FLASHBACK: LA MÁQUINA DEL TIEMPO

31 agosto, 2011
Por Chico Santamano.
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Hay videos como el que traigo en este post que nos convierte en auténticos viajeros del tiempo. Somos ese tipo que viaja años atrás y mira con cierta suspicacia al conocido que le rodea. Sabemos que por mucho que se esfuerce en seducir a aquella compañera de clase o en triunfar como escritor de best sellers nunca lo conseguirá. En el presente del que venimos, ese secundario está casado con una señora de Meco y va puerta por puerta haciendo lecturas del gas.
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Esta es la sensación que se apodera de mí cuando veo este documento histórico. Enrique y Ana anunciaron su ruptura en el “Un, dos, tres”. Tags: Mayra Gómez Kemp. Una pareja musical de éxito. Ambiente navideño. Una horrible noticia para millares de niños de toda España. ¿Se les ocurre mejores ingredientes?
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Los pobres se las prometían muy felices.  El principio del fin…
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Enrique ya apuntaba maneras como ese gran pelota de gurús televisivos. Primero con Chicho Ibáñez Serrador. Años después, con 30 kilos más y la fama artística dándole la espalda, a Javier Sardá. Quién le iba a decir que acabaría como ese entrañable mitómano, desquiciado y necrófilo que comparte de vez en cuando foto de perfil en Facebook con Rocío Jurado.

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Ana también mostró su interés por continuar con su prometedora carrera artística. Y al igual que su compañero, faltó a la verdad. En teoría, la pobre se convirtió en la gran desaparecida de la historia contemporánea de este país junto con Antonio Anglés. Y digo “en teoría” porque en realidad no está tan desaparecida. A ella le fue mejor que al pobre Enrique. Poca gente conoce esta primicia. Ana ha llegado muy alto…

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Ana se convirtió en la primera Presidenta de EE.UU.
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FLASHBACK: STORYTELLING IN THE USA

29 agosto, 2011

 Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Bien, voy a escribir este post sin saber muy bien qué voy a decir en él.

Ando a ciegas. Tanteando con las manos pero… sin saber muy bien dónde estoy. Ni dónde está el camino.

Vamos allá.

La cuestión es la siguiente: desde hace varias semanas, he ido detectando una tendencia en varios artículos que he leído. Eran artículos muy diferentes, en medios muy distintos y sobre asuntos que, aparentemente, no tenían demasiado que ver.

Pero, evidentemente, algo tenían en común. Por eso los traigo aquí.

Todos hablaban de narración de historias. Más concretamente usaban el término inglés: “storytelling”. Pero… no eran artículos sobre cine o series de televisión. Ni siquiera hablaban de literatura.

¿Recordáis aquél libro que, a modo de fábula, aconsejaba a los directivos a adaptarse a los cambios y los comparaba con ratones en busca de un queso? Pues bien, algún gurú ha debido de escribir otro libro de ese estilo en el que habla de storytelling porque… ahora éste se ha vuelto el concepto de moda en marketing.

Por decirlo con otra expresión muy norteamericana: el storytelling es el nuevo queso.

He estado buscando en Internet cuál es el libro (o quién es el autor) que ha originado esta tendencia pero no he encontrado nada concluyente. Sólo he dado con artículos de Peter Guber y otros directivos sobre el asunto.

Sigo sin saber quién empezó el fuego pero… ahí está. Ardiendo.

Bien, entro a explicar de una vez a qué me refiero.

Al parecer, los expertos en marketing acaban de llegar a una conclusión que muchos narradores ya conocían desde hace un tiempo: una historia llega al corazón de la audiencia de una manera mucho más directa que un slogan o un argumento comercial, por racional que éste sea.

Y como cualquier vendedor está interesado en llegar al corazón de su audiencia de la manera más directa, emocional (y acrítica) posible, la nueva intención de los expertos en marketing es difundir un relato en el que esté incrustado el producto que quieren vender.

Sé que todo esto suena muy abstracto, pero tal vez con este ejemplo se entienda un poco mejor.

Varios de los artículos a los que me refiero estaban relacionados con el marketing electoral. Y, más concretamente, con la campaña presidencial norteamericana, que habrá concluido cuando leas esto.

Como cuenta el escritor francés Christian Salmon (autor de “Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes”) en esta entrevista de Babelia, cada uno de los dos candidatos está identificado con una historia. Más que sus ideas o su programa lo que conocemos de Obama y McCain son (ciertos relatos de) sus vidas. No son relatos que hayan elaborado los medios, sino que proceden de sendos libros autobiográficos de títulos curiosamente parecidos “Los sueños de mi padre” y “La fe de mis padres” (Sin embargo, la diferencia es significativa. “Sueños” en el título de Obama, “Fe” en el de McCain).

Aunque no hayamos leído ninguno de los dos libros, todos hemos oído hablar de Obama y su paupérrima familia en Kenya, su abuela blanca al borde de la muerte durante la campaña (falleció la víspera de las elecciones), su pasado como trabajador social en humildes barrios de Chicago, esa triste temporada en Nueva York, su renuncia a un gran sueldo para trabajar por la comunidad…

¿Y qué decir de McCain, torturado en el Vietnam, preso del Vietcong, un héroe que renunció a la libertad si los comunistas no soltaban también a sus compañeros de armas? Cada vez que alza los brazos hasta la altura de los hombros en algún mítin recordamos la razón por la que no puede subirlos más arriba.

De esos relatos (evidentemente interesados) extraemos conclusiones, valores: McCain es un luchador que lo daría todo por honor, pondría a su país por delante de todo. El heroísmo encarnado. En cambio, Obama es el ejemplo de que alguien procedente del origen más humilde, del continente más pobre, de la raza más marginada, puede llegar a gobernar el país más poderoso. La esperanza y el cambio personificados.

El relato de la vida de cada candidato lleva a que cada votante deduzca los valores que le caracterizan y el tipo de gobierno que cabe esperar de él si sale elegido. No hace falta que lea su programa o escuche sus propuestas. El candidato se convierte en un personaje; con unos rasgos definidos y coherentes y, sus acciones, son por lo tanto, predecibles.

Según Salmon, y también este artículo de Robert Draper en el Magazine del NY Times, McCain no ha sabido utilizar tan hábilmente el “storytelling” como Obama.Draper contabiliza hasta seis diferentes relatos (narraciones) que McCain ha intentado contar a los electores a lo largo de la campaña: ha querido presentarse sucesivamente como el héroe luchador enfrentado a los que no dan la cara por su país, como el líder verdadero que se opone a una simple “celebridad” comparable a Paris Hilton, como el moderado que no permitirá los excesos fiscales de los izquierdistas… y así hasta seis relatos más.

En resumen, según Draper, McCain ha cambiado demasiadas veces de caballo para cruzar un solo río.

Por cierto, ahora, al ir enumerando algunas de las narraciones utilizadas por McCain, me he dado cuenta de que la narración no sólo sirve para caracterizar al candidato en sí, sino que la narración también establece el eje del relato. Y establece a los antagonistas. Por decirlo así, hacer hincapié en el heroísmo bélico de McCain centra el debate en los sacrificios que hizo el candidato y, por lo tanto, sus antagonistas deberán ser igual de heroicos que él para no ser considerados poco patriotas.

Aún a riesgo de que esto se convierta en un análisis político sobre estas elecciones concretas, no pienso que McCain vaya por detrás de Obama en las encuestas por haber cambiado demasiadas veces de narración como viene a decir el artículo de Draper.

Pienso que su problema ha sido la realidad.

La crisis económica se ha situado de pronto en el primer lugar de las preocupaciones de los ciudadanos de casi todo el mundo.

¿Y qué candidatos, qué relatos, se han encontrado los electores para hacer frente a ese problema?

Un héroe de guerra de 72 años, con mucha experiencia pero… miembro del partido que ha gobernado el país durante los últimos ocho años y un candidato joven, preocupado por los problemas sociales, empeñado en convocar esperanza y cambio.

Creo que las cosas hubieran sido muy diferentes si, en lugar de enfrentarse a un problema económico mal gestionado por el gobierno y las autoridades económicas durante los últimos años, los electores de los Estados Unidos se encontraran con que durante la campaña, su país sufriera, por ejemplo, un ataque terrorista procedente del extranjero o una serie de disturbios raciales.

Es decir, en mi opinión, la realidad le ha echado la mano a uno de los candidatos, presentándole a él como más adecuado para el puesto. Siguiendo con lo del relato, diríamos que el suyo se ha revelado de pronto como el más oportuno.

Por poner un ejemplo zafio: si una película violenta se estrena el fin de semana en que sucede un atentado, seguramente tendrá menos éxito que si se hubiera estrenado cualquier otro día.

