algunos han adoptado como una especie de Nuevo Evangelio, el Gran Sopapo en la Cara de la Industria. A otros casi todo el discurso nos pareció escrito por Pero y Grullo.

Si me permitís mi opinión… para mí nada es para tanto.

Que un Gobierno intente, por medio de un mecanismo legal y unas sanciones, defender los intereses de una Industria, es lógico.

Que las personas afectadas por esas sanciones protesten, invocando a las libertades o derechos fundamentales, también es normal. Que, entre estos se cuele un tipo que tire algo tan inofensivo como un huevo, tampoco parece especialmente grave.

Hace pocos meses, el mismo Gobierno aprobó una ley antitabaco que prevé graves sanciones para fumadores y locales que la incumplan. Muchos ciudadanos se han visto perjudicados por ella. Han invocado derechos fundamentales para defender su derecho a fumar. Unos han protestado colectivamente, otros han elegido una vía de “martirio individual”. La ley se ha cumplido. Algunos están contentos, otros están enfadados e incluso resfriados gracias a ella.

Pienso que el consenso absoluto es imposible de alcanzar, aunque sería lo óptimo. A veces lo bueno es enemigo de lo óptimo. Gobernar, tomar decisiones, implica generarse “enemigos” a cada paso. Un gobernante debe saber que no todo el mundo va  a quererle. Un individuo que expresa una opinión política también debe asumir que encontrará que otros muchos no están de acuerdo con él.

Como reflejaba, a modo de simple ejemplo, en esta entrada, gran parte de la opinión pública (y publicada) en España es espectacularmente crítica con el cine que se produce en nuestro país. Posiblemente no haya ningún otro sector que sufra críticas tan constantes. Muchas de las críticas inciden en qeu se trata de un sector muy dependiente de las ayudas públicas. Sin embargo, otros sectores muy subvencionados como la minería o la agricultura no concitan, descalificaciones comparables. Otro argumento que utilizan los críticos (tiene que ver con el anterior) es que se trata de un cine poco taquillero y escasamente popular. Sin embargo, en nuestro país hay docenas de sectores económicos que no se distinguen por su gran nivel internacional. Por ejemplo, nuestra investigación científica no parece comparable a la de otros países europeos. Sin embargo, a pesar de que se trate de otro sector que subsiste casi exclusivamente por la inversión pública, no se insulta o critica a los científicos, sino que se les compadece por las difíciles condiciones en que trabajan y se solicita que los subsidios públicos se incrementen en la medida de lo posible.

Es decir, ni la financiación pública ni el escaso éxito comercial son las razones de fondo que explican la gran aversión que se produce en muchos medios (y muchos ciudadanos) al cine producido en España. En mi opinión, la razón principal de la mala imagen de nuestro cine en amplios sectores de España es otra. Creo que podemos buscarla en el día 1 de febrero del año 2003.


MÚSICA PARA ESCRIBIR – DESPEDIDAS

18 febrero, 2011

por Bárbara Alpuente.

Los bloguionistas, que conocen mi pasado como periodista musical, me han pedido que escriba una sección relacionada con el tema. Me dicen que estaría bien una playlist semanal temática, con música que me inspire para escribir según qué cosas.

Les he dicho que no, y acto seguido he comenzado a hacer la primera playlist. Soy muy imprevisible, y por eso mismo no sé si esto inaugura una sección o si será simplemente un post suelto.

Ante la inminente despedida de la serie en la que trabajo, porque acabamos la temporada sin renovación a la vista, he pensado que podría estar bien sugeriros algunos temas para escribir exactamente eso: DESPEDIDAS.

Despedida “Coche por carretera infinita”.

