EL MISTERIO DE LOS SOBRES MARRONES

10 mayo, 2013

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por Ángela Armero

Un sobre marrón. No sé sabe quién lo envía, no se sabe quién es el destinatario. Ni, de momento, por qué algo tan vulgar merece una entrada de Bloguionistas.

“Hay que tener esperanza, que es lo que tira de la vida hacia el porvenir”. – Ramón Gómez de la Serna.

Voy a contaros algo de mí con la esperanza de que no suene discursivo ni paternalista. Os voy a contar algo que es verdad y que espero que os sirva. Sé que muchos de los lectores de Bloguionistas son estudiantes de guión, y otros tantos son, somos, más veteranos en la profesión.

Los aspirantes, los que llevan poco tiempo escribiendo guiones, envidian el callo de los veteranos, y los veteranos envidiamos, en ocasiones, el impulso y la motivación de los principios, la creencia de que todo es posible.

Avanzan los años, y parafraseando a Cervantes, “el tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan…”, con cada guión te haces más experimentado pero también más resabiado, más escéptico, vas comprobando que no hay nada fácil, que lograr cierto nivel de satisfacción más o menos permanente es muy complicado.

Entonces tu relación con la escritura se vuelve menos fogosa, menos impulsiva, mucho menos espontánea. La escritura, afortunadamente, se ha convertido en tu medio de sustento, pero te vuelves más prosaico y piensas más en mantener lo que tienes que en todo eso que querías escribir. Y si esa sensación de matrimonio tedioso gana a la pasión enfermiza, entonces has perdido.

Por eso hay algo que para mí ha servido y sirve como pasarela entre los dos mundos. Entre el entusiasmo (bastante ingenuo, por otro lado) de los comienzos y el peligro de apatía del guionista más o menos asentado.

Se trata de escribir lo que sea y mandarlo donde sea. Preferiblemente en un sobre de papel estraza. Un sobre marrón.

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En 2005 envié un guión a Estados Unidos y acabé vendiendo una opción de compra que, si bien no se ha materializado, se ha venido renovando desde entonces.

En 2007, envié mi proyecto de corto en un sobre de papel marrón al festival de Medina del Campo, y gracias al premio acabé dirigiendo mi primer corto.

He enviado muchos otros sobres, algunos me han dado alegrías, otros tristezas, otros nada. Pero siempre necesitas tener ilusiones puestas en el futuro. Siempre necesitas estar escribiendo, a veces cobrando, y otras, importantísimo, escribiendo para ti y para tener una expectativa de que algo estupendo te puede pasar, algo estupendo que has conseguido escribiendo.

Por supuesto, lo del sobre ahora queda un poco anacrónico. Puede valer un email, lo importante es escribir y tener esperanzas depositadas en concursos, en mandarle algo a ese productor del que sabes que busca guiones de terror, en ayudas del tipo que sea… Y cuando sientes todavía esa ilusión te das cuenta de que eres la misma persona que eras entonces. Ese sobre marrón, aunque vaya al otro lado del mundo o a un concurso de guiones de cortos de Albacete, en realidad está dirigido a ti. Y lo que dice es que sigues confiando en tus posibilidades.  Que sigues enamorado de lo que haces y que renuevas tus votos.

La cita de Cervantes se completa de la siguiente manera:

“El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan, y con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir.”


TALENTO PARA EL FRACASO

22 marzo, 2013

Por Ángela Armero

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“Baila como si nadie te viera; canta como si nadie escuchara; ama como si nunca te hubieran herido.”

A estas frases que suelen decirse para animar a la gente a vivir la vida hasta sus últimas consecuencias, yo, habiendo trabajado de guionista durante varios años en cine y en televisión, añadiría:

“Escribe como si nadie te leyera”. Y además lo pondría así, entre admiraciones y en negrita, para resultar más enfática: “¡Escribe como si nadie te leyera!” e incluso le añadiría el subtítulo “Crea como si nunca hubieras bajado del 20%.”

Al igual que sucede con todas las profesiones creativas, el fracaso está muy unido a todas las variantes del trabajo del guionista. Nada más sencillo que fracasar escribiendo una película que nadie ve o que el crítico de turno lincha sin miramientos, escribiendo la serie destinada a caerse después de tres capítulos emitidos que por fortuna nadie recordará dentro de unas semanas, firmando el último episodio de una serie en dificultades que recibe la última puñalada a manos de Falete arrojándose a una piscina.

No quiero entristecer a nadie. Tampoco quiero faltar a la verdad. El trabajo del guionista es fracasar, fracasar y fracasar, y de vez en cuando encontrar la rara perla del éxito, y entonces ¿qué toca? Todos juntos: más fracaso. Creo que hay dos características (de otras muchas tantas que podría mentar) que delatan al guionista profesional.

-Que compra los folios en tacos de 500.

-Que está habituado al fracaso.

Y así escribimos nuestras carreras, soñando con la niña bonita de nuestro disco duro, con el proyecto que demostrará nuestra valía, hasta que un día ese proyecto se hace… o una vez más se cae. ¿Qué pasa entonces? Hagamos un viaje al pasado. Al dolor que suponía que esas primeras pelis que escribías nunca terminasen de encontrar financiación, de esa primera serie diaria en la que trabajabas como dialoguista y de cuya cancelación te enteraste por vertele, o de la que se enteraron tus colegas antes que tú. ¡Cuánto escocía! Eran pequeños fines del mundo en miniatura, y ahora, sin embargo, te dan igual, porque del mismo modo que el crío cuya madre ha ido señalando su crecimiento con muescas en el quicio de una puerta, tu “niño” ya se ha hecho un hombre.

