SOBRE CREMATORIO (y III)

30 mayo, 2011

Por Daniel Castro

Yendo al grano, “Crematorio” está simplemente… bien hecha.

Por muchos motivos (estupenda producción, magníficas localizaciones, gran fotografía, acertado cásting…) pero, seguramente, a nosotros los que más nos interesan son los relacionadados con el guión.

- Los episodios son de una duración razonable (unos 50 minutos) para una serie dramática.

- Los personajes, y la trama, son complejos. Se confía en que el espectador sea capaz de entenderlos sin secuencias de explicación o verbalización.

- Ausencia de tramas infantiles o personajes costumbristas, etc. (Evidentemente, no hay nada malo de por sí en estas tramas o personajes, pero introducirlos en “Crematorio” hubiera dado lugar a un “engendro” que intentara gustar a todo el mundo).

- Pese a lo anterior, “Crematorio” es una serie ambientada en nuestro país, en un tiempo y lugar muy definidos. Un tiempo y un lugar que todos (lamentablemente) podemos reconocer pese a que, siguiendo la novela de Chirbes, la mayor parte de la acción se desarrolla en una localidad ficticia de Levante llamada Misent.

- En resumen, ya desde su génesis (la elección de una novela de prestigio), “Crematorio” tiene algo de lo que carece la ficción nacional desde hace demasiado tiempo: voluntad artística. Muchos guionistas, con razón, nos sentimos incapaces de hablar de nosotros o de nuestro trabajo como “arte”. Solemos hablar de “oficio”. Es una modestia razonable y realista, pero también denota cierta falta de ambición. El cine, o la televisión, pueden ser arte. O algo muy cercano al arte. Si uno piensa en sí mismo como alguien incapaz de alcanzar esas cotas, jamás escribirá “El séptimo sello” o “The Wire”. Es mucho más probable que se encuentre poniendo todo su ingenio al servicio de “El Inquilino”.

Afortunadamente, los creadores de “Crematorio” fueron ambiciosos.

Como ya decía en el primer post, achacarle defectos a esta serie se parece a buscarle espinillas a la hermana guapa de Claudia Schiffer, pero vamos con ello.

Pequeños defectos de una serie grande

En mi opinión, “Crematorio” peca de cierta excesiva solemnidad. Tal vez por las ganas de separarse de la ficción costumbrista, Sánchez – Cabezudo y su equipo han decidido llenar la serie de personajes hieráticos, reconcentrados y solemnes. Es cierto que la novela de Chirbes daba para hacer esta lectura, pero había otras posibles. En ellas, los personajes no hablarían siempre para que sus palabras fueran esculpidas en piedra. Echo de menos toques de mayor realismo, de naturalidad e incluso de comedia. Incluso “El Padrino”, la referencia más clara de esta serie, está trufada de celebraciones familiares, de conversaciones afectuosas y ritos religiosos. “Crematorio” resulta mucho más fría. Y esto tiene que ver con el siguiente punto…

Todos los personajes son malos. Sí, así es. Excepto un personaje episódico, la cuidadora de la (despiadada) abuela, todo el resto de los personajes parecen regirse principalmente por sus peores instintos. Rubén es ambicioso y despiadado. Su hija, interpretada por Alicia Borrachero, se permite juzgarle pero vive de él. Además, es excesivamente autoritaria con su hija e infiel a su marido. Este es un intelectual supuestamente crítico con Rubén pero… acude a él cuando ve en peligro la concesión de una beca. La nieta de Rubén (Aura Garrido) es caprichosa, vengativa, vaga y aprovechada. No sigo, porque los defectos del mafioso ruso, del corrupto concejal de Urbanismo, del contratista que abandona a su familia por una prostituta, del abogado codicioso o del encargado de hacer los trabajos sucios de Rubén supongo que os los podéis imaginar.

En mi opinión, tan planos como los personajes única e invariablemente buenos lo son los única e invariablemente malos. Una serie en la que todos los personajes tienen intenciones poco confesables resulta así algo fría: no hay con quien identificarse, no hay a quién comprender. Ni siquiera los personajes que están sufriendo (el caso del enamorado de la prostituta rusa, por ejemplo) nos son presentados de manera que empaticemos con ellos. Os pongo como ejemplo una pequeña escena sin demasiada importancia (ojo pequeño espoiler): Bertomeu es ingresado en el hospital tras sufrir un infarto cuando estaba en el calabozo policial. Trata de seducir a un enfermero para que le haga llegar un móvil y un periódico (le están prohibidos ambos). El enfermero se mantiene muy firme pese a que Rubén le hace ofertas económicas exageradamente altas. Por fin, me dije, un hombre íntegro en la serie. Es entonces cuando el enfermero, de pasada, comenta que le encantan los toros. Bertomeu sonríe: ¿le traería lo que quiere a cambio de torear una capea con Enrique Ponce? Unos minutos más tarde, el enfermero trae el móvil y un diario reciente.

Entiendo que esta es una de las intenciones de la serie, mostrar que la corrupción se contagia como una epidemia, que alrededor de toda persona exageradamente rica se extiende un terreno baldío, una tierra de cenizas, en el que arden el amor y las relaciones auténticas, y todas las relaciones pasan a ser transacciones económicas encubiertas con mayor o menor esfuerzo. Sin embargo, opino que “Crematorio” se hubiera beneficiado de permitir entrar un poco más de vida en sus episodios. Y con esto me refiero a elementos que no acudieran únicamente en apoyo de la tesis defendida por sus autores. Es decir, lo que nos ocurre cuando acudimos a una fiesta en un piso del barrio de Salamanca, temiéndonos que todos allá van a ser unos pijos que nos miren por encima del hombro y, quien nos abre la puerta es una maravillosa chica sonriente que, un par de años más tarde, acaba siendo la madre de nuestros hijos mellizos.

Pese a estos pequeños “peros”, no puedo dejar de recomendaros que veáis “Crematorio”, que acaba de salir en DVD, y os hagáis vuestra propia opinión sobre ella. Será tan respetable como la mía y, seguramente, no necesitaréis tres largos posts para expresarla.


15 PELICULAS PARA EL 15M

27 mayo, 2011

Por Guillermo Zapata

Siguiendo el nombre ejemplo de las gentes de Ladinamo, que ha lanzado una lista con las quince canciones del 15M y quince libros para el 15M, me lanzo a la aventura de identificar 15 Películas para el 15M. Para que el artículo no sea una completa perdida de tiempo, informo de que la edición española de la revista Cahiers Du Cinema tiene en su número 44 (Abril 2011) un especial sobre la construcción de las imágenes durante las revueltas de Egipto, Siria, etc. que merece mucho, pero mucho, la pena.

