ENTREVISTA A ROBERTO PÉREZ TOLEDO

29 abril, 2011

por Ángela Armero

Hace tiempo que quería pedirle a Roberto Pérez Toledo que nos concediera una entrevista, especialmente ahora que ha culminado el rodaje de su primera película, “Seis Puntos sobre Emma“. Conozco a Roberto hace muchos años, admiro su forma de hacer cine y sus estupendos cortos, y su paso al largo me parece una buenísima noticia. Aunque todo eso ya es más que suficiente, una última hora “marcada por la actualidad” como suelen decir los presentadores de tele, le ha añadido aún más contenido a nuestra conversación: Roberto dice que le han plagiado su corto premiado en el Notodo Film Fest llamado “Los Gritones”, aquí podéis verlo:


Y este es el anuncio de la marca Kia que se está emitiendo actualmente en Canarias:

Roberto, vamos a despachar primero este asunto tan desagradable, si te parece. ¿Quienes son los “autores” de esta fusilada tan sonrojante? ¿Qué sabes de ellos? ¿Han contactado contigo para disculparse o compensarte de alguna manera? ¿Qué sensación te provoca ver esto?

-En primer lugar, se me quedó cara de tonto. Aluciné. Luego sentí indefensión… ¿De verdad los que hacen algo así se creen que no nos vamos a enterar? A mí me filtraron hace un par de semanas que esto se estaba gestando. Convocaron un casting para elegir al chico y a la chica del anuncio y directamente les pusieron “Los gritones” en un televisor diciéndoles: “Esto es lo que vamos a hacer”. La productora detrás del asunto responde al nombre de Imagia, que se escuda en que el guión del espot viene de una agencia de publicidad llamada Oportunidades. De ambas empresas me están llegando estos días las peores referencias.

En las redes sociales hay mucha gente expresando su solidaridad y denunciando esta situación. ¿Crees que la publicidad, la televisión o el cine se aprovechan de las fuentes de creación independiente? ¿Es un fenómeno extendido? Ahora mismo me acuerdo de un caso no tan evidente pero muy similar; el parecido entre el cortometraje “Phobia” de Ciro Altabás y este anuncio.

-Es un fenómeno complicado de analizar. Lo grande de este momento que estamos viviendo es que todo el mundo puede mostrar en la red sus pajas mentales o sus ideas maravillosas. A lo largo del día, estamos más expuestos que nunca a mil impactos visuales de cualquier índole. Vemos esto o lo otro y saltamos de un clic a otro a velocidad de vértigo.  Ese material esta al alcance de todos, tanto si entras a YouTube desde casa como si lo haces desde tu mesa en una agencia de publicidad en la que trabajas como creativo. ¿Que ocurre entonces? Que las ideas son peligrosamente intangibles. Pero, aún así, creo que sí existen unas fronteras claras y que todos somos capaces de reconocer a la legua cuando se traspasan. Me encanta que Internet sea un hervidero de estímulos que inspiran, de ideas que generan otras ideas, de semillas que te llevan a crear… Pero una cosa es esto y otra lo que han hecho con “Los gritones”, que clama al cielo porque ni siquiera se han esforzado por “disfrazar” un poco el plagio que estaban llevando a cabo.

¿Planeas tomar algún tipo de acción legal o… de otra clase?

-Te cuento como están las cosas ahora mismo, jueves por la noche. Tras un día de llamadas, dimes y diretes, el director de Kia Motors Canarias, José Manuel Garaña, me ha pedido disculpas personalmente y me ha prometido que en dos días la campaña estará retirada de televisión (estaba previsto que se emitiera hasta el 20 de mayo). Le he pedido también que Kia Motors Canarias haga un comunicado público reconociendo el error y anunciando la retirada de la campaña. Espero que la productora y la agencia de publicidad también se disculpen públicamente.

Y ahora vamos a hablar de ti, y de tu carrera, si te parece. Para los que no le conozcáis todavía, Roberto ha hecho un montón de cortos buenísimos. En este canal de Youtube podéis verlos. Si queréis conocer su vida, él la cuenta aquí, Es un texto tan emocionante como estremecedor que además muestra un sentido del humor y una forma valiente y admirable de entender el mundo. En su perfil biográfico habla de su atrofia espinal congénita y de su amor por el cine; a priori podría parecer que se trata de un idilio complicado, pero a tenor de su carrera y de la calidad de su obra está claro que Roberto lo ha conseguido: a pesar de las dificultades, el cine es su vida.

Cualquiera que haya rodado un corto sabe lo difícil que es; muchos, con menos obstáculos que tú, han tirado la toalla, se han rendido, han dejado que el fracaso o el cansancio les apartara de su vocación. Por esto yo no me resisto a preguntarte: ¿Cómo lo has hecho?

-¡No sé! Creo que mi discapacidad me complica la vida a muchos niveles, pero no precisamente a la hora de escribir o dirigir. Siempre digo que todo irá bien mientras no ambiente un guion en el Amazonas o en el desierto de Sáhara. Ahí tendría problemas porque mis ruedas se enterrarían, pero si puedo seguir contando historias en terreno sólido y lugares más o menos amplio, no habrá demasiado problema. Y creo que, de cara a perseverar en este frustrante camino, me ha venido muy bien ser ambicioso, tener una meta clara desde muy joven y saber con certeza que cualquier angustia que esta profesión me genere es más llevadera que la infelicidad que sentiría si no me dedicara a esto o si no lo intentara al menos con todas mis fuerzas.

Vuelco fue tu primer corto en 35 mm. ¿Qué recuerdas de aquel rodaje?

-Lo recuerdo como un paso esencial y una bestial lección de aprendizaje. El hecho de querer rodar en 35 me obligó a enfrentarme al mundo burocrático durante un año y pico, pidiendo subvenciones, rellenando esas plantillas horribles de presupuestos, lidiando con funcionarios majos y otros no tanto… Yo conseguí parte del dinero como autónomo y luego me asocié con La Mirada y El Cielo Digital, que buscó lo que faltaba, con Ana Sánchez-Gijón como productora ejecutiva. Y, conseguida la financiación, fue una gozada rodar por primera vez con una cámara de cine de verdad y latas de celuloide que se iban agotando en una excitante cuenta atrás, con un equipo grande y en condiciones, con todos los cargos cubiertos por profesionales que me daban mil vueltas en experiencia… Recuerdo con especial alivio además que fue la primera vez en que no me tenía que preocupar de lo que comía la gente. ¡Bendito catering contratado!

Parece que tu tema predilecto es el amor, las relaciones de pareja, a veces desde un ángulo muy romántico (“Vuelco”) y otras veces desde un lado más amargo y descreído, teñido de ironía (“Los Gritones”, “Nuestro Propio Cielo”.) ¿Es una evolución de tu discurso o ambos son compatibles? Utilizando como excusa las relaciones de pareja, ¿de qué otros temas gusta hablar?

-Son discursos compatibles, creo que dependen de la época de mi vida o de mi relación de amor-odio hacia el propio amor y los sentimientos. En cualquier caso, creo que sí que me tendría que empezar a renovar un poco temáticamente, pero así de pronto me nace menos ponerme con un thriller, una de terror o una comedia pura. Hay mucha chicha en el espectro sentimental y a mí me perturba demasiado todo lo que tiene que ver con vínculos confusos, amores y desamores, y me reconforta cuando los espectadores empatizan tanto con mis tormentos, jeje. De todas formas, temas como los que planteo en “Nuestro propio cielo” a mí me parecen más de peli de terror que una niña asiática con el pelo sobre la cara.

¿De qué va tu nueva película, “Seis puntos sobre Emma?”

-Es una prologanción extendida de muchos de estos temas que me apasionan. Una historia sobre la ceguera sentimental, sobre los palos de ciego que damos hasta descubrir lo que de verdad queremos, que no necesariamente es lo que creemos que queremos. Tras este trabalenguas, está la aventura de Emma, una joven ciega obsesionada con la idea de ser madre a toda costa. La peli cuenta la relación que entabla con dos posibles candidatos y lo que descubre de sí misma durante el camino. Pero sin ponernos trascendentales. He intentado hacer una peli muy accesible y disfrutable para un público amplio, nada plúmbea y hasta muy interactiva en la dosificación de la información. Divertida, luminosa y carismática: esos eran mis tres adjetivos favoritos durante el rodaje. Y para ello he tenido a mis actores como perfectos aliados.

¿Cuál es la mayor diferencia que has notado entre el mundo del corto y el largo?

-¡La cantidad de días de rodaje! Nunca había rodado más de cuatro días seguidos, y la idea de hacerlo durante cinco semanas en principio me asustaba un poco. Pero el sofoco se me pasó al tercer día y fue muy gratificante ir armando el puzzle jornada a jornada. Un puzzle con muchas más piezas que en un corto pero puzzle al fin y al cabo. Y con un equipo como el que tuve… ¡como para quejarme! En nuestro último día de rodaje, el 30 de diciembre, me sentía inevitablemente cansado pero te juro que habría rodado otra peli del tirón. Así de yonki te vuelve esto del cine.

¿Cuál ha sido la mayor dificultad que has tenido que encarar en el proceso?

-Como siempre, LA FINANCIACIÓN. Las pelas, las pelas y las pelas. Que el proyecto se abra camino, que sea tenido en cuenta por las televisiones, que te reciban y te escuchen en esos despachos… Y en la lucha estamos aún.

Tienes un reparto sensacional. ¿Cómo ha sido el trabajo de dirección de actores?

-Una pasada. Para mí esta peli ha sido como un máster en dirección de actores. Nunca había dirigido a tantos juntos, hay secuencias donde hay hasta diez personajes interviniendo al mismo tiempo… Pero he tenido repartazo de lujo y ha sido muy fácil. Con muchos de los actores (Verónica, Álex, Mariam, Nacho…) ya había trabajado antes en cortos y la sensación de conocimiento mutuo estaba muy presente. Son unos frikis de la interpretación, apasionados, siempre aportando ideas enriquecedoras… Estoy enamorado del trabajo de los actores en “Seis puntos sobre Emma”, y a todos les tengo que agradecer su entrega y generosidad. Hemos afrontado el trabajo desde la visceralidad, desde las tripas, arriesgando y evitando los caminos fáciles.

