FIRMAS INVITADAS: SEXO EN PARALELO

17 mayo, 2013

Fernando Cámara es guionista y director, nominado al Goya a mejor director novel por “Memorias del ángel caído”. Da clases de narrativa audiovisual en el CEV.

SEXO EN PARALELO

Más allá de la posibilidad de un numerito del Kamasutra, esta entrada va de algo más ardoroso todavía: cine. La película Infiel (2002), dirigida por Adrian Lyne (a ver cuándo se le dedica ya un libro a este señor), basada en La mujer infiel (1969), de Claude Chabrol (a ver cuándo queman algunos libros de este, en plan Fahrenheit 451), no fue uno de los grandísimos éxitos a los que Lyne estaba acostumbrado, pero no por ello dejó de trabajarla con el mimo y el clima que le caracterizan.

cartel

Bueno, vale, guarrindong@s, vamos al asunto sexual, que es por lo que estáis leyendo esta entrada. Pero antes, os pongo en situación: Diane Lane está casada con Richard Gere, tienen un hijito majete y un alto nivel de vida. Pero ella conoce un día a Olivier Martínez, un francés coleccionista de libros y amores. Y al cabo de tres encuentros, comienzan una relación adúltera.

Vamos directos a ese tercer encuentro en el que los espectadores ya estamos inflamados por el deseo de que refroten sus cuerpos apasionadamente, que para eso hemos pagado. Bueno, para eso y para un poco de thriller y una pizca de reflexión moral, pero ocho de cada diez euros invertidos van para las escenas sexuales.

El caso es que, según el guion de Alvin Sargent y William Broyles Jr., después de muchas dudas por parte de Diane, finalmente cae en las redes seductoras del francesito y hay escena de sexo (¡luego le dais al play, ansiosos, esperad un poco!) en la que la timidez de ella, su rubor, temblor de barbilla y ombligo de mujer acostumbrada durante muchos años a un solo hombre, sumado al peso de la infidelidad hacia su marido y hacia su hijo, hacen de la interpretación de Diane Lane uno de los momentos cumbres de la película. Por su parte el amante, Olivier, sabe manejarse y manejarla, y como veréis, incluso hace que ella le pegue para descargar su sentido de culpabilidad y entre de lleno en la parte animal del acto.

SEXO

En fin, un magnífico trabajo en el que, desgraciadamente, según su montadora, Anne Voase Coates, solo funcionaban unos cuantos fragmentos sueltos. Estoy seguro de que Lyne rodó planos y tomas de sobra, pero Anne es honesta y solo juega con el material que destila emoción real, y en ese sentido solo validó esos pocos trozos que comenta.

Claro que, uno podría pensar que, con el tipo de montaje discontinuo, fragmentado, sin raccord del que tanto se abusa actualmente, la escena podría haber salido bien parada montando tan solo esos trocitos válidos (e incluso barajando todos los fotogramas, para deleite de Resnais).

Pero no, no es el estilo de la película. Así que, comentado el problema al director, la montadora pide carta blanca para probar ideas. Lyne, seguramente rodando todavía, permite que enrede con el material.

Anne analiza la escena siguiente a la de la infidelidad. En ella, Diane viaja de vuelta a casa en el tren de cercanías. Apenas cuatro personas en el vagón.

ELLA REMEMORA

Ella se siente turbada, avergonzada, feliz, plena, ríe, llora… Ha hecho lo que nunca podría imaginar: traspasar la zona de seguridad que mantenía su vida confortable(mente aburrida). Diane Lane expresa todos esos sentimientos rozando de nuevo lo sublime como actriz. Lyne la rueda en dos o tres planos de diferentes tamaños y desde el mismo ángulo.

Y ahora, redoble de tambor, y vamos a la opción Voase Coates (rebobino un poco) y PLAY:

Claro, amigos, la magnífica Coates ha fusionado las dos escenas y las ha convertido en una rememoración de ella en el tren, lo que realza todavía más esos gestos maravillosos de la Lane y, de paso, encubre la falta de buen material erótico del que decían carecer. Esta montadora es como un huevo Kinder: ensambla, afina y crea.

Siempre decimos que el montaje es la última reescritura del guion y este es un claro ejemplo. Lo que me lleva a la reflexión de que, como guionistas, escenas como estas, creo que deben quedar perfectamente establecidas sobre el papel, sin llegar a despiezar absolutamente cada plano con un encabezado de escena, pero apuntando claramente la idea y el ritmo con dos o tres insertos paralelos al menos. Todo tiene un punto medio, pero es importante que la idea quede bien reflejada porque, no nos olvidemos, contamos una película. Y, además, porque si se rueda pensando en establecer ese paralelo, se mejora mucho el resultado por las opciones que le damos al director.

Recuerdo haber llegado a la idea de uno de estos paralelos en plena fase de montaje. Una pena porque, aunque tuve la posibilidad de rodar un par de planos para llevarlo a cabo, no quedó tan estupendo como debería si se hubiera podido encajar la idea en el plan de trabajo.

Como guionista me da rabia a veces no detectar estas posibilidades durante la redacción. Claro que podéis pensar que por mi doble naturaleza de guionista y director, incluyo momentos más cinematográficos pensando en el rodaje. Error. Estos momentos de cine pertenecen al reino de los cineastas, es decir, a los guionistas, que son los que inventan la película. Otro asunto es quién se bate el cobre luego para alinear a sesenta personas para obtener las imágenes.

Y sí, vale, lo reconozco, soy un vicioso del paralelo (con o sin sexo) porque crea bloques brillantes y dinámicos entre escenas, como los excitantes estribillos de esa magnífica canción que debe ser una película.

Y ahora vamos al colofón de la escena, que está montado con tal dominio del ritmo, que merece este aparte. Transcurre en el minúsculo servicio del vagón. Plano cenital. Ritmo. Agua. Ella cogiendo metros y metros de papel higiénico. Cambios de dirección. Saltos de raccord. Lavarse el pecado. Asegurarse que no la descubran. Caos. Miedo. Se acerca a su casa. Su hogar profanado por ella. Pero en el fondo, si lo analizáis bien, mirad…

… está rodado casi como una masturbación más que como un acto de limpieza. Cuarentona en plenitud que sufre al liberar las pasiones de su cuerpo. Se mueve enérgica arrancando el papel higiénico blanco que fluye y fluye; el bote del jabón, que chirría como los muelles de una cama; el grifo largo; el agua, en ese lavabo como una pila bautismal, agitándose, fresco, a contra movimiento de ella para crear más dinamismo. Y esa elegancia de no mostrar cómo limpia su entrepierna, amigos: excitante y refinada.

¡Aaaaaaaahhhhhh! ¡Maestros hay hasta en Hollywood! Si la historia de esta película va de “Infidelidad”, como el propio título indica, y eso nos conduce al sexo, pasión, culpabilidad, arrepentimiento, reincidencia, etc, fases que la propia vida marca, estamos ante uno de esos momentos que resume el tema en apenas cuatro minutos. ¡Anne, Lane y Lyne, Excelsior!

Y finalmente la guinda: esta elipsis tan económica y directa con la que concluye el bloque:

El tren de ella llega al destino. Encadena. Llega el marido. Nos prepara para el encuentro inminente en la casa. ¿Cómo ocultará ella la llamarada de su rostro?

Anne for writer!

Y ahora repasemos toda la secuencia en su conjunto, para apreciar esta pequeña ópera, sus variaciones de ritmo, detalles, expresiones… Nada como repetir para aprender a valorar:

En fin, amigos, la máxima de hoy es: ¡ponga un paralelo en su vida y verá cómo gana en emoción! Y si no me creen, traten de recordar ahora mismo sus actos sexuales más memorables (reales, no cinematográficos, por favor). Y aunque no tiene por qué temblarles el estómago, seguro que un ruboroso alerdamiento, tipo Diane Lane, se posa en sus cándidos mofletes. O eso, o es que todavía no han tenido el polvo de su vida. Ánimo.


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 6

16 mayo, 2013

Nueva entrega de la serie de artículos escritos por los alumnos del Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Reconocido como el mejor máster audiovisual de España, abrió hace poco el proceso de selección de alumnos para la edición 2013/2014. Varios de los autores habituales de este blog, como David Muñoz, Natxo López o Sergio Barrejón, se cuentan entre sus profesores.

COSITAS QUE DECIRLE A UN GUIONISTA NOVEL PARA NO HERIR SU ENORME E INJUSTIFICADO EGO

por Sergio Granda y Sandra López.

Parte I: Las amistades peligrosas.

Una de las cosas que más se agradecen en el Máster de Guión de la UPSA es la verdad. Cierto es que cada ponente y profesor tiene su verdad. Sin embargo, siempre se trata de una verdad argumentada. Si lo escrito es una mierda, mejor saberlo cuanto antes. Sin medias tintas.

Pero más allá de las aulas nos encontramos con un fenómeno que sólo persigue controlar la estabilidad emocional del guionista novel. Y eso ocurre en el mismo instante en el que a uno se le ocurre enseñarle su trabajo a ese conjunto de personas cercanas que por extrañas circunstancias de la vida te tienen ligero aprecio.

He aquí una caprichosa, subjetiva y muy criticable colección de mentirijillas que, en el fondo, ocultan una opinión devastadora.

*Nota: El nivel de peligrosidad DEFCON va a la inversa, es decir, DEFCON 1 es el máximo y DEFCON 5, el mínimo.

***Nota2: Hemos añadido unos cuantos DEFCON más.

DEFCON 10. “Está… simpático”

Conserva esa amistad. En el fondo te quiere. Es posible que sea tu pareja y seguramente esté renunciando a muchas cosas por eso que tú llamas “tu vocación” y el resto de tu familia concibe como un “ya se le pasará, acabará trabajando en la frutería”.

DEFCON 9. “Está gracioso…”

-       Pero si no es comedia.

-       (Silencio incómodo)

DEFCON 8. “… me recuerda a aquella peli de Kevin Costner”.

Has plagiado. Eso es así. Y no tiene por qué ser de forma voluntaria. De hecho, es bastante probable que no te gusten las pelis protagonizadas por Kevin Costner, pero el plagio involuntario funciona así.  Un día te levantas y se te ocurre la maravillosa y, en realidad, desafortunada idea de hacer una peli de acción post-apocalíptica donde los océanos han cubierto la Tierra. “¡A nadie se le ha ocurrido antes!”.