Ahora, pasemos a lo “serio” (por llamarlo de alguna manera)

1.- Acción Mutante (Alex de la Iglesia)
La primera película de Alex de la Iglesisa sentenciaba hace más de quince años “Ya está bien de mierdas Ligh, vamos a enseñarle a esos mierdas lo que es terrorismo” Los mutantes mitad Bruguera mitad Frank Miller asaltaban el templo de la modernidad chic para llevarse a la guapa del baile.

2.- El Club de la Lucha / La red Social (David Fincher) </
Si el Club de la Lucha recicla la novela original en un cocktel explosivo de masculinidad hiperconsumista y dinámita rebelde, La Red Social remata el relato antropológico del “mad doctor” que quiere democratizar la exclusividad y, de paso, nos cuenta como funciona el capitalismo financiero. De lo que no dijeron nada es de lo de Egipto.

3.- La vida de Brian (Terry Jones)
¡Disidente! Algunas de las asambleas que se han vivido en las últimas dos semanas parecían moderadas por los Python. El Frente Judaico popular y el frente popular de judea intentan consensuar una lista de mínimos mientras se pregunta, ¿qué nos ha traído de bueno el capitalismo en crisis? “Las carreteras, la irrigación… el vino”

4.- Mad Max (George Miller)
Paisajes apocalípticos, una economía dominada por la lucha a muerte para controlar los recursos naturales, asentamientos nómadas, construcciones improvisadas, reciclaje industrial, sequedad, calor. Pequeñas comunidades intentando recomponen el lazo social. Casi un ADN estético para acampadas en la puerta del Sol.

5.- “Atado y Bien Atado” y “No se os puede dejar solos” (Cecilia Bartolomé y Juan José Bartolomé)
Hay quién ha dicho que el movimiento 15M cierra finalmente el mito de la transición española. Este documental en dos partes recorre la misma desde los cimientos del franquismo a la aparición como setas de esa colección de “demócratas de toda la vida” que se incorporaron a la clase política a finales de los setenta.

6.- Videodrome (Cronemberg)
“La pantalla de la televisión es la retina del ojo de la mente. Por tanto, la pantalla de la televisión es parte de la estructura fisica del cerebro. Por tanto, cualquier cosa que aparezca en la pantalla de la televisión emerge como una experiencia cruda. Por tanto, la televisión es la realidad, y la realidad es menos que televisión”. Ahora, conecta Intereconomía en un día bueno, bueno.

7.- Que vienen los socialistas (Mariano Ozores)
Mariano Ozores rueda esta comedia en el momento de mayor efervescencia del PSOE: principios de los ochenta, mayoría absoluta, “OTAN de entrada, no”. El contraste temporal habrá a quién haga sonreír y a quién helará la sangre. Se puede proponer como documento de análisis en un posible proceso de primarias.

8.- Matrix/ V de Vendetta (Hermanos Watchowsky )
Aunque solo sea por servir de soporte para las máscaras de Anonymous y por lanzar al maintream a los primeros hackers realmente cools antes de la llegada de Wikileaks ya tendrían su lugar en el cielo cultural del movimiento 15M.

9.- The Thick Of It/ In The Loop (Ianucci)
Tanto la serie de televisión como la película de Iannucci inciden en la misma idea: la perversión del lenguaje que la clase político ha llevado a niveles de comedia destenillante. Aquí hay de todo: cinismo, oportunismo, miedo, trepas de primera y segunda fila, medios cobardes y medios partidistas. No deja títere con cabeza. No se libra nadie.

10.- La Marcha del Millón de Hombres (Spike Lee)
Una de las películas menos conocidas de Spike Lee en la que, con la excusa de la marcha convocada por el reverendo Farrakahn en los años noventa, el director pone a hablar a un montón de hombres negros sobre como son los negros de iguales y de diferentes. Si es lo mismo un negro pobre que uno rico, uno gay que uno heterosexual, si pueden los negros se racistas o no y suma y sigue. Pedagogía política para entender que es eso de “el común” que últimamente suena mucho.

11.- Todo va bien (Jean Luc Goddard)
Goddard a lo loco intentando hacer maoismo con imágenes. En plena post-revolución de mayo del 68. Solo el plano secuencia de nueve minutos que va recorriendo la sociedad al completo expresada en diferentes cajas de supermercado ya justifica el visionado.

12.- Be Kind, Rewind (Michel Gondry)
Narración de la propia historia de los territorios, reciclaje y corta y pega. Concepción abierta de la propiedad intelectual. Retazos de Frank Capra y buenos sentimientos en un contexto de gentrificación urbana. La cultura convergente convertida en herramienta política para tejer redes en los barrios. La identidad deconstruida y reconstruida a través de la culttura.

13.- Los Warriors (Walter Hill)
La ciudad es un campo de batalla. Las bandas se reúnen en una plaza. Conspiranoia loca, western urbano y mito clásico que resignifica el espacio urbano como el lugar de apropiación y conflicto de las bandas organizadas.

14.- Riff-Raff (Ken Loach)
Un clásico del realismo social, el paro y la desestructuración. Lo que es buen rollo no da, pero Loach se preocupa de no caer en sus habituales melodramas tejiendo una historia de amistad y sentido del humor dónde además hay llamas que llegan muy alto.

15.- Alexander Medvedkin
No tiene sentido rescatar una película concreta del cineasta ruso, lo que importa es el método. Cójase una cámara de cine ligera. Váyase a una fábrica en la rusia post-revolucionaria. Entreviste a los obreros. Coja un tren y vaya al siguiente pueblo remoto de la estepa rusa, enseñe lo grabado a los otros obreros. Discuta con ellos sobre lo visto y vuelta a grabar la discusión. Repita el proceso hasta que a Stalin se la inflen las narices por incitar a la insubordinación. Uno de los primeros ejemplos de cine como proceso, de collaje y de uso de la imagen para construir procesos participativos.


LAS NOVEDADES USA 2011/12

25 mayo, 2011

Por Chico Santamano.

>

—————————————–

ACTUALIZACIÓN: Cuando me enteré de que la Mtv iba a hacer una adaptación televisiva del CLASICAZO ochentero “Teen Wolf” salté de alegría. Al ver el trailer no encuentro ni rastro de la peli original. Cero comedia, cero california, cero basket, cero buen rollo… 100% CREPÚSCULO.

DICTAMEN: Por favor, que un lobo me muerda…  ¡Y me mate!

—————————————–

>

Los upfronts ya están aquí. Este año la tele americana parece haber superado al fin que la “Edad de Oro” ya pasó.

Adiós, “24″. Adiós, “The Shield”. Adiós, “The Sopranos”. Adiós, “Sexo en NY”. Adiós, “Friends”. Adiós, clásicos… Borrón y cuenta nueva. Afortunadamente, se han propuesto dejar de intentar una y otra vez dar con el nuevo LOST (o al menos no de una manera descarada).