¿Qué nos puedes contar del proceso de escritura del guión?

-Empecé escribiendo a solas una primera versión. De 140 páginas nada menos. Aquello era imposible de rodar, así que La Mirada me puso en manos de un editor de guión, Peter Andermatt, con el que establecí una calendario de reuniones y objetivos. Al principio, cierto es que yo mismo era muy escéptico con la figura de Peter como editor. Un día hasta recuerdo que cuestioné sus consejos y él me respondió: “Escribir es como estar perdido en medio de una jungla repleta de peligros, yo sólo intento darte herramientas para que mueras más tarde”. El símil me encantó y desde entonces idolatré a Peter como si fuera mi señor Miyagi particular. Su aportación al proceso de escritura ha sido extensa y rica, convirtiéndose finalmente en coguionista. Y juntos habremos perpetrado seis o siete reescrituras del guión hasta el momento del rodaje.

Por último, me gustaría que dieras algún consejo a los aspirantes a guionistas o a directores de cine sobre cómo asomar la cabeza en el mundillo.

- Cuando me preguntan algo así, siempre digo más o menos lo mismo, que no puedo concebir el cine como un capricho, como algo que a uno se le pase por la cabeza un día cuando se levante en plan “pues voy a ser guionista o director de cine”. En esta carrera, normalmente y a menos que tengas una estrella en el culo o unos cuantos “padrinos”, todo cuesta mucho y es muy lento y frustrante, así que mi consejo sería: si eres capaz de ser feliz dedicándote a cualquier otra cosa, dedícate a cualquier otra cosa. Y si finalmente sientes que solo puedes dedicarte a esto, pues escribe y rueda, todo el rato, como sea, donde sea, con la cámara que sea, con tu móvil si hace falta… Ten siempre cinco proyectos a la vez y no te eternices preparándolos. Lo importante es hacer cosas, acumular experiencia, aprender para lo siguiente, sumar y seguir… A mí me ha venido bien primar el qué sobre el cómo. Claro que muchos de mis corticos podrían estar mejor rodados y más perfectos técnicamente, pero si hubiera esperado a contar con el equipo y el dinero necesario, probablemente no habría hecho muchos de ellos. Así que viva la inconsciencia, coge la cámara, a actores que te inspiren y rueda con lo puesto. Que si te sale un truño, nadie habrá perdido nada, pero si te sale algo chulo, mira qué bien.

“Seis puntos sobre Emma” se estrenará, previsiblemente, en octubre.


LA MEDIA PENA – LA VISIÓN DEL GUIONISTA (II)

28 abril, 2011

Rodaje de "La Media Pena"

Por Guionista Hastiado

Como ya les contaba en el anterior post, hace unas semanas presencié el rodaje de “La media pena”, cortometraje que escribí hace un tiempo y que ha sido dirigido por Sergio Barrejón. Si ustedes son guionistas y han estado alguna vez presentes en un rodaje, convendrán conmigo en que la mayor parte de las veces la palabra que mejor define la labor del guionista en el plató es “sobra”.

Las funciones básicas de un guionista en plató suelen ser: tropezarse con los cables, meterse en plano cuando se está rodando, alternar con gente que no sabes muy bien qué función tiene y poner caras de “esto yo me lo había imaginado de otra manera”.

Vale, no siempre es así. En televisión, donde se trabaja muy rápido y con menos relación entre los equipos de guión y dirección de la que sería recomendable, es posible, y aconsejable, que un guionista apoye la labor del director, fundamentalmente aconsejando en cuestiones de acting. Es un trabajo delicado, porque es fundamental comprender que en un plató el director es dios, o debe serlo. No puede haber distintas opiniones, o al menos nunca debe transmitírsele esa sensación al equipo técnico ni al elenco interpretativo. Si el guionista tiene alguna matización que hacer respecto a algún plano, debe comunicárselo sutil y discretamente al director, que será quien valore la aportación y decida al respecto, y quien comunique las decisiones. No hay nada más feo que un director y un guionista dando indicaciones en direcciones opuestas.

En el caso concreto del rodaje de “La media pena”, la presencia del guionista era francamente innecesaria. Lo que se tenía que discutir acerca del guión ya se había discutido antes, y era Barrejón el que tenía en su cabeza la planificación, la realización y el plan de grabación del corto. Aun así, él me ofreció la posibilidad de estar presente, y la verdad es que a mí también me apetecía, así que me dispuse pacientemente a pasarme dos días enteros molestando a gente que de hecho sí estaba trabajando.

Por suerte, como ya comenté, se me ofreció la oportunidad de colaborar ejerciendo como foto fija. El “foto fija”, para quien no lo sepa, es el fotógrafo de rodaje, el tipo que se encarga de tomar instantáneas del equipo, de la grabación y de momentos de la historia rodada que luego se pueden utilizar como imágenes de venta o promoción del film.

Haciendo fotos durante el rodaje

En mi caso, no soy más que un fotógrafo aficionado, amateur, que lleva unos cuantos años aprendiendo el oficio por su cuenta, pero algún inconsciente consideró que eso era suficiente para cumplir en el corto. Mi problema es que nunca había ejercido esta función y no sabía muy bien qué se esperaba de mí. Por suerte, el día anterior al rodaje me crucé con el foto fija de “Hispania” y “Gran Reserva”, Manuel Fernández-Valdés, un tipo estupendo y un gran fotógrafo del que pueden aprender algunas cosas aquí, y al que le pedí algún consejo. Él me dio uno rápidamente y sin dudar: “pide la foto. Aunque te dé corte, pídela”.

Y me explico: una de las labores del foto fija es conseguir imágenes de la historia que se rueda. El problema es que no se pueden sacar fotos mientras se está rodando, tanto por el ruido que emite la cámara, como por el flash que puede manchar la imagen. Así, las posibilidades se limitan a dos momentos: los ensayos previos al rodaje de la escena y, sobre todo, el momento inmediatamente posterior a cortar. Es ahí cuando tienes a los actores en posición, maquillados, vestidos, metidos en papel…

Normalmente se hacen varias tomas de un plano o una secuencia. Y cuando se da la toma por buena, inmediatamente todo el mundo se pone a trabajar para preparar el siguiente plano: los actores se van a su camerino a vestirse y maquillarse, los eléctricos empiezan a mover los focos y los de arte empiezan a mover muebles y objetos… así que el foto fija debe imponerse y solicitar al primero de dirección “¡Foto!”. El primero, entonces, pide a todo el mundo que se quede quieto y tienes unos segundos para disparar mientras el resto del equipo te mira pensando “¿por qué coño perdemos el tiempo en esto cuando nos quedan veinte planos por rodar?”.

Pero no hay otra manera de hacerlo, y gracias al consejo de Manuel pude conseguir algunas buenas imágenes que posiblemente servirán para dar a conocer el corto y que, de otra manera, hubieran sido imposibles de obtener.

Respecto a mi papel como guionista “de rodaje”, fue prácticamente inexistente. A veces Barrejón me preguntaba mi opinión sobre algún plano, un detalle, algún momento interpretativo… y por lo general mi respuesta era que todo estaba bien, o como mucho podía darle alguna matización personal. El director es dios, y hay que confiar en él. Y confiar en alguien no significa considerar que va a hacer las cosas como a ti te gustaría (acepción que, por desgracia, es la más común en nuestros oficios), sino creer que su propia manera de hacerlo también va a funcionar, e incluso va a lograr que el resultado sea mejor.

Para mí supuso un soplo de aire fresco también el paso al ritmo “cinematográfico”. Acostumbrado como estoy al quehacer frenético de televisión, es una gozada ver cómo cada línea de tu guión se traduce en planos rodados con mimo, paciencia y buen gusto, donde los encuadres, los movimientos de cámara, la iluminación y cada detalle de vestuario y atrezzo están pensados, no improvisados.

Ni qué decir tiene que admiro y estoy muy agradecido a todo ese equipo de profesionales que trabajaron gratis en el corto aportando su granito de arena en un proyecto ajeno. Para quien lo desconozca, lo de currar gratis en cortos es algo muy habitual. Sí, incluso aunque haya subvención (el dinero disponible suele emplearse en cuestiones básicas de producción y postproducción).

Rodaje nocturo de "La media pena"

En realidad no se trata exactamente de gente desinteresada que decide currar por amor al arte: colaborar en un corto no sólo es una forma magnífica de aprender y mejorar, sino también de establecer relaciones profesionales con gente que algún día puede llamarte para trabajar. Es una labor yo diría que imprescindible para todos aquellos profesionales que se están iniciando en la industria.

Destaco especialmente la colaboración inestimable (y no remunerada) de los dos protagonistas del corto, Luis Callejo y Tania Roberto, que hicieron un trabajo magnífico esforzándose como si se tratara de la más ambiciosa producción estadounidense. Eso es profesionalidad. Con Luis, además, compartí muchas escapadas nicotínicas que estoy seguro de que serán el comienzo de una buena amistad.

Luis Callejo y Tania Roberto

Hace pocos días pude ver un premontaje de “La media pena” y la impresión fue muy buena. Las versiones “en bruto” de un montaje pueden resultar descorazonadoras para quienes no estén acostumbrados a ellas: faltan por pulir muchos detalles, no hay todavía una mezcla de sonido, ni etalonaje, ni efectos de “pospo”… pero uno debe saber ver más allá de todo eso y hacer un esfuerzo por descubrir si lo que hay en pantalla, en líneas generales, funciona narrativamente.

Estoy bastante convencido de que quedaré satisfecho con el resultado final, así como con la experiencia de escribir un corto rodado por un director ajeno. El mero hecho de haber tenido esa experiencia compartida es un aprendizaje inestimable que no se puede obtener de otra manera. Francamente, espero repetir. Y, por supuesto, que “La media pena” les guste, o al menos les entretenga un rato, cuando tengan oportunidad de verlo.

