CHARLANDO CON ARNAU

por David Muñoz.

Hace unas semanas, di una charla a mis alumnos del Master de guión de ficción para cine y televisión de la Universidad Pontificia de Salamanca hablando de cómo fue el proceso de escritura del guión de la película “La posesión de Emma Evans”. Al día siguiente, uno de los alumnos, Arnau Margenet, me comentó que la charla le había desanimado. Estuvimos hablando un rato de las razones que le habían llevado a sentirse así y, como me pareció que muchos más guionistas y, sobre todo, aspirantes a guionistas, podían compartir las preocupaciones de Arnau, pensé que sería interesante reproducir y ampliar esa conversación en Bloguionistas.

En mis intervenciones menciono varias veces un discurso del guionista Charlie Kaufman. Si os interesa, podéis verlo aquí, o leer una transcripción aquí. Para los que no sepáis inglés, he traducido en mi blog las partes que más tienen que ver con que hablamos Arnau y yo.

David: Hola Arnau. El otro día, después de mi charla sobre el proceso de escritura de “La posesión de Emma Evans”, me comentaste que escucharme hablar te había desanimado. Y eso que os conté que el proceso fue bastante “indoloro”. Me pagaron bien y me trataron muy bien. Repetiría con Filmax encantado. Además, mi relación con el director, Manuel Carballo, fue muy buena.  Pero eso sí, os expliqué que el guión de la película había sido el resultado de incorporar las sugerencias de los productores, del departamento de marketing de la productora, y de los dos directores que trabajaron en ella durante el desarrollo. Además, no había sido ni mucho menos un guión “de autor”. No lo escribí desde el deseo de contar una historia sino desde el de ganarme la vida. Lo que no quiere decir que no disfrutara escribiéndolo ni que no tratara de hacerlo mío. De hecho, al final está lleno de cosas que a mí me interesan y me parece tan mío como las películas basadas en mis propuestas (incluso más que alguna de ellas). Eso sí, sin olvidarse de que ante todo de lo que se trataba era de fabricar un producto  que cubriera una necesidad de mercado. Filmax creyó que podía vender una película de exorcismos, y fui yo quien la escribió (luego la taquilla les dio la razón. Funcionó muy bien y se ha vendido en muchos países). También os conté que he escrito muchos guiones originales que me parecen más interesantes que el de “La posesión…” que sin embargo nunca se han rodado. Creo que lo que te desanimó fue que tú pensaste que si estás en esto para contar tus historias, y no te dejan hacerlo… ¿para qué ser guionista, no?

Arnau: Sí, algo así. La verdad es que uno se pone a estudiar guión con esa idea en mente, que es bastante inocente y virgen: quiero contar historias sobre aquello que me inquieta y conmueve. Supongo que es natural experimentar ese momento de revelación en el que, siendo un chaval y viendo esa peli que tanto te gusta, decides que a lo mejor tú también puedes hacer cine. Pero en ese momento, cuando estás abstraído y totalmente flipado por toda esa fachada cinematográfica, para nada te planteas cuál es el proceso que encierra una película. Ni cuestiones de guión, ni de producción, ni injerencias malignas de ningún tipo. Sólo tú y la peli. Sientes que eso es puro. Entonces, un día descubres que no es así, que en realidad eres un idealista y has crecido pensando que podías escribir historias libremente, que podías ofrecer al mundo tu particular punto de vista sobre algo y que sólo era una cuestión de esfuerzo y muchas horas. No sé, creo que es normal, que cuando eres un niño vives en el mundo de la piruleta, piensas que el dinero cae del cielo y las pelis se hacen por amor. Para mí es difícil entenderlo de otro modo, y supongo que sólo con los años te vuelves más escéptico y cínico, menos romántico (así dicho, parece que hacerse mayor sea la ostia : ). Después de recibir la visita de guionistas, directores, productores, etc., todos ellos contrastados y con callo, ya no queda lugar para la ingenuidad. Nos queda el consuelo de que al menos no ha sido un productor de esos que dicen que son tan malos y tan malos (¡De los que se comen a los idealistas!) el que nos ha abierto los ojos, con el pescado ya vendido. Por otro lado, hay que ser optimista. Hay tiempo y motivos para levantar cabeza. ¿No?

David: Precisamente he leído hoy la transcripción de una charla del guionista Charlie Kaufman en la que habla de cosas parecidas a las que comentas tú. Y para él está claro que lo que tú llamas “idealismo” no es tal, sino cómo deberían ser las cosas. Básicamente, ataca el cine como producto y lo reivindica como forma de arte, o, por llamarlo de otra manera, vehículo para la expresión personal. Y yo coincido bastante con el punto de vista de Kaufman, y también con el tuyo, por supuesto (teniendo en cuenta que las películas que yo escribiría a mi aire no tendrían nada que ver con las de Kaufman; lo mío es el fantástico). Solo que luego hay que ganarse la vida. Y ahí es dónde se complica el asunto. Kaufman puede pagar sus facturas siendo quien es. Cosa que en España sería imposible.

Arnau: Es decir, ¿Que si Kaufman fuera español, no sería Kaufman, sino un pelele más? (sin querer faltar el respeto, todos somos o -con suerte- seremos peleles). Entonces el problema no debe ser Kaufman.

David: Bueno, a lo mejor Kaufman en España sería Jaime Rosales. Que a pesar de que dicen que es de familia bien, rueda unas películas con unos presupuestos ínfimos que no pueden compararse con los de las de Kaufman (tanto la que ha dirigido él como las de los directores con los que colabora).