Deja atrás su historia, y el camino que emprende ahora no ha hecho más que empezar. La música sugiere un cambio de rumbo, una etapa por descubrir, el vértigo de la incertidumbre y el cosquilleo de un horizonte todavía desconocido.  A partir de este kilómetro de su vida, todo es posible…

Beth Orton – Stolen Car – Radio Edit

 

Despedida “Rollo Iñarritu” (O cómo suicidar a tu protagonista)

Vio morir a su hija y sólo unos meses después fue su mujer quien se rindió ante la misma enfermedad. Tras perder a las mujeres de su vida, sucumbió al alcohol y fue despedido de su trabajo. Sus amigos le ignoran desde que descubrieron un oscuro pasado de supuestas agresiones sexuales. Ahora, despide a una prostituta inmigrante de la que sólo demanda un poco de cariño. Con la cabeza apoyada en la ventana de esta lúgubre habitación de motel, reflexiona sobre cuál será su siguiente movimiento; tirarse por esta ventana que apenas puede abrirse, o ahorcarse con el cinturón (eso ya lo dejo en manos del guionista psicópata que quiera escribir una secuencia de este tipo).

Micah P. Hinson – Stand In My Way

Despedida “Lo nuestro no puede ser”

Él se marcha (el muy cabrón). Ella se queda allí sola (la pobre) Lo suyo es imposible, aunque lo han intentado (él no lo suficiente… Lo siento, no es mi mejor momento emocional) Ella se detiene a mirar hacia el infinito. Observa melancólica la lejana silueta de su gran amor, difuminada bajo una discreta lluvia que comienza a acariciar su melena rubia (la de ella… Él es calvo)

PJ Harvey – This Mess We’re In

Despedida “Vamos a morir”

(De alguna forma está relacionada con la anterior porque si van a morir, lo suyo, difícilmente, va a poder ser)

Los zombies les rodean. Han sobrevivido durante más de dos actos y medio, pero saben que ha llegado su momento. Mientras los rugidos de esas bestias se cuelan por las rendijas de su escondite, ellos se miran, se cogen de la mano y se disponen a enfrentar la muerte. ¡Pero lo harán con dignidad! La trampilla cede, los zombies empiezan a entrar y nuestros héroes, a cámara lenta, abren fuego. La música suena engullendo el sonido de sus voces desgarradas y un plano cenital nos aleja del infierno… En esta hay bastante presupuesto.

The Be Good Tanyas – Waiting Around To Die

Despedida de soltera.

Se conocen desde la infancia y lo han vivido todo juntas, pero ahora una de ellas va a casarse con un atractivo joven que vive en Australia (la localización puede cambiar, no es obligatoria). Reciben la noticia entre llantos y abrazos emocionados, pero tras la tristeza inicial, se disponen a convertir esta noche en la mejor de su vida. Suena la música y todas bailan, ríen y se pasan la botella de whisky las unas a las otras. Rozamos la vergüenza ajena, pero somos guionistas con reflejos y pasamos rápidamente a transmitir un sentimiento de profunda amistad entre estas cinco chicas que, en un par de folios, protagonizarán una guerra de almohadas sin sujetador.

Florence + The Machine – You’ve Got The Love

(Playlist completa: Despedidas)


CRÓNICA – BERLINALE TALENT CAMPUS (I) – PREVIO

17 febrero, 2011

por Sergio Barrejón.

Me piden que haga una crónica de mi paso por el Berlinale Talent Campus. Pero es imposible. Al menos en su primera acepción sustantiva: “Historia en que se observa el orden de los tiempos.” Porque está siendo una experiencia tan frenética, apabullante y caótica que me resultaría casi imposible exponerla de manera ordenada. Además, no sería fiel a la realidad. Para reflejar adecuadamente lo que están siendo estos días en Berlín, tendría que contarlos de manera tan atribulada como los estoy viviendo.

Quizá funcionaría mejor la acepción adjetiva de crónica que ofrece el diccionario de la R.A.E.:

Efectivamente, me viene de tiempo atrás este inveterado vicio de meterme en más berenjenales de los humanamente aconsejables. Sólo en las últimas cuatro semanas, he trabajado de argumentista para una tv-movie; de productor para el piloto de una serie nueva; de director de un corto que se rueda el mes que viene; y he dado dos conferencias sobre Recursos para guionistas en Internet. Todo ello repartido entre Madrid, Berlín, Valencia y Salamanca. Y por supuesto, todo eso compaginado con mi trabajo diario de dialoguista para la serie Amar en Tiempos Revueltos. Y encima, tengo que asistir al Berlinale Talent Campus: una semana agotadora de conferencias, talleres, encuentros y handshaking.