Una vez que la realidad impuso que el debate se centraba en la economía, un terreno que les resultaba menos favorable, los asesores de McCain encontraron una respuesta ¿cuál fue? Otro relato. El de Joe el Fontanero.

De pronto, un hombre casi anónimo (llamarse Joe el Fontanero es casi como no tener nombre, es ser más un personaje que una persona) se presenta ante Obama y le cuenta en términos muy cotidianos un problema concreto que ataca con precisión uno de los puntos de su programa: “Yo no soy rico, soy sólo un fontanero al que no le va del todo mal y que quiere comprar la empresa para la que curra. Señor Obama, ¿por qué va a subirme los impuestos?”.

Joe el Fontanero, un hombre absolutamente desconocido hasta entonces, de cuya autenticidad se ha dudado (el NY Times le investigó y cuestiona aquí casi todo lo que dijo) fue mencionado repetidamente en el posterior debate entre los dos candidatos presidenciales. Incluso acudió a mítines del partido Republicano y compartió escenario con McCain y Palin. Lo de menos es, en mi opinión, la veracidad o no del testimonio de Joe. Lo que resulta aquí más interesante es cómo las anécdotas, los relatos vitales cobran importancia y se presentan como elementos argumentativos de primera importancia.

Bien, hasta ahora no he usado ejemplos españoles pero… la referencia al debate Obama – Mc Cain y las referencias a Joe el Fontanero me han hecho recordar el que fue, en mi opinión, uno de los momentos más sonrojantes de la televisión reciente; me refiero a “la niña de Rajoy”. Recuerdo con pavor la mirada vidriosa del candidato del PP mirando a cámara hablando con delectación de esa niña a la que le esperaba un brillante futuro si él ocupaba el gobierno. En esos momentos sólo temblé y pensé en cambiar de canal para eludir mis pensamientos más turbios. Sentí algo muy parecido a la vergüenza ajena. Ahora creo que estaba entrando en contacto por primera vez con un torpe intento patrio de storytelling electoral.

Aunque me he centrado en el electoral, esta tendencia a usar historias como elemento de venta está invadiendo todos los ámbitos del marketing. Aquí por ejemplo, está el libro “Será mejor que lo cuentes” de Antonio Nuñez, que habla del Storytelling enfocado a la comunicación empresarial.

Sinceramente, debo reconocer que todas estas tendencias de marketing me producen cuanto menos, cierta desconfianza. Por una lado no me gusta que las “sagradas herramientas de la narración” se empleen para vender lavadoras o candidatos electorales (en cambio, cuando las utilizo para ganarme unas pelas o intentar seducir a una chica, me muestro menos escrupuloso). Por otro, el eterno problema de la distinción entre verdad y ficción. Si lo que cuentan estos relatos es cierto, no encuentro problema en que se presenten de modo especialmente “narrativo”. Si es falso y se presenta como verdadero, ahí sí que tengo más problemas.

Por lo que he leído en la entrevista citada, Salmon es muy crítico con este nuevo enfoque del marketing. Me quedo con algunas de sus últimas respuestas: después de denunciar que, a su entender, las narraciones (ficticias) han sustituido a la realidad en la política, la economía, etc. Salmon dice que, sin embargo, todavía es posible contradecir los cuentos. También responde que no tenemos que desconfiar de todo: “de la experiencia no hay que desconfiar. Yo creo que estamos en un nuevo modo de opresión, no solamente política, sino una opresión simbólica que impide a la gente construir su propia vida, pensar y contar su propia experiencia. Éste es el momento de una nueva lucha democrática.”

Más artículos sobre el asunto:

Aquí Antonio Nuñez – Autor de “Será mejor que lo cuentes” sobre las elecciones norteamericanas y aquí, entrevistado y desayunando con El País

Artículo de Lluis Bassets sobre Obama como actor y guionista

“Storytelling una ruta al corazón”

Fotos:

John McCain rescatado del lago Truc Bach en 1967. Barack Obama en brazos de su madre, Ann Dunham. McCain en un mítin. Obama conversa con Joe el Fontanero en Holland, Ohio.

(Post publicado originalmente en Guionista en Chamberí el 5 de noviembre de 2008)


FLASHBACK: ¿SOMOS LOS GUIONISTAS ESCRITORES?

28 agosto, 2011

por Ángela Armero.

El otro día conocí a un a escritor joven y talentoso. Entáblamos una conversación cordial y me preguntó que si sólo escribía guiones. No se muy bien cómo, acabé justificándome por no escribir novelas, relatos breves, ni aforismos, ni haikus ni sonetos.

No. Solo guiones, amigo. Pero ahora recordándolo me viene eso de “excusatio non petita, acusatio manifiesta” a la cabeza. Es decir, ¿qué estoy haciendo con mi vida, escribiendo sólo guiones? Le dije que me sentía incómoda escribiendo algo que no fuera eso y que hacía mucho tiempo que no intentaba escribir prosa. Lo del mucho tiempo es relativo. Hace un par de años intenté escribir un “bestseller” (por empezar por algo fácil, vaya -modo ironía on) y lo dejé a las diez páginas. Actualmente no he desechado esa historia, pero si la retomo, será en forma de guión. Pero el joven escritor me dió en un punto débil.

¿Me gustaría escribir novelas?
Sí.
¿Soy capaz?
No lo sé.
¿Sería una escritora de verdad si escribiera otros géneros literarios?

Eso es lo que quiero preguntaros.

Según me dijo un viejo profesor y no es cosa baladí, “escritor es aquel que escribe todos los días”. Según esos parámetros, un periodista también es un escritor, aunque su oficio sea interpretativo más que creativo. Según esos parámetros, un guionista es un escritor. Según esos parámetros, el que apunta el menú a 10,50 en la pizarra del restaurante es un escritor. (Y quien diga que me estoy metiendo con los periodistas: se equivoca. Ni con los pizarreros. O pizarristas.)

Pero luego entras en una librería, con todos esos volúmenes que condensan la LITERATURA así con mayúsculas y tú, que haces un día un culebrón para chavales y otro sketches para una sitcom en una peluquería, sientes que estás en otra galaxia. No, no comparo a los guionistas con Kafka. Digo que somos de otra galaxia mucho, mucho más pequeña.

Supongo que lo que convierte a los escritores de prosa o de poesía en la jet de los creadores literarios es que su obra, terminada en sí misma ya es completa. Un guión sólo es una pieza en un engranaje, un material del que todo el mundo opina y que mucha gente puede cambiar.

Aparte de eso, creo que depende mucho de lo que se escriba y para qué medio. Me imagino que nadie se escandalizaría si digo que Pedro Almodóvar es un gran escritor, pero que sí me mirarían mal si dijera que los autores de Gossip Girl son grandes dramaturgos.

Tan escultor es quien crea “La piedad” como quien modela a Naranjito con arena en la playa. Quizá sea la obra la que permite diferenciar quién es un artista, quién un artesano… y quién un desgraciad@ que debería dedicarse a otra cosa.

¿Qué opináis?

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 3 de diciembre de 2010)



FLASHBACK: A MEDIO CAMINO DE UNA SÍNTESIS (IM)POSIBLE

27 agosto, 2011

Por Guillermo Zapata

Me gustaría que éste texto no se publicara por la mañana, me gustaría que apareciera en el filo de las doce de la noche, entre un año y el siguiente, entre una década y la siguiente.

Quiero decir que es, como todo lo que escribimos y leemos estos días, estos meses y, probablemente, estos últimos (o primeros) años, una cosa provisional, un intento de mapa, un borrador de algo. Es imposible pretender llevar razón porque nadie puede saber qué va a pasar.

Es imposible saber qué va a pasar en la industria cultural y es imposible saber que va a pasar en la cultura (Son dos cosas distintas, parece que hay que recordarlo). Es imposible saber que va a pasar en el cine y en el audiovisual en general (Son dos cosas distintas también). Es imposible saber qué va a pasar con nuestras formas de trabajar y con las formas de retribuir nuestro trabajo.

Esa imposibilidad no viene determinada por una cuestión cronológica. No es que no lo sepamos porque resulta que es nochevieja y porque resulta que el futuro tiende a ser distinto del presente. No, no lo sabemos porque estamos afrontando un cambio de paradigma en las formas de producir, distribuir y exhibir la cultura. Estamos colgados entre dos décadas, pero sobre todo colgados entre dos mundos…

En estas semanas, a raíz de la votación de la Ley de Economía Sostenible y sobre todo, del rechazo de la disposición final segunda de la misma, conocida popularmente como “ley Sinde”, hemos leído dos tipos de cosas sobre el futuro.

