FELIZ 12714

30 diciembre, 2011

por Sergio Barrejón.

Llega el tiempo de los propósitos de año nuevo. Mi propósito permanente de año nuevo es no necesitar propósitos de año nuevo. No llegar a fin de año con la sensación de que tengo que reencauzar mi vida, organizarme mejor y aprovechar más el tiempo.

Demasiado ambicioso, ¿verdad?

Propongámonos algo más realista. Por ejemplo, el método de organización de tiempo para guionistas que descubrí el otro día en el interesantísimo blog de Scott Myers, Go Into The Story, y que paso a traduciros en seguida. Es la cuarta entrega de la serie Cómo triunfar en el guión… intentándolo en serio:

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MARCARSE OBJETIVOS

(por Scott Myers)

Lo voy a poner muy fácil. 4 números para recordar:

1, 2, 7, 14.

1: Leer 1 guión por semana.

Selecciona los de tus películas favoritas. O haz un estudio de género: varios guiones seguidos del mismo género. Intenta leer guiones de géneros que no te gustan especialmente, para experimentar con distintos tonos y atmósferas. Pero cada semana, lee por lo menos un guión de largometraje.

2: Ver 2 películas por semana.

Ve al cine y elige una película por puro entretenimiento. Mézclate con espectadores reales, te ayudará a recordar el público al que te diriges. Luego ve a Netflix o ponte un DVD, y estúdiate una película. Fíjate en sus puntos de giro. O mejor, haz una escaleta, escena por escena. Sea un estreno, o un clásico. Pero cada semana, hay que ver por lo menos 2 largometrajes.

7: Escribir 7 páginas por semana.

O una página al día. Te puede llevar diez minutos, te puede llevar una hora. Te lleve lo que te lleve, cáscate una página al día, de manera que cada semana produzcas 7 páginas de guión.

14: Trabaja 14 horas a la semana preparando una historia.

Así es como aprenderás el delicado arte de recopilar proyectos. Mientras estás escribiendo una historia, estás preparado otra. Documentación. Lluvia de ideas. Desarrollo de personajes. Trama.

Madruga. O encuentra tiempo a la hora de comer. Resérvate algunas horas después de cenar. O trasnocha. Sea como sea, araña dos horas al día para preparar historias. Abre un archivo maestro de Word. O hazlo en un cuaderno. Mete en ese archivo todo lo que se te ocurra. Te sorprenderá la cantidad de material que generarás en un mes. La mayor parte de los guionistas profesionales alternan varios proyectos a la vez. Aquí puedes empezar a desarrollar esa habilidad: escribir un proyecto, preparar otro. Dos horas al día, para que al final de la semana, hayas dedicado 14 horas a preparación.

1, 2, 7, 14.

Objetivos claros, simples. Objetivos diarios, semanales.

Si haces eso, esto es lo que tendrás en un año:

Habrás leído 52 guiones.

Habrás visto 104 películas.

Habrás escrito 2 guiones de largometraje.

Multiplícalo por 5 años: 260 guiones, 520 películas, 10 guiones originales.

Eso quiere decir que podrías haber leído todos y cada uno de los 101 mejores guiones según la WGA, más otros 159.

Eso quiere decir que podrías haber visto todas y cada una de las 250 mejores películas según IMDB, más otras 270.

Eso quiere decir que podrías haber escrito el mismo número de guiones originales que Lawrence Kasdan (el de En Busca del Arca Perdida, Fuego en el Cuerpo, El Guardaespaldas)

Todo marcándote estos simples objetivos:  1, 2, 7, 14.

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El artículo original de Scott Myers, completo, se publicó el 10 de Noviembre de 2011 aquí.

Feliz 12714 a todos.


GUIONISTAS TRAS LA CÁMARA: RODANDO “ONIRIC”

29 diciembre, 2011

por Curro Royo.

Alguien dijo que los guionistas dirigen en defensa propia. Es verdad. Después de años de escribir historias para otros, uno llega a la conclusión de que hay ciertas historias que nunca dejará que caigan en manos ajenas. La única alternativa posible, es intentarlo uno mismo.

Algunos guionistas dan el paso, otros no. Las razones para no dirigir nunca nada propio pueden ser el respeto, la falta de confianza en uno mismo, o simplemente la enorme pereza que te entra ya solo de pensar en levantar un proyecto, conseguir un equipo y un casting idóneos, localizar, ensayar, rodar, posproducir, estrenar y promocionar… y todo con el riesgo de, simple y llanamente, cargarte tu propia historia, es decir… de cagarla.

Finalmente, y tras un largo proceso que intentaré analizar en este post y en otro posterior, me decidí a dirigir Oniric, una historia rodada en inglés, en Madrid, pero ambientada en Nueva York, que explora la frontera entre el mundo real y el de los sueños.

La sinopsis sería tal que:

Después de sufrir una traumática separación y la pérdida de su bebé, Karen decide mudarse a Brooklyn y reconstruir su vida. Tras unos días en la nueva casa, comienza a sentirse cada vez más y más débil: siente mareos, oye ruidos extraños y su agotamiento es extremo. Por muchas horas que duerma, se despierta como si hubiera pasado la noche en blanco. La clave de lo que le sucede, está en sus sueños. Cada noche sueña con una niña, siempre la misma. Karen no la conoce de nada, pero ve con impotencia cómo la pequeña cada vez ocupa más protagonismo, como si noche tras noche estuviera, literalmente, adueñándose de sus sueños.

Cómo acabé dirigiendo

Yo creo hay tres vías principales por las que la gente llega a la dirección, marcadas por los tres pilares que sustentan una película: la técnica, los actores y la historia.

Primeramente están los realizadores. Son gente con formación técnica, que entienden de objetivos, encuadres, movimientos de cámara, iluminación, etc. Los realizadores suelen hacer películas con una buena o muy buena factura, con ritmo y momentos visualmente potentes. El peligro… y sé de lo que hablo pues he trabajado para algunos, es que a veces el realizador puro se enamora de sus propias imágenes, de “momentos”, casi visiones…  y fuerza la historia para poder meter esos momentos, vengan o no a cuento. Incluso los hay que articulan la historia entera en base a esas tres o cuatro visiones que les han arrebatado. Resumiendo, no tienen una visión de conjunto de la historia.

Además, los realizadores puros suelen desconocer, recelar o ignorar la técnica y la sensibilidad de los actores, que se sienten abandonados en medio del plató y terminan dirigiéndose unos a otros, ya que las únicas indicaciones del director son, como han llegado a confesarme,  “Más alto” o “Más lento”.

La segunda vía de acceso a la dirección suele ser la interpretación. Actores y actrices que se ponen detrás de la cámara. Tienen a su favor, teóricamente, un conocimiento privilegiado del mundo del actor, de su forma de preparar los personajes, de encarar las escenas, de sacar lo mejor de la interacción entre los miembros del elenco. La única vez que estuve a punto de escribir un guión para que lo dirigiera una actriz, bastante consagrada por cierto, tuve la sensación de estar en manos de alguien bastante inseguro y neurasténico, con escasa preparación técnica y mucha intuición, mucho sentido del arco dramático del personaje, pero de nuevo una enorme carencia de visión del conjunto, del entramado de la historia, de la estructura.

Por último, estamos los guionistas. Empecemos por decir que somos señores y señoras que escribimos, y además lo hacemos en nuestra casa. No puede haber nada más alejado de escribir que estar en medio de un plató respondiendo todo tipo de preguntas, desde el color de un vestido a la ondulación de un peinado, pasando por el tamaño de un plano o si la mirada del personaje tiene raccord con algo ya grabado.

Rodaje en exteriores de "Oniric"

En cuanto al apartado técnico, el territorio del realizador, he decir que los guionistas sabemos de planos y narrativa audiovisual mucho más de lo que nosotros mismos nos imaginamos. De entrada, somos los primeros en ver la película… en nuestra cabeza. El noventa por ciento de nuestro esfuerzo consiste en transcribir en el papel una historia que ya podemos ver y sentir. Al contrario que otros profesionales, somos capaces de ver el conjunto y el detalle, somos los únicos que tenemos toda la película en la cabeza, a excepción tal vez del montador, que no deja de ser alguien que reescribe la última versión del guión con lo ya rodado.

Sin embargo, el que sepamos qué queremos contar, no significa que sepamos cómo contarlo… o incluso peor aún, que lo que queremos contar sea técnica o económicamente viable.

En cuanto a los actores, los guionistas no solemos tener trato con los intérpretes de nuestras series o películas. Acudimos al plató a una lectura de guión, o de visita. Estamos deseando conocer y tratar a los que encarnan nuestros personajes. Aunque lo disimulemos, no somos totalmente inmunes al glamour, al encanto del estrellato. La mayoría, simplemente, nos sentimos cortados ante las estrellas. Si eres actor y lees esto, créeme, cuesta muy poco acercarte a un guionista y decirle simplemente que te gusta su trabajo. Cuesta lo mismo que lanzarle una sardina a un león marino de Faunia, y el efecto es el mismo… aplaudirá hasta con las orejas. Actor, actriz… la próxima vez que veas un guionista suelto, salúdalo, alégrale el día.