Yo creo que he tenido suerte y he firmado muy pocas cosas de las que no me sienta al menos un poquito orgulloso. Pero es cierto que a veces, como dice un buen amigo mío también guionista, sobre todo en televisión sientes que te has alineado del lado del mal, que eres un “soldado del imperio”. La solución sería, creo, poder escribir tus películas y mientras vivir de otra cosa. Pero la dedicación que exige la escritura no suele ser compatible con trabajar ocho horas al día aparte de las que tienes que pasar delante del ordenador. Eso, o ser un rico heredero. En realidad, los únicos que pueden permitirse la “opción Kaufman” son los guionistas directores como Almodóvar (al que cada vez admiro más; el día que decidió producirse sus películas se libró de cualquier posible yugo creativo). Así que al final siempre hay que llegar a un compromiso.

¿Cómo te planteas tú el futuro? Porque por lo que te conozco me da la impresión de que no te planteas convertirte en un guionista de encargo al que le dan igual ocho que ochenta.

Arnau: La verdad es que todo esto no debería sorprenderme demasiado. Yo vengo de la carrera de Periodismo, y por esos lares la cosa no pinta mejor. De hecho, en la carrera se habló mucho de este nuevo escenario que afrontamos en el que se ha producido un replanteamiento de los roles implicados en la producción de un periódico o un telenoticias, y donde la figura del redactor ha dejado de ser activa intelectualmente para convertirse en una pieza funcional más en la cadena de producción de contenidos. Las instrucciones son claras: no pienses, trabaja. Pura mecánica. Mi sensación, desde mi condición de pipiolo en esto, es que ese esquema tiende a perpetrarse del mismo modo en las producciones artísticas y culturales, que la rentabilidad tiene siempre absoluta prioridad a la hora de determinar qué proyectos son dignos de ser producidos y que los guionistas somos herramientas que están para servir ese fin. Cuando es elemental que los guionistas están, porque sino están, no hay película. Eso no parece importar demasiado mientras se permita que sea así. Pero como hay que comer, pues a tragar. Y si yo no lo hago, lo hará otro por mí, porque parece que la diferencia que los productores pueden encontrar entre otro guionista y yo, es poca. Es tanta como grado de predisposición tenga cada uno para acallar el ‘yo creativo’ y ensalzar el ‘yo mano de obra’. ¿Mi futuro? Pues como el de cualquier guionista, jodido. La verdad es que cuando oyes lo que oyes de boca de los mismos profesionales a los que quieres imitar, te planteas el futuro de otro modo. Sin grandes expectativas, desde luego. Personalmente, me gusta un tipo de cine bastante marginal que no parece tener mucha cabida en España, pero no por eso dejaré de escribir, si puedo. Supongo que es cuestión de adaptarse y dejarse joder un poco, de sucumbir pero con sólo una rodilla en el suelo. Si te gusta un cine muy específico, abre tu espectro. Si tienes principios, haz concesiones, pero hasta cierto punto. Como dices, hay que tratar de conferir a todo aquello que escribes tu punto de vista personal y alimentarse mientras llega tu oportunidad. Hay que saber lidiar con tu hábitat de trabajo, no hay otra, pero creo que sobre todo hay que tener algo de orgullo y no dejar de ser uno mismo a cualquier precio.

Del cómic de Mahler "La teoría del arte versus la señora Goldgruber" (Sinsentido, 2012).

David: Ahora que dices lo del cine que te gusta. ¿Qué películas tienes como referentes? Porque el guión que estás escribiendo en el curso tiene bastantes cosas en común con por Ej. This is England, de Shane Meadows, una película que me gusta mucho y que no me parece “cine marginal”. Y he leído otro par de sinopsis tuyas y tampoco me lo han parecido. Están, por llamarlo de alguna manera, en un término medio entre el cine realmente marginal y el comercial. Pertenecen a esa clase media del cine que en España corre peligro de desaparecer. ¿O no estás de acuerdo con ese calificativo que acabo de sacarme de la manga?

Arnau: Bueno, cuando hablo de ‘cine marginal’ no sólo me refiero al ‘cine pequeño’ en cuánto a su magnitud de producción. Creo que una película también se puede considerar marginal cuando los que tienen el poder de financiarla deciden que lo es y la desechan con el pretexto de que es un TEMA que no interesa, basándose en valores de mercado, estudios arbitrarios y demás. Es decir, que el ‘cine marginal’ lo es porque el tema del que trata no tiene (ni puede que lo tenga nunca) un valor de producción claro respecto a la tendencia del mercado (que parece que cada vez fluctúa menos y se consolida en el prototipo de producto rentable). No digo que el cine que me gusta sea aquel que no se puede producir, eso complicaría mis planes de ser guionista y me convertiría en un tío muy raro : ), pero suele coincidir con lo que me gusta y en España no se produce, o se produce poco. Por ejemplo, el cine social británico de Ken Loach o Mike Leigh creo que es marginal en su temática, pero aún así se produce porque hay un mercado abierto, y tampoco son pelis que se hagan a cuatro pesetas. La oferta temática a la que puede acceder el espectador de salas de cine la decide el productor cultural, un productor que cada vez es más conservador y soberano, y más cauto con sus cálculos. Creo que en España hay ciertos temas que no se consideran de interés por parte de los productores, por esa razón, y que sin embargo podrían serlo si quisieran, ¿no?