Una de esas cosas explicaba la consecuencias concretas de la aplicación de la Ley Sinde.

Generalmente, eran cosas técnicas que explicaban abogados. Yo, por ejemplo, estaba y estoy de acuerdo con esos abogados y por eso me alegro que la Ley Sinde no saliera y me preocupa que pueda salir en el senado. Sin embargo, éste texto no va de eso (O no exclusivamente)

Además de los abogados hablando de la ley Sinde había otro montón de gente hablando la industria cultural y la cultura. Una parte importante de esos parecían tener clarisimo lo que iba a pasar con la industria cultural y la cultura en los próximos años. A saber, algo horroroso.

De entre esos que opinaban sobre el futuro de la industria cultural y la cultura algunos (lo menos, lamentablemente) han dicho: “No sé lo que va a pasar”.

Yo tampoco lo sé.

Si sé, sin embargo, que no es suficiente con no saber. No saber es un punto de partida, es la orientación mínima para “poder saber”. La mayor parte de los que han dicho “No lo sé” han añadido “Mientras tanto, estoy haciendo ésto”.

Ahora, una breve historia autobiográfica.

He dirigido tres cortometrajes en mi vida. Los tres se han estrenado en Internet y cuentan con licencias Creative Commons. Los tres permiten casi cualquier uso si se hace sin ánimo de lucro. Uno de ellos permite también los usos con ánimo de lucro. Ninguno a ganado ningún premio. Uno estuvo nominado a unos cuantos premios. Uno de ellos lo han visto más de cien millones de personas, otro cientos de miles y otro, el más nuevo, está cerca de de ser visto por diez mil.

Si trabajo con regularidad en esta industria es, principalmente, gracias a la red, a esos cortos y a esa repercusión, pero fue mi trabajo como guionista lo que me permitió financiarlos. (Si, es un pequeño bucle)

Y eran cortos de inversión pequeña, no eran largos, ni series. Su coste era muy bajo, pero sus posibilidades de negocio también lo eran. Al menos en relación a los largos y las series. Como cualquier otro corto.

Eso es lo que yo he estado haciendo “mientras tanto”.

Dos moralejas posibles a la historia…

1.- La cultura libre en el ámbito audiovisual no es rentable (o es incompatible con una industria cultural solvente) Es necesario restringir de alguna manera el acceso a los contenidos. Esas formas de gobierno, aunque desagradables y autoritarias, son la única manera de seguir financiando proyectos.

2.- La producción de una cultura libre en el ámbito audiovisual puede ser compatible con modelos de negocio porque parte de que la mejor manera de construir un público es ponérselo lo más fácil posible para que acceda (y utilice) los contenidos que produces.

Cuando digo “Cultura Libre” me refiero en realidad a lo que ya de por si pasa (El intercambio de contenidos en la red) Solo que existen ciertas herramientas para garantizar que aquello que pasa siga pasando y añadir “y me parece bien”, y algunas otras herramientas para intentar evitar que siga pasando o que siga pasando tal y como pasa ahora.

Y ahora tocaría que yo dijera que los próximos años serán el momento de una gran síntesis entre esas dos opciones. Ya sabéis, ¿no? tesis, antítesis, síntesis. Se llama dialéctica, se da en el colegio y es el motor de la mayor parte de las narraciones.

Pero como dije al principio, no lo sé. Eso tampoco lo sabemos. Entre otras cosas porque internet no es el mejor lugar para producir síntesis, sino al contrario. Internet no es el lugar dónde dos cosas se convierten en una, sino dónde una se convierte en dos.

Así que no lo sabemos. Solo tenemos pistas y experimentos. Solo tenemos lo que unos y otros vamos haciendo mientras tanto.

Lo único mínimamente exigible es tener la inteligencia y la determinación para conquistar la posibilidad de seguir experimentando.

Esa es la pelea, supongo.

Feliz Año Nuevo.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 31 de diciembre de 2010)


CINE ESPAÑOL: LOS CUTRELEAKS

25 agosto, 2011

por Sergio Barrejón.

Hoy me he desayunado leyendo los últimos cables de Wikileaks sobre España. Tengo que agradecer a Javier de la Cueva el interés que se ha tomado en listar y enlazar algunos en su cuenta de Twitter a lo largo de esta noche.

No he leído los que hacen referencia al caso Couso, porque tengo mucho que escribir esta mañana, y sospecho que me invadiría una mala leche brutal que me impediría trabajar en nada creativo. Pero sí he leído los que hacen referencia a las reuniones que diplomáticos norteamericanos mantuvieron en 2004 con el Director General del ICAA, Sr. Pérez Estremera. Y debo decir que, contrariamente a lo que muchos creen, no hay apenas nada noticiable en ellos.

Me gustaría volver de vacaciones con datos más espectaculares. De rabiosa actualidad, como dicen los “periodistas” cutres. Pero yo no soy Federico Jiménez Losantos. Mi negocio no es ponerles de mala leche a primera hora de la mañana. Lo que los cables de Wikileaks revelan sobre el cine español es algo que ya sabíamos todos: que España es un sitio MUY CUTRE.

Javier de la Cueva tuitea:

No pongo en duda que EE.UU. bloquee el desarrollo del cine local, aunque no me consta. Pero lo que también me consta es que eso no es lo que dicen los cables. Ahí están los enlaces. Se tarda 5 minutos en leer cada cable, y están escritos en un inglés muy asequible.

Créanme: no estoy defendiendo la gestión de Pérez Estremera al frente del ICAA, ni -Dios me libre- la de Carmen Calvo al frente de Cultura. Este post sería mucho más jugoso si realmente los cables contasen que EE.UU. bloquea al cine local. Pero lo que cuentan es algo mucho más anodino (aunque, bien mirado, mucho peor):

EE.UU. NI SIQUIERA NECESITA BLOQUEAR NADA.

El desarrollo del cine local es tan mierder, y los responsables políticos dan tantos palos de ciego que, como insisten varias veces los redactores de los cables, “no hay nada de qué preocuparse“.

Todo el supuesto bloqueo que llevan a cabo los diplomáticos es reunirse con Pérez Estremera y preguntarle si Cultura está considerando la idea de un proteccionismo cultural a la francesa. Estremera les dice que de eso “ni siquiera se ha hablado” en el Ministerio. Una conversación anodina y perfectamente legítima en el ámbito diplomático: a los extranjeros les interesa saber cómo van a evolucionar sus exportaciones, y el funcionario nacional les cuenta lo que sabe.

Manuel Pérez Estremera. Foto: Jesús Uriarte (El País).

Naturalmente, a muchos nos gustaría ver que nuestros políticos protegen nuestra cultura como lo hacen los franceses (donde, por cierto, se ve tanto cine americano como aquí). Naturalmente, cualquiera puede entender que EE.UU. prefiere que eso no ocurra, por si acaso le supone un recorte de beneficios. Y en ese sentido, uno puede sospechar que EE.UU. podría estar haciendo oscuros tejemanejes para influir, incluso de manera ilegítima, en los políticos responsables de Cultura.

Sí, todo muy plausible. Pero en los cables no hay NADA de eso. Y recordemos que son cables secretos (o eso creían cuando los escribieron). No hay razón para que quien los redacta se calle nada. Y las conclusiones a la que llegan los americanos son:

“It’s unlikely the U.S. film industry should be concerned”

“The U.S. film industry will probably be unaffected”

“We do not see that there is any cause for alarm”

Si tienen ustedes ganas de indignarse esta mañana, prueben mejor con otros cables. Lo único más o menos indignante que contienen éstos es que Pérez Estremera, en reunión con diplomáticos americanos el 8 de julio de 2004, dijese:

“If we are looking at measures that would affect the U.S. industry, we would contact you and discuss it with the Embassy and the Motion Picture Association.”

Me parece perfectamente normal que se informe a los inversores extranjeros cuando se toman medidas que les van a afectar. Pero ponerlo en futuro es un paso más. Porque, en fin, se da por hecho de que la diplomacia consiste en eso, en conversar amigablemente incluso de los asuntos más desagradables. Pero también se da por hecho que el gobierno anfitrión es soberano, caramba. Anunciar que se “discutirán” cualesquiera medidas no sólo con los diplomáticos, sino con una patronal norteamericana, me parece poco digno.