Trabajando con actrices

Volviendo al tema, yo diría que los guionistas no tenemos la pericia técnica de los realizadores, ni un lenguaje común con los actores. Muchas películas hechas por guionistas noveles, parecen pobres visualmente, y carecen de interpretaciones potentes, o contienen trabajos actorales desenfocados, en los que el actor ha campado por sus anchas y ha ido a su bola de acuerdo a su idea del personaje.

Y es que, admitámoslo, la dirección es un arte multidisciplinar, que requiere del director o directora conocimientos, habilidades y sensibilidades que superan lo que uno haya vivido o aprendido cuando comienza a dirigir.

Ante las carencias propias, sólo cabe formarse, aprender con la práctica, equivocarse, y sobre todo, ser lo suficientemente humilde como para admitir lo que uno sabe y empezar a beneficiarse del conocimiento y la pericia del gran protagonista del cine: tu equipo.

Una buena idea es hacer tus pinitos en un ambiente protegido. Es lo que yo hice durante mi estancia en Carlisle, Inglaterra. Después de mi primer año allí, me apunté a un Master en Producción de Cine Digital en la Universidad de Cumbria. La cosa iba de que los alumnos dirigiéramos nuestros propios cortos. Allí dirigí Randomness, cuatro minutos que me enseñaron un montón y que sirvieron, como digo, para coger confianza.

El curso era más práctico que teórico, por lo que apenas pude rellenar mis lagunas, más bien mares, de conocimientos técnicos. Soy plenamente consciente de mis limitaciones en este campo. Lo era antes de dirigir, pero ya después de haber dirigido el corto, lo tengo claro como el agua.

Si eres de los míos, compañero guionista, estás de suerte, porque eso se puede compensar con un excelente director de fotografía.

Yo jamás sabré ni la cuarta parte de lo que sabe de encuadres, objetivos y movimientos de cámara mi director de foto, Ismael Issa. Consciente de ello, planifiqué el corto, plano a plano, con él. Desde cero. Fue un proceso apasionante y muy creativo. Era una especie de tenis de mesa de “No sé cómo hacerlo, pero yo lo veo así” respondido con un “¿Y si…?”. No se diferenció mucho de una buena reunión de guión, ya que al igual que me ocurre muchas veces con colegas, al final, da igual a quién se le haya ocurrido la idea mientras sea buena.

Los beneficios diferidos de estas maratones de planificación fueron inmensos. Sobre todo en términos de complicidad. He oído muchas veces de historias de pulsos entre directores y su directores de foto, de cómo cada uno quiere hacer su película. Si eres un guionista metido a director, creo que llevas las de perder si te pones a echar pulsos. Yo que tú, invertiría toda esa energía en intentar trasmitirle a tu director de foto la idea que tienes de la película y dejarte sorprender por lo que pueda proponerte.

En cuanto a la dirección de actores, he pasado muchas horas formándome como actor. Mi objetivo no era ni es actuar, sino dirigir.

Mi amor por los actores empezó con un mítico curso dirigido por Mariano Barroso, organizado por la Unión de Actores y ALMA. Aquel curso nos marcó a muchos. Allí descubrí por primera vez que los actores, los de verdad, los buenos, los que aman su oficio… son unos currantes de primera. Los que merecen llamarse actores y actrices con todas las letras pueden echarle todas las horas que hagan falta, realizando un trabajo riguroso y poniendo al descubierto las virtudes y los defectos del texto, que respetan y miman… si está bien escrito.

Después seguí con los cursos de Fernando Piernas. Comenzamos un grupo de guionistas y directores, pero luego nos integramos en los cursos de actores propiamente dichos, haciendo los mismos ejercicios que ellos. Improvisaciones, trabajos con texto, escenas… el lote completo.

Recomiendo vivamente a todo guionista que atraviese la experiencia del actor. No hay nada más formativo… ni más divertido. Todo mi empeño al estudiar con Fernando Piernas era poder adquirir un lenguaje común con el actor, con el objetivo de poder ayudarle, de poder nombrar de forma precisa aspectos técnicos concretos.

El buen actor/actriz intuye por dónde ir, pero necesita alguien que le ayude a escoger entre las posibilidades que se le presentan a cada momento. Todas son válidas, pero no todas colaboran a contar lo que debe ser contado en ése momento. El buen actor sólo necesita eso, una mirada externa que le ayude a elegir y le dé confianza.

Creo que de las tres columnas de las que hablaba antes, la técnica, la dirección de actores y la historia, la primera es la que más fácilmente puede subsanarse. Todo consiste en dejarte el ego en casa y dejar que ese espacio lo ocupe alguien mucho más capacitado que tú en quien puedas confiar. Con el tiempo y la práctica aprendes, espero, y ganas seguridad y perfilas tu propio criterio.

Lo que se refiere a la historia, es nuestro fuerte. Sea buena o mala, eso ya es otra cuestión, conocemos bien la historia que estamos contando, en su conjunto y en su detalle.

Y es en la dirección de actores donde yo diría que el director está más solo o menos protegido, y por tanto el aspecto que requiere un sobreesfuerzo de formación o experimentación. Para cada tarea del rodaje, cuentas en el equipo con un experto, con alguien que sabe mucho más que tú de luz, maquillaje… de lo que sea. Pero el actor, es cosa del director y sólo de él (o ella, se entiende).

En fin, espero todos los comentarios, críticas, adhesiones…. que iré leyendo mientras escribo el siguiente post, con un análisis pormenorizado del paso del guión al rodaje pasando por storyboard.

Mientras tanto, os invito a que visiteis la página oficial del corto y también su página en Facebook.


LAS ACCIONES Y LAS ACOTACIONES

21 diciembre, 2011

Por Chico Santamano.

No sé por qué, pero últimamente el tema de las acciones y/o acotaciones está siendo una conversación recurrente con algunos colegas. – Sí, vale… así de apasionante está siendo mi vida social en los últimos meses.- Y todos hemos detectado con cierto fastidio y asombro que se está extendiendo una especie de ley por la que se prohíbe mimar este apartado en los guiones.

Entre otras cosas, esta ley-no-escrita asegura que la descripción de las acciones cuanto más escuetas mejor. Estoy de acuerdo, pero escueto no tiene por qué significar “telegráfico” o “aséptico”. También dice que si lo que estás contando no se puede enfocar con el objetivo de una cámara no hay que escribirlo. Es decir, líneas como “En la conciencia de Mengano aún pesa lo ocurrido días atrás” estarían prohibidas, puesto que ninguna cámara, por muy digital y 3D que sea, podría registrar el eco de una experiencia pasada si no lo estamos viendo en modo flashback.

El año pasado llegó desde la tele el informe de un capítulo que yo había escrito. Era un informe realizado previsiblemente por uno de esos becarios tan “denostados” últimamente y que, como tenía los manuales y “reglamentos” muy fresquitos, criticó y pidió que se eliminara una descripción que era prácticamente igual al ejemplo anterior.

Era evidente que la “teoría” se la había aprendido, pero la práctica no la conocía.

En la práctica en general y en la tele en particular se rueda muy rápido. Casi no hay tiempo para ensayos y tanto los actores como los directores agradecen un poco de tu ayuda. Si la acotación hace referencia a un raccord emocional que encima viene de un capítulo anterior, nunca está de más que les refresques la memoria. Es decir, si al final del episodio anterior la prota ha sido violada, no es ninguna tontería que les recuerdes que al principio de ese episodio no debería estar canturreando en la ducha.

Ya me diréis qué le importaba al becario el estilo de esas descripciones si esa literatura no se va a “emitir” en el canal que le paga… aunque eso tampoco es cierto.

El año pasado Carlton Cuse, showrunner de LOST, dio una charla en Madrid. El tipo contó cómo en las descripciones de los flashbacks de Sawyer llenaban las páginas de tacos. Frases como “Sawyer coge la puta pistola y sale de la habitación cagando leches” vendían perfectamente la fuerza y el tono “callejero” que el guionista pretendía dar a la escena. De alguna forma, el escritor con su pauta estilística conseguía influir directamente en el pulso narrativo de la secuencia. De la misma forma, los flashbacks de Jin y Sun seguro que estaban cargados de líneas que describían un mundo oriental más elegante y sosegado que el de ese outsider sin hombros llamado James Sawyer.

A no ser que hagas una descripción pormenorizada de todos y cada uno de los libros que pueblan una estantería y los dieciocho cuadros que decoran una pared, los compañeros de arte también agradecen una mínima referencia sobre las localizaciones. ¿La habitación tiene aire retro o minimalista? Si la casa es propiedad de gente adinerada, ¿destila encanto y sofisticación o está sobrecargada de manera vetusta y barroca? Somos escritores y somos buenos, seguro que podemos encontrar un punto medio entre “Menganito observa la casa” y un párrafo eterno de media página que sólo despierta bostezos.