Gracias a todos por leer.


LA SUERTE

27 abril, 2011

Por Chico Santamano.

Una mañana de 1995 salía del instituto cuando tuve la suerte de encontrarme con Raúl, un amigo de toda la vida. Me comentó que Gabi, otro colega, se había apuntado a un grupo de teatro aficionado y se lo pasaba de puta madre. Raúl, David y unos cuantos más nos apuntamos sin pensarlo. Formamos lo que posiblemente fuera el grupo de teatro aficionado con más chicos heterosexuales de la Península Ibérica y durante varios años llegamos a estrenar cinco obras de teatro. Dos de ellas escritas por un servidor.

Gracias a aquella inconsciencia adolescente, nos juntamos unos cuantos y pasamos del teatro a los cortos. Hicimos uno en formato U-Matic (telita). Tuvimos la suerte de que ese corto, escrito reguleramente y realizado muy malamente por mí, fuera seleccionado por un importante festival de cortometrajes. Con esa excusa, me entrevistaron en un medio local… y a raíz de esa entrevista conocí a un tipo con el que escribí mi primer largo… y gracias a ese tipo tuve la suerte de que ese largo se convirtiese en mi primera peli como guionista.

Tuve la relativa suerte de que esa primera peli fuera un relativo éxito en taquilla y un completo fracaso de crítica. Tuve la suerte de que las críticas me curtieran. La suerte de no tener la suerte del principiante. La suerte de tener TODO por demostrar.

Al mismo tiempo que mi primer guión se hacía realidad, tuve la suerte de encontrar un foro en internet. Un foro por el cual los que allí escribíamos diariamente nos ganábamos el calificativo de “frikis” por parte de aquellos a los que les parecía raro que la peña se conociera “por internet”. Pues por internet conocí a una generación de guionistas, actores, directores, escritores, cómicos… gente que rebosaba talento y ganas de hacer cosas. De alguna forma, escribiendo, riendo, criticando y planificando en aquella web, forjamos nuestra propia pomada.

Gracias a la ayuda de algunos de esos amigos del foro, he levantado los proyectos profesionales que más me ilusionan. Gracias a la ayuda de otros foreros me desprendí de proyectos vitales que no me hacían feliz.

De mis primeros pasos en esto del cine salieron otras grandes amistades y de esas grandes amistades surgió la inconsciencia juvenil de crear una productora. De esa productora no salió mucho, la verdad. Pero durante los años que duró ese capítulo de nuestras vidas, tuvimos la suerte de ir recopilando material y contactos con los que conseguimos llevar a cabo un proyecto pequeñito e independiente para internet. Con este proyecto pequeñito tuvimos la suerte de tener otro relativo éxito. Gracias a ese relativo éxito conseguí ser coordinador de una serie de televisión meses después.

Al mismo tiempo que escribía largos, levantaba una productora, “tonteaba” en el foro, creaba biblias condenadas al fracaso antes de ver la luz, y mi vida personal se iba a pique y la volvía a reconstruir… un buen día decidí escribir un blog. Por suerte las andanzas, cotilleos y opiniones de Chico Santamano comenzaron a ser interesantes para unos cuantos compañeros del gremio. Y les puedo asegurar que gracias al blog he conocido a más guionistas que en toda mi vida profesional previa. Eso, amigos, son contactos. Y los contactos son trabajo.

Ahora curro en una nueva serie, gracias a esos contactos surgidos por el blog, y si nada se tuerce a finales de este año estrenaré nueva peli escrita a cuatro manos con un colega del foro. ¿Saben quién nos puso en contacto con el productor? Otro miembro de ese mismo foro.

Cuando la gente que empieza pregunta qué hay que hacer para currar en esto, la palabra SUERTE es inevitable. Pero no olvidemos que esta no viene sola. “Estar en el sitio adecuado, en el momento adecuado” no es sólo cuestión de suerte. Es cuestión de ESTAR.

Yo tuve la suerte de estar en un grupo de teatro aficionado. Tuve la suerte de estar en el rodaje de un corto. Tuve la suerte de estar durante años en ese foro. Tuve la suerte de estar y montar una productora. Tuve la suerte de irme de ella cuando no debía estar más. Tuve la suerte de estar y apostar por internet en una época sin curro. Tuve la suerte de escribir regularmente un blog y poder estar en Bloguionistas. En definitiva, tuve la suerte de estar para poder abrir la puerta a la suerte.

No dejen nunca de hacer cosas.

Mucha suerte.


BREVES

26 abril, 2011

por David Muñoz.

1-El momento más difícil.

Hace tiempo un alumno me preguntó en clase cuál era el peor momento por el que pasaba un guionista cuando estaba trabajando en un proyecto, y creo que, medio en broma, medio en serio, le contesté algo así como “cuando el productor no te paga”.

Pero en realidad no creo que ese sea la ocasión en la que más sufrimos de verdad los guionistas.

No, creo que el momento en el que más sufrimos es cuando abrimos nuestra cuenta de correo y descubrimos que nos han llegado las notas sobre nuestra última versión del guión del director/productor/editor para el que estamos trabajando.

Y da igual que las notas sean positivas o negativas, que te ayuden a mejorar lo que has escrito o que te metan en un callejón sin salida. Sean como sean, saber que están ahí, esperándote, suele dejarte por los suelos. Sobre todo porque siempre quieren decir que vas a tener que darle “otra vuelta” al guión. Y después de pasarte semanas, quizá meses*, trabajando en él, invirtiendo toda tu energía en rematarlo, tras entregarlo te sentiste… no sólo agotado… sino drenado. Por otra parte, aunque no te importa que cuando escaletas una historia no seas prácticamente capaz de pensar en otra cosa, llega un momento en que tú cerebro te pide a gritos que en vez de estar obsesionado con cómo cerrar en alto el segundo acto, le permitas… yo qué sé… canturrear una canción.

Lo de “darle otra vuelta” es como si a un futbolista le pidieran repetir el partido que acaba de jugar cuando en lo único en lo que puede pensar es en pegarse una ducha y echarse a dormir,

Pero, aunque no sabes de dónde va a salir el remanente de energía que te va a permitir abordar la nueva reescritura**, al final, te “arremangas”, abres el documento y te pones a escribir. Y a veces, hasta consigues entusiasmarte de nuevo. Pero no resulta nada fácil. Para encontrar una nueva permutación de una historia que ya has escrito (sobre todo si la versión anterior te ha resultado satisfactoria) tienes que enfrentarte a ella con una distancia que no suele permitir el poco tiempo del que casi siempre dispones para escribirla.

Tu vida como “el día de la marmota”.

Quizá por eso me gusta tanto dar clase, o hacer de vez en cuando otros tipos de trabajos.

Nadie te llama después de terminar una clase para pedirte que la repitas “dándole una vuelta”.

*Yo llevo desde Diciembre reescribiendo el mismo capítulo de una serie de televisión. Os prometo que ya soy capaz de recitar los diálogos de memoria…

**Y tampoco puedes decir aquello que dijo el guionista William Goldman al abandonar el proceso de escritura de un guión: “Soy demasiado viejo y demasiado rico para tolerar tanta estupidez. Me voy”. Yo me temo que aunque espero llegar a viejo, nunca seré rico.

2-Aprendiendo.

Hace poco escribí aquí una entrada recomendando el libro ¡Salva al gato! de Blake Snyder, y, en los comentarios, hubo varios lectores de este blog a los que les pareció fatal que recomendara un libro escrito por un guionista de películas familiares de Disney que además se “atrevía” a atacar películas como “Memento”.

Pero, como intenté explicar en una respuesta a alguno de dichos comentarios, creo que es un error pensar que solo podemos aprender de aquellos que comparten con nosotros gustos, predilecciones narrativas y/o estéticas, etc.  En mi caso, la vez que más he aprendido sobre la escritura de guiones de cine, estaba trabajando con un tutor cuyos gustos como espectador eran diametralmente opuestos a los míos. Porque lo que uno aprende de otros cuando lee un libro o trabaja en un guión con un tutor no es a valorar más un género u otro, o a preferir un tipo de cine sobre los demás. No, todo eso lo llevas tú ya “puesto” de casa. Lo que aprendes son herramientas narrativas, estrategias, estructuras, que luego tú puedes aplicar cómo te dé la gana para escribir el tipo de película que te apetezca. Y obviamente, puedes aprender muchas cosas de ¡Salva el gato! y luego usarlas para escribir el guión de una película mucho más experimental incluso que “Memento”.

Estaba pensando en todas estas cosas cuando me encontré un artículo en el último número de la revista Classic Rock en el que Vinnie Paul, el batería del grupo del desaparecido grupo de heavy metal Pantera hablaba de sus influencias como compositor. Y no citaba a Metallica (por poner un Ej. de grupo anterior con el que sea fácil relacionarle). No, mencionaba a Kiss, un grupo de rock cuya música aparentemente no tiene nada que ver con la de Pantera.  “Pantera eran una banda tan heavy que nunca lo habrías adivinado, pero Kiss fueron una influencia enorme en la manera en la que eventualmente escribí mis propias canciones”, decía el batería. ¿Y en qué se fijaba Vinnie Paul? Pues en la estructura de la canciones, en las melodías y en los ritmos.

Así que…

…con las mismas “herramientas” puedes escribir una canción así:

O así:

Y, si no eres músico sino guionista, leer a Blake Snyder y aprender de él no quiere decir que solo puedas escribir el tipo de películas que él escribía.


A FORMAR

25 abril, 2011

Por Guillermo Zapata

Llevo unas semanas dándole vueltas a la cuestión de la formación de los guionistas.

La formación se supone que es un proceso por el cual alguien que no sabe algo, empieza a saber ese algo. Simplificando podríamos decir que la formación del guionista puede ser de alguna de estas dos maneras.

1.- Aprender a escribir guiones es un proceso complejo, que requiere un nivel formativo alto, un estudio constante y una fuerte necesidad de ser enseñados.

