A continuación, una de esas cosas que no cuentan en las escuelas de guión: un decálogo real para escribir una serie española ajustándose al presupuesto. Hablamos concretamente de una serie diaria para una televisión generalista:
1. En un día y medio tienes que diseñar el argumento y la estructura de 6 capítulos.
2. Cada capítulo tiene 18 escenas. Ni una más, ni una menos.
3. De esas 108 escenas que tienes que inventarte entre el lunes por la mañana y el martes a la hora de comer -estés inspirado o no- sólo 10 pueden ser corales. “Coral” es una escena con más de tres personajes. A estos efectos, cualquier figurante que hable o haga cualquier acción marcada en guión cuenta como “personaje”.
4. No hay exteriores ni localizaciones naturales, salvo circunstancias excepcionales y previa aprobación por parte de Producción. Todo lo que escribas tiene que ocurrir en los decorados que están construidos.
5. Los decorados construidos se dividen en dos platós, con dos unidades grabando a la vez, y unos “exteriores de plató” (calles y plazas falsas construidas en el patio del plató). La mitad de las escenas de la semana deben ocurrir en Plató 1, y la otra mitad entre Plató 2 y Exterior.
6. Es recomendable no “pasear” a los personajes por los dos platós. Es mucho más fácil organizar las sesiones de grabación si, cada día, cada actor sólo tiene que grabar en uno de los platós. Ahora bien, el personaje Fulanito tiene su casa en Plató 1 y su trabajo en Plató 2. Menganito al revés. Y Zutanito vive y trabaja en Plató 1, pero se enamora de Menganita en exteriores, y viven un romance secreto en la casa de citas de Plató 2.
7. Por cierto, Fulanito no debe de tener más de 25 de las 108 escenas por semana. Que cobra por sesiones. Sin embargo, a Menganito interesa sacarle en muchas escenas, que cobra por mes. (Según le ley de Murphy, Fulanito será el protagonista, y Menganito un secundario sin mayor influencia en la trama principal.)
8. No puedes usar a más de 25 personajes por semana. Excepcionalmente, puedes usar a un 26º personaje en no más de 2 escenas, poniéndolo “a cargo” de la semana siguiente.
9. Los figurantes con frase, por convenio, no pueden tener más de una frase por escena. 70 caracteres máximo. Sí: incluyendo puntos y espacios.
10. No están permitidos vehículos, animales, ni efectos visuales salvo circunstancias excepcionales y previa aprobación por parte de Producción.
Imagino que algún lector estará pensando que, con estas normas, es imposible escribir una serie. Sólo el punto 1, “hay que diseñar una semana en un día y medio”, ya parece imposible. Si me preguntan a mí, les diré que, efectivamente, es imposible. No sé cómo, yo he trabajado durante años en un equipo que lo hacía semana tras semana. Y cada martes a la hora de comer, miraba los 108 post-its y los cuadrantes donde comprobamos que vamos cumpliendo todas las normas de Producción, y pensaba: “esto es imposible”.
Pero lo hacíamos. Y contábamos guerras, infidelidades, robos de niños, atentados, incestos, revueltas estudiantiles, encarcelamientos, torturas… La serie fue objeto de varios estudios universitarios. Ganó premios en España, Francia y Estados Unidos, se ve en prácticamente toda América, y ha mantenido durante años un 20% de audiencia media en España.
Paddy Chayefsky decía “no te fíes de un guionista que habla de arte. Fíate de los que hablan de DINERO”. Si quieren entender las diferencias entre la televisión nacional y la británica, norteamericana o brasileña, sólo lo conseguirán si atienden a criterios económicos. Talento hay en todas partes. Diseño industrial óptimo no.
P.S. Estimados lectores: está llegando el verano. Hay bloguionistas que se van de vacaciones, que van a ser padres, que van a cambiar de estado civil… Discúlpennos si en las próximas semanas publicamos con menos frecuencia.
Por Daniel Castro (sustituyendo excepcionalmente a Chico Santamano)
Hace unas semanas cerró el Cine Luchana, en la calle del mismo nombre de Madrid.
Este sábado una veintena de personas nos reunimos para despedirlo. Llevamos velas, muñecos de goma y pósters de películas que pasaron por sus pantallas. Alguien colgó también una foto de Lady Di.
Sí, casi todo era extrañamente inapropiado.
Cientos de cines han cerrado en los últimos años en toda España. ¿Cuál es el motivo de que veinte frikis nos congregáramos precisamente ante la persiana cerrada de éste?
El Cine Luchana no era un cine normal.
Era un cine peor.
No hablo sólo de sus goteras, de su anticuada decoración o de sus deficientes proyecciones.
El Cine Luchana era, por decirlo sin énfasis, el apéndice podrido de un cuerpo enfermo, un grano en un sistema moribundo.
Como establecieron varias sanciones del ICAA a Cines Emergentes S.L. (propietaria de las salas), los Cines Luchana se dedicaban a falsificar datos de taquilla para que los productores más miserables pudieran acogerse a la subvención del ICAA. Resumiendo el mecanismo: un productor cobra una ayuda del Ministerio únicamente si su película se estrena y llega a cierto número mínimo de espectadores. Ciertos cines de toda España se ofrecen para proyectar películas y falsear, previo pago, los datos de recaudación. Gracias a este manejo, el productor obtiene la ayuda pública, pero sin gastar apenas nada en promocionarla y distribuirla.
Así, por las salas casi siempre vacías de los Luchana, pasaron películas secretas. Bodrios para algunos, joyas para otros: “Soy un Pelele” de Hernán Migoya, “E.S.O.” de Santiago Lapeira, “El viaje de Penélope” de Merinero, “Spinnin” de Eusebio Pastrana, “Mercado de futuros” de Mercedes Álvarez, “La mosquitera” de Agustí Vila, “Ellos robaron la picha de Hitler” de Pedro Temboury o, entre muchas otras, “Miss Tacuarembó” de Martín Sastre (la provocadora película que me unió a este heterodoxo grupo de humanos y muñecos llamado Club Luchana).
Películas tullidas, como niños enfermos que apenas pueden salir de casa, pequeño cine débil e indefenso que nadie parecía interesado en mostrar. Ni en ver. A veces engendros, otras pequeños milagros injustamente ignorados. En los Luchana unas películas se mezclaban con las otras, sin que apenas nada las diferenciara. Revelando así tal vez lo difusa que es la línea (¿qué línea? ¿dónde está? ¿quién la dibuja?) que separa la basura del arte.
Este sábado, convocado como siempre por Facebook por la guionista y escritora Jimina Sabadú, casi todo el Club Luchana se plantó ante ese viejo cine mugriento cantando mal una versión inapropiada de “Candle in the wind”, mientras la policía municipal nos advertía de que teníamos que limpiar todo aquello cuando nos marcháramos.
Mientras hacíamos un poco el ridículo en esa esquina de la calle, pensé que pegando carteles de películas olvidadas sobre aquella persiana metálica estábamos reivindicando el derecho de ese cine a existir, a proyectarse en algún sitio, por pequeño y mafioso que éste fuera. Encuentro cierta belleza en que el cine con un criterio de programación más turbio fuera el que, paradójicamente, nos permitiera acceder a las películas más arriesgadas.
También pensé que la muerte del Cine Luchana coincidía con lo que parecen los estertores del sistema de subvenciones al cine español, un sistema que probablemente ha dado unas cuantas obras maestras, bastantes películas dignas, solemnes y/o aburridas y, de vez en cuando, esos extraños engendros que acababan pasando una semana secreta en los Luchana’s.
Por último pensé que las películas que se proyectaban en ese cine eran un poco como nosotros, como esa veintena de tipos que una vez acabado el “acto”, asustados, nos alejamos del cine en grupos poco numerosos para que la policía no nos hiciera despegar los carteles que nos habíamos resistido a quitar. Aquellas películas y nosotros éramos pequeños fracasos bienintencionados, posiblemente adorables si encontrábamos la mirada adecuada, seguramente merecedores de un destino mejor.
He escrito aquí varias veces sobre las dificultades más habituales a las que suelen tener que enfrentarse los guionistas cuando adaptan una novela al cine.
Y hace poco vi una película basada en una novela que pienso utilizar como ejemplo si algún día tengo que dar una clase explicando cuáles son esas dificultades. Se trata de “Never Let Me Go” (Mark Romanek, 2010), conocida en España como “Nunca me abandones”, y basada en una novela muy conocida del inglés Kazuo Ishiguro.
Romanek es un gran director y la película tiene una factura estupenda. Desde el punto de vista formal no creo que pueda ponérsele ninguna pega. Los actores están todos muy bien, la fotografía es magnífica, el diseño de producción impecable, etc. Pese a ello, “Nunca me abandones” es una película muy fría con una primera hora un tanto aburrida y por la que es difícil sentir algo más que un interés distante hasta que en su magnífico tramo final está casi, casi, a punto de resultar conmovedora.
Sospecho que esa frialdad inicial es una de las razones por las que ha pasado tan desapercibida, cuando en teoría lo tenía todo, no sé si para ser un éxito (en esta época de blockbusters infraescritos, dudo mucho que una película así pueda serlo), pero sí al menos para haber llamado un poco más la atención.