Y es que en esto, como en todo en la vida (menos en los debates de Telecinco), el “punto medio” y la moderación es la clave. Hace unos meses me tocó reunirme con actores. Uno de ellos se quejaba de que cuando leía algunas de las acotaciones que les escribíamos no podía más que ofenderse porque le tratábamos como si fuera subnormal. Marcar acotaciones para su personaje como “Menganito muestra su asombro” para él era insultante. “¡Entiendo lo que sucede en la secuencia… sé que me tengo que asombrar!” La respuesta por mi parte era clara…

“Estamos seguros de que tú lo sabes, pero este guión lo tienen que leer unos señores en la tele, entender la secuencia en toda su dimensión y hacer un informe”. El actor mostró su total asombro al descubrir que el guión pasaba por el departamento de ficción del canal antes de que llegara a sus manos. Pero claro… ese es otro tema… Actores, os queremos. Qué haríamos sin vosotros, pero qué porculo dais a veces, coño.


SIN GUIÓN

20 diciembre, 2011

por DAVID MUÑOZ

Hace más o menos un año, escribí una entrada en mi blog contando que durante el 2011 esperaba dedicar mi tiempo a cuatro proyectos. Como no podía decir demasiadas cosas sobre ellos no fuera que le sentara mal a sus productores o editores, decidí mostrar solo una imagen relacionada con cada proyecto sin explicar nada más.

Estas imágenes en concreto:

Y ahora por fin puedo contar a qué me refería con cada una de ellas.

-La primera es una plataforma petrolífera, el escenario de la serie de Tele 5 que por entonces se llamaba “2055” y que finalmente va a estrenarse (quizá el próximo enero) como “La fuga”.

-La segunda es un fragmento de la portada de la edición española de la novela “Capturado”, de Neil Cross, el creador de la serie de la BBC “Luther”. Compré los derechos de la novela junto al director Koldo Serra, y ya tenemos un guión que está haciendo la ronda por las productoras. Aunque ya hay quién se ha interesado por él, me da que tal y como están las cosas nos va a costar bastante más de lo que pensábamos conseguir que se haga la película. No es el mejor momento para mover proyectos. En todo caso, amigos productores que leéis “Bloguionistas”, si os interesa, ya sabéis cómo poneros en contacto conmigo.

-Luego, una ilustración inédita de Rayco Pulido para nuestro cómic “Sordo”. Un productor compró los derechos para llevarlo al cine y durante este año he escrito el guión junto al director, David Alcalde. Si todo va bien, podría rodarse el año que viene. Ojalá, porque es un proyecto que me gusta mucho y estoy convencido de que David tiene mucho talento.

-La última imagen es un trozo de una viñeta de un cómic que por entonces se llamaba “The Last Ones”. Cuando la subí, el dibujante y yo solo teníamos el dossier del proyecto (que incluía una sinopsis, varias páginas de prueba y los diseños de los personajes), pero aún no habíamos empezado a buscar editor. Varios meses después, lo vendimos a la editorial francesa Les Humanoïdes Associés, escribí el guión, y… antes de dibujar una sola página, el dibujante se vio obligado a abandonar el proyecto debido a sus problemas personales. Ahora mismo estamos buscando nuevo dibujante con la idea de conseguir publicarlo el próximo año. Después de recibir más de 150 e-mails de dibujantes interesados en hacerse cargo del álbum, el editor y yo hemos recibido la lista de candidatos a 3 que ahora mismo están trabajando en la prueba que nos ayudará a tomar la decisión definitiva.

Así que, como veis, ha habido de todo. En algunos casos el 2011 ha sido como esperaba, y en otros, ha sido totalmente distinto. Además de estos proyectos han surgido otros (por Ej., una miniserie para televisión muy interesante que ahora mismo está huérfana de cadena), y han empezado a asomar la cabeza los que puede que desarrolle a lo largo del 2012.

¿Me atrevo…?

Venga, sí.

Voy a repetir el juego del año pasado.

A día de hoy, estos parecen que van a ser los guiones en los que voy a trabajar el año que viene:

Vete a saber qué pasará con ellos. Ya os lo contaré dentro de un año. Seguro que casi nada ha sido cómo esperaba.

Así es este oficio. Lo único que puedes hacer es trabajar mucho, generar muchos proyectos y cruzar los dedos para que alguno llegue a hacerse realidad. Para bien y para mal, en buena parte nuestras carreras están en manos del azar (una ley que se modifica, una cadena de televisión que cambia de responsables…); no hay guión. A no lleva a B e inevitablemente a C. Vivimos en un eterno segundo acto. En una oposición que nunca se aprueba.

Y con esto digo adiós a Bloguionistas en el 2011. Como el año pasado, voy a tomarme un descanso hasta después de Reyes, como los escolares.

Pero para despedirme de este año, que en lo personal ha sido muy duro, quizá el más duro que he vivido, quiero dar las gracias a todos los compañeros con los que he trabajado en 2011.

En todos los proyectos en los que he participado este año he tenido la suerte de tener a mi lado a  gente buena cuyo apoyo ha sido muy importante para mí. Así que, Koldo, Óscar, los dos David A, Kano, Antón, Emma, Borja, Manel, Javier, Moure, Carlos M, Tati, Nacho, Mercedes, Joaquín, Bruno, Fabrice, Michi, Pedro, Carlos I…

…gracias.

Sin vosotros, todo habría sido mucho más difícil.

Y por supuesto…

…Feliz Navidad.


DOS ENRIQUES MUY MACHOS

16 diciembre, 2011

por Sergio Barrejón.

La noticia del año de esta semana en el cine español la acaban de protagonizar dos Enriques. Y se resume tal que así: el presidente de la Academia de Cine, el veterano distribuidor y productor Enrique González-Macho, interpreta la no aprobación del reglamento de la ley Sinde como una rendición del Gobierno ante “los delincuentes”.

Enrique González-Macho

Y Enrique Dans, gurú oficial de la trendera emprendedora-startupista, interpreta que González-Macho está llamando delincuentes a todos los internautas, y se pica. Y decide que para Enrique, y macho, él más que nadie. Y va y dice en su blog, uno de los más populares (nunca mejor dicho) de España, que no piensa volver a comprar una entrada para ver cine español mientras González-Macho siga de presidente de la Academia.

Enrique Dans

Y se lía. Total, por un tal y cual, Pascual. A mí todo esto me parece de patio de colegio. Y se pone… Y salta el otro… Huy, me llega a decir eso eso a mí… Pero hay en este conflicto una cuestión de fondo que me irrita mucho. Y es precisamente el postureo. El rasgarse las vestiduras. La indignación vocacional.

Vamos a ver: a todo el mundo le cuesta comprender los inventos que aparecen después de la artrosis. Mi padre, por ejemplo, era un señor muy culto, jugaba al ajedrez que te cagas, se hacía el crucigrama de El País todos los días en diez minutos (el antiguo, el chungo), y había tocado profesionalmente el piano, el acordeón, el vibráfono, la tuba, el bajo y la batería. Tenía cabeza, vaya. Pero nunca aprendió a manejar el ratón por mucho que intentamos enseñarle. Simplemente, no le interesaba. Y es que había nacido en 1919, qué quieres.

Así es como yo valoro la actitud de González-Macho hacia el P2P e Internet. Sabe mucho de lo suyo, pero como cualquiera, ignora mucho más de lo que sabe. Y me apuesto una cena en el Miyama a que ni siquiera sabe qué coño significa P2P. Él ve que su negocio va a menos, y trata de protegerlo de quien cree que está causándole pérdidas. Lógico. Cualquiera de nosotros haría lo mismo. El problema es que el tiro es equivocado. Pero González-Macho cree honestamente que el P2P merma sus ingresos. Cree honestamente que la Ley Sinde es la solución a esos problemas. González-Macho no es malo. Simplemente, está mal asesorado.

Por otro lado, Enrique Dans sabe bastante de Internet, P2P y descargas (o al menos, vive bien aparentando que sabe mucho). Su presencia en el encuentro que interlocución con Alex de la Iglesia mantuvo con los detractores de la Ley Sinde fue determinante en el cambio de opinión del ex presidente de la Academia. ¿No sería estupendo que Enrique Dans, y los otros interlocutores de Alex de la Iglesia en aquella reunión, pudieran sentarse ahora con González-Macho para explicar su postura y acercar posiciones? En una entrevista concedida a ABC hace unos meses, a González-Macho le preguntaron si él se reuniría con los internautas, en clara referencia a aquel otro cónclave. Y él dijo “con los internautas siempre, con los piratas nunca”.

¿Sólo yo veo ahí una oportunidad para sentarse con este hombre y explicarle, con datos y argumentos, no con posturas radicales, unas cuantas verdades sobre la “piratería” y sobre la Ley Sinde? Haga el favor de convocar a los internautas, señor González-Macho. ¿O es  que tiene miedo de que le convenzan, como convencieron a Alex de la Iglesia? ¿Y usted, señor Dans? ¿Tan mal le fue en aquella reunión con el ex presidente que se niega a pisar de nuevo la Academia? ¿Tan pronto se ha olvidado de lo que usted mismo llamó la vía Alex: poner empeño en hablar, en obtener consenso, en hacer las cosas bien?