Miro hacia atrás, y pienso: “es imposible hacer todo eso a la vez”. Miro hacia delante y descubro que aún me quedan reuniones de la serie diaria en Madrid… y bueno, rodar el corto. También en Madrid. Más viajes, más aviones.

Más aviones como el IB3546 en el que llegué a Berlín el miércoles pasado… y en el que muy probablemente perdí mi iPhone recién comprado. Como vivo a caballo entre Madrid y Berlín, pensé que sería bueno tener un pequeño ordenador de mano, así que me compré un iPhone. Previamente había llegado a la conclusión de que, a la larga, sería más barato y más práctico comprarlo libre, para poder usarlo indistintamente con el número alemán y el español, según donde estuviese. En resumen: 600€ a la basura.

Esto también es parte de una dolencia crónica: a medida que mi cerebro va albergando más proyectos, más citas, más compromisos… va expulsando más parcelas de conciencia práctica. La intendencia diaria se hace cada vez más compleja. Vuelvo de una reunión en Valencia directamente a Berlín. Tengo una hora para hacer escala en la T4. Cuaquier mínimo retraso me haría perder el avión. Eso no sólo me separaría un mínimo de veinticuatro horas más de mi familia, que me espera en Berlín. Además, mi mujer y yo nos perderíamos la gala de inauguración de la Berlinale, a la que muy amablemente nos ha invitado Paz Lázaro, programadora de Panorama y vieja amiga, y a la que asistirán Jeff Brigdes y los hermanos Coen para presentar True Grit.

No soy especialmente mitómano, pero hago algunas excepciones, entre ellas el protagonista y los directores de una de mis películas favoritas: The Big Lebowsky.

La cosa fue así. Miércoles 9 de Febrero. 16.30 horas. Estoy en el aeropuerto de Manises, esperando el avión de Iberia que me llevará a Madrid para tomar allí el último avión de la tarde a Berlín. La reunión, la de la tv-movie, ha ido bien. Hemos terminado a tiempo. Hemos comido buenos arroces. Todo va sobre ruedas. Hasta que una voz avisa por megafonía de que mi vuelo saldrá con un retraso indeterminado: “en media hora les daremos más información”. Adiós mi escala.

Noto cómo los Coen se alejan. Me siento como The Dude cuando sale al parking de la bolera y descubre que le han robado el coche… y el maletín lleno de dinero que llevaba en él. Noto cómo la furia me calienta la sangre. Echo a caminar en busca de un mostrador de Iberia, sabiendo que será inútil, que además no quiero pagarla con el pobre empleado que haya en el mostrador. De pronto, otra voz anuncia, mucho más bajo, la salida de otro vuelo de Iberia distinto a Madrid. “Embarquen urgentemente por la puerta R22.” Miro a mi derecha. Un cartel: R22.

Giro sin pensarlo y me planto en el mostrador. Explico mi problema con mucha calma. Me escuchan. Naturalmente me embarcarán en ese avión. “No hay ningún probl…” De pronto, el gesto de la azafata se crispa. Oigo pasos a mi espalda. Treinta o cuarenta personas caminan apresuradamente hacia mí. Blanden tarjetas de embarque. Están enfadados. Quieren gritarle a alguien. Y lo hacen.

Uno de ellos -traje, corbata, Rolex, maletín de cuero- muestra su indignación y sus prisas demasiado cerca de mi nariz. “No puedo embarcarlos a todos”, explica la azafata. El tipo se abalanza sobre el mostrador, ganando terreno. Le agarro del brazo, le aparto suavemente, le miro a los ojos: “tenga la bondad de esperar su turno, caballero”. Se queda desarmado. Un tipo con mucho peor aspecto que él ha demostrado tener mejores modales.

Diez minutos después, estoy en el avión. Me han puesto en clase ejecutiva. Por la ventanilla, veo a todos los que se han quedado en tierra. Sólo hemos llegado a subir seis personas, y el del Rolex no está entre ellos. Llego a Madrid con quince minutos de adelanto, y por el camino me invitan a un whisky. Tomo el avión a Berlín sin problemas. Puntualmente, llegamos a Tegel. A medianoche estoy en mi piso de Prenzlauer Berg.