Es cierto que para ser buen guionista hace falta ser versátil. Y es cierto también que hemos de saber vendernos. Decir, por ejemplo: Soy buena con los diálogos, o controlo bastante la estructura, o se me da muy bien escribir comedias. Pues ahora os diré algo de mi: soy bastante solvente fracasando. Empecé con timidez, pero he ido ganando confianza con los años, y ahora fracaso con los ojos cerrados, las manos atadas a la espalda, fracaso los laborables, los festivos y en Año Nuevo, en mi barrio y en el extranjero, vestida de cóctel y en chándal, sola o acompañada, en inglés, en español, en courier y en Times New Roman.

Vamos, que te has convertido en una ceniza, que ya no pone ilusión en nada, diréis. Y no es eso. Sigo creyendo ciegamente en que este es el mejor oficio del mundo y me considero una afortunada por vivir de ello. Pero ya me cuesta mucho más creer en los futuribles. Igual que una tortuga que va tan tranquila por la playa y cada semana le caen unos cuantos cocos en la cabeza, he aprendido a caminar algo encogida, a dejarme llevar un poco menos y a alegrarme de los triunfos cuando llegan, y ni un minuto antes. Ni siquiera ha sido algo voluntario: es algo que simplemente ha ocurrido, a fuerza de decepciones.

Por supuesto, a nadie le gusta fracasar, y menos de forma habitual. Pero este trabajo lleva implícito una buena cantidad de fracaso, y como ya dije en una ocasión, hasta para fracasar hace falta tener cierta dosis de éxito. Y aquí viene la parte soleada del asunto. Como todos los talentos, el talento para fracasar también tiene sus recompensas y no son pequeñas.

1. Si uno conoce el fracaso y lo encaja con cierta elegancia torera, es mucho más fácil reencontrarse con la página en blanco, y una vez más, intentar dar lo mejor de ti mismo.

2. Los fracasos te hacen humilde y te mantienen alerta. Es lógico pensar: si en mi anterior proyecto hice un trabajo fino y aún así no fue suficiente, tengo que tener a mano todos mis recursos para igualar o superar la calidad de la obra anterior.

3. Los éxitos te debilitan. Cuanto más grande el éxito, mayor es la tentación de relajarse, confiar en exceso en tus  habilidades, e internarte por el camino de la chapuza autocomplaciente. La frase atribuida a Oscar Wilde “Un tonto nunca se recupera de un éxito”, es en mi opinión dolorosamente cierta.

4. Los fracasos te permiten seguir creciendo. Probablemente, si fueras de éxito a éxito, no verías la necesidad de mejorar y pasarías toda tu vida creativa en el mismo sitio.

5. Y por último, es mucho más hipster, como dice el twitter de la policía nacional, que las cosas te salgan mal. Los triunfadores son repelentes. Es mucho más fácil empatizar con alguien que tiene que encajar chascos como quien sortea charcos en un día lluvioso. Es fácil cogerle cariño, como al pequeño Nemo o al perrito Tristón.

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Y si todo esto no te alivia, o si crees que quizá esto no es para ti, te recomiendo un par de cosas.

Mi primera recomendación: que sigas practicando, fracasar es algo muy serio y hay que saber hacerlo con estilo, no de cualquier manera.

Y segunda: que escribas, de verdad, como si nadie te fuera a leer, sin pensar en esa enorme y compleja industria fagocitadora de ilusiones y esfuerzo que respira su aliento helado en nuestra nuca. Si el simple hecho de escribir te gusta, entonces tiene sentido que te prepares para todas las batallas que vas a enfrentar, en los fracasos que forjarán tu carácter y tu experiencia, en los éxitos y momentos épicos que matizarán tus ratos de descreímiento y tristeza. Pero si no te gusta, no te empeñes. Que una cosa es fracasar y otra ser tonto.

Aprovecho para comentaros que desde hace algunas semanas escribo un blog sobre series de televisión en Diario Kafka, el suplemento cultural de Eldiario.es. Si os interesa, podéis leerlo aquí.


LA CARTA DE KATHRYN BIGELOW

25 enero, 2013

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por Ángela Armero

Traduzco (libremente) esta carta de Kathryn Bigelow publicada por el diario Los Angeles Times por su interés y porque me parece que pone en la mesa temas de debate muy interesantes. La escribió a instancias del periódico Los Angeles Times para que definiera su postura frente a las criticas que suscita su película. Aquí está el original.

Durante mucho tiempo, más años de los que me apetece ponerme a contar, pensé que la película que llegó a ser “Zero Dark Thirty” nunca se haría. El objetivo, hacer una película moderna y rigurosa sobre el combate al terrorismo, en torno a una de las misiones más importantes y clasificadas en la historia de América, era suficientemente atractivo y trascendente, o eso parecía. Pero había demasiados obstáculos, demasiados secretos, y políticos entorpeciendo el camino.

Sin embargo, gracias a la gran tenacidad de mi equipo y una dosis enorme de suerte, hicimos la película y conseguimos socios con la valentía suficiente para estrenarla.

Y entonces llegó la controversia.

Ahora que “Zero Dark Thirty” ha aparecido en cines de todo el país, mucha gente me pregunta si me sorprendió la polémica que levantó el film cuando sólo se había visto en pases contados, y aún así mucha gente con criterio ya la había definido de formas increíblemente contradictorias. El Times me ha pedido que desarrolle algunas de las declaraciones que he hecho alrededor de este tema. No estoy segura de tener nada nuevo que añadir, pero si puedo intentar ser concisa y clara.

Primero de todo: Apoyo la Primera Enmienda que garantiza el derecho de cualquier americano a crear obras de arte y a expresar su opinión sin ningún acoso o interferencia gubernamental. Como pacifista de toda la vida, apoyo todas las protestas contra el uso de la tortura, y simple y llanamente, contra cualquier tipo de tratamiento inhumano.

Pero me pregunto si alguno de los sentimientos que han sido expresados acerca de la película deberían dirigirse en contra de aquellos que han institucionalizado y ordenado esas políticas gubernamentales, en vez de contra la película que los lleva a la pantalla.