DEFCON 7. “Mola”

La cosa se complica. Estamos ante una de las expresiones más abstractas que el humano haya creado desde el origen de los tiempos. La clave está en la impersonalidad con que se manifiesta. El término “mola” no habla en primera persona. El sujeto no dice “me mola”. Simplemente dice “mola”. Y la supresión del “me” es una forma bastante elegante de echarle la culpa al resto de la humanidad.

DEFCON 6. “Dale un par de vueltas”/ “dale una vuelta”

Aquí conviene detenerse y analizar más en profundidad. Mucho cuidado. Esta frase en boca de alguien que no esté vinculado al mundo, sólo esconde una cosa: investigación previa. Y cuando alguien investiga para no admitir que tu guión da asco, malo. Muy malo. Porque es bastante posible que el nivel de asco sea de DEFCON 1.

DEFCON 5. “Promete…”

Pero detrás de esta inofensiva palabra… ¿Qué se oculta? Os lo diremos: UNA CONSPIRACIÓN. Meticulosamente articulada, seguramente tu madre haya tejido una intrincada tela de araña, una red de contactos familiares y amistosos, donde el único que no se entera de nada eres tú. Todo para que no te dé uno de esos estúpidos ataques adolescentes de tristeza. Todo para que… acabes trabajando en la frutería.

DEFCON 4. “Es un guión muy válido…”

Acompañado de temblores, sudores fríos, sensación de mareo y pronunciadas arcadas.

No añadiremos más.

DEFCON 3. “Tío, yo es que no sé leer guiones”

¿Sueles ponerte agresivo cuando te dicen cositas que no te gustan? ¿Agredes físicamente a tus amigos? ¿Tus conocidos temen tu reacción? Reflexiona.

DEFCON  2. “Sabes que te quiero ¿verdad?”

No sigas con esa conversación. Sonríe. Disimula. Finge que no ha leído el guión.  Finge que ese guión no existe. La otra persona también lo hará. Será vuestro secreto.

DEFCON 1.

- Mamá ¿Qué te ha parecido mi guión?

-¿Puedes sustituir a tu padre en la frutería este viernes?

Salvo que realmente sea necesario, la respuesta es NO. No cedas. Estamos contigo. El resto de guionistas noveles te queremos. Y te apoyamos. Pero por lo que más quieras no sustituyas a tu padre en la frutería este viernes. Se trata de una trampa. Se trata del único contrato indefinido que verás en mucho tiempo. Y cuando una madre dice las palabras “sustitución” y “temporal” en la misma frase, en realidad quiere decir “remplazar” y “siempre”.


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 5

15 mayo, 2013

Varios de los autores habituales de este blog somos profesores del Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Hace unas semanas comenzamos, y hoy continuamos, una serie de firmas invitadas muy especiales: los alumnos del Master, “los guionistas del futuro”.

SEIS CLAVES PARA CUALQUIER ASPIRANTE A GUIONISTA

por Vicente Bendicho Cascant y Alberto Pérez Castaños

Como jóvenes aspirantes a guionista, tener un espacio para expresarnos en esta página web nos provoca una mezcla de placer y vértigo. No creemos que tengamos nada importante que aportar que esté al nivel de cualquiera de los colaboradores de Bloguionistas, pero como lo que sí tenemos es mucha ilusión y un teclado que, al parecer, funciona sin problemas, vamos a contaros algunas cosas que, a nuestro juicio de guionista en pañales –limpios por ahora–, son claves para empezar a preparar el equipaje del largo trayecto que nos espera.

 

1)    Exprime las clases: Si algo tiene el Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, aparte de una página web preciosa, es un profesorado excelente. Si un día Marca decidiera hacer un “once” ideal de guionistas españoles pasarían dos cosas: que generaría bastante confusión entre sus lectores habituales y que ese equipo estaría repleto de profesionales que pasan por las aulas de la UPSA. Sergio Barrejón, David Muñoz, Pablo Remón, Natxo López, Diego San José y David Bermejo son el equipo titular del Máster. Cristóbal Garrido, Adolfo Valor, Jorge Guerricaechevarría, Mateo Gil, Rodrigo Cortés y muchos más son otros de los guionistas que tendrás delante, dispuestos a compartir su infinita sabiduría contigo y responder todas tus preguntas, incluidas las más ridículas como, por ejemplo, “¿Qué tal es trabajar con Robert De Niro?”.

Por eso, el deber de un aspirante a guionista es exprimir este tipo de experiencias didácticas al máximo. Si de algo nos hemos dado cuenta nosotros es que, en cualquier momento, cualquiera de los profesores-guionistas puede compartir contigo y tus compañeros una frase realmente brillante y útil que te hará levantar lentamente la mirada de los apuntes, dándote ganas de decir en voz alta: “¡Eh, qué bueno! ¡Qué cierto eso que dices!”. Lógicamente no harás esto último porque quieres seguir pudiendo entrar a clase, pero éste tipo de cosas son las que demuestran cuánto puedes aprender de esos profesionales. Así que, ya sabes: abre las orejas y aprovecha el tiempo.

 

2)    Escribe algo todos los días: Hay una máxima que debes tatuarte en el antebrazo para no olvidarla jamás o bien escribirla en un post-it en caso de que te asusten las agujas: hay que escribir todos los días. Cada día que no escribas algo será un día perdido. Eso es así. Si no te gusta, ¿qué haces aquí, impostor? Si tienes un largometraje en desarrollo escribe mínimo una página al día, aunque sea mala, ya la reescribirás. Si no tienes ningún proyecto en marcha, créalo. No hace falta que sean exclusivamente guiones audiovisuales. ¿Qué tal esa idea tan buena para una obra de teatro que lleva rondándote varios meses por la cabeza? Escríbela. ¿Y por qué no pruebas en ese concurso de relatos que te ha comentado tu madre? Escríbelo. Y dona la mitad del premio a este blog si lo ganas.

Si coges el hábito de escribir todos los días tendrás muchísimo ganado porque, cuando te llegue la hora de hacerlo por obligación y dinero –de verdad, nos han dicho que eso existe– lo harás sin esfuerzo porque ya formará parte de tu rutina diaria. En algunas disciplinas deportivas a esto lo llaman “entrenamiento”, pero no nos gusta hablar de lo que desconocemos.

 

3)    Kill your darlings:

Ésta es una de esas frases mágicas que hemos comentado anteriormente y que podrás escuchar de la boca de algún ponente-profesor-guionista. Nosotros, concretamente, se la oímos a Juanma Romero, coguionista de Evelyn (Isabel de Ocampo, 2012), y creemos que no significa que para llegar a ser un buen guionista haya que perpetrar un crimen pasional. Aunque tampoco habla de lo contrario. Más bien se refiere a que a veces en el guión como en la vida hay que saber dejar marchar a lo amado en beneficio de la obra o el equilibrio cósmico­.

Un error típico de aspirante a guionista es, dejando a un lado la obsesión de dar consejos a otros aspirantes a guionistas, aferrarse a una idea que no funciona por el simple hecho de no sentirse capaz de remplazarla por otra mejor. En este aspecto, debes dejar atrás el miedo y lanzarte al vacío –no literalmente, a no ser que realmente carezcas de alternativas–. No tengas miedo a la flecha que está encima del “Enter”. Ser capaz de borrar te hará mucho mejor guionista. Así que ya sabes, tanto en la vida como en el guion: “Mata a tus cariñitos”.

 

4)    La teoría no lo es todo, pero ayuda:

Mucha gente reniega de la teoría de guión, pero no debemos olvidar que los teóricos suelen basar sus trabajos en la observación y el análisis. No es que Syd Field se levantara un día y dijera: “Voy a registrar el Paradigma” –bueno, en este caso sí que fue así–. En general, tanto él como Robert McKee o Antonio Sánchez-Escalonilla –que por cierto da una clase espectacular en el Máster que cursamos–, intentan dar unas claves para que te puedan servir como guía a la hora de escribir tus historias, y lo hacen de forma brillante. Considéralo el Faro de Alejandría, no el Código de Hammurabi.

Tener una base teórica es esencial. Otra cosa es que luego, sin pensar en ella, te puedas manejar en la escritura e incluso puedas romper las convenciones y obtener buenos resultados.

En definitiva, estudiar a Robert Mckee hasta el punto de que puedas corregirle en una charla sobre sus propios estudios no te convertirá en un guionista de éxito. Renegar de las miles de páginas escritas sobre teoría de guión tampoco te hará triunfar de por sí, por muy rebelde que seas. Lo ideal está en el midpoint.

 

5)    El bloqueo es natural, pero se puede combatir:

Un problema al que todos nos enfrentamos es la sensación de que no avanzas en la escritura: el bloqueo. Esta sensación suele degenerar en ansiedad que, a su vez, suele traducirse en la sensación de que no avanzas en la escritura, que produce más ansiedad y más sensación de que no avanzas en la escritura y produce más ansiedad y más sensación de que no av–. Una forma de evitar esto es tener un hobby, es decir, una actividad que te sirva de pasatiempo y te ayude a despejar la mente. Por ejemplo, a Woody Allen le funciona pegarse una ducha o salir a caminar. Lo del paseo nos parece una idea genial; si por casualidad llegáis a estar en Salamanca como nosotros probad a dar una vuelta por la ciudad, nos han dicho que de día es preciosa.

A nosotros, personalmente, como amantes de la velocidad y la adrenalina, nos funciona sentir el viento en la cara jugando al Mario Kart de la SNES. Busca tus propios métodos de evasión, no importa cual, el objetivo es poder alejarte de la escritura durante un corto período de tiempo para evitar desesperarte y querer subirte a una azotea con un rifle.

Pero no nos engañemos. Si existiese una cura infalible contra el bloqueo ya estaría patentada por algún laboratorio internacional, o por Syd Field. El truco quizá, por lo que hemos oído este año, es insistir y trabajar. Los días que no estés inspirado, transpira. Escribir, como dijo Pedro Sangro –el director del Máster– es un ejercicio de minería: los días que no estés para picar diamante, dinamita carbón. Es un consejo tan bueno que desde entonces siempre escribimos sentados sobre una caja de explosivos, por si acaso.