Habiendo leído el libro, creo que una de las razones por las que “Nunca me abandones” resulta tan insatisfactoria es que es demasiado fiel a la novela de Ishiguro. En el “making of” del DVD, el guionista Alex Garland explica que desde el principio tuvo claro que su trabajo no era cambiar la historia de Ishiguro, sino encontrar la manera de narrarla “cinematográficamente”. Pero me da la impresión de que Garland y sus productores no supieron o no quisieron ir tan lejos como habrían debido para convertir “Nunca me abandones” en una experiencia cinematográfica satisfactoria. No sé si habrá tenido algo que ver o no, pero en el “making of” también se explica que Ishiguro y Garland son amigos íntimos. Y si ya suele ser difícil atreverse a cambiar cosas de un libro de un autor al que admiras con el que no tienes una relación personal, no puedo imaginarme lo que tiene que ser pensar que cargarte una subtrama puede provocar que tu amigo deje de hablarte. O que te despida. Porque Ishiguro además es productor ejecutivo de la película.
A partir de este punto va haber muchos “spoilers”, así que si no conocéis la historia que cuenta “Nunca me abandones”, os recomiendo que dejéis de leer.
La película comienza mostrándonos la vida de unos niños en un internado inglés durante los años 70 de una realidad alternativa en la que ha habido grandes avances científicos en el campo de la medicina. Un “internado” que hace honor a su nombre. Los niños nunca salen de allí y nunca va a verles ningún pariente, de modo que da la impresión de que son huérfanos. Entre esos niños se encuentra la tímida Kathy, que está enamorada de Tommy, un crío algo especial que pese a que parece sentir interés por Kathy, elige como novieta a la mucho más lanzada Ruth.
Y a lo tonto llevamos 20 minutos de película.
Como yo había leído el libro y sabía lo que realmente estaba pasando, no me aburrí, pero mi pareja estuvo a punto de dormirse. Con el triángulo entre los niños podían haberse rodado 20 minutos muy interesantes, pero todo está contado en un tono tan bajo que resulta difícil sentir interés por ellos y sus desvelos.
Entonces, llega la gran revelación que pone patas arriba toda la historia y nos obliga a replantearnos lo que hemos visto hasta ese momento: una profesora “rebelde” le explica a los niños que son clones. Cuando crezcan, serán utilizados como donantes de órganos hasta que mueran. Algo que ocurrirá cuando la mayoría tengan veintitantos años.
En ese momento, aumentó el interés de mi pareja por la película.
Pero éste volvió a decrecer rápidamente.
Los niños se hacen adultos y van a pasar una temporada al campo con varios compañeros, en una fase durante la que se les permite llevar una vida más o menos normal (se les deja tener pareja, por Ej.). Tommy sigue con Ruth, y la pobre Kathy se dedica a sufrir en silencio al ver como el amor de su vida descubre el sexo con su archienemiga.
Hay un nuevo salto en el tiempo y nos encontramos a Kathy convertida en “cuidadora”. Los “cuidadores” son clones que se dedican a cuidar de aquellos que ya han empezado a donar sus órganos. Y lo hacen hasta el momento en el que estos “completan”, que es la manera eufemística que tienen de referirse a la muerte. Los “cuidadores” empiezan a donar después que sus compañeros y por tanto viven un poco más.
Es entonces cuando por fin la película consigue atraparte. Queda poco más de media hora por delante, pero es una media hora que justifica no haberle dado aún al botón de “stop”.
Kathy se encuentra con Ruth, que ya ha hecho su segunda donación y está casi al borde de la muerte. Tras averiguar dónde está internado Tommy (que acaba de donar por primera vez) las dos deciden ir a visitarlo. Una vez los tres vuelven a estar juntos, como cuando eran niños, Ruth les pide disculpas por haberse interpuesto en su relación y Tommy y Kathy, además de retomar su historia de amor, ponen en marcha un plan que esperan pueda llevarles a ser indultados y evitar tener que “completar”.
Pero, por si acaso me habéis leído sin haber leído el libro o visto la película, no os cuento nada más.
Lo importante es que de pronto los personajes tienen un plan. Por primera vez buscan algo con ahínco. Por primera vez se plantean algo que no sea vivir sus vidas. Vidas excepcionales, desde luego, pero solo para nosotros, no para ellos. Porque para los clones lo que para nosotros es inusual, para ellos es su día a día. Y como ya sabéis, como espectadores, nosotros vivimos las cosas con tanta intensidad como las viven nuestros personajes. Una vez superada la sorpresa inicial que produce descubrir de qué va la historia que nos están contando (“¡son personas y los tratan como a animales!”), como espectadores, la aceptamos. Son las circunstancias de los protagonistas, y si a ellos no les perturban, a nosotros tampoco. O al menos solo lo hace de una manera más teórica que emocional.
Tommy, Ruth y Kathy
La cuestión es que hasta ese momento la sensación que produce la película es que va a la deriva, de que no hay historia. O que más bien la historia (el triángulo amoroso), no está lo suficientemente desarrollada como para interesarte. Porque la descripción del mundo en el que viven los personajes no es una historia. La descripción de una situación estática, por mucho que la descubramos poco a poco al hacerlo a través del punto de vista de un personaje, no es una historia. Quizá podría ser la base de un documental, o a lo mejor ni siquiera eso.
Como me decía hace poco un productor con el que estoy trabajando, una historia sin giros (sin cambios, sin evolución), no es una historia, es “un devenir”.
Y es muy difícil que un devenir resulte interesante.
Dudo mucho que de ser una historia original de Alex Garland, “Nunca me abandones” hubiera tardado tanto en arrancar (entendiendo por “arrancar” el momento en el que los personajes se ponen en marcha en pos de un objetivo). Pero al elegir ser fiel a la novela, Garland hirió de muerte el flujo narrativo de su película.
Supongo que algunos os preguntaréis si la lectura de la primera parte de la novela produce ese mismo efecto de tedio. Pero yo creo recordar que no. En una novela no hace falta que los personajes hagan cosas interesantes, basta que su punto de vista sobre lo que les ocurre, sobre su realidad, sea interesante. Pero el cine muestra las acciones desnudas. Más allá de lo que hacen los personajes y de la interacción entre unos y otros, no hay nada. Da igual que uses una voz en off (y en “Nunca me abandones” se utiliza), en esa voz en off serán solo apuntes, breves subrayados, explicaciones que además muchas veces sobran. Nunca podrá compararse con el diálogo que mantiene un lector con un personaje al que acompaña durante páginas y páginas.
Dicho de otra manera: lo mismo que contado en una novela puede resultar apasionante, puede parecer un coñazo narrado únicamente con imágenes.
Desde mi punto de vista, la única manera de lograr que la primera mitad de la película “Nunca me abandones” hubiera resultado tan interesante como la de la novela habría sido potenciar la tensión en el triángulo amoroso, convirtiendo a Kathy en un personaje mucho más activo, que además de llevar la procesión por dentro y de asistir impotente a los avances de su rival, Ruth, hubiera hecho algo por conseguir el amor de Tommy. Pero la película opta por mostrarnos lo mismo que hacen los personajes en el libro, sin darse cuenta de que lo realmente interesante les pasa por dentro, en ese mundo de la mente que suele estarle vedado al cine. Si hubiéramos sentido que a Kathy le importaba perder a Tommy, también a nosotros nos habría importado más.
Lo malo de la película es que este problema se traslada también al segmento de los personajes adultos viviendo en el campo.
Otro problema, esta vez estructural, es que la revelación sobre la verdadera naturaleza de los niños llega demasiado tarde. De nuevo, creo que en una película que hubiera nacido directamente como un guión cinematográfico, esa es una clave que se habría dado a los diez minutos, o como mucho, a los quince. Porque es lo que activa la pregunta que debe hacerse cualquier espectador cuando se encuentra viendo una película: “¿Y ahora qué va a pasar?”.
Viendo la película, creo que pueden encontrarse pistas que demuestran que los cineastas (y ahí incluyo al guionista, el director y los productores) sabían que su apuesta por ser tan fieles a la novela podía acabar siendo problemática. Y lo supongo porque yo he estado ahí y me he visto obligado a usar los mismos recursos para tratar de dotar de interés a una historia con una estructura que no llegaba a funcionar del todo bien desde el punto de vista cinematográfico:
-El uso del flashforward. La película comienza con una escena en la que vemos a Kathy adulta en un quirófano en el que Tommy va a llevar a cabo su segunda donación. Los dos se miran, y en teoría esa escena debería servir para darnos a entender que la película que vamos a ver a continuación es algo más que una historia de niños ingleses en un internado como tantas otras. También introduce el tema de las donaciones y, de forma muy sutil, el de la clonación. Debería servir, en suma, para despertar nuestro interés, para que nos preguntemos: “¿Qué está pasando aquí?” y “¿Cómo vamos a llegar a este punto?”. Pero pasa tanto tiempo entre esa escena y la siguiente en la que se tocan los mismos temas, que no llega a tener el efecto deseado. Si no se conoce la historia, podría parecer perfectamente que la película va de la historia de amor entre Kathy y un Tommy enfermo de cualquier cosa y necesitado de un trasplante. Por miedo a adelantar una revelación importante, creo que Garland se quedó corto.
-El uso de la voz en off. Como en tantas adaptaciones, permite dar saltos en el tiempo sin necesidad de imágenes y explicar qué le pasa por la cabeza a los personajes. Su uso más efectivo, aunque también más cuestionable, es al final de la película, cuando Kathy explica el tema de la historia. O sea, que la vida de estos clones no es sino una metáfora de nuestras vidas. Cuando la protagonista piensa que quizá el resto de la gente no vive unas vidas tan diferentes a las suyas, nosotros sabemos que en realidad no está hablando Kathy, sino un guionista y un director agobiados que no están muy convencidos de que las escenas que acabamos de ver hayan dejado claro qué nos han querido contar.
Eso me lleva al que quizá es el mayor problema que me plantea la película como espectador. No puedo dejar de pensar que resulta increíble que estos chavales, a los que durante su vida adulta no vigila nadie, no se planteen darse a la fuga en ningún momento y que acepten su destino tan resignadamente.
