CONSULTORIO: LA SITUACIÓN LABORAL DEL GUIONISTA (II) O LO QUE ME DIJO DOMÍNGUEZ

1 febrero, 2010

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Al principio pensé que sí. Que el abogado tenía razón. El aspecto de Domínguez no era el de una persona sutil o excesivamente perspicaz. No recuerdo cómo vestía, pero sí sé que era un tipo grande, pesado. Creo que llevaba gafas y que se las quitaba con cierta frecuencia, pero tal vez nunca las llevara.

Yo estaba en el despacho de Domínguez para declarar sobre mi trabajo en la productora Grundy, que estaba siendo inspeccionada. Estaba algo nervioso,  pese a que no tenía queja alguna del trato que había recibido durante el tiempo que trabajé en “Yo soy Bea”. No sé si Domínguez percibió mi nerviosismo o no, pero su actitud inicial me tranquilizó completamente. Me dijo que todo lo que contara en ese despacho sería absolutamente confidencial y que nada sería utilizado en mi contra. Era la empresa quien estaba siendo sometida a una inspección de trabajo, no yo.

Domínguez me dijo que el sector audiovisual ha estado durante muchos años algo olvidado por la inspección. Ahora ha comenzado una serie de revisiones a las grandes productoras y el resultado, según Domínguez, está resultando sorprendente y desalentador. El propio Domínguez había estado en los platós de varias series y había quedado sorprendido, entre otras cosas, por la innovadora interpretación de la normativa de seguridad laboral que hacían las productoras: mobiliario por todas partes, escasez de medidas de seguridad, puertas de incendio bloqueadas por elementos de decorado…

Yo escuchaba estas explicaciones sin gran sorpresa, yo también veo los platós como grandes hangares helados y llenos de muebles.

Sin embargo, Domínguez pronto pasó a un tema del que yo sabía más: los guionistas y sus contratos. El abogado de Grundy me había prevenido: este Domínguez no tiene ni idea de este sector. “Cuando menciones una escaleta, se pensará que estás hablándole de algún tipo de accesorio de alpinismo” –vino a decirme. No fue así. Tal vez porque ya había interrogado a otros guionistas y éstos le habían instruido, el propio inspector me hizo un resumen básico pero exacto de la división de trabajo entre argumentistas, escaletistas y dialoguistas. También estaba al tanto de la existencia de los coordinadores de guiones, de los editores y de sus respectivas funciones.

Domínguez hablaba con un tono algo brusco, pero nada acelerado. Las pausas entre frases, incluso entre palabras de la misma frase, permitían intuir el proceso de esa mente, no demasiado veloz, pero sí exacto e imparable.

Fue haciéndome unas cuantas preguntas sobre mi trabajo en la serie, ¿quién me contrató? ¿cada cuánto iba a las oficinas? ¿y al plató? ¿trabajaba en otras series a la vez? ¿recibía órdenes para corregir las escaletas o guiones? ¿de quién? Fui contestando a todas ellas sin problemas ni nervios.

Domínguez pareció satisfecho con el interrogatorio  y se permitió un par de comentarios personales sobre el número de insultos y tacos que aparecían en la ficción nacional. Consideraba el número bastante excesivo, por cierto. Yo me mostré de acuerdo. Aunque nuestras opiniones no eran demasiado válidas porque también compartíamos un pequeño pecado; apenas veíamos ficción nacional.

Antes de acabar, Domínguez me comentó cuáles eran sus conclusiones de la inspección a la empresa. Iba a proponer una sanción a la productora por las diversas infracciones que vio en el plató pero también, y ésta es la parte que afecta a los guionistas, por contratar como autónomos a empleados que, en su opinión, debían ser contratados por cuenta de la empresa.

¿Incluso los dialoguistas, que están en sus casas? – pregunté. Domínguez asintió: el lugar en el que se desempeña el trabajo, o el material que se emplea, no es lo que determina si un trabajador es autónomo o no, me respondió. Y menos en estos tiempos de Internet y teletrabajo. Lo importante es si uno está desempeñando un trabajo que tenga que ver con el núcleo de la actividad de la empresa, si es una labor continuada, subordinada a unas jerarquías, y con unos plazos de entrega específicos. Si, además, durante el tiempo del contrato, el guionista trabaja para esa productora en exclusiva, ese trabajador debería estar dado de alta por la empresa, como cualquier otro.

Incrédulo, le pregunté si eso quería decir que nosotros no tendríamos que pagar por nuestros seguros sociales, nuestra cotización de autónomos mensual. Domínguez replicó que sólo pagaríamos la pequeña parte que le corresponde al trabajador cuando está empleado por cuenta ajena. La productora se ocuparía de cotizar por esa persona. El guionista gozaría entonces de subsidio de desempleo, cosa de la que carecen por ahora los autónomos, días de vacaciones pagadas, pagas extra y finiquito en el caso de extinción de contrato. ¿Como si fuéramos currantes normales? Domínguez asintió: es que sois trabajadores normales. ¿Incluso los dialoguistas? – pregunté, ya de pie, a punto de irme, sin dejar de imaginar esa fantástica Arcadia que ese hombre de aire rudo me había descrito en un instante. Domínguez asintió de nuevo, con una sonrisa. Dijo que, en breve, iba a emitir el resultado de su inspección, con la correspondiente propuesta de sanción. También dijo que Grundy no sería la última productora que él inspeccionara.