¿Acaso soy el único que está hasta las narices de golpes de pecho, puñetazos en la mesa y portazos airados? ¿Soy el único que echa de menos un poco de actitud adulta y responsable? Será que estoy viciado de tanto escribir telenovelas, pero me parece que aquí lo que hace falta es MÁS DIÁLOGO Y MENOS ACCIÓN.

En cualquier caso, como acción, la de Enrique Dans tampoco es como para grandes alharacas. ¿Quién va a creerse que, antes de este pifostio, Enrique Dans veía cine español? Yo no me lo creo ni aunque me enseñe los tickets. Y teniendo en cuenta el odio manifiesto que tienen sus seguidores hacia el cine español, yo diría que las pérdidas totales que va a provocar este boicot ascienden más o menos a lo que llevo ahora mismo en el monedero. Esta ronda la pago yo, que también soy muy macho.


RAYUELA, UN POST SENTIMENTAL

14 diciembre, 2011

por Verónica Fernández.

Empiezo mi colaboración con bloguionistas desde Buenos Aires, robando a Cortázar el título de su novela. Ayer paseaba por la avenida Santa Fe, ensimismada, intentando buscar una metáfora para escribir este post. Y fue fácil encontrarla. No hay librería que se precie que no tenga a Borges y a Cortázar expuestos en sus escaparates. La imagen de una rayuela en una portada se me quedó prendida en algún lugar de mi cerebro todo el día. ¿No es más cierto que llevo muchos años saltando de casilla en casilla intentando alcanzar el Cielo? ¿No paso de un proyecto a otro de una manera más o menos hábil soñando con abandonar el Purgatorio? Eso es la rayuela, un juego en el que uno mismo es la ficha. Se empieza en el Purgatorio y se debe llegar al Cielo después de pasar los nueve puntos del camino. No se puede dejar la piedra encima de una frontera entre dos números porque eres castigado a empezar de nuevo. Y es que yo, que soy una sentimental, quería escribir mi primera entrada, no desde la guionista profesional que puede aportar con su experiencia algún truco, crítica o glosa sobre nuestro oficio, sino desde las emociones que me provoca dedicarme a escribir. Y de ahí que la rayuela me pareció una manera muy gráfica y muy contundente de explicar muchas cosas.

1.- Sobre la ilusión.

Recuerdo que cuando yo apenas llevaba un año y media en esta profesión, me invitaron a una mesa de debate en una universidad. No importa con quién, ni dónde. Un pope de la televisión, productor ejecutivo y creativo (decía él), nos deleitó con un powerpoint en el que hablaba de lo que se necesitaba para hacer una serie de éxito. Yo había coordinado por entonces A las once en casa y era más petulante que ahora, más ingenua y probablemente más imprudente. Me había subido al carro de la televisión de una manera muy fácil y placentera. Mi serie iba bien y estaba poco abierta a recibir lecciones de nadie. En aquella presentación aquel sujeto habí apuesto varias pantallas en las que se podía leer algo así como: “PARA ESCRIBIR UNA SERIE SOBRE TODO SE NECESITA: ILUSIÓN, ILUSIÓN, ILUSIÓN…”. Como dirían acá en la Argentina: “me cagué de risa”.

Esperé mi turno y con una seriedad apabullante le dije a este buen señor que lo que se necesitaba para empezar a escribir un buen proyecto de televisión eran: buenos contratos, tiempo y un jefe que te dejara trabajar en libertad. El auditorio me aplaudió en pleno. El hombre en cuestión montó en cólera, quiso contestarme desde la justificación y a la hora de la comida me ofreció trabajo en su productora, trabajo que por supuesto yo rechacé. Sigo pensando que para escribir cualquier cosa las mejores condiciones son las que se me antojaban entonces. Eso está fuera de toda duda. Sin embargo, con los años, le he ido dando importancia a aquella palabra que entonces me pareció el colmo de la demagogia: ILUSIÓN. Y es que he visto guionistas terriblemente decepcionados con su trabajo, con sus jefes, con las cadenas, con los productores y distribuidoras de sus películas. En algún momento yo también lo he estado. Y esa falta de ilusión sobre lo que uno tiene entre manos acaba mermando nuestras capacidades.

No sé cómo se preserva uno de no caer en el hartazgo. De verdad que no lo sé. Hay que tener ganas y ánimo para saber que llegar al Cielo va a requerir de mucha fuerza, de muchos saltos, de mucho ir y volver, de tirar la piedra y que se quede encima de la raya, de tener que volver a empezar. Nuestra carrera en el mejor de los casos es una carrera de fondo. Es muy complicado escribir sin un átomo de ilusión. Así que desde aquí, pido perdón a aquel hombre, que aunque de manera torpe, quiso transmitir en aquella mesa de debate que la ilusión era un ingrediente importante en el proceso creativo: es la nafta, para que el auto no pare.

2.- Sobre la realidad.

Siguiendo con esta tontería de la rayuela, pensaba en qué significa la casilla de salida, el Purgatorio, en nuestro oficio. Se me antojan miles de respuestas. El término hace referencia a un estado transitorio de purificación y expiación del alma pecadora. No pueden acceder a este limbo los que hayan cometido pecados mortales. Esta última información me deja mucho más tranquila. Si los guionistas somos pecadores, lo somos de pecados de poca monta. Venial me ha parecido en este sentido una palabra liberadora. Se nos puede acusar de muchas cosas seguramente y todos estamos cansados de oír cuando un proyecto va mal quienes son los culpables. Si escribimos mal, parece que la cosa va mal. Y si escribimos bien, la cosa también puede ir mal. O sea que ante el fracaso de un producto, tenemos muchas papeletas para sentir sobre nuestros hombros todo el peso de la derrota.

Cuando la acusación es injusta, cuando se le corta la cabeza a todo un equipo de guión por falta de share, cuando un director no ha entendido ni una línea, cuando han destrozado los pocos chistes que había actores de tercera, cuando el producto se ha programado por el enemigo… nos sentimos totalmente legitimados a decir que no nos entienden, que nos maltratan y que nos eligen como chivo expiatorio de los pecados de otros. Y sí, muchas, muchas veces sucede esto. Hay que armarse de valor y de paciencia para saltar de casillero con ilusión después de que te hayan acusado de no saber jugar, de no saber escribir.

Para mí, el Purgatorio, es el lugar donde me torturo para ser mejor. Cuando sé que sí tengo culpa, que fui perezosa, que recurrí a chistes viejos, que desempolvé esa trama que siempre quise colar, cuando no hay ningún enemigo fuera que me quiera cortar la cabeza sino gente que no sabe leer guiones y da por buenas cosas, que yo sé que están mal, cuando cambio el tamaño de la letra para ampliar el número de páginas,  me siento una impostora. Pienso que ésta vez sí me van a pillar, que ya zafé muchas veces y que en el fondo no tengo tanto talento como me creo. Que tire la primera piedra quien no se haya sentido así alguna vez.

3.- Sobre el miedo.

Hay veces que el miedo nos paraliza. Algunos tienen verdadero terror a la pantalla en blanco, otros a ser juzgados y cada vez que mandan una versión entran en un estado de agonía permanente, otros nos sentimos como decía antes impostores… hay un miedo más profundo que estos, que toca la médula de nuestra identidad como escritores. Nuestra escritura no acaba en ella misma, nuestra escritura sirve para otra cosa, se transforma en una obra que excede a nuestro control. Tenemos pánico a que en el tránsito se pierda lo mejor, si es que alguna vez tuvo algo bueno. Tenemos pánico a que en el tránsito se convierta en algo peor, si es que no era buena.

No conozco a ningún guionista que quiera hacer las cosas mal, si nos salen mal, es a nuestro pesar. Ese grado de exigencia permanente produce pánico. A veces no queremos saltar de casilla. Se acaba un proyecto que hemos controlado y empieza uno nuevo. Normalmente somos pájaros de muchos nidos y nos gusta volar, pero también nos gustaría meter la cabeza debajo del ala y protegernos cuando el proyecto ha tenido más de placentero que de otra cosa. He coordinado varias series y siempre me atenaza el mismo sentimiento contradictorio cuando acaban. Por una parte me siento liberada e ilusionada con las cosas que llegarán después y por otro lado me da pena que acaben las historias que ya controlo, en las que me siento cómoda, en las que el riesgo ya no es tan grande.

Mi vuelo de regreso a Madrid sale en unos horas. He hablado del Purgatorio en nuestra profesión pero poco del Cielo. ¿Cuál es nuestro Cielo? ¿Adónde queremos llegar saltando y saltando de casillero en casillero? El Cielo es ese lugar donde escribimos con un buen contrato, con personas que nos hacen mejores desde la exigencia creativa, con ilusión, en proyectos en los que nos dejamos algo más que el oficio, quizás un poco de alma,  con chistes nuevos, sin recurrir al polvoriento cajón de las tramas… El Cielo lo he tocado estos días en Buenos Aires. Cruzo los dedos para que nadie me borre esta rayuela del piso.

