JOHN CARTER DE PANDORA

3 julio, 2012

Por David Muñoz

Aviso: esta entrada está repleta de “spoilers”. Si aún no habéis visto “John Carter”, mejor no la leáis.

No lo puedo evitar. Como estoy escribiendo un guión de cine basado en un cómic que no es nada fácil de adaptar, cada vez que me siento a ver una película basada en material procedente de otro medio, le presto especial atención.

La última adaptación que he visto es “John Carter”, la película dirigida por Andrew Stanton (Buscando a Nemo, Wall-E) basada en la serie de novelas del creador de Tarzan, Edgar Rice Burroughs, protagonizadas por el personaje que da título a la película, más conocido como “John Carter de Marte”.

Esta portada corresponde a una edición de 1940. Pero la serie comenzó a publicarse en 1912.

Como ya supongo que sabréis la mayoría, “John Carter” fue un fracaso descomunal. Su productora, Disney, invirtió en ella 250 millones de dólares, de los cuales parece que aún no ha recuperado ni la mitad. Además, se planteó como la primera parte de una trilogía que nunca será rodada.

Sin embargo, “John Carter” no es ni mucho menos el bodrio que me esperaba. Para bodrio reciente de gran presupuesto… yo qué sé… hay tantos títulos entre los que elegir… “Battle: Los Angeles”, por decir alguna.

No, “John Carter” no es un bodrio. El casting es decente, los efectos especiales son magníficos (aunque estemos tan acostumbrados a ver cosas así que ya no le demos importancia), y hay un par de escenas memorables (la batalla, o quizá mejor habría que decir, “masacre”, de mitad de la película; o la saltarina llegada de John Carter a Marte), pero en general la película no pasa de ser entretenida. Y para eso no te gastas 250 millones de dólares. Gastas 250 millones para crear  “La guerra de las galaxias” del siglo XXI, para poner la primera piedra de un imperio del merchandising.

Claro está que para conseguirlo la película tenía que luchar con un enemigo imposible de batir: la influencia de la obra de Burroughs sobre innumerables películas estrenadas mucho antes que “John Carter”.

En “John Carter” hay muy poco que no te suene a ya visto.

Y claro, lo más “visto” es precisamente el argumento. Veamos: un ex soldado terrestre llega a otro planeta, donde su mente ocupa un nuevo cuerpo que, además de facilitarle interactuar con los nativos (unos seres de dos metros y medio de altura), le permite llevar a cabo hazañas físicas extraordinarias. Tras enamorarse de una nativa, el soldado decide quedarse en el planeta y combatir junto a los parientes de su nueva novia.

¿Suena o no suena a “Avatar”?

Vamos, cambias Marte por Pandora, el desierto por la selva, y casi, casi estaríamos hablando de la misma película.

Eso en cuanto al argumento, porque luego hay muchas escenas que ya había rodado a su manera George Lucas en la serie de “La guerra de las galaxias”, como la del “circo romano” con los gorilas gigantes.

En Internet pueden encontrarse comparativas entre “John Carter” y “El ataque de los clones”.

Aún así, “John Carter” podría haber sido la película épica y emocionante de la que habla Andrew Stanton en el breve making of que incluye el Blu-ray. Y si no lo es, se debe precisamente a lo último que yo me esperaba en una película escrita por gente de Pixar: el guión no funciona. Pero no funciona nada de nada. Es un desastre.

Lo peor: que John Carter no te importa. No es Luke Skywalker, no es Neo, no es Frodo, no es Jake Sully. No, es el protagonista de “Krull”. Sí, ese que ninguno recordamos cómo se llama.

A mí el fracaso “guionístico” de John Carter me produjo un efecto curioso. Por una parte me puso triste (“que difícil es esto”, pensé cuando los malos atraparon a John Carter por segunda o tercera vez y la película volvió a “resetearse” para arrancar en una nueva dirección… después de hora y media), pero por otro lado me dio cierta tranquilidad. Así es, esto es muy difícil, pero lo es para todos. A la hora de la verdad estamos en igualdad de condiciones Andrew Stanton y cualquiera de nosotros.