 

6)    Crea proyectos con tus compañeros:

Uno de los aspectos más enriquecedores de estudiar guion es que te juntas durante un curso con personas con inquietudes y gustos bastante similares a los tuyos. Aprovecha esto para crear proyectos con ellos. Puede ser que al principio te cueste por aquello de que los guionistas solemos ser gente muy introvertida e insegura, pero cuando a los cinco meses de curso te atrevas a empezar a hablar con ellos seguro os entrarán ganas de trabajar juntos y materializar montones de ideas. Ahora mismo los jóvenes lo tenemos más fácil que nunca para hacernos ver y oír gracias a Internet. Por eso mismo, la excusa de que “es que está la cosa muy mal”, aparte de ser un tópico que huele a rancio, no vale para escribir un corto o una webserie y ponerte a rodar.

Estas son algunas de las cosas que creemos que hemos aprendido este año en el Máster de Guion para Cine y Televisión de la UPSA y que creemos que son claves para cualquier aspirante a guionista. Podemos decir, sin duda, que éste ha sido un año bien aprovechado y desde aquí lo recomendamos a cualquier aspirante a guionista.

Muy probablemente estemos equivocados en muchos puntos y apreciaciones. Somos conscientes de que estamos al comienzo del camino y que todavía no entendemos nada, pero por lo menos creemos que estamos en el camino correcto. Si ser guionista –y vivir de ello– fuera como casarse y formar una familia, nosotros estaríamos aún tirándole de los pelos a nuestra futura mujer en el colegio. Quién sabe, tal vez después de este año lleguemos al Baile de Graduación y podamos darle el primer beso.

 


HISTORIA DE UN FRACASO

13 mayo, 2013

Por David Muñoz

Pero primero… un tebeo para guionistas

¿”Dónde está el guionista?” es un cómic editado por Dibbuks que recopila historietas de una página protagonizadas por los guionistas de un programa tipo el de Buenafuente. Su guionista, Andrés Palomino, lleva diez años trabajando en TV3, así que sabe de lo que habla. De hecho, estoy convencido de que muchos de los momentos que parecen más descabellados ocurrieron casi, casi de la misma manera que él los cuenta. Por su parte, el dibujante, Alex Roca, hace un buen trabajo dando vida a los personajes, y su trazo limpio y controlado ayuda a que las historias se lean estupendamente (cosa que, os aseguro, es menos fácil de lo que parece). Si queréis “catar” el tomo, podéis leerlo en Dondeestaelguionista.com. Eso sí, leídas del tirón, las historietas tienen bastante más gracia. Además, si os interesa saber más sobre el proyecto y sus autores (y de paso sobre las alegrías y las miserias de la vida de guionista), y estáis en Barcelona, pasado mañana podéis acercaros a esto:

 Cartell_1_900px

Ahora sí, vamos a hablar de fracasos

Aviso: Seguro que éste es un retrato inexacto de lo que pasó. No me extrañaría que algunos de los implicados recordarán ciertos momentos de forma diferente. Parece mentira, pero aunque se trata de una historia que acaba de terminar, ya hay cosas que no tengo muy claro si ocurrieron así exactamente o no. Nuestra memoria es cualquier cosa menos fiable.

La historia comienza en Fuengirola, hace unos cuatro o cinco años. Concretamente, en una librería de la cadena Bookworld, dedicada a vender libros en inglés a las legiones de “guiris” de la Costa del Sol. Alli me encontré en la sección de saldos con una novela llamada “Natural History” de un autor que no conocía llamado Neil Cross. No tengo muy claro por qué la compré. Supongo que debió llamarme la atención la sinopsis de la contraportada. Además, como he dicho, estaba saldada. Creo que no llegué a pagar ni dos euros por ella. Quizá de haber sido más cara me lo habría pensado más.  

 Natural-History

Muchas veces los libros que compró acaban en alguna de mis pilas de “lecturas futuras” y tardo en leerlos años (eso, si los leo). Pero esta vez comencé con “Natural History” nada más volver a Madrid. Y lo terminé en tres o cuatro días. Me gustó mucho. No sólo lo que contaba sino cómo estaba contado. Fuera quien fuera este Neil Cross, tenía que leer más libros suyos.

Tanto me gustó Cross que pensé en recomendárselo a mi amigo Óscar Palmer, que por entonces estaba arrancando con su editorial, Es Pop Ediciones. Cross era un escritor cojonudo, no había sido publicado en España, y lo conocía nadie. En teoría era perfecto para una editorial pequeña como la de Óscar. Pero, en una de esas casualidades que cuesta creer, fue él quien me escribió a mí primero para contarme que había descubierto a un autor llamado Neil Cross (no recuerdo de qué manera). Le había gustado tanto que había decidido comprar los derechos de una de sus novelas, “Capturado”, para publicarla en España en la colección de novela negra moderna que iba a copublicar junto a la editorial Valdemar.

Valdemar/Es pop publicó “Capturado” en mayo de 2010. Yo la leí inmediatamente, y me entusiasmó. En seguida pensé que sería una muy buena película, un thriller intenso, muy duro pero muy emocional, que en cierta manera recordaba a los que estaban empezando a llegar de Corea. Así que un día se lo comenté a Óscar, pensando que quizá sería buena idea pasarle el libro a alguno de los productores que conozco para ver si estarían dispuestos a comprar sus derechos (y encargarme a mí escribir el guión, claro).

capturado_portada

La portada (y la contraportada) de la edición española de “Capturado” es una ilustración del dibujante de cómics Kano.

Entonces se produjo otra casualidad: mi amigo el realizador Raúl Silvestre habló con el director Koldo Serra (“Bosque de sombras”, “La fuga”) y éste le comentó que había leído “Capturado”. También le había gustado mucho, y le encantaría adaptarla al cine. Como Raúl sabía que a mí también me apetecía, le sugirió que se pusiera en contacto conmigo. Yo conocía a Koldo desde hacía años, pero nunca habíamos hablado más de quince minutos seguidos. Nos caíamos bien pero tampoco puedo decir que fuéramos amigos. Sin embargo, en cuanto empezamos hablar de lo que queríamos hacer con “Capturado”, en seguida nos dimos cuenta de que estábamos hablando de la misma película. De modo que decidimos hacer equipo, él dirigiría y yo escribiría. Y en esa primera reunión llegamos también a la conclusión de que en vez de llevarle el libro a un productor que en cuanto comprara los derechos se haría con el control creativo del proyecto (y que vete a saber si querría contratarnos a nosotros para llevarlo a cabo), nos apetecía más conseguir los derechos del libro por nuestra cuenta, adaptarlo a nuestro aire y mover ya un guión terminado.

La verdad es que no teníamos muy claro que fuéramos a conseguir los derechos, o que pudiéramos pagarlos en el caso de que decidieran vendérnoslos, pero aun así decidimos intentarlo.

Con la ayuda de Óscar, que nos puso en contacto con el agente de Cross (el mismo que le había vendido a él los derechos del libro), mandamos un mail explicando quienes éramos y que estábamos interesados en los derechos de “Capturado” para adaptarla al cine. También explicamos que al no tener una productora detrás, íbamos a tener que pagar los derechos con nuestro propio bolsillo. Y no éramos precisamente ricos.

Para nuestra sorpresa, el agente de Cross nos contestó rápidamente, diciéndonos que no solo nos cedían una opción por los derechos de dos años, sino que nos la cedían a un precio tan bajo que rozaba lo simbólico. Parece que pesó bastante que Cross es fan de la primera película que escribí, “El espinazo del diablo”, y que le habíamos caído simpáticos, quizá precisamente por lo modesto de nuestra propuesta (lo que yo no sabía entonces es que Guillermo del Toro también era fan de Cross; se había interesado por llevar al cine una de sus novelas, la estupenda “Burial” y acabaría encargándole la escritura de la versión definitiva de una película producida por él: “Mamá”).  

Así que empezamos a trabajar en nuestra adaptación de “Capturado”.

Koldo y yo seguimos entendiéndonos muy bien durante todo el proceso de escritura, y en menos de tres meses terminé una primera versión que a los dos nos pareció lo bastante buena como para empezar a enviársela a algunos productores.

 

La portada de uno de los dossieres que montó Koldo para mover nuestra adaptación. Además de director, Koldo es un buen diseñador.

La portada de uno de los dossieres que montó Koldo para mover nuestra adaptación. Además de director, Koldo es un buen diseñador.

Ah, como suele pasar, “Capturado” parecía una novela fácil de adaptar, pero transformarla en un guión acabó siendo mucho más difícil de lo que nos habíamos imaginado. Aunque dado que esta entrada no habla sobre el proceso de escritura del guión, no voy a extenderme más sobre este asunto. Quizá lo haga algún día.

Como en principio nuestra intención era que la película se rodara en inglés con actores británicos, lo primero que hicimos fue pasarle esa primera versión de ciento y pico páginas a una productora con la que Koldo ya estaba colaborando en otro proyecto. Ella ya había trabajado en varias coproducciones, alguna de ellas con protagonistas muy conocidos, y parecía la persona ideal para mover “Capturado”. Esta productora lo leyó en seguida, nos dijo que le gustaba mucho, que veía una película clarísima, y que iba a empezar a tantear la posibilidad de rodarla en inglés, quizá en coproducción con Inglaterra.

Y pasaron los meses.

Y no pasaba nada. Todo lo que nos llegaba de la productora era que sí, que lo estaba moviendo y que seguía viendo muy clara la película. Pero nada más.

perros-muertos-koldo-serra-poster

El otro proyecto de Koldo cuando empezamos con “Capturado”, coescrito con Carlos García Miranda,

Muchos meses después, el proyecto en el que Koldo estaba trabajando con la productora se “cayó” por falta de financiación y, viendo que “Capturado” no avanzaba, decidimos mandarle el guión a otro productor con el que yo había trabajado ya en un par de ocasiones. Sabía que le gustaban mucho los thrillers y pensé que nuestra adaptación de la novela de Cross era exactamente el tipo de películas que le gustaba producir. Así que le hablé del proyecto, le mandé el guión, y en seguida me contestó diciéndome que le había gustado mucho y que estaba dispuesto a hacerla. O por lo menos a intentar hacerla.

Mientras tanto había pasado un año. Ya solo nos quedaba otro año más para perder los derechos del libro. Pero al mismo tiempo también había pasado otra cosa que pensamos que podía venirnos muy bien: Neil Cross había escrito una serie para la BBC, “Luther”, protagonizado por un policía interpretado por Idris Elba, y había sido un gran éxito. Pensamos (ingenuamente, como descubriríamos más tarde) que no era lo mismo mover un proyecto basado en una novela de un autor desconocido, que uno basado en una historia del creador de una serie tan popular (y con tan buenas críticas, además).

images

Ah, como podéis imaginaros, os estoy contando la versión simplificada de la historia de cómo no se hizo “Capturado”. Hubo más gente que leyó el guión, y, aunque en general las reacciones fueron bastante positivas, nadie nos dejó claro que estuviera en condiciones de poder hacer la película.