Me he empapado bien la lista de novedades y con sólo echar un vistazo podemos decir que para 2011/12 tenemos dos tendencias claras clarísimas: por un lado “masiva presencia de protagonistas femeninas” y por otro “realidades paralelas”. Esto es lo que se llevará después de verano en nuestras carpetas de descargas, amigos.

>

Antes de echar un ojo a los trailers más destacados, quiero que vean uno en concreto… Si alguien se atreve a decir que en España hacemos MIERDA, que le dé al play a esta promo. ¡HORROR!

DICTAMEN: ¿Cuándo dio Alfonso del Real el salto a Hollywood y por qué nadie había dicho nada?
DICTAMEN II: ¡Esas cejas del negro! ¿Quién diría que se iba a convertir en travesti?

>
Como les decía, la series protagonizadas por mujeres vienen pegando MUY fuerte. La pesada creadora de “Anatomía de Grey”, Shonda Rhimes nos trae otro de sus pesados productos. ¿Médicos macizos? Esta vez, NO. Ahora nos encontramos ante una especie de “24” femenina trufada con “El ala oeste” y cierto halo de chichinabismo.


DICTAMEN: No cuentes conmigo, Shonda. 

>

La moda “Mad Men” nos trae azafatas en esta espectacular recreación de los años 60 en la compañía aérea “PAN AM”. ¿¡Cuánto habrá costado este piloto!?

DICTAMEN: No, en serio… ¿Cuánto ha costado?

>

…y chicas sexys vestidas de conejitas enamoradas de un Don Drapper de palo que da bastante pereza (todo sea dicho).


DICTAMEN: Lo dicho… Bastante pereza. 

>

Por supuesto, este año también tenemos chicas cantantes. Glee abrió la veda. Spielberg (que produce) no ha querido quedarse atrás… A lo “Flashdance”, pero cantando.

DICTAMEN: Ojo… podría convertirse en un guilty pleasure. 

>

Y ya estaban tardando. El remake de “Los ángeles de Charlie” al fin vio la luz. Nuevos aires para la franquicia. ¿Se acuerdan de Nikita? Pues esto lo mismo, pero multiplicado por tres.

DICTAMEN: ¿Qué necesidad había de esto? 

>

Otra chica. Esta se va a vivir con tres tíos. Les advierto que ella, Zooey Deschanel, es mi novia actual y no pienso consentir crítica alguna. Este es el tráiler más divertido, entrañable e increíble que se haya visto nunca.

DICTAMEN: Este trailer me hace sentir muy bisexual (como mínimo). 

>

Y esta chica se va a vivir con su abuela y descubre que su grupo de amigas son unas brujas. Es decir, “Gossip Girl”, pero con poderes y sin limusinas…

DICTAMEN: ¿No tuvieron suficiente con Jóvenes y Brujas?

>

Y otra pedorra más que descubre la sutil diferencia entre el mundo de la realidad y el de los cuentos. Dicen ha sido creada por los guionistas de Lost. Otros malvados aseguran que la han creado los guionistas de los PEORES capítulos de Lost.

DICTAMEN: El concepto “Grandes Relatos Telecinco” llevado al máximo. 

>

Y seguimos jugando con la realidad y el mundo de los cuentos. Esta vez ¡SORPRESA! protagonizada por un tío y con el sello de dos de los guionistas de Buffy y Angel. Los Grimm son tipos que pueden ver la maldad de los cuentos en nuestro mundo y el prota es uno de ellos. Esta reconozco que me pone un poco…

DICTAMEN: El rollo trama episódica a lo “Supernatural” me echa para atrás… pero… ñe… Lo mismo cae.

>

Más realidades paralelas. Un policía, con un aire a “Warlock, el hechicero”, tiene un accidente de coche con su mujer en el que muere su hijo. Al día siguiente, cuando despierta, es su mujer la que murió en el accidente y su hijo está vivo. ¿Cómo se puede convertir esta premisa en una serie? Ni idea oiga.

DICTAMEN: Tanta intensidad…  para que me acabéis haciendo un Fringe. No, ¿eh?

>

Steven Spielberg no sólo hace chorradicas como Smash o Indi IV. También nos trae esta serie mastodóntica poblada de dinosaurios, que recuerda bastante a AVATAR y que me hace temer un desarrollo a lo Seaquest. Esperemos que no se parezca a ninguna de las dos.

DICTAMEN: La espero con el volumen bien alto y una bolsa de pipas saladas.

>

Y J.J. Abrams no podía faltar. El Spielberg de la tele nos trae dos series a falta de una. Si echan de menos Lost, 4400 o The Event, puede que “Alcatraz” sea una buena metadona

DICTAMEN: Mierda… soy esclavo de este tío. Hay que verla.

>

…y si les apetece ver una versión larga de la saga Bourne, el bueno de J.J. se ha unido a Jonathan Nolan para regalarnos esto (que arranca MUY “Collateral”)…

DICTAMEN: Mierda… soy esclavo de este tío. Hay que verla…
DICTAMEN II:  Aunque el drama-queen de Caviezel y el rollo falsosesudo-todoloverbalizo de Nolan me echan un poco para atrás.

>

Y en un año tan dominado por las mujeres, no podía faltar una comedia en la que tres hombres reclaman su sitio en el mundo. Algo así como “Todos los hombres sois iguales”, pero a lo Apatow e incluso con cierta gracia.

DICTAMEN: ¿Dónde están las comedias este año? Me la juego con esta, peroooo…

>

Y otra de tíos reclamando su sitio. Esta vez, el actor calvo con más pelo del mundo se enfrenta a la paternidad del Siglo XXI.

DICTAMEN: ¿Demasiado noventas, no?

>

HBO se la juega a reparto de relumbrón… Dustin Hoffman y Nick Nolte en LUCK. Los que la han visto (en el último párrafo entenderán de qué hablo) dicen que es pelín lentorra, pero ¿quién puede tener prisa cuando escucha hablar a Hoffman en V.O.?

DICTAMEN: A Asesino en serie seguro que le gusta.

>

Y en el terreno de animación, FOX (la cadena más facha, pero con dibujos más irreverentes) apuesta por dos novedades. La adaptación de la peli indie más sobrevalorada de la historia: Napoleon Dynamite…

DICTAMEN: Lo mismo tiene algo más de ritmo que la peli original. Es más… lo mismo tiene ritmo.

>

…y esta que parece algo así como un biopic del Señor Galindo (el de “Crónicas Marcianas”) dibujado por Jordi Lavanda.

DICTAMEN: Casi seguro que no la veré, pero el prota tiene un potencial gigante.