Es algo que también me pregunté leyendo el libro, pero quizá porque la literatura permite que aceptemos con mayor facilidad premisas que no pasan el filtro lógico naturalista, la literalidad que lleva implícita el cine de estilo realista (pues así es como está rodada; esto no es “El imaginario del Doctor Parnassus”), choca con esa vocación metafórica de la historia. Las verjas, los paisajes, las carreteras, no son palabras, son reales. Resulta demasiado fácil imaginarse a los personajes recorriéndolas.
Me resultó simpático ver a Ishiguro en el documental del DVD explicando que le han hecho esa pregunta muchísimas veces: “¿Por qué los personajes no escapan?” y, después de tratar de dar una explicación más o menos convincente (son incapaces de hacerlo porque no han sido educados para planteárselo, como los adeptos de una secta), sonríe y dice que bueno, que el realismo nunca fue su meta. “Nunca me abandones” no puede ser leída de forma literal. Es una metáfora. Él no quería hablar de clones, sino, a través de ellos, de nuestra mortalidad. Siendo así, nunca se planteó abordar el tema desde un punto de vista realista, porque mostrar a los personajes huyendo habría sido como decir que nosotros podemos escapar de nuestra muerte.
En esa tensión entre la naturaleza metafórica de la historia y la literalidad de su plasmación cinematográfica, creo que está la clave de porqué era prácticamente imposible que hubiera funcionado del todo bien como película. Garland, Romanek y sus productores saben lo que hacen (ahí están sus créditos para demostrarlo) pero quizá lo que querían hacer no había manera de hacerlo del todo bien.
El dilema al que solemos enfrentarnos al adaptar una novela (o como me ha pasado a mí recientemente, un cómic), tiene que ver con esa tensión. Piensas, vale, es un problema, pero, si no vas a ser fiel al material original… ¿para qué lo estás adaptando? Pero claro, si de verdad quieres que se ruede la obra que has leído, muchas veces te arriesgas a hacer una mala película. Y sabes que elijas una u otra opción, probablemente acabarás preguntándote si no te habrás equivocado. O tu guión es una ilustración superficial de la novela, o tu guión no respeta la novela y en tu afán de convertirla en cine tienes la sensación de que te has comportado como un ególatra que cree que imponer su punto de vista sobre el material original es justo lo que le hacía falta y has acabado traicionándolo. Encima, hay ejemplos para todos los gustos:”Blade Runner” no se parece casi nada a la novela de Philip K. Dick en la que está basada y es una obra maestra. Pero a “The Spirit” no le hubiera sentado nada mal parecerse algo más a los cómics de Will Eisner en los que se inspira.
Pero de todo esto espero hablar más detenidamente en una próxima entrada.
Hace poco Pablo Remón, amigo y compañero de la ECAM, tutor de tercer curso de guión de la escuela de Cine de Madrid y uno de los mejores guionistas de su generación, me invitó a dar una charla a sus alumnos. Para mi fue una bonita sensación, poque ambos estudiamos en la misma clase, junto a otras personas que a día de hoy son imprescindibles en mi vida. Además, visto desde la distancia, puedo decir que mis tres años de alumna de guión fueron una época muy feliz, tan llena de torpeza como de entusiasmo e ilusión.
Cuando me presentó les dijo a los estudiantes que yo había tenido una carrera larga y muy variada, que había hecho un montón de cosas, desde cine a tele, que había dirigido y escrito dos cortos, dado clase, etc. Al oírle decirlo, me di cuenta de que era cierto, aunque no había pensado mucho en ello antes. Así que me senté y les conté mi vida profesional prácticamente entera. Tuve que dar un par de palmas para despertar a alguno en medio de la chapa.
No tengo intención de transcribir la charla, porque el post se haría largo, aburrido y caótico. Pero creo que hay dos o tres sugerencias que me hubieran ayudado cuando yo estaba en los mismos pupitres que ellos ocupaban, hace bastantes años. Con deciros que en las aulas de la Ecam se fumaba cuando yo era estudiante, creo que ya está casi todo dicho.
1. Explota al compañero.
Desde mi salida de la escuela, mis compañeros de clase han sido y son buenos amigos, pero también y con mucha frecuencia han sido compañeros de trabajo. Es útil relacionarte con ellos porque el día de mañana, ellos te darán trabajo, o tú se lo darás a ellos. Y algo menos prosaico: vas a aprender tanto de ellos como de los profesores, o puede que más.
2. Termina lo que escribes.
El mundo está lleno de novelistas y guionistas increíblemente talentosos y brillantes pero vagos. ¿Cuál es la diferencia entre ellos y los autores muchas veces mediocres que se ganan la vida escribiendo? Que los segundos tuvieron la disciplina y el coraje de terminar sus guiones, novelas o proyectos; como mínimo, completa un estadio de tu obra que te sirva para ser propuesta o enseñada (un documento de venta de una serie; una sinopsis atractiva; un primer borrador, aunque tenga carencias). En primer lugar y sobre todo, porque sólo escribiendo se aprende. Y en segundo lugar, si no tienes un currículum extenso, no te va a servir de mucho pedir trabajo sólo con tu nombre y un título. Por eso es mejor incluir una prueba de que mereces que te hagan una prueba. Te coloca por delante en la carrera de los recién licenciados.
3. Compites contra tí mismo.
El mundo de la creatividad está lleno de frustración, envidias y sinsabores. No puedo asegurar que compense en todos los casos (sería mentir.) Creo que sólo compensa si, independientemente del resultado, te lo pasas bien escribiendo. Sin embargo, y aunque tengo la fortuna de pertenecer a este último grupo, sí he experimentado muchos más fracasos que triunfos (la proporción no la revelo para que no os pongáis tristes… o quizá sea yo quien no lo quiere recordar). Con cada fracaso he experimentado una dosis mayor o menor de frustración. Después de mucho cabrearme como una mona, durante muchos años, he aprendido algo que hace que me sienta mejor: sólo puedes exigirte el máximo de tu capacidad. Una vez alcanzas tu límite, o que crees que estás cerca, que ya no puedes hacerlo mucho mejor, entonces, aunque fracases, puedes y debes estar tranquilo. Porque todo lo que podías hacer ya lo has hecho. No puedes ser otra persona, y siempre habrá alguien mejor; tampoco puedes controlar muchísimos factores que intervienen en el destino de una producción audiovisual que no dependen de ti. Pero lo que sería auténticamente triste sería pasar de puntillas por tus propias habilidades. Eres a tí mismo a quien debes superar.
Las tres sugerencias son bastante obvias pero honestamente creo que son sensatas, me tendréis que perdonar el aire discursivo y de “hágalo usted mismo” del texto. Creo que es muy difícil hablar como si se fuera un ejemplo cuando las vidas, y también las carreras, a veces no tienen más sentido que el que les da el profesor o “charlatán” a la hora de relatarlas. Y es que eso es lo que hacemos: intentar “contarlo bien”, intentar articular los relatos de forma que tengan sentido.
No puedo prometer que lo tenga; si puedo asegurar que al menos lo he intentado.
Y de postre, un vídeo de alguien a cuya charla me hubiera encantado asistir y cuyas palabras me permito citar para acabar el texto.
“Por favor, no seáis cínicos. Odio el cinismo; para que conste, es la cualidad que menos valoro, no conduce a ningún sitio. En la vida, nadie consigue exactamente lo que esperaba conseguir. Pero si trabajas realmente duro y eres bueno con los demás, ocurrirán cosas asombrosas. Os lo digo: ocurrirán cosas asombrosas.”
Hoy llego tarde y mal a mi cita con ustedes. La multitarea es hasta cierto punto llevadera para alguien medianamente hiperactivo como yo, pero la multimultimultitarea es absolutamente asesina. Asesinado por el exceso de trabajo no quería dejar de actualizar aunque sea con pequeños detalles.
Para empezar les regalo mi foto favorita de todos los tiempos.
Y ya que hemos entrado en calor… Ahí van unos detalles en forma de links con encanto guionístico. Todos ellos interesantes y algunos sólo aptos para bilingües.
Que nos caiga un meteorito encima si “30 Rock” no es la mejor comedia de la actualidad. ¿Quieren saber cómo se gestó la serie y más curiosidades? Robert Carlock nos lo cuenta AQUÍ.
Y seguimos con “30 Rock”. Podcast AQUÍ de Alec Baldwin con Lorne Michaels (mítico productor y guionista de comedia) hablando de lo humano, lo divino y lo televisivo. Ojo, Baldwin no desvela cómo ha conseguido perder tanto peso entre una temporada y otra ni cómo ha rejuvenecido 15 años. Lo segundo nos lo imaginamos.
Los creadoresde “Mad Men”, “Breaking Bad” y “Deadwood” se cuentan cosas interesantes AQUÍ.
Ken Levine opina AQUÍ sobre la figura del showrunner y el despido de Dan Harmon de la moribunda “Community”.
Y este es en castellano, ¿se acuerdan de Álex de la Iglesia? Antes de ser una celebrity en twitter escribía blogs y buenas pelis. De momento, vuelve al mundo de los blogs con este.
Y como si no meto una mariconada no sería un post de Santamano… ¡Vuelven las barbas, que os den metrosexuales! Por cierto, ¿Shia La Beouf está acabado o ha pillado una venérea tocha?
Sólo me queda decir ¡VIVA EL CINE ESPAÑOL! ¡VIVAN LAS SUBVENCIONES! (Por asegurarme una buena docena de comentarios, claro).