Los que trabajamos en las artes sabemos que mostrar algo no es apoyarlo. Si lo fuera, ningún artista sería capaz de pintar prácticas inhumanas, ningún autor podría escribir sobre ellas, y ningún cineasta podría profundizar en los asuntos más oscuros de nuestra época.

Este es un principio importante para un artista, y merece ser repetido. Porque confundir el hecho de mostrar una situación con apoyarla es el primer paso hacia perjudicar la habilidad de cualquier artista americano de arrojar una luz en temas espinosos, especialmente cuando estos temas está ocultos bajo capas de secretismo y ocultismo gubernamental.

De hecho, estoy muy orgullosa de formar parte de una comunidad de Hollywood  que ha convertido las películas que cuestionan la guerra en una tradición cinematográfica. Claramente, ninguna de estas películas habría sido posible si directores de otras épocas se hubieran abstenido de retratar las crudas realidades del combate.

En un nivel práctico y político, me resulta ilógico armar un caso contra la tortura ignorando o negando el papel que ha jugado en las políticas y prácticas de contraterrorismo de los EEUU.

Los expertos no se ponen de acuerdo en torno a los hechos y particulares de la caza de la inteligencia militar, y sin duda ese debate va a continuar. En cuanto a lo que yo personalmente creo, que ha sido objeto de preguntas, acusaciones y especulación, pienso que Osama Bin Laden fue encontrado gracias al ingenioso trabajo de investigación. Sin embargo, la tortura, como todos sabemos, fue empleada en los primeros años de su búsqueda. Eso no significa que fuera la clave para encontrar a Bin Laden. Significa que es parte de la historia que no podemos ignorar. La guerra, lógicamente, no es bonita, y no estamos interesados en retratar esta acción militar como si estuviera libre de consecuencias morales.

En ese mismo aspecto, creo que no deberíamos descontar y que nunca deberíamos olvidar los miles de vidas inocentes perdidas en el 11S y consecuentemente los ataques terroristas. No deberíamos nunca olvidar la valentía de esos profesionales en las comunidades militar y de espionaje que pagaron el mayor precio en el esfuerzo de combatir una grave amenaza en la seguridad de nuestro país.

Bin Laden no fue derrotado por superhéroes que bajaron volando del cielo; fue derrotado por americanos normales que lucharon con valentía al tiempo que a veces cruzaban líneas morales, quienes trabajaron intensamente y que se entregaron en cuerpo y alma, tanto en la victoria como en la derrota, en la vida y en la muerte, en la defensa de esta nación.

Personalmente me gustan mucho las dos obras bélicas de la directora (escribí esto sobre “The Hurt Locker”) y creo que su afán es idéntico en las dos: mostrar hechos trascendentes y deliberadamente ocultos por políticos y medios en la historia reciente de EEUU y contextualizar el rol del individuo en esos actos y mostrar cómo afectan a su vida.

Bigelow dice que su intención era hacer una película rigurosa y moderna sobre el contraterrorismo en la América post 11 de Septiembre. Los hay que encuentran la propuesta patriotera, propagandística o también antipatriota o antiamericana; si se molesta a tanta gente es señal de que se ha sido bastante imparcial. Pero eso no quiere decir que ella haya querido hacer un documental. (Tampoco hubiera podido.)

Por supuesto no se le puede pedir a Bigelow que ella cuente su historia desde un punto de vista ya no belicista o antibélico, sino no-americano, puesto que no esperaríamos, como decía Javier Marías en este artículo, que un chino cuente una historia desde un prisma que no sea el suyo, desde su país, su cultura, sus vivencias; no se puede esperar que no sean sus víctimas las que más le duelan y sus profesionales o soldados los que más tiempo e interés le merezcan.

Hay otro ángulo que me gusta en esta carta y en Bigelow, y que parece llevarle la contraria a todas las piezas periodísticas que últimamente le dedican: que no le da ninguna importancia al hecho de ser mujer, ni ve nada peculiar en que una mujer haga películas sobre la CIA capturando a Bin Laden o sobre la guerra de Irak. Por supuesto también creo que cuenta muy bien lo duro que resulta hacer una película y especialmente una que retrata temas tan sensibles como éstos.

Hay quien ve las pelis de Bigelow como propaganda. Yo las veo como muestras de talento y valentía, y no sólo en la elección del tema, sino en la forma de llevarlo a la pantalla.

¿Y vosotros?


LO IMPOSIBLE: PLAY IT AGAIN, SAM

21 diciembre, 2012

por Ángela Armero

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Por fin he visto “Lo Imposible”, el éxito descomunal de este 2012. Yo, que me emociono con dos de pipas, a priori me sentía algo reticente a experimentar el sufrimiento de unos padres que luchan por encontrar a sus hijos en el tsunami de Tailandia de 2004. Pensé que si yo tenía esta resistencia sería algo común. Pero no: las cifras demostraron enseguida que, por dura que fuera la premisa, la historia atraía a las masas al cine.

De vez en cuando surge una película que se convierte en un fenómeno del que todo el mundo habla. Sin despreciar la espléndida labor de promoción de Telecinco, “Lo Imposible” ha obrado el milagro de interesar a todos.

Y creo que la fuerza de “Lo Imposible”, aparte de la soberbia producción y del talento visual de Bayona, reside en buena medida en que es una narrativa ritual. Es una de esas historias que se cuentan desde la noche de los tiempos, algo que todos ya sabemos pero que nos encanta escuchar y confirmar así lo que ya sabíamos. Ese tipo de cuentos no sólo nos sirve para afianzar nuestras creencias, sino para sentirnos más cerca de nuestros semejantes.  Apoyan nuestra forma de ver el mundo y nuestros lazos con los demás y con la realidad.