Cuando salí de ese despacho de la calle Ramírez de Arellano, unos minutos más tarde,  aquél tipo tosco y algo lento, el hombre que rebuscaba constantemente entre sus papeles y opinaba que el vocabulario de las series que escribimos es un tanto soez, vamos, el señor Domínguez, se había convertido en mi héroe.

Tal vez en el futuro la situación laboral del guionista deje de ser ésta. Tal vez sea un poquito mejor… gracias a un tipo llamado Domínguez.


CONSULTORIO: LA SITUACIÓN LABORAL DEL GUIONISTA (ANTES DE DOMÍNGUEZ)

25 enero, 2010

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Hola guionistas.
Primero, enhorabuena por el blog, es una suerte tener reunidas a tantas mentes preclaras en una misma web.
Solo querría preguntarles cual es la regulación fiscal que se aplica en su trabajo, cobran una nómina, como casi todo hijo de vecino, o están en régimen de autónomos, lo cual puede llegar a ser un gran inconveniente según el mes. Es una curiosidad que tengo y, creo que si sus lectores, entre los que me incluyo, quieren dedicarse a la escritura de guiones televisivos y cinematográficos, deberían saberlo. (…)

Gracias por su blog y buena suerte a cada uno de ustedes en sus próximos proyectos

E.R.

Querido E.R., primero, gracias por tu consulta.

Segundo: has tenido suerte, entre las mentes preclaras de este blog, te contesta una de las únicas que no está, además, llena de sucias ideas.

Tercero: me preguntas por el régimen fiscal – laboral del guionista.

Suena cachondo.

Vamos con ello.

Primero, el párrafo “disclaimer”: hay un montón de situaciones diferentes, hay de todo en la viña del Señor, etc. Es decir, que, en cuanto publique esto, habrá cuarenta comentarios que dirán que en tal productora el régimen de contratación era diferente, que ellos tenían un contrato de esclavo especializado, que facturaban con IVA y que les pagaban por quinquenios.

Yo te cuento lo que es lo más habitual, según mi experiencia.

Lo más habitual es que los guionistas de una serie tengan un contrato por obra y servicio, y que la empresa no les dé de alta como empleados en nómina, sino que ellos mismos tengan que pagarse sus seguros sociales, como autónomos, y facturen a  la empresa el importe pactado por su trabajo.

Hay casos en los que los guionistas trabajan casi permanentemente en la sede de la productora: ejerciendo de escaletistas o argumentistas de una serie diaria o en un departamento de nuevos desarrollos, por ejemplo. En estos casos, sí puede darse el caso de que estén en la nómina de la empresa y, por lo tanto, sea ésta la que les pague los seguros sociales. Como tú indicas, esta situación puede ser mucho más favorable para el interesado: será la empresa quien pague sus seguros sociales, y el guionista tendrá derecho a cobrar subsidio de desempleo cuando se encuentre sin trabajo, etc.

Otra opción, menos habitual, es que el guionista facture a través de una sociedad, por que lo considere más conveniente a efectos fiscales. En este caso, en lugar de ser el guionista quien facture directamente a la productora, será esa sociedad de la que el guionista es “empleado”. Por lo que sé, los costes de la creación y mantenimiento de una sociedad sólo hacen aconsejable esta opción a guionistas que tengan unos ingresos bastante altos, que estén bien asesorados fiscalmente y/o utilicen esa sociedad para otros objetos y no sólo para facturar por su trabajo.

Por categorías, como he querido insinuar más arriba, son los dialoguistas los que suelen estar, sistemáticamente, empleados como autónomos y es entre los escaletistas y guionistas que trabajan en la empresa entre los que puede darse el caso de que estén dados de alta en la nómina como empleados de la productora.

Hasta ahora he hablado sobre televisión. En cine las cosas son muy sencillas: nadie te va a dar de alta como empleado por cuenta ajena. Tal vez ya hayas tenido que hacerlo pero, si no, lo más posible es que, cuando vendas a la productora de James Cameron ese guión para la secuela de Avatar, te tocará hacer una factura. Y, para ser legal del todo, tendrás que estar dado de alta como autónomo dentro del epígrafe de guionista tanto en Hacienda como en la Seguridad Social.

Tal vez porque en Hacienda se han enterado de la legendaria incapacidad de nuestro gremio para las cuentas, los guionistas estamos incluidos (en compañía de alfareros, pintores y escultores) en un epígrafe de Hacienda, el 861, que está exento de IVA. Es decir, ni cobramos el IVA en nuestras facturas ni debemos hacer la liquidación trimestral de este impuesto que deben hacer otros profesionales.

Eso sí, frecuentemente los propios funcionarios de Hacienda no saben cuál es el epígrafe que nos corresponde. Creo que nunca he estado más cerca de convertirme en el Michael Douglas de “Un día de furia” que en la sede de Hacienda, tratando de convencer a aquella señora de que no, de que no tenía obligación de declarar el IVA y que era ella quien debía conocer el epígrafe que me correspondía. Así que, en lugar del nombre de esa chavala que tal vez os abandone o del escudo de ese equipo de fútbol que puede descender, os recomiendo que hagáis como yo y os tatuéis ese número, el 861, en cualquier parte del cuerpo que podáis miraros en público. No lo lamentaréis.

Bien, como he comentado al principio, esta es la situación que he visto durante mis años como guionista. Sin embargo, como ya anunciaba el Guionista Hastiado en su post de este viernes, en la Inspección de Trabajo de Madrid hay alguien que cree que ésta no es la situación ideal.

Ese hombre se llama Domínguez y ha venido para cambiarlo todo.

La próxima semana os contaré lo que me dijo.


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