También me sirvió para convencerme de que tengo razón cuando, después de que en alguna clase un alumno empieza a decir eso de que “en España no valemos para nada, mira las películas de animación que hacen los de Pixar y mira las que hacemos nosotros” -dando a entender que tenemos alguna tara genética que nos impide la grandeza-, yo intento explicarle que en las condiciones en las que se trabaja en Pixar, HASTA NOSOTROS haríamos grandes películas. No es tanto el qué, sino el cómo. Fuera del sistema de trabajo de Pixar, que permite “repensar” la película una y otra vez, afinando la historia hasta casi el único momento*, Stanton y sus coguionistas, el director de “Brave”, Mark Andrews, y el novelista Michael Chabon, han tirado 250 millones de dólares a la basura. Y eso que contaron con varias semanas de rodaje adicional que usaron para añadir nuevas escenas tras ver el primer montaje. Por lo menos nosotros cuando nos equivocamos solo tiramos dos o tres millones de euros (¡como mucho!)…

Por supuesto, siempre es mucho más fácil ver los errores ajenos que los propios, y también es más sencillo darse cuenta de lo que está mal a toro pasado. No pretendo sugerir que yo lo habría hecho mejor que Stanton & Co. Ni mucho menos. Pero analizar “John Carter” me ha permitido llegar a algunas conclusiones sobre cómo contar mejor este tipo de historias. Conclusiones que espero poder aplicar en mi propio trabajo. Porque aunque como guionista de cine y televisión jamás podré escribir una película épica de gran presupuesto, como guionista de cómic sí que escribo historias así. Y en el cómic mi presupuesto es infinito.

Me dejo de preámbulos, y voy a compartir con vosotros las notas que tomé nada más terminar de ver “John Carter”. He procurado pulirlas lo menos posible, porque al fin y al cabo de lo que se trataba no era de llegar a grandes conclusiones sino de hacerse preguntas que en algún caso tardaré en poder contestar, si es que puedo llegar a hacerlo alguna vez:

-Que una película de este tipo comience con un texto o una voz en off (o las dos cosas a la vez) que presente al espectador el mundo fantástico -o la circunstancia fantástica-, dónde va a transcurrir la acción parece una buena idea. Así de pronto, recuerdo que se usa en “La guerra de las galaxias”, “Blade Runner”, “El señor de los anillos o “Los inmortales”. Pero en “John Carter” no funciona. Se cuenta demasiado demasiado pronto sobre “Barsoom” (Marte). ¿Zadonga? ¿Helium?

Y lo peor es que la primera escena de la película, ubicada en Marte, no ayuda nada. Ves a unos tipos peleando, y no sabes quién es quién. No sabes con quién tienes que “ir”. Con lo cuál, te da igual. Es como pillar a la mitad un partido de fútbol aburrido con dos equipos que no conoces.

Así, la voz en off recuerda más al inicio de “La amenaza fantasma” que a otra cosa. Da pereza tratar de aprenderse tanto nombre raro.

-El espectador no se sienta en el cine para recordar datos, quiere vivir una experiencia emocional.

-Pero “Avatar” sí funciona. ¿Por qué? Quizá porque descubrimos Pandora a través de los ojos de Jake Sully. Nunca vamos por delante de él. Él es nuestro “avatar”. Como también Frodo en “El señor de los anillos”.

-Se me ocurre una posible “regla”: empezar explicando cosas sobre el mundo de la película funciona sobre todo para generar expectativas en el espectador, y cuanto más genérico sea ese texto, mejor (“Hace mucho, mucho tiempo, en una galaxia muy lejana…”). No hacen falta detalles que además nadie va a ser capaz de recordar. Existen los replicantes, se mueren pronto y se han fugado. Y punto pelota. Pero esa introducción funciona mejor cuando el protagonista de la historia ya conoce ese mundo, por Ej. porque es el suyo (sería raro que alguien le explicara a Luke Skywalker dónde sucede su historia). Si el protagonista va a entrar en un mundo nuevo, es mucho mejor descubrirlo con él. No hay que tener miedo a su extrañeza, a su desconcierto, sino que hay que utilizarlo a favor de la historia (Jake Sully, Frodo cuando sale de La Comarca).

Una cosa buena de la película: la mascota graciosa perruna está muy bien. Lástima que no haya más escenas de Carter interactuando con ella.