Tengo reunión con N y K la productora y el director de una película que estoy escribiendo andamos a ver si conseguimos algo de dinero de una comunidad autónoma lo que dan es poco pero lo necesitamos y N dice que no va a ser fácil que ahora se convocan tan pocas ayudas que a las que hay se presenta todo el mundo y que le han dicho que a estas se ha presentado hasta Santiago Segura a mitad de la reunión dejamos de hablar de nuestra película y empezamos a comentar la situación actual todo pinta mal no fatal no hay casi nadie rodando ni siquiera D pese al éxito que tuvo su última película mientras se espera a ver qué pasa con las leyes y las televisiones y a pesar de todo nos reímos mucho porque estas cosas es mejor tomárselas a risa mira puede que lo que haya que hacer es irse al extranjero pero no a Estados Unidos ni a Inglaterra hay una empresa en Colombia que ha invertido en varias coproducciones con España y que están interesadas en el cine de género hablamos de las películas que queremos hacer yo menciono una comedia de ciencia ficción para adolescentes que llevo un tiempo queriendo escribir y N me quita las ganas al decirme que ahora nadie quiere comedia mezclada con género y menos si ese género es ciencia ficción porque las últimas películas de ese estilo que se han estrenado han sido un fracaso como la de V aunque costó tan poco que no ha sido una ruina pero eso a los productores y a las televisiones les da igual o que luego se estrene por medio mundo o que le den premios o que les guste a los críticos de Ain´t It Cool News lo que sigue marcando la diferencia es la taquilla en España y aunque a nosotros nos encante “Attack the Block” no dio un duro nadie la fue a ver los chavales se la descargaron el estreno fue con pocas copias en cines de extrarradio y sin publicidad pero eso a quien le importa entra un cojo en el bar a pedir dinero y se va sin nada nuestra película vete a saber si la querrá alguien aunque digan que los thrillers estén de moda y sea barata nuestro otro productor dice que no la ve comercial y menos para una televisión y hablamos de películas baratas pero qué menos se puede hacer que meter a un tío en un ataúd y K dice que ha visto un tráiler con un tipo que se pasa hora y media encerrado en el maletero de un coche como ya llevamos un rato en el bar vuelve el cojo de antes pero ya no cojea ha habido un milagro y se ha curado N dice que es como el Lazarillo de Tormes pero en rumano salimos del bar y nos vamos a mirar películas a la FNAC por el camino una punkie sonriente nos piropea y nos pide dinero pero está sobreactuada es una mala actriz yo juraría que en vez de decir “¡Gracias, chicos!” cuando no le hemos dado nada se ha quedado con ganas de cagarse en nuestros muertos y nos encontramos con P el director de una película que nos gusta mucho a los dos y que lleva ocho años sin rodar pero tiene una buena noticia ha dirigido un largo que va a estrenar pronto es una alegría pero deprime pensar que si él que debutó con una película que además de dar dinero gustó a la crítica ha tenido tantos problemas para levantar un proyecto cómo nos irá a los demás dejo a K he quedado a comer con tres amigos que trabajan también en lo nuestro dos de ellos dirigieron una película hace años y fueron dos la primera y la última la de uno fracasó la del otro fue un éxito pero ambos se ganan la vida haciendo otras cosas como P que trabaja dando clases en el metro un viejo con bombín traje y nariz de payaso dispara a los pasajeros con una pistola de plástico mientras recita pareados sin gracia no sé si está pidiendo dinero o si está loco se sienta y se levanta hace como que tropieza es demasiado triste pero tengo suerte y ya tengo que bajarme llego a casa de A para comer y M me dice que está preocupado que no sabe si la serie en la que escribe va a seguir y que no hace más que recibir mails de compañeros en paro que no encuentran nada y A me pregunta qué tal me va en la serie que estoy escribiendo ahora esa serie que a la hija de su novio le gusta tanto y le cuento que estoy un poco agobiado diecientantos personajes cuatro tramas demasiados minutos resulta muy difícil escribirla bien tengo miedo a no saber hacerlo y que no me encarguen más capítulos han sido veinte días de escribir y rescribir más y más tramas y todavía no las hemos conseguido cerrar y eso me hace pensar en M un amigo común mío y de J con quién me encontré el otro día en el parque paseando con mi hija cuando le conté en qué serie estoy trabajando ahora me contestó “pues es una puta mierda” estoy seguro de que ni la ha visto es una serie muy popular demasiado queda bien decir que no te gusta y si encima es comedia más que se vea que tienes criterio ya me gustaría verle a él escribiéndola termina la comida y J nos lleva a casa a mi y a C en su coche y nos cuenta que ahora está arrancando un negocio de juegos para smart phones y tabletas y en ningún momento habla de cine ni de contar historias lo intentó durante años y ya no tiene ganas de seguir luchando pero se le ve feliz yo no entiendo nada pero me parece interesante me da envidia llego a mi piso y no está mi perra y solo tengo ganas de tumbarme en el sofá y dejar pasar las horas eso o salir a andar por Madrid a vagar sin rumbo pero está lloviendo y tampoco tengo ganas de calarme para aprovechar la tarde voy a ver un par de películas sospecho que pueden contar una historia parecida a la de mi proyecto de película juvenil de ciencia ficción que nadie cree que deba escribir la primera que veo es “Soy el número cuatro” y la quito a los 30 minutos de puro aburrimiento donaré el DVD a la biblioteca de mi barrio es un coñazo los actores tienen diez años más de lo que quieren aparentar y todo me parece feo tonto y sin sentido la produce Michael Bay y solo se salvan y a ratos los efectos especiales el guión es lamentable no tiene emoción alguna y está muy mal estructurado no puedo creerme que Marti Noxon haya escrito esto pero ahora caigo que también escribió el penoso remake de “Noche de miedo” bueno hay que ganarse la vida yo soy el primero que debería saber que los guionistas muchas veces no somos responsables de las decisiones que nos obligan a tomar en los guiones que firmamos quizá los que tanto critican el cine español deberían ver más películas americanas y no solo los diez peliculones tirando por lo alto que se estrenan al año hay que ver cine malo el cine que no va a los festivales que no es número 1 en taquilla la mayor parte del cine luego pongo una película española que me ha dejado K el tráiler me gustó pero no pude verla en el cine pensé que era una película de ciencia ficción o quizá de género fantástico con bastante acción pero me encuentro con una sesión de terapia de hora y media en la que no pasa nada que me interese hasta que lleva media hora y con un epílogo de quince minutos que me produce vergüenza ajena si la historia y su moraleja ya se entendían porqué explicarla una y otra vez aún así la veo entera tiene algo que me atrapa y que me impide quitar el DVD aunque estoy tentado de hacerlo varias veces sobre todo cuando la protagonista dice “Ya lo entiendo todo” y yo aún no he entendido nada aquí hay talento aunque la película no me guste pero lo que no entiendo es porqué se produjo alguien creyó que iba a ganar dinero con esto para quién es esta película para adolescentes supongo que sí pero qué adolescentes van a pagar por ver algo así en los Kinépolis o algún lugar así cada vez entiendo menos qué es lo que supone que hay que escribir para que una televisión se interese por tu proyecto porque esta película la pagó una cadena de las grandes y no debió ser nada barata o quizá así pero no lo parece al menos me gustan los actores no hay reglas el cine español no existe no es lo que era quizá nunca lo fue pero la gente no se entera esta película es la muestra no funciona no es comercial pero es inusual es diferente es otra cosa y entre unas cosas y otras estoy acelerado y siento que me va a estallar la cabeza y como experimento digo voy a escribir mi entrada de Bloguionistas transcribiendo lo que pienso y en lo que no puedo dejar de pensar y sé que C cuando lo lea me dirá otra entrada contando vuestra vida en vez de hablar de escribir guiones que es lo que tendríais que estar haciendo si encima es larga yo ya ni me las leo y sé que tiene razón a lo mejor no me leería ni yo la película que he visto es una sesión de terapia y yo estoy escribiendo la mía pero hoy no soy capaz de escribir otra cosa.
os estáis convirtiendo en adultos mientras este país se desmonta. Como si la adolescencia no fuera ya, de por sí, bastante jodida, os toca lidiar con esta crisis de la que no sois responsables, gestada cuando no erais más que unos críos.
Tenéis tan pocas ganas de estudiar como las que tuvimos todos, pero además os han arrebatado ese estímulo que venía a decir que educarse es construir tu futuro. Entiendo que ahora mismo penséis que educarse es hacer el gilipollas. Y eso si te puedes permitir educarte. La cosa está chunga. Sé que no veis muchas salidas aparte de la de cruzar la frontera, salir en Gran Hermano o lanzaros a la delincuencia.
Sin embargo yo os envidio.
Ya sé, ya sé. “¿Y éste gilimemo acomodado, envidia a santo de qué?”. Os prometo que soy consciente de vuestras penurias, vuestros miedos, de tantas trabas e hijoputeces que os están imponiendo. Pero creo, sinceramente, que también sois afortunados en muchos aspectos.
Yo no formo parte de ningún gran colectivo. Soy un poco medianía: ni viejo ni joven, ni rico ni pobre, ni una eminencia en nada ni un total analfabeto en todo. A mis 35 años voy a ser padre por primera vez, de una niña. Entre su generación y la mía estaréis vosotros, ahí encajonados. Y sé que de lo que hagáis dependerá, en gran parte, cómo será su vida, cómo será el mundo en el que crezca. Porque, sinceramente, si tengo que confiar en mi propia generación, vamos apañados.
Os envidio porque vosotros sí estáis dispuestos a pelear. Porque vais a ser mejores que nosotros. Porque vuestras aspiraciones irán más allá de estar a la última, adquirir un coche de gama alta o comprarse un piso con terraza para poder cerrarla y ganar metros al salón.