En nuestro caso, la historia que estamos escribiendo en el curso está ambientada en Barcelona y trata sobre unos punkis. Uno de los productores que nos visitó ya nos avisó que le “faltaba gancho”, algo que atrajera público a las salas, que no era un tema interesante. Si se tuviera que financiar, no sabría decirte qué productora podría acoger el proyecto con más o menos ambición teniendo en cuenta que T5 y A3 van a lo que van, y que TVE ha entrado en barrena. Además, si tuviéramos que confiar en las ayudas catalanas, obtendríamos la reprobación de un gobierno conservador que carga con porras contra los sectores más izquierdistas de su ciudad. Si tu película trata un tema marginal, corres el riesgo de que te marginen. Si tu tema vende, sobrevives y entras en el juego.

¡No sé si he respondido nada de lo que me has preguntado! Tú eres el profe David, explícame que es esto de la ‘clase media del cine’.

David: Con lo de la “clase media” me refería a las películas de entre 2 millones y 3 millones de euros de presupuesto, que es más o menos lo que creo que puede costar tu proyecto de los punkis. Tal como van las cosas, da la impresión de que pronto solo se van a poder hacer películas minúsculas, de gente encerrada hora y media en una sola localización, y rodadas con muy pocos medios, o, si eres Amenábar o alguien así, películas muy grandes (para lo que es el cine español, me refiero) que buscan competir en los multicines con los estrenos norteamericanos. Y por desgracia el cine que a mí más me interesa suele moverse en esa franja intermedia.

Otra cosa… a Charlie Kaufman se lo preguntaban tras su charla: ¿Te has planteado contar tus historias en otro medio a lo mejor más receptivo al tipo de propuestas que te interesan? ¿O ves tus historias como cine únicamente? A mí a veces me lo han preguntado, y a pesar de que por Ej. escribo cómics, hay historias que solo valen para hacer una película con ellas. Son cine. No es tan fácil coger un guión y escribir una novela con él, por Ej. Son dos medios distintos que te dan cosas distintas como espectador y te exigen cosas diferentes también como narrador.

Arnau: Yo creo que el cine, a diferencia de otros medios, tiene la virtud de contener un montón de elementos narrativos: imagen, texto, música, luz… Creo que es eso lo que hace que sea un medio muy atractivo y poderoso. Una peli te sumerge a diversos niveles emocionales al mismo tiempo, y eso se pierde en otros formatos. Algunos de los compañeros de mi curso son lectores de cómics, a otros les va más la novela o el teatro… son otras opciones. Tal vez el cómic es lo que más se parezca al cine porque exige precisar en una viñeta la imagen y la situación que resuma todo lo que quieres explicar. Yo no soy lector de cómics (y sé que por ello, David, no merezco la vida : ), pero nunca se sabe. Personalmente, si tuviera que elegir otro medio sería el de la literatura. Pero si el guionista está ninguneado, no digamos el novelista. Te puedes pasar años escribiendo para que luego te paguen 2 euros por un libro que tal vez no se venda por el bien del progreso (me refiero a los e-book). ¡A los románticos se los están merendando!

David: Creo que de lo que hemos hablado es el dilema más importante al que se enfrenta cualquier guionista. Cómo ganarse la vida sin acabar firmando algo que vaya en contra de todo lo que le impulsó a desear ser guionista. Cómo ser lo que uno quiere ser sin convertirse en lo que odia ni acabar debajo de un puente. Claro que también hay casos en que lo que uno quiere escribir es lo que quiere la industria. Esos deben de ser los guionistas más felices del mundo. Escriben una comedia “gamberra”, hacen taquilla y encima se sienten realizados creativamente. O en el otro extremo, Almodóvar, que hace un cine “marciano” que sin embargo es rentable. ¿Tú cómo ves a tus compañeros en ese sentido? ¿Es algo en lo que piensan? ¿O tienen más asimilado que hay lo que hay y que no merece la pena amargarse por ello? Porque en mis cursos sí que me parece que cada vez hay más guionistas que no se plantean contar sus propias historias sino aprender lo bastante del oficio como para integrarse en una serie donde la batuta creativa la lleven otros.  En ser más artesanos que artistas.

Arnau: Ese es otro tema curioso que aparece en casi todas las ponencias. Muchos nos dicen que ahora las cosas están jodidas, y luego te dicen aquello de que “en los peores momentos uno saca lo mejor de si mismo” y que si somos personas sensatas asumiremos que hay que empezar a escribir teniendo en mente todas esas limitaciones de producción. Es decir, lo ideal es que todo transcurra en una sola localización, con dos personajes (si sacas lo mejor de ti mismo seguro con que con uno bastará), y exprime tu cerebro, que para algo eres el guionista. También se habla arbitrariamente de lo que gusta y no gusta como si el productor fuera un ser omnisciente poseedor de la verdad, o se habla de presupuesto controlado para decir que la peli tiene que valer muy poco para no convertirse en una inversión arriesgada y que, sino lo simplificas todo, tu peli se queda en la estacada, etc. No es extraño que algunos de los que empezamos en esto, cargados de ilusión y expectativas, nos desanimemos al oír ese tipo de cosas ponencia tras ponencia. No dudo de la buena intención de los ponentes y estoy seguro que lo último que quieren es putearnos. Simplemente nos dan constancia de cómo son las cosas ahí afuera para que no nos coja despistados. Nos advierten de cómo es la realidad para amortiguar el golpe llegado el momento y nos transmiten la necesidad de autoimponernos un policía/productor interno, extrañamente constructivo, que aplaque nuestro entusiasmo y nos censure cada vez que tengamos la tentación de expresarnos fuera de esos lindes.

De "This is England" (Shane Meadows, 2006).