2.- Aprender a escribir guiones es un proceso relativamente simple que requiere de un nivel formativo bajo, un estudio no demasiado intenso y no necesita que nadie nos enseñe.

La verdad del proceso está en algún lugar de entre estas dos máximas un tanto artificiales. No voy a insistir en las cosas que varios de mis compañeros de bloguionistas han explicado mucho mejor que yo a lo largo de muchos artículos publicados. Ya tenemos más o menos claro que alguien que quiere escribir guiones suele:

1.- Escribir guiones (parece una obviedad recordarlo, pero no conozco a nadie que quiera dedicarse a esto que no haya empezado a dedicarse a esto antes de tener la más remota idea de cómo se dedica uno a esto. Me incluyo)

2.- Leer cosas relacionadas con los guiones: manuales, entrevistas a otros guionistas y ahora también sus blogs, artículos relacionados, etc. Por supuesto, también guiones.

Dato: La mayor parte de los guionistas profesionales que conozco siguen comprando y leyendo libros sobre la escritura de guiones. Así que es posible que uno no termine nunca de aprender o bien que a uno le interese lo que otros que hacen cosas parecidas tengan que decir sobre el arte de hacerlas.

3.- Participar en cursos, seminarios, talleres, etc.

Haciendo estas tres cosas cualquier persona con dos dedos de frente sabe escribir un guión. No tiene porque ser un buen guión, o si quiera un guión interesante. Eso depende de otros factores con los que no merece la pena aburriros (Me remito de nuevo a los excelentes artículos de mis compañeros)

Como veis, las tres cosas con relativamente baratas. Los seminarios, talleres y cursos son, en general, breves y, si bien son algo caros, es fácil seleccionar cual debe realizar cada uno.

Sin embargo, últimamente me encuentro cada vez más ejemplos de una curiosa tendencia: larguísimos procesos formativos en el mundo del guión (de años) Con carísimos procesos formativos en el mundo del guión (de varios miles de euros) y sobre todo, cuyo objetivo no es “aprender a escribir guiones” sino “conseguir trabajo como guionista”

Y no me refiero exclusivamente a los deseos de los estudiantes de los mismos, sino a la propia propaganda de los cursos, muy empeñada en señalar que son impartidos por profesionales del sector en activo (La experiencia profesional pasada, por ejemplo, no está tan bien valorada como el petarlo AQUÍ Y AHORA)

Es más o menos habitual que las grandes productoras audiovisuales tengan su propio servicio formativo (En general en forma de masters ligados a universidades casi siempre privadas) O que productoras algo más pequeñas lleguen a acuerdos de formación con universidades públicas que también pueden ofertar que ya no están allí para enseñar nada, sino para servir de correa de transmisión con el mercado audiovisual.

Toda esa masa de estudiantes o personas en “pre-formación” están, o bien pagando mucho dinero por, en el fondo, intentar acceder al mercado laboral, o bien teniendo contratos en condiciones que son, como mínimo, opacas al resto de los mortales y el escrutinio público. Por si había alguna duda, la tasa de personas que acceden al mercado audiovisual es, en comparación a la oferta de cursos, etc. Muy pequeña.

Si estás en condiciones de pagar las cantidades de dinero que ofrecen los masters privados o estás dispuesto a tragar con las condiciones que ofertan las universidades públicas, estás enhorabuena, la correa de transmisión te está esperando. Solo tienes que esperar a que te llamen a formar.

Si por el contrario no puedes pagarlo o no quieres aceptar cualquier tipo de sueldo para escribir en la cuenta de twitter de un personaje de moda y llamar a eso “formación en escritura audiovisual” van algunos consejos.

1.- La red está llena de información tanto en forma de manuales como de testimonios. Lee, lee y lee todo lo que puedas. Es Gratis.

2.- Recuerda que la empresa audiovisual tiene tanta hambre de estabilidad como de novedades. Encargate de las novedades. Usa el dinero que ibas a gastarte en el master en escribir una webserie con algunos amigos.

3.- Presiona para que tu universidad realice actividades formativas gratuítas u organízalas tu mismo. Los guionistas somos gente egocéntrica e iremos a contar nuestra vida y milagros a cualquiera… aunque no nos paguen.

4.- Ya que estás con la universidad, obliga a que haya un control de las condiciones laborales de los becarios y unas condiciones mínimas para poder establecer acuerdos entre universidades y productoras.

5.-Si tienes que elegir pagar por un curso, prima aquellos en los que se funciona en forma de taller, con contacto directo e intenso con los profesores durante un tiempo. A poder ser que desarrolle algún tipo de proyecto como parte de la formación.

Por cierto, estate atento siempre de que lo que crees en un curso sea propiedad tuya y no de quién organiza el curso.

No es fácil, pero es mucho más divertido. Y acabas sabiendo más o menos las mismas cosas.


LA EDAD DE BRONCE DE LAS SERIES ESPAÑOLAS

20 abril, 2011

Por Chico Santamano.

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Atención. A continuación podrán leer un post nada llorón, complaciente y pelín iluso y en el que me congratulo bastante del panorama televisivo actual. Cínicos y/o guionistas con blog abstenganse de seguir leyendo.

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Hace unas semanas un colega se planteaba una duda existencial. ¿Por qué en Gran Bretaña hacen series que están a años luz de las nuestras? No tienen una población muchísimo mayor que la de España y con IT Crowd o Misfits demuestran que el presupuesto no es tan importante, por lo que las sobadas excusas del multitarget (tramas para el abuelo y la niña globomedia) o la pasta quedaban completamente anuladas.

A este colega se le olvidaba tener en cuenta otros aspectos, claro…
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…los ingleses suelen hacer temporadas de SEIS episodios. Lo cual te permite dedicarle una cantidad de tiempo maravilloso a cada uno de los capítulos. Ya saben que en esto del audiovisual español el tiempo no brilla como el oro, pero cuesta como el platino.
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…los ingleses tienen una tradición larguísima en ficción. Non stop desde Shakespeare hasta las grandes producciones de la BBC. Ellos no han tenido un parón de cuarenta años por cortesía de una dictadura cateta. Cuarenta años del audiovisual donde directores, actores, técnicos y guionistas han tenido que aprender sobre la marcha, sin una formación adecuada ni la posibilidad de contar con unos presupuestos dignos.
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…si los curritos del set están en pañales imagínense los directivos de las cadenas. ¿No les alucina leer noticias como estas? Un canal de televisión va como el culo y ponen al frente a un tipo que viene del diario Marca. ¿Cuántas veces no se han sentado en un despacho y han pensado “Madre mía… ¿qué sabe este tipo de tele?”. Yo he visto poner cara de poker a una responsable de ficción de una cadena generalista de este país al hablarle de “The office”, “Curb your enthusiasm” o “Arrested development”… ¡No tenía ni idea de qué hablaba!
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Por suerte el relevo generacional también se está dando en los despachos y nos encontramos con una nueva hornada de ejecutivos dispuestos a arriesgar de verdad con nuevos géneros. A juzgar por el panorama actual ya no podemos decir que siempre se hace lo mismo. Si hace DOS años nos hubieran dicho que en nuestra parrilla iban a convivir series de romanos, piratas, ángeles y demonios, ninjas, cárceles futuristas, barcos en entornos apocalípticos, forajidos, niños con superpoderes… no nos lo creeríamos, ¿verdad?
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La revolución ha llegado al fondo de las series, a ver si ahora conseguimos revolucionar la forma. Ya saben… formatos de 25 y 45 minutos YA, por favor. Compañeros que confeccionáis las parrillas… ¿Y si os hacemos dos de 45 en lugar de uno de 80 y ya vosotros, si eso, los emitís del tirón? Con todo el cariño os lo digo… Sois un coñazo con estos formatos imposibles.
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En fin… que vivimos una era de bronce de la que podemos sentirnos orgullosos y esperanzados. Claro que no estamos todavía al nivel de “The Shield” o “Dexter”, pero coño… No podemos llegar a esos puntos de excelencia sin pasar por hacernos un “Equipo A” o un “Coche Fantástico”. Y ahí estamos, en ese momento de “amago de serie generacional” que con la perspectiva del paso del tiempo se ve con vergüenza, pero que en su momento se disfrutaron de lo lindo.
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Es evidente que nos queda un largo camino. Pero en los últimos años nos hemos plantado en los 80 casi casi sin pasar por los setenta.
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Felicidades.


CÓMPRATE UN PERRO (O MEJOR, ADÓPTALO)

19 abril, 2011

por David Muñoz.

Once razones para que un guionista compre un perro o lo adopte:

1-Es una manera estupenda de hacer ejercicio todos los días. Yo, como tantos otros compañeros de la tecla, me he apuntado a un gimnasio en un par de ocasiones.  Y también como la mayoría de ellos*, después de ir unas cuantas veces y descubrir que lo mío no era sudar la gota gorda, lo dejé tras un par de meses en los que a pesar de seguir pagando mi cuota no conseguía encontrar tiempo ni un solo día para hacer realidad aquello del “corpore sano”. Pero un perro no te permite ser perezoso. Aunque haga frío, llueva o se pueda freír un huevo sobre el asfalto, tiene que salir a la calle al menos dos veces al día. Y, si eres un dueño “césarmillanista” como yo, y estás convencido de que para tu mascota sea equilibrada necesita hacer bastante ejercicio cada día, terminas pasando hora y media en la calle caminando a buen paso de un lado para otro.

Mi perra (una cocker con mucho genio), justo después de que la rapáramos.

2-Los guionistas que trabajamos en casa tendemos a ir un poco a lo loco en cuanto a los horarios. Si no tenemos hijos o un perro es normal que una noche nos acostemos a las cuatro de la mañana escribiendo y que al día siguiente nos levantemos cuando pinte. Vivir así puede ser hasta divertido cuando tienes menos de 40 años, pero a partir de entonces os aseguro que trasnochar ya no resulta tan fácil cómo antes y que llevar una vida más o menos ordenada te ayuda a sentirte mejor e incluso a ser más productivo. Y con un perro ya no te puedes permitir ser tan caótico. Bueno, sí que puedes, si no te importa levantarte por la mañana y descubrir que el animal se ha meado delante de la puerta o dormir con sus aullidos de fondo mientras te pide desesperadamente que le saques a la calle antes de que le reviente la vejiga. Pero como los guionistas no solemos ser mala gente, lo más probable es que prefiramos cambiar nuestros horarios a ver sufrir a un perro.