Envidio que, en vuestros corrillos, aquel que hable de política o de justicia social no sea el friki, el idiota, el loco. De hecho muchos de vuestros corrillos se forman precisamente para hablar de política y de justicia social.
Envidio que salgáis a la calle para cambiar el mundo.
Envidio que sepáis que hay un mundo. Que os importe lo que pasa en otros países, a otras gentes, que podáis comunicaros con ellos convencidos de que son iguales que vosotros.
Envidio que sepáis idiomas. Que viajéis tanto y con tanto ahínco. Que aceptéis a gente que nació lejos de vuestro hogar, con culturas y formas de ver la vida muy distintas.
Envidio que tengáis internet. Yo, en uno de mis primeros trabajos, tuve que llevarme un módem de 56K de casa y conectarlo al teléfono del despacho porque no veían la utilidad de instalarme esa cosa de la WWW. Era un curro de documentalista. Imaginaos.
Envidio que tengáis cámaras ligeras y fiables con las que fotografiar, grabar, documentar y denunciar. Ordenadores baratos que sirven para editar, retocar, crear, reconstruir, contar vuestra historia de mil maneras diferentes.
Envidio que podáis ser cineastas con tan poco, casi con un móvil. Y también que podáis ser espectadores de cualquier cosa y en cualquier parte. Yo si a vuestra edad llego a ver un Smartphone hubiera creído que llegaban los marcianos.
Envidio que seáis todos un poco periodistas. Que contéis lo que pasa en vuestro entorno. Que tengáis dónde publicarlo y lanzarlo a los cuatro vientos.
Y que podáis descubrir la verdad si realmente os interesa, que tengáis acceso a ella, sin tener que limitaros a medios oficiales, “anti” o “pro” gubernamentales. La verdad está ahí fuera. En nuestra época sólo era el lema de una serie.
Me da envidia pensar, también, que viviréis en un sistema donde los políticos corruptos serán un poco más conscientes de los riesgos de sus tropelías. Seguirán existiendo, sí, pero quizás actúen con más tiento, con menos desfachatez. Yo a vuestra edad ni siquiera era consciente de hasta qué punto estaban metiendo la mano en la caja.
Envidio que para tantos de vosotros “banquero” o “ministro” sea un insulto peor que “negro” o “marica”. En mis tiempos no era así. Todavía queda mucho imbécil que no entiende esto, pero ahí estáis vosotros para hacérselo entender, poco a poco. Lo vais a conseguir.
Envidio que vayáis a crecer sin ETA. Sé que ahora suena a cosa viejuna y coñazo, pero no sabéis hasta qué punto para nosotros el terrorismo fue un dolor, un miedo y una vergüenza constantes, especialmente para quienes crecimos en el norte, a quienes nuestras madres nos repetían que nunca diéramos una patada a una caja en la calle por si había una bomba dentro, y que sufríamos los porrazos cocainómanos de los nacionales sólo porque salíamos de copas por el centro de Pamplona. Mira, en eso no somos tan diferentes.
Envidio que seáis solidarios, que no cedáis por completo esa parte de vuestra vida a organizaciones y beneficiencias. Eso no iba con nosotros, eso era cosa de Unicef y Cáritas. Como mucho, alguna vez echábamos una moneda en un bote.
Envidio que sepáis lo que fue la dictadura franquista mejor que yo a vuestra edad, que seáis conscientes de los peligros, reales, de ceder terreno a los extremismos. A nosotros no nos hablaron de eso. Nadie exhumaba nada, nadie recordaba demasiado. Por supuesto, no había nada que criticar a la transición, había sido un proceso perfecto, impecable. Había que pasar página.
Envidio que valoréis la posibilidad de que la monarquía no sea un sistema ni justo ni útil. De hecho, estoy convencido de que viviréis en una república a una edad mucho más temprana de lo que lo haré yo. Al menos lo celebraremos juntos.
Envidio que vayáis a presenciar –y posibilitar- parte de la limpia, que vayáis a encontraros unos cuantos menos de esos genuflexientes inútiles de carrera a los que también me dirigí hace poco tiempo.
Me provoca envidia de la mala que para vuestra generación vayan a ser más decisivos que nunca el talento, la imaginación y el esfuerzo, mucho más que el oportunismo, el nepotismo o el pelotazo cañí, que están perdiendo lustre por momentos.
Me da tirria que vayáis a salir de esta crisis mucho más fortalecidos, preparados, inteligentes y valerosos que nosotros. Y que lo vayáis a hacer con un sistema político y social más ecuánime, un sistema que vais a decidir y construir vosotros. Podéis hacerlo como queráis. Sí, podéis; sólo depende de vosotros.
En mi época el más moderno, el más guay, era el que más drogas consumía. En los 80 eso creó grandes estragos entre la gente de vuestra edad. Hoy vuestra droga es vuestro cabreo. También vuestra fuerza. Cada vez veo a más de vosotros desentendiéndose de modas impuestas y nihilismos de pose. Hoy los que moláis sois los más viajados, los más activos, los que peleáis por encontraros a vosotros mismos, con vuestro estilo y vuestra manera de pensar y de errar.
Envidio la felicidad que vais a tener, que estará menos hipotecada a necesidades pasajeras y materiales. Los chalés, los coches deportivos, la comparación constante con el vecino. No tendréis más remedio que renunciar a mucho de eso. Sé que parece que saldréis perdiendo, pero no será así, confío en que se reavive el gusto por otros lujos: los de la amistad, el amor, la familia entendida como estructura amplia, multiposibilista.
Y la cultura. Envidio que la cultura sea una parte importante de vuestro mundo. Cultura abierta, gigante, desde un cómic manga hasta un Van Der Weyden o un tuit. Y que sea, además, una cultura compartida, compartible, flexible y divertida.
No digo que todo esto vaya a compensar tanta penuria y maldad a la que os están sometiendo, pero sí que creo que tenéis oportunidades y, por supuesto, futuro. Evidentemente, todo depende de cada uno de vosotros, porque cada uno de vosotros es único y debe encontrar su propio destino.
Pero lo cierto es que, en conjunto, me gusta más vuestra generación que la mía, que se ha quedado un poco muerma, aterrorizada frente a una amenaza nueva que desconoce, ante la que no sabe cómo reaccionar. Nos echamos la culpa los unos a los otros mientras caminamos de rodillas para no perder el trabajo, y rogamos a dios que los bancos no se fundan nuestros ahorros. Ojalá mi hija aprenda más de vosotros que de mí y los míos, la verdad. Sois vosotros los que vais a levantar esto, sois vosotros los que sabréis cómo hacerlo, los que os llevaréis los méritos, y con razón.
Os envidio tanto que me gusta, a veces, engañarme y sentirme un poco como uno de vosotros. Por eso también salgo, también grito, también pienso y también escribo. Y me gustaría creer que con este triste escrito solicito, informalmente, que me admitáis como miembro de vuestra generación, a pesar de las canas y la barriguilla y la tendencia al sermón cebolleta.
Muchas gracias por permanecer despiertos.
Atentamente,
Natxo López
Guionista
PD- Este post no habla, estricta o únicamente, de guión o guionistas. Pero en una semana como esta última, no me salía de las tripas publicar algo, como tenía previsto, sobre escaletas y puntos de giro. Para eso siempre hay tiempo. Gracias por la comprensión.
Un amigo me comentó recientemente una interesante experiencia en la que había participado: una fiesta de aduladores. Dicho “evento”, según me explicó, consistía en una fiesta típica, con su bebida, su música, su flirteo y sus cosas típicas de fiesta. Pero, con una particularidad que la convertía en una fiesta totalmente diferente a cualquier otra: en ella se infiltraría un grupo de aduladores. Grupo del que nadie sabía su existencia, y cuyos miembros a su vez se desconocían entre ellos.
Dichos aduladores debían agasajar verbalmente a todo aquel con el que se cruzaba, entablaba conversación, o saludaba. Y ojo, no podían mentir, debían resaltar aquello que de verdad les gustase y pareciese digno de destacar de la otra persona. Así pues, mi amigo hizo de adulador en aquella fiesta. Y cada vez que hablaba con alguien le comentaba lo bien que le sentaba el peinado, lo moreno que estaba, lo inteligente de su punto de vista sobre tal o cual tema, etc. Todo, todo, era verdad, solo que eran cosas que no se acostumbran a decir en voz alta.
El resultado de aquella fiesta fue que todo el mundo se imbuyó de un buen rollo arrollador. No solo los adulados, sino también quienes se dedicaron a buscar y halagar cualquier detalle de toda persona con la que se cruzaba, pues se iba contagiando y todos se contaban y cantaban las virtudes de los demás. Y no es que se dedicaran a comerse las pollas. No era peloteo, en el sentido de que no querían, ni buscaban nada del otro. Simplemente se complacían halagando. Generando un buen ambiente del que ellos también se beneficiaban.
Y… ¿a qué viene esto?
Viene a que pretendo adular, halagar y mostrar el lado positivo de una persona, de un compañero. Un guionista y director con quien colaboré, y sobretodo de quien fui íntimo amigo. Jorge Naranjo. Lo particular del caso, es que Jorge y yo nos peleamos, nos distanciamos y dejamos de hablarnos hace más de año y pico.
Quizás os preguntéis qué cojones os importa todo esto a vosotros, y qué interés tiene publicarlo en un blog sobre guión.
Pues bien, creo que puede resultar interesante por tres motivos.