Hasta la mañana siguiente no me daré cuenta de que he perdido mi iPhone en algún lugar entre el avión y mi casa.

No voy a perder el tiempo contando detalles de la gala de inauguración. Resumiendo: había alfombra roja, mucho famoseo alemán (del que no sabemos gran cosa porque ni leemos la prensa local ni tenemos televisor en casa), buena comida, bebida gratis, estaban los Coen, Jeff Bridges, Isabella Rossellini, Satanás el alcalde de Berlín, el Ministro de Nosequé… y estrenaron pusieron True Grit en una proyección HD que quitaba el hipo (yo soy de los que la defienden… la película y la proyección en HD). A la salida había fiesta allí mismo, en el Berlinale Palast, pero se había juntado una cantidad absolutamente insana de gente, y encima la prensa tenía acceso, así que duramos poco.

Además, yo tenía que descansar, porque el viernes había una recepción en la Embajada española a la que quería llegar más o menos fresco. Y el sábado empezaba el Talent Campus en sí. Jornadas de 18 horas. Por las mañanas, colas para conseguir tickets desde las 8.30 a.m., desayunos comunitarios a las 9.30, networking despiadado hasta las 12.30, sesiones de speed matching hasta las 13.30, comida apresurada, talleres a las 14.00 y a las 17.00, mil películas que ver por las tardes, y fiesta prácticamente cada noche.

Pero esto ya es demasiado para contarlo en un solo post. Creo que continuaré la semana que viene.


UNA PEQUEÑA DIGRESIÓN

16 febrero, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Voy a mover la 17.

Sí.

Aquí, antes de la 25.

Es cojonudo, así todo encaja. Él viene de aquí: feliz y … se encuentra con la gran sorpresa, de noche, al volver a casa.

Genial. Creo que he dado con la clave. No, si cuando me pongo a ello, centrado, soy cojonudo. ¿Cómo no lo había visto antes?

Pero… ahora que lo pienso, esto afecta a esto otro: la 25 no puede ser noche. Tiene que ser día otra vez. Maldita sea. No pueden hacer el amor en un coche, al aire libre, de día. Es el párking del Mercadona. Nadie folla de día en el párking del Mercadona.

Posiblemente tampoco follen de noche, pero… es más posible. Ni siquiera he ido a un Mercadona en los últimos cinco años. Tal vez no tengan ni párking. Tal vez debería ir a documentarme. A ver si hay parkings en los Mercadonas. A ver si hay gente que los aprovecha para…

No tengo ni coche. ¿Cómo me voy a un párking de un Mercadona de noche? ¿Y, caso de llegar hasta allá, me pasearé entre los coches, mirando si hay parejas que…?

Joder. Esto de documentarse da pereza. Y suena peligroso y pervertido.

Voy a imaginar que la gente copula en los Mercadona, de noche. La gente copula donde puede, siempre que puede.

El problema real no es ese. Lo que de verdad importa es cómo hacer esa transición. De la noche del martes a la del miércoles.

Hay que meter algo de día. Lo que sea. Un desayuno, una jornada laboral… ¿Invento una nueva? Puedo poner una en la que se explica su historia de amor. Vamos, el matiz exhibicionista. Ella habla con su compañera de trabajo sobre el fetichismo de su novio: sólo hace el amor en aparcamientos de grandes superficies de alimentación. Que lo hablen. Sí, eso puede funcionar.

No. Nunca funciona una escena en la que “hablan”. Tiene que avanzar la historia. Tiene que ir a alguna parte. Por ejemplo, la compañera de trabajo la previene: cuidado con ese tipo, parece rarito y peligroso. ¿Se pone a vigilar la compañera de trabajo a su amiga, para evitar que vuelva a recaer con el follador de los aparcamientos? ¿le presenta a otro tipo que parece más normalito que su pareja actual? ¿Y si luego resulta que al “normalito” sólo le gusta copular en establecimientos de pompas fúnebres?

Suena divertido.

Sí, suena divertido pero… no sé, no sé. Esto lleva la trama por otros derroteros. No me acaba de interesar esta compañera de trabajo ni el loco de las pompas fúnebres. ¿Me voy a poner a inventar una trama para que una secuencia no sea de relleno?