>

Y la semana que viene… Bah.. No se lo van a creer, pero en Bloguionistas tenemos un infiltrado AHORA MISMO en los screenings de L.A… Si no saben lo que es eso, es algo así como el mercadillo donde ejecutivos de las cadenas de todo el mundo van a ver en primicia mundial todas estas series para comprarlas para sus parrillas. Crónica trufada de fotos sobre cómo es ese mundillo. Lo nunca visto… la semana que viene en Bloguionistas.

No se lo pierdan. ¡Lo mismo es interesante!


NO ME LO PUEDO CREER (2)

24 mayo, 2011

Esta va a ser mi última entrada en Bloguionistas durante una temporada. Una acumulación de circunstancias personales me ha dejado sin el poco tiempo del que había dispuesto hasta ahora para trabajos no remunerados como este. Y como no quiero acabar escribiendo cuatro líneas sin interés, prefiero darme un descanso. Si todo va como espero, espero poder regresar después del verano. Hasta entonces, gracias a todos por haberme leído durante este tiempo. Mientras tanto, nos “vemos” en los comentarios de las entradas del resto de los Bloguionistas.

Terminé la entrada de la semana pasada diciendo que creo que hay una manera de conseguir que los procesos de desarrollo sean mucho más fluidos de lo que lo son habitualmente.

El “método” es muy sencillo: se trata de implicar desde el principio a quienes toman las decisiones. E implicar significa que participen en todas las reuniones de desarrollo incluso cuando el guión de la serie o la película solo existe como una idea descrita en cuatro líneas.

Si tus jefes sienten las decisiones que se toman como suyas (y realmente entienden porqué se han tomado) les costará mucho más descartarlas, pimero porque no verán motivo para hacerlo, pero también porque nuestro cerebro está “cableado” para anteponer las decisiones emocionales a la fría lógica. Una vez te implicas, no resulta tan fácil tomar distancia y obligar a desandar lo andado (de la misma manera que si trabajas en la televisión y sabes cómo son las cosas desde dentro, suele costarte más criticar duramente el trabajo de tus compañeros; y no, no es corporativismo, es empatía*).

Escribir es un proceso continuo de prueba y error. Muchas veces una idea explicada brevemente en una reunión parece maravillosa y una vez se desarrolla, ya sea en la misma reunión o sobre el papel, resulta ser inutilizable, un callejón sin salida que te impide llegar al punto que quieres alcanzar en el siguiente segmento de la historia, una pieza del puzle que no encaja. Y aunque estés enamorado de tu idea, hay que dejarla fuera.

Y si no se participa de ese proceso, en ocasiones puede ser muy difícil saber porqué se ha elegido un camino en lugar de otro. Así, pasa que un productor ejecutivo se empeña en que escribas una variante de una trama que ya has escrito y abandonado tiempo ha, pero que él nunca llegó a leer, o que la cadena plantee cambios de rumbo descartados ya hace meses por el equipo de guión.

Lo que supongo que estaréis pensando algunos es que todo lo anterior está muy bien, pero que de quien menos depende que los procesos de desarrollo avancen de una forma fluida es de los guionistas. Y es cierto. Aquellos que planifican el trabajo son quienes deben ser conscientes de que para producir una serie no basta con reunirse con los guionistas un par de veces al mes. Al igual que hay cursos de guión, debería haber cursos para productores ejecutivos, coordinadores y directores de ficción. En ellos, les enseñarían a leer documentos de trabajo como lo que son, un listado de ideas que pueden desarrollarse de muchas maneras posibles (y a no juzgarlos como si se trataran de la primera versión de un guión); que es muy importante dedicarle tiempo a analizar las escaletas antes de darles el visto bueno sino quieren encontrarse luego con un guión que no les gusta; que es imprescindible que la productora y la cadena unifiquen criterios antes de poner a trabajar a los guionistas, o que decidir el formato de una serie es algo que debe ocurrir previamente a la escritura. Y que ningún casting, ninguna fotografía, ni ninguna dirección artística son capaces de salvar una historia artrítica.

Claro que ser productor ejecutivo, coordinador o director de ficción tampoco es ninguna bicoca. Todo lo contrario. La presión puede llegar a ser insoportable. La mitad de las veces, cuando el responsable de una serie acude a una reunión sin saber muy bien por dónde se anda, suele ser porque su jefe le obliga a repartir su tiempo entre varios proyectos a la vez o porque se le han atribuido a una sola persona funciones que deberían ser responsabilidad de varios profesionales. Y así, seas quien seas, resulta imposible hacer bien tu trabajo.

En todo caso, lo que no puede ser, pero pasa demasiadas veces, es que el desarrollo se convierta en una intriga palaciega donde cada uno dedica más tiempo a conspirar para tratar de salirse con la suya que a contribuir a un objetivo común.

Y eso es algo de lo que sí que somos culpables en algún momento todos los miembros del equipo.

Me hizo gracia leer hace poco estas declaraciones del ilustrador de posters de cine Tyler Stout hablando de una maña suya para torear a sus jefes:

“En el pasado hemos hecho cosas del tipo de entregar una primera versión muy mala para que te pidan todos los cambios que quieran hacer y entonces haces una segunda revisión muy buena que en realidad era lo que querías hacer desde el principio y te dicen: “Muy bien, ¿lo ves? Sabía que podía conseguir que lo hicieras”. Entonces se sienten como que han tenido  influencia sobre lo que has entregado y que era su idea”.

Y, aunque lo que dice Stout tiene su gracia, precisamente creo que eso es lo que hay que tratar de evitar: desperdiciar energía inventando maneras de “calmar” a quienes toman decisiones en vez de dedicarla a hacer mejor tu trabajo.

Pero por desgracia, no sé si debido a la crisis económica o porqué, todo indica que las cosas no solo no van a mejorar sino que van a ir a peor. Los sueldos bajan, aumentan las responsabilidades, y el día sigue teniendo 24 horas.

En fin, no quiero terminar mi colaboración en Bloguionistas (aunque sea solo de forma temporal) en un tono tan bajonero. Porque pese a todo, muchas cosas están cambiando, y lo están haciendo a mejor. Se están grabando o se van a grabar tipos de series que nunca habríamos esperado ver en una cadena generalista española (misterios sobrenaturales, aventuras históricas, ¡zombies!), y poco a poco están quedando atrás ideas que solo hace unos años parecían incuestionables sobre lo que está dispuesto a aceptar de su ficción un espectador de aquí. Los presupuestos suben, a veces hasta se cuida la estética, y ya “serie española” no equivale necesariamente a sitcom hipertrofiada con escenarios iluminados como un stand de Ikea (lo que tampoco es necesariamente malo si se hace bien; lo importante es que no todo sea así).

Sabemos lo que podemos y queremos hacer.

Ahora solo tenemos que aprender a hacerlo en condiciones.

Estoy convencido de que estamos ante el principio de algo bueno.