1) Porque desafortunadamente en este mundo del guión, del cine, la tele, y la creación audiovisual, todos, o la mayoría, nos movemos, o nos hemos movido, pavoneando un gran ego. El cual provoca desencuentros, envidias, malas lenguas, hipocresía… Por ello creo afortunado hablar de lo contrario, del halago, del piropo sincero y de la cercanía entre personas que aman una misma forma de ganarse la vida.
2) Porque es fácil hablar mal de alguien, sacar trapos sucios, firmar con seudónimo y mostrar lo oscuro, dañino y conflictivo que afloró en el choque con otra persona. Pero, como sucede cuando estás en un atasco y en lugar de acelerar rápido para que no se te cuelen, cedes el paso y sonríes. Es mucho más fácil el gesto fraternal, en este caso hablar bien de alguien. Contar y compartir todo lo bueno que produjo el encuentro con esa persona. Y de la misma forma que las sonrisas se contagian de manera espontánea (incluso en un atasco), contagiar ese brillo, ese abrazo compartido de una amistad que se busca recuperar.
*Sí, soy un hippie irremediable. ¿Qué esperabais de un tipo al que sus padres pusieron semejante nombre?
3) Y por último y más importante motivo. Porque Jorge ha escrito, rodado y autoproducido un largometraje: “Casting”.
Casting es un largo precedido por tres cortos, este, este y este. Interpretado por el protagonista de la primera entrega, el inmenso actor y mejor amigo, Javier López. Junto a él también la genial Esther Rivas, y un elenco de lo más variado (Ruth Armas, Ken Appledorn, Marta Poveda, Nay Díaz, Beatriz Arjona y Daniel Pérez Prada). Pero sobre Casting volveré más adelante.
Conocí a Jorge antes de llegar a Madrid. En Barcelona, ambos fuimos a un concierto de REM, y desde el primer momento entramos en esa sintonía de creadores, en la que ambos habíamos leído los mismo libros de guión, amado las mismas pelis, seguido las mismas series, y sobretodo nos hermanaron nuestras ganas e ilusión por crear historias.
Poco después, cuando me instalé en Madrid, Jorge tuvo la generosidad de presentarme e incluirme en su círculo de amigos. Y sobretodo, de hacerme testigo de sus proyectos. Me dejó un primer tratamiento de un largo en el que trabajaba. Y yo, prepotente de mí (bendita juventud) le devolví el tratamiento con notas, comentarios y un resumen de lo que yo creía que se podía mejorar. En lugar de tomárselo a mal, Jorge decidió que podríamos escribir juntos.
Y comenzamos a trabajar. Por aquella época aprendí que además de escribir mucho (las famosas mil páginas de pianista) lo que un guionista ha de hacer es pensar y repensar la historia. Darle mil vueltas a todo, y hablarlo y comentarlo en voz alta. Para lo cual viene muy bien escribir con otra persona. Fue de los grandes aprendizajes que Jorge me brindó: escribir a cuatro manos. Colaborando, sumando, haciendo de frontón. Fuimos estableciendo el universo de la peli.
Para encontrar y concretar el tono de la historia, Jorge me hablaba de otras películas o libros. Uno de los referentes que más me cautivó, y que Jorge me mostró como una pequeña joya, fue un corto de Truffaut que para él contenía la esencia y el espíritu que el largo en el que trabajábamos debía contener. No por casualidad, el título inicial era “El año que murió Truffaut”, que luego terminó convirtiéndose en “Pequeño”.
Estábamos inmersos en la peli, en sus personajes, su ambiente, sus tramas… pero no conseguíamos terminar de encontrarle el empaque definitivo. Eran tantas las ganas de pasar del papel a la cámara, que se nos ocurrió la posibilidad de hacer un corto con la esencia del largo. Y de carrerilla, escribimos y reescribimos “Cinco contra uno“. Jorge demostraría otra de sus principales virtudes: la capacidad de montar un equipo, el mejor equipo, en prácticamente nada de tiempo, logrando que se involucrasen en el proyecto, que aportasen lo mejor de sí mismos, sin él perder la voz y la firma en la obra.
Desde el principio me enamoró la película que Jorge quería escribir. Era una historia de chavales, de infancia-adolescencia en los años 80, de tratar esa edad con la dignidad y respeto, a la vez que con el desenfado, que se merece. Como atrevidamente me decía, se trataba de cruzar el entretenimiento de Los Goonies con la verdad de Truffaut. Años más tarde a aquel verano en el que iniciamos nuestra colaboración, acudiríamos a un cine a ver Herois. Salimos contentos. Por un lado con ganas de volver a impulsar “Pequeño”. Pero por otro, con la sensación de que alguien ya había hecho “nuestra” historia. Y le había salido redonda. Pena que no funcionase bien en taquilla. Y pena que finalmente “Pequeño” se quedó en papel.
Pero supongo que los proyectos que se caen, o que no se levantan, o que simplemente se quedan en el cajón porque el impulsó que les hizo colarse en la primera hoja en blanco se ha perdido, supongo, que esos proyectos sirven y son necesarios para avanzar. Para convertirse en materia orgánica que sirva de abono a lo nuevo.
Y lo nuevo es “Casting”. Es lo nuevo y ha sido lo antiguo, pues Jorge lleva haciendo “Castings” desde hace más de dos años. Tres cortos y un largo. Ya escritos, ya rodados. Que son, que están hechos. Creo que esa es la mayor virtud de Jorge: hace las cosas. No es que se las proponga y las haga. Yo creo que salta el proponérselas, y directamente las hace. Y eso me parece envidiable. En un momento en el que a todo hay que darle mil vueltas, buscar mil ayudas, hablar con mil interlocutores, repensarse y marearse a uno mismo estudiando la idoneidad de una idea, de una historia. Lo que ha hecho Jorge con prácticamente todos sus proyectos: Lanzarse, dejarse llevar por la historia y lograr construirla tal cual, confiando y guiado solo por ella, me parece digno de admiración.
Jorge sabe de mi intención de escribir este post. De mi intención de reencontrarnos. Y como parte de esa intención, me gustaría ayudar dando a conocer Casting. Por ello le pedí que me diese información de ella. Se lo pedí con reparo, temiendo que le molestase que una persona con la que no tenía contacto le pidiese algo tan cercano. Felizmente, la sonrisas ya comenzaban a contagiarse, Jorge me dejó cantidad de material del proyecto para que me sumergiese en el. Me dejó el guión, varias fotos, dossieres de prensa, y un adelanto de los brutos que pude ver en primicia.
Soy una persona muy crítica, excesivamente crítica. Más, cuando se trata de ver, leer o analizar material de alguien cercano. Me siento ante el material con las uñas preparadas. Es inconsciente, involuntario, me gustaría que no fuese así, pero en pose felina me puse a leer el guión. Encima, pesaba todo el tiempo de desencuentro, de silencio y distancia entre la persona que había escrito el guión y quien lo leía.
Pero sucedió lo mejor que le puede pasar a alguien cuando lee una historia: Me olvidé que había sido escrita, me olvidé que detrás de las palabras había una mano, y me encontré con las historia y los personajes que dichas palabras habitaban. A las pocas páginas estaba dentro. De manera sencilla y natural, como la propia historia. Y es que creo que la principal virtud de Casting es que tiene verdad. Sé que es una expresión manida en la profesión. Me refiero a la verdad de la que hablaba recientemente Carlos López en este post. Una verdad sencilla, trasparente, sin trucos. Una verdad cercana a la que traspiran pelis como “antes del atardecer”.
De lo que más se habla en el guión es de las relaciones de pareja, de los encuentros, los desencuentros y los reencuentros. Y no es sólo que te puedas identificar con los personajes. Sino que sientes que lo que les pasa no son situaciones o sentimientos de escaparate, sino que hablan y están construidos desde la vida. La vida de unos personajes que se alejan de las necesidades dramáticas y se acercan a las suyas.
Recuerdo que muchos de los desencuentros que teníamos Jorge y yo a la hora de escribir es que yo tiraba hacia lo peliculero, lo artificioso, lo efectista. Resultaba más elaborado, trabajaba más la estructura, la escaleta. Pero, y ahora lo veo con más claridad, perdía verdad. Pues forzaba a los personajes a transitar e ir por donde el guionista quería (necesitaba) que fuesen. Jorge permite a los personajes sentir, les escucha. De hecho, Casting comenzó como la escucha de un guionista ante un personaje, un amigo actor que le contaba anécdotas de castings. Por eso Javi se llama Javi. No porque se interprete a sí mismo, sino porque de origen se construyó la historia en base a ese personaje, entrevistándole, interrogándole…
No sé cómo sería el proceso en los otros cortos de casting, pero viendo el resultado, me atrevo a adivinar que también fue fruto de un proceso de interiorización y comprensión del personaje-persona. En mi opinión, la mayor muestra de verdad, un atisbo de vida entre arrugas y miradas se da en Casting 3. La obra más generosa, y en elegante equilibrio entre sus recursos narrativos y la desnudez de su propuesta.
Una de las grandes aportaciones, y de las enseñanzas que recibí por parte de Jorge fue durante el rodaje del que fue mi primer corto “profesional”. Yo, ingenuo de mí, había decidido financiarlo por mi cuenta, sin subvenciones, sin productora, confiando en el guión, en los actores y en el equipo. En dicho equipo apenas había personas de peso en producción, y mi ayudante de dirección (aunque amigo) no tenía mucha experiencia. Ello produjo momentos, en los que literalmente quise salir corriendo del rodaje cual Forrest Gump sin rumbo.