Estábamos con nuestro segundo intento.

Pues bien, este “Productor 2” nos dio unas notas sobre el guión que nos ayudaron a escribir una nueva versión algo mejor que la anterior (entre otras cosas, nos sugirió acortar el primer acto para que la historia arrancara un poco antes), y nos pidió que consideráramos la posibilidad de rodarla en España con actores españoles. En inglés no la veía viable. No encontraba manera de financiarla.

A nosotros no nos hizo mucha gracia la propuesta, pero viendo que quizá esa podía ser la única manera de que se rodara “Capturado”, escribí una nueva versión del guión “españolizada”, que por sugerencia de Koldo decidimos ambientar en Bilbao y sus alrededores.

Y a todo esto, habían pasado ya dos años.

A lo tonto, nos habíamos quedado sin la opción del libro.

Pero, afortunadamente, escribimos al agente de Cross, y éste se apiadó de nosotros y nos dio  más tiempo para tratar de sacar la película adelante.

Pasaron algunos meses más.

Como suele ocurrir con todos los proyectos de cine español, al final el “Productor 2” nos dijo que después de darle muchas vueltas, había llegado a la conclusión de que una película así solo sería viable si la compraba alguna televisión. Quizá podría tirar para adelante con un largo de mucho menor presupuesto sin el apoyo de una cadena, pero no con uno como el que nosotros queríamos hacer (y tampoco es que fuera demasiado caro, pero ahora todo lo que pase del millón de euros ya se considera demasiado). Y pensaba que, de interesarle a alguien, “Capturado” podía gustar en Televisión Española.

Lo malo es que el comité de Televisión Española, en el que se decidía en qué proyectos se iba a invertir, se iba a celebrar meses después de que terminara el nuevo plazo que nos habían concedido Cross y su agente.

Al mismo tiempo, surgió una nueva posibilidad: un productor muy joven se interesó por el proyecto y nos planteó llevárselo a un mercado internacional para ver qué interés despertaba.

Estuvimos dudando qué hacer unas cuantas semanas, pero al final optamos por esperar a Televisión Española. Si compraban “Capturado” sabíamos que el segundo productor haría la película sí o sí. Era una oportunidad que no podíamos desperdiciar.

De nuevo, Cross y su agente se compadecieron de nosotros y nos dejaron seguir adelante.

Ah, a todo esto, también tuvimos que escribir una nueva versión para tratar de rebajar el presupuesto de la película. Tras elaborar un plan de rodaje, había salido una semana más de lo que podíamos permitirnos con el dinero que en teoría podría llegar a conseguirse.

Pero por fin, Televisión Española dijo “no”.

No tenemos ni idea de por qué. El segundo productor nos comentó que quizá “Capturado” era una película muy dura, muy árida, y que no era el tipo de proyecto en el que TVE estaba interesada en estos momentos (nosotros discrepamos respecto a la dureza de la historia de Cross; más bien pensamos lo contrario: en el fondo es una historia de amor muy emotiva, es un relato de heroísmo y redención, cine, creemos, comercial).

Después del bajón que supuso el “no” de la tele, surgieron dos nuevas posibilidades: coproducir a través del segundo productor con una empresa dirigida por un español que está rodando películas en Canadá, o hacerla con otro productor, también español, que está empezando a sacar adelante coproducciones internacionales.

Entonces, recibimos un mail que sabíamos que tarde o temprano nos iba a llegar: Cross había decidido recuperar los derechos de su libro.  

El mail nos dejó hechos polvo. Después de tres años de trabajo (en los que no habíamos ganado un duro), nos quedábamos definitivamente sin la posibilidad de hacer “Capturado”. Pero también entendimos a Cross. En tres años no habíamos conseguido dar ni solo paso que les permitiera confiar en que podríamos llegar a hacer la película. Y después del éxito de “Luther” y de que “Mamá” fuera número 1 en taquilla en EEUU, sería una estupidez desperdiciar ese buen momento para dejar los derechos de uno de sus libros en nuestras manos.

Tuvimos nuestra oportunidad y no pudimos aprovecharla.

Y esta es la versión simplificada (y quizá algo inexacta por desordenada; pero pasaron muchas cosas a la vez y yo soy un desastre para las fechas) de nuestro fracaso con “Capturado”.

Como veis, esta no es una historia de buenos y malos. Los productores con los que contactamos hicieron lo posible para hacer “Capturado”. Pero este no es el mejor momento para sacar adelante ninguna película. Como nos dijo una vez el segundo productor: “Si este proyecto me lo hubierais traído hace cinco o seis años, ya lo estaríais rodando”.    

No digo que lo hiciéramos todo bien. Creo que nos equivocamos en muchas cosas, y estoy seguro de que de poder retroceder al pasado, en algunos casos habríamos tomado decisiones distintas. Pero nadie nace aprendido. Decidimos lo que decidimos con la información de la que disponíamos en aquel momento, y como siempre, a toro pasado siempre es más fácil tener claro que es lo que deberías haber hecho.

De todo esto, aparte de lo que disfruté escribiendo las diferentes versiones del guión, lo mejor ha sido trabajar con Koldo. Pocas veces me he entendido tan bien con un director.

Por eso, tras encajar la derrota, lo primero que pensé es que me gustaría seguir trabajando con él e intentar sacar adelante otra película.

Varios meses después, leí un cuento de un autor español que me gustó mucho. Y pensé: “aquí hay una película que me gustaría escribir y que podría dirigir Koldo”.

Así que me puse en contacto con el autor y le pasé el cuento a Koldo.

El autor me contesto que le parecía buena idea y a Koldo le gustó mucho el cuento. Como yo, veía que había una película, otro thriller, como “Capturado”.

Si no nos fallan los planes, mañana martes, Koldo, el autor del cuento y yo nos reuniremos para hablar de nuestro nuevo proyecto.

En teoría, mientras Koldo prepara el rodaje de su primera gran coproducción internacional, “Gernika”, yo estaré escribiendo el guión de nuestro thriller de bajo presupuesto.

Esta la hacemos sí o sí.

Y ah, si aún no habéis leído “Capturado”, hacedlo. Merece la pena (como lo merece la precuela de Luther, que también ha publicado Es Pop).


MÍRAME A LOS OJOS

8 mayo, 2013

por Sergio Barrejón.

Cuando yo empezaba a escribir guiones, uno de los errores más comunes de los principiantes consistía en sacar cincuenta fotocopias del primer guión de largometraje, encuadernarlas y enviarlas a las productoras así, a lo loco. Y luego esperar a ser descubierto.

Así que, además de ser un error de principiante, era un error caro. Había que AHORRAR para luego despilfarrar el dinero en fotocopias y canutillos como un tarado. Porque en aquella época, queridos niños, internet era algo raro que te sonaba que tenían los americanos, pero que no sabías muy bien qué era ni para qué coño servía. Probablemente no sería más que una moda absurda, como la de los teléfonos móviles. ¿Quién necesita llevar un teléfono encima todo el día? De esa época hablo.

Jaja, qué viejuno.

Sí, es gracioso, ¿eh? Los teléfonos móviles e internet siguen aquí, yo sigo aquí… y la mala costumbre de enviar los guiones sin que nadie te los haya pedido también sigue aquí. Ahora ni siquiera es caro. Ni siquiera hay que ahorrar. Ni siquiera hay que VESTIRSE para enviar tu primera obra maestra ahí fuera. Simplemente googleas un poco, entras en el buscador de empresas de FAPAE, localizas una productora de las tochas y un email de contacto y BOOM:

Hola, os envío mi guión “Resacón en La Vera”, es una comedia súper original que puede REVENTAR la taquilla. Hay muchas risas, sexo, fiesta… No es la típica comedieta sin gracia que se estrena en España, en plan con Javier Cámara haciendo el monguer y que no le interesa a nadie. El reparto sería Mario Casas, Amaia Salamanca y Miguel Ángel Silvestre. Éxito seguro. Está ambientada en Extremadura, en La Vera, de donde yo soy, así que conozco bien de lo que hablo.  Bueno, os la leéis y me decís algo. Chao.

Es un email inventado. Pero os juro que emails como éste, con su .pdf adjunto (a veces ni eso: directamente un miserable .doc), se reciben muy habitualmente en las grandes productoras. En ese tono. Con sugerencias de casting. Con esa garantía de éxito. Con comentarios despreciando otras películas. A veces, despreciendo películas de esa misma productora.

Es un caso extremo, sí. Pero es un caso extremo que se da, fácilmente, una vez por semana. Así está España, amigos. Y os he ahorrado una reproducción realista de la ortografía de ese tipo de emails.

Naturalmente, las probabilidades que tiene un guión presentado así de ser no ya producido, sino siquiera leído, son CERO. Lo cual, supongo, es la buena noticia. La mala noticia es que un guión bien presentado, con una carta correcta y amable (en la que naturalmente no se incluye el guión adjunto, sino que se pide permiso para enviarlo),  tiene las mismas posibilidades de ser producido. Cero patatero.

Ya está el viejuno intentando desanimar a los que empezamos. Éste lo que quiere es que no enviemos nuestros guiones para que no le quitemos el trabajo. Malditos subvencionados SGAEcanonSindeguerracivil.

CALMA. Dejad que me explique con un ejemplo. El pasado 22 de abril, en el festival de Málaga, se estrenó una película con guión mío. Exactamente cinco años después de haber entregado el guión. Y era un encargo, ojo. O sea, han sido cinco años de intentar financiar el proyecto, producirlo y posproducirlo.

Hacer una película requiere mucho tiempo de trabajo. Años. Y durante esos años, las personas implicadas en la película van a tener que pasar una tremenda cantidad de tiempo juntas. Tanto, tantísimo tiempo, que es lógico que los productores no se contenten con saber si el guión es bueno. También quieren saber lo ha escrito una buena persona. Si va a ser soportable trabajar con esa persona.