Verónica Fernández ha sido guionista de series de éxito como A las once en casa, El comisario, Raquel busca su sitio, Cuéntame, Hospital Central y otras. Ganó un Premio Goya por el guión del largometraje El Bola, coescrito con el director Achero Mañas.


EL PRINCIPIO DE ALGO (O NO)

13 diciembre, 2011

por DAVID MUÑOZ

En el escritorio de mi ordenador tengo un documento de Word llamado “Bloguionistas” en el que voy apuntando ideas con las que escribir futuras entradas en este blog. Pero cuando tengo que ponerme a escribir, casi siempre me da pereza hablar de algo que se me ocurrió ya hace semanas, así que muchas veces esas ideas nunca pasan de apuntes sin desarrollar. Sin embargo, aprovechando que esta semana la falta de tiempo me va a impedir redactar un texto más largo, he pensado que podía ser interesante “repescar” cuatro de esas ideas que puede que algún día me sirvan de base para escribir un texto más extenso (o no).

1.Otra de ideología.   

Las historias que muestran de forma más nítida su contenido ideológico/aleccionador/didáctico, son las dirigidas a un público infantil.   

Hace unos días, mientras le daba el desayuno a mi hija, puse la tele para que viera unos “dibus”, y resultó que (me parece que era en Clan) estaban poniendo la serie de animación en 3D “Chuggington”, protagonizada por unos trenecitos antropomorfizados que se pasan todos los capítulos trabajando felices de la vida mientras recorren una y otra vez el mismo circuito de vías de tren. A mí la serie me parece feísima*, y además, aburrida, pero algo deben tener esos trenecitos que parecen los primos dopados de los coches de “Cars” para tener tanto éxito entre los críos.

Pues bien, en el episodio que vi con mi hija, a los trenecitos (uno de ellos era Wilson, el protagonista) les da por perder el tiempo observando a los humanos que trabajan –o más bien para los que trabajan-, en Chuggington. Tanto se están divirtiendo, que se les olvida hacer un par de entregas. Entonces, aparece la señal que ejerce de supervisora/jefe y les dice (cito lo más textualmente que puedo): “Los hobbies están muy bien, pero son para vuestro tiempo libre. Durante el día tenéis que dedicaros a practicar y a trabajar”. Nada más escucharla, los trenecitos asienten, vuelven al tajo encantados… ¡y el episodio se acaba ahí! ¡Ya está bien de perder el tiempo, hombre, en vez de hacer cosas productivas!

El mensaje del capítulo me parece tremendo. Vale que la vida muchas veces es así: trabajo y más trabajo, en ocasiones no se sabe  muy bien para qué. Y que la existencia de la mayoría de nosotros, pese a que no nos demos cuenta, transcurre en un circuito invisible no mucho mayor que Chuggington… ¡pero tampoco hace falta que los niños de 1 año se den cuenta ya!

Casi prefiero el mensaje de rebeldía prefabricada de la mayor parte de las series infantiles  norteamericanas. Ese “siendo verdaderamente tú puedes conseguir todo lo que quieras”.

La versión realista de Chuggington sería casi una película de terror. “Brasil” para críos.

Repite conmigo, niño: “nunca cuestionaré las órdenes de mis mayores, nunca…”.

*Sobre todo comparándola con otras series con las que comparte público de entre 1 y 3 o 4 años  como Pocoyo, Jelly Jamm, o la estupenda (aunque esta no es 3D, sino plastilina) Timmy Time.

2.Cambios.

La mayor parte de las historias del cine cuentan como un personaje cambia, se transforma, casi siempre a mejor. Pero narrar el cambio necesita tiempo, muchas veces bastante más tiempo del que puede dedicarle una película comercial, sobre todo si dicho cambio ocurre dentro de un contexto narrativo más ambicioso.

Y a falta de ese tiempo, de esas escenas que muestren de forma escalonada y creíble cómo el personaje cambia y porqué, da la  impresión de que la transformación (a menudo moral) ocurre porque sí, porque hace falta para que el protagonista llegue a punto de caramelo al tercer acto, dónde su objetivo suele ser ya solo librarse de su antagonista en una confrontación final cuanto más espectacular mejor.

Por tu amor, lo dejo todo

Un buen Ej. de este problema es “Thor”. Cuando comienza la película, Thor es un gañán egoísta y egocéntrico al que su padre, el todopoderoso Odín, destierra a la Tierra para bajarle los humos. Una vez entre nosotros, Thor conoce a Natalie Portman, se enamora… ¡y se convierte en un solo día o dos en un dechado de empatía y ternura! El Dios del Trueno, que a esas alturas de su periplo inmortal suponemos que ya habrá “conocido” mujeres unas cuantas veces (en ambos sentidos de la palabra “conocer”), pasa de lobo a cordero en minutos. Y no hay quien se lo crea. Pero la película no puede dedicar tiempo a contar lo que probablemente es su núcleo dramático, el conflicto alrededor del que se articula el arco del protagonista. Esos minutos hacen falta para las escenas de acción que vienen a continuación y para contar el enfrentamiento final entre Thor y su hermanastro el malvado (pero patético), Loki.

Aún así yo disfruté con “Thor” (tantos años leyendo cómic de la Marvel no han sido en balde), pero unos minutos más dedicados a explicar algo tan crucial como ese cambio podían haber supuesto la diferencia entre una película entretenida y una buena película.

3.Más tiempo.

“In Time” es una castaña. Con cada película que estrena, más me resulta más difícil entender cómo Andrew Niccol pudo escribir “El show de Truman” o escribir y dirigir “Gattaca”. Pese a eso, merece la pena verla si te gusta pensar en los porqués de los guiones, en cómo funcionan (o más bien, en cómo no funcionan). No sólo porque a menudo se aprende más de una mala película que de una buena, sino porque, sobre todo si las ves en el cine (¡gran error!, estaba un poco bloqueado con un guión y no se me ocurrió otra cosa que hacer un descanso para verla), mientras que las buenas películas te atrapan emocionalmente y no te dejan pensar, las malas te permiten reflexionar sobre lo que estás viendo incluso mientras estás todavía sentado en tu butaca. Y si además son tan aburridas como “In Time”, hasta puede ocurrírsete una entrada para “Bloguionistas”.

El difícil arte de pensar en nada

A falta de tiempo para escribir esa entrada, hoy me voy a conformar con hablar de algo en lo que pensé mucho mientras veía la película: lo aburrida que era. Porque vale que lo que ocurre no tenga ningún sentido, que todos los puntos de giro sean forzadísimos, que los personajes se comporten como tontos del culo… pero eso no quiere decir que necesariamente tenga que ser aburrida. Hay muchas películas estúpidas entretenidas. ¿Qué es entonces, lo que falla en “In Time”? Me refiero en cuanto al aburrimiento, porque bien pensado, fallar falla todo.

Me parece que el sopor que induce su visionado se debe sobre todo a que pese a que el protagonista tiene un objetivo (poner patas abajo el mundo en el que vive), en ningún momento cuenta con un plan que uno crea que puede ayudarle a conseguirlo. Bueno, si por plan no aceptas “voy para allá y ya veremos lo que pasa” o “regreso a dónde vine y ya veremos lo que pasa”. Así, los paseos del protagonista se convierten en recorridos turísticos sin interés ninguno*.

La pregunta básica cuando escribes un guión es “¿Qué quiere el protagonista?”. Pero siempre debe ir acompañada de otra: “¿Cómo va a intentar conseguirlo?”. Luego, ese plan puede funcionar o no, ser descartado, o sustituirse por otro nuevo. Pero debe de estar. Sobre todo en una película con vocación tan convencional como esta.

A Andrew Niccol le habría venido muy bien releer alguno de esos manuales de los que hablaba aquí hace poco.

*Los problemas de “In Time” son muy similares a los de otro high concept fantástico  que  ya comenté: “Daybreakers”.  

4.¿Inclasificables?

Por no acabar de bajón, voy a cerrar recomendándoos una película magnífica: la francesa “El padre de mis hijos”, de Mia Hansen-Love. Se ha editado recientemente en DVD y me parece que también puede descargarse en Filmin. Para no destripárosla, sólo os diré que cuenta la historia (inspirada en hechos reales) de un productor de cine independiente cuya pequeña empresa está a punto de quebrar.

¡Sí, el protagonista es un productor! Y un productor que se parece a muchos productores de verdad a los que conozco. Además, por una vez en una película de cine sobre el cine, la realidad que describe es totalmente creíble. Así es cómo se hacen realmente las cosas.