Pero, sinceramente tampoco da para GRANDES TITULARES. Quizá no refleje más que la impericia diplomática de un director general que acaba de llegar al cargo, y a quien su interlocutor le viene grande. En cualquier caso, ¿qué más da? El Director General del ICAA no sería, en ningún caso, quien decide la política cultural. Eso, en todo caso, sería labor del Gobierno, concretamente de Cultura. Y eso, para mí, es lo mejor de estos cables: la manera en que ridiculizan a Carmen Calvo y sus memorables cantadas. Dice el cable de 22 de julio de 2004:

“Since Spain’s new socialist (PSOE) government named Carmen Calvo as Minister of Culture in May 2004, she has shown a knack for breaking new ground and unabashedly speaking her mind, usually before consulting within the PSOE government or within her own ministry. In several short months she has already had to walk back a number of announcements once she discovered that her ministry did not have competency to do what she had promised. (One notable example was her promise to lower value added tax for CDs and DVDs only to discover that the tax levels are determined in Brussels.)”

Carmen Calvo en los Goya 2006. (Foto: EFE)

Este mismo cable concluye diciendo que todo el rumor sobre una posible política proteccionista para el cine español es sólo eso, un rumor, originado por dos factores: Uno, que en verano el Gobierno suele soltar globos sonda en la prensa, a ver cómo reacciona la gente. Y dos, “una ministra con tendencia a decir lo primero que se le pasa por la cabeza, aunque no tenga fundamento”.

Ése sería para mí es el titular. No “EE.UU. bloquea el desarrollo del cine local”, sino más bien “La diplomacia extranjera llama BOCAZAS a la Ministra de Cultura”.

En resumen, que damos más pena que miedo.


FLASHBACK: REAGAN, ROLDÁN Y LOS VAMPIROS

23 agosto, 2011

David Muñoz

Desarrollando ideas apuntadas en entradas anteriores.

1. Ronald Reagan y la bomba.

Hace poco hablé aquí de mis dudas respecto a sí la ficción audiovisual es capaz de modificar o no la realidad, o al menos de afectar su evolución de alguna manera. Y justo la semana pasada leí un artículo bastante interesante en la revista de cine inglesa Empire en la que se comenta uno de los casos en los que sí que una película contribuyó a cambiar el rumbo de la historia.

El texto se titula “Cómo Ronald Reagan aprendió a empezar a preocuparse y dejó de amar la bomba” (una broma con el título original de la película de Kubrick ¿Teléfono rojo? volamos hacia Moscú) y explica que el presidente de Estados Unidos (y ex actor) Ronald Reagan cambió de opinión respecto a las armas atómicas tras ver la película para televisión de Nicholas Meyer El día después, en la que se cuenta lo que ocurriría tras un holocausto nuclear desde el punto de vista de los habitantes de un pequeño pueblo de Kansas.

El hongo de las pesadillas de mi infancia.

Hasta ese momento, Reagan estaba convencido de que la humanidad podría sobrevivir a un conflicto nuclear, y, más exactamente, de que Norteamérica sobreviviría e incluso terminaría por hacerse con el control del planeta tras la derrota definitiva de los soviéticos. De hecho, su actitud belicosa en ese tema fue uno de los factores que contribuyeron de forma decisiva a su victoria electoral. Pero tras ver la película, Reagan decidió que las armas nucleares nunca debían llegar a usarse. En su diario escribió que El día después le había dejado “muy deprimido”. Y en un discurso posterior dijo que su sueño era “ver el día en que las armas nucleares serán eliminadas de la faz de la Tierra”. Tan radical fue su cambió de actitud que incluso llegó a comentarle a uno de los miembros de su gabinete que quizá lo que debería hacer era proponerle a Andropov, el líder soviético, “eliminar todas las armas nucleares”.

Tal y como se cuenta en el artículo de Empire, muchos historiadores sostienen que de no haber ablandado Reagan su actitud con la Rusia comunista por miedo a que se produjera el apocalipsis nuclear que describía la película de Meyer, ralentizando así la carrera armamentística, la Perestroika nunca habría llegado a producirse porque los miembros del partido no le hubieran permitido a Gorbachov comenzar sus reformas.

Así que, por una vez, una película cambió el mundo.

Dos páginas del artículo

2. Propaganda.

El primer tomo de la serie

Más “conexiones” casuales.

Mientras pensaba en el viaje del héroe, las (enormes) diferencias entre los cantares de gesta y los cuentos populares (un tema muy interesante que sugirieron varios lectores en los comentarios y que me gustaría desarrollar aquí alguna vez), leí el segundo tomo de la serie de cómics The Unwritten. Para los que no la conozcáis, la serie, publicada en Estados Unidos por Vertigo y en España por Planeta De Agostini, está escrita por Mike Carey e ilustrada habitualmente por Peter Gross. Su protagonista es Tommy Taylor, el hijo de un escritor de una serie de novelas juveniles que recuerdan mucho a las de Harry Potter. En ella se cuentan las aventuras de un joven mago que también se llama… Tommy Taylor. Y puede que el “Tommy” real y el imaginario sean el mismo. Pero todo eso no nos importa mucho de cara a lo que quiero comentar hoy.

El caso es que en una escena se habla de El Cantar de Roldán, un poema épico escrito a finales del siglo XI (se trata de la obra literaria francesa conocida más antigua) que ha influido poderosamente sobre muchas otras historias que han venido después.

Las páginas de la escena que nos interesan son estas:

Para los que no leáis inglés, el protagonista, Tommy, cuenta que nadie conoce el hecho real en el que se inspiró El Cantar de Roldán (además, este pudo o no haber ocurrido). Lo único que se conoce es la historia. Y según él, el cantar era una muestra de “marketing viral” medieval, propaganda diseñada para inspirar sentimientos antimusulmanes allí donde fuera cantada. De hecho fue una de las razones por las que varios reyes franceses llevaron a sus ejércitos a España para intentar conseguir que fuera cristiana de nuevo. Bueno, una de las razones “reales” no, pero desde luego sí una de las que aducían delante de sus súbditos. El sacrificio final de Roldán (su sacrificio heroico a lo personaje Frank Miller) se convirtió en un referente y una inspiración para todos aquellos que estaban dispuestos a dar su vida por la cristiandad.

E, investigando lo poco que he podido sobre el tema, lo cierto es que el razonamiento de Carey/Taylor resulta muy convincente.

Lo que me estoy preguntando es… ¿cuántos “cantares” nos estaremos tragando ahora sin darnos cuenta de que son ficciones interesadas y no descripciones de la realidad?

Más sobre este tema, aquí (aunque no estoy de acuerdo con que The Hurt Locker sea propaganda, me parecen interesantes las opiniones a las que se hace referencia en la entrada que linkeo).

3. Te queda grande.

La semana pasada hablé de lo difícil que resulta explicar en un guión de forma que no “canten” las reglas que rigen el mundo dónde transcurre una historia. Y hace unos días, viendo la película Daybreakers, caí en otro problema que afecta muy a menudo a los guiones que requieren este tipo de explicaciones. Se da cuando el guionista se enamora del mundo que ha creado y olvida que para que el espectador se sienta satisfecho mientras ve una película no vale con llevar a cabo una especie de visita guiada de ese mundo, por muy fascinante que sea, sino que hay que contarle una historia. Y las historias normalmente le ocurren a alguien que persigue un objetivo con la suficiente intensidad como para que el espectador se sienta identificado con su búsqueda  (y da igual que el objetivo sea “positivo” o “negativo”, que el protagonista sea Henry Hill, que siempre quiso ser un gangster, o Luke Skywalker, que lo único que deseaba era contribuir a la derrota del imperio).

Daybreakers transcurre en el año 2019. Una plaga ha transformado a la mayor parte de la humanidad en vampiros. Hay tantos que el principal problema al que se enfrenta la civilización vampira es que están a punto de quedarse sin humanos de los que alimentarse, lo que significaría su extinción. El protagonista es Edward Dalton (Ethan Hawke), un científico vampiro buenazo, que trata de crear una sangre sintética capaz de permitir tanto la supervivencia de los vampiros como la de la raza humana.

Y aunque la película es más o menos entretenida, en vez de un largo con una narrativa convencional yo habría preferido que sus guionistas y directores, los hermanos Spierig, hubieran rodado un falso documental al estilo de la primera mitad de District 9.

El metro de los vampiros.

Cada vez que se explicaba algo sobre cómo viven los chupasangres del futuro y la manera en que funciona su sociedad nocturna, me interesaba la película. Pero todo lo que le ocurre al protagonista y sus compañeros de aventuras me daba exactamente lo mismo.