Yo no sé qué futuro nos espera. Parece que negro, pero quién sabe, tal vez algo cambie. En clase, sinceramente, creo que impera el espíritu de la adaptación. Ya sea porque son partidarios del sistema o porque no ven otra salida. Nosotros no sabemos de qué va esto, somos inocentes y esponjosos, y absorbemos todo lo que nos cuentan los profesionales como si fueran sagradas revelaciones. No es de extrañar que tras estar expuestos a ese tipo de discurso hiperrealista nos encojamos de hombros y nos hundamos en el asiento… Estamos acojonados. No sé, al final cada uno es libre de hacer lo que quiera con su vida, cada uno decide cuál es su sitio y qué necesita para sentirse realizado. Pero si nosotros somos los futuros guionistas, mejor será que no renunciemos a todo lo que somos por una mera cuestión de supervivencia o de dinero de más. Si lo tuyo es hacer dinero, adelante, pero tal vez estés privando a otros de hacer lo que quieren. Es la historia de siempre. Como decía, creo que lo importante es ser uno mismo, a pesar de todo. Sé que un discurso de soñador, pero joder, hay que serlo un poco si formas parte de una minoría. Probablemente luego las cosas no salgan como tenías pensado. Al final, debe ser complicado ser fiel a ti mismo cuando no te queda otra opción que la de sobrevivir y te plantan un fajo de billetes que puede representar tu salvavidas para llegar a fin de mes. Ya veremos… ¿Tú cómo lo haces David?

David: En mi caso creo que he encontrado la forma de no renunciar del todo al idealismo que me animó a meterme a guionista, y sobre todo, de no quemarme. La manera ha sido tener siempre un proyecto en marcha (aunque no me paguen por él) que me de felicidad, que me motive y me haga sentirme orgulloso de dedicarme a escribir.  Lo que no quita para que mi carrera -como la de cualquier otro “empleado” de la creatividad, se dedique a lo que se dedique-, no haya sido en parte una larga serie de compromisos y renuncias.  Lo interesante, Arnau, sería poder retomar esta conversación dentro de unos años y  ver si has podido labrarte un hueco en la industria sin tener que dedicarte a escribir algo que odias, descubrir cómo has resuelto tú ese dilema. Así que nada… hasta el 2022 (por Ej.). 

Y gracias por mantener este diálogo conmigo. Kaufman dice en su charla que quería que otros se sintieran menos solos al descubrir que alguien estaba pasando por lo mismo que ellos. Y esa era también la intención de esta entrada. Que esos lectores de Bloguionistas que están estudiando para convertirse en guionistas y al ver cómo están las cosas se pregunten si realmente les merece la pena  dedicarse a escribir, sepan que no están solos, que sus dudas las compartimos todos en mayor o menor manera, llevemos en esto poco o mucho. Y que aprender a enfrentarse al dilema “creatividad Vs. Ganarse la vida” es una parte tan importante del proceso de aprendizaje de un guionista como saber escribir una escaleta.

19 respuestas a CHARLANDO CON ARNAU

  1. Kohonera dice:

    No creo que el futuro de los guionistas sea más negro que el presente, sobre todo el de aquellos que quieren ganarse la vida escribiendo y, además, escribiendo aquello que les interesa.

    Los guionistas padecen los mismos problemas que cualquiera que depende de un intermediario para que su producto llegue al mercado.

    Puede que ese intermediario sea un loco maravilloso al que encantan nuestras historias personales y que se arriesgue y nos ayude a que hacer que vean la luz. ¿Hay locos así para todos los que escribimos un guión? Suerte para aquellos que lo encuentren.

    Otros intermediarios solamente irán sobre seguro y nos pedirán que cambiemos nuestro producto para aceptarlo. Equivocados o no, son sus condiciones. ¿Aceptamos o nos retiramos? Pues depende lo que queramos conseguir: dinero o ver nuestra historia en pantalla. Quizás haya que aprender a aceptar que, a veces, lo que queremos contar no le interesa a nadie más y que los que nos piden que cambiemos tienen razón.

    También podemos saltarnos a esos intermediarios y asegurarnos nosotros mismos de que nuestra historia llega tal cual la queremos al público. Esta es una vía que se ha abierto con las nuevas tecnologías para todas las expresiones artísticas. Seamos nosotros mismos esos locos maravillosos. Seguro que así logramos (o no, porque seguro que hay que renunciar a cosas) salvaguardar la integridad de nuestra obra. Y quizás ganemos dinero y todo.

    ¿Se puede vivir de esto y ver nuestras historias en la pantallas? Sí.
    ¿Se puede hacer siempre y al mismo tiempo? No.

    Quizá combinando esas tres vías logremos alcanzar los dos objetivos de una forma satisfactoria… durante un breve momento.

  2. yabadabadooh dice:

    A mi me da que más bien hay que aprender a aceptar que lo que queremos contar no interesa porque no tenemos otra opción. Porque quien decide lo que es interesante y lo que no son los mismos que siembran el interés al seleccionar y desarrollar unos u otros proyectos. Es decir, hay una paradoja en el hecho de que las productoras midan sus inversiones en base a los mercados abiertos y en auge cuando son ellos los responsables de abrir y estimular los mercados y generar interés. Luego también ocurre que sus profecías fallan, y hay muchos casos. Creo que, hoy más que nunca, van con pies de plomo y no están dispuestos a arriesgar un euro de más.

    • Kohonera dice:

      Sin negar que el gusto lo tenemos educado por aquellos que seleccionan, también es necesario reconocer que hay guiones por ahí realmente malos aunque sus autores estén enamorados de ellos.