Ah, un aviso para los que seguro que ya  estáis afilando los cuchillos: la mirada de la directora y también guionista es muy empática. La historia está contada desde el cariño, incluso si me apuráis, desde la admiración, lo que no quiere decir que se maquillen los aspectos más desagradables de la forma de ser (y de trabajar) del personaje.

A mí me ha resultado muy conmovedora.

Después de verla anoté en mi documento de Word varias cosas:

“La estructura de la película es muy interesante. El punto de vista cambia dos veces… quizá hasta tres más a menos a la mitad. Está dividida en dos partes claramente diferenciadas. Pero la historia funciona muy bien. Cuando en otras películas ocurre lo mismo, la sensación no suele ser estar ante una historia compacta sino ante un conjunto de viñetas o casi sketches con una tenue relación entre sí.

¿Esa solidez tendrá que ver con que el impacto emocional de lo que ocurre a mitad de la película es tan grande que impide esa dispersión? ¿Es un agujero negro narrativo, atrapando con la fuerza de su gravedad los hilos de la narración, impidiendo que se dispersen?

¿Hay una manera de sistematizar, de entender y explicar este tipo de estructuras, al igual que sistematizamos las de películas más convencionales tantas veces desmenuzadas en los manuales?

Si puede analizarse… ¿no puede también decodificarse?”.

Y de esto sí que quiero hablar en el futuro.


ESOS GRACIOSOS TRISTES

9 diciembre, 2011
Por Guionista Hastiado

Hace un par de años Bárbara Alpuente ya habló del mismo asunto que hoy me gustaría sacar a la palestra: la distinción, más o menos real, entre guionistas “de comedia” y guionistas “dramáticos”.

Como algunos de ustedes saben, yo inicié mi carrera como guionista en “7 Vidas”, donde a lo largo de varios años me introduje en el oficio de la mano de un nutrido grupo de buenos guionistas, muchos de los cuales sigo contando entre mis mejores amigos. A lo largo de la última década los miembros de aquel grupo nos hemos ido distribuyendo por la industria y hemos trabajado en proyectos variopintos, de cine y televisión. Bastantes de mis compañeros se han convertido en productores ejecutivos y/o coordinadores de guión de series de prime time. Algunos hemos escrito otros géneros distintos y otros han seguido haciendo comedia, que es lo que les gusta y saben hacer mejor. En general, no podemos quejarnos de nuestra trayectoria.

Sin embargo, tal y como comentó Bárbara en su día, es cierto que con frecuencia los guiones y guionistas de comedia, en este país, no son tomados muy en serio. Se considera a la comedia (en ficción) un género menor, del vulgo, fácil, superficial, sin la más mínima capacidad de trascendencia o complejidad. He conocido productores que no querían para sus sesudas producciones guionistas que provinieran de la comedia, considerándolo una mancha en su carrera, en lugar de un atributo positivo. Y he conocido guionistas cómicos que ciertamente se sentían menospreciados, niguneados, a los que les costaba cambiar de género, y que lloraban sus complejos por la esquinas, acongojados por la pena.

A mí me gustaría romper una lanza en pro de los guionistas de comedia. De la misma forma que siempre defiendo que los mejores actores cómicos son, simple y llanamente, los mejores actores, creo que la mayoría de los mejores guionistas que he conocido en mi trayectoria profesional han escrito comedia durante cierto tiempo. Ustedes pensarán que tengo mucha jeta, que esto lo digo porque, al incluirme yo en en el lote, en el fondo lo que pretendo es echarme unas flores. Tal vez tengan razón, pero yo les aseguro que dejo una puerta abierta a la salvedad, y que puede haber flagrantes excepciones entre las que perfectamente puedo encontrarme yo mismo, sin ninguna duda.

En general, y en mi opinión, un guionista que se ha entrenado en  la escritura de comedia cuenta con ciertas virtudes que no deben despreciarse, y que se habrá visto obligado a desarrollar por varios motivos:

- La comedia exige trabajo: No hay nada más arduo que escribir una comedia. Exige mucho más esfuerzo que la escritura de otros géneros. Es como cavar en una mina buscando oro. Las comedias demandan mucha más revisión y reescritura, especialmente en diálogos. Un buen guionista cómico casi siempre será un profesional acostumbrado a dar el callo y a no enamorarse de lo primero que se le ocurre. Y si se enamora, se jode y lo cambia de todas formas, si no funciona.

- La comedia exige ritmo: escribir comedia es una buena manera de aprender a manejar los tempos narrativos. Si corres demasiado la narración se resiente, pero si tus escenas/diálogos no tienen la suficiente velocidad, aburrirán. Hay que ser concreto, específico, ir al grano y condensar la información para que no resulte pesada.

- La comedia se trabaja en equipo: es lo habitual, especialmente en series de televisión. El trabajo en equipo te hace más flexible, te enseña a escuchar, a argumentar, a debatir, a reflexionar, además de brindarte la posibilidad de aprender de otros profesionales que no tienen por qué tener la misma forma de escribir o de narrar que tú.

- La comedia exige inteligencia: Ya saben lo que dicen, que el sentido del humor es la máxima expresión de la inteligencia. Supongo que es algo discutible, pero desde luego creo que tener la capacidad de expresar una visión “humorística” de la realidad es una señal de una cabeza bien amueblada. El distanciamiento irónico, la disección jocosa del alma humana, el reconocimiento de las mentiras y las debilidades de nuestros congéneres y de las nuestras propias… son habilidades muy útiles en la escritura no sólo de comedia, sino de cualquier tipo de género (además de ser una actitud muy provechosa en la vida).

- La comedia enseña a jugar con los límites del tono: Una de las dificultades de la escritura de ficción de comedia tiene que ver con el equilibrio. Es fundamental encontrar el tono adecuado a cada producción, a cada secuencia, a cada diálogo, y no rebasarlo. Escribir -buena- comedia te enseña a bordear el peligro sin caer en él. “Si te pasas ya no es divertido, pero si te quedas corto, tampoco”.

- La comedia te obliga a dominar el lenguaje: Al hilo de lo anterior, es fundamental utilizar los matices y variaciones del lenguaje. A veces la carga cómica de un gag puede estar en una coma, en unas comillas, en el acento en una determinada palabra o una pausa. Los sinónimos están ahí para darnos versiones muy diferentes de un mismo chiste, y es imprescindible tener cierto conocimiento de la expresiones orales en distintos ámbitos. Cada persona tiene una manera diferente de hablar, de argumentar, de mentir, de quejarse, de hacer chistes… Ese dominio será una herramienta fundamental en la escritura de cualquier otro género.

- La comedia exige capacidad de encaje: No hay nada más duro que una comedia, o un chiste, que no funcionan. Pregutádselo a los monologuistas, que tienen pesadillas con salas llenas de gente que no ríe. Y cierta cantidad de fracaso es ineludible, nadie empieza a escribir comedia sabiendo, hay que probar, arriesgar, cagarla, aburrir… para ir puliendo, encontrando la ténica y la voz humorística propia. Y ya saben, lo que no te mata, te hace más fuerte.

La comedia, en definitiva, es mucho más difícil… pero habla de lo mismo. Cada género tiene sus “trucos” y técnicas que hay que aprender y dominar, por supuesto. Pero la comedia, el drama, el género fantástico, el thriller o el culebrón hablan de lo mismo y utilizan la misma argamasa: personajes y conflictos.

Lo que pasa es que la comedia es mucho más arriesgada porque, cuando queda mal, queda mucho peor. Por eso en mi opinión es mucho más fácil que un guionista de comedia escriba un buen drama, que viceversa. Porque el drama es más “disimulable”. Yo creo, además, que esa visión humorística del mundo es un ingrediente imprescindible en la escritura, en distintos grados de explicitud. En los mejores dramas existen rastros cómicos, como ya defendí aquí (los videos fueron cancelados hace tiempo, sorry). La falta de cierto sentido del humor es lo único que le achaco, por ejemplo, a esa buena serie que es “Crematorio”, lo que más la distancia, a mi juicio, de comparaciones con las grandes como “Los Soprano”, que es pura comedia con falsa forma de drama.

Sé que algunos estarán pensando que todo esta argumentación es absurda porque en España las comedias que se hacen son muy malas, y que por lo tanto los guionistas que las escriben también lo son y que todo este post es una gran estupidez onanista. Bueno, es una opinión, aunque a poco que hayan seguido las andanzas de este blog durante los últimos años habrán comprendido que la calidad de una producción muy pocas veces tiene que ver, de facto, con el talento de sus guionistas, o con la falta de él. Hay muchos otros factores, y más decisivos, que repercuten en el proceso y que están fuera de nuestro control (aquí podríamos hacer una retahíla de nuestras quejas habituales: la falta de capacidad de decisión sobre las series que se hacen, sobre el público al que van dirigidas, sobre su tono… la falta de tiempos, los castings asesinos, los directores que no entienden de comedia, los actores que no quieren ridiculizarse, los sistemas de trabajo chapuceros, las producciones ejecutivas que no saben de contenidos, las comedias de 80 minutos… etc.)