3-Venga, reconozcámoslo. Muchos de los que nos dedicamos a esto tenemos cierta tendencia a la melancolía, a la introspección, a regodearnos en nuestros sentimientos negativos, a por Ej.  fantasear con la idea de tirar la toalla de vez en cuando (especialmente si acabamos de recibir las notas del productor sobre la última versión del guión que estamos escribiendo). Eso no quiere decir que seamos gente triste. Pero, especialmente si trabajamos solos, el desánimo puede ser un enemigo tan peligroso como la pereza. Te levantas por la mañana, piensas en lo que tienes que hacer ese día y no te apetece, pero nada de nada (a mí me ha pasado hoy por Ej.). Desayunas, todavía con el pijama puesto te sientas delante del ordenador, miras si has recibido e-mails, navegas por las páginas que te interesan, y cada vez estás más de bajón. Todo te afecta, todo te parecen signos de que el mundo no funciona, de que nada merece la pena, y mucho menos tu trabajo. Y al final en vez de escribir acabas tumbado en  el sofá viendo un episodio de alguna serie. El Pepito Grillo  autocompasivo que vive en el lado oscuro de tu cerebro se ha salido con la suya.

Pero, si tienes un perro, resulta más difícil que Pepito venza. Te vistes, sales a la calle, el aire frío te espabila, te cruzas con gente que va medio dormida camino del trabajo y vuelves a recordar porqué un día preferiste este trabajo a muchos otros, caminas, pasan todas esas cosas que los apologetas del ejercicio dicen que pasan cuando pones tus músculos en marcha, y cuando por fin te sientas delante del ordenador, Pepito está durmiendo a pierna suelta, permitiéndote encarar el día con un poco más de optimismo.

4-Conoces gente con la que nunca tratarías normalmente. Tarde o temprano, si quieres que tu perro socialice con otros, lo normal es que acabes integrándote en una de esas “perripandillas” que suelen verse entre las ocho y las diez de la noche en prácticamente cualquier parque. Y en todas suelen darse cita personas que de otra manera nunca habrían cruzado una palabra. En la “mía” hay españoles, argentinos, ecuatorianos, heteros, gays, jóvenes, viejos, profesores de universidad, señoras de la limpieza, empleados de Caja Madrid, etc.  Es una manera estupenda de saber cómo piensa gente que no tiene nada que ver contigo. Así, es difícil que te pase como a algún amigo mío guionista que parece convencido de que “la gente” en realidad disfrutaría más de las series de la HBO que de “El barco” si Antena 3 las emitiera a las 10 de la noche, prefiere ver la tele en Internet a sentarse por la noche delante de la caja tonta como se ha hecho toda la vida, y mira la hora en su móvil (o en su Smart phone, Iphone o el “phone” que sea) y no en su reloj de pulsera. Pero no, en las perripandillas la gente dice cuando se va a casa que “a ver si ponen por la tele algo bueno esta noche”, llama “Torrente” a Santiago Segura, la mayoría no tienen un Iphone ni parecen tener el más mínimo interés en comprarse uno, y claro, están convencidos de que los de la tele y el cine vivimos del cuento y de las subvenciones. Mi amigo se creer que “la gente” son solo sus amigos.

Y por supuesto, las conversaciones que tenemos cada noche son una fuente inagotable de historias que jamás se te pasarían por la cabeza. Además, si tienes suerte y como yo te encuentras con gente maja, encima pasas un buen rato.  Sus perros se convierten en la manada de tu perro, y ellos en la tuya.

5-Tu perro no es una persona, es un animal. Percibe el mundo de una manera totalmente distinta a la tuya. Convivir con él es lo más cerca que vas a estar de saber cómo entiende la realidad y se comporta una criatura de otro planeta. Al humanizar a los animales no les estamos haciendo ningún favor**. Lo interesante de ellos es que precisamente no son como nosotros. Sus prioridades son otras. Buscan afecto, desde luego, pero ante todo quieren liderazgo y sentirse parte de una manada bien organizada; no saben que es lo malo ni lo bueno, no tienen moral, no piensan en el pasado ni en el presente, viven en el momento. Es una gran experiencia para un guionista. Convivir con un marciano, tratar de entenderle sin pasarlo por el filtro de la humanidad, aprender a diferenciar cuánto hay nuestro en la percepción que tenemos de él y cuánto es una expresión de su verdadera personalidad. Exactamente lo mismo que tenemos que hacer cuando creamos un personaje.

6-Paseando a tu perro te das cuenta de que los parques están llenos de mierda por culpa de los impresentables que no recogen las cacas de sus mascotas. Encima, los “damnificados” solemos ser los dueños de otros perros, que somos las que las pisamos cuando vamos a recoger la caca del nuestro. Pero en fin… como algunos a veces escribimos desde la rabia, no viene mal tener un arrebato de misantropía de vez en cuando.

7-Cuando llegas harto de una reunión no hay nada mejor que ver la alegría con la que te recibe tu perro (cosa que no hay confundir con el histerismo; que suele ser más bien o una respuesta condicionada de forma involuntaria por el dueño o la forma que tiene el animal de decirte que necesita hacer ejercicio y gastar toda esa energía que ha acumulado mientras tú estabas consumiendo la tuya en la reunión).

8-Lo mismo te animas y acabas leyendo este libro:

La sonrisa permanente de César Millán da grima, y su “estilo” literario propio de un libro de autoayuda puede producir sarpullidos en el lector hipersensible a la mala escritura, pero aunque al principio cueste creerlo, Millán sabe muy bien de lo que habla. Os lo aseguro. Lo he visto con mis propios ojos. Su método funciona. Y seguro que hay muchos guionistas (que siempre andamos con la autoestima por los suelos) a los que le vendrían bien sus consejos para ser un líder más sereno y firme.  Para aprender a imponer respeto sin perder los papeles pero también para defender lo que es justo sin acobardarse ni resultar agresivo.

Además, leerlo te servirá para saber si debes tener un perro, o más bien, si estás dispuesto a asumir los compromisos que requiere ocuparse de él. Porque ni todo el mundo puede, ni debe.

9-Te ayuda a entender que lo importante no es sólo qué pasa, sino a quién le pasa. Trama y personaje van unidos. Seguramente, otro guionista podría escribir un artículo muy parecido a este, quizá utilizando argumentos muy parecidos a los míos, titulado “10 razones para no tener perro”. Todo es cuestión de punto de vista.

10-Puedes ver esta película…

Increíble pero cierto: es una buena película.

…y terminar llorando desconsoladamente. Si además ya has perdido alguna vez a una mascota, prepara el paquete de kleenex (o dos).

11-Si vives en mi barrio, puedes ver como un bóxer enorme pero buenón llamado Rocco trata de sodomizar un día sí y otro también al perro salchicha de un conocido y majete guionista algo mayor que yo.

*Os parecerá mentira, pero también hay guionistas “cachas”. Uno de ellos escribe en este blog, os lo juro. Pero no suele ser lo normal. Hace tiempo, en un curso que reunía a guionistas con actores, me di cuenta de que si entrara alguien en el aula y quisiera saber quiénes eran los guionistas y quienes los actores, lo único que tendría que hacer era subirnos las camisetas. Tableta de chocolate: actor, lorzas: guionista.

**No hay cosa más triste que uno de esos pobres perrillos enanejos neuróticos a los que sus dueños cogen en brazos si empiezan a ladrar al ver a otro perro, hablándoles como si fueran críos creyendo que están consolándolos cuando en realidad lo que están haciendo es reforzar un comportamiento que le genera angustia a su mascota .


ENTREVISTA: DANIEL CASTRO “ILUSIÓN”

17 abril, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

P: Hola, Daniel, ¿cómo va el rodaje?

R: Hola, muchas gracias por hacerme esta entrevista para Bloguionistas. Sigo mucho vuestra web y para mí es un honor que me entrevisten en ella. El rodaje va bien, a un ritmo discontinuo como estaba previsto.

P: ¿Es cierto que estás financiando todo con tu propio dinero?

R: Sí, así es. Estoy pagando los gastos pero, lamentablemente, no puedo permitirme pagar al equipo. Ojala pudiera, pero eso sí que dispararía los gastos y sería imposible que lo financiara. Si se obtuvieran beneficios con la peli, una parte iría para ellos, por supuesto.

P: ¿Has intentado obtener algún tipo de subvención para este proyecto? ¿Has tanteado a alguna productora?

R: Bien, este asunto es interesante. Sí, presenté una versión inicial del guión a las ayudas a la escritura de guión. No hubo suerte en el ICAA, tampoco en la Comunidad de Madrid ni en la Comunidad Foral de Navarra. Y eso que en alguno de los casos iba con el aval de una productora más o menos conocida. El ser rechazado en las ayudas a la escritura del guión me hizo pensar que tampoco iba a ser fácil obtener ayudas para la producción del largometraje. Me parece que, en parte, se debe a que es un guión, y un proyecto que no entra exactamente en los parámetros habituales del cine “subvencionable”.

P: ¿Qué entiendes por cine “subvencionable”?

R: Bien, yo puedo hablar por mi experiencia, y sólo digo que cuanto más serio (en el sentido de no cómico) es un proyecto, cuanta mayor relevancia social tiene, cuanto más cara, ambiciosa y “convencional” es la propuesta de producción, más fácil es obtener una buena subvención. Si, en cambio, lo que presentas es un proyecto barato, cómico, de producción “guerrillera” y sin mensaje social alguno, resulta muy difícil obtener ayudas públicas.

P: También es posible que te hayan denegado esas ayudas por que el guión fuera simplemente malo.

R: Bien, es una posibilidad, sí.

P: Pero no es lo que piensas, ¿verdad?