Reflexionando sobre ello, recordé algo que me explicó una vez un tutor en un taller de guión: los objetivos demasiado ambiciosos suelen quedarles  grandes a casi todos los personajes. Resulta más fácil interesarse por un pobre hombre que lo único que desea es recuperar la bicicleta que le han robado, como Antonio Ricci en Ladrón de bicicletas, que de Dalton y su investigación en la que está en juego el futuro de las especies humana y  vampira. Puede que la excepción sean las biografías de personajes reales tipo Ghandi, en las que aún así, los guionistas suelen hacer lo que pueden para transformar esos objetivos megalómanos en objetivos un poco más asequibles y cercanos (igual que una vez caen en sus manos los robots, Luke Skywalker se centra en rescatar a la princesa Leia, de la que se ha enamorado instantáneamente nada más ver su holograma). Y aunque sospecho que los Spierig eran muy conscientes del problema que tenían y por eso no hacen más que intentar meter con calzador subtramas emocionales (el hermano de Dalton se convierte en su enemigo; se enamora porque sí de una humana con la que no llega a cruzar más de veinte frases; confía ciegamente en el personaje que interpreta Willem Dafoe sin que haya razones para ello), ninguna resulta creíble ni tiene el suficiente peso como para que te importe. Cada vez que se dedican unos minutos a una de esas subtramas, yo en lo único que pensaba era que lo que me apetecía era ver a uno de los vampiros que han mutado en bestias por culpa de la falta de sangre, o que me explicaran algo más sobre esos niños vampiro de la calle que aparecen por ahí de vez en cuando. Como las escenas de diálogos en una película porno, todo lo que no fuera parte del “documental”, me sobraba.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 2 de noviembre de 2010)



FLASHBACK: CONSULTORIO: DESPACHO PARA ESCRIBIR

22 agosto, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Hola a todos,

Me llamo D., vivo en Madrid y tengo 30 años. Después de trabajar como administrativa durante varios años, al quedarme en el paro en 2008 decidí ponerme a estudiar guión, algo que siempre había querido hacer pero para lo que nunca había tenido tiempo. Fue la mejor decisión que pude tomar porque creo que he encontrado mi verdadera vocación.(…) El problema es que no vivo sola en casa y muchas veces no dispongo de un lugar tranquilo para trabajar, con lo que me desconcentro a la mínima y no rindo todo lo que debería.

Cerca de casa he visto que se alquilan unos despachos a un precio razonable y no me importaría coger uno. Pero, como no me sobra el dinero, me preguntaba si se os ocurre alguna actividad paralela, relacionada con el guión a ser posible, con la que pudiera costear el alquiler sin que me quitara demasiado tiempo para escribir. ¿Alguno podríais orientarme? ¿los que no estais trabajando en las oficinas de ninguna productora, escribís en casa o en un estudio?

Sé que es una pregunta demasiado particular que quizá no encaja con la filosofía del consultorio de bloguionistas, pero no dejo de darle vueltas al asunto porque creo que tener un lugar de trabajo propio donde poder reunirme además con otros colegas para desarrollar proyectos comunes me sería de gran ayuda. (…)

Muchas gracias,

D.

Hola, D, aquí D. Muchas gracias por tu mail y por leernos. Como has visto, he abreviado tu consulta, limitándola a un tema. Por cuestiones de espacio, y por mantener cierta coherencia en la sección, creo que es mejor limitarnos a un asunto por consulta. Te respondo a la cuestión sobre el lugar de trabajo porque últimamente me ha ocupado un poco.

A veces, a los guionistas de televisión nos toca, como dices, trabajar en la oficina de una productora y pasamos allá la mayor parte del tiempo (suele ser el momento en que hay que preparar la “biblia” de una serie, los arcos dramáticos de la temporada, la escaleta de un episodio o de un bloque de episodios), pero hay largos periodos en los que el guionista tiene que trabajar solo. Por ejemplo, cuando toca dialogar, redactar la escaleta, escribir documentos, perfiles de personajes o, en el caso de un proyecto personal, no solicitado por ningún productor… prácticamente todo el tiempo.

Como comentas, trabajar en casa es bastante jodido cuando no vives solo. También es bastante jodido cuando sí vives solo, te lo garantizo. Para distraerse no hace falta tener una familia armenia celebrando un cumpleaños en la habitación de al lado. Para distraerse basta una mosca, el ala de una mosca o incluso la idea del ala de una mosca. El problema es que no sólo hay moscas. Hay otro asuntillo que seguro que te suena, una cosa llamada Internet. Ahora mismo, en España, cientos de personas saben que deberían estar haciendo otra cosa y, en lugar de eso, están leyendo esta frase. Por que está en Internet, que es gratis. Porque, en cuanto lean esto, se ponen con su guión, o se leen esa escaleta que tienen pendiente, o limpian el horno o recogen a su padre del hospital, que el hombre lleva dos horas en la sala de espera. Pero nada, aquí estamos todos, leyendo algo que, honestamente, sabemos, sólo va a aportarnos un par de sonrisas y un cuarto de hora menos.

Si, como parece tu caso, nadie te impone unos plazos de entrega para tu trabajo, la cosa se complica mucho más. Podrás rescribir la misma frase doscientas veces, o aplazar la escritura otras doscientas veces más. Un truco suele ser inventarse la urgencia, inventarse al productor ansioso de leer nuestra obra. Ponerse un plazo, más o menos urgente (para no relajarse) pero también realista (para no frustrarse ni angustiarse innecesariamente). La fecha tope de algún concurso, una reunión con un productor, la llegada de las vacaciones… cualquier excusa es buena para fijarse un momento para el que nuestro trabajo deba estar terminado.

Me preguntas por espacio y te hablo de tiempo. ¿Por qué? Porque si el tiempo está limitado, el espacio pasa a importar menos: si tengo que entregar un guión mañana, llevo 30 páginas, y de esa entrega depende poder ganar treinta mil euros, te garantizo que no me va a distraer una mosca, tampoco Internet, ni siquiera la familia armenia que insiste en que pruebe su tarta de cumpleaños. Si no hay plazo ni prisa alguna, me distraeré en mi casa o en el despacho más aséptico.

Una vez puntualizado esto, vamos con algunas de mis opiniones prácticas sobre espacios de trabajo. Son las cosas que me funcionan (y no siempre) a mí, se admiten otras, en la sección de comentarios.

Lo ideal sería trabajar en casa: es cómodo, barato y puedes tener un montón de material de consulta a tu disposición. Sin embargo, a casi todos nos resulta difícil trabajar en el mismo lugar en el que vivimos, ya que somos casi incapaces de separar actividades: en lugar de escribir, te escapas al frigo, pones una lavadora… o, al revés, te pones a leer una escaleta mientras ves el partido de tenis. Acotar el lugar y el horario de trabajo dentro de tu propia casa sería la solución ideal pero… a veces hay que conformarse con soluciones más prácticas.

Despacho. Puede ser la solución perfecta… si tienes pasta. Desplazarte a otro lugar, configura tu jornada de trabajo. Casi sin querer, te encontrarás que estableces una disciplina, unas rutinas, que te son cómodas para trabajar. Además, tendrás la posibilidad de crear tu propio espacio ideal de trabajo, con los elementos que necesitas y, a ser posible, pocas distracciones. Puntos en contra: un despacho ideal, silencioso y apartado, le deja a un solo ante su trabajo y esto, a veces, es duro. Los momentos de frustración o distracción en un entorno aséptico y solitario como el de una oficiona pueden ser especialmente duros. Segundo y principal: como ya he mencionado antes, tener un despacho propio implica una inversión. Sugieres que podrías buscarte un trabajo para poder pagarte el despacho. Preguntas si podemos sugerirte trabajos relacionados con el guión que no te quiten demasiado tiempo. Lo ideal sería trabajar como analista, lector de guiones, story editor, traductor… Si puedes conseguir alguno de estos empleos, tal vez te vayan bien para asegurarte ciertos ingresos sin quitarte demasiado tiempo. Sin embargo, cuando leí tu consulta, lo siento, la idea me recordó a la del tipo que, para comprar gasolina, vendió su moto. ¿De qué te sirve un despacho para escribir si, para pagarlo, vas a trabajar en otra cosa? Conozco muy pocos guionistas o escritores que tengan un despacho (fuera de casa) y todos ellos han conseguido sacar adelante su trabajo. Si quieres escribir, lo harás, en un despacho propio o en el salón de tu casa. No creo que tomar un trabajo, aunque sea a tiempo parcial, sea el mejor camino para lograrlo.

Entre la casa y el despacho propio existen opciones intermedias.

Lugares públicos. Es la opción que he elegido yo últimamente (escribo esto en una cafetería, junto a una ventana, en un netbook que cuesta 400 euros como mucho). Una cafetería decente te asegura: calefacción, buen café, wifi (que, por otro lado, puede ser una distracción), un entorno de trabajo más o menos atractivo y un lugar digno para tener pequeñas reuniones. Evidentemente, tienes que consumir algo, pero nadie te obliga a gastarte un pastón cada día. Puedes alternar varias y, poco a poco, elegir tus favoritas. Con un poco de suerte, incluso conocerás gente. Y si el ruido te molesta, puedes ponerte el MP3 con música “inspiradora”.