*Leyendo ciertos comentarios, me da la impresión de que algunos asiduos de Bloguionistas querrían leer una entrada que comenzara más o menos así: “Nuestras series son una mierda. Los guionistas somos unos incompetentes, los productores unos hijos de puta, y los directores de ficción de las cadenas, el mal personificado”.  Pero la realidad es mucho más complicada que eso.


SOBRE CREMATORIO (II)

22 mayo, 2011

Por Daniel Castro

La semana pasada, publiqué un apasionado post en el que, básicamente, me limitaba a repetir varias veces, y con diversas fórmulas, que “Crematorio” producida y emitida exclusivamente por Canal Plus era inmensamente superior a (casi) toda la producción nacional de televisión de las últimas décadas.

Ahora, una semana más tarde, os voy a intentar contar porqué.

“Crematorio” es una serie basada en la novela de Rafael Chirbes del mismo título. Me la leí el verano pasado, cuando que se estaba rodando esta serie.

La novela me resultó bastante difícil de leer, ardua y muy discursiva. Ganó el premio nacional de la Crítica en 2007, así que no niego que estuviera bien escrita (tampoco lo aseguraría con demasiado ardor). Algunos capítulos son narrados en tercera persona. Muchos otros, sin embargo, son monólogos interiores del protagonista, Rubén Bertomeu. Si tenéis cierta experiencia en este trabajo (o un poco de sentido común, cosas, por cierto, no siempre coincidentes) imaginaréis que “novela ardua y muy discursiva” y “monólogo interior” no son justo las palabras favoritas del guionista al que le toca adaptar una novela.

Efectivamente, “Crematorio” es una novela llena de pensamientos, de razonamientos, en la que la trama (intrincada, compleja y de largo desarrollo en el tiempo) aparece fugazmente, casi oculta tras inteligentes reflexiones sobre casi cualquier asunto.

Con esfuerzo uno llega a sacar en claro una pequeña línea narrativa: con motivo de la muerte de su hermano Matías, Rubén Bertomeu, poderoso constructor de unos setenta años reflexiona sobre su vida y recuerda cómo eran él y Matías cuando todavía tenían cosas en común. Cada uno escogió un camino diferente: Matías, comprometido ideológicamente, se dedicó a la agricultura ecológica pero sin excesiva constancia ni éxito. Rubén, en cambio, comenzó construyendo edificios con cierta intención social y acabó convertido en un promotor sin escrúpulos, asociado a delincuentes internacionales, inmensamente rico, con una hija que le desprecia, y casado con una mujer mucho más joven que él. Ahora, algunos de sus socios delincuentes empiezan a crearle problemas.

En resumen, la novela de Chirbes trata de ser la historia de la descomposición de la generación que “trajo” la democracia a nuestro país. Y, por lo tanto, un retrato de la corrupción material y moral (¿no van siempre unidas?) de España en los últimos años. Dos hermanos cultos y comprometidos, procedentes de una familia acomodado, acaban sumidos el uno en una especie de abulia intrascendente e improductiva, el otro en la corrupción más descarada y cínica.

La novela arranca, al igual que la serie, el día en que Matías (el hermano “comprometido”) fallece. Este acontecimiento actúa como detonante de las reflexiones de su hermano Rubén. Sin embargo, tal vez por no poder contar con el personaje de Matías para dar una contrarréplica ideológica al discurso de Rubén, Chirbes incluye en la narración también a Federico Brouard, amigo de ambos hermanos, y novelista, que recuerda lo que los tres amigos pensaban en los años setenta, cuando eran aún jóvenes e idealistas.

Sí, resumiendo, “Crematorio” la novela es, en mi opinión, una historia sobre ideales. Tal vez sería mejor decir que es una novela sobre ideales traicionados. En mi opinión, la novela enfatiza demasiado este aspecto. Rubén Bertomeu es un hombre de gran inteligencia y cultura, comprometido con la izquierda y que pasa convertirse en un despiadadísimo constructor y, posteriormente, en un delincuente relacionado con el narcotráfico.  El arco del personaje es tan espectacular como, en mi opinión, poco justificado. Hay algo de esquemático y poco verosímil en el enfrentamiento entre estos dos hermanos tan opuestos.

También encuentro bastante inverosímil que el constructor Bertomeu sea un personaje de tanta cultura, alguien que, en su juventud fuera un tipo tan comprometido con la política, con la necesidad de cambiar el mundo por medio de la arquitectura. Las personas reales de esa misma generación que se han enriquecido con la construcción en nuestro país no tienen mucho que ver con ese cínico pero culto Bertomeu que nos describe Chirbes.

(En esta entrevista, Chirbes viene a explicar qué intentaba hacer atribuyendo esos monólogos tan elevados al personaje principal: lograr que el lector entendiera y, por lo tanto, se acercara al personaje al que, en principio, más podía detestar).

Bien, llevo folio y medio comentando la novela y aún no he empezado a hablar sobre cómo Jorge Sánchez – Cabezudo y sus coguionistas han llevado a cabo la versión televisiva.

Creo que… lo haré la semana que viene.


15-M: QUINCE CANCIONES PARA UNA REVOLUCIÓN

21 mayo, 2011

por Bárbara Alpuente.

No sé en qué acabará todo esto. No sé si aguantaremos el impulso revolucionario tras las elecciones, o si nuestra intención para cambiar este sistema se quedará en ceniza a partir del lunes.

Ojalá no. Ojalá todo esto sirva para algo. Pero tengo fe. Por primera vez en mucho tiempo, puedo decir que la tengo. Porque no estamos representados por ningún partido, porque no pedimos para cada uno de nosotros sino para todos, porque no gritamos asfixiados por el yugo de la ideología. Y porque confío en que esto no sea un movimiento exclusivamente juvenil destinado a perder el pulso entre los restos de un macrobotellón.

Por eso propongo mi playlist para la revolución. Puede que en unos días este post resulte ya anacrónico. Pero insisto, ojalá no. Ojalá esta vez consigamos despertar.  #spanishrevolution

Playlist 15-M en Spotify

Rage Against The Machine – Wake Up
Florence + The Machine – Dog Days Are Over
Muse – Uprising
The Rapture – Echoes
Bob Dylan – Things Have Changed
Lou Rhodes – Each Moment New
Stephanie McKay – Say What You Feel
Cypress Hill – Rise Up (feat. Tom Morello)
PJ Harvey – Hardly Wait – 4-Track Demo Version
Cage The Elephant – In One Ear
Juana Molina – Un Día
Ben Harper – Fight For Your Mind
Radiohead – Everything In Its Right Place
Alice In Chains – No Excuses
Patti Smith Group – People Have The Power – Digitally Remastered, 1996



CONSULTORIO LEGAL CON TOMÁS ROSÓN

19 mayo, 2011

por Sergio Barrejón.