Por supuesto, esta historia “ritual” se apoya en una lección básica: Sólo frente a la adversidad es cuando realmente los seres humanos entendemos por fin qué es lo más importante de la vida: nuestros seres queridos. Lo sabemos, pero queremos que nos lo cuenten. Nos gusta sentir la pérdida, vivir la alegría del encuentro, paladear el luto por la tragedia cercana y sentirnos afortunados por conservar a nuestra familia y nuestra rutina, nuestro presente que con tanta alegría solemos despreciar. Es “Titanic”, y también es “Lo Imposible”.

He hablado con amigos de esta película y varios me han dicho: “No va de nada”, argumentando que quizá su planteamiento sea excesivamente minimalista, a pesar de que hay otros retazos de las tragedias de otras víctimas. Pero yo opino que ante la pureza de una madre buscando a sus hijos casi todo lo demás palidece. Además, creo que hay un interesante ejercicio narrativo que no por sencillo es menos eficaz o emocionante; la emoción, para mí, es el mayor reconocimiento que puede lograr una obra de arte: las rimas de la película.

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“Lo Imposible” tiene dos partes: el antes y el después. Y consigue emocionar mostrando el mismo elemento antes y después de la tragedia, mostrando cómo la tragedia es ese catalizador mágico que nos ayuda a conseguir perspectiva. Pondré algunos ejemplos. (Atención ESPOILER.)

La lata de Coca Cola eeeh refresco rojo. Al llegar al resort, el hijo mayor quiere una lata de Coca Cola pero sus padres no le dejan, le dicen que se tome un zumo. Después del tsunami, cuando su madre, un niño que han encontrado (Daniel) y él, están subidos a un árbol en medio de la riada, abren una que el hijo mayor encuentra por ahí y la comparten. Sensación de vivir.

La pelota roja. Con ella juegan los niños y el padre (Ewan McGregor) justo antes de la ola y vuelve a aparecer, embarrada, como pista de la cercanía de sus hijos.

El avión. Al ir, cada uno va enfrascado en sus cosas, hay turbulencias, es una escena cotidiana que muestra una familia bien avenida pero no demasiado armónica. Al volver, se trata de un avión medicalizado, en el que viajan casi en silencio con la madre entubada, mientras el sol va invadiendo sus caras, llenándoles no solo de felicidad sino también de certeza, de la paz que han buscado en su viaje.

Las estrellas. La noche previa al tsunami, uno de los hijos no puede dormir. Le dice a su madre que vean las estrellas, ella dice que las verá cualquier otro día. Después ese niño se encuentra con una anciana (Geraldine Chaplin) que le habla de la luz de las estrellas, que sigue viajando incluso cuando ya están muertas. Es una escena conmovedora sobre la pérdida, y que al parecer Bayona no quería incluir en la película por no ralentizar la acción, pero que era imprescindible para su guionista Sergio G. Sánchez… y Bayona se dejó convencer y al parecer se alegra de haberlo hecho.

El mensaje de este pareado de escenas es doble. Por un lado habla de algo que todos sabemos: disfruta el presente, bébete esa coca cola, contempla las estrellas, huele las flores. Por otro, nos recuerda algo que tampoco es una novedad: que el amor perdura más que las personas que nos lo inspiran. Y de todo esto consigue hablar en dos escenas, o mejor aún, en una línea de diálogo y una escena posterior. ¡Para que luego digan que no va de nada!

Hay otros ejemplos, y otras metáforas (también me gusta mucho la escena en la que lanzan los farolillos al cielo y los suyos parecen ascender en dirección distina a los demás y no saben si llegarán a subir, la del coma y el ascenso a la superficie de María) pero creo que el mecanismo de emplear la misma imagen o recurso antes y después es sumamente eficaz… porque es como la vida misma. Es como escuchar el mensaje en el contestador de una persona que forma parte de tu vida, y tiempo después escuchar ese mismo mensaje cuando esa persona ya ha fallecido. Es lo mismo, pero es diferente. Ya lo dice McKee: las historias se cuentan a través del cambio.

¿Es previsible “Lo Imposible”? Probablemente, máxime cuando es fácil conocer la historia real que inspiró la película. Pero igual de previsibles son los mensajes rituales que nos gusta oír, como los antiguos alrededor de una hoguera. La anécdota del carnet de conducir, la aventura sentimental de final amargo, el accidente que casi nos cuesta la vida, historias que nuestros familiares y amigos nos cuentan casi en cada reunión, casi en cada Navidad, con el mismo turrón y las mismas uvas; y en ocasiones pedimos que nos lo cuenten otra vez.


DOS LUGARES SOLITARIOS

23 noviembre, 2012

por Ángela Armero

“En un lugar solitario”, dirigida por Nicholas Ray y escrita por Andrew Solt a partir de una novela de Dorothy B. Hugues, es una de mis películas favoritas. Quizá porque a los guionistas, hartos de nuestra falta de notoriedad, nos encantan las pelis como ésta, “Barton Fink” o “Adaptation” en la que los protagonistas son gente como nosotros.

Es la historia de Dixon Steele, un guionista conflictivo y venido a menos que recibe el encargo de adaptar un best-seller de nula calidad literaria. Steele le pide a una chica que trabaja en el guardarropa del club que frecuenta que le cuente la historia de la novela con sus propias palabras. Pero a la mañana siguiente la policía se presenta en la casa del escritor comunicándole que la joven sido asesinada… y Steele se convierte en el principal sospechoso. En la comisaría conoce a una bella actriz, Laurel Gray, y se enamoran, pero gravita sobre su amor la sospecha de que él sea un asesino.

Pero tan interesante como la película es su intrahistoria. Lo que sucedió antes, durante y después de su filmación.

Durante el rodaje el director Nicholas Ray y su esposa y protagonista de la película (Gloria Grahame) se separaron sin decir ni pío. Temían que la noticia de su ruptura provocara que alguno de los dos fuera despedido. Ray decía que necesitaba quedarse trabajando hasta tarde para poder dormir en el set de rodaje. El truco funcionó y nadie se enteró de lo sucedido. Algo después, Gloria Grahame se casó con el hijo de Nicholas Ray, el que había sido su hijastro.