  3. David Muñoz dice:

    Uno de los trabajos de los productores (y de las televisiones) debería ser saber vender un producto independientemente de la salida a priori que tenga en el mercado. Crear una necesidad. La historia del cine y de la televisión está llena de proyectos con gran éxito que mucha gente no ha querido porque no tenían nada que ver con lo que parecía que estaba de moda en ese momento. Porque cuando un departamento de marketing dice que algo no va a funcionar, ¿en qué se basa? En los datos de productos que ellos creen similares. Y todos sabemos que en la ficción, los detalles son lo que importan.
    El miedo, el querer ir sobre seguro, lleva a productos derivativos, a imitaciones de tercera de productos de primera, que encima casi siempre encima llegan tarde. Ante de Los Soprano no había unos Soprano. Antes de Cuéntame no había otro Cuéntame. Lo jodido es apostar por cosas diferentes y luego saber cómo venderlas. Pero de eso se trata. Y lo que nos gustaría a todos los guionistas es por lo menos tener la posibilidad de intentarlo. Porque si realmente pensáramos que lo que escribimos no le interesa a nadie, no escribiríamos. Por lo menos yo no lo haría. Pero cada vez me lo creo menos cuando me dicen que algo que he escrito yo u otro compañero no tiene salida comercial. Vamos, que a mí, respecto a un proyecto de vampiros que escribí hace unos años, me dijeron varios productores (justo antes del éxito de Déjame entrar y de Crepúsculo), que a nadie le interesaban ya los vampiros. Que estaban pasados de moda. Alguno fue más allá y llegó a decirme que el género estaba acabado como entretenimiento mainstream (y mira…). Y ayer leí un artículo explicando que The Walking Dead (el cómic) un poco más y no se publica porque sus editores no le veían potencial al concepto. Lo más difícil de aceptar si eres productor (y lo digo desde la empatía, sé lo difícil que es estar ahí) es que no hay recetas, que vamos a ciegas. Si no fuera así, todas las series serían éxitos (sobre todo esos remakes que nacen de la necesidad de usar fórmulas probadas); pero no, todos los años se estrenan muchas, y sólo sobreviven unas cuantas, muy pocas, y casi nunca las que esperas. Porque nadie daba un duro por Águila roja o El barco, por Ej.

    • Kohonera dice:

      Que sí, David, que estoy de acuerdo contigo, pero siempre acabamos en el mismo punto: pidiéndole a otro que cambie, que se atreva, que le va a ir mejor, que va adquirir ventaja sobre los demás si se arriesga.

      Posiblemente estemos cargados de razón y los hechos lo demuestren, pero sigue dependiendo de la voluntad de otro, de sus creencias, sean ciertas o falsas, de sus miedos, de sus intereses o de su desinterés, de sus santas entrañas.

      Hay tres opciones, de mayor a menor exigencia de esfuerzo: plegarse a ellos, esquivarlos o convencerlos.

      También hay una cuarta, obligarles, pero no creo que funcione.

      Seguro ya hay muchos de esos convencidos camino de las posiciones de decisión y poder necesarias, y muchos más creándose en las escuelas. Veremos si llegan a tiempo.

    • Kohonera dice:

      Y que conste que estoy de acuerdo con Olivares cuando dice que debemos escribir aquello queremos escribir, que debemos seguir intentando cosas nuevas aunque nos las desprecien. Debemos tener las velas listas para cuando sople el viento favorable. No vaya a ser que después de tanto proponer, cuando por fin nos lo pidan, no tengamos nada que ofrecer.

    • Panov dice:

      Ya, kohonera. Yo podría estar de acuerdo con tu argumentación si no fuera por una cosa: Hoy por hoy es imposible. Las productoras son casi marionetas de las cadenas con un poder de decisión mínimo. Los creadores… Los creadores ya ni te cuento. Ejemplo particular (y perdón por ello):
      Una importante productora muy vinculada a una cadena, hace un mes nos realiza una oferta de opción y desarrollo por una serie diseñada en los preceptos que estamos hablando (más o menos). Sin olvidarnos de intentar a su vez intentar atraer, con pequeñas formulas sobre los personajes, al mayor espectro posible. Siempre en teoría, claro.
      Acuerdo total. Cantidades, tiempos, contratos cerrados. De repente sale un miembro destacado de la cadena con el famoso “se acabó la fiesta”. Vale, mala suerte con los tiempos. La productora nos da su lógico y entendible discurso de que la situación ha virado 180º. “El mensaje de la cadena es recorte drástico… Este tipo de series no van a tener cabida en muuuuucho tiempo… Pero no os queremos dejar tirados… Habría que presentar otro tipo de proyecto…”. “Vale, entendemos vuestra posición ¿Qué tipo?”. “Pues la cadena nos trasmite comedia familiar, multitarget, público español, una localización, etc.”. Damos una primera idea sobre algo que ya tenemos en recámara que podría cuadrar y se nos pone en entredicho al instante porque es demasiado “fuerte” (algo nada fuerte). Pero no por la valoración de las cosas que hagan los miembros de la productora, sino porque conocen bien a la gente que decide en la cadena y ya les han dicho, uno o dos días antes, que no vayan con depende qué cosas. Evidentemente entiendo perfectamente su postura porque si les dan el toque de corneta de aviso, y vuelven con lo mismo, pues primero les van a tomar por idiotas por no entender los mensajes de la comunicación directa, y segundo, porque no pueden arriesgarse a tocar los cojones en esta situación tan difícil para todos. Entonces… ¿Qué hacer en esta situación? ¿Intentamos crear The wire 2 y se la presentamos? Pues eso es lo que hay. Todo lo demás son teorías que se diluyen en su propia imposibilidad.