Más económica que una cafetería y, con casi todas sus ventajas: la biblioteca pública. Afortunadamente, casi todas las ciudades o pueblos cuentan con una biblioteca con sala de lectura abierta durante muchas horas al día. También hay salas de este tipo en museos, centros culturales, universidades, fundaciones… Muchas de ellas cuentan con wifi gratuito y el ambiente de estudio y recogimiento parece el ideal para trabajar en un guión. El mayor inconveniente es que estos lugares suelen estar llenos de estudiantes que acaparan las plazas. Sin embargo, estoy seguro de que, en poco tiempo, uno puede descubrir cuáles son los momentos y los lugares adecuados para conseguir un espacio de trabajo sin tener que pegarse con nadie.

Una de las grandes ventajas de nuestro trabajo es que no exige apenas infrastructura para llevarlo a cabo. Tu guión no va a ser mejor por que los escribas en un Mac de última generación en lugar de usar un básico netbook, un despacho perfecto no va a convertir tus sosos diálogos en réplicas chispeantes. Tampoco pasará lo contrario, te lo garantizo. Escribir bien es tan barato como escribir mal. Eso sí, requiere mucho tiempo. D, si lo que quieres es escribir, intenta hacerlo. Busca cuáles son tus horarios y lugares ideales para ello, pero no dejes que nada te aleje de ese objetivo.

Espero que esta respuesta, aunque parcial, te haya resultado útil. Te envío un saludo y te deseo mucha suerte para tus guiones. Los escribas donde los escribas.

(Entrada publicada originalmente en Bloguionistas el 29 noviembre de 2010)


FLASHBACK – FIRMAS INVITADAS: GUIONISTAS DE VERDAD

21 agosto, 2011

por Bárbara Alpuente. Guionista de series como Casi Perfectos y Fuera de Control. Coordinadora de guión en Camera Café y Fibrilando. Colaboradora de Rolling Stone, YoDona y otras publicaciones.

Siento no haberme incorporado antes a las colaboraciones de guionistas invitados, pese a haber sido invitada hace tiempo, pero es que no sabía qué ponerme para la ocasión. Ante la duda, hoy escribo desnuda. Tengo una buena calefacción y carezco de webcam, así que no temáis.

Tras muchos años escribiendo exclusivamente comedia, llegué a pensar que lo que yo hacía podía hacerlo cualquiera. Esto me pasa cada vez que decido que ya sé hacer algo. Mi argumento es: “Si sé hacerlo yo, no puede ser tan difícil”. Tiene cierta lógica, aunque no ayude especialmente a alimentar mi bulímica autoestima. Pero no era la única que relativizaba sobre el trabajo de un guionista dedicado a la comedia.

Alternando entonces con algunos guionistas, reparé en que cuando se hablaba de guiones (O sea, un noventa por ciento del tiempo), yo era automáticamente excluida de la conversación y mi opinión pasaba a un segundo plano. Como si me estuvieran haciendo ver que aquellas eran conversaciones de adultos para las que yo no estaba preparada.

Así que acabé acostumbrándome a que en algunas reuniones se dirigieran a mí casi como “la que hace los chistes” y hablaran entre ellos casi como “los que resuelven apasionantes y complejos conflictos”. Surgía aquí una nueva raza de guionistas. Estaban ellos, los guionistas de drama, que podrían definirse como los guionistas de verdad, y estábamos nosotros, los graciosos que juntan cuatro chascarrillos, que podrían definirse como los guionistas de mentira. Por eso acabé convenciéndome de que lo que yo hacía, al fin y al cabo, era escribir sketches superficiales, y que esta tarea no tenía un gran mérito.

Pero hace unos meses cambié de tercio y ahora ando inmersa en un proyecto de dramedia (Uno de esos con apasionantes y complejos conflictos). A medida que la serie avanza, siento de nuevo que, realmente, lo que hago no tiene un gran mérito. Cabe la posibilidad de que nada de lo que hago tenga un gran mérito, pero ése no es el tema. El tema es que ahora soy yo la que relativiza sobre el trabajo de los guionistas de drama (¡Toma! Sí, soy rencorosa). Y no es, como decía al principio, porque sepa hacer este trabajo, sino porque no me resulta, ni de lejos, más difícil que enfrentarse a un folio y llenarlo de frases que hagan reír a, como poco, una decena de personas (entre las que no cuenten familiares y amigos). Y tampoco es que ahora crea que los guionistas de drama merezcan/mos menos respeto, pero sí creo que es un mito que exista una diferencia entre el talento necesario para pertenecer al grupo de guionistas de un género u otro.

¿Es más difícil escribir Urgencias que escribir Frasier? ¿Es más difícil escribir In Treatment que escribir Seinfeld? ¿Es más difícil escribir The Wire que… ? Olvidad este último ejemplo.

Contaban que, en el lecho de muerte de un gran actor inglés, un amigo se acercó a él y le dijo: “qué difícil debe de ser morirse”. Y el moribundo contestó con un hilo de voz: “lo difícil es hacer comedia”.

Y ahora si me permitís, voy a volver a vestirme. Un placer.

P.D.  A mí me gustó la gala de los Goya.

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 19 de febrero de 2010)



FLASHBACK – MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: LOS TIBURONES BLANCOS Y LA CARNAZA

20 agosto, 2011

por Pianista en un Burdel.

En el post anterior, La Primera Dama, les contaba la anécdota del productor, su mujer y su perro. Un título digno de Peter Greenaway, pero con una trama mucho más deprimente. Relatada la anécdota, vamos con la moraleja. Y la moraleja es:

Un buen guión no te protege de los tiburones blancos. De los tiburones blancos sólo te protege LA CARNAZA.

Y me explico: nos guste o no, hay todo un segmento de la industria que considera que el cine tiene que promover determinados valores sociales. Desgraciadamente, los ignorantes que piensan esto son imprescindibles para poner en pie proyectos cinematográficos en este país. Los llamaremos tiburones blancos. Son unos escualos robustos y voraces, que encuentran su habitat natural en las comisiones ministeriales, los jurados de concursos de proyectos, y los departamentos de desarrollo de las cadenas, donde apenas hay otros depredadores que amenacen su hegemonía. (Ni que decir tiene que en esas comisiones, jurados y departamentos también hay gente inteligente, ecuánime y talentosa. Pero los tiburones les superan en número.)

Conviene señalar que el tiburón blanco no es intrínsecamente violento. No mata por matar. Reflexionemos un momento sobre las razones más habituales de sus ataques:

  • El tiburón no ataca a la víctima con intención de comérsela, sino porque la considera un intruso en su actividad diaria al que interpreta como una amenaza potencial. Por ello, la mordida y posterior retirada no sería más que una simple aunque desproporcionada “advertencia”.
  • El animal se siente confuso ante algo que nunca ha visto antes y no sabe si es comestible o no. Por tanto, el fugaz ataque es una especie de “mordisco-prueba” con el que intenta hacerse una idea de si le conviene alimentarse en el futuro de ese nuevo elemento en su mundo.
  • El tiburón confunde a la víctima con su comida habitual. Los ataques registrados contra pequeñas embarcaciones pesqueras y de recreo podrían explicarse como confusiones entre éstas y los cuerpos de cetáceos de tamaño medio o elefantes marinos muertos a la deriva.

(Fuente: Wikipedia – Carcharodon carcharias)

Para mí, la conclusión está clara: más nos vale a los autores darles carnaza que morder. Porque son ignorantes y descastados, pero no ciegos. Y necesitan alimentarse. Quieren su banderita de Cruz Roja. Quieren su pegatina de Greenpeace. Quieren la foto con el pobre. Y si no la colocamos en el lugar adecuado, lo harán ellos. Y siempre, siempre se equivocarán.

Yo descubrí en este proyecto cuál era la carnaza favorita del tiburón blanco. Y siguiendo mi vocación de servicio público, compartiré este hallazgo con ustedes: procuren que su guión tenga un tema. Un tema clarísimo. Del tipo “las putas también son personas“. Del tipo “mucho jiji y mucho jaja, pero si te pasas con las rulas, la puedes palmar“. Del tipo, “todos los franquistas eran malos y feos, y todas las republicanas eran monísimas“. Cuanto más evidente mejor. Y procuren colarlo de manera burda: Un monólogo. Una escena que no contenga material clave para ninguna trama. Un personaje ad hoc que no interactúe demasiado con los protagonistas.

En resumen: procuren colocarlo de manera que pueda desaparecer en montaje sin dejar rastro.