Bogart quiso que fuera Lauren Bacall, su esposa, quien interpretara a Laurel. Pero el director se empeñó y logró que fuera Grahame la que se llevara el papel. Por el rodaje se dejaba caer Bacall, la mujer del protagonista, que pretendía el papel que la esposa del director se había llevado. Por otro lado, Bogart se sentía más identificado con Dixon que con ningún otro papel que hubiera interpretado; sentía que su personaje se parecía mucho a quien él era en realidad.

Además, el complejo de apartamentos en el que viven en el film Gloria y Dixon es una réplica exacta de la casa en la que en aquel momento vivía el director con su mujer.

En la novela de Dorothy B. Hugues, Steele era un asesino y un violador. Ray explica que quiso cambiarlo porque quería hablar de la violencia cotidiana dentro de todos nosotros. Y yo, que la he visto unas cuantas veces, me atrevo a decir que necesitaba hablar del tormento de su separación, o quizá de cómo el carácter de una persona puede destruir el amor de dos personas que se quieren.

Cada día Ray seguía reescribiendo el guión entre las cajas del rodaje, a veces hasta horas antes de rodar. En el final previsto, ESPOILER Dixon Steele mataba a Laurel Gray en el calor de una discusión, pero Ray rechazó ese final. El desenlace que quedó para la historia fue, según se cuenta, improvisado por Nicholas Ray. Sabiendo todo esto, resulta imposible no pensar que la película se alimentaba de la vida y la vida de la película.

Mucho se podría escribir de “En un Lugar Solitario”, de lo bien definidos y seductores que resultan sus personajes, de lo maravillosos que son sus diálogos y del poso que deja su recuerdo, que perdura a través de los años. Otro tanto se podría decir de las relaciones tortuosas de Nicholas Ray con Gloria Grahame, y del extraño segundo matrimonio de la actriz con el hijo de éste.

Sin ser (afortunadamente) tan tortuosas ni melodramáticas, nuestras vidas también ofrecen historias que permiten que sepamos más de nuestros congéneres y de nosotros mismos.

En las reuniones de guionistas se suelen emplear ejemplos para apuntalar algunas ideas de las que se lanzan en medio del brainstorming. Hay dos tipos de guionistas: los que hablan de lo que vieron una vez en CSI o en Las Chicas de Oro y los que cuentan lo que han visto, lo que han sentido, lo que han experimentado en su propia persona o  que lo saben por alguien muy cercano. Y siempre resultan mucho más interesantes las ideas que vienen de la vida (oportunamente destiladas) que las fotocopias de las ideas de otras series, que pueden ser a su vez copias de otras. La vida es, creo yo, la mejor inspiración.

Hace bastantes años ya, en la primera clase que nos dio Juan Miguel Lamet en la Escuela de Cine, nos puso un ejercicio: “Escribid algo de alguien a quien quisieráis y haya muerto.”

En ocasiones resulta doloroso escribir algo la verdad, pero merece la pena intentarlo. Recrear la vida debería ser la mayor aspiración y el mayor logro de cualquier escritor.


CONSULTORIO: SE BUSCA PILOTO

12 octubre, 2012

por Ángela Armero

El lunes comienzo otra vez mis clases de Guión de Tv. Este año y después de haber analizado muchas veces el episodio piloto de “The Shield” y otras tantas el de “Friends”, me estoy planteando analizar otro para no aburrirme o acabar recitando los diálogos de Vic Mackey como Will Smith hace con Shrek en “Soy Leyenda”.

Y en esta situación, oportunamente llega este correo desde el otro lado del océano:

Hola como estas!! Soy L. N., estudiante de Maestría de Comunicación y Comercialización Publicitaria de la Universidad del Salvador en Buenos Aires – Argentina.

Estoy en proceso de desarrollo de mi tesis de Maestría e investigo las series de Tv norteamericanas más influyentes en Latinoamérica, por lo tanto estoy haciendo una encuesta sobre las series que más vemos los latinos. Será que ustedes me pueden colaborar publicando en su páginael enlace a la encuesta para que sus lectores me colaboren? Es una encuesta por medio de google docs, por lo tanto no es spam ni existe riesgo para los usuarios.
es agradecería mucho, ya que la muestra la necesito realizar en todo Latinoamérica y tengo entendido que cuentan con bastantes lectores en esta región. Muchas Gracias por su colaboración, la encuesta la encuentras enhttp://www.leonieto.com/ o en http://leonieto.blogspot.com.ar/

Gracias!

No sé lo que es una tesis de maestría, pero la  encuesta me viene muy bien. (Yo ya la he hecho.) Cuando se publique este post, el viernes, quedará todo el fin de semana para deshojar la margarita sobre qué serie poner para empezar a contar algunas cosas sobre construir historias en general y escribir para televisión en particular.

A modo de encuesta mucho más de andar por casa, he preguntado en facebook y mi twitter y estas son las series más populares. Gracias a todos por opinar; por discreción no menciono los nombres de los participantes, aunque espero que alguno aparezca en los comentarios.

THE NEWSROOM

BREAKING BAD

SHAMELESS

SHERLOCK

MAD MEN

No es un trailer, es la mágica explicación del Carrusel.

Mayoritariamente se vota por títulos extranjeros, casi todos británicos y estadounidenses, pero también se apuesta por series españolas: “Desaparecida”, “Gran Hotel”, “Aída”, por poner algunos ejemplos.

DESAPARECIDA

A la relación de títulos de habla no inglesa yo añadiría el piloto de esta enorme serie italiana:

ROMANZO CRIMINALE

¿Cuál recomendaríais vosotros?