No.

Volvamos a la esencia. ¿Por qué estoy contando esta mierda de historia? ¿A quién le interesa una pareja que se ve los miércoles sólo para copular en diferentes aparcamientos? ¿Dice esto algo sobre el mundo actual? ¿Si unos extraterrestres rescataran esta película de un holocausto nuclear, podrían sacar algo en claro sobre el tiempo en el que fue escrita? ¿Se refleja en esta historia la crisis actual? ¿Refleja mi mundo interior, caso de que tal cosa exista? ¿Si alguien se empeñara, podría hacer una tesis doctoral sobre ella? ¿Y si se empeñara mucho mucho?

Creo que es momento de dar una vuelta para airearse, ya estoy pensando en extraterrestres. Voy a andar un buen rato.

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Sí, señor comisario, es un varón. Complexión normal. Nariz grande, más bien alto. Tampoco mucho. Ojeras pronunciadas. No, no nos suena de nada. No llevaba cámara de fotos ni vídeo… pero sí tenía un móvil y ya sabe que ahora con eso… No, parece buen chico. Tiene tarjetas a su nombre. Incluso de la biblioteca municipal. No, la cremallera la tenía cerrada. No nos hemos fijado en el momento, pero, desde luego, desde que está en comisaría no le hemos visto que tenga signos de erección. Muy bien, comisario. Buenas noches.

Ochoa, dile al muchacho que por esta vez puede pirarse, pero que, como le volvamos a ver agazapado entre coches en el párking del Mercadona, se le va a caer el pelo.

Por cierto, Ochoa, ¿te pasa algo? ¿De verdad? ¿Era el coche de tu novia? Joder. No, no me estoy riendo. De verdad que no… ¿estás seguro? Joder, enterarse así debe de ser un buen palo.


TODOS SOMOS IGUALES

15 febrero, 2011

David Muñoz

Cada vez leo menos libros sobre teoría del guión. No hace tanto, siempre que se editaba un título nuevo lo compraba rápidamente y aunque no lo leyera completo, al menos trataba de echarle un buen vistazo. Pero últimamente muchas veces ni los hojeo.

Creo que la razón por la que he ido perdiendo interés en ellos es que al final la mayoría acaban contando cosas muy parecidas. Sigo leyendo muchas entrevistas con guionistas, y todos los blogs de guión que puedo, pero los ensayos cada vez se me hacen más cuesta arriba. Se explique cómo se explique, la realidad es que lo que hay que saber para escribir un guión se cuenta muy rápidamente, y, como ya he dicho aquí otras veces, soy de los que, ya que no cabe esperar grandes revelaciones, prefieren que le cuenten lo que hay de la forma más breve y clara posible.  Por eso, es probable que algún día acabe releyendo Cuéntalo bien, pero dudo que alguna vez vaya a volver a abrir el Story de Robert McKee.

Sin embargo, dado que lo recomendaba en su blog Paul Chadwick, el creador del personaje de cómic Concrete, decidí darle una oportunidad a The Golden Theme, de Brian McDonald. Además, reunía los dos requisitos que he mencionado antes: era breve (unas 100 páginas) y según Chadwick, lo poco que contaba estaba bien contado.

Aunque yo nunca había oído hablar de él hasta ahora, parece ser que McDonald lleva un seminario ambulante de guión (al estilo McKee) y que lo ha dado en sitios como Pixar o ILM.  Y tiene un libro anterior, Invisible Ink: A Practical Guide to Build Stories that Resonate, que tampoco tiene mala pinta.

Así que me animé y compré una copia de The Golden Theme en papel a través de Amazon (aunque también puede ser leído gratuitamente en la página de la editorial, Libertary Editions; en inglés en ambos casos, claro).

Y bueno, una cosa es ser breve y conciso y otra cosa es esto.

En realidad, The Golden Theme parece la transcripción de una de las conferencias sobre guión de McDonald. Son 100 páginas, sí, pero maquetadas con letra grandota y con muuuchos espacios en blanco. Sospecho que puede leerse en voz alta (obviando el prólogo y alguna digresión innecesaria) en menos de una hora. Igual que una conferencia.