Pero allí estuvo Jorge. Vino expresamente de Barcelona (se había marchado a escribir en Buenafuente) para colaborar en el corto. Fue una colaboración fuera de los cánones de los equipos de rodaje. No fue auxiliar, ni del equipo de producción, ni del de cámara… fue mi aliado. Estaba para apoyarme, para que pudiera desahogarme en un aparte y no perder la entereza delante del equipo. Estaba para darme un abrazo cuando todo parecía derrumbarse. Para decirme vamos, hay que seguir, que se puede, que está quedando genial. Y lo decía de corazón.
Un aliado que durante los tres días de rodaje se volcó en la parte humana que a veces se descuida. Que se olvidó de él mismo para echar la mano que siempre hacía falta, fuese para recoger a alguien, apaciguar ánimos, o devolver la furgoneta con el equipo. Puede parecer que fue un rodaje caótico, infernal o conflictivo. No lo fue. Y estoy seguro que en buena medida fue gracias a la figura de ese aliado. Figura imprescindible y que creo debería extenderse y ser capital en todos los rodajes.
Para recuperar ese aliado, para volver a contar con un compañero de aventura cuya forma de vida también es contar historias, para que podamos apoyarnos mutuamente, para saber que hay alguien como tú, que aún ama esta profesión por encima del dinero, la fama, o lo que es peor, el desencanto. Para todo eso y mucho más he tratado de escribir este post.
Y puede que muchos tachen este escrito de frívolo con toda la que está cayendo, pero quizás, ahora más que nunca, haya que reafirmarse y apoyarse en el compañerismo (que no amiguismo), en el altruismo (que no peloteo) y en la fraternidad, como valores que nos ayuden a seguir adelante, construyendo y realizando lo que nos motiva, ilusiona y conmueve. Valores quizás ingenuos, pero poderosos. Porque son los que nos hermanan y agrupan, los que nos alían y convencen de que no estamos solos. Los que nos aprovisionan para el trabajo en equipo. Valores que además… no pueden recortarse.
Jorge Naranjo ha sido guionista de televisión: “Los Hombres de Paco”, “Impares”, “Buenafuente”; Ha escrito y dirigido varios cortometrajes, entre los más reconocidos: “Llama ya”, “Cinco contra uno”, “Los niños de Charlot” o “Superhero”; Actualmente ultima su primer largometraje: “Casting”.
Parece que fue ayer cuando tuvimos que despedirnos de “Lost”. ¿Os acordáis? Pensábamos que no podríamos vivir sin ella y aquí estamos. No se terminó el mundo. No nos convertimos en los protagonistas de otra trama postapocalíptica producida por el ínclito J.J. Abrams. Sencillamente, “Lost” se acabó como todos aquellos productos que nos hicieron felices cuando éramos pequeños… ya saben, “Sensación de vivir”, la inexistente saga cinematográfica de “He-Man” o el “Un, dos, tres” incluidos.
En unos días hará justo dos años de aquella carta tan sentida como hiperanabolizada, que con una sobredosis de puro hype dediqué a la serie que marcó nuestras carpetas de descarga.
Estábamos tan borrachos de naufragos y humo negro que ni siquiera la despedida de otra grande como fue “24” nos llamó especialmente la atención. Por cierto, algún día te vengaré, Jack Bauer.
Y como no hay dos sin tres, el corazón se nos resquebrajó definitivamente el pasado domingo. Tras ocho años como ocho soles, os fuisteis vosotras…
Las vecinas de Wisteria Lane dijisteis adiós desde la parrilla de ABC. Muchos de los que lean esta carta se sorprenderán de que aún siguierais asomándoos a vuestro porche después de tantos años. Puede que no lo hicierais en la misma forma que en las primeras temporadas. Puede que no con la misma frescura y puede que vuestras caras estuvieran más estiradas que la propia serie, pero aún seguíais dando justo lo que se esperaba de vosotras; humor, drama y misterio en irregulares dosis.
“Mujeres Desesperadas” siempre fue una serie de manual. De esas a las que cualquier guionista que sueña con hacer series para la HBO (pero es consciente de que tiene que escribir para Telecinco) no debería dejar de prestar atención. Después de ocho años es difícil encontrar una trama de comedia, misterio o culebrón que vuestros guionistas no hayan escrito antes con una precisión tan esquemática como entrañable.
El peor de vuestros episodios siempre tenía al menos una secuencia de comedia y otra de ternura extrema por cada una de sus tramas. Momentos brillantes donde nos enamorábamos un poco más de cada una de vosotras. Y eso es mucho más de lo que se puede decir de la mayoría de las series que habitan nuestras parrillas… algunas de ellas colocadas quizá prematuramente en ese efímero olimpo catódico.
Vale, sí… la mayoría de vuestras tramas siempre fueron terriblemente previsibles para cualquiera que haya estudiado más allá de 1º de series de tele, pero a decir verdad… nunca jurasteis sorprender con giros locos como otros. También es cierto que os repetisteis y nos tomasteis por tontos. ¿Cómo es posible que Gaby y Carlos tuvieran remordimientos de conciencia en esta última temporada por lo que pasó al final de la anterior si ya hicieron lo mismo con el canoso de Mad Men temporadas atrás? ¿No os acordáis? ¿Ya no te acuerdas de lo que pasó en aquel barco, Gaby?
Aún así, os habéis despedido por la puerta grande. Una puerta blanca, discreta, bien engrasada y con unos visillos pelín antiguos, pero GRANDE al fin y al cabo. Nos habéis dedicado un final de manual (como no podía ser menos) con boda, muerte, nacimiento y mudanzas que marcan una nueva vida para todas las vecinas. Un final que no puede decepcionar, porque jamás prometisteis nada más allá de cuarenta y pocos minutos de trama ligera en torno a unos personajes sólidos como rocas.
Y ahí estuvo siempre la clave de vuestro éxito. He seguido fielmente las ocho temporadas y os juro que más de una vez pensé… ¿por qué seguir viéndoos? La respuesta es clara… VOSOTRAS.
Vosotras siempre fuisteis el gancho definitivo. Sois producto de un diseño de personajes perfecto. La suma apropiada de virtudes y defectos y la única razón por la que esperar los meses de verano para volver a engancharnos con la vaga esperanza de encontrar una trama de misterio que estuviera a la altura de ese suicidio de Mary Alice.
No, ese misterio a la altura nunca llegó. De hecho, se podría decir que todos los que vinieron después fueron bastante ridículos. Pero vosotras seguisteis ahí, evolucionando, aguantando todo tipo de disparates narrativos y lo que es más importante… casi nunca os traicionasteis a vosotras mismas.
La única que se desdibujó con el paso del tiempo fuiste tú, Bree. Pasaste de ser esa ama de casa perfecta a una alcohólica, asesina y ninfómana sin freno. Era el precio de ser un personaje extremo, de ser casicasi un cartoon. Era imprescindible llevarte a otros mundos, porque ocho años después no te habríamos soportado con tu pelo perfecto y tu horno escupiendo deliciosas tartas de zanahoria.
Ahora empieza un momento apasionante para todos. Llevo días fantaseando con qué será de cada una de las fantásticas (sí, lo son) actrices que os han dado vida durante tanto tiempo.Eva Longoria seguro que soñará con un futuro en el cine. Seguramente no lo consiga y si esta semana no hubieran chapado la franquicia de “CSI: Miami” habría puesto mi mano en el fuego a que “Gaby” iba a acabar sustituyendo a Horatio como jefa forense. Ya saben… una sexy, latina y sobre todo supercreíble forense.
Marcia Cross y Teri Hatcherya manosearon el éxito televisivo para acabar atravesando durante años desiertos laborales. Es cierto que ahora son infinitamente más multimillonarias que cuando terminaron sus respectivos personajes en “Melrose Place” y “Lois & Clark”, pero no se vendrán arriba con grandes aspiraciones. Son perras viejas. Saben lo que pueden esperar y no tardarán en volver a la tele. Posiblemente lo hagan con dos shows que tendrán mucho en común… arrancarán bien de audiencia, serán cancelados en su primera temporada y aparecerán sus nombres en los créditos como “productoras ejecutivas”. Auguro que dentro de una década, Marcia Cross acabará saboreando de nuevo las miles del éxito en un nuevo culebrón deluxe. El público la redescubrirá como una supervillana a la altura de esa Madeleine Stowe en “Revenge”.
A la que mejor le va a ir sin duda es a Felicity Huffman. Lynette Scavo era el personaje más agradecido, pero también el más difícil. Y eso sólo lo podía poner en pie un monstruo como ella. Felicity se va a cascar un HBO (también me vale AMC) que se va a cagar la perra. Antes coqueteará con el cine indie como ha hecho otras veces, pero acabará volviendo a la tele y de qué manera.
En fin, si vosotras habéis tardado ocho años en decir adiós yo no quiero tardar mucho más en despedirme. Quizá no hayáis impuesto ni una sola moda como las chicas de “Sexo en NY”, ni tengáis una legión de fans freaks como “Lost”. Quizá tampoco os bañéis en los océanos de prestigio de “Mad Men”, pero habéis hecho historia y lo habéis hecho bien.
El viernes pasado mi perra, Venga, murió atropellada por un coche. Como podéis imaginaros, desde entonces me ha resultado imposible reunir fuerzas para sentarme a escribir. Tenía una nueva entrada de Bloguionistas medio terminada, pero no he podido acabarla. Así que al final, como homenaje a Venga y a todos esos perros que sin saberlo hacen nuestra vida mejor, he decidido volver a colgar una entrada que subí hace meses sobre todo lo que puede aportarle tener un perro a un guionista.Este no es un blog personal y tampoco quiero ponerme demasiado sentimental, pero ahora que me falta, es cuando me doy más cuenta de que Venga me aportó muchísimo más a mí de todo lo que yo pude aportarla a ella. La echaré muchísimo de menos.