Evidentemente tampoco pretendo afirmar que quien no haya escrito comedia no puede ser un buen guionista, nada más lejos de mi intención, pero sí que creo interesante mostrar un cierto respeto por uno de los géneros más complicados y, al mismo tiempo, más denostados que existen. No sean tan exigentes, amigos, y admiren a aquellos que les hacen reír, que se lo han ganado.


CUATRO TUITEROS, CUATRO GANAPANES Y UN PAR DE GILIPOLLAS

8 diciembre, 2011

por Sergio Barrejón.

El pasado viernes, el Consejo de Ministros decidió in extremis no aprobar el reglamento de la Disposición Final Segunda de la Ley de Economía Sostenible. Lo que viene siendo la ley Sinde, vaya Ha habido reacciones para todos los gustos. También ha habido dos reacciones de pésimo gusto:

El sociólogo Joan Navarro sugirió en su Eskup que la oposición a la Ley Sinde se reducía a “cuatro twiteros (sic) con el apoyo de unos pasmados medios de comunicación”.

Joan Navarro Martinez

Joan Navarro

Poco después, el cantautor Jaume Sisa afirmaba en El País que la no aprobación del reglamento “es el triunfo de unos lobbies de poder y de cuatro ganapanes“.

Jaume Sisa

Jaume Sisa

Yo trato de respetar todas las opiniones, salvo que estén fundamentadas en intereses espúreos o en falsedades palmarias. Y a ser posible, prefiero que se expresen con un mínimo respeto. (Y aquí me toca hacer propósito de enmienda, porque soy el primero que, cuando se calienta, echa espuma por la boca. Vergibracia, este artículo sobre el voto en blanco.)

En resumen: que me parece muy respetable estar a favor de la ley Sinde. Es más, me parece que en concreto la ministra ha impulsado la disposición final segunda convencida de que sería una herramienta útil y legítima para proteger la propiedad intelectual. También tengo colegas que están a favor de ley, supongo que porque piensan que es la única vía que tienen, hoy por hoy, de proteger su trabajo de la piratería. Y respeto su opinión, aunque no la comparta.

Pero cuesta mucho respetar opiniones como las de Navarro o Sisa. Minusvalorar de esa manera a quien se opone a la ley Sinde no es de recibo. Y no hablo de faltar al respeto. A mí, como titiritero subvencionado, socio de SGAE y guionista de telenovelas que soy, ya me han llamado de todo. No se me saltan las lágrimas porque me llamen ganapán. Hablo de minusvalorar numéricamente. Seremos ganapanes, pero somos más de cuatro.

Yo estoy en contra de la ley Sinde, y voy a intentar explicar por qué, sin insultar ni minusvalorar. A ver si me sale.

-Prólogo: Considero que los derechos de autor son fundamentales, y muy progresistas. No estoy de acuerdo con que algunos se lucren con la explotación no autorizada de obras creadas por otras personas. Me jode especialmente si las obras son mías, claro. Vamos, que soy parte interesada. O sea, que estoy a favor de alguna medida para proteger la propiedad intelectual de los abusos ajenos. Pero no estoy a favor de esta medida en concreto.

-Primer Acto: Creo que la ley Sinde no sirve para proteger la propiedad intelectual. Cerrar una web de enlaces, por mucho que se agilice el proceso, siempre llevará muchísimo más tiempo que trasladar los enlaces a una nueva web. Ya lo demostraron, en el pasado Festival de Donostia, los abogados David Bravo y Javier de la Cueva. Les llevó poco menos de una hora, con la ayuda de cuatro(mil) tuiteros. Llamaron al experimento Tabla Sinde.

-Segundo Acto: Creo que a la industria audiovisual le habrían ayudado mucho más otro tipo de medidas. No soy un experto en producción ni distribución, así que hablo de oídas. Pero creo que, por ejemplo, sería muy de agradecer la eliminación de las ventanas de explotación. Que yo pueda, si me parece ventajoso, estrenar mi película en DVD y en la web al mismo tiempo que en salas. O antes. Que como productor y distribuidor, yo pueda diseñar mi propia estrategia sin perder por eso las ayudas ministeriales. Tampoco habría estado mal una buena ley antitrust que impida las prácticas abusivas de las distribuidoras norteamericanas.

A los autores, creo que nos habría ayudado mucho más el reconocimiento de nuestros derechos de explotación en web y DVD. A día de hoy tenemos una ley que nos reconoce los derechos en la explotación de VHS, pero no en la de DVD y web. Como guionista de Amar en Tiempos Revueltos, TVE me paga por la emisión de mis capítulos en televisión, pero no veo un duro por su edición en DVD ni por su difusión en rtve.es, donde es la serie más vista.

Vamos, que se agradece el intento, pero creo que han errado el tiro. La ley Sinde responde a unos modelos económicos que están siendo superados, y ha vampirizado un impulso político que podría haberse aprovechado para objetivos más realistas.

-Tercer Acto: la ley Sinde permite que la autoridad para cerrar webs recaiga en partes interesadas, y abre la puerta a usos espúreos y peligrosos de ese poder. Antes, para cerrar una web de enlaces hacía falta una instrucción y una resolución judicial. Y hay numerosas resoluciones judiciales que demuestran que publicar enlaces (incluso con publicidad) no va contra ninguna ley. Lógico: los enlaces sólo son direcciones. ¿Se me puede acusar de traficar con droga sólo por darle a alguien la dirección de un camello?

La ley Sinde pretende dejar la investigación y dictamen sobre la ilegalidad en manos de una comisión. Al juez sólo le quedaría ratificar el cierre, sin posibilidad de investigar. A mí eso me parece peligrosísimo. En primer lugar, porque la independencia de la comisión me resulta más que dudosa, dado su origen político, y dado que estaría administrando los intereses de agentes industriales muy poderosos. Véanse, si no, los esfuerzos diplomáticos norteamericanos por impulsar una ley de este tipo.

En segundo lugar, me parece peligroso por la propia definición de lo que se considera web de enlaces. Este blog podría ser cerrado por la comisión. Google mismo, como demostraba el experimento Tabla Sinde, podría ser cerrado por la comisión, aplicando estrictamente el reglamento de la ley. Sí, ya sé que no es eso lo que se pretende con la Ley Sinde, pero el mero hecho de que una comisión nombrada a dedo pueda decidir sobre el cierre de una web me parece un flirting with disaster muy tocho.

Epílogo y extras: ayer, desde mi cuenta de Twitter, le lancé a CUATRO TUITEROS una pregunta: ¿Por qué rechazas la ley Sinde? Esto es lo que me contestaron:

Juan Gómez Jurado (Escritor. Más de 100.000 seguidores en Twitter. Autor del ebook más vendido en Amazon España):

Porque es una ley instrumental, un horror legislativo y será inútil. Hay que construir un mercado viable, no sacar leyes al dictado. Urge más hacer una nueva LPI que contemple las realidades del s. XXI. La que tenemos es decimonónica.”

El Teleoperador (Bloguero. Más de 6.000 seguidores en Twitter. Premio Mejor Blog Personal 2007 del diario 20 minutos.)

Porque a pesar de lo que nos parezca éticamente, la actividad de las webs de descargas -con o sin publicidad- es legal, como así han indicado más de 20 resoluciones judiciales firmes. La ley Sinde es el truco miserable para sortear a una ley que no dice lo que queremos y aplicar administrativamente un cierre “preventivo”; truco chapucero porque lo que castiga no es la difusión no autorizada (ya dicen los jueces que no hay tal) sino el enlace a dicha obra, lo que abre la puerta a perseguir, por ejemplo, los enlaces de este blog a fragmentos de películas en YouTube; y truco inútil porque no va a servir para evitar la difusión no-industrial, bastará con alojar la web en otro país, convertirla en red social, publicar los enlaces como texto, pasarlos a docs públicos (como hizo David Bravo en una charla) o crear listas de correo privadas para distribuirlos. Y ni siquiera entro a calificar el infame origen de la ley con las presiones de EE.UU. de las que tuvimos que enterarnos por WikiLeaks y no por nuestro Gobierno.

José A. Perez (Director y guionista. Bloguero. Más de 90.000 seguidores en Twitter.)

Las industrias culturales pasan por un mal momento debido a la agonía del paradigma estructural. Paradigma que, como tantos otros a lo largo de la historia, se ha considerado eterno e inmutable. Pero no lo es. Ninguno lo es. Cuando un paradigma tontea con su extinción –la Historia está llena de ejemplos- empieza una lucha descarnada donde la supervivencia se convierte en su único fin. Como creador de contenidos, estoy convencido de que se necesita un marco jurídico que regule los derechos de los creadores. Y también estoy convencido de que la llamada ley Sinde, lejos de plantear un marco legal adaptado a nuestro tiempo, simboliza la última dentellada de un tiburón agonizante.

Javier de la Cueva (Abogado, experto en propiedad intelectual. Más de 9.000 seguidores en Twitter.)