-¿Cuál es el arco de John Carter? Aunque no lo descubrimos hasta la mitad de la película (otro error), Carter es un soldado que, tras acabar la guerra de Secesión Americana, vuelve a casa para descubrir que toda su familia ha sido asesinada. Destrozado, se dedica a vagar por el oeste tratando de encontrar una mina de oro. Al llegar accidentalmente a Barsoom, aunque al principio trata de volver a la tierra, como conoce a una princesa que le hace tilín, acaba identificándose con su causa y decide quedarse a luchar por ella. ¿Qué es lo que no funciona en este resumen? Que ni una sola cosa está vinculada con otra. No hay relación de causa y efecto. ¿John Carter sufre por su familia y se dedica a buscar oro? ¿Es un soldado harto de las consecuencias de la guerra y elige luchar en una nueva guerra? No tiene ni pies ni cabeza. Es imposible entenderle, empatizar con él. Como personaje, me refiero. Los seres humanos somos así de incoherentes, los protagonistas de películas épicas de 250 millones de dólares no deberían serlo. Su conflicto, que lo tiene, nace de que es un pacifista abocado a la guerra, pero eso es algo que la película no aborda en ningún momento. La transformación de John Carter ocurre en segundos. De pronto, decide volver a pelear, y en la escena siguiente masacra a cientos de extraterrestres sin que en ningún momento parezca agobiarle que sus familias vayan a pasar por lo mismo que pasó él al perder a la suya. De hecho, la escena, estupenda desde el punto de vista cinematográfico, es una catarsis. Mientras mata, mientras desmiembra a sus enemigos y corta sus cabezas, hay un montaje en paralelo que sugiere que Carter recuerda entonces el momento en el que descubrió los cuerpos de su mujer y de su hija. Lo que además sugiere ese montaje es que el dolor de la muerte de nuestros seres queridos solo se “sana” con más muerte. Para Carter la masacre es un acto de purificación. Al dejar aflorar el guerrero que lleva dentro está por fin preparado para continuar con su vida. ¡Y todo esto en una película de Disney destinada a un público infantil/juvenil!

-Otro problema es que el trauma de Carter, del que surge su conflicto, y lo que le pone en marcha como personaje en la segunda mitad de la película, es irresoluble. Luke Skywalker se siente un don nadie. Sueña con ser piloto y la llegada de C3Po y R2D2 le permite hacer realidad su sueño. Jake Sully sueña con volver a andar y su visita a Pandora se lo pone en bandeja (Sully también busca una cierta pureza, pero eso es otro tema, la motivación consciente y la inconsciente, etc.). Pero John Carter nunca va a poder olvidar lo que le ocurrió. Ni todas las macizas del espacio juntas podrían hacerle olvidar la visión de los cuerpos quemados de su mujer y su hija. Como mucho, con el tiempo, acabaría reuniendo fuerzas para poder seguir viviendo. Pero poco más. Pensándolo bien, con estos mimbres, “John Carter” podría haber sido el “Sin perdón” de la Space Opera, pero no la película que querían hacer en Disney.

-Por lo que yo sé, el John Carter de las novelas de Burroughs no tenía semejante trauma. Era solo un soldado confederado que, tras la guerra, se dedicó a buscar oro con un amigo hasta que de pura chiripa acabó en Marte para luchar de nuevo en otra guerra, una guerra que ésta vez va a ganar. Así, sí tiene sentido. El suyo es un arco sencillo, pero es coherente. Pero en su afán de dotar de profundidad al personaje, los guionistas eligieron la opción “trauma”, y se equivocaron al elegirlo. O acertaron y en lo que se equivocaron fue al conservar el resto de los atributos del Carter de Burroughs. La cuestión es que unas cosas no casan con otras.

-Luego, a pesar de todo eso, los primeros 30 minutos de la película podrían haber hecho que John Carter interesara más. Porque tal y como están planteados son letales.

No contentos con introducir un nuevo mundo, después de Marte los guionistas colocan un incomprensible “flash Forward” en el que vemos a John Carter huyendo de no se sabe quién y cuyo sentido no se explicará hasta casi el final de la película.

Luego, la historia cambia de protagonista, y nuestro punto de vista pasa a ser el de un joven Edgar Rice Burroughs, un aspirante a escritor que resulta ser el sobrino de John Carter, a quién este ha dejado una importante herencia (momento álgido: la lectura de un testamento, mal vamos para una película de aventuras). Solo cuando Burroughs comienza a leer los diarios de su tío John Carter, llegamos por fin a Marte, pero eso sí, después de pasar por el oeste.

-Es una historia dentro de una historia. Pero… ¿para qué? ¿Seguro que era necesario? ¿No habría sido mejor renunciar a todo eso y concentrarse en John Carter y su peripecia? Así es un lío.

-Carter hace cosas… ¿pero qué cosas?

Para empezar, manda un telegrama. Apasionante.

Luego, en la historia narrada por el diario, busca oro (vamos, dice que lo busca, porque no lo vemos); mientras intenta comprar provisiones en una tienda tiene un enfrentamiento con unos tipos malencarados; aparecen unos soldados liderados por el protagonista de “Breaking Bad” (Bryan Cranston con una peluca cantosísima), que quiere reclutarle, y lo reducen enseguida. Después, Carter trata de fugarse varias veces sin conseguirlo (en una secuencia bastante divertida) y, cuando por fin lo logra, es perseguido por los soldados, que están a punto de alcanzarle cuando aparecen unos indios. Uno de los soldados la caga y se produce un tiroteo. Entonces, ¿qué hace Carter? ¡Huir! Eso sí, salva a Cranston. Aunque para nada, porque como se verá después, Cranston está herido de muerte.