Poneos en la piel del productor. Le pasan un informe muy positivo de un guión que ha llegado por email. Un guión de un completo desconocido. Lo lee y no está mal. Qué coño, está bien. Incluso ve por dónde meterle mano. Este personaje es perfecto para Darín. Eso ya son ventas internacionales. El 90% son interiores, esto lo puedo rodar en 4 semanas. ¿Podríamos llevárnoslo a Colombia? Dan unos incentivos muy jugosos. Con tres días de exteriores en Madrid da el pego. Y el personaje de la hermana es perfecto para Catalina Sandino…

Pero de pronto empieza a hacerse otras preguntas. Un momento. ¿Quién es este tío? Sólo tiene dos créditos en IMDB: dos cortos, uno de ellos del Notodo, en plan Juan Palomo. ¿Y si resulta que tiene un ego del tamaño de Pamplona? ¿Y si le digo de poner a Darín y me dice que ni de coña, que el personaje tiene que ser español? ¿Quiero pasarme dos años de mi vida lidiando con este tío que ni siquiera ha venido en persona a presentar su proyecto?

Hay muchas más preguntas, en realidad. Una de las peores es ¿Quién va a poner pasta en una peli dirigida por un desconocido? A la que sigue, naturalmente: ¿Dejará que lo dirija otro? Pero ¿quién? Porque el productor sabe que 9 de cada 10 directores que aceptan reunirse con él para hablar de un proyecto escrito por otra persona lo hacen sólo por sacarse una comida gratis… Durante la cual no dejarán de hablar de su propio proyecto. El productor sabe que sólo 1 de cada 10 directores aceptan realmente encargos. Y entonces cierra el iPad, se deja de leer guiones que nunca saldrán adelante y sigue con lo que estaba haciendo. Pero centrémonos en el final del párrafo anterior: lo de pasar dos años de su vida con un desconocido.

Habréis oído muchas veces eso de que aquí lo que vale no es el talento, sino los contactos. Que todo se mueve por enchufe. Y que a la playa hay que ir temprano. Lo último nunca lo he tenido claro, pero lo otro sí: no es cierto. O al menos, no es exactamente cierto. Lo que sí es cierto, y muy comprensible, es que la mayor parte de los productores optan por el viejo refrán: más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.

El cine es un trabajo de equipo. Una película sólo puede salir bien si el equipo rema en la misma dirección (y lo hace en la dirección correcta, claro). Remar en la misma dirección es básicamente una cuestión de comunicación. Todos los equipos deben comunicarse, saber hacia dónde dirigirse. Todos. No sólo en el rodaje. La buena comunicación empieza en ti. Si no eres capaz de comunicar las virtudes de tu propia historia, mal empezamos. Enviar el guión por email (o por correo) no es una buena manera de comunicarse. Hay que ir al despacho de productor. Hay que mirarse a los ojos. Explicar qué película quieres hacer. Qué es lo que te hizo escribirla, qué es lo que te apasiona de la historia. Por qué crees que puede funcionar.

El cine es un trabajo de equipo, y tu primer compañero de equipo es el productor. Enviar el guión por email no vale para nada. Levanta el teléfono y pide una cita. Sé claro y directo. Si no tienes experiencia, no intentes tirarte el rollo. Pero tampoco pidas perdón por haber nacido. En esta profesión no se piden currículos. Eres guionista, tienes un proyecto que crees que puede interesarles y te gustaría reunirte cinco minutos con el productor para contárselo. Simplemente eso.

No sólo es la manera más razonable de hacer las cosas. También es la más segura: tú también quieres mirar a los ojos al productor y estar seguro de que no es un loco con más ego que Pamplona, de que no va a poner a Angie Cepeda en el papel de la abuela con Alzheimer.

Naturalmente, lo decisivo es lo que ocurre después en el despacho del productor, si consigues la cita y si lo que veis en vuestros respectivos ojos pinta bien. En el mejor de los casos, será el principio de una larga travesía del desierto que muy pocas veces (pero algunas) acaba en fama, dinero y oropeles. Pero eso ya no me cabe en este post. Si quieres saber más al respecto, tendrás que venir a mi clase El oficio de guionista. Es el 18 de mayo en Madrid. Inscribirse cuesta 5€ y el resto es paga-lo-que-quieras. Todavía hay plazas. Si te interesa, rellena este formulario. Y si quieres más información, haz click en esta imagen.

BANNER-el-oficio-de-guionista-para-post


ESCRIBE

6 mayo, 2013

por Sergio Barrejón.

“Cuando Dios te da un don, también te da un látigo. Y el látigo es únicamente para autoflagelarse.” Truman Capote. Música para camaleones.

¿Cómo saber si Dios (llámalo como quieras) te ha dado el don de contar historias? Dado que estás leyendo un blog de guionistas, podríamos darlo por hecho, igual que en “la blanca”, la cartilla que daban a los soldados al terminar la mili, se decía VALOR: SE LE SUPONE.

Pero hay otro modo de saberlo, y es precisamente el látigo. La mejor prueba de que tienes talento es tu misma inseguridad. Sólo los mediocres y los locos tienen la certeza constante de estar en posesión del talento. Los verdaderos escritores se debaten entre la euforia de haber tenido una idea brillante y la angustia de estar desarrollándola como el culo.

Sólo un auténtico artista es capaz de sentirse un farsante. Precisamente esa duda es la que debería empujarte a escribir como un condenado. Porque de hecho, estás condenado. Si Dios te ha dado el don, también te ha dado el látigo. Puedes dejarte vencer por la inseguridad o la pereza y pasarte meses sin escribir una línea. Pero el látigo seguirá cayendo. Una y otra vez. El látigo no procrastina.

No pasará una semana sin que pienses cosas como “coño, qué bien contada está esta película, en mi puñetera vida voy a escribir algo tan bueno”. No pasará un mes sin que te asalte una idea brillante seguida de la certeza de que no sabrás darle una estructura decente. A cada poco te torturarán las dudas sobre tu capacidad de hacer un segundo acto como Dios manda. Te quitará el sueño el no saber si ese final sorprendente que acabas de escribir no será en realidad previsible. O peor, tramposo y falso. O peor todavía: una burda copia.

La única manera de amortiguar los latigazos es con una coraza de páginas escritas. Escribe. No entres en Facebook. Escribe. No leas el periódico. Escribe. No busques playlists inspiradoras en Spotify. Escribe. No chequees el email. Escribe.

Escribe, hijo de la madre que te parió. Olvídate de si es fácil o difícil vender un guión. Olvídate de lo injusta que es la vida, de lo malas que son las películas españolas y de que este mundillo es un círculo cerrado y las subvenciones siempre las ganan los de siempre. Olvídate de toda esa mierda y escribe como si tuvieras un tumor cerebral a punto de ser diagnosticado. Escribe como si te fueran a cortar las manos en cuanto las separes del teclado. Búscate un truco si lo necesitas: escribe un guión en veinticuatro horas. Enciérrate en casa y tira la llave por el balcón. Y el router de los cojones detrás.

Si no encuentras otra motivación, escribe por vergüenza. Escribe porque vives en un país donde hay un millón de familias sin un puto ingreso. Escribe porque vives en un país donde te pueden encerrar 60 días sin habeas corpus ni pollas en vinagre sólo por ser negro. Escribe porque, en mitad de ese país, tú aún tienes el privilegio de entrar en Facebook cuando deberías estar escribiendo.

No pienses si lo que estás escribiendo es bueno o no. Eso se piensa después de escribir. Dios (llámalo como quieras) te hizo tragar diamantes al nacer. Y ahora te toca cagar cada día con dolor. Eso es escribir. Reescribir es revolver la mierda con las manos, a ver si algo brilla entre la miseria.

Si te angustia no ser lo bastante bueno, mírate en el espejo y dilo en voz alta. No soy bueno. Soy un mierda. Soy un fraude. Díselo a tu cara. Dile que no vales para nada, si eso es lo que necesitas. Pero luego siéntate y escribe. Si no sabes qué escribir, escribe sobre lo deprimido que estás por no saber qué escribir. Escribe sobre el absurdo post que acaba de publicar un guionista subvencionado de mierda.

Ésa es tu tarea. Un escritor escribe. Nadie te ha pedido que escribas guiones buenos. Eso ni siquiera depende de ti. Eso lo decide Dios (llámalo como quieras). Tu tarea es sentar el culo en la silla, desconectar el puto wifi y escribir. Deja de leer blogs y ESCRIBE, maldito seas.

De estas y otras lindezas hablaré el sábado 18 de mayo en mi charla “El oficio de guionista”. La inscripción está abierta y el precio es pay-as-you-want. Más información en el banner de la columna derecha.


DENOMINACIÓN DE ORIGEN

2 mayo, 2013

por Carlos López

Reales o inventadas, las historias pertenecen a un tiempo y a un lugar. Los relatos que nos gustan desprenden olor y sabor, algo único que los mantiene pegados a tierra. La tragedia de Puerto Hurraco, por poner un ejemplo, es universal y al mismo tiempo no podía haber sucedido en otro lugar. Si la ficción pretende ser veraz, sus personajes deberían gozar de algo parecido a una denominación de origen, porque el lugar al que pertenecen determina cómo piensan, sienten, actúan y hablan. Nada me provoca más rechazo que los guiones que no transcurren en ninguna parte o, peor aún, los que suceden en el planeta cine: aquel donde todas las personas son guapas, aparcan sin problemas, dicen en voz alta lo que piensan, no paran de soltar réplicas brillantes… y parlotean un idioma tan correcto que no se parece a ninguno real.

No se trata de reproducir como una grabadora el habla particular de una región, ni la jerga diaria de jóvenes barriobajeros. Queda tan ridículo cuando los guionistas nos convertimos en imitadores, tan artificial cuando inundamos los parlamentos de muletillas, tan zarzuelero si pretendemos ser coloquiales a base de especiar cada frase con la expresión que creemos en boga. No. El naturalismo es una meta imposible, incluso indeseable. Graba una conversación en el metro, transcríbela y verás que fatigosa y falta de sustancia es el habla real. La escritura de diálogos está sujeta a una convención, es un artefacto inventado por el guionista, con su regla de estilo particular. Puedes hacer, si te place, que unos analfabetos se expresen en verso (ya lo hicieron los clásicos) o que unos paletos discutan sobre García Márquez (como sucedía en Doctor en Alaska).

Pero algo habrá que hacer cuando queremos convencer al espectador de que nuestros personajes existen, que han nacido en alguna parte y que, por tanto, hablan como personas. Cuando el asunto surgió en mitad de una clase, los alumnos se lanzaron a un debate en el que cada uno necesitaba una respuesta: en todos los guiones que estaban escribiendo se mezclaban personajes de diversos países o regiones. ¿Cómo hacerlos hablar? ¿Cómo consignar el diálogo hablado en otro idioma? ¿Y el acento? ¿El acento de una región se refleja en los diálogos? ¿El guionista debe saber idiomas y dialectos, conocer localismos, jergas y argots profesionales?

