FLASHBACK: ACTORES Y VACAS

1 agosto, 2011

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Leyendo el periódico llego este curioso estudio sobre las vacas. Viene a decir que, aunque sea difícil de creer, las vacas tienen acento. Eso es, diferente acento según el lugar en el que viven.

Bien. El estudio no me lo acabo de creer (de hecho, creo que es una de las mayores chorradas que he leído en tiempo), pero este no es un blog sobre vacas.

Pero tengo un mensaje para el mundo.
Y ahí va.

Los actores españoles no son vacas.

En general, vamos.

¿Por qué?

Porque no tienen acento.

Evidentemente, no es sólo “culpa” de los actores, sino también de los personajes que interpretan.

Piénsalo un momento. Excepto unos pocos casos, normalmente alguien con acento andaluz, los actores hablan con un acento neutro difícil de ubicar.

¿Por qué? ¿No habla la gente con diferentes acentos?

Incluso en Castilla, y en el mismo Madrid, hay, por lo menos, unos cuantos acentos diferentes. No hablemos ya del resto del país. ¿Alguien recuerda un personaje con acento gallego, catalán, canario o vasco?

Otro punto relacionado con el anterior, pero no con las vacas, otra característica muy habitual en la ficción española (hay excepciones, por supuesto) es que no sólo está protagonizada por personajes que no vienen de ninguna parte (por la ausencia de acentos) sino que además también sucede… en ninguna parte.

¿Cuántas veces hemos visto esas escenas urbanas en una ciudad que… vemos que es Madrid pero… no dicen que es Madrid? Esos topónimos ambiguos para salir del paso (vamos al cruce de la calle Mayor con Valverde) me ponen cada vez más tenso…

Lo siento, aquí me voy a poner pesado por si alguien quiere saltarse este párrafo.

Si es Madrid, quiero que se vea que es Madrid, quiero a la gente desayunando porras en la cafetería durante mucho rato (y en Madrid, mucho es muchísimo), y hablando con el acento de aquí. Y si un tipo dice que ha venido de Barcelona, habla en catalán con su novia que está allá – y la pobre no se entera de lo que hace su novio desde que llegó a Lavapiés –, y luego cambia al castellano para pedir una caña en el bar.

¿Por qué inventar un problema donde hay una oportunidad? ¿Por qué renunciar a la posibilidad de que el espectador se implique más en la serie o película y, en cambio, alejarlo mostrándole como ciertas cosas que no lo son?

Ya es un tópico hablar de los millones de referencias que hay en la ficción norteamericana a elementos locales. Gracias a ellos sabemos los nombres de las calles de Hollywood, los mejores restaurantes y hoteles de Nueva York, el nombre del equipo de fútbol americano de Boston, sabemos lo importante que es un Pulitzer, conocemos los sórdidos moteles…

…en cambio, ¿recuerda alguien la última vez que vio una película española ambientada en Córdoba, por ejemplo? ¿O en Burgos, o en Palma de Mallorca… o en las excavaciones de Atapuerca?

Voy a subir un punto más en mi indignación (sólo para mayores de 15 años)
¿De qué carajo habla nuestra ficción si trata de gente que no existe en lugares que no existen? ¿A qué estamos jugando? ¿De verdad creemos que vamos a salir bien librados de esta, que podremos venderle esta moto averiada a alguien?
¿De dónde viene esto? ¿Tendrá algo que ver con cosas como esta, por ejemplo? ¿Cuándo empezamos a crear una ficción tan alejada de nuestra realidad? ¿Alguien tiene alguna idea?
(Publicado originalmente en Guionista en Chamberí el 29 de agosto de 2006)

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