TIME LAPSE

7 septiembre, 2012

por Ángela Armero

Me encanta la técnica fotográfica conocida como time lapse y desde hace algunos años soy una fanática-pero-lamentablemente-amateur realizadora de timelapses bastante cutres, pero me da igual, porque me divierte mucho experimentar con ellos. Los he hecho de varias formas: con una cámara compacta, con el teléfono móvil, de cenas, de atardeceres, de nubes, de personas, de pingüinos. Esta forma de crear vídeos, como seguro que casi todos sabéis, consiste en “en la captación de imágenes fijas que después son reproducidas a una velocidad mayor a la que fueron tomadas”, según la wikipedia, es muy estética y además me recuerda al trabajo del guionista.

Un timelapse no es más que una selección de imágenes, de momentos, para contar algo, generalmente en torno a un objeto, paisaje o persona fijo mientras el fondo o propio sujeto cambia. Nuestro trabajo también consiste en escoger los momentos que mejor y de forma más concreta (y a poder ser artística) narran una historia. De hecho, un timelapse se parece mucho a una escaleta en tanto en cuanto se elige el marco temporal y el espacio concreto para tomar cada fotografía y se ordena esa sucesión de vistas para contar algo.

Lo que me encanta de esta técnica es que ofrece una forma alternativa y sin embargo real de observar el mundo. Del mismo modo que en la vida real la “observación del natural en directo” es engañosa, el tiempo ofrece, con el paso de los años, una perspectiva mucho más acertada (si dejamos aparte las traiciones de la memoria, por supuesto.) El timelapse, como muchas buenas películas, ofrece un nuevo punto de vista que sería inaccesible a nuestros ojos.

Porque si es difícil ver cómo crece un árbol, también lo es asistir al desamor de una pareja o entender la corrupción en una empresa a menos de que se disponga de tiempo y de la atención para señalar los “hitos” más significativos en esas historias.

Por eso es imprescindible manejar el tiempo en nuestros guiones, porque sin tiempo no hay historia, y conviene ser meticuloso en este diseño temporal. Una vez más, los manuales tienen razón cuando exigen al autor de un guión decidir o planear en cuánto tiempo transcurre la narración como parte de una preparación básica, y que debería quedar establecida en la escaleta. El tiempo lo es todo, es más importante que la identidad, porque la identidad cambia con el tiempo.

Elvis Presley, 1956.

El último concierto de Elvis Presley, el 26 de Junio de 1977.

El tiempo lo es todo, porque define la historia y muchas veces el género (“A la hora señalada” y “24″ son dos historias pioneras en la narración en “tiempo real” y las dos son thrillers), y porque nuestra peli cambia mucho según donde escojamos poner el punto final. Puede ser una comedia romántica si acaba en boda (como tantos miles de ellas) o un drama descorazonador si contamos lo que pasa después de ese momento feliz en por ejemplo, “Kramer contra Kramer”. “Million Dollar Baby” podría ser la típica película sobre superación a lo Billy Elliott si finalizara con el triunfo de la chica, pero su desenlace cambia completamente la perspectiva e incluso el sentido de la narración. ¿Dónde cortamos el relato? y ¿Cuánto tiempo le damos, dentro de la ficción y fuera de ella? son preguntas que van unidas y que hemos de poder responder. Eso es lo que diferencia al cine de otras artes que se experimentan de forma más personal o subjetiva: la obra sucede ante tus ojos cada vez que le das al play, y por eso el tiempo es una herramienta más del cineasta.

Es tedioso pensar en días y en horas y en meses y semanas, pero es necesario y aunque cuesta, casi siempre suele venir en nuestra ayuda, ya que todo lo que nos ayude a conseguir aspecto de realidad dará como resultado una obra mejor. ¡Qué grandes momentos da el tiempo!, o como dicen las madres, ¡la vida da muchas vueltas! (Vídeo del final de Doctor Zhivago. Ojo, espoiler.)

Me gustaría escribir guiones que fueran como un buen time lapse. Me gustaría poder contar una historia como lo hace esta técnica: mostrando la vida secreta de  las cosas, los lugares y las personas.

Antes de despedirme, me voy a marcar un “por cierto”. Mi curso para aprender a escribir guiones de televisión comienza el 8 de Octubre en Hotel Kafka, y el de Bloguionistas, el 24 de Octubre. Más información en los enlaces.


MIL PALABRAS

6 julio, 2012

por Ángela Armero

Recientemente nuestro rey tuvo que disculparse por haberse ido a cazar elefantes a Botswana en plena crisis ecónomica. La indignación corrió como la pólvora y Juan Carlos I dijo que lo sentía y que no lo volvería  a hacer. La traducción en palabras del incidente era lamentable, sobre todo por el hecho de que si no se hubiera roto una cadera jamás nos hubiéramos enterado de su pasatiempo real, pero creo que lo que terminó de desatar la polémica fue esta imagen.

Como española sentí rechazo ante la idea de que uno de los símbolos más visibles de mi país, el Rey, apareciera vinculado a la caza de un hermoso animal. Muerte, exhibicionismo, rifles y monarquía en una sola imagen: demasiado. Quizá, al margen del indudable talento deportivo de la selección española, la adhesión unánime que despierta tiene que ver con lo sencillo que resulta asociarnos a una imagen como ésta:

Éxito, juventud, belleza, felicidad. Las dos imágenes representan al mismo país y las dos son ciertas, pero no podrían ser más opuestas. Pero incluso en nuestra valoración (por lo general peyorativa) de la polémica caza del elefante también influyen otras historias previas, basadas en una cultura alimentada de otras imágenes. Sentimos un rechazo casi inmediato ante la muerte de un animal majestuoso y que por lo general hemos visto en el circo, en el zoo… y que necesita una pluma para volar.