Que no cunda el pánico. Lo difícil, lo importante, es definir qué dice y qué calla el personaje. Una vez eso esté claro siempre podrá echarse mano de un traductor, un asesor, un adaptador que perfile el trabajo, incluso el propio actor vendrá a completarlo. En ocasiones, lo reconozco, dialogar una escena de idiomas cruzados se hace tan cuesta arriba que nos paraliza: después de tanto trabajo de documentación para conocer el detalle cotidiano de un lugar o una época, toda verosimilitud se viene abajo en los primeros intentos de hacer hablar a los personajes.

INGLORIOUS BASTERDS

EL ACENTO FINGIDO

Cada vez es más habitual que en nuestras historias coincidan personajes que hablan en idiomas diferentes. Una cuestión, me diréis, que no supone problema alguno. Ahí tenemos Inglourious Basterds, en inglés, francés y alemán: cada uno habla lo suyo y todos tan contentos. ¿O no?

En la escritura del guion, que podéis consultar aquí, el autor se toma sus libertades. Unas veces (como en la brillante y excesiva secuencia de apertura) el diálogo está escrito en el idioma que corresponde, sin más anotación. Otras, como en el segmento del cine parisino, Tarantino indica expresamente que “EL DIÁLOGO SE HABLARÁ EN FRANCÉS, SUBTITULADO EN INGLÉS” y, a continuación, los diálogos aparecen en inglés. Ya habrá quien lo traduzca, se supone, al traductor le corresponde lidiar con el asunto para que los personajes hablen como franceses. ¿Problema resuelto? ¿Eso es todo?

No estoy nada seguro. Y sé de lo que hablo. El primer guion de largometraje que escribí transcurría por completo en Nicaragua y, salvo un personaje español, el resto eran cubanos y nicaragüenses. Y en el primero que vendí, un grupo de españoles viajaba a la Alemania nazi. En ambos, los malentendidos, el chapurreo y las oportunidades perdidas o cambiadas por culpa de que unos personajes desconocían el idioma de otros era pieza fundamental de muchas escenas. No se trataba de una simple cuestión de traducción.

Añadamos otro problema: supongo que a Tarantino nadie le discute que en su película se hablen varios idiomas y que aparezcan subtítulos. Supongo. Para casi todos los demás mortales, y más si trabajas para televisión, la inclusión de rótulos es mal recibida. Es veneno, dicen, como si fueran a salirle granos al espectador, no le gusta leer, dicen, huye de los letreritos.

No ven problema en que ese espectador se haga un lío mayúsculo cuando lo ofrecen la versión doblada. Aquellas escenas en las que, en la versión original, un personaje habla en castellano, al ser dobladas hacen aparecer al hispanohablante como un idiota al que nadie entiende. Los chistes de Sofía Vergara con su personaje colombiano de Modern Family pierden la mitad de su discutible gracia cuando todos los personajes hablan español (algo que ha sucedido también en House, en The Wire y muchas más, como pone de relieve esta entrada de blog).

Pero subtítulos, no. Así que te ves obligado a tomar decisiones. A veces absurdas. En la serie de HBO House of Saddam el dictador iraquí habla con su hijo… en inglés. Para que el público lo entienda. Eso sí, para añadir un toque de verdad es un inglés con acento árabe. Y cuando el hombre se enrabieta no puede evitar que los insultos se le escapen en lengua materna. Así es como, dicen, nos resulta creíble:


Algo parecido viví hace un par de años en el rodaje de la miniserie 11-M. De manera equivalente al ejemplo anterior, los personajes árabes hablaban entre ellos en castellano. Y para que parecieran árabes, con acento árabe. Pero sucedía que los actores, casi todos nacidos en Marruecos, llevaban años viviendo en nuestro país, así que entre toma y toma les oías hablar con acento castizo, o catalán, alguno con un marcado deje madrileño. En cuanto se ordenaba acción, todos empezaban a hablar como moritos de chiste. Los diálogos se reescribían para que mal hablasen el castellano. Eso es lo creíble, dicen. Tan ridículo al natural que a veces había que parar: nos daba la risa.

 EL ACENTO IMAGINADO

Si la acción del guion transcurre en una época en la que no existen documentos sonoros, escribimos los diálogos a sordas, basados quizá en cartas o testimonios, con vigilancia obligada para no cometer anacronismos… y de nuevo la conveniencia de que al espectador (que sabe incluso menos que tú de la época) aquello le parezca creíble. ¿Qué le parece creíble al espectador medio de una hipotética conversación entre dos cortesanos del siglo XV? A juzgar por lo que solemos ofrecerle los guionistas, lo más creíble es que los personajes hablen con circunloquios, no importa la catadura del personaje, todos son amigos del retruécano, como si la frase ampulosa fuera obligatoria en tiempos pretéritos.

Hay que inventarse ese lenguaje, claro. Tanto si es esa época como si se trata de hace sólo cien años. Siempre habrá a quien tus diálogos le parezcan un sacrilegio, alguno presumirá de que él sí que sabe, por encima incluso de historiadores, cómo hablaba hace siglos la gente de a pie.

 La referencia fundamental es, claro, Yo Claudio. No importa los años que pasen, que el brillo de la imagen nos recuerde su edad: sigue siendo un monumento. Y en lo que respecta a los diálogos –teatrales en el mejor sentido de la palabra– dan buena idea de lo que uno debería hacer. Lo que viene llamándose drama.

¿O es más creíble que los hagamos hablar en latín, hebreo y arameo, como hizo Mel Gibson en La pasión de Cristo?

 Y en el extremo contrario, ¿qué le importa la credibilidad a los que hacen hablar a los esclavos romanos como eastenders? Esta comedia imposible de romanos que parecen macarras está arrasando al otro lado del Canal:

 

EL ACENTO IMITADO

Quizá los casos anteriores parezcan excepcionales. Está bien: estamos escribiendo un guion que transcurre en 2013 y en el que todos los personajes viven en el mismo barrio. Aquí suele manifestarse nuestra especialidad: personajes que no tienen acento, que hablan como si no pertenecieran a ninguna parte. En esto tiene su parte de culpa la imposición del doblaje –y un toque centralista, para qué engañarnos– que normalizó para nuestros oídos el habla de la ficción. El caso es que no solo nos molestan los subtítulos, también dicen que los acentos molestan a nuestro público, que lo sacan de la historia, que quitan gravedad al personaje, que el toque local espanta a los que sean de otra parte.

He trabajado con presentadores que enfermaban para que en la grabación no asomase un seseo inoportuno. Andaluces, gallegos o catalanes esforzados en parecer de una imaginaria Castilla, portadores de lo que aún hoy seguimos considerando el habla normal de un español medio. Meryl Streep o Leonardo di Caprio se trabajan un acento diferente para cada película. Porque no se habla igual en Atlanta que en Seattle, en Vermont que en Albuquerque. Por no recordar la contraposición entre el habla británica y el habla yanqui, un lugar común en cualquier serie o película dialogada en inglés.

Aquí, salvo excepciones, es algo que dejamos para secundarios: la gente del lugar, la chacha, el gracioso, el camarero o la anciana que gruñe. Eso queda bien aderezado con el acento correspondiente, dicen. Los protagonistas, no, nunca. Y no me refiero únicamente al acento, no estoy hablando de interpretación. La sintaxis es una seña de identidad del personaje, revela su forma de pensar. En esto deberíamos ser inflexibles. No escribamos películas dobladas. Escribamos personajes con denominación de origen.

Esto era parte del meollo cómico del éxito francés Bienvenidos al Norte, en el que el protagonista era destinado a una región en la que todos le parecían marcianos. Y supongo que ese contraste en la forma de hablar seguirá siendo algo fundamental en la adaptación española que en un par de meses empieza a rodarse: el andaluz que se instala en Euskadi. Nos reiremos. Cómo es posible que no lo hayamos hecho antes.

LA BATALLA DE LA ZETA

Para que no pensemos que este es un asunto de ahora, les remito a un curioso episodio de los primeros tiempos del cine sonoro sobre el que alguien, alguna vez, debería hacer una película. Y si la hace, por favor, dejadme que sea yo quien la escriba. El título lo dice casi todo: La batalla de la zeta.

Con la implantación del sonido en las proyecciones, la mejor manera de que las películas de Hollywood viajasen por el mundo era rodar versiones en diferentes idiomas, en las que cambiaban todos los actores menos la estrella, que se las apañaba para repetir el diálogo chapurreando lo que hiciera falta. A veces también se sustituía al protagonista, con resultados notables, como ocurrió con el cordobés Carlos Villarías, del que dicen que daba más miedo que el mismísimo Bela Lugosi encarnando al conde Drácula en el clásico que todos conocemos.

Las dobles versiones dieron trabajo en Hollywood a una troupe de actores y escritores españoles y también, claro, mexicanos, cubanos y argentinos. Al cabo de unos meses, se montó una trifulca entre todos ellos, porque cada uno reivindicaba su forma de hablar como la genuina. Vale, decían, hay que adaptar el guion al español. Pero, ¿de qué español hablamos cuando hablamos de español? La tormenta acabó por marear a Irving Thalberg, y a Edgar Neville le tocó convencerle para que contratase al dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, aterrizado en Los Ángeles para ejercer de juez entre las partes.

Y en eso, llegó el doblaje. Todos a casa.

Drácula (1931)

LEJOS DE CASA

Hace casi un año que un compañero, Martín Román, partió ligero de equipaje hacia México, D.F., con un show reel que mostrar y todas las ganas del mundo. Eso, y una pizca de buena fortuna, le trajo a su mesa el contrato para escribir un guion de largometraje. Había un pequeño problema: la acción sucedía en México, claro, y los personajes hablan un idioma que es el nuestro y al mismo tiempo es otro. Supongo que Martín se sintió como un soldado de trinchera en su personal batalla de la zeta, poniendo en boca de sus personajes expresiones que él mismo acababa de aprender.