Al rato, por casualidad, Carter encuentra en una cueva la puerta espacio dimensional que lleva a Marte y, también por casualidad, termina en Barsoom.

Este todo “por casualidad” recuerda mucho a “La amenaza fantasma”, ¿no? John Carter es la versión depresiva de Anakin Skywalker. Va de un lado a otro un poco porque sí y le van pasando cosas que a él ni le van ni le vienen pero que curiosamente avanzan la trama de la película.

-Ejercicio: Comparad la presentación de John Carter y la de Indiana Jones.

-A los héroes de las películas de aventuras no siempre les hacen falta traumas/conflictos, pero siempre les hacen falta motivaciones.

-Al final, escribas lo que escribas, siempre es lo mismo. ¿Qué quiere tu personaje? ¿En qué sentido va a ayudarle (o no) la película a conseguirlo? Nada de lo que quiere o necesita John Carter tendría que haber pasado necesariamente por viajar a Barsoom. Podría haber conocido a una campesina en Kansas con más o menos el mismo resultado (me refiero en cuanto a su arco como personaje, no a los efectos de sus acciones en la trama).

-Otra regla básica que la película olvida: en el cine nos importan tanto las cosas como le importan a los personajes. Y John Carter no parece enamorado de Dejah Thoris. Más bien parece que le resulta simpática y poco más. No es Luke con Leia. O Jake Sully con Neytiri. Tampoco parece enamorarse de Marte (que es más bien un sitio inhóspito y un tanto grimoso). Falta la escena de “Avatar” con las medusas voladoras.

-Ejercicio: reescribe en tu cabeza el inicio de John Carter. Objetivo: generar empatía por el personaje y clarificar su arco. 1.Escena de acción espectacular en la Guerra de Secesión Americana. 2. Después de la batalla, el horror de la guerra. 3. Carter llega a casa. Descubre a su mujer y su hija, muertas. Pierde toda razón para vivir. Es un soldado derrotado. Su familia murió por una venganza de los vencedores. 4. Carter no busca oro. Vive solo, es un cazador, como Jeremiah Johnson. No quiere saber nada de nadie. 6. Los soldados le reclutan. Quieren utilizar sus habilidades como rastreador para descubrir la cueva del oro en territorio indio. 7. Carter lo hace. Gracias a ello acaba encontrando la “puerta” a Marte. 8. Estamos en Marte. Y Carter está dispuesto a pelear de nuevo. La gente de Helium son su nuevo “Sur”. Su segunda oportunidad.

-El problema de los antagonistas. Hay demasiados. Y se alían o se enemistan por razones que o no se entienden o cuando se entiende más o menos te dan igual. Y los verdaderos “malos”, esa especie de seres místico sobrenaturales que conspiran en la sombra, tampoco tienen un plan demasiado claro por mucho que se empeñen en contarle su vida a John Carter cada vez que éste se cruza en su camino. Hay “mini malos” efectivos, como el “Thark” malote, pero cumplen una función más cercana al del villano de la semana de una serie de televisión que al de un malvado de largometraje.

Y por cierto, estos son los Tharks.

-Decisiones extrañas de dirección/producción que no ayudan nada:

1. Los “hombres rojos” de Marte no son rojos. Son gente tatuada. Parecen maorís disco. No hay ninguna razón para que cuando los Tharks se encuentran con John Carter no crean que es solo un “marciano” sin tatuajes. Pero se comportan con la misma extrañeza que sentiríamos nosotros si nos encontráramos a un Thark en la puerta de nuestra casa.

2. Las ciudades estado de Barsoom parecen pueblos. Esto no es la final de la Copa del Mundo. Es la final de la liga. Y de Segunda. Villa arriba contra Villa abajo.

-En el making of Chabon y Stanton hablan de lo mucho que significan para ellos las novelas de John Carter. Quizá ese es el problema. Han querido incluir demasiadas cosas en su película (usaron material de tres novelas); y así no hay manera. En una película cabe mucha menos materia narrativa que una novela. Mejor contar menos pero mejor. Vista así, “John Carter” es prima hermana de “Alatriste”.

-Al final lo más fácil habría sido que Andrew Stanton y sus coguionistas hubieran fusilado la estructura de “Avatar” y la construcción de sus personajes. Habría resultado raro: James Cameron plagia a Burroughs, y quienes tienen que adaptar a Burroughs (tras haber adquirido legalmente los derechos de sus obras), acaban plagiando a Cameron. Pero oye, cosas más extrañas se han visto. Y “quien roba a un ladrón…”.

- *Stanton explica muy bien todo esto en esta entrevista con Harry Knowles en la página Ain´t It Cool News.


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