R: No, yo opino que es un proyecto que no entra en los esquemas de las subvenciones. Por eso ni siquiera intenté obtener ayudas a la producción.

P: Podías haberlo intentado, ¿no? El “no” ya lo tenías…

R: Presentarte a subvenciones supone un esfuerzo y una subordinación a unos plazos, una espera hasta que lleguen las concesiones, la sumisión a unas fechas de entrega y rodaje, hacer contratos a todos los trabajadores… en una convocatoria que leí, pedían que se contrataran como mínimo a dos meritorios procedentes de cierta comunidad autónoma. En mi rodaje estamos trabajando cuatro o cinco personas. ¿De verdad tengo que contratar y traerme a dos jóvenes (a un 40 por ciento más de equipo) de cierta comunidad para poder cobrar una ayuda? Podría intentar falsear esto, pedir que la gente se empadronara en esa comunidad, falsear los contratos con esos jóvenes pero…. No quiero hacer ese tipo de cosas. Yo quiero hacer una película no un máster en contabilidad creativa.

P: Bien, ha quedado claro pero… ¿por qué no el “crowdfunding”? Los de “El Cosmonauta” se lo están montando muy bien.

R: Bien, sí, los de “El Cosmonauta” tienen un proyecto complejo, que exige una mayor financiación que el mío. Además, por lo que sé, han trabajado en publicidad y son muy hábiles a la hora de crear eventos y merchandising de su peli… en mi caso, prefiero no dedicar tantos esfuerzos a esta fase y, en cambio, centrarme en hacer la peli, que, sobre guión, es relativamente sencilla, lo antes y mejor posible. No descarto, ni mucho menos, recurrir al crowdfunding para fases concretas posteriores al rodaje: financiación de la postproducción, distribución por festivales, pago de copias… Eso sí, opino que todo el que contribuya a la producción de esta película debe obtener algo a cambio, a partir de cierta cantidad, por lo menos, una copia en DVD y un beso del director en el lugar de su cuerpo que elija.

P: ¿Se verá alguna vez “Ilusión” en los cines de toda España?

R: No, no creo. En buena parte de España no hay cines. Ni siquiera los hay en unas cuantas capitales de provincias. Si no tienes oportunidad ni de ver “Torrente 4”, imagínate lo nuestro. Si películas producidas por empresas solventes no pueden estrenarse, si grandes películas pequeñas sólo se ven en festivales, lo más posible es que “Ilusión” no vaya a estrenarse en cines, al menos, no de manera extensa. Pero, no nos engañamos, son contadas las películas pequeñas que ganan dinero con sus estrenos en cine. Los que estamos haciendo esta peli lo sabemos. Pero lo que también sabemos es que queremos hacer una peli buena. Una peli de la que estemos orgullosos. Por ahora lo estamos consiguiendo. Pero aún queda mucho por hacer.

P: Es bonito pero… poco práctico, ¿se quedará la película en la lata, en el disco duro o donde sea?

R: No. La enviaremos, sin pasar a 35mm (es decir, en soporte digital), a todas las distribuidoras, todas las productoras, todos los festivales, todas las comunidades de vecinos, todas las plataformas de vídeo en Internet, para que la peli pueda ser comprada y vista por todo el mundo posible.

P: ¿Cuánta pasta te estás dejando en esto?

R: Puedo dejarme entre quince y veinte mil euros. No tengo más.

P: ¿De dónde sale?

R: De un par de cuentas que tengo en distintos bancos.

P: Ya, pero… ¿cómo llegó ahí?

R: Llevo casi quince años trabajando de guionista, he ahorrado. También vendí una opción de guión el año pasado.

P: ¿Recuperarás el dinero?

R: Eso espero. Pero no será fácil. Si no lo recupero, lo consideraré bien invertido: por un máster en dirección, producción e interpretación hubiera pagado más.

P: Esa es otra, tú eres el protagonista. No eres actor profesional. ¿No te da miedo? ¿No te da vergüenza?

R: Bueno… a veces sí me da un poco de miedo y vergüenza. Otras veces pienso que, ¿por qué no? Yo he escrito el papel para un personaje que conozco y que he interpretado varias veces ya, en cortos y en una peli. Lo haré técnicamente peor que un actor profesional, pero… sabré exactamente qué quiere el director de él, porqué escribió el guionista esa frase así… ya sólo por el rato que me ahorro explicando las cosas a un actor, creo que puede merecer la pena.

P: ¿Sabes que todo esto se puede ver como un monumento a tu ego?

R: Sí, es posible… ¿te refieres a la película?

P: Sí, claro. Pero… también a esta entrevista.

R: ¿Por?

P: Entrevistarse a uno mismo es algo bastante loco.

R: Ya. Puede ser… pero bueno, creo que lo hizo Truman Capote… creo recordar que también Almodóvar…

P: Ya, pero ellos ya eran gente importante. Compararse con ellos es bastante loco también.

R:…

P: Hay gente en el manicomio por cosas menos graves que esta…

R: ¿Qué? ¿Por esto de autoentrevistarse?

P: Sí.

R: ¿Tan grave lo ves?

P: Diría que es un narcisismo patológico.

R: Pero bueno, tú y yo somos lo mismo, ¿no? ¿Por qué me tratas con tanta dureza? ¿Eh? ¿Por qué? ¿No habíamos quedado en que esto era promoción? ¿Por qué insistes en boicotearme, siempre? ¿Eh? ¿Por qué me haces esto?


LA MEDIA PENA – LA VISIÓN DEL GUIONISTA (I)

15 abril, 2011

Por Guionista Hastiado

Hace unos días Sergio Barrejón colgó este post donde hablaba de “La Media Pena”, cortometraje que ha dirigido recientemente, y cuyo guión está firmado por este servidor.

Barrejón me había sugerido ya antes que escribiéramos cada uno un artículo hablando del rodaje y de todo el proceso de elaboración del corto. La suya sería la visión del director de un texto ajeno, y la mía la de un guionista que comprueba cómo otra persona da vida a su historia.

Sin embargo, creo que voy a decepcionar las expectativas de mi buen amigo. Mucho me temo que él espera un artículo digno del mejor hastío, en el que desgrane todos y cada uno de los aspectos brillantes que estaban contenidos en las páginas el guión y que fueron estropeados por los torpes manejos de un incompetente realizador. Ya les adelanto que no fue así.

Pero vamos paso a paso, hablando de cómo fue el proceso del que surgió “La media pena”:

En el verano de 2009 escribí el corto. Mi intención era narrar algo sencillo que pudiera grabar con pocos medios. La manera más fácil de hacerlo, a priori, me pareció escribir una historia con dos únicos personajes en una sola localización (luego veremos que esto no era así de simple).

Tenía algunas ideas de partida que podían encajar en ese esquema y me puse con la que más me atraía. Se trababa de una historia breve sobre dos personajes muy distintos, ambos con un momento vital complicado, que se cruzaban y acababan influyendo el uno en el otro sin buscarlo. El título del corto provenía de un refrán popular sueco que dice algo así como “una alegría compartida es una doble alegría, y una pena compartida, media pena”.

Empecé a escribir sabiendo cómo empezaba la historia, pero no cómo terminaba. Me propuse intentar que los personajes sorprendieran al espectador, que no fuera fácil adivinar qué es lo que iba a suceder a continuación o cómo se iban a comportar los protagonistas. También tenía claro que quería escribir una historia que mezclara elementos de drama y comedia, y que intentaría huir del habitual “final sorpresa” que tanto puede llegar a obsesionar al cortometrajista.

Luis Callejo en pleno rodaje

Después de algunas versiones me gustó el resultado y me planteé la posibilidad de dirigirlo. Me puse en contacto con Barrejón para pedirle consejo. Él ya había rodado algunos cortos y le envié el guión para ver qué le parecía. Le gustó, y me dio el mejor consejo que te pueden dar en estos casos: “búscate una productora, no lo hagas tú solo”.

Le hice caso, pero no le puse mucho empeño, para qué nos vamos a engañar. Si hay algo que no sé hacer bien es venderme. Además en aquel momento tenía mucho trabajo y lo del corto era, en cierto modo, un hobby. Total, que el ser perezoso y pesimista que todo guionista lleva dentro acabó venciendo y, tras algunas tímidas gestiones infructuosas, terminé por abandonar la idea.

Cuando se lo comenté a Barrejón, creí que me iba a decir lo mismo que ya me decía yo para mis adentros: que soy un vago, un fracasado y que en mi vida jamás haré nada de provecho. Pero sin embargo lo que dijo fue “¿te importa que lo dirija yo?”. Creo que durante un par de segundos pensé que allí había gato encerrado.

Porque no nos engañemos, amigos. Rodar es un poco coñazo. Y no apetece. Lo que pasa es que si uno quiere crear una historia mínimamente personal, normalmente no tiene más remedio que rodarla uno mismo… o confiar en alguien que lo pueda hacer bien. Que un director y guionista solvente me ofreciera rodar mi corto era como ir a un puticlub y te digan que te la chupan gratis y encima te regalan un Ipad. Así que le dije que sí, que quería el Ipad.

Barrejón y Callejo cara a cara en un ensayo

Barrejón demostró ser mucho más despierto que yo (lo que no es muy difícil) y pronto estaba en el lío, haciendo dossiers, planes de producción y pidiendo subvenciones, esa parte aburrida del proceso. La casualidad quiso que le pusiera en contacto con un amigo productor con el que alguna vez había hablado de la posibilidad de dirigir algo, Íker Ganuza.

Íker Ganuza supervisando el rodaje

Íker es un productor joven que estoy convencido de que llegará a ser uno de los grandes. Tiene buen ojo y conoce bien el medio, y rápidamente se puso de acuerdo con Barrejón para coproducir. Con el guión en la mano, consiguieron subvenciones del ICAA y del Gobierno Vasco, y empezaron a pensar en los actores y el equipo.