Para muchos, el primer elefante de nuestra vida. Walt Disney ha influido tanto en la cultura popular que al menos en mi caso creo que no puedo desvincular mi disgusto ante la proeza cinegética del Rey de la identidad de Dumbo, ese animalito tierno, bueno, inofensivo y que supera sus limitaciones. De alguna manera, para mí todos los elefantes son herederos de la primera historia con elefantes que yo asimilé. Pero luego te encuentras con esto:

Y este elefante es más real que el anterior. Los elefantes son animales salvajes a los que los granjeros odian y que dejan sin alimento a buena parte de los cuadrúpedos con los que comparten territorio. Y por supuesto, irritables bestias que frecuentemente dan el susto de su vida a los turistas de safari. Difícil volver a Dumbo después de haber vivido una experiencia como ésta. Difícil volver al casi unánime cariño del país hacia su rey, fundamentado en imágenes como ésta.

Ese es el poder de las imágenes: la última que recibe el espectador o ciudadano tiene mucho más fuerza que la anterior, por muchos años de arraigo que esta tuviera.

Por eso, los manuales de guión se refieren machaconamente a la importancia de contar las historias en imágenes y creo que tienen razón. Por supuesto no hay que volverse loco, como mucha gente que se lo toma al pie de la letra y exige que un guión se componga enteramente de imágenes, despreciando la necesidad e importancia que una escena de dos personas hablando en una mesa pueda tener en el conjunto de una historia. En realidad, contar en imágenes es casi lo mismo que otro cliché de los manuales de guión: una persona es lo que hace… o lo que no hace.

Y todo lo anterior habla de la responsabilidad que tenemos todos a la hora de sentarnos a escribir: la obligación de encontrar la mejor imagen con la que contar nuestra historia y quizá, de paso, ahorrarnos unas cuantas palabras.


AMAZING THINGS WILL HAPPEN

25 mayo, 2012

Hace poco Pablo Remón, amigo y compañero de la ECAM, tutor de tercer curso de guión de la escuela de Cine de Madrid y uno de los mejores guionistas de su generación, me invitó a dar una charla a sus alumnos. Para mi fue una bonita sensación, poque ambos estudiamos en la misma clase, junto a otras personas que a día de hoy son imprescindibles en mi vida. Además, visto desde la distancia, puedo decir que mis tres años de alumna de guión fueron una época muy feliz, tan llena de torpeza como de entusiasmo e ilusión.

Cuando me presentó les dijo a los estudiantes que yo había tenido una carrera larga y muy variada, que había hecho un montón de cosas, desde cine a tele, que había dirigido y escrito dos cortos, dado clase, etc. Al oírle decirlo, me di cuenta de que era cierto, aunque no había pensado mucho en ello antes. Así que me senté y les conté mi vida profesional prácticamente entera. Tuve que dar un par de palmas para despertar a alguno en medio de la chapa.

No tengo intención de transcribir la charla, porque el post se haría largo, aburrido y caótico. Pero creo que hay dos o tres sugerencias que me hubieran ayudado cuando yo estaba en los mismos pupitres que ellos ocupaban, hace bastantes años. Con deciros que en las aulas de la Ecam se fumaba cuando yo era estudiante, creo que ya está casi todo dicho.

1. Explota al compañero.

Desde mi salida de la escuela, mis compañeros de clase han sido y son buenos amigos, pero también y con mucha frecuencia han sido compañeros de trabajo. Es útil relacionarte con ellos porque el día de mañana, ellos te darán trabajo, o tú se lo darás a ellos. Y algo menos prosaico: vas a aprender tanto de ellos como de los profesores, o puede que más.

2. Termina lo que escribes.

El mundo está lleno de novelistas y guionistas increíblemente talentosos y brillantes pero vagos. ¿Cuál es la diferencia entre ellos y los autores muchas veces mediocres que se ganan la vida escribiendo? Que los segundos tuvieron la disciplina y el coraje de terminar sus guiones, novelas o proyectos; como mínimo, completa un estadio de tu obra que te sirva para ser propuesta o enseñada (un documento de venta de una serie; una sinopsis atractiva; un primer borrador, aunque tenga carencias). En primer lugar y sobre todo, porque sólo escribiendo se aprende. Y en segundo lugar, si no tienes un currículum extenso, no te va a servir de mucho pedir trabajo sólo con tu nombre y un título. Por eso es mejor incluir una prueba de que mereces que te hagan una prueba. Te coloca por delante en la carrera de los recién licenciados.

3. Compites contra tí mismo.

El mundo de la creatividad está lleno de frustración, envidias y sinsabores. No puedo asegurar que compense en todos los casos (sería mentir.) Creo que sólo compensa si, independientemente del resultado, te lo pasas bien escribiendo. Sin embargo, y aunque tengo la fortuna de pertenecer a este último grupo, sí he experimentado muchos más fracasos que triunfos (la proporción no la revelo para que no os pongáis tristes… o quizá sea yo quien no lo quiere recordar). Con cada fracaso he experimentado una dosis mayor o menor de frustración. Después de mucho cabrearme como una mona, durante muchos años, he aprendido algo que hace que me sienta mejor: sólo puedes exigirte el máximo de tu capacidad. Una vez alcanzas tu límite, o que crees que estás cerca, que ya no puedes hacerlo mucho mejor, entonces, aunque fracases, puedes y debes estar tranquilo. Porque todo lo que podías hacer ya lo has hecho. No puedes ser otra persona, y siempre habrá alguien mejor; tampoco puedes controlar muchísimos factores que intervienen en el destino de una producción audiovisual que no dependen de ti. Pero lo que sería auténticamente triste sería pasar de puntillas por tus propias habilidades. Eres a tí mismo a quien debes superar.

Las tres sugerencias son bastante obvias pero honestamente creo que son sensatas, me tendréis que perdonar el aire discursivo y de “hágalo usted mismo” del texto. Creo que es muy difícil hablar como si se fuera un ejemplo cuando las vidas, y también las carreras, a veces no tienen más sentido que el que les da el profesor o “charlatán” a la hora de relatarlas. Y es que eso es lo que hacemos: intentar “contarlo bien”, intentar articular los relatos de forma que tengan sentido.