Afortunadamente, lo poquito que cuenta es interesante. Y eso que no tengo muy claro que todo sea cierto. Pero bueno, al menos me ha dado que pensar, que es para lo que al final uno compra este tipo de libros: para pensar en lo mismo en lo que piensa durante la mayor parte del día (cómo se cuentan las historias, por qué, para qué…) pero desde otro punto de vista.

La tesis central del libro es que el tema más importante que pueden tratar las historias que realmente nos llegan, y el que permite que sigan significando algo para nosotros años después de haber sido creadas, es que TODOS SOMOS IGUALES.

Para McDonald es ese proceso de identificación que permite que un espectador empatice con un personaje con el que aparentemente no tiene nada que ver, el que lleva a que los seres humanos dediquemos un tiempo muy importante de nuestras vidas a consumir historias (y a muchos también, a crearlas).  A través de ellas pasamos experiencias que nos ayudan a vivir mejor. Vistas así, las historias son fundamentales para nuestra supervivencia. Leyéndolas, viéndolas, aprendemos como comportarnos ante situaciones adversas sin necesidad de exponernos a un peligro real.  Son verdaderos manuales de instrucciones (prácticos y/o emocionales, dependiendo del caso). Desde luego, hay historias que existen únicamente para entretener, pero según McDonald, son como la comida basura: saben bien pero no alimentan.

Lo que más me ha llamado la atención es que al parecer el asunto tiene base científica. De acuerdo a estudios recientes de neurología, en los seres humanos (y en los monos) se activan un mismo grupo de neuronas, llamadas “espejo”, tanto cuando por Ej. hacemos un movimiento como cuando vemos a otra persona hacer ese movimiento. Esas neuronas no distinguen entre el hecho real y su simulación y son la base de la empatía, gracias a la cual cuando creemos sentir lo que siente el personaje de una película, más que creerlo, estamos sintiéndolo de verdad. McDonald lo explica así: “Podemos aprender las lecciones de una historia porque, en lo que respecta a nuestros cerebros, realmente nos ha pasado a nosotros”.

McDonald también responde una pregunta que yo me he hecho muchas veces: ¿por qué asumimos todos que las historias necesitan conflictos? Su respuesta es: “Las historias necesitan conflictos porque nadie necesita saber cómo salir adelante cuando las cosas van bien. Los malos momentos son los que nos enseñan a sobrevivir tanto en la vida como en las historias (…)”.

Todo esto no quiere decir que McDonald defienda que las únicas historias válidas son aquellas que tienen claramente un fin claramente aleccionador. Para él, tan válidos son los relatos de héroes que se sacrifican  por el bien común como aquellas que cuentan dramas tremebundos que acaban como el rosario de la aurora. De hecho, piensa que estas últimas tienen un fin “curativo”. Cuando nos sentimos mal puede ayudarnos más ver un drama que una comedia. Compartir el sufrimiento de otros hace que nos sintamos menos solos y logra aliviar nuestro sufrimiento. Y tampoco defiende a los héroes de una pieza. Para él, los personajes más interesantes son aquellos que se definen tanto por sus virtudes como por sus defectos o debilidades. En algunos casos dominan unos u otros, y podemos aprender de la vida de la Madre Teresa y de la de Hitler.

Para defender su tesis, McDonald utiliza a menudo ejemplos bastante rotundos (sobre todo cuando compara historias de diferentes mitologías o religiones) pero otras veces da por hecho, sin argumentarlas apenas, ideas que a mí me parecen bastante discutibles. Por Ej., sostiene que las historias fantásticas ubicadas en mundos imaginarios tienen más posibilidades de trascender que aquellas que transcurren en el mundo real (¿es que no son todos los “mundos del cine” imaginarios?), y defiende que el autor debe luchar por carecer de estilo, dejar su ego a un lado y rendirse a las necesidades de la historia. Y me parece una ingenuidad pensar que existe una manera “natural” de contar las historias ajena a las convenciones (o las maneras de hacer comunmente aceptadas) de la sociedad en la que han sido creadas. El estilo es parte de la expresión. Hasta cuando simulamos no tenerlo.