Por aquel entonces tuve algunas conversaciones con Barrejón, vía chat, en las que discutimos acerca de aspectos concretos del guión. En muchos casos, éste puede ser el momento chungo para el guionista, ese instante en el que comprendes que el director quiere hacer algo totalmente distinto que tú, en el que empiezas a ceder y a ceder, y el resultado acaba no teniendo nada que ver con lo que tú querías contar en un principio (si ven la serie “Episodes”, entenderán la sensación a la que me refiero).

Por fortuna, Barrejón, además de director, es un buen guionista y es fácil hablar con él en términos narrativos, y no de abstracciones pedorreteras de malos directores. Y encima él quería contar la misma historia que yo. Eso no significa que no discutiéramos sobre determinados detalles del guión, pero eran en su mayoría cuestiones de mecánica o narrativa visual cuya dificultad o falta de efectividad él -que había hecho sus deberes- preveía. Tal vez me hubiera gustado llegar a convencerle en algún que otro detalle, pero era consciente de que él iba a invertir mucho más tiempo y energía que yo en el proyecto, y que lo más importante es que se fuera a rodar con algo que le convenciera absolutamente. Así que no me importó ceder en ciertas cosas.  Siempre, además, cabe la posibilidad de que los demás tengan más razón que uno mismo, y es de la colaboración, no de la imposición, de donde surgen las mejores ideas.

Llegó la lectura técnica del guión, y empecé a comprender que el cortometraje no iba a ser tan sencillo como yo había previsto en un momento. Una localización, dos actores, sí. Pero surgieron dos problemas:

1 – La localización era un gran despacho de ejecutivo que debía tener un cuarto de baño anexo. Yo había oído hablar de despachos así, pero encontrar uno era mucho más complicado de lo que parecía. De hecho, fue lo más complicado de encontrar, y el alquiler acabó siendo la partida más cara de toda la producción.

2 – La segunda dificultad es que el corto entero transcurría de noche. En el guión yo había escrito esto:

“Un despacho amplio, frío, con ventanas que dejan ver las luces nocturnas de la urbe”.

Esto, que queda tan cuco sobre el papel, implica que tras los ventanales debía verse el skyline de una ciudad, lo que obligaba a rodarlo todo de noche, con las evidentes complicaciones implícitas (menos horas para rodar, gente trabajando sin dormir, obligación de evitar escandaleras…).

Bueno… eso creía yo. Porque luego Barrejón me explicó que eso era inviable. “A nada que metas un poco de luz en el interior para iluminar a los actores, pasarán dos cosas: a) El skyline quedará tan oscuro que ni se verá; y b) Las ventanas, con un fondo tan oscuro detrás, se comportarán como espejos, reflejando todo tipo de cosas que no queremos ver: desde las propias luces, hasta el personal de rodaje. Y eso sin contar con posibles problemas de raccord en el fondo: desde ventanas de edificios que se encienden y se apagan, hasta ambulacias o incluso fuegos artificiales”. Puede parecer exagerado, pero no lo es: la ley de Murphy siempre se cumple en los rodajes.

Por suerte había otra opción, a la que finalmente se llegó, que fue la de convertir los ventanales en un gran croma verde sobre el que luego se incrustará el fondo de la ciudad en postproducción. Una solución efectiva pero que, evidentemente, complica todo el proceso.

Rodaje de "La Media Pena", con el croma verde.

Otra dificultad evidente iba a ser la de encontrar a los actores adecuados. Había dos personajes: un ejecutivo cuarentón y una limpiadora sudamericana. Ambos debían ser buenos actores porque el cortometraje lo llevan ellos absolutamente; era fundamental que se manejaran bien en las acciones físicas, en las miradas, en el manejo del tempo y el tono tanto de la comedia como del drama… y que tuvieran las fechas libres, claro. (Y que les gustara la historia, porque no iban a cobrar).

Para el personaje masculino tuvimos a un famoso interesado durante meses que se cayó en el último momento. Fue una bendición, porque acabamos contando con el magnífico Luis Callejo, que hizo un trabajo increíble y que, además, es un tío cojonudo. (Y que Barrejón reconoció que era su primera opción. Por lo visto, siempre lo es.)

Luis Callejo en el rodaje de "La media pena"

El personaje femenino era más complicado, si cabe. Debía tratarse de una actriz sudamericana, con una mezcla de mujer sexy y “real”, con capacidad para dar registros muy diferentes. Elegirla fue a la vez muy fácil y muy difícil. Fácil, porque tanto Barrejón como Íker tenían claro que querían a Tania Roberto (antes Tania de la Cruz). Difícil, porque si no le gustaba el proyecto… no había plan B. Por suerte se leyó el guión y le encantó. Y para mí, junto con Luis, ha sido todo un descubrimiento.

Tania Roberto en el rodaje de "La Media Pena"

Y finalmente llegó la hora del rodaje. Les hablaré con más detalle de él en un próximo post;  sólo les adelanto un buen consejo: si son guionistas y van a estar presentes en el rodaje de uno de sus guiones…búsquense una ocupación que les obligue a hacer algo. En mi caso fue la de foto fija (aquí pueden ver algunas más de mis aportaciones en el cargo).


LA EDAD DEL MELODRAMA

14 abril, 2011

por Sergio Barrejón.

Más tarde o más temprano, a algún guionista de este país le encargarán escribir una tv-movie sobre el caso de Dorel Marcu, más conocido en España como el asesino de la webcam. Probablemente la tv-movie nunca se llegue a emitir, pero casi con toda seguridad llegará a haber un guión.

Y el guionista al que el toque el marrón tendrá que hacer un ejercicio básico en esta profesión: meterse en la piel de cada personaje. No hablo de documentarse. No hablo de investigar cómo se movía, cómo hablaba tal o cual personaje. Hablo de hacer un esfuerzo por pensar como él.

Adoptar el punto de vista de cada personaje es un ejercicio básico porque permite al guionista anticipar la respuesta a una pregunta muy peligrosa que a veces se forma en la cabeza del espectador: ¿Por qué hace esto este tío? Un espectador piensa eso muy pocas veces durante una buena película. De hecho, la mayor parte de las veces que piensa eso, el pensamiento siguiente es: esta peli no es muy buena.

Y es que una de las maneras más rápidas de perder la atención del espectador es forzar a los personajes a decir o hacer cosas que, en la vida real, no harían. Respetar la motivación del personaje es una norma sagrada. Eso lo sabe cualquier buen guionista (y cualquier buen actor). Pero veces se nos olvida. Por ejemplo, porque nos empeñamos en “dejar algo claro al espectador”. En una serie chunga de policías, por ejemplo, no es raro encontrar escenas en que un agente le dice a otro cosas del tipo: “no podemos entrar en esa casa sin una orden de registro. Sería allanamiento de morada”. Como si alguien pudiera llegar a policía sin saber esas cosas.

Otras veces faltamos a la norma sagrada porque no queremos hacer demasiado antipático a un personaje, o por lo contrario: porque estamos escribiendo sobre un asesino, y queremos que quede claro que es una mala persona. El problema, claro, es que la mayor parte de las malas personas no se ven a sí mismas como tales. Y por lo general, su motivación para hacer lo que hacen no es “voy a matar a este fulano porque soy malo que te cagas”. Normalmente tienen razones para hacer las cosas. Al menos, eso creen ellos. La responsabilidad del guionista, aquí, es la misma que la del psicólogo: debe esforzarse por entenderle. Es la única manera de escribir guiones decentes, en vez de panfletos baratos.

Contrariamente a lo que creen los moralistas y los demagogos y los críticos mierder, el cine no es un medio para hacer manifiestos. Las películas contienen muchos menos “mensajes” de lo que se cree. Como decía Billy Wilder: “si quieres enviar un mensaje, ve a Western Union”.

Billy Wilder

Un buen drama, una buena tragedia, no es un mensaje, ni un panfleto, ni una declaración de principios, ni un manifiesto de ningún tipo. Es la representación de un dilema, de un conflicto que no tiene una solución fácil. O mejor aún, que no tiene solución. ¿Qué solución tiene el conflicto de “Edipo Rey”? Sacarse los ojos era lo mínimo, por así decirlo. Pero ni aun así se resuelve el conflicto.

Una buena tragedia no afirma. Al contrario, pregunta. Mira al público y le pregunta “¿Qué habrías hecho tú?”. Y si es una tragedia de las buenas, el espectador no tiene respuesta fácil. Al menos, un espectador decente. ¿Propugna “Edipo Rey” que los monarcas incestuosos deben arrancarse los ojos para expiar sus culpas? Sólo un moralista, un demagogo o un crítico mierder puede pensar eso.

Un melodrama sí es un manifiesto. “Princesas”, por ejemplo, es un melodrama. “Juno” es un melodrama. La respuesta al dilema está en la misma sinopsis de la película. Una visión dignificadora de la prostitución. Una mirada esperanzada al embarazo adolescente. Mejor que abortar, darlo en adopción. Las prostitutas se merecen un respeto.

¿Cuál es el objeto de películas como ésas? Masajear al espectador. Reconfortarle en su superioridad moral. Lo mismo que la telebasura, vaya. Al final de “Princesas”, el espectador (suponiendo que haya conseguido vencer el sueño), sale reconfortado, pensando “las putas también son personas, ya lo había pensado yo alguna vez”. En Juno sales del cine pensando “han elegido bien. Mola que la vida les dé otra oportunidad a estos chicos tan majetes”.

Comparemos esas sensaciones con las que te deja una tragedia decente como “4 meses, 3 semanas y 2 días”.

Vivimos en la edad del melodrama. Vivimos bajo el yugo del moralismo, la demagogia y la crítica mierder. Y no hablo sólo del cine y la televisión, que también. Hoy en día, hasta los periódicos son melodramáticos. Y lo terrible es que, por debajo de su aspecto de corrección y progresismo, el melodrama esconde un dogmatismo extremo.

Recuerden: la tragedia presenta un conflicto terrible, y te pregunta qué harías tú en esa situación. El melodrama te dice lo que debes hacer. No hay opciones. Esto es “lo bueno”, y punto. Y por extensión, todo lo demás es “lo malo”. En la edad del melodrama, la libertad de expresión pierde cada vez más terreno. Una vez que está claro qué es lo bueno y qué es lo malo, ¿qué sentido tiene debatir sobre nada? ¿Se han fijado en que cada vez hay más talk-shows en los que todos los contertulios están de acuerdo?