De vez en cuando, llegan al email de bloguionistas consultas de tipo legal que, por prudencia, no nos atrevemos a contestar. Normalmente, lo que hacemos es sugerir a los lectores que consulten con un abogado.

Yo, personalmente, suelo recomendar a todo el mundo que acuda a Tomás Rosón. Abogado en ejercicio desde hace cuarto de siglo, Tomás Rosón ha sido asesor legal del sindicato ALMA y de la entidad de gestión DAMA desde sus inicios. En 2002 fundó la firma Gravina Abogados, desde la que ofrece sus servicios a los socios de ALMA y DAMA a precios muy ventajosos.

Hace dos semanas, el lector A.M.R. nos escribió unas preguntas que ya son viejas conocidas entre los guionistas de largometraje que intentan hacer llegar sus obras a las grandes productoras. Concretamente, son preguntas que se ha hecho todo aquel que haya visitado la página en que Filmax establece las condiciones bajo las cuales recibe guiones no solicitados:

Hola,

os planteo una pregunta por si pudiera ser motivo de comentario en vuestro blog:

Recientemente he acabado biblia, tratamiento y guión de una serie de televisión. Me disponía a enviar todo el material a Castelao, una filial de Filmax que ha producido una serie (Polseres vermelles) con un tono que se ajusta bien a lo que yo propongo.

El caso es que en Castelao (Filmax) tienen como requisito indispensable firmar el siguiente documento:

Como veis el documento priva al guionista de casi cualquier derecho existente, pero el punto V es particularmente terrible. Cito:

“El DECLARANTE renuncia toda acción y reclamación judicial o extrajudicial contra CASTELAO relativa a la vulneración de propiedad intelectual, plagio y/o uso de material en dominio público que pueda estar incluido en el PROYECTO.”

Dicho esto mi pregunta es: 

1.- El punto V, ¿es legal?

2.- El punto V, ¿es habitual?

3.- El punto IV, sobre la exclusividad, ¿es habitual? 

En mi opinión todos los puntos del contrato son un completo abuso; exclusividad, cesión de derechos de por vida, cesión de tu propiedad intelectual… pero agradecería vuestra visión del asunto.

Un saludo y enhorabuena por el blog!

Esta vez, en lugar de derivar al lector a Tomás Rosón, decidí probar a llamar yo mismo a Tomás y proponerle que contestase él directamente, aquí en Bloguionistas. Aceptó sin dudarlo, y sin pedir nada a cambio. Y ésta es su respuesta:

Lo primero a considerar es qué significa la cláusula V, y de ella cabe destacar que no se refiere a las infracciones sobre el material original aportado (obviamente una renuncia a una acción por plagio sobre tal material sería nula, pues el plagio es un delito, y los derechos morales de propiedad intelectual, como el de paternidad de la obra, irrenunciables), sino a las infracciones del material de dominio público incluido en el proyecto, por lo que parece una forma sibilina de apropiarse más que de obras, de ideas que no son protegibles desde el punto de vista de la propiedad intelectual: por ejemplo, de la idea de hacer una obra sobre un personaje histórico determinado. Para proteger estas ideas precisamente se usan cláusulas de confidencialidad que dicen exactamente lo contrario de lo que se recoge en ese documento. Puede consultarse un modelo en la página de ALMA (descargable sólo para afiliados).

La cláusula IV no es de exclusividad, sino una garantía del autor de que su obra es original e inédita y que no se ha movido en productoras o concursos. No es ilegal en sí misma.

Con carácter general, no obstante, y desde el punto de vista de un guionista profesional, es poco recomendable suscribir documentos como éste, pues aunque está pésimamente formulado en términos legales y deja muchos agujeros, “barre para casa”: sin conllevar obligación alguna a Castelao (que ni siquiera está obligada a contestar), en la práctica se convierte en una opción de compra a su favor gratuita por seis meses, y no hay porqué regalar a nadie una opción que cuesta dinero en el mercado: los guionistas profesionales que valoran su trabajo no dan a las productoras opciones gratuitas, sino remuneradas.

La razón es clara: la empresa tendrá mucho más interés en colocar los proyectos que le cuesten dinero: de hecho, si pagan, es que tienen interés en desarrollarlo. Por otra parte, no se tardan seis meses en leer un proyecto y evaluar el posible interés, sino un mes a lo sumo, que sería un plazo razonable para dejar una obra en depósito.

En seis meses, Castelao podría no sólo entregar el proyecto a terceros (cosa que se autoriza en el documento) sino moverlo por las televisiones y, además, “quemarlo” ofreciéndolo junto con otros igualmente gratuitos, e incluso, siendo malpensados, simplemente retirarlo de la circulación para que no haga sombra a otros proyectos que le interese colocar a dichas televisiones.

Además de enviarme su respuesta, y siendo como es una persona ocupadísima, Tomás Rosón me pidió que dejase claro que la colaboración que podía ofrecer a este blog sería esporádica y sólo para asuntos de interés general.

Así que todos aquellos que tengáis una duda legal y queráis la opinión clara y directa de un especialista, podéis contactar con Tomás Rosón en Gravina Abogados.

Muchas gracias, Tomás.



EL REGISTRO DEL BUEN ROLLO INTELECTUAL

18 mayo, 2011

a

Cuando empiezas en esta cosa de escribir y terminas tu primer guión generalmente lo primero que haces es registrar tu trabajo. Estás dispuesto a acabar con todos los árboles del Amazonas para imprimir una y otra vez tu fastuoso guión y que este llegue a todas y cada una de las productoras del país. Como siempre has oído que en esto del audiovisual se roban sin piedad los guiones de jóvenes promesas, crees que la hojita del registro te otorgará un barniz de inmunidad ante esos villanos productores.

Con el tiempo te das cuenta de que, a no ser que sea un caso flagrante de plagio… es decir, párrafos y diálogos calcados silaba a silaba, el Registro de la Propiedad Intelectual no vale para casi nada.

Y digo CASI porque aquí es donde vuestro amigo Chico Santamano, curtido en cuatro o  cinco batallas (por lo menos), os da un nuevo consejo.

a

El Registro de la Propiedad Intelectual es un sitio maravilloso para evitar que te la jueguen. Pero no los productores, no… Para evitar que te la juegue tu co-guionista/autor/amigo/compañero.

a

Les contaré una historia a modo ilustrativo en cuatro breves episodios:

CAPÍTULO I

Hace algunos años tenía una idea demasiado complicada para ser CINE ESPAÑOL. Aventuras, época, personajes extranjeros, localizaciones extranjeras e idioma a la fuerza extranjero. En mi entorno contaba con alguien de total confianza que buscaba una historia para escribir una novela. ¡Genial! Yo tengo la idea y tú el talento y las ganas de desarrollarla. Ambos estábamos de acuerdo en firmar la novela a pachas, así que… ¡Al lío!