¿Cómo hacer en un caso así? No es difícil de imaginar, puro sentido común, pero hay que ponerse en la piel de Martín, sentado ante la pantalla en blanco:

 “Desde que llegué a DF, aunque sin perder el acento, he intentado interiorizar y utilizar las expresiones que se usan por aquí. Cuando me encargaron mi primer guión expliqué a mis productores que no me veía cualificado para dialogar en “mexicano”, llevaba poco tiempo en el país y sentía que las expresiones sí cambiaban “un buen” (así se dice “mucho” por aquí). Me dijeron que no me preocupara, que dialogara y luego con el director los adaptaría al habla mexicana. Cuando tuve la segunda versión del guión les pedí a algunos de mis compañeros de clase de actuación que me ayudaran con una lectura en voz alta. A mí me servía para escuchar el ritmo de los diálogos, descubrir qué estaba españolizado y ver si mis gags me funcionaban y a ellos, en su mayoría en sus primeros veinte, para tomar contacto con un guión de cine. Aceptaron, hicimos la lectura y me fueron señalando errores como el uso de vosotros en lugar de ustedes y algún tiempo verbal. En el guión que empiezo a escribir ahora volveré a aplicar la fórmula.”

Reconozco que este tipo de gimnasia verbal me resulta estimulante. Señalar en el mapa la forma de hablar de un personaje es un reto más que añadir a los habituales del guionista. Quizá los de mi generación estemos curados de espanto en la mezcla de acentos por los doblajes portorriqueños perpetrados durante años por Disney o aquellas disonantes charlas entre los ratones Pixie y Dixie: uno hablaba como un mexicano y el otro, como un cubano; y el disparate se completaba con la aparición del gato Jinks, con un exagerado acento sevillano, perseguidor de la pareja al grito de marditos roedore. Y al poco insistía: odio a muerte a los roedore. Vale.


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 4

1 mayo, 2013

Nueva entrega de la serie de artículos escritos por los alumnos del Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Reconocido como el mejor máster audiovisual de España, abrió hace poco el proceso de selección de alumnos para la edición 2013/2014. Varios de los autores habituales de este blog, como David Muñoz, Natxo López o Sergio Barrejón, se cuentan entre sus profesores.

PASIÓN, AMOR Y NUESTRA PROPIA MIERDA

por Carolina Blázquez Salinas, Marcos Fanjul Junquera y David Pérez Marín

Se respira paz, parece que el tiempo se para cuando uno cruza sus puertas y recorre la luz redentora de sus pasillos. Te sientes seguro, a salvo de todo el sin sentido que serpentea a sus anchas por nuestras calles. Todo es reconfortante en este lugar: las habitaciones huelen a flores, la sonrisa de las chicas, sus cuidados y comprensión, sus mimos y caricias…  No, no nos engañemos, es verdad que la luz inunda cada rincón de este edificio, pero hasta el último rayo de sol que se cuela por sus ventanas, sólo brilla artificiosamente en la oscuridad verdadera y fría que esconde cada una de sus paredes. Sí, todo está reluciente y limpio, amablemente perfumado, pero no hay lugar para el olor personal, para lo que nos aparta del número y nos hace ser quienes somos… Cuando uno es obligado a formar parte de esta comunidad, poco a poco, va perdiendo su esencia, sus inquietudes, su energía, su memoria, su vida. Si un asilo huele a algo, es a muerte. ¡Y que bien huele la muerte! Os contaremos la historia de Manuel y Ana, nuestros abuelos…

No, no es el momento de contar la historia de ese guión que aún camina con nosotros, pero como somos el tiempo que nos queda, no perderemos ni un segundo más y recordaremos nuestra experiencia reciente en el máster de guión de la UPSA, para hablaros de las metamorfosis que sufre y disfruta un guión y sus guionistas a lo largo del proceso creativo.

Primero, y antes que nada, desarrollamos tres historias (que obviaremos dado que aún queremos entrar en el mundillo y no que nos echen a patadas sabiendo esas primeras ideas). David Muñoz, encargado del Taller de Largometraje, tiró (sabiamente) dos a la basura y optó por la historia más dramática y quizás la más cercana a todos.

Aunque partimos de una premisa bastante realista, había un personaje que invitaba a convertir esa historia de amor, en una especie de thriller con asesino en serie en un asilo.  Así que nosotros, el Grupo 7 de alumnos del máster (“¡somos el Grupo 7!”), muy dados a dejar volar la imaginación, terminamos estrellándonos. David Muñoz y los compañeros de clase volvieron a ayudarnos a recuperar el norte. Eso sí, no tardaríamos en volar alto de nuevo, esta vez el viaje sería en globo aerostático, capitaneado por Sergio Barrejón, y una familia con sobrepeso, abuela voladora incluida… Sí, como una vez nos dijo Pablo Remón  (Taller de Escenas), éramos (y somos) el grupo al que se le iba la pinza.

En el Taller de Largometraje, tras el filón que vimos en ese thriller de la tercera edad, fuimos a clase con la certeza de que habíamos desarrollado una trama seria, oscura, cruda y violenta. David Muñoz, por otra parte, pensó que el tono de la historia sería el de una comedia (sin gracia) negra. Nosotros le dijimos que sí, claro, encantados de meter sangre, tiros, cadáveres y hasta un sueño premonitorio del protagonista, al más puro estilo Twin Peaks (habitación roja, Laura Palmer y enano bailando incluido).

Volvimos al Máster con una segunda sinopsis que rezumaba olor a muerte en cada página. Y nos parecía “la hostia”. Menos mal que a David Muñoz no. Así que, muy a nuestro pesar, y siguiendo las indicaciones de David, desechamos todo lo relacionado con los asesinatos y demás tramas locas. Desarrollamos una tercera sinopsis volviendo a arrancar con el motor de la historia original: el amor.

La historia se fue apoderando de nosotros, y con esa tercera sinopsis también convencimos a David Muñoz, y a una amiga suya, según nos dijo, a la que le gustó mucho cuando se la contó. Y por fin llegó el momento tan esperado: escribir el guión.

Nos implicamos con los personajes, con sus inquietudes, les dimos sentimientos, traumas, motivaciones, voz… y volcamos en ellos “nuestra propia mierda” (secreto y expresión aprendida en el Máster, claro). Ahí fue cuando, por fin, pareció que la historia tenía vida propia, nuestros personajes existían de verdad en un mundo paralelo. Todas las frustraciones que arrastrábamos durante los meses anteriores se desvanecían para convertirse en alegría esperanzadora. Hasta a David Muñoz parecía ilusionarle la vida de estos personajes tanto como a nosotros.

Y así es como unos aprendices a guionistas, sufren día a día la dureza de la vida en esta profesión. No, en serio, agota tomarse cuatro cafés, tres vinos y dos copas para conseguir liar a tus dos protagonistas de una manera mínimamente coherente.

La metamorfosis de la historia de nuestro guión queda muy clara, ¿y la nuestra? De momento, dormimos menos para trasnochar más. Comemos menos para beber más.  Salimos menos para escribir más… Aunque esto último es la gran mentira que nosotros mismos hemos escrito, pero una mentira muy útil porque ahí es donde realmente surgen las mejores ideas: en bares o en casa, con humo, café y buena música de fondo. Charlas informales que teníamos y tenemos durante horas, antes de ponernos con el guión, sobre amores y desamores, sobre miedos y deseos, sobre “nuestra propia mierda”.

Y claro que esperábamos que en un Máster de guión nos enseñaran la teoría para llegar a escribir una buena historia: saber estructurarla, delimitar los tres famosos actos, pelearte con el segundo… Crear tramas y pulsos, entender que es un punto de giro y grabarte a fuego las palabras conflicto y verosimilitud

Saber llegar al clímax, sin prisa, con juegos previos y peripecias… llegar tarde y salir pronto. Pero no buscábamos una sobredosis de teoría, sólo lo justo. Con la santísima trinidad: Field, McKee y Seger, más su poquito de Mamet y un buen trago de nuestro Antonio Sánchez-Escalonilla, ya teníamos el cupo casi cubierto. Lo que queríamos en realidad por encima de todo era lo que nos prometían: ‘Cómo ser guionista y no terminar en el fondo de una piscina’. De eso se trataba nuestra aventura. Y pronto nos dimos cuenta que el mejor método era el sello inconfundible de este Máster: enseñarte a bajar la guardia, bajándola ellos contigo. Compartir lo personal, lo que nos mueve y paraliza… volcar nuestras experiencias e inquietudes en nuestros personajes. Y es que para evitar ahogarte en una piscina tendrás que tragar agua mil veces.

Al final, lo que te pone en marcha en la vida y en el arte es la pasión y el amor, lo que se escapa de la teoría, los sentimientos que perduran en la memoria y sentimos una y otra vez. Aquello que nos contó Haneke en ‘Amour’:

 - ‘Me preguntó de dónde venía. “Del cine”, le dije.

 - ¿Y qué has visto?

 - Yo comencé a contarle la historia, y a medida que la contaba, la emoción volvía. Yo no quería llorar delante de ese muchacho, pero era imposible. Yo estaba allí, llorando, en el patio, y le conté el drama hasta el final… No recuerdo el título de la película, pero recuerdo los sentimientos. Yo tenía vergüenza de llorar, pero al contarle la historia, los sentimientos y las lágrimas volvían aún más fuerte que cuando estaba viendo la película’.

En este Máster, entre escritura y reescritura, nos han tirado muchas veces a la piscina… Y los sentimientos que hemos compartido en ese aprendizaje, no se olvidarán, porque esa piscina se ha convertido en playa, y el cloro en salitre… Salitre que llevaremos siempre pegado a la piel por mucho que nademos mar adentro.


FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 3

30 abril, 2013

Varios de los autores habituales de este blog somos profesores del Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Hace un par de semanas comenzamos, y hoy continuamos, una serie de firmas invitadas muy especiales: los alumnos del Master, “los guionistas del futuro”.

EL FUTURO EN MANOS DE JUAN PALOMO

por Sara Mateos y Diego Santamaría

Que la burbuja explotó es algo que sabemos de sobra. Que afectó a todos los niveles, incluido este sector, también. Ante tal tesitura, quienes nos dedicamos (o pretendemos dedicarnos) al ámbito audiovisual tenemos dos salidas: seguir quejándonos de la crisis y echar pestes de los de arriba o buscar alternativas que nos permitan rentabilizar y difundir nuestros proyectos sin depender de nadie. Quienes firmamos este artículo, estudiantes del Máster de Guion para Cine y Televisión de la Universidad Pontificia de Salamanca, nos decantamos por la segunda opción.