Recuerden: el tiburón blanco es capaz de confundir a un humano con su comida habitual. Diablos, es capaz de confundir un barco de pesca con un elefante marino muerto. No debería ser difícil colocarle una carnaza en forma de tema. Ellos no son capaces de distinguir la estructura del guión (que es su verdadero alimento). Ellos sólo ven el tema (que no es más que el envoltorio).

Créanme: nueve de cada diez productores, diez minutos después de leer un guión,  sólo recordarán aquellos highlights que le preocupan personalmente. No se van a dar cuenta de cómo están introducidos. Metan en el guión todo lo que vean necesario para venderlo. Si el director y el montador tienen cerebro, el proceso natural de creación de la película acabará con todos los flecos inservibles. (Y si no tienen cerebro, da igual lo que hayamos luchado: la peli será basura.) En la fase de montaje, cuando ya hay un millón de euros menos en el banco, los productores se vuelven mucho más razonables. Entonces entienden que ese minuto de buenas intenciones por el que tanto han luchado… sencillamente sobra.

Pero no peleen con los biempensantes durante la fase de guión. No intenten explicarles que la gente no va al cine a ser aleccionada, sino a divertirse. Eso es como bañarse solo, lejos de la costa, en aguas cálidas y a la hora del atardecer: no sería extraño que apareciera un tiburón blanco viejo (los más violentos) y te arrancase una pierna, o medio segundo acto. Recuerden que estamos en un país en el que se le dice a la gente que su obligación es ir a ver cine español. Este país todavía tiene un concordato con el Vaticano. La Iglesia Católica tiene su casilla propia en la declaración de IRPF. Todavía tenemos un Rey, por el amor de Dios. Aquí la moral importa.

Dado que el próximo día 1 de marzo acaba el plazo de las subvenciones a desarrollo de guión del ICAA, el jueves que viene les hablaré de eso que tanto les preocupa: ¿qué demonios es un tratamiento secuenciado y qué aspecto tiene?

(Publicado originalmente en Bloguionistas el 11 de febrero de 2010


FLASHBACK: LA SITUACIÓN PROFESIONAL Y LABORAL DEL GUIONISTA EN ESPAÑA

19 agosto, 2011

Publicado originalmente en Noviembre de 2009 en el blog “El Guionista Hastiado

“La Gaceta de los Negocios” se puso en contacto con el Sindicato de guionistas ALMA para solicitarle un artículo de 2000 palabras sobre la situación laboral de los guionistas en España. Corría prisa, tenía que escribirse en una tarde. Como soy miembro de la directiva, un poco atolondrado, y además no había nadie más disponible, acepté el encargo y escribí el artículo a velocidad de crucero.

Una vez terminado, descubrí para mi sorpresa que había habido un error de comunicación y el artículo que pedían debía tener 2000 caracteres, no 2000 palabras. Así que el compañero Carlos Molinero tomó mi relevo y escribió este artículo que pueden leer en la web de Chico Santamano.

La sorpresa llegó cuando el texto de Mr. Molinero se envió a los responsables de la Gaceta, y éstos lo rechazaron aduciendo que lo expresado en el artículo no coincidía con la linea editorial de la publicación. Vamos, que principalmente les chincha un poco el tema de las subvenciones a los titiriteros del cine y ese tipo de cosas, mezclando churras con merinas.

En realidad no es para sorprenderse, tratándose del mismo grupo al que pertenece el canal “Intereconomía”, cuya notoriedad (pequeña y bamboleante) se debe a motivos que todos conocemos.

En fin, ya que mi trabajo estaba hecho, ahí se lo dejo. Es un texto en el que se habla de algunos de los problemas que la gente del sector ya conocemos, pero que quizá a alguien menos enterado pueda interesar a modo de largo y farragoso resumen. Descansen la vista cada cinco párrafos…



La situación profesional y laboral del Guionista en España

Según la definición del Sindicato A.L.M.A. (Autores Literarios de Medios Audiovisuales), el guionista es la persona que escribe el guión de una producción audiovisual en cualquier fase de su desarrollo, desde la idea hasta su versión final, siguiendo las indicaciones del Director o del Productor

Cualquiera que conozca de refilón la industria del entretenimiento, sabe que en una producción audiovisual (ya sea de cine, televisión o espectáculos) el guión es el pilar fundamental y primigenio sobre el que se fundamentan los valores últimos de la obra. Sin embargo, la figura del guionista es todavía desconocida para el gran público, debido a su labor oculta, fuera del alcance de las cámaras, y previa a la realización del producto final. Esto en realidad no supone un problema para los guionistas, somos personas acostumbradas al anonimato y a la cesión de los méritos -o deméritos- de nuestro trabajo.

Los problemas de fondo de la profesión provienen de la indefinición que rodea al colectivo, tanto en lo que respecta al reconocimiento de su categoría profesional, a sus condiciones laborales, a su consideración como autor, y a las retribuciones mínimas exigibles a cambio de una labor no siempre suficientemente valorada por la industria.

El de guionista es un trabajo desprotegido, difícil, expuesto a los vaivenes de la industria y que depende en exceso de la capacidad de negociación particular, en función del currículum personal o de la disposición a aceptar “rebajas” en las condiciones.

En lo que respecta al cine, la mayoría de los guionistas trabajan como autónomos, escribiendo guiones originales propios cuyos derechos ceden a terceros o trabajando por encargo para productoras de cine en la escritura de guiones, en la mayoría de los casos, de ficción. Sólo muy excepcionalmente un guionista trabaja por cuenta ajena en este sector, y normalmente lo hace no como autor, sino formando parte del equipo de desarrollo de proyectos de una productora, siendo su labor buscar y/o optimizar proyectos ajenos.

El precio mínimo que el Sindicato A.L.M.A. recomienda por la escritura completa de un guión cinematográfico (desde la idea original al tratamiento) es de un 3% del coste final de la producción, con un mínimo de 36.000 euros. Sin embargo son mayoría las ocasiones en las que se paga, o se ofrece, mucho menos. Para un neófito estas cifras pueden parecer altas, pero hay que tener en consideración la relevancia del texto respecto al resultado final, el talento y el oficio necesario para llevarlo a cabo (un buen guionista no surge de la noche a la mañana), y la cantidad de esfuerzo necesario para elaborar un guión de largometraje, algo que puede suponer años de documentación y reescrituras.

Un factor problemático es que los guiones cinematográficos se inician en un momento de la producción en el que todavía no hay dinero sobre la mesa. Sólo hay una idea (cuando la hay, porque a veces sólo se cuenta con un actor, o un director, como punto de partida). Esto, unido al lógico deseo del guionista de que su obra se lleve a cabo, provoca a menudo que las productoras presionen al autor para que trabaje o venda su guión a cambio de una remuneración mínima, o accediendo a retrasar los pagos en función de una hipotética e insegura obtención de subvenciones o de unos -aún más inseguros- ingresos en taquilla.

Lo exiguo de nuestra industria cinematográfica, junto a algunos factores como la práctica habitual de muchos directores de escribir sus propias películas, o la dificultad para abordar proyectos personales con un apoyo económico previo, hace que el número de guionistas que viven íntegramente del cine sea muy reducido. El grueso del colectivo se gana el pan diario trabajando en televisión, un medio que mueve mucho más dinero, pero cuyos entresijos laborales resultan incluso más caóticos y difíciles de controlar que los del cine.

Las televisiones demandan cada vez más contenidos. Las series son desde hace años el producto estrella de las plantillas. Las mejores arrasan en el “Prime Time”, además de crear fidelidad en el espectador e imagen de cadena. Así, desde hace años las televisiones encargan a las productoras más y más series de ficción. Pero las series son caras de producir, exigen un trabajo intenso para idear y rodar nuevas entregas semanales. Los guionistas a menudo trabajan en equipos grandes, de entre 7 y 15 personas, coordinados para escribir varios capítulos al mismo tiempo, a una velocidad de vértigo.

Esto ha provocado la necesidad creciente de profesionales capaces de dotar de contenido atractivo a toda esa gran cantidad de horas de emisión. Sin embargo, a pesar de que las productoras son conscientes de la relación directa de la calidad del guión con el éxito o el fracaso de sus productos, con frecuencia se muestran renuentes ante la idea de asumir el coste de una plantilla creativa tan amplia. Muchas intentan abaratar reclutando a profesionales muy jóvenes y dispuestos a aceptar cualquier condición con tal de “meter un pie” en el oficio, o coaccionando a los guionistas con frases del tipo “esta industria es muy pequeña” y “no vas a encontrar trabajo en otro sitio”, o jugando con categorías laborales: “guionista junior”, “redactor”, “documentalista” ,”ayudante de redacción”… y reuniendo así a un grupo de “pseudoguionistas” que trabajan a las órdenes de un par de coordinadores de guión y/o productores ejecutivos que toman el grueso de las decisiones creativas.