Pero creo que no son detalles demasiado importantes. Lo cierto es que McDonald en general argumenta  muy bien. Además, el hecho de que sea afroamericano y que a menudo recurra a ejemplos relacionados con historias de sus antepasados esclavos, distingue a The Golden Theme de cualquier otro libro de guión.

Y, si bien he dicho por ahí arriba que no tengo muy claro que todas las tesis de McDonald sean ciertas, la verdad es que me da envidia que tenga las cosas tan claras.

Yo reconozco que me resisto a creerle. De hecho, creo que estoy “programado” para no creerle. Como buen estudiante de Bellas Artes de mi generación, tengo grabada a fuego en mi subconsciente la idea de que por Ej. en arte contemporáneo lo abstracto es superior a lo figurativo (o al menos más inteligente),  que interpretar literalmente una imagen es trivializarla, que una imagen que permite esa interpretación es banal, que el verdadero arte no trata de la vida sino del propio arte, y toda una serie de ideas por el estilo. Cuidado, no digo que lo piense. Si me preguntarais qué opino al respecto os diría que todo eso me parecen estupideces. Pero igual que aún siendo agnóstico, mi educación católica condiciona mi manera de enfrentarme al mundo, esa forma de ver la creación artística está ahí acechando oculta en algún lugar de mi cerebro.

Hace tiempo que mi interés por el arte pasó a ocupar un espacio muy menor en mi vida, pero esa misma manera de pensar contamina a prácticamente todas las disciplinas creativas. En el cine, una y otra vez me encuentro con que la crítica sigue confundiendo farragoso con ambiguo y confuso con sugerente. Contar una historia con claridad, “puntúa” menos. ¡Y que a nadie se le ocurra usar una estructura tradicional, puntos de giro o crear un clímax! El equivalente fílmico del arte abstracto se ha convertido en el nuevo paradigma “molón” de la creación fílmica (aunque mal que les pese, no consigan despojarlo totalmente de carga narrativa). Lo indeterminado, lo equívoco, lo que deja “huecos” que puede rellenar el espectador es casi siempre señal de inteligencia y no de un guionista o un director inepto o perezoso.

Pero tampoco voy a extenderme más sobre este tema, especialmente cuando en este post de Vicisitud y Sordidez sobre las películas “Va y se acaba” lo explican muy bien y encima te ríes.

Y sí, sé que estoy generalizando. Además, reconozco que a mí también me gustan muchas de esas películas que se defienden en el “Cahiers…”, pero de cara a que se entienda lo que quiero contaros en tan poco espacio, creo que conviene dejar los matices a un lado.

Todo esto viene al caso de que con ese amueblamiento mental, me resisto a creer que las historias puedan o deban ser útiles para nada que vaya más allá de su propio disfrute.  Sin embargo, mientras escribía este artículo me he puesto a pensar en las películas que realmente me importan (algunas de ellas: Blade Runner, Jeremiah Johnson, Ladrón de bicicletas, Taxi Driver, La guerra de las galaxias, Deliverance), y me ha sorprendido descubrir que la mayoría de ellas son buenas representantes del “Golden Theme” de McDonald.  Luego, he pensado en los guiones que he escrito (rodados o no) y de nuevo me ha ocurrido lo mismo.

Una de mis películas imprescindibles

Quizá, como muchos guionistas, pese a que por mi condicionamiento cultural me resisto a aceptar como ciertas las palabras de McDonald,  en mi día a día, en mi manera de relacionarme con las historias y en mi trabajo, sin darme cuenta me comporto como si lo fueran. Imaginamos haber escapado a nuestra herencia genética y no. Por mucho que nos creamos otra cosa, ahí están nuestras neuronas “espejo”, decidiendo por nosotros cuáles son las películas que realmente nos emocionan, que nos tocan de cerca, aunque luego nos neguemos a reconocerlo. Porque ese es otro fenómeno curioso que si bien está relacionado con todo lo anterior me gustaría desarrollar en otro texto: el desprecio que existe por la emoción y el placer como forma de conocimiento y las coartadas que nos inventamos (los “placeres culpables”) para poder disfrutar de ciertas cosas sin erosionar la imagen que queremos transmitir de nosotros mismos.

Y en esa paradoja creo que estamos atrapados todos. A un lado y otro de la pantalla.


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