CAPÍTULO II

Durante un par de semanas desarrollé lo que sería “la escaleta” de esa novela. Describí los personajes y fui escribiendo punto por punto todo lo que le pasaba a mis/nuestros protagonistas. Una vez terminada esa escaleta se lo pasé a la otra persona y esta se puso manos a la obra. Según iba acabando cada episodio, me lo iba mandando y yo lo iba repasando. Y así en un tiempo razonablemente rápido tuvimos un primer esbozo de novela. Nunca llegamos a registrar la historia. Siempre confiamos el uno en el otro. Todos somos buenos, ¿no? ¿Qué podía torcerse?

CAPÍTULO III

Todo se fue a la mierda. Las relaciones personales (a veces) son una asco y esta vivió una crisis total por lo que se puso tierra de por medio. Tonto de mí, creí que el proyecto moriría con la relación personal, pero tal y como se pueden imaginar, meses después me enteré de que esta persona estaba moviendo el proyecto por editoriales sin mi permiso. Cuando descubrí el percal intenté registrar mi escaleta y en el Registro me notificaron que esa misma historia ya había sido registrada con anterioridad por mi co-guionista/autor/amigo/compañero.. ¿Adivinan cuándo? Apenas tres o cuatro días después (dos de ellos no laborables) de haber finalizado la relación personal entre ambos.

CAPÍTULO IV

Por suerte yo tenía un buen abogado, mails, documentos de trabajo y un trillón de testigos dispuestos a declarar que la historia (cuanto menos) era de ambos. La otra persona, hasta la fecha, no tuvo la suerte de cara. El libro no se llegó a publicar y paradojas de la vida, recientemente se ha publicado un libro de un autor italiano que es prácticamente IGUAL al nuestro. ¿Podríamos demandarle a él? ¿Y él a nosotros? Sería una guerra perdida por cualquiera de las partes.

a

En definitiva, si trabajan en equipo háganse el favor de registrar las cosas mientras haya buen rollo. Olvídense de los supuestos productores plagiadores y háganlo por ustedes. La confianza es lo primero, pero cubrirse las espaldas no está de más.

Que nunca se sabe…

PD: ¿Consejos sobre qué y cómo registrar? No se pierdan este video.


NO ME LO PUEDO CREER (1)…

17 mayo, 2011

por David Muñoz

Decía Miguel en los comentarios de la entrada de la semana pasada:

“Os llevo leyendo desde que empezasteis aquí, ya que vengo de leer los blogs de alguno de vosotros. Así que tengo más o menos claro cómo funcionan las cosas en la televisión patria.
Partiendo de la base que los que escribís en televisión tenéis un nivel mínimo como profesionales, a partir del cual cada uno llega hasta donde llega, y que no va a dar la casualidad que una serie contrate a los más incapaces y otra a los únicos buenos… ¿cómo es posible que el mismo colectivo escriba Crematorio y Piratas? Es decir, sé por vosotros mismos por dónde van los tiros, pero tengo una malsana curiosidad por saber cómo os dirigen en el día a día para escribir unos u otros diálogos. Porque no me puedo creer que nadie escriba según qué cosas convencido de lo que hace.
Lo pregunto en serio, no me puedo explicar lo que vi y oí durante un rato anoche a razón de cien kilos el capítulo”.

Bueno Miguel, yo todavía no he podido ver ni Crematorio ni Piratas, así que no te puedo decir nada sobre ellas y mucho menos de sus diálogos. Pero por supuesto que los guionistas que han trabajado tanto en uno como en otro proyecto son profesionales competentes que tratan de hacerlo lo mejor que pueden. Y estoy seguro de que las dos series están dialogadas cómo deben estar dialogadas. Por lo que sé, no pueden ser dos series más diferentes entre sí. Probablemente los diálogos de Piratas chirriarían en Crematorio y viceversa. Es una cuestión de tono. También estoy convencido de que, al contrario que tú, muchos espectadores habrán disfrutado más con Piratas que con Crematorio. ¡Así es de complicada esta profesión!

En realidad, creo que no deberíamos dar por hecho que de poder elegir qué escribir, la mayoría de los guionistas elegirían una historia seria en vez de una comedieta. Al igual que ocurre con los espectadores, hay guionistas para todos los gustos.

Sin embargo, dejando a un lado los dos ejemplos anteriores, es cierto que muchas veces pones la televisión y no te puedes explicar lo que ves y oyes. Pero en esos casos no creo que el problema sea solamente “como te dirigen”. Eso es a menudo un problema, desde luego, pero no el único.

La creación de una serie es un esfuerzo colectivo muy enrevesado en el que intervienen muchos interlocutores y que puede tomar derivas de lo más absurdas. Por eso, es cierto que a veces puedes acabar escribiendo sin estar nada convencido de lo que haces, preguntándote qué demonios ha pasado para que aquel proyecto tan interesante que te contaron cuando decidiste sumarte a él ha terminado convertido en un engendro sin una personalidad definida que a esas alturas ya no le gusta a nadie. Ni a los guionistas, ni a los productores, ni a la cadena.

Resumiendo mucho, una de las maneras en las que nacen las series de televisión es la siguiente: Un productor ejecutivo que trabaja a sueldo de una productora tiene una idea. Dicho productor escribe un documento de venta, convence a sus jefes de que tiene entre manos algo interesante, y si ellos están de acuerdo, se presenta el material en una cadena de televisión. Entonces, si el proyecto gusta, la televisión invierte una pequeña cantidad en la escritura de varios guiones (y a veces en diseños preliminares) y comienza el siempre complicado proceso de desarrollo supervisado por un equipo de la cadena que debe llevar a que se dé luz verde a la serie y se acuerde una fecha para empezar la preproducción, y quizá, la grabación.

Existen muchas variantes de esta “escaleta”, pero esta suele ser la más habitual.

Lo fácil sería decir que la culpa de que las cosas no salgan bien es siempre de la cadena (al fin y al cabo se encuentran en la cima de la pirámide), pero me temo que es una explicación demasiado facilona que si bien nos sirve a los guionistas para quedar siempre como los buenos de la película, no siempre se ajusta a la realidad.

La realidad me temo que es más compleja.

El verdadero culpable suele ser el miedo, la emoción que en mayor o menor grado condiciona muchas de las decisiones de aquellos que formamos parte del proceso de desarrollo.

El miedo y su hijo bastardo, la duda.