Por desgracia, hoy en día la mayoría de los guionistas de televisión trabajan con contratos temporales por obra, incluso aquellos que trabajan durante años en una misma producción. Cuando se acaba la obra, la renovación depende exclusivamente de la productora, así que el despido, en la práctica, es libre y prácticamente gratuito. El guionista no tiene más remedio que aceptar prorrateadas en el salario las vacaciones, las pagas extras y la pequeña indemnización por fin de contrato (8 días por año) . También se ve obligado a desplazarse a diario hasta polígonos industriales del extrarradio, a trabajar bajo horarios laborales indefinidos en los que ni se contabilizan ni se pagan las horas extra, y, en general, se cuenta con pocas garantías de continuidad y de que el fruto de su trabajo vaya a contar con la consideración adecuada.

Los guionistas de programas lo tienen aún peor. Además de todos los problemas enumerados, muchos espacios que no son considerados ficción (de actualidad, entretenimiento, corazón, talk shows o realitys…) no reconocen el carácter de “autor” de sus guionistas, rebajándolos a “redactores” sin capacidad de cobrar derechos de autor por sus guiones, y ofreciéndoles salarios todavía más ajustados que a los guionistas de ficción.

En todos los casos, son las productoras las que deciden cómo se remuneran y reparten las diferentes categorías laborales de los guionistas de un equipo (junior, jefe de equipo, coordinador, escaletista, dialoguista…) y también deciden de qué manera se reparten los porcentajes de los Derechos de Autor que generan los contenidos creados por ese equipo (de tal forma que, por ejemplo, un productor ejecutivo que no escribe puede decidir llevarse una parte importante de los derechos de todos los capítulos).

El salario de un guionista de televisión que trabaje por cuenta ajena puede variar desde los 600 euros de un guionista “junior”, hasta los 6000, o incluso más, de un coordinador de guión. Esta enorme horquilla crea numerosas situaciones de desequilibrio, e injusticias difíciles de combatir.

Asimismo, los precios pagados “por guión” a quienes trabajan como autónomos tienen variaciones parecidas. Aunque desde A.L.M.A. y otras instituciones se ofrecen algunos baremos que explicitan el valor económico que debe tener cada tipo de guión (desde el de un “sketch” hasta el de un capítulo, largometraje o una tv-movie”), estas cifras, al no contar con ningún tipo de apoyo legal, no dejan de ser meras recomendaciones que, de nuevo, quedan supeditadas a la negociación particular de cada caso.

Todas estas circunstancias desfavorables son difíciles de combatir debido a cómo está configurada legalmente la representatividad sindical, que excluye de la posibilidad de su juego a los trabajadores con poca estabilidad en el empleo, que es el caso de los guionistas, como se ha expuesto. Al igual que pasa con el gremio de los actores, o el de los técnicos audiovisuales, los trabajos de guionista son casi siempre temporales y de breve duración. Eso, unido al hecho de que se trate de una profesión minoritaria (como mucho, se podría hablar en nuestro país de unos 800 guionistas profesionales) hace prácticamente imposible que formen parte de comités de empresa y que cuenten con representantes sindicales.

A.L.M.A. es el único Sindicato nacional de guionistas de España. Sin embargo, fue apartado de las últimas negociaciones para la obtención de un convenio colectivo para el sector, dándose la paradoja de que quienes firmaron dicho convenio con los representantes de las productoras fueron los sindicatos mayoritarios (UGT y CCOO), que no cuentan con un solo guionista entre sus afiliados y que desconocen la problemática real del gremio.

A.L.M.A. y otros sindicatos también minoritarios están luchando para que la ley recoja la posibilidad de contar con representantes sindicales de sector y no de empresa, puesto que aunque los delegados de empresa lograran ser elegidos, desaparecerían permanentemente de las mismas, al mismo ritmo en el que varían sus relaciones laborales con éstas.

Mientras todo esto no se arregle, la falta de regulación del sector prolonga una situación en la que las condiciones laborales y salariales dependen siempre del arbitrio de las productoras. El guionista cuenta con la única opción de “aceptar o no aceptar” un trabajo (“si no lo quieres hacer tú, ya encontraré a otro”) o de negociar apelando a su trayectoria profesional, pero no cuenta con ningún paraguas legal bajo el que resguardarse, ni unos mínimos salariales exigibles.

Aunque desde fuera tal vez podría parecer sencillo que los guionistas escribieran y desarrollaran sus propias ideas para “saltarse” todos esos problemas, la lógica industrial del sector audiovisual imposibilita, en gran parte, la iniciativa personal. Al fin y al cabo un guionista no es un productor, o no debería serlo; son oficios distintos que exigen diferentes habilidades y conocimientos. Un guionista puede realizar por sí mismo un cortometraje, o un proyecto para Internet, pero cualquier producción de mayor calado precisará, antes o después, de la participación y la inversión de una productora, que deberá ser la que compre el proyecto y lo lleve a cabo.

De hecho, algunas productoras abusan de su posición de superioridad ofreciendo a los guionistas creadores de proyectos, cinematográficos o televisivos, “mover su idea por ahí” sin pagarle nada a cambio, para ver si se vende a alguna televisión o si se obtienen ayudas a rodaje. De esta manera, la productora cuenta con una buena oportunidad de negocio sin hacer ninguna inversión, y el guionista una vez más pone en juego su trabajo sin obtener ni un duro en caso de que la gestión de la productora sea infructuosa, lo que puede obedecer a su propia ineficacia.

Las ayudas de la administración para el desarrollo de guiones Cinematográficos, si bien suponen un incentivo para la creación de nuevos proyectos, todavía son un apoyo muy pequeño y alejado de la industria real (casi ninguno de los guiones subvencionados llegan a rodarse, aunque los últimos movimientos ministeriales intentan paliar, en parte, este último aspecto).

Paradójicamente, los responsables de las productoras parecen no darse cuenta de que la ordenación del sector facilitará, en última instancia, la obtención de mayores y más seguros resultados económicos. La imprevisibilidad del negocio audiovisual se podría paliar, en parte, con la progresiva profesionalización de guionistas capaces de plantear propuestas que atraigan al espectador al mismo tiempo que cumplen con los estándares de producción adecuados. No hay que olvidar que mientras los guionistas no puedan vivir de su oficio con dignidad los procesos creativos y, por lo tanto, los resultados comerciales, seguirán dependiendo de los hados de la fortuna. Nada sale más caro que una película que nadie va a ver, o que un capítulo mal escrito que hunde a una serie.

Sin embargo, hasta ahora los condicionantes económicos inmediatos son los que imperan, y la mayoría de las productoras prefieren gastar poco en el desarrollo de proyectos porque no confían en que un mayor desembolso en el proceso creativo les asegure un mejor resultado, lo que evidencia un profundo desconocimiento de dicho proceso.

Es muy frecuente oír hablar de la “crisis del Cine” o de la mala calidad de los productos televisivos, pero pocas veces se incide en los procesos necesarios para paliar los numerosos problemas que asaltan a esta industria. Muchos de esos procesos pasan, precisamente, por la creación de una auténtica industria, regulada, trasparente, y donde los distintos profesionales tengan las mismas garantías y derechos que en cualquier otro sector. Lo que hacen falta no son más “jinetes solitarios” que luchen contra viento y marea por ejercer su profesión, sino guionistas profesionales, conocedores de su oficio, que no se replanteen cada pocos meses si van a poder seguir pagando la hipoteca con este trabajo.

Todo ello precisa, también, de un mayor impulso educativo. No sólo sería conveniente que el cine y el audiovisual, como arte y como industria, tuvieran un lugar en las escuelas y los institutos, sino que se impulsara (mejor dicho que se posibilitara) el estudio de las artes audiovisuales y, concretamente, del guión, como una disciplina más, igual de importante que el dibujo, la historia, el diseño, o la música.

Los guionistas no salvamos vidas como los médicos ni construimos edificios, pero creamos entretenimiento y formamos parte de la cultura y del tejido industrial de un país. Sabemos que somos pocos y desde luego no nos creemos el ombligo del mundo, pero nos sentimos orgullosos de nuestro trabajo y tratamos de hacerlo mejor cada día. El de guionista es un oficio vocacional, creativo, en el que a veces uno está dispuesto a trabajar bajo cualquier condición con tal de que llevar adelante un proyecto personal por el que apuesta con pasión. Pero eso no significa que debamos prescindir de un trato profesional o de una parte, pequeña pero justa, de los grandes beneficios que tantas veces produce nuestro trabajo.

Natxo López
Guionista y miembro de la Junta Directiva de A.L.M.A.


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