Rechazo la ley Sinde porque los fines no justifican los medios. La Ley Sinde no es una ley antidescargas, como se nos intenta hacer creer, sino una ley que sirve para bloquear cualquier servicio de la sociedad de la información (traducido: cualquier conexión), según se manifiesta literalmente en su texto.

Es sintomático que esta posibilidad de bloquear cualquier servicio de la sociedad de la información, esto es, cualquier conexión vía Internet o smartphone, sea algo que los instigadores de la ley silencien, manifestándose únicamente como si la ley fuese dirigida contra las  webs de enlaces. No debemos olvidar que quien tendría que prohibir estas webs es la Ley de Propiedad Intelectual, que es la que define las infracciones, siendo así que la Ley de Propiedad Intelectual no se toca en la reforma.

El poder tiene miedo a Internet y es por ello que quiere tener la posibilidad de que el gobierno bloqueé cualquier conexión. Lo que la Ley Sinde hace es poner en manos de una comisión integrada por políticos nombrados por el gobierno la posibilidad de censura.

Por esto es por lo que afirmo que los fines no justifican los medios. Todo lo legítimo que pueden tener los intereses de los derechos de los titulares no justifica la implantación de sistemas de censura en manos del gobierno de turno. Este mecanismo censor responde a sistemas totalitarios. La solución a los problemas de la propiedad intelectual no puede venir de instituir sistemas totalitarios de control de las conexiones.

Recomiendo también leer el artículo La piratería no existe, de Juan Gómez Jurado, y el demoledor post del Teleoperador en respuesta al “cuatro tuiteros” de Joan Navarro, donde nos recuerda que el “amplio consenso” que invoca Navarro a favor de la Ley Sinde se reduce a 323 personas: los diputados que votaron a favor. Esa ley no se incluía en el programa electoral de ningún partido, así que malamente se puede decir que represente la voluntad de los votantes.

En definitiva: estemos a favor o en contra, tratemos de explicar nuestra postura civilizadamente. Porque puestos en plan macarra, podemos decir que la oposición a la ley Sinde sólo la rechazan cuatro tuiteros y cuatro ganapanes, pero también podemos contestar que la ley Sinde sólo la apoyan 323 diputados y un par de gilipollas. Y tampoco es eso.


FLASHBACK: LA SARTÉN POR EL MANGO

7 diciembre, 2011

Hola, me llamo Chico Santamano, estoy muy relajado y a punto de irme de puente, pero lo que van a leer a continuación lo escribí un día de julio de 2009. Un día que me enfadé mucho con un productor… y escribí esto:

Advertencia: hoy es uno de esos días de calentón, de estar hasta los huevos y gritar muy fuerte. No admitiré la más mínima discrepancia.

Ya está bien de que nos hagan creer lo contrario. Se acabó. En serio, hasta aquí hemos llegado, señores.

El complejo de inferioridad tenía fecha de caducidad: Julio de 2009. Ni un día más, ni un día menos. A partir de hoy, nadie nos va a convencer de que los guionistas somos un elemento más en el proceso de elaboración de una película.

No. No crean más a ese actor que les dice que sin ellos no habría personajes. Ni a ese director de foto que amenaza con apagarles las luces. Ni a esa maquilladora que asegura que no tapará los brillos de los focos del director de fotografía en la frente del actor. Ni a ese productor que dice invertir su patrimonio (mentira). No les crean, porque si se ponen tontos nos hacemos un curso de Flash, nos creamos una serie de animación para la red y a tomar por culo tanta tontería.

Y no me entiendan mal, todos somos necesarios en esta historia, claro que sí… pero nosotros, los guionistas, más. De hecho, nosotros somos IMPRESCINDIBLES. Nosotros somos el motor de arranque. TODO se pone en marcha cuando acabamos nuestro trabajo. Nosotros ponemos el primer ladrillo y el último. Decidimos cómo y de qué manera va a ser la casa que otros van a habitar meses después.

Señores… nosotros parimos, nosotros decidimos.

Durante décadas hemos sido el eslabón más débil. Hemos regalado nuestras historias a cambio de calderilla (en el mejor de los casos). Se acabó el dar nuestros guiones para que el productor nos los queme por las televisiones y nunca más podamos resucitarlo.

¿Que estamos en crisis? ¿Que no tienes pasta para pagarme una opción de compra? De puta madre. Entonces, no quiero dinero si “supuestamente” no lo tienes. Pero… Págame un piloto. Págame un corto. Ah… ¿Cómo? ¿Que insistes en que no tienes pasta? Si no eres capaz de que te dejen las cámaras, las luces e involucrar a más gente en mi piloto/corto por la cara… NO ME INTERESAS. No eres buen productor.

Me río de las comidas que tú te tienes que pagar con altos ejecutivos de las cadenas en comparación con mi ilusión, esfuerzo y dedicación durante meses y meses.

Y los actores… ojo… ojo que os veo venir. No os penséis ni por un momento que vais a meter mano en nuestros derechos de autor (antigua pretensión del gremio). Ni de coña. Vosotros sois ACTORES. No sois autores. Claro que nuestras líneas en boca de Javier Gutiérrez no suenan igual que en la de Dustin Hoffman. Pero la gran mayoría de guionistas no cobran al día, ni por asomo, el sueldo mínimo que un actor tiene estipulado por convenio. Es más… ¡Ojala tuviéramos convenio!

Por no hablar de que cuando un niño de “El Internado” hace una telepromoción cobra una pasta. Y ese actor no se escribe sus textos precisamente. Se los escribe un guionista que no ve un puto duro por hacer ese extra. Ah… y si tan “autores” os creéis algunos… Empezad a acordaros de nosotros, vuestros “compañeros guionistas”, cuando os den un Goya, un Oscar o un TP. Que nunca nos nombráis a no ser que el guionista sea el mismo director. Sabed que es de bien nacidos ser agradecidos.

Guionistas, este es el momento de empezar a levantar cabeza.

Primero, porque más bajo no podemos caer. No se respeta un sueldo mínimo, ni horarios, ni nada…

Segundo, porque en este momento tenemos a media profesión en paro. ¿Ustedes también se han dado cuenta, verdad? ¿Cuántos guionistas conocen que están desesperados en busca de curro? No tenemos NADA que perder.

Y tercero… no se equivoquen. Estos nuevos vientos de tecnología accesible sopla a nuestro favor y muy en contra de las productoras, distribuidoras, exhibidores y cadenas.

Si en cuestión de años vamos a poder escribir, rodar, montar y distribuir nuestras propias series, películas, documentales, realitys por Internet… ¿Para qué os queremos, despachos? ¿De verdad os creéis que vuestro anticuado chiringuito va a aguantar mucho tiempo en pie?

Nosotros somos los únicos generadores de contenidos. Esos contenidos que la publicidad demanda y demandarán aún más en la Red que es donde se está largando el público más interesante para los anunciantes. El mismo público que está harto de vuestros productos añejos.

Hay más talento artístico y técnico en “Tú antes molabas” o“Malviviendo” que en el 70% de la producción nacional de cine y televisión. Y ojo… “Con pelos en la lengua”, sin invertir ni un euro de publicidad (aprended, distribuidoras y exhibidores) acaba de llegar al millón de visionados. Repito… UN MILLÓN de visionados.

(EJEM… Repito… actualmente… CINCO MILLONES)

Qué conste, querida “industria”, que no os queremos dar de lado. Queremos seguir siendo amigos (o quizá empezar a serlo DE VERDAD). Actualmente, los guionistas somos como esa piñata de cumpleaños. La primera vez, nos das un palo y te lo damos todo; confeti, caramelos, piruletas y matasuegras. Pero no nos sigáis apaleando más porque no vais a sacar nada.

Claro que la gran mayoría de guionistas seguirán trabajando a pesar de que les deis cada vez más fuerte con el palito de las narices. Pero tendréis lo que merecéis. Guiones muertos antes de nacer. Historias sin gracia, sin chispa, escritas desde el tedio y la desgana.

Moraleja: mi herramienta de trabajo es una combinación perfecta entre talento e ilusión. Antes, o poníamos el culo o nuestro guión no veía jamás la luz. En un futuro cercanísimo, nosotros nos lo guisaremos y nosotros nos lo comeremos porque podremos sacarle beneficios económicos a nuestras obra. Seremos autores, productores, distribuidores y exhibidores.

Llegan tiempos inciertos, pero apasionantes. ¿Tendré que currar más? Sí. ¿Ganaré menos? ¿Menos aún? Podría ser. Pero lo que está claro es que nadie se va a beneficiar ni un euro más de lo que le corresponde con mi trabajo.

A río revuelto, ganancias de pescadores… y en este río, señores, nosotros nos vamos a comer los peces, porque aunque no nos lo creamos, tenemos la sartén por el mango.

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Este post está dedicado a los guionistas que están a punto de perder la ilusión, a los que quieren decir BASTA a sus jefes pero no se lo pueden permitir y muy especialmente a todos aquellos que van a mandarles a tomar por culo en breve.

Ánimo y no os dejéis chulear nunca más.


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