      Es un ejemplo particular (y perdón de nuevo por ello). El problema es que tengo varios ejemplos particulares en el mismo sentido. Todo esto puede parecer el mensaje agorero y multi catastrofista de alguien pesimista, pero no es así. Yo, al igual que creo vislumbrar en lo que dice David, ánimo SÍ; realidad TAMBIÉN.

    • Panov dice:

      Por cierto, es de admirar la coherencia de Arnau con muchos temas, estando en la posición que está.

  4. yabadabadooh dice:

    Precisamente son los productores los que deberían cambiar y abandonar de una vez por todas esa idea esclavista de que son la máxima autoridad y que tienen el derecho de someter a los que se encuentran por debajo de su peldaño en la pirámide. Ya ha quedado claro que los guionistas pueden cambiar. O eso o dejan de ser guionistas.

    Tal vez deberían asomar la cabeza por su trono celeste, mirar al vacío y ver que sin guionistas que curren el chiringuito no se sostiene.

    Tal vez, Kohonera, deberíamos recuperar esa cuarta opción. Si los guionistas se plantasen temporalmente los productores tal vez no tendrían otra que experimentar la humanidad.

    En las escuelas, al menos en el máster que curso, los futuros guionistas somos partícipes de las aspiraciones frustradas, penúrias y vejaciones creativas a las que son sometidos muchos de los profesionales que nos visitan. Me da la impresión de que después de oír una y otra vez esas experiencias en boca de los que ya trabajan en esto, el alumno, de naturaleza ya competitiva, empieza a observar con recelo al aspirante que tiene sentado a su lado y piensa que él no va ser ‘tonto’, que va a ser más rápido y más astuto, que llegado el momento ni se lo pensará -aunque en realidad él siempre ha creído en sus ideas- y que esto es la puta selva capitalista y sól osobrevive el más fuerte. Y dirán: ¡No está el horno para bollos!

  5. Yo diría que el problema no es tanto el sistema en sí, como su aplicación real. Me explico: el sistema de cadenas en España es en abierto, y la única posible comparación, por coherencia, no puede ser con HBO, AMC, Showtime, etc. Y si, el sistema depende de las audiencias, y, en general, jode y mucho. Pero suponiendo que la industria audiovisual es la que es, y tiene que ser así, luego no sé si realmente se respetan esas mismas normas que pretenden imponerse como “obvias”.

    Por ejemplo: a quien se le ocurrió en Telecinco lo de hacer el remake de Cheers, ¿se le ha echado? Yo diría que no: se echa a la productora y los guionistas que hicieron lo que les mandaron. Cuando un productor hace una película basándose en expertos de marketing o basándose en su “intuición” y luego se la pega… ¿se le vuelve más difícil producir? Yo diría que no.

    En la televisión americana también hay una competencia feroz en las cadenas en abierto (las series de HBO, o Showtime hay menos dependencia ya que tienen sus suscriptores), pero es más probable que los otros oficios del audiovisual (los que ven y deciden sobre los pilotos de las series, marketing, análisis de audiencias, etc) sean ocupados con gente con verdadera experiencia. También, seguro, se equivocan, pero si es posible que haya series como The Good Wife o Fringe, es porque quien analiza qué series saca adelante saben un poco, aunque sea, de esto de las historias, de la ficción.

    Tengo la sensación de que aquí no sucede esto. Mi impresión es que, en general, los productores españoles (de cine) y quien decide en las cadenas (en cuanto a televisión) puede que tengan el poder pero no el conocimiento. Lo peor es que, no teniéndolo, tampoco ceden capacidad de decisión a quien sí pudiera saber de ficción; de narrativa.

    Y miedo me da que en una película se cuelen expertos en marketing. Habría que ver expertos en qué tipo de marketing serán si, como justamente comenta David, no saben crear una audiencia, una necesidad, un atractivo. Me pregunto por qué, de hecho, se exige que un señor cámara sepa manejar una cámara o un editor, sepa manejar los diferentes programas para editar, y a alguien que produce, no se le suponga un mínimo conocimiento de qué es bueno y qué es malo. O al menos, la cualidad de tener a alguien que sí sepa, y fiarse de él.

    Por cierto, que ya que estamos, si un experto de marketing va a meter mano en el guión, ¿por qué el guionista no va a tener opinión sobre la campaña de marketing? Casi prefiero, y veo más lógico, que venga una empresa externa, Coca Cola, Ford, Nokia, y haga branding, y mande a sus expertos en marketing y entonces sí, promuevan una peli que marque unos valores… Pero entonces, que la paguen, la película. Y al guionista. Y que paguen bien.

  6. yabadabadooh dice:

    Casi todos los productores que han visitado el máster hablan en términos comerciales, nunca narrativos. Tal vez hablan sobre “historias con conflicto, que interesen”, pero ya.

    Y los que se supone que saben de narrativa, los analistas y demás, sí que tal vez hacen una primera criba bajo su criterio, pero en las sucesivas cribas también deben ceñirse a una línea de producción bastante clara. Así que tampoco tienen mucho que hacer, sólos on los ojos de los que acaban decidiendo.

    Por cierto, muy bien explicado Fernando Hugo!

