MUJER DE CARRERA VS AMA DE CASA

4 mayo, 2012

por Ángela Armero

En el episodio 17 de la tercera temporada de “The Good Wife”, (ATENCIÓN ESPOILER del episodio), Alicia Florrick, abogada que lleva tres años trabajando después de haber dedicado quince a ser madre y esposa, se entera de que una joven compañera de su firma quien además ha sido su pupila, Caitlin, deja el bufete porque está embarazada y va a casarse. Alicia quiere que reconsidere su decisión.

ALICIA: Eres una buena abogada, Caitlin. Eres avispada e inteligente y hoy has manejado el interrogatorio como una profesional. No puedes renunciar a esto. Si lo haces, incluso por alguien que es importante para ti, es posible que lo lamentes.

CAITLIN: No estoy renunciando por mi prometido. Lo estoy haciendo por mí misma. Me gusta la ley, pero amo a mi prometido.

ALICIA: Pero no tienes que elegir. No hay ninguna razón por la que no puedas trabajar, ser una esposa y una madre.

CAITLIN: Pero quiero elegir. A lo mejor es diferente para mi generación, pero no tengo que demostrar nada. O si tengo que hacerlo, no quiero. Estoy enamorada.

ALICIA: Siento no haber sido mejor mentora para ti, Caitlin.

CAITLIN: Has sido una mentora estupenda. Gracias.

Después, en el epílogo de este episodio, Alicia visita su antigua casa, en la que vivió durante quince años con sus hijos y el que fuera su marido, y al ver las marcas de crecimiento de sus hijos en el listón de una puerta, se echa a llorar.

¿Cuál es el universo de “The Good Wife”? Chicago, en la actualidad. Alicia Florrick, esposa de un fiscal del distrito envuelto en un escándalo sexual, retoma su carrera como abogada después de la decepción que suponen las revelaciones sobre su marido y el fracaso práctico de su matrimonio. Va a parar a una firma en la que hay dos socios: Will y Diane. Will es de su edad y es un brillante abogado de caracter decidido, aunque con un compás moral bastante ambiguo. Diane por su parte tiene como unos sesenta y es una mujer soltera, brillante, independiente y que a pesar de su avanzada edad no ha perdido interés ni por el trabajo ni por los hombres. Hay otros personajes femeninos, pero sólo con el protagonismo de Alicia y del hecho de que haya otras mujeres como Diane, Caitlin o Kalinda (una investigadora de carácter muy independiente, sexualmente ambigua y con gran talento para la deducción) ya sabemos que es una serie diferente, en la que las mujeres ocupan cargos de poder y son tan relevantes como sus compañeros.

El diálogo con Caitlin ejemplifica bien el dilema, el arco del personaje de Florrick. Pasa de ser una ama de casa a una mujer que vuelve a apostar por su carrera, y eso le acarrea frecuentes problemas con sus hijos, con su marido del que está separada, con su suegra, y consigo misma. Su opinión es que no hay que elegir- pero la serie habla de los conflictos que le supone compatibilizar su faceta profesional y personal. El título “La buena esposa” alude a lo que se espera de una mujer hoy en día: todo. La igualdad (por suerte) se traduce en una doble obligación, al menos en su caso: cuidar de sus hijos y poder superarse cada día en un trabajo muy exigente en tiempo y energía.

Me parece admirable que un drama tenga como protagonista a una mujer que sea trabajadora, esposa, madre y que tenga más de cuarenta años, (rasgos que comparte con Sarah Linden en “The Killing” y con el personaje de Belén Rueda en “Luna, el misterio de Calenda, por cierto)  y que dibuje un entorno en el que las mujeres, y no sólo las veinteañeras, sino las “señoras” sean otra cosa que intereses sentimentales, comparsas o confidentes.

Pero si encima “The Good Wife” es capaz de plantear el argumento opuesto al deseo de la protagonista (deseo quedarme en casa, no tengo por qué elegir) y no lo hace de forma sesgada o en boca de un personaje poco atractivo, sino en el parlamento de una mujer joven, inteligente y capaz, sólo me queda aplaudir y aprender. Tan machista y desfasado es pretender que las mujeres se queden en casa como sectario e intolerante desautorizar a aquellas que deseen hacerlo. Parece un mensaje simple, pero yo no recuerdo haber visto (recientemente) una trama tan bien planteada y honesta: lo importante es poder decidir. Más interesante y valioso que la conclusión es, por todo lo anterior, el lugar y la forma en la que se plantean estas cuestiones.

El epílogo supone un maravilloso ejemplo de lo que sugieren todos los manuales: que los personajes alberguen contradicciones. Porque estas humanizan y dotan de profundidad a los personajes, y además generan una empatía tremenda.

Detesto los “mensajes” y aplaudo aquella frase de Billy Wilder (“si quieres transmitir un mensaje, no hagas una película, manda una paloma mensajera”) pero sí creo que todos los guionistas somos responsables de los universos que creamos y de las relaciones que establecemos en ellos.

Si la sociedad evoluciona en el mundo real, nosotros debemos seguirle el paso en la ficción.


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