Once razones para que un guionista compre un perro o lo adopte:
1-Es una manera estupenda de hacer ejercicio todos los días. Yo, como tantos otros compañeros de la tecla, me he apuntado a un gimnasio en un par de ocasiones. Y también como la mayoría de ellos, después de ir unas cuantas veces y descubrir que lo mío no era sudar la gota gorda, lo dejé tras un par de meses en los que a pesar de seguir pagando mi cuota no conseguía encontrar tiempo ni un solo día para hacer realidad aquello del “corpore sano”. Pero un perro no te permite ser perezoso. Aunque haga frío, llueva o se pueda freír un huevo sobre el asfalto, tiene que salir a la calle al menos dos veces al día. Y, si eres un dueño “césarmillanista” como yo, y estás convencido de que para tu mascota sea equilibrada necesita hacer bastante ejercicio cada día, terminas pasando hora y media en la calle caminando a buen paso de un lado para otro.
Mi perra (una cocker con mucho genio), justo después de que la rapáramos.
2-Los guionistas que trabajamos en casa tendemos a ir un poco a lo loco en cuanto a los horarios. Si no tenemos hijos o un perro es normal que una noche nos acostemos a las cuatro de la mañana escribiendo y que al día siguiente nos levantemos cuando pinte. Vivir así puede ser hasta divertido cuando tienes menos de 40 años, pero a partir de entonces os aseguro que trasnochar ya no resulta tan fácil cómo antes y que llevar una vida más o menos ordenada te ayuda a sentirte mejor e incluso a ser más productivo. Y con un perro ya no te puedes permitir ser tan caótico. Bueno, sí que puedes, si no te importa levantarte por la mañana y descubrir que el animal se ha meado delante de la puerta o dormir con sus aullidos de fondo mientras te pide desesperadamente que le saques a la calle antes de que le reviente la vejiga. Pero como los guionistas no solemos ser mala gente, lo más probable es que prefiramos cambiar nuestros horarios a ver sufrir a un perro.
3-Venga, reconozcámoslo. Muchos de los que nos dedicamos a esto tenemos cierta tendencia a la melancolía, a la introspección, a regodearnos en nuestros sentimientos negativos, a por Ej. fantasear con la idea de tirar la toalla de vez en cuando (especialmente si acabamos de recibir las notas del productor sobre la última versión del guión que estamos escribiendo). Eso no quiere decir que seamos gente triste. Pero, especialmente si trabajamos solos, el desánimo puede ser un enemigo tan peligroso como la pereza. Te levantas por la mañana, piensas en lo que tienes que hacer ese día y no te apetece, pero nada de nada (a mí me ha pasado hoy por Ej.). Desayunas, todavía con el pijama puesto te sientas delante del ordenador, miras si has recibido e-mails, navegas por las páginas que te interesan, y cada vez estás más de bajón. Todo te afecta, todo te parecen signos de que el mundo no funciona, de que nada merece la pena, y mucho menos tu trabajo. Y al final en vez de escribir acabas tumbado en el sofá viendo un episodio de alguna serie. El Pepito Grillo autocompasivo que vive en el lado oscuro de tu cerebro se ha salido con la suya.
Pero, si tienes un perro, resulta más difícil que Pepito venza. Te vistes, sales a la calle, el aire frío te espabila, te cruzas con gente que va medio dormida camino del trabajo y vuelves a recordar porqué un día preferiste este trabajo a muchos otros, caminas, pasan todas esas cosas que los apologetas del ejercicio dicen que pasan cuando pones tus músculos en marcha, y cuando por fin te sientas delante del ordenador, Pepito está durmiendo a pierna suelta, permitiéndote encarar el día con un poco más de optimismo.
4-Conoces gente con la que nunca tratarías normalmente. Tarde o temprano, si quieres que tu perro socialice con otros, lo normal es que acabes integrándote en una de esas “perripandillas” que suelen verse entre las ocho y las diez de la noche en prácticamente cualquier parque. Y en todas suelen darse cita personas que de otra manera nunca habrían cruzado una palabra. En la “mía” hay españoles, argentinos, ecuatorianos, heteros, gays, jóvenes, viejos, profesores de universidad, señoras de la limpieza, empleados de Caja Madrid, etc. Es una manera estupenda de saber cómo piensa gente que no tiene nada que ver contigo. Así, es difícil que te pase como a algún amigo mío guionista que parece convencido de que “la gente” en realidad disfrutaría más de las series de la HBO que de “El barco” si Antena 3 las emitiera a las 10 de la noche, prefiere ver la tele en Internet a sentarse por la noche delante de la caja tonta como se ha hecho toda la vida, y mira la hora en su móvil (o en su Smart phone, Iphone o el “phone” que sea) y no en su reloj de pulsera. Pero no, en las perripandillas la gente dice cuando se va a casa que “a ver si ponen por la tele algo bueno esta noche”, llama “Torrente” a Santiago Segura, la mayoría no tienen un Iphone ni parecen tener el más mínimo interés en comprarse uno, y claro, están convencidos de que los de la tele y el cine vivimos del cuento y de las subvenciones. Mi amigo se creer que “la gente” son solo sus amigos.
Y por supuesto, las conversaciones que tenemos cada noche son una fuente inagotable de historias que jamás se te pasarían por la cabeza. Además, si tienes suerte y como yo te encuentras con gente maja, encima pasas un buen rato. Sus perros se convierten en la manada de tu perro, y ellos en la tuya.
5-Tu perro no es una persona, es un animal. Percibe el mundo de una manera totalmente distinta a la tuya. Convivir con él es lo más cerca que vas a estar de saber cómo entiende la realidad y se comporta una criatura de otro planeta. Al humanizar a los animales no les estamos haciendo ningún favor**. Lo interesante de ellos es que precisamente no son como nosotros. Sus prioridades son otras. Buscan afecto, desde luego, pero ante todo quieren liderazgo y sentirse parte de una manada bien organizada; no saben que es lo malo ni lo bueno, no tienen moral, no piensan en el pasado ni en el presente, viven en el momento. Es una gran experiencia para un guionista. Convivir con un marciano, tratar de entenderle sin pasarlo por el filtro de la humanidad, aprender a diferenciar cuánto hay nuestro en la percepción que tenemos de él y cuánto es una expresión de su verdadera personalidad. Exactamente lo mismo que tenemos que hacer cuando creamos un personaje.
6-Paseando a tu perro te das cuenta de que los parques están llenos de mierda por culpa de los impresentables que no recogen las cacas de sus mascotas. Encima, los “damnificados” solemos ser los dueños de otros perros, que somos las que las pisamos cuando vamos a recoger la caca del nuestro. Pero en fin… como algunos a veces escribimos desde la rabia, no viene mal tener un arrebato de misantropía de vez en cuando.
7-Cuando llegas harto de una reunión no hay nada mejor que ver la alegría con la que te recibe tu perro (cosa que no hay confundir con el histerismo; que suele ser más bien o una respuesta condicionada de forma involuntaria por el dueño o la forma que tiene el animal de decirte que necesita hacer ejercicio y gastar toda esa energía que ha acumulado mientras tú estabas consumiendo la tuya en la reunión).
8-Lo mismo te animas y acabas leyendo este libro:
La sonrisa permanente de César Millán da grima, y su “estilo” literario propio de un libro de autoayuda puede producir sarpullidos en el lector hipersensible a la mala escritura, pero aunque al principio cueste creerlo, Millán sabe muy bien de lo que habla. Os lo aseguro. Lo he visto con mis propios ojos. Su método funciona. Y seguro que hay muchos guionistas (que siempre andamos con la autoestima por los suelos) a los que le vendrían bien sus consejos para ser un líder más sereno y firme. Para aprender a imponer respeto sin perder los papeles pero también para defender lo que es justo sin acobardarse ni resultar agresivo.
Además, leerlo te servirá para saber si debes tener un perro, o más bien, si estás dispuesto a asumir los compromisos que requiere ocuparse de él. Porque ni todo el mundo puede, ni debe.
9-Te ayuda a entender que lo importante no es sólo qué pasa, sino a quién le pasa. Trama y personaje van unidos. Seguramente, otro guionista podría escribir un artículo muy parecido a este, quizá utilizando argumentos muy parecidos a los míos, titulado “10 razones para no tener perro”. Todo es cuestión de punto de vista.
10-Puedes ver esta película…
Increíble pero cierto: es una buena película.
…y terminar llorando desconsoladamente. Si además ya has perdido alguna vez a una mascota, prepara el paquete de kleenex (o dos).
11-Si vives en mi barrio, puedes ver como un bóxer enorme pero buenón llamado Rocco trata de sodomizar un día sí y otro también al perro salchicha de un conocido y majete guionista.
*No hay cosa más triste que uno de esos pobres perrillos enanejos neuróticos a los que sus dueños cogen en brazos si empiezan a ladrar al ver a otro perro, hablándoles como si fueran críos creyendo que están consolándolos cuando en realidad lo que están haciendo es reforzar un comportamiento que le genera angustia a su mascota .
RT @sergiobarrejon: Menos de 48h para comenzar "El oficio de guionista". Inscripción abierta (5€ más pay-as-you-want) sólo por PayPal http:…- 3 days ago
RT @_jmelendez_: Los que escribimos de manera profesional debemos informarnos antes de opinar. Caso de "el mejor físico de Europa": http://… - 8 hours ago
Con la nueva Ley de Educación lo del párroco de Churra hubiera valido para subir nota. #Churra#LeyWert - 3 hours ago
RT @tvspoileralert: De nuevo se están filtrando los guiones de los pilotos de las series de la próxima temporada. ¿Qué será lo siguiente, c… - 23 hours ago
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