  7. Yo creo que se está hablando de algo más genérico que el escribir guiones, o quizá soy yo que no soy guionista :-D

    Creo que hay un claro caso de “trabajar por encargo” frente a “seguir mi corazón” que es una lucha que se produce en muchas profesiones diferentes. Hasta qué punto estamos dispuestos, de buena gana, a trabajar en algo que nos viene de fuera, frente a ser “puros” y trabajar sólo en proyectos que hayamos parido nosotros.

    Ojo, que ha habido trabajos “por encargo” que han sido maravillosos y en el que guionistas han dejado su impronta personal (me viene a la cabeza “El Padrino”), no creo que sea algo ni mucho menos malo el ser “un artesano” y poner todo el empeño en tratar como propio un proyecto que no sea tu idea…

    Es sólo que creo que es más que eso, es una opción personal que depende de la personalidad de cada uno y que, supongo, hay que lidiar con ella hasta encontrar el punto de equilibrio que sirva para cada uno….

  8. javier olivares dice:

    Primero, excelente post. Gracias, David.

    Segundo, decir que -evidentemente- la experiencia del guionista profesional es bastante amarga, por lo general… ¿Las razones? Son muchas, pero apuntaré varias:

    – En el cine, la ausencia de directores que no sean guionistas de sus propias obras. Asumo que una industria necesita de los directores-guionistas con talento pero también de los que trabajan sin querer ser guionistas. En la nuestra, apenas existen los segundos. Por eso, desde hace tiempo ni me interesa escribir para cine. Se paga peor y te cambian todo para luego firmar otros como guionistas y suele ser de una servidumbre absoluta.

    – En televisión (I): una falta de riesgo evidente y un asumir fórmulas ya testadas que, a veces, no suele ser sinónimo de éxito. Y, también un planteamiento de producción anquilosado y erróneo por lo general. Sobre todo, en lo que concierne a que las series no tienen una cabeza visible creativa por lo general. Y acaban siendo una mezcla de marketing – target generalista – casting “atractivo” – no toquemos ningún tema chungo. No sólo pasa aquí, desde luego. pese a ello, se hacen series dignas a la espera de dar el siguiente paso.

    – En televisión (II). Porque hay una cadena (y hablo de las de eslabones, que no de las de televisión) que falla en todos sus componentes.

    Las cadenas deberían abrir sus puertas a la presentación de proyectos (o encargo) no sólo a productoras, sino también a creadores de series. Si sus ideas son válidas, no creo que cueste contactar luego con una productora que realice el producto. Es el método americano, por cierto: productora de formatos (guionistas) + gran productora + cadena. En Inglaterra, a veces se llama directamente al guionista y luego la cadena (BBC) produce o coproduce. Y las privadas priman el sello creativo acudiendo a diseños de formatos que les llevan de fuera. De hecho, hay productoras que hacen lo mismo (ejemplo Kudos) y que incluso buscan formatos por todo el mundo a través de sus filiales. Aquí, el guionista queda muchas veces anulado y al servicio de un encargo ajeno. Y, cuando es propio, son tantas las injerencias que cuando el creador ve su obra le cuesta reconocerla.

    Siguiente apartado: las productoras.

  9. javier olivares dice:

    Las productoras van a lo seguro. Y para muchas de ellas (como negocio, las entiendo perfectamente) lo seguro es decir que sí a todo lo que la cadena ordena. O, más papistas que el papa, se anticipan a lo que les piden y hacen ya su producto descafeinado. Y esto, ya no lo entiendo. Salvo contadas excepciones (dos), en mis veinte años de profesión me he encontrado en las cadenas más gente dialogante que cerrada. Pero si les dicen que sí a todo sus proveedores, no van a ser ellas las que se autolimiten. De hecho, tengo (y conozco) experiencias en las que las cadenas han intentado ser más atrevidas que las propias productoras.

    Y, como dice David, hay series que han triunfado cuando nadie daba un duro por ellas. Cita dos de Globomedia. Muchos critican a Globomedia pero hay que reconocerles que defienden su propio producto y lo que quieren hacer (nos guste o no) mejor que nadie. Y han creado su estilo y con éxito. Y que invierten en las primeras temporadas de las series sin buscar beneficio en ellas, para ganarlo después. Eso hace que sean una garantía para las cadenas. Y eso hace que sean más independientes que otras a la hora de desarrollar su obra. ¿Echo de menos que no hagan, además de éstas, otro tipo de series con otro concepto de creatividad? Sí . ¿Reconozco que profesionalmente como productora tienen un mérito y una organización estimable? También. Y lo digo desde la experiencia de haber trabajado allí.

    Siguiente apartado: los guionistas.

  10. javier olivares dice:

    Quedamos nosotros, los guionistas. También tenemos culpa de aquello de lo que ahora nos quejamos. Hemos dicho que sí a todo más que las propias productoras. Hemos tragado por defender un sueldo con situaciones rayanas en el ocultamiento. Hemos sido muy poco solidarios con nosotros mismos. Y, también, nos hemos vencido a la hora de hacernos creer a nosotros mismos que “es lo que hay” y “a escribir lo que sea”. O aún peor: no hemos defendido línea de diálogo a línea de diálogo la mejora del producto que se nos daba. Total, como siempre todo “viene de arriba, ¿para qué?”. Nos hemos doblegado durante años. Nos hemos creído primas donnas para darnos cuenta de que somos la chica del coro hasta en las series que hemos creado.