No puedo prometer que lo tenga; si puedo asegurar que al menos lo he intentado.

Y de postre, un vídeo de alguien a cuya charla me hubiera encantado asistir y cuyas palabras me permito citar para acabar el texto.

“Por favor, no seáis cínicos. Odio el cinismo; para que conste, es la cualidad que menos valoro, no conduce a ningún sitio. En la vida, nadie consigue exactamente lo que esperaba conseguir. Pero si trabajas realmente duro y eres bueno con los demás, ocurrirán cosas asombrosas. Os lo digo: ocurrirán cosas asombrosas.”


MUJER DE CARRERA VS AMA DE CASA

4 mayo, 2012

por Ángela Armero

En el episodio 17 de la tercera temporada de “The Good Wife”, (ATENCIÓN ESPOILER del episodio), Alicia Florrick, abogada que lleva tres años trabajando después de haber dedicado quince a ser madre y esposa, se entera de que una joven compañera de su firma quien además ha sido su pupila, Caitlin, deja el bufete porque está embarazada y va a casarse. Alicia quiere que reconsidere su decisión.

ALICIA: Eres una buena abogada, Caitlin. Eres avispada e inteligente y hoy has manejado el interrogatorio como una profesional. No puedes renunciar a esto. Si lo haces, incluso por alguien que es importante para ti, es posible que lo lamentes.

CAITLIN: No estoy renunciando por mi prometido. Lo estoy haciendo por mí misma. Me gusta la ley, pero amo a mi prometido.

ALICIA: Pero no tienes que elegir. No hay ninguna razón por la que no puedas trabajar, ser una esposa y una madre.

CAITLIN: Pero quiero elegir. A lo mejor es diferente para mi generación, pero no tengo que demostrar nada. O si tengo que hacerlo, no quiero. Estoy enamorada.

ALICIA: Siento no haber sido mejor mentora para ti, Caitlin.

CAITLIN: Has sido una mentora estupenda. Gracias.

Después, en el epílogo de este episodio, Alicia visita su antigua casa, en la que vivió durante quince años con sus hijos y el que fuera su marido, y al ver las marcas de crecimiento de sus hijos en el listón de una puerta, se echa a llorar.

¿Cuál es el universo de “The Good Wife”? Chicago, en la actualidad. Alicia Florrick, esposa de un fiscal del distrito envuelto en un escándalo sexual, retoma su carrera como abogada después de la decepción que suponen las revelaciones sobre su marido y el fracaso práctico de su matrimonio. Va a parar a una firma en la que hay dos socios: Will y Diane. Will es de su edad y es un brillante abogado de caracter decidido, aunque con un compás moral bastante ambiguo. Diane por su parte tiene como unos sesenta y es una mujer soltera, brillante, independiente y que a pesar de su avanzada edad no ha perdido interés ni por el trabajo ni por los hombres. Hay otros personajes femeninos, pero sólo con el protagonismo de Alicia y del hecho de que haya otras mujeres como Diane, Caitlin o Kalinda (una investigadora de carácter muy independiente, sexualmente ambigua y con gran talento para la deducción) ya sabemos que es una serie diferente, en la que las mujeres ocupan cargos de poder y son tan relevantes como sus compañeros.

El diálogo con Caitlin ejemplifica bien el dilema, el arco del personaje de Florrick. Pasa de ser una ama de casa a una mujer que vuelve a apostar por su carrera, y eso le acarrea frecuentes problemas con sus hijos, con su marido del que está separada, con su suegra, y consigo misma. Su opinión es que no hay que elegir- pero la serie habla de los conflictos que le supone compatibilizar su faceta profesional y personal. El título “La buena esposa” alude a lo que se espera de una mujer hoy en día: todo. La igualdad (por suerte) se traduce en una doble obligación, al menos en su caso: cuidar de sus hijos y poder superarse cada día en un trabajo muy exigente en tiempo y energía.

Me parece admirable que un drama tenga como protagonista a una mujer que sea trabajadora, esposa, madre y que tenga más de cuarenta años, (rasgos que comparte con Sarah Linden en “The Killing” y con el personaje de Belén Rueda en “Luna, el misterio de Calenda, por cierto)  y que dibuje un entorno en el que las mujeres, y no sólo las veinteañeras, sino las “señoras” sean otra cosa que intereses sentimentales, comparsas o confidentes.

Pero si encima “The Good Wife” es capaz de plantear el argumento opuesto al deseo de la protagonista (deseo quedarme en casa, no tengo por qué elegir) y no lo hace de forma sesgada o en boca de un personaje poco atractivo, sino en el parlamento de una mujer joven, inteligente y capaz, sólo me queda aplaudir y aprender. Tan machista y desfasado es pretender que las mujeres se queden en casa como sectario e intolerante desautorizar a aquellas que deseen hacerlo. Parece un mensaje simple, pero yo no recuerdo haber visto (recientemente) una trama tan bien planteada y honesta: lo importante es poder decidir. Más interesante y valioso que la conclusión es, por todo lo anterior, el lugar y la forma en la que se plantean estas cuestiones.

El epílogo supone un maravilloso ejemplo de lo que sugieren todos los manuales: que los personajes alberguen contradicciones. Porque estas humanizan y dotan de profundidad a los personajes, y además generan una empatía tremenda.

Detesto los “mensajes” y aplaudo aquella frase de Billy Wilder (“si quieres transmitir un mensaje, no hagas una película, manda una paloma mensajera”) pero sí creo que todos los guionistas somos responsables de los universos que creamos y de las relaciones que establecemos en ellos.

Si la sociedad evoluciona en el mundo real, nosotros debemos seguirle el paso en la ficción.


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