El ejecutivo tiene miedo a gastarse 400.000 mil euros por episodio en una serie de televisión que no acabe viendo ni el tato y, para cubrirse las espaldas, suele pretender que trate de gustar al padre, la madre, los hijos y la abuela; al productor le aterra que en algún momento el ejecutivo decida dar cerrojazo al desarrollo y quedarse sin serie (lo que puede significar quedarse sin productora), pero aún así lucha por conservar lo que puede de su concepto inicial; el coordinador de guiones intenta agradar a sus dos jefes y se devana los sesos tratando de hacer compatibles todas sus sugerencias, y mientras tanto los guionistas andan perdidos sin saber muy bien qué es lo que deben escribir, si tienen que querer más a papá o a mamá.

El resultado de todo este mogollón son procesos que discurren sin una dirección clara y que dan como resultado productos amorfos. Y eso es algo que a los guionistas suele hacernos la vida más difícil que escribir una serie “buena” o “mala” (algo que de todos modos es muy subjetivo; cada uno aplicaríamos un adjetivo u otro a unas series diferentes, como con el ejemplo de Piratas y Crematorio). Además, cuando estás bregando con el día a día de la escritura de una serie, te resulta muy difícil saber si lo que estás haciendo va a acabar siendo bueno, malo o regular de acuerdo al criterio que aplicas para valorar el trabajo de otros.

La teoría la tenemos clara. Las grandes series que todos admiramos (o al menos respetamos) responden a un concepto muy claro. Desde House a CSI pasando por Cheers, todas tienen una personalidad muy definida. O, por usar ejemplos españoles, Cuéntame o Amor en tiempos revueltos.

Porque, al igual que el protagonista de una historia tiene que tener un objetivo claro, las series de televisión tienen que saber qué es lo que quieren contar y cómo quieren contarlo.

Y como he dicho antes, muchas veces no lo tienen. O lo tuvieron, pero lo perdieron por el camino.

Puedes vender una serie de ciencia ficción y acabar escribiendo un western. O empezar escribiendo un thriller y terminar estrenando una comedia.

Os juro que pasa. A mí me ha pasado.

Y es entonces cuando te vuelves loco.

A resultas de todo esto, más de una vez me he visto escribiendo el desarrollo de una trama cuya razón de ser (y cuya lógica) no entiendo demasiado bien. Una trama que suele ser el resultado de tratar de combinar las necesidades (o los caprichos) de todos tus jefes.

Pero ya digo que no es solo responsabilidad de las cadenas. Muchas veces de quien se apodera el miedo es de los productores, que de pronto caen en la cuenta de que su concepto puede ser demasiado arriesgado para conseguir la audiencia que pretenden (y con ella la renovación de la serie, que casi siempre empiezan a ser rentables en la segunda temporada); o del coordinador de guiones, que con tal de no tener problemas da su brazo a torcer cada vez que surge un conflicto y deja de luchar por defender la serie que sabe que habría que escribir. O incluso de los propios guionistas (la infantería de la producción), que pese a que sabemos que lo que estamos haciendo no tiene ni pies ni cabeza, seguimos ahí, al pie del cañón, ganándonos las habichuelas lo mejor que podemos. Aunque en este caso no creo que se pueda hablar de “culpa”. Siguiendo con el símil militar, si un pelotón no consigue tomar una colina siguiendo las órdenes de su capitán y su general, no me parece que pueda responsabilizárseles a ellos por mucho que a veces en vez de correr vayan andando.

En este caos, se producen todo tipo de situaciones absurdas. Sobre todo cuando además de al habitual marear la perdiz, se suma la falta de comunicación. Más de una vez me he visto reescribiendo un guión de acuerdo a las supuestas directrices de la cadena para descubrir después de entregarlo que querían justo lo contrario de lo que nosotros creíamos.

Lo triste es que ni siquiera puedes enfadarte. Solo frustrarte. Porque aquí no suele haber malos. A nuestra manera, todos los implicados compartimos el mismo objetivo: hacer una buena serie de televisión.

Solo que cada uno tenemos una idea muy diferente de lo que significa “buena”.

A veces lo único que unos y otros acabamos teniendo en común es que acabamos estresados y medio deprimidos. Resistir todos esos meses de desarrollo sin perder las ganas de escribir suele ser el trabajo más duro al que tiene que enfrentarse el guionista.

Afortunadamente, no siempre se hacen las cosas así de mal. También hay procesos de desarrollo coherentes donde todo el mundo busca un objetivo similar. Y creo que hay una manera de conseguir que sean así. O por lo menos de facilitarlo.

Pero de eso hablaré la semana que viene.


SOBRE CREMATORIO (I)

16 mayo, 2011

Por Daniel Castro

Son las cuatro de la mañana y acabo de verme cinco episodios seguidos de “Crematorio”, la serie de Canal Plus sobre la novela homónima de Rafael Chirbes. Ya hablé de ello hace unos meses, en este post de respuesta a Chico Santamano. Es demasiado tarde para escribir mis opiniones sobre la serie. Dentro de unas horas, cuando haya dormido un rato, actualizaré este post y contaré algo más interesante y algo menos personal.

Ok. Han pasado unas cuantas horas, ya estoy algo más despierto (no más brillante).

Escribo mis impresiones sobre “Crematorio”

- Es la mejor serie española de los últimos años. Con últimos años, quiero decir dos o tres meses. La única serie comparable la produjo, también Canal Plus, hace poco: “¿Qué fue de Jorge Sanz?“.

- Las demás series juegan en otra liga.

- Se llama liga infantil.

- “Crematorio” contra cualquier serie española reciente es como Pau Gasol contra mí. Yo estoy cojo, borracho y con fiebre.

- “Crematorio” contra cualquier serie española reciente es como Andrés Velencoso contra mí. Yo con un ojo hinchado, borracho y con dermatitis facial.

- ¿No podría emitir una cadena privada generalista una serie como “Crematorio”? ¿Por qué? ¿Qué dice esto sobre esas cadenas? ¿Qué dice sobre nosotros y lo que hemos estado viendo en las últimas decadas? ¿Y sobre lo que hemos estado escribiendo?

- “Crematorio” es Strauss Kahn. El resto de las series españolas recientes son la limpiadora del hotel, huyendo por la suite, aterrorizada por lo que se le viene encima.

- Lo que le hace “Crematorio” a cualquier serie española reciente es legalmente perseguible. Ilegal. Obsceno.

- “Crematorio” contra cualquier serie española reciente es como Kasparov contra mí. Yo tengo sueño, he perdido ya la reina y estoy borracho, claro.

- En mi ciudad, contaban de un gitano que robaba a los críos sus relojes y luego les meaba encima. Pues eso.

- Viendo las series a las que nos hemos acostumbrado (series que algunos hemos coescrito, por cierto) sacarle defectos a “Crematorio” es como buscarle puntos negros a la hermana guapa de Claudia Schiffer.

- La próxima semana me dedicaré a ello.


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 1.709 seguidores