Veamos tres ejemplos de lo que representa la edad del melodrama:

1. Hace unas semanas, Nacho Vigalondo fue expulsado de la sección de blogs de El País por publicar una broma en su Twitter:

“Ahora que tengo más de cincuenta mil followers y me he tomado cuatro vinos podré decir mi mensaje: ¡El Holocausto fue un montaje!

Después de una cadena de reacciones que iban desde la sonrisa de los que entendimos que era un chiste hasta el cinismo de los que, entendiéndolo también, decidieron sacar partido de ello, el director de El País canceló el blog de Vigalondo aduciendo que ese chiste ofendía “a cualquier persona decente”. Zas. Ahí está el dogmatismo. Javier Moreno traza la línea a partir de la cual dejas de ser decente, y por tanto, es mejor no hablar contigo. Se le cierra el blog. ¿Se entiende la gravedad del asunto? No se le piden explicaciones al autor. Se le impide hablar. ¡NO LE ESCUCHÉIS!

2. Hace unos meses, en Las Mañanas de Cuatro, un grupo de ignorantes sobrepagados “debatía” sobre la exhibición de “A Serbian Film” en el festival de Sitges (en realidad, pedían censura a gritos). E invitaron a defenderse al propio director del festival, Ángel Sala.

Lo más descorazonador de todo el vídeo, a mi modo de ver, es que ni siquiera Sala, director de un festival de cine fantástico, acertó a decir en su defensa que la puta película no es más que una ficción. Hace poco semanas, Sala fue imputado por un supuesto delito de exhibición de pornografía infantil por un juez de Vilanova i la Geltrú.

3. Hace pocos días, Salvador Sostres publicó una entrada en su blog del diario El Mundo diciendo que el asesino de la webcam no era un monstruo, sólo un chico normal. La columna, probablemente el texto menos provocador que Sostres ha publicado en su vida, provocó también una cadena de reacciones que condujo a Pedro J. Ramírez a censurar la entrada. Poco después, la redacción de El Mundo escribió una carta colectiva pidiendo a Pedro J. que prescindiese de Sostres. (¡No le escuchéis!)

Salvador Sostres

Desde hace unos días, me parece como si yo fuera la única persona en el mundo que piensa que todas estas censuras son igual de graves. Me ha sorprendido muchísimo ver cómo compañeros guionistas, gente inteligente y ecuánime (escritores, por el amor de Dios), se mostraban de acuerdo con la censura a Sostres.

Recuerdo que, cuando era niño, en mi colegio, mi hermano y yo fuimos dos de los primeros críos que eligieron “Ética” en lugar de “Religión”. Esto generó desconcierto y rechazo en muchos compañeros. Muchos, pero muchos de ellos me preguntaron agresivamente: “¿Tú qué eres, musulmán o qué?”. 25 años después, sigo viendo la misma actitud en gente a quien presuponía mucho más inteligente, mucho más madura y mucho más liberal que mis compañeros de E.G.B.

Si criticas a Zapatero, te preguntan si defiendes a Rajoy. Si te dedicas al cine, dan por hecho que apoyas a Zapatero. En la edad del melodrama, parece que el 90% de los licenciados universitarios (y probablemente el 99% del resto de la población) necesita que la gente se posicione radicalmente en determinadas cuestiones. Hay, naturalmente, temas más delicados que otros. Algunos de los más delicados son:

- Racismo
- Homosexualidad
- Religión
- Terrorismo
- Violencia machista

Cualquier ambigüedad o mínima separación entre las posturas individuales de una persona y la versión oficial de lo moralmente correcto en estos ámbitos es percibida no ya como sospechosa, sino directamente como reprobable, e incluso posiblemente delictiva, al decir de ciertos fiscales y jueces, probablemente más ávidos de fama que de justicia.

El caso de Sostres, precisamente porque no comparto en absoluto su postura política, me parece el más interesante. Un montón de gente le acusa de justificar el crimen de Dorel Marcu. Sin embargo, Sostres escribió claramente en el post “censurado” (que, naturalmente, circula por Internet con más popularidad de la que jamás habría tenido de no haber sido censurado) que ni justificaba ni creía que se pudiera justificar el crimen. (No importa, “no le escuchéis”.)

¿Cuál es, entonces, el resorte que ha disparado esta polémica? Sería simplista pensar que todo tiene que ver con la política. Algo hay, sin duda. Los medios de izquierdas se cebaron con Sostres igual que los de derechas se cebaron con Vigalondo y Ángel Sala (que, al ser “del cine”, son sospechosos de sociatas). Pero la plantilla de El Mundo también arremetió contra Sostres. Y mucha más gente de derechas. Eso no es política. Eso es hipocresía. Eso se llama rasgarse las vestiduras. Y la mayor parte de la gente que se indignó por el artículo ni siquiera sabe qué parte del mismo le indignó realmente. (Por supuesto, la mitad de los demagogos ni siquiera ha leído el puto artículo, pero hablo de la otra mitad).

Todo el mundo repite como loros que Sostres ha justificado el crimen, cuando repetidamente dice lo contrario. Todo el mundo repite como loros que Sostres ha dicho que la violencia machista es normal, cuando eso no se dice en ningún momento en ese artículo. Todo el mundo habla sobre “el daño que hace” un post como éste, pero nadie es capaz de dar un ejemplo de ese supuesto daño.

Y todo el mundo coincide en que habría que impedir que gente como Sostres escribiese en periódicos. (No le escuchéis.)

¿Qué es lo que molesta realmente a estos hipócritas? Lo que les molesta es el uso de la palabra “violencia” en el artículo. Sostres escribe:

“Porque hay muchas formas de violencia, y es atroz la violencia que el chico recibió al saber que iban a dejarle y que el niño que creía esperar no era suyo.”

Sin ese párrafo, el artículo habría pasado desapercibido. Porque hay mil maneras de decir que el chico no era un monstruo. Pero no se puede jugar con las etiquetas de la corrección. Ésas son intocables. Repasen la lista de más arriba: la violencia machista está en el top-5 de temas que, en la edad del melodrama, exigen un posicionamiento radical, inconfundible y, lo más importante, literal.

Uno puede ir a un programa de televisión y decir “la violencia machista es una lacra para la sociedad, pero hace falta ser muy zorra para quedarse preñada de otro y tardar cinco meses en decírselo“, y tampoco pasará gran cosa. Pero que a nadie se le ocurra decir “esto no es violencia machista, esto es otra cosa”, porque lo linchan.

El pensamiento no importa. Lo que importa es lucir bien la etiqueta. Para ser “correcto”, tienes que decir clara y literalmente, sin ambages, que rechazas la violencia machista porque es una lacra para la sociedad. Cualquier agresión de un hombre hacia una mujer debe ser etiquetado como “violencia machista” y colocado en la estadística correspondiente. No te atrevas a intentar ver matices, o serás automáticamente acusado de hacer apología de la violencia machista.

Porque, en la edad del melodrama, hemos rechazado el pensamiento. Hemos rechazado el debate. Lo hemos cambiado por una burda etiqueta. Hemos convertido nuestro cerebro en una red cuadriculada en la que no caben formas distintas, no existen los matices. Hacer una mínima variación en la formulación de una idea es percibido mayoritariamente como una formulación en contra de la idea.

“O estás conmigo, o estás contra mí.”
“Dirá lo que quiera, pero lo que está pensando es…”
“No deberían dejar que esta gente fuese por ahí diciendo esas cosas.”

(No le escuchéis.)

Salvador Sostres, por si alguien no se ha dado cuenta, es un profesional de la provocación. La indignación de los “correctos” no es fruto de un error de cálculo. Al contrario, es un efecto buscado. Su despliegue retórico en el programa de Isabel San Sebastián, el ritmo de su monólogo, el tema elegido… denotan una enorme habilidad para la provocación.

Y la provocación es algo sano. Muchos no querrán darse cuenta, pero Salvador Sostres, con una sola columna, y encima censurada, ha generado más reflexión y debate sobre la violencia machista que año y medio de trabajo del extinto Ministerio de Igualdad.

Pero Sostres hace algo aparte de trastear con la etiqueta de la violencia machista. Sostres, como haría un buen guionista, se pone en la piel del asesino e intenta comprenderlo. Y tiene el valor de mencionar algo que todos hemos pensado muchas veces ante un crimen como éste:

“Espero que si algún día me sucede algo parecido disponga del temple suficiente para reaccionar quemándome por dentro sin que el incendio queme a nadie más (…) Quiero pensar que no tendría su reacción, como también lo quieres pensar tú. Pero ¿podríamos realmente asegurarlo? Cuando todo nuestro mundo se desmorona de repente, cuando se vuelve frágil y tan vertiginosa la línea entre el ser y el no ser, ¿puedes estar seguro de que conservarías tu serenidad, tu aplomo?,  ¿puedes estar seguro de que serías en todo momento plenamente consciente de lo que hicieras?”

Antes de pedir que censuren a nadie por exhibir una opinión escandalosa, conviene pensar si no estaremos repitiendo por inercia una conducta aprendida. Si realmente nos han ofendido, o sólo reaccionamos porque alguien se burla de un mantra vacuo que nos aporta cierta seguridad cuando lo repetimos una y otra vez.

Pensemos un poco antes de juzgar. Juzgar es fácil. Por eso lo hace todo el mundo. Por eso Twitter, y Facebook, y demás versiones virtuales de la charla de barra de bar, están llenos de indignados efímeros, que se rasgan las vestiduras en las primeras veinticuatro horas y luego se olvidan del asunto.

En lugar de repetir mantras como si significasen algo, en lugar de pedir (vergüenza para un escritor) que se censure una película, una columna o un blog, recuperemos la buena costumbre de argumentar. Al menos, hagámoslo los que vivimos de nuestra capacidad para ponernos en la piel de otros.


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