    Nos hemos creído que no había autores porque la ficción en España parecía haber nacido con las privadas. Y no es así. Nació antes. Y había autores de la talla de Armiñán, Marsillach, Ibáñez Serrador o Mercero. Respetados y buscados. No nos hemos acordado de ellos (muchos de los más jóvenes ni saben de su existencia) Nos hemos vencido y, luego, nos han derrotado. Y no escarmentamos. Esperamos que otro dé la cara, pero si se la parten, nos alejamos con cara de “yo no fui”.

    Conozco un par de tipos que se negaron (con su idea ya aceptada por la cadena) a vender su idea porque la productora les negó la posibilidad de ser productores ejecutivos de su propia creación. Con dignidad y un par de cojones. Pero no suele ocurrir esto.

    Conozco un equipo de guionistas que, recientemente, ante la sucesión de ofensas que su jefe de equipo (y creador de la serie) recibió, pararon en el trabajo, le dijeron de tomar un café y allí (todos a una) le declararon que, tomara la decisión que tomase, ellos la tomarían con él. Incluso irse, si hiciera falta. Lo sé de buena tinta: su jefe era yo. Y no lo olvidaré en mi puta vida. Pero no suele ocurrir esto.

    Lo que suele ocurrir es que si alguien da la cara por ti, se lo agradezcas en la intimidad y le digas “pero lo siento: yo no puedo hacer lo mismo”.

    O que un día que el productor dice al creador de una serie que no va a estar en la rueda de prensa ¡de su propia serie!… éste diga de no ir y de las otras tres co-creadoras (que nunca, pese a su nivel les habían dado esa oportunidad) dos le dijeran al creador (que sí les había esa oportunidad): “lo siento, pero nostras iremos: es un día muy importante para nuestra carrera”. Esto también lo sé de buena tinta: también me pasó a mí.

    O que se acepten encargos que antes dirigió un compañero sin llamar a éste para saber las razones de su despido o de su renuncia.

    O que guionistas veteranos de prestigio que pudieron dar el paso de ser productores ejecutivos (para equipararnos a las series de otros países como creadores), no dieron el paso porque eso es un curro de la hostia. Y con ello, no se abrieron los caminos que se podrían haber abierto. Es más cómodo quejarse luego en un bar que han jodido lo que has escrito que pelearlo en un plató.

    Ser guionista es escribir, pero también defender la ética de nuestro oficio… para que nos respeten como creadores. Y no lo hemos hecho bien. Y nos vemos en encuentros de guionistas para hablar de todo menos de esto. Porque sería vernos en el espejo y ver que no somos tan guapos.

    Y de decir tantas veces que sí a todo, no hemos generado respeto. Y ahora, de repente, no vamos a encontrarlo. Ni como profesionales ni como creadores. Y hasta que no cambiemos en esto, no podremos conseguir dicho respeto.

    Lo siento, Arnau.

  11. yabadabadooh dice:

    Desgraciadamente, a los que nos gustaría ser guionistas y estudiamos para ello, el brete ético de ‘pasar por el aro o no’ se nos hace aún más abismal. Sin experiencia, sin crédito, ¿Qué podemos hacer? ¿Cómo se supone que vamos a acceder al oficio? Lo que da realmente miedo de todo esto es que esa condescendencia generalizada entre los que ya se dedican a esto se transmite a los que aún estamos en el horno, y ya sobre la base formativa, en las escuelas, los alumnos nos adscribimos a esa tendencia por miedo a quedarnos atrás en la carrera por hacerse un hueco sea como sea. Quien no corre, vuela. El último, tonto. La ley del más flexible. Es un embudo asqueroso al que ya estamos condenados de entrada. Es puro vicio y corrupción sin frenos. Pero, ¿qué otra salida nos queda? De hecho, todo apunta a que, a pesar de que quiera conservar mi dignidad, no me queda otra que ser uno más.

    Yo sí que lo siento.

    • javier olivares dice:

      Se os hace más abismal porque otros no hemos hecho nuestros deberes antes.

      Y no sabes cuánto siente esto alguien que lleva más de 20 años en esta profesión y ha visto lo que ha visto.

      Nadie os puede pedir cuentas de lo que hagáis. Porque en circunstancias mejores, muchos antes que vosotros han tragado hasta límites inconmensurables.

      Y nadie cree que lo ha hecho. Se justifica en encuentros, posts, hablan de técnica y oficio (necesario), pero no de ética (también necesario). Yo he llegado a negarme a hacer un guión (hará más de diez años) de una peli porque tras consultar a guionistas sindicados (yo no lo estaba) me dijeron que aceptar ese precio era una humillación: uno de los guionistas que me aconsejaron eso acabó haciendo ese mismo guión. Luego le veía más revolucionario que nadie en cada tribuna a la que se subía a disertar.

      Hace muy poco, una guionista de las que abren encuentros de guionistas puso en curriculum que había estado en una serie que acababa de escribir y dirigir argumentalmente yo. Lo puso en su cv cuando la nombraron en un cargo de una multinacional. Sí, lo había estado. En la fase anterior a que se diera el ok a la serie, en un boceto fracasado de la misma… Evidentemente, ni ella ni nadie pone en su cv aquellos proyectos frustrados en los que hemos estado. Pero como la serie parecía que se iba a estrenar y molaba, ahí se puso.

      Pero de esto, no se habla nunca cuando nos juntamos. Y ojo: todos tenemos un momento “negro”, no hay que ser más puristas que nadie. Pero si lo tenemos, no demos conferencias diciendo a los demás lo que hay que hacer. Y a vosotros, menos.

  12. javier olivares dice:

    Por cierto, si hay un guionista con ética, claridad y que dice las cosas como son (de los pocos) y que da la cara, ése es David Muñoz. Un abrazo.

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