Sabíamos dónde nos metíamos antes de empezar el máster, pero la realidad acabó sobrepasándonos como testigos de las experiencias vividas por algunos de los ponentes. Quizá por nuestra inocencia, o tal vez por nuestra fe en que tarde o temprano saldremos de esta, seguimos adelante con ilusión y… ¡quién sabe! Lo que sí tenemos claro es que debemos contemplar la autogestión como la mejor fórmula posible para poder sacar adelante nuestro trabajo siendo dueños del mismo. Sin presiones, sin cambios forzados ni sorpresas desagradables. Es decir, a lo Juan Palomo: ‘yo me lo guiso, yo me lo como’.

La teoría es preciosa, pero la práctica es complicada y más aún teniendo en cuenta que se trata de un terreno desconocido y movedizo para principiantes. En España, la gran mayoría de las producciones se ven más sujetas a la publicidad (en el caso de las series de televisión) y a la explotación comercial que al verdadero arte de la escritura, un arte que nos mueve por dentro y por el que hemos dado sentido a nuestra vida (al menos como dedicación laboral).

Sin embargo, son muchas nuestras dudas en torno a este tema y más con la situación actual, donde los contenidos se encuentran sujetos a la audiencia. Pese a ser algo muy válido y realista (sin beneficios nada tiene sentido en el mundo del capital), soñamos con realizar algo diferente, porque el arte también supone conectar con el mundo en que vivimos y, por mucho que se nos intente alinear, no todos somos iguales a la hora de ponernos delante de un televisor o de una pantalla de cine. Si no se prueba algo distinto, si no se arriesga, nunca tendremos la posibilidad o la suerte de ver qué puede funcionar. Está bien sujetarse a lo que ya funciona, pero es una situación muy cómoda y triste como para aceptarla tan temprano. Algunas veces solo pedimos que se nos deje soñar…

MÁS “PRODUCTORES´´ = MÁS LIBERTAD

El crowdfunding se ha convertido, en los últimos años, en una herramienta indispensable para muchos creadores de cara a financiar sus proyectos. Su funcionamiento es simple, pero su efectividad es relativa: todo depende del prestigio del autor o autores y de su habilidad a la hora de captar donaciones (marketing online puro y duro).

 

NI UNA, NI DOS, NI TRES…

Tenemos claro que, en la era 2.0, la micro-cooperación es la opción más atractiva para obtener capital con el que impulsar y desarrollar nuestros trabajos. Pero no es la única, ya que existen otros métodos que deben solaparse para generar rentabilidad económica.

Los chicos de Malviviendo, la popular webserie centrada en las andanzas de un grupo de jóvenes en un barrio marginal de Sevilla, son el más claro ejemplo de cómo hacer bien las cosas. Sin apenas presupuesto, la serie fue alcanzando enormes cotas de popularidad gracias al boca a boca. Conscientes de su éxito, David Sainz y los suyos decidieron apostar por diferentes vías (además del crodwfunding) para aumentar el presupuesto de la serie, que ha conseguido hacerse un hueco en la industria televisiva gracias a Flaman (Canal Sur):

-       Búsqueda de patrocinadores: Su principal aliado es Canna, empresa dedicada a la distribución de medios de crecimiento y floración de cierta planta que produce mucha risa si te la fumas. Además, también contaron en su día con el apoyo de Ron Barceló, que patrocinó un episodio especial titulado Mortal Topic.

-       Merchandising: Gracias (en gran parte) a la venta de camisetas y los cómics de la serie (con dos números en el mercado), el proyecto ha logrado mantenerse y crecer paulatinamente.

-       Visionado de los estrenos, maratones y fiestas con los actores: Todo aquel que ha visto Malviviendo puede intuir que a sus protagonistas les va la marcha. Se nota, y ellos lo demuestran. ¿Cómo? Pues a través de un hábil proceso de relaciones públicas que les permite pasárselo bien, promocionar su producto y hacerlo viable en términos económicos.

Desde la mitad de la primera temporada, comenzaron a organizarse las denominadas ‘fiestas Malviviendo’ con la excusa de estrenar, antes de su emisión online, los diferentes episodios de la serie. Conjugar fiesta, música en directo, encuentros con los actores y promoción en un solo formato es una jugada maestra. No todo va a ser trabajo cuando buscamos dinero debajo de las piedras, también debemos dejar un hueco para la diversión, ¿no?

QUIEN QUIERE… ¿PUEDE?

Con ello, no queremos despreciar el resto de fórmulas ni el funcionamiento de la industria televisiva o cinematográfica actual, pero bien es cierto que existen otras alternativas que, siendo más o menos arriesgadas, pueden hacernos cumplir un sueño que sólo se puede probar una vez en esta ‘santa’ vida de guionistas. Ese sueño es ver cómo tu ‘bebé’ llega al espectador sano y salvo, tal y como tú lo pensaste en el momento de la concepción, y con los mayores respetos a la persona al que lo diriges. Hay demasiada oferta en el mundo actual como para que todo nos suene igual, pero también existen demandas exigentes que quizá no estén satisfechas. Seguramente nos tocará ‘caernos del guindo’, pero hasta entonces pensaremos que quien quiere puede.

Recuerda que ya está abierto el proceso de selección de alumnos del Master de Guión de Salamanca 2013/14. Pincha en el enlace para descargarte toda la información.


FIRMA INVITADA: 26 DE ABRIL DE 2013 (SEARCHING FOR ‘COMBUSTIÓN’)

25 abril, 2013
<
Por Jaime Vaca
<
Uséase, hoy. Estreno nacional de Combustión, el último trabajo de Daniel Calparsoro, y la primera película “chispas” de un servidor y de mi compañero de fatigas guionísticas, y maestro, Carlos Montero.
 
combustion-cartel

LA SEMILLA

Hace aproximadamente… ¿Dos años? ¿Dos años seguro? Joder, cómo pasa el tiempo… El caso, hace (creo que) dos años Paco Ramos (más que insigne productor de este nuestro cine patrio) contactó con Carlos Montero, con el que tenía ganas de trabajar hacía tiempo, interesado en levantar un proyecto emplazado en el universo de las carreras ilegales.
<
A Carlos, inevitablemente, le vino a la cabeza el gran referente por antonomasia del género: la franquicia de The Fast & The Furious. “¿Me veo yo escribiendo algo así, tan lejano de lo que he hecho habitualmente?” debió pensar Carlos.
<
Tras meditarlo un buen ratito, habló con Paco Ramos y le propuso entrar en el proyecto con un tal Jaime Vaca con el que llevaba mucho tiempo trabajando, y con el que se entendía profesionalmente a la perfección. Paco no puso ningún problema. Y fue así cómo me invitaron Carlos y Paco a esta fiesta.
<
<
EL CULTIVO
Pistoletazo de salida. Día 1. Primera reunión en la casa de Montero. Qué raro es esto del cine… En la tele tienes calendarios (muy apretados, normalmente). Pero aquí… Apunta Jaime, primera diferencia entre el guionista de televisión y el de cine; el de cine lo primero que piensa es: “¿Y qué coño voy a contar?” Lo primero que piensa el de tele es: “¿Y esto para cuándo coño es?”
 <
Enseguida enfocamos el trabajo. Al fin y al cabo era un proyecto de encargo, con un productor que sabía qué tipo de película quería. Un entorno muy parecido al que te mueves en televisión. Cero miedos. Ahora nos tocaba a nosotros encontrar la historia, los personajes, el tono… Encontrar, en definitiva, el tipo de película que Paco Ramos quería, pero aportándole elementos nuevos respecto a los referentes de sobra conocidos. 
 <
¿Qué enfoque más o menos original podríamos darle al género de las carreras ilegales, cuando hay una saga, mundialmente conocida, que parece haberlo contado todo al respecto? 
 <
Buscamos… Y buscamos… Y buscamos… Y seguíamos buscando…
 <
Hasta que dimos con el título: Combustión. Directo. Certero. Vendía lo que quería ser la peli… Pero, sobre todo, vendía un tema.
 <
“Algo que arde… Algo que arde en un segundo… Una chispa que hace que todo salga ardiendo…”
 <
Un cambio repentino. Un material inflamable que vive tranquilito en su contenedor hasta que llega una chispa que hace que explote. Sí, la culpa es de la chispa; pero está en la naturaleza de ese material arder con sólo acercarle esa chispa. Nuestro protagonista debía ser ese material inflamable que vive tranquilito, encerrado y aislado en su contenedor… Hasta que llega la chispa que hace estallar su verdadera naturaleza.
 <
… Y así apareció nuestra protagonista femenina, ARI (interpretada con toda la fuerza, la sensualidad y el alma que necesitaba el personaje por la maravillosa Adriana Ugarte). Ari, “la chica de la peli” debía ser clave en nuestra historia. Ella era el catalizador, el detonante del viaje hacia su verdadero yo del prota, ella era la chispa.
 <
Mmmm… Vaya… Parece que nuestra “chica de la peli” es mucho más que eso, “la chica de la peli”. Tiene categoría, tiene peso, es vital para la trama. Es la que despierta todo el viaje del protagonista, más allá de los coches y las carreras. Ella es el verdadero motor de mil caballos que lo mueve todo. Y con ella nos llegó el género:  thriller. Nuestra peli era un thriller, con elementos de acción, sí. Pero un thriller.
 <
Teníamos tema. Teníamos el viaje del protagonista. Teníamos el motor. Teníamos el género. Teníamos el camino para escribir la película.

LA PLANTA

Sinopsis, tratamiento, primera versión, segunda… Así hasta la cuarta versión. Tras año y medio de calendario, doce meses de proceso, la planta había crecido y florecido.
 <
Era el momento de colocarla en la mejor maceta, con el mejor riego, y podarla para dejarla lo más pinturera posible. En este punto Paco Ramos contactó con el director Daniel Calparsoro para que capitaneara el barco e hiciera suya la película, como debe de ser.
 <
Tras reuniones con él, y con sus notas, Carlos y yo hicimos dos versiones más del texto. Después él se encargó del remate final hasta el guión definitivo.
 <
El fin de semana pasado tuvimos la oportunidad de asistir al primer pase con público de Combustión en la Sección Oficial del Festival de Málaga. Sí, lo admito: cuando Mabel Lozano salió a presentarla, con el título de la película enorme, ocupando toda la pantalla, se me escapó una lagrimilla (o dos… o tres…) De repente, ahí, en grande, estaba esa palabreja que resumía todo este viaje que concluye hoy, cuando la película se enfrenta a su público y deja de ser “nuestra”.
 <
26 de abril de 2013. Hoy este niño de 36 años cumple un sueño. Y los que faltan por cumplir.
<

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 3.157 seguidores

%d bloggers like this: