GUIONES INVISIBLES

1 febrero, 2013

Invisible

Por Natxo López

Hace unos meses el guionista canario Juanjo Ramírez (a quien aconsejo sigan en twitter si les gusta la comedia descarnada y sin filtros) publicó este post  donde se proponía un reto: abría un plazo en el que solicitaba a los lectores que le dieran ideas para un largo en 140 caracteres. Él cogería la más repetida o la última en ser publicada antes del plazo, y con ella escribiría un guión de largometraje en 24 horas. Un guión de mierda. Y lo colgaría para que todo el que quisiera pudiera leerlo.

La propuesta invitaba a ser avispado; parecía claro que el último que publicara antes de plazo conseguiría que su idea fuera la elegida. Y ahí estuve yo, como siempre taimado, esperando a publicar mi tweet pocos segundos antes. Y conseguí mi objetivo. Mi propuesta rezaba así:

“Mujer robot convive con suicida para que no se mate. Atracción. Al final descubre q no es un robot, le mintieron desde niña”.

Más que un log-line era una gran hijoputada, lo sé. Pero Juanjo cumplió lo prometido, se puso manos a la obra y el resultado es éste maravilloso guión de mierda escrito en 24 horas, del que pueden disponer libremente y que les invito a leer con generosidad.

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El pasado diciembre, en el blog “Guionistas Vlc” se publicó esta entrada en la que se valoraban las posibilidades de que se pudiera llegar a crear aquí en España algo parecido a la “Blacklist” de EEUU, una lista de “mejores guiones por producir”, muchos de los cuales consiguen convertirse en películas. Recomiendo leer, también, los comentarios del artículo, así como echarle un vistazo a la web oficial de la Blacklist.

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En el último Congreso Mundial de Guionistas celebrado en Barcelona (del que nos hicimos eco aquí y aquí) se presentaron los resultados de un estudio a escala internacional en el que se demostraba la casi nula representación de los guionistas en los festivales de cine, así como la necesidad de pelear para que dicha presencia fuera cada vez mayor, concienciando a los festivales de que los guionistas son también autores de los filmes.

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Justo ayer me llegó a través de las redes sociales una invitación a descargar este guión por un módico precio. No conozco al autor ni sé si esos 1,84 euros merecerán la pena, pero la iniciativa me parece valiente. Si no puedes ver la película (porque no se produce), al menos léela.

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En los últimos tiempos, de hecho, cada vez es más frecuente que se difundan en Internet (de manera legal o por filtraciones) guiones de films que todavía no han sido estrenados en pantalla. De hecho es un ejercicio muy instructivo leer algunos de estos guiones antes de ver el film en una pantalla. Yo lo he hecho así, por ejemplo, con “This is 40“, la última de Appatow y “Django Unchained“, la última de Tarantino. El hecho de publicarlos no sólo es una manera de facilitar que los amantes del guión podamos aprehender maneras de escritura de grandes profesionales, también es una medio para que la productora cree expectación y movimiento alrededor de un estreno.

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He unido todas estas informaciones en un mismo post porque todas ellas tienen que ver con un asunto del que por lo general no hablamos mucho los guionistas, excepto para quejarnos: la VISIBILIDAD de los guiones (o la falta de ella).

Por lo general, los guionistas nos quejamos de que no se le presta suficiente atención a nuestro sector, pero al mismo tiempo somos muy recelosos a la hora de mostrar públicamente nuestro trabajo. En nuestro país apenas se pueden encontrar guiones españoles en la red, y sólo unos pocos films -ya estrenados con cierto éxito- son editados en papel (gracias sobre todo al buen hacer de la editorial 8 y medio).

Lo que me llama la atención es que hoy en día se explota publicitariamente cualquier mínimo detalle relacionado con la realización de un film o una serie. Incluso el mero hecho de que el proyecto exista es una noticia con la que alimentar expectativas y lograr titulares. Se muestran fotos de gente dándose apretones de manos en feos despachos, imágenes de pruebas de vestuario, se lanzan virales primigenísimos y se muestran pantallas verdes donde se clonarán bichos y bombas. Se lanzan notas de prensa desgranando cualquiera de los aspectos más nimios de la pre y la postproducción, y en cuanto se tienen dos imágenes de video guarras se esparcen a los cuatro vientos del youtube, se twitean, se facebuquean, se da pábulo premeditado a las rumorologías y el cotilleo…

¿Por qué los guiones están absolutamente fuera de este proceso, más allá de alguna información fría donde se dice “fulanito está escribiendo la peli de menganito”? Nadie se atreve a enseñar nunca ni una sola escena escrita en papel, ni una frase, ni una coma. Como mucho se enseña el título.

Supongo que se podrían argumentar diferentes causas:

- La inseguridad de los guionistas. Ya conocen esa máxima de que los guionistas vivimos con el miedo constante a que los demás descubran que somos un fraude. Ninguneamos nuestro propio trabajo, dudamos de nuestro talento, de nuestras capacidades. Nos hicimos guionistas y no actores o directores porque somos “un tipo concreto de creativos” a los que no nos atrae especialmente la idea de exponernos. Enseñar un guión siempre será un acto de valentía y una garantía de sufrimiento, especialmente en este país de críticos ingobernables prestos a saltar cual ninjas sobre el trabajo ajeno. Publicar un guión parece una invitación a que la gente diga: “ah, vale, queda confirmado oficialmente que eres un guionista de mierda porque esta vez no te puedes escudar en la excusa de que me lo rodaron mal“.

- El miedo al plagio. Es frecuente que creamos que nuestras ideas son dignas de ser plagiadas. Casi nunca lo son, y de hecho los casos reales de plagio son muchos menos de lo que la mayoría de la gente imagina. Pero el miedo está ahí.

- La eterna condición “provisional” de los guiones. Hasta que un film o un capítulo no está terminado todo es susceptible de ser cambiado, por lo que nos da mucho respeto mostrar algo que, seguramente, alguien nos acabará obligando a cambiar a lo largo del proceso (a pesar de que dicho proceso es algo ya muy asumido por el público, nadie se espanta al ver las pantallas verdes todavía sin los bichos y las bombas).

- En la mayoría de los casos, los guiones en los que ha habido un contrato de por medio ya no son “propiedad” del guionista, por lo tanto la decisión de mostrar el libreto, o no, está en manos del productor.

- El carácter asustadizo de los guionistas. Creemos que mostrar un guión que no ha sido rodado podría suponer un impedimento definitivo para lograr, efectivamente, que se llegue a rodar. Tenemos el convencimiento de que los productores no se van a interesar por un guión que ha sido previamente expuesto. Que, de alguna manera, esa historia ya estará “quemada”.

Y yo me pregunto, ¿todo esto es realmente así? ¿No estamos dando por hecho convenciones mantenidas durante décadas que, quizá, ya no se adecúan al momento tecnológico y cultural que vivimos? Ojo, no lanzo la pregunta con la prepotencia de quien ya tiene decidida su respuesta; realmente dudo al respecto. Lo único que tengo claro es que me parecen preguntas que merecen la pena ser planteadas.

¿Realmente alguien piensa que colgar en la red un guión significa, automáticamente, que millones de personas lo van a leer y que, por ende, esos millones de personas no irán a ver la película porque ya habrán leído el guión y ya “habrán disfrutado de él” y “sabrán lo que pasa”? Si esto fuera así, si realmente fuera lo mismo una cosa que la otra, ¿no sería mucho más fácil -y barato- publicar los guiones en lugar de rodar las películas?

Seamos sinceros, casi nadie lee guiones, y menos gente de fuera de la industria. Y cuando uno hace el esfuerzo de leer un guión que le interesa (porque casi siempre es un esfuerzo, no nos engañemos), si está razonablemente bien escrito, lo normal es que tenga muchas más ganas de ver la película que antes de leerlo, no menos.

Nos quejamos de tener una industria dirigista, que crea los proyectos desde los despachos y no desde las teclas, pero luego somos absolutamente timoratos a la hora de proponer, de enseñar, de vender, y nos dejamos apabullar por pistas peregrinas sobre “lo que se pide ahora” o “lo que es vendible”, sin atrevernos a llevar la iniciativa narradora. Creo que no conozco a ningún guionista que no critique más o menos apasionadamente la industria audiovisual nacional, lo erróneo, antiguo y cobarde de sus propuestas; pero casi ninguno se atreve a mostrar un guión escrito y decir, “esto es lo que yo haría si me dejaran”. Es una crítica de carácter colectivo y por tanto injusta, sí. Pero nos entendemos.

¿No será, también, que gran parte de las producciones se montan sobre la premisa de “engañar al espectador” con fuegos artificiales promocionales para que crea que va a ver un film, o una serie, mucho mejor de lo que es en realidad, y que, por tanto, hay miedo de “romper el hechizo” si se publica el guión antes de tiempo? ¿Será, tal vez, que los directores o los productores se negarían por principio a que se pudiera confrontar el resultado de su trabajo con el planteamiento previo que había en el guión original? (De hecho, es más habitual que los guiones que se publican sean de directores-guionistas, lo que responde en parte a la pregunta).

¿No va siendo hora de buscar estrategias entre todo el gremio para que el guión adquiera en este país el lugar que le corresponde como motor fundamental en la creación de una historia audiovisual? ¿Y no es Internet una herramienta que podría ayudar, de alguna manera, a lograrlo?

Todo esto son preguntas abiertas. No voy a afirmar algo así como que todos tenemos que colgar en Internet nuestros guiones. Pero sí creo que tampoco pasaría nada demasiado terrible por hacerlo, y que no está de más planteárselo. Y para que esto no quede en un alegato retórico, voy a colgar, aquí y ahora, dos guiones escritos por mí, para que me los destrocen.

El primero es fruto de una petición. Se trata del guión del cortometraje “La Media Pena” , dirigido por Sergio Barrejón, y que varias personas me han solicitado en los últimos meses. Aquí lo tienen. En este caso lo bueno es que es corto, y que pueden compararlo con el resultado final rodado (que, en mi opinión, mejora mucho lo escrito, como siempre debería ser). Se trata de la última versión antes de rodaje, y he de decir que, aunque Barrejón se negó a firmar como guionista, aportó varias ideas al libreto, entre ellas el final tal y como quedó en pantalla.

El otro es un largometraje llamado “Objetos”, escrito en 2011, que recibió una subvención del ICAA a desarrollo, lo que me permitió trabajar en él sin presiones creativas ni condicionantes comerciales. Escribí, grosso modo, lo que me salía de los huevos; un thriller oscuro, personal, seguramente fruto de una mente un poco sucia. La verdad es que lo pasé bien con él y he de agradecer a varios colegas que leyeron, desmenuzaron y aconsejaron. Eso sí, es un guión sin ningún viso por el momento de que llegue a rodarse algún día. Ha sido leído por productores y unos cuantos de ellos hicieron valoraciones positivas, pero no demostraron intención o posibilidad de producirlo, al menos no en un futuro cercano. Quizá es demasiado personal, quizá no es comercial, quizá es muy caro, quizá es muy malo. Aquí lo pueden descargar y comprobarlo.

Sé que haciendo esto me expongo, pero en fin, es que vivir es exponerse. Algunos de ustedes podrán decir “vaya puta mierda de guión y de guionista”, y seré yo el que se lo habrá servido en bandeja. Están en su perfecto derecho de criticar, y aquí se publicarán sus comentarios intactos, siempre que no rasguen esa fina membrana que nos protege del mal gusto. En la medida de lo posible responderé a cualquier pregunta que quieran plantearme.

Si el experimento no es un absoluto desastre, puede que más adelante comparta otros textos de los que menos me avergüenzan, entre ellos también pilotos televisivos, que es donde más me prodigo y donde, tal vez, se echan en falta propuestas más audaces.

Por supuesto, esto lo hago con el deseo de animarles a todos ustedes a que aireen también sus creaciones, aquí o en sus propias bitácoras o twitters. Sé que seguramente no lo van a hacer. Casi seguro consideran esto un acto de gilipollez supina o de onanismo bloguestúpido. Puede ser, lo mismo me dijeron muchas veces cuando empecé con “El Guionista Hastiado“.

Sinceramente, a mí me interesaría mucho leer proyectos de compañeros de profesión. Proyectos que nunca se rodaron, que no pasaron el filtro, que eran demasiado personales, o audaces, o malos, o que están todavía en la dura pelea por ser llevados a término.

Porque los proyectos aparcados, invisibles, deficientes, los que se quedan sin pareja en el baile, los que no prosperan, nos hablan también de cómo funciona esta industria, tanto o más que los que sí llegaron a las pantallas. Y, de cualquier manera, la lectura, la colaboración, el conocimiento y el compartir inquietudes y críticas nunca pueden suponer, a la larga, algo negativo. Levantémosnos los refajos y enseñemos un poco de carne.


LO MEJOR DE 2012, PARA MÍ (PUEDE CONTENER SPOILERS)

31 diciembre, 2012

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Un lugar donde quedarse

Un viejo rockero, con el cerebro frito pero con un extraño sentido del humor, arrastra una maleta con ruedas. Cruza el océano en un trasatlántico para volver a Estados Unidos, ahora que su padre ha fallecido. Una vez allá, se entera de que éste dedicó los últimos años de su vida a intentar vengarse de una humillación menor que había sufrido en el campo de concentración nazi en el que fue internado. El protagonista decide continuar la misión de su padre. Busca por los Estados Unidos al viejo nazi. Por el camino encuentra juega partidas de ping pong, asiste a un memorable concierto de David Byrne, conversa con el tipo que decidió poner ruedas a las maletas, asiste a la combustión espontánea de un todoterreno que le prestó un mafioso y tiene memorables encuentros con ocas, bisontes y hombres tatuados.

Posiblemente, la película más libre del año. “Sólo lo raro es bello”, escribió Baudelaire, Pues eso.

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Take Shelter

El protagonista de “Take Shelter” repite una frase para si: “Hay algo que no está bien, algo no está bien” viene a decir. Es casi la misma frase que repite Sean Penn en “Un lugar donde quedarse”, creo que en el interior del coche. Dos presuntos desequilibrados que resultan ser, irónicamente, más cuerdos que quienes les rodean.

Pero así como “Un lugar donde quedarse” es una curiosa road movie protagonizada por un Buster Keaton disfrazado de Robert Smith, “Take Shelter” es una durísima historia sobre la locura, el amor y el miedo. Ésta, en cambio, no es una película libre. Aquí sabes que, escribiendo y dirigiendo, hay un tipo que sabe a donde va. Y conduce muy bien.

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Los descendientes

Un hombre corre en chanclas hacia la casa de unos amigos. Quiere asegurarse. ¿Es posible que sea verdad? Su mujer, ahora en coma, ¿es cierto que ha estado engañándole con otro hombre desde hace meses?

Sí, es cierto. Y Clooney, con sus chanclas y sus bermudas, llega a conocer al amante. Un hombre para el que su esposa significó demasiado poco. La extraña tristeza de Clooney en ese momento. Por lo menos, hubiera deseado que, para su amante, ella hubiera sido alguien extraordinario.

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Declaración de guerra

Otra carrera. Ésta desesperada, por los pasillos de un hospital. Valérie Donzelli se dirige a si misma, cuando, hace unos años, recibió la noticia. Su hijo estaba gravemente enfermo. Ella y su novio se encarnan a si mismos en una película sobre la enfermedad de su hijo y cómo les afectó. Ahora su hijo está mucho mejor. Pero ellos ya no son pareja. Una película dolorosa y, sí, divertida.

(Aquí, en Filmin)

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La cueva de los sueños olvidados.

Herzog entra en la cueva de Chauvet. Graba en 3D las pinturas rupestres. Los salientes de las rocas, los animales retratados. La mano de un artista, repetida en la pared. Tal vez es su firma. Tal vez es su voluntad de sobrevivir a la muerte y vencer al tiempo. Como la película que estamos viendo.

Y ese extraño epílogo del cocodrilo albino…

(Aquí, en Filmin)

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Diamond Flash.

La minúscula película de Carlos Vermut es una de las más desasosegantes y originales del año. Una mezcla de Tarantino, Shyamalan y Bergman. Os lo juro. Que la haya logrado en condiciones tan precarias es el mejor de los estímulos en estos tiempos de negros augurios sobre el futuro del cine.

(Aquí, en Filmin)

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Lo imposible.

Una película de catástrofes que no es una película de catástrofes, es la historia de una familia normal viviendo una experiencia extrema. Una historia de supervivencia contada con todos los recursos del cine más espectacular, pero también con honradez. No parece española. Efectivamente, parece una gran película de Hollywood. En el buen sentido.

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De óxido y hueso.

A algunos no les gusta el título español. No acabo de entender porqué. Pocas cosas más físicas y duras que una película de Audiard. En ellas todo son cuerpos chocando, huesos partiéndose, cristales clavándose y sangre negra manando. De vez en cuando, un tímido rayo de sol. Un paso más cerca del melodrama, pero sin alejarse del género negro, Audiard y Bidegain adaptan libremente relatos de Craig Davidson, trasladándolos de Norteamérica a Francia sin que pierdan ni un gramo de verosimilitud en el camino.

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Un amor de juventud.

Sin llegar a la altura de “El padre de mis hijos”, la siguiente película de Mia Hansen Love es una preciosa historia de amor y nostalgia que parece hablar, sobre todo, sobre el paso del tiempo.

(Aquí, en Filmin)

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Esto no es una película.

Un director iraní, obligado por el régimen de Ahmadinejad a permanecer en su casa, sin poder rodar. Como un león enjaulado, pasea por el salón de su casa, grabado por la cámara de un amigo documentalista, arreglando detalles legales, preocupado por la seguridad de su familia, que queda atrapada en una manifestación contra el gobierno en las calles de Teherán y, sobre todo, leyendo el guión, interpretando los papeles, dibujando en el suelo las paredes de la casa imaginaria de una película que, posiblemente, nunca le permitan rodar. Pronto admite su fracaso. Una película no se puede contar. Si fuera así, no haría falta rodarla. Os recomiendo ver esta pequeña no-película sobre la necesidad de rodar. Cuando, como en el caso de alguien como Panahi, rodar es vivir.

Con escalofriantes títulos de crédito, por cierto.

(Aquí, en Filmin)

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SALVAR EL CINE

19 julio, 2012

por Alejandro Pérez.

¿Sabías que Alemania tiene una asistencia al cine por debajo de la española?
Escribo desde Marburgo, el pueblo paradisíaco donde estudiaron los hermanos Grimm. Entre mis anfitriones hay unos cuantos que están estudiando análisis de medios (Musik, Kunst und Medien, lo llaman). Y me han contado que los cines se tuvieron que poner las pilas mucho antes de la crisis de internet, por lo que, en eso también, nos llevan años de ventaja.
Por lo visto aquí las ventanas de explotación son ligeramente distintas respecto a otros países. La gente no tiene la misma cultura de pagar por ver una película que en España. Sí compran el DVD, pero casi no hay Pay Per View. La razón de que el Plus y similares no funcionen es que no hay porno duro. Sí señores, en Alemania ni siquiera un canal de pago puede emitir porno duro por ley, y eso llevó a frenó sensiblemente la contratación de canales digitales. Si a eso le sumamos una gran televisión pública y dura competencia de canales privados, el Astra y los canales temáticos libres, nos encontramos todas las películas del cine en la tele en menos de un año y la gente prefiere esperar.
 
Hoy he ido al cine para ver cómo han peleado con eso desde las salas. Marburg tiene tres, de tres tamaños: la del centro comercial, multisala, digital, con butacas grandes; la de cine de barrio, de toda la vida, y una pequeñita de cine alternativo para cosas iraníes subtituladas.
He ido a la sala comercial. y he visto tres innovaciones  que me han sorprendido:
 
1) LOVE SEATS: asientos del amor. El cine es un lugar perfecto para una cita, pero los asientos cómodos y grandes con palomiteros gigantes que tanto mejoran la experiencia como espectador también son un coñazo para abrazar a tu chica. Y para ellas es imposible apoyar su cabeza en tu hombro sin romperse la espalda. Antes, con asientos tamaño La Sepulvedana, esto no pasaba. Es más, como estaban diseñados igual que los autobuses, en algunos sitios podías levantar el apoyabrazos. Pero con asientos grandes, de los de apoyabrazos dobles con palomiteros, ya no se puede. A veces son tan anchos que, ni llegas.
Los Love Seats vienen al rescate. En cada fila del cine hay dos butacas que NO tienen apoyabrazos en medio. Y ya está. La gente que va al tema y no a comer palomitas, bien que lo agradece. El único problema supongo que es proponer esos asientos a tu pareja en una primera cita.
2) SNEAK PEAKS: si has estado en Sitges, sabrás que hay una sesión sorpresa donde todo puede pasar, los espectadores no saben a lo que van. A veces, ha habido estrenos mundiales de mucha repercusión.
Claro, no puedes tener a Ángel Sala negociando eso en cada multiplex. Lo que sí puedes hacer es poner otra peli de tu catálogo al azar, del año pasado, o que no ha rentado lo suficiente. El precio de la entrada es de dos o tres euros, permisible para cualquier bolsillo, y según me han dicho, esta idea ha sido uno de los grandes salvadores de las salas alemanas. De media, al pasar 15 minutos sale del cine la cuarta parte de la gente. Pero no les importa: salen una de cada cuatro veces. Las otras tres veces se han quedado porque les gustaba lo que veían. Sirve para que eche la velada un grupo de amigos y ahorrarse las discusiones de qué ver. La idea funciona tan bien que aquí tenían dos salas a las 10:30 de la nochedispuestas a sorprender, una en inglés y otra en alemán. Incluso, una vez al mes, hay un Classic Sneak Peak, y la peli sorpresa es un clásico, generalmente en blanco y negro.
3) VENTA DE POSTERS: Admito que cuando lo he visto me he cabreado con España. ¿Por qué cojones no existe eso en nuestro país? La gente que compra posters es la gente que paga por las películas. El cine, cuando es industria, tiene la mayor parte de sus ingresos en merchandising. Entonces, ¿por qué no se pone el merchandising POR SISTEMA en el stand de palomitas? ¿Por qué te echan a la calle, incluso en los cines construidos hace poco, que es el momento de tu vida que más presentes vas a tener esos personajes? Quiero pillarme un póster de dos metros de Angelina con escote cuando todavía estoy acalorado. Pero también todo lo demás. Quiero comprar los juguetes de Toy Story. Quiero la banda sonora de Giacchino. Quiero salir a tope de adrenalina de Los Vengadores y que una colección de los Ultimates se me plante en las narices.
Exhibidores, exhíbanse. Salvemos el cine.
(Alejandro Pérez es diseñador de efectos especiales y guionista y director de cortometrajes. Próximamente estrenará el quinto episodio de Tus derechos 2.0, documental web sobre derechos de autor.)

ELIGE TUS PROPIAS PAREDES

20 abril, 2012

por Guillermo Zapata.

Creo que podría escribir un artículo parecido para la educación, la sanidad, la reforma laboral, etc. Pero ésto es bloguionistas, así que hablemos de guiones, de cine, de tele y eso.

Hablemos del panorama. Si conoces el panorama, pasa al siguiente párrafo. Si no, te lo resumo: Charlas con amigos. La expresión favorita es “parado”, todo está parado. No solo no se invierte en desarrollo de proyectos, los proyectos ya escritos no se ruedan, los proyectos ya rodados no se emiten. Un proyecto por emitir de una televisión forma parte de sus “activos”, un proyecto emitido forma parte de sus “pasivos”. No se están rodando películas. Las subvenciones destinadas al cine tras los recortes se irán todas a pagar las ayudas a las películas del año pasado. Hay una cosa llamada “ley de mecenazgo” que parece ser la panacea bíblica, pero de la que no sabemos nada y tampoco se la espera.

Vale. Correcto. Ya estamos todos en el mismo sitio.

Ahora. ¿Qué hacer? En realidad, la única pregunta importante es siempre qué hacer.

Opciones.

A.- Manifestarse, gritar, enfadarse (mucho o poco) Al gusto.

B.- Confiar en que escampe. Rezar para que escampe a Dios o a Luis Buñuel. A quién sea.

C.- Pensar que a ti no va a pasarte. Confiar en tu talento. En tu potencia creativa. En tus contactos.

Tengo la sensación de que estas tres formas son igualmente legítimas, razonables y problemáticas. ¿Es razonable y justo enfadarse? Sin duda. La lista de motivos es larguísima. ¿Es razonable confiar en que las cosas mañana irán mejor? Si, por supuesto, porque vivimos un contexto que se nos presenta como pasajero. ¿Es razonable creer en uno mismo? Hombre, ¿si no crees en ti mismo en quién demonios vas a creer?

Pero a la vez son paredes. Son límites infranqueables que se bloquean muy fácilmente. A la primera opción siempre se le va a poder decir “Grita hasta quedarte ronco” “Expresa tus opiniones cuanto quieras” “Pero no hay dinero”. A la segunda siempre se le va a poder ir dando cuerda poco a poco porque está dispuesta a conformarse con la ilusión de un regreso a un tiempo mejor. Y la tercera siempre puedes pensar que si algo no va bien también es culpa tuya.

Quizás hay que elegir otros caminos con menos paredes. Hacer películas o series requiere de algunas cosas, pero hay una esencial, gente que quiera que esas cosas existan. Si esa gente no tiene interés, si no hay ese deseo de que algo exista, no existirá. Entonces, quizás el centro de las conversaciones, las discusiones, los enfados, las propuestas, podría ir encaminado no a demandarle cosas a quién hace los recortes, no a la esperanza de volver a tiempos que, quizás, no vayan a volver y tampoco a nosotros mismos, sino en aliarnos con otros. Aliarnos a través de proyectos, de series, de películas, de experimentos que, si funcionan, podamos replicar.

Aliarnos con otros es reconocer también la necesidad de recomponer un lazo roto, muchas miradas por encima del hombro, mucho “son todos unos vagos que viven del estado” y mucho “no les interesa nada, son idiotas, no saben de nada, están manipulados” Y ese será un proceso largo, como recomponer un matrimonio herido o superar una muerte. Pero esa alianza es esencial porque es el motor de otras cosas. De otra forma de relación con el público, que igual ya no tiene que ser “público” sino comunidad.

Podríamos pensar que el cine o la televisión ya no existen, pero que tenemos las herramientas técnicas y los conocimientos para que existan y, entonces, ¿que haríamos?

Sin una fuerza afirmativa, que plantee la creación cultural en términos nuevos, que produzca de otra forma, distribuya de otra manera, sea sostenible y no solo rentable (que también) sin esa doble alianza, es muy posible que nos quedemos roncos… Y ya. Y quizás si esa fuerza afirmativa existe, se recompone la relación social que posibilidad un determinado modelo de cultura y que sostiene a unos profesionales y unas comunidades creativas.

Hay una frase que me gusta mucho que dice algo así como “la única manera de que un sistema supere a otro sistema es que el nuevo sea, al menos, tan complejo como el anterior”. No sé porque me ha venido a la cabeza.


DESPUES DE LA CHARLA

28 noviembre, 2011

Por Daniel Castro

Hace dos lunes escribía sobre lo difícil que me había resultado preparar mi charla para el Hotel Kafka. Intentaba contar dos cosas a los alumnos: una, que se animaran a escribir historias que tuvieran que ver con sus vidas y, dos, que intentaran rodar, aprovechando que los medios técnicos actuales lo facilitan enormemente.

Pero no encontraba la manera de relacionar las dos ideas. Una tenía que ver con la escritura, la otra, con las menudencias de la autoproducción más precaria.

Como casi siempre, la solución fue sencilla y de sentido común.

Las dos cosas son casi la misma:

Escribir algo realista lo convierte en fácil de rodar. Y, rodar algo con pocos medios lo convierte, casi obligatoriamente, en algo realista.

A no ser que lo que uno quiera reproducir en una película sea aquél apocalíptico viaje que hizo al Amazonas en el que una tribu autóctona intentó devorarle y sólo consiguió huir fabricando un helicóptero con troncos de palmeras, el resto de las cosas que uno vive suelen ser bastante sencillas de reproducir.

En nuestra vida suele haber pocas persecuciones en lanchas y, en cambio bastantes conversaciones en cafeterías. No solemos asesinar cruelmente a demasiada gente. En cambio, sí solemos abrazarla, hacerle el amor o llamarla por teléfono. Cosas mucho más económicas.

Es bastante fácil convencer a tu amigo excéntrico para que haga un papel de… tipo excéntrico. Es bastante probable que el dueño del bar donde llevas años yendo a tomar cañas te deje grabar y también es lógico que los objetos que necesites para una película sobre un tipo de 30 años que vive en Madrid, los tengas en tu casa, que viene a ser… la de un tipo de 30 años que vive en Madrid.

Los problemas empiezan si quieres que tu protagonista viva en un palacete de cristal, conduzca un Ferrari y haga explotar un tren de Alta Velocidad.

Marx sostenía que la infrastructura (base económica) de una sociedad determinaba su superestructura (producción intelectual, cultural, etc). Según el marxismo, “no es posible la independencia de la mente humana, del pensamiento, respecto de las condiciones materiales específicas en las cuales se está inmersa la sociedad” cita extraída de este artículo de la Wikipedia).

Un análisis superficial vendría a identificar el inusitado crecimiento económico de Occidente durante los últimos 30 años con un tipo de cine comercial y evasivo, ideal para que cada avance tecnológico se mostrara en todo su esplendor. Desde las primeras películas de Spielberg hasta “Avatar”, de Cameron, Occidente parece haber vivido tres décadas de frenesí, de un progreso que parecía universal e imparable.

Tal vez la actual crisis económica mundial afecte a los contenidos audiovisuales. Tal vez no.

En cualquier caso, estemos ante una decadencia del cine tal y como lo hemos conocido en los últimos 30 años o no, estemos ante un cambio en el tipo de contenidos de la ficción o no, lo que sí parece evidente es que los medios escasos deberían acompañar a historias modestas y eso, implica, en cierto modo, que éstas sean más realistas.

Nacho Vigalondo acaba de rodar una película de bajo presupuesto titulada “Extraterrestre”. Aún no la he visto pero, según las reseñas que he leído, viene a ser una comedia romántica con marcianos al fondo. ¿Alguien imagina una producción barata que fuera, al contrario, una gran película de invasión extraterrestre con leve subtrama amorosa?

Probablemente sería una gran chapuza. La escasez de dinero se nota sobre todo cuando se pretende recrear algo inexistente en el tiempo actual. No tanto cuando uno pretende grabar cómo es un piso de Malasaña en 2011. El dinero puede ser incluso contraproducente en este último caso. Uno no imagina que una película de Ken Loach pueda ser mucho más realista o mejor si un estudio (algo desquiciado) decidiera financiarla con veinte millones de dólares más.

Cuando el dinero es escaso, el director y guionista deben limitar su grado de intervención en la realidad, deben moderar sus ansias de “reconstruir”. Resultan obviamente eliminados la persecución en moto y el flashback a 1905, cuando el abuelo tomó el carguero que le llevó a Argentina.

Algunos ven en estas limitaciones grandes barreras que limitan su creatividad.

Lo son.

Pero creo que también hay en ellas grandes ventajas.

Una de ellas es la libertad que permite al director – guionista. Quienes aportan dinero a una producción permiten que el personal cobre o que se pueda utilizar cierto efecto digital especialmente caro, pero, a cambio, exigen decidir quién va a ser ese personal: quién va a protagonizar la película, cómo va a ser el final y en qué idioma se va a rodar.

Sin conocer concretamente el caso de la última película de Vigalondo, me permito aventurar que probablemente haya gozado de mucha más libertad para escribirla y rodarla que si se hubiera tratado de una historia más complicada.

Otra ventaja indirecta de la escasez económica es la de acercar lo que hacemos a lo que vivimos. Como explicaba más arriba, cierto grado de realismo deja de ser una opción y pasa a ser una obligación. La pantalla de cine deja así de ser únicamente una puerta de evasión, sino que pasa a ser también un espejo que muestra al espectador algo que se parece a él o una ventana que le permite ver otros aspectos de la realidad en la que vive.

El otro día, en el hotel Kafka, cerré la charla con una cita de Truffaut de 1957 que me parece sorprendentemente apropiada para estos tiempos de autoproducciones: “La película del mañana la intuyo más personal incluso que una novela autobiográfica. Como una confesión o como un diario íntimo. Los jóvenes cineastas se expresarán en primera persona y nos contarán cuanto les ha pasado: podrá ser la historia de su primer amor o del más reciente, su toma de postura política, una crónica de viaje, una enfermedad, un servicio militar, su boda, las pasadas vacaciones, y eso gustará porque será algo verdadero y nuevo… La película del mañana será un acto de amor.

Y ahora, tomando las últimas palabras de esa cita, voy a correr el riesgo de ser cursi.

La clave es el amor.

Escribir es amar. Rodar es amar. Tomar fotos es amar. Mirar es amar.

Nuestro tiempo es escaso y lo sabemos. Por eso lo dedicamos a aquello que creemos que merece la pena.

Por eso escribimos sobre aquello que nos gusta o, al menos, nos interesa. Superhéroes (porque esos fueron los cómics que amamos), amor, zombies o conflictos familiares.

Asumo que la gran mayoría de las personas que se dedican a escribir o a dirigir han tenido una vida tan llena de amor por el cine, la televisión y otras obras de ficción que es imprescindible que este sentimiento se vea reflejado en su obra. Es sano y lógico que quieran mostrar en sus películas su pasión por los relatos de aventuras, de zombies o por el cine de espías de los últimos 70.

Sin embargo, y sabiendo que es un consejo que resulta desagradable a muchos jóvenes cinéfilos (era algo que no quería oír yo mismo hace diez años), les invitaría a que miraran menos al cine, menos a la tele, y más a la vida. Aunque a veces no lo parezca, hay cosas más fascinantes que un sorprendente punto de giro, un medido movimiento de cámara o un plano cuidadosamente compuesto.

La realidad no es sólo un lugar del que huir. Es el lugar en el que estamos instalados, lo queramos o no. Y estaremos aquí siempre. De la realidad podemos extraer historias apasionantes que, además, podemos contar de manera muy económica.

Pienso que un buen guionista no sólo debe amar el cine. También debe amar el mundo que le rodea. O al menos,  intentarlo.

Nota de despedida

Tras este post me voy a tomar un descanso. Actualmente trabajo como guionista en “Gran Hotel” y acabo el montaje de “Ilusión” (mi pequeño largo autoproducido) en los ratos libres. Eso me deja poco tiempo para escribir posts que merezcan la pena.

Durante unos meses escribiré menos por aquí, aunque intentaré no desaparecer completamente. Espero volver pronto con mayor regularidad.

Hasta entonces, os mando a todos un saludo.


ESCUADRÓN CONTRA LA MUERTE

31 octubre, 2011

Por Daniel Castro

Este fin de semana se ha celebrado en Madrid (y simultáneamente en cuatro ciudades sudamericanas) un festival llamado 4 + 1. La selección es muy cuidada y permite ver un puñado de buenas películas que, en muchos casos, no se podrán ver nunca en pantalla grande en nuestro país. Son películas que se podrían clasificar en eso que se suele llamar “cine de autor”.

Tranquilos, ya me acerco a lo que quiero contar, esto ha sido un  párrafo de presentación.

Después de ver el jueves la maravillosa “El chico de la bicicleta” de los hermanos Dardenne, que trata sobre un chico abandonado que, después de ser abandonado por su padre, entra en un centro de menores, el sábado pensaba ir a ver otra de las pelis que me habían recomendado: “Meek’s cutoff” de Kelly Reichardt. Me metí en la web de Sensacine para leer algo sobre ella. Copio un párrafo de esa página:

Tres de tres. Kelly Reichardt lleva tres obras maestras consecutivas. La primera fue ‘Old Joy’, crónica de la desintegración de una amistad y el desgarro que deja tras de sí. La segunda fue ‘Wendy y Lucy (Wendy and Lucy)’, un viaje interior hacia la pérdida y la desolación. Y ahora nos llega con la que es, seguramente, la mejor de las tres: ‘Meek’s Cutoff’, auténtico western de áridos pasaje (…)

Cuando leí este párrafo, no pude evitar sonreírme. Sin haber visto ninguna película de Reichardt (y asumiendo que muy posiblemente sean estupendas) me llamó la atención que, según el escritor de esa nota, todas ellas hablaran de asuntos tan tristes (Esos adjetivos, esos sustantivos: desintegración, desgarro, pérdida, desolación, áridos paisajes…)

Un rápido vistazo a la programación del festival nos ofreces más ejemplos: hay películas sobre skaters adictos a la destrucción y la ultraviolencia, varios viajes al interior de las mentes de autores más o menos atormentados por el amor y/o el dolor, historias ambientadas en un correccional noruego de principios del siglo XX, etc.

En resumen, como muchos de vosotros ya habríais pensado sin esta introducción: el cine de prestigio crítico, el que acapara premios en los festivales y estrellas en las revistas especializadas tiende a ser un cine algo pesimista. En los comentarios sobre este tipo de cine suelen abundar frases como: “una crítica sin concesiones”, “el director disecciona como un cirujano”,  “un golpe al sueño americano”, “una mirada lúcida y sin piedad”… Como me pasó a mi leyendo ese párrafo sobre la carrera de Reichardt, leer varias sinopsis de cine alternativo seguidas puede resultar incluso (involuntariamente) gracioso.

Ahora, un poco de entretenimiento

Por oposición a las características del cine alternativo podemos deducir cómo es el otro, el mayoritario. Mientras uno trata de mirar (y dirigir la mirada del espectador) hacia la realidad, haciendo hincapié en lo más oscuro de esto, el cine más comercial trata de ofrecer una versión amable de la realidad o, simplemente, de no mostrarla. Se ofrece una visión amable de la realidad, por ejemplo, escribiendo finales felices. Una película en la que una valiente mujer derrota a una gran empresa química permite que el espectador se reafirme en la bondad del sistema (¿Quién puede negar que nuestra sociedad funciona si una mujer armada sólo de un buen escote es capaz de vencer a una gran multinacional?). Una película en la que un joven bastante vulgar es capaz de detener una invasión extraterrestre distrae al espectador, le entretiene y, a la vez, le transmite una serie de valores positivos sobre su capacidad de superarse y, en algunos casos, también le proporciona una buena dosis de xenofobia o miedo al otro.

Dos de las palabras que más se suelen emplear para hablar del cine más comercial son “distracción” y “entretenimiento”. Me parece bastante curioso que en otros contextos, éstas sean palabras negativas. Se atribuye un accidente de tráfico a que el conductor se distrajo cambiando de emisora de radio y no se fijó en lo importante (ese camión cargado de Toyotas que venía de frente). Se dice que alguien se entretuvo mirando porno en Internet en lugar de entregar su trabajo a tiempo y que esto tuvo algo que ver con su despido.

Sin embargo, en el cine comercial, estas son unas características que suelen verse como positivas: una película “ayuda a pasar el rato”, “no es muy buena pero es entretenida”. En este sentido, el cine cumpliría una función parecida a la de un sudoku (un sudoku que, por cierto, ni siquiera haría falta rellenar. Sería casi como ver a alguien resolver un sudoku). El cine sería algo que permitiría entretener a los espectadores, distraerles con historias que, mientras fueran vistas, parecieran de gran importancia (la destrucción del mundo tal y como lo conocemos suele ser el argumento de muchos bestsellers y películas de entretenimiento) y, cuando acabaran, dejaran al espectador tranquilo, con un estado de ánimo positivo, con la sensación de haber visto algo acabado, de lo que no ha aprendido gran cosa y que no ha cuestionado de ninguna manera sus opiniones previas o, incluso, las ha reafirmado.

Una de mis dudas sobre este concepto del cine como “entretenimiento” es ¿de qué se supone que nos tiene que entretener el cine? ¿Por qué es bueno que una película nos distraiga? ¿Qué es lo que no debemos ver o pensar? ¿Por qué asumimos que es positivo que el espectador, durante un par de horas, aparte la mirada de la realidad o detenga sus pensamientos? ¿No hay detrás de este concepto del cine como entretenimiento una visión pesimista del ser humano, como alguien que necesita ser distraído para no angustiarse? ¿No resulta algo triste que, del poco tiempo que tenemos para estar en el mundo, dediquemos la mejor parte (nuestro “tiempo libre”) a tratar de distraernos pensando en otra cosa?

El cine comercial sería, tal vez, lo que necesitamos para conjurar los miedos que nos angustian cuando no estamos distraídos. Los monstruos que salen de debajo de la cama y nos susurran al oído oscuras palabras. Nos dicen justo lo contrario que las películas comerciales, nos dicen que, para nosotros, hagamos lo que hagamos, todo va a acabar mal. Hagamos lo que hagamos, moriremos. Solos.

Visto así, ¿qué hay de malo en que una película nos permita olvidar esta información durante hora y media, aunque sea a costa de ver tramas previsibles y estúpidas persecuciones de camiones?

PD: Esta es una canción sobre las preocupaciones que se empeñan en seguirnos a todas partes. Escrita por alguien que sabe de lo que habla.


ANÁLISIS DE PELÍCULAS: SUPER 8 (Espoilers)

17 octubre, 2011

Por Daniel Castro

Super 8”, escrita y dirigida por  J.J. Abrams, ha sido una de las películas del año. Para bien o para mal.

Imagino que todos seguiréis con la misma opinión que teníais antes de leerlo, pero, vamos allá con un análisis del guión de esta película.

Como siempre, llenito de spoilers.

Vamos allá.

Breve sinopsis

En una pequeña ciudad americana, un grupo de chicos está rodando una película amateur cuando un tren militar sufre un grave accidente. Empiezan a ocurrir cosas extrañas. Finalmente se desvela que en el tren viajaba un ser extraterrestre que, gracias al accidente, queda libre, revoluciona la ciudad ante de, finalmente, regresar a su planeta. Los sucesos afectan a los chicos y sus padres, cambiándoles para siempre.

Protagonista: Joe Lamb, chico tímido cuya madre acaba de fallecer.

Objetivo del protagonista: Joe quiere participar en la película de su amigo Charles y conquistar a Alice, la actriz protagonista. En un plano emocional, más latente, también quiere superar el dolor causado por la muerte de su madre.

Antagonistas: Criatura extraterrestre, Fuerza Aérea norteamericana.

Obstáculos: Jackson, padre de Joe, y Louis, padre de Alice, entre otros.

Estructura

Prólogo: La madre de Joe muere en un accidente muy indirectamente causado por un trabajador de su fábrica (Minuto 1)

Detonante: Llega el verano y Joe acepta ayudar a Charles a rodar su película de zombies (Minuto 5)

Primer acto: Joe, contra la voluntad de su padre, se pone a ayudar en la película, junto con Charles y otros amigos frikis. Por fin, conoce a Alice, la chica más guapa del colegio. Se siente muy atraído por ella.

Primer punto de giro: Un grave accidente de tren sucede mientras los chicos graban una escena. (Minuto 18)

Segundo acto: Los chicos son perseguidos por el Ejército por haber grabado el accidente. Tratan de seguir con sus vidas, rodando la película.

Mientras tanto,  comienzan a ocurrir cosas inexplicables en el pueblo. El padre de Joe, ayudante del sheriff se encuentra con que el Ejército obstaculiza sus investigaciones.

En el pueblo, los ataques se recrudecen. El ayudante del sheriff es retenido por las autoridades militares.

Los chicos encuentran unas imágenes que les permiten adivinar que el tren contenía algún tipo de experimento militar confidencial y peligroso.

Por fin, cuande llega, ya revelada, la película que grabaron el día del accidente ven que el experimento en cuestión era una criatura extraterrestre que ahora está en libertad.

Mientras tanto, Joe se ha ido enamorando de Alice. Sin embargo, la relación es obstaculizada por sus padres. Jackson acusa a Louis, padre de la chica,de haber causado indirectamente la muerte de la madre.

Alice es capturada por el extraterrestre.

Punto de giro 2: Justo cuando han encontrado información y pistas sobre el extraterrestre, los chicos son detenidos por el Ejército (Minuto 76)

Tercer acto:

Gracias a un ataque del extraterrestre, los chicos son liberados. Logran encontrar la inmensa guarida subterránea del extraterrestre.

Clímax: Joe se enfrenta al extraterrestre. Le mira a los ojos y le dice que le entiende, que sabe lo que siente pero le consuela, haciéndole ver que puede seguir adelante (Minuto 95)

El extraterrestre deja a Joe y emprende el viaje hacia su lejana galaxia. En el despegue, su improvisada nave se lleva consigo un objeto que Joe conservaba de su madre. Alice y Joe, junto con sus, padres, ya reconciliados, contemplan la nave alejarse.

Mi análisis

El gran Chico Santamano me ha comentado un par de veces que, en su opinión, “Super 8” es, como mínimo, dos películas diferentes en una sola: una de catástrofes y otra de pandilla juvenil (tipo “Los Goonies“). También asegura que ninguna de las dos acaba de funcionar. Creo que, por una vez, Santamano tiene cierta razón. Pero no toda. Vamos con ello.

Parece claro que las referencias principales para “Super 8” con las primeras películas de la factoría Spielberg: esas historias en las que el final de la infancia se narraba en un plácido mundo de prosperidad reaganiana, chalets con jardín, bicicletas y padres divorciados. Eran películas en las que lo sobrenatural solía estar presente (“E.T.“, “Gremlins“, “Regreso al Futuro“) pero casi siempre a un escala pequeña, doméstica y, a veces, entrañable. Lo fantástico, en “Super 8”, entra, en cambio, como un peligro misterioso y temible, más como el enemigo inabarcable de una película de catástrofes.

Algunos problemas

Aunque las dos tramas están conectadas, hay momentos en que parecen circular por caminos muy independientes. La película de catástrofes es, en mi opinión, la menos interesante: sus protagonistas son Jackson, el padre de Joe, el ayudante del sheriff, los malvados militares y el extraterrestre. Los chicos, en cambio, protagonizan una historia más realista: rodando una película, Joe y Alice se enamoran. Su amor es obstaculizado por la enemistad entre sus padres. Unidos frente a un enemigo exterior (el extraterrestre, pero luego también el Ejército), todos acaban reconciliándose.

Tal vez algunos problemas de la película procedan de la gran distancia entre las dos tramas: podemos imaginar a esos adolescentes reaganianos ocultando a un pequeño y bondadoso extraterrestre, enfrentándose a unos bichos traviesos a los que no hay que dar de comer después de las doce o viajando a un pasado reciente para tratar de que todo volviera  a ser como fue, pero… ¿qué pueden hacer contra un todopoderoso extraterrestre, que sería un digno rival de Godzilla? No pueden hacer gran cosa y… efectivamente, nada es lo que hacen, al menos inicialmente. Sólo al final, cuando el extraterrestre ataca a Alice, se movilizan para salvarla.

Que los protagonistas dediquen el segundo acto a continuar con su película casi como si nada hubiera sucedido puede resultar algo sorprendente, pero, en mi opinión, no se trata de un problema demasiado fácil de solucionar: me resultaría más difícil imaginar un modo verosímil en que esos adolescentes pudieran investigar o luchar contra los misteriosos fenómenos que ocurren en su ciudad.

Hay otros problemas en “Super 8″ que, en cambio, si parecen más sencillamente mejorables: un par de ellos tienen que ver con la subtrama de los padres y la muerte accidental de la madre de Joe. Se nos dice que el padre de Alice no acudió al trabajo por una borrachera. La madre del protagonista tuvo que cubrir su turno, sufrió un accidente y murió. Desde entonces las familias están enfrentadas. Este es el mayor obstáculo para la relación entre Joe y Alice. Personalmente, opino que la causa es demasiado leve para explicar el antagonismo. Si la implicación del padre de Alice en el accidente hubiera sido más clara (imaginemos que Louis, por ejemplo, borracho o no, operara la máquina que provocó el desastre) el feroz enfrentamiento entre los dos padres resultaría mucho más verosímil. En mi opinión, faltar a un turno de trabajo no, implica, ni mucho menos, una culpabilidad demasiado evidente. La levedad de esta trama queda revelada también cuando la reconciliación entre los dos padres se produce en una breve conversación en un coche. Al ver lo fácil que se resuelve, uno pensaría que el conflicto nunca fue tan importante como se nos hizo creer.

Una película atípica

Admitiendo todos esos problemas, e imaginando que muchos de vosotros encontraréis algunos más, creo que “Super 8″ tiene mucho otros elementos originales o interesantes. Voy con ellos.

Tal vez, como dice Santamano, “Super 8” no funcione como película de catástrofes porque, en cierto modo, toma algunas decisiones transgresoras respecto a ese subgénero. En un libro imprescidible titulado “La semilla inmortal” Xavier Pérez y Jordi Balló hablaban del tópico del “intruso destructor”, opuesto al (también existente) del “intruso benefactor”. El cine de catástrofes suele decidirse por el primer modelo (en el que una comunidad se une y saca lo mejor de sí para expulsar a un peligro sobrevenido. Por cierto, políticamente se puede decir que es un modelo que parece exaltar valores conservadores). La película de Abrams arranca como una película de intruso hostil y acaba siendo, casi, de intruso benefactor (mucho más “progresista” políticamente: la comunidad sale beneficiada por la llegada de alguien desde fuera, el mensaje es de apertura y tolerancia a lo diferente). En la película de Abrams, el extraterrestre se libera, contrariando los planes de peligrosos militares y se lleva consigo el dolor y el rencor de algunos de los personajes principales.

Sin embargo, el auténtico giro no se da por un cambio en el comportamiento del extraterrestre, sino en la manera en que los personajes lo perciben. Durante los primeros ataques se le percibe como un gran peligro bastante abstracto. (Aunque Abrams tiene suficiente cuidado para evitar que estos ataques sean excesivamente cruentos: hay más daño a las cosas que a las personas, ningún personaje con quien hayamos empatizado muere… )

Es más tarde, cuando el espectador percibe que la historia es algo diferente: gracias a unas viejas películas, los chicos conocen que el alien ha sido capturado, encerrado y utilizado durante años y sólo está intentando volver a su lejano planeta. Su comportamiento, percibido como algo agresivo por los habitantes del pueblo, sólo era un intento de fabricarse una nave con la que volver a su lugar. Quien nos guía en este cambio de punto de vista, quien orienta la mirada del espectador es, cómo no, el protagonista. Nadie mejor que Joe para entender el dolor de esa criatura, de pronto sola, en un entorno hostil. En el clímax de la película, Joe calma la rabia de esa extraña criatura expresando lo que ha aprendido de su dolor: “A veces pasan cosas malas, pero puedes seguir viviendo”. Tal vez no sea una frase demasiado sofisticada, seguramente a algunos les resulte incluso vergonzante que sea así como el protagonista “derrote” al antagonista, pero, a mí, personalmente, me sirvió. De pronto, cosa muy poco habitual en este género, el antagonista resultaba tener sentimientos, resultaba ser una criatura susceptible de ser escuchada y comprendida, no únicamente vencida.

Me resultó especialmente emocionante la escena final. Que la nave del extraterrestre arrastre en su vuelo el colgante de la madre de Joe me parece uno de esos hallazgos visuales que tantas veces se reclaman en los manuales de guión y… tan pocas veces se ven en las películas. En cierto modo, el extraterrestre (a través de la fuerza magnética de su nave) devuelve a Joe la lección que éste le dio minutos antes: “A veces pasan cosas malas, pero puedes seguir viviendo”.

Estalla el depósito de agua y la criatura se marcha. Los malos están aquí abajo, en la tierra. El extraterrestre que se marcha era distinto. Ni mejor ni peor. Para darse cuenta de ello sólo hacía falta intentar entenderle.

Creo que pocos dudarán de que Abrams podría haber escrito una película de aventuras juveniles o una catástrofes prácticamente perfectas. Hubiera podido hacer que los chicos derrotaran al monstruo utilizando algún recurso ingenioso, construyendo algún tipo de arma, descubriendo el punto débil de la criatura y atacándole ahí.

En su lugar, hizo “Super 8″, que no acaba de encajar bien en ninguno de los géneros a los que parece pertenecer. Y creo que eso es precisamente lo mejor de esta película: cierta extraña pulsión suicida y extraordinariamente humana.


SIN TI NO SOY NADA

7 octubre, 2011

Drive

Por Guionista Hastiado

En las últimas semanas me han coincidido cuatro películas muy diferentes entre sí pero con varios aspectos en común. Las cuatro me parecieron buenas películas. Las cuatro me dejaron buen sabor de boca. Pero también les pongo algunas pegas parecidas. Los filmes en cuestión son:

- Drive: Posiblemente la más entretenida de las cuatro. Una historia de cine negro dirigida por Nicolas Winding y protagonizada por Ryan Gosling en el papel de un conductor especialista en escenas de riesgo que compagina su trabajo legal con operaciones de huida de atracos. La aparición de una mujer en su vida le involucra en una trama violenta donde acabará enfrentándose, sin buscarlo, a una peligrosa mafia. Estimulante estética y música ochenteras y algunas secuencias de persecución automovilística trepidantes sin resultar increíbles. Aún no se ha estrenado en España (yo la vi en Londres), pero les recomiendo que no se la pierdan cuando se ponga a tiro.

- No habrá paz para los malvados. Ya se ha hablado mucho de ella. También aquí en Bloguionistas. La última producción de Urbizu mete a José Coronado en la piel de un violento policía pasado de rosca que, grosso modo, digamos que se pone las pilas para librarse de un buen marrón, metiéndose en un berenjenal que no podía ni imaginar. Un policíaco poderoso, minucioso, rodado con buen pulso y conocimiento del oficio. Pero -para mi gusto- con algunos baches narrativos.

- El hombre de las mariposas. Primer largometraje como director de Maxi Valero. La historia de un hombre apartado del mundo que vuelve a encontrarse con su pasado a partir de la inevitable relación con su nieta, que se cuela sin permiso en su pacífica existencia. Una historia pausada, alejada de maniqueísmos, con una magnífica dirección de actores, un guión consistente y una atmósfera personal y convincente. Yo la pude disfrutar en el Festival de Cine de Madrid. Dentro de pocos meses la tendrán en sus pantallas.

- Somewhere. La última de Sofía Coppola, que ahonda en su recurrente discurso de “qué solitaria y aburrida es la vida de los ricos”, aunque en esta ocasión a través de los ojos de un hombre, interpretado por un sorprendente Stephen Dorff que me ha gustado recuperar, y que, al igual que en la película de Valero, ve trastocado su mundo  por la aparición repentina de una niña (su hija, la increíble y prometedora Elle Fanning). La mayor pega del filme es su apuesta por un ritmo cachazudo, de planos eternos y miradas perdidas. Parece que Sofía ha querido mostrarnos la abulia vital del personaje aburriéndonos también a nosotros, los espectadores. Una pena, porque tiene algunos momentos gloriosos (esas gemelas bailando una danza sexy-patética en la habitación del protagonista, los ronquidos del protagonista entre las piernas de su amante ocasional, el progresivo encuentro padre-hija…).

De hecho, dentro de que las cuatro películas me gustaron, la única nota negativa que les pongo es que en algunos momentos de su metraje, en distintos grados, me aburrieron un poco. Nada grave como para salirme de la sala o echarme una siestecita, pero tuve la sensación de que todas ellas tenían ciertos momentos “bajos” en los que mi interés por la historia se resentía.

Evidentemente, esto tiene mucho que ver con cuestiones de ritmo narrativo, montaje y puesta en escena. Mientras Coppola abusa de la crudeza narrativa y del vacío de contenido en una apuesta consciente por los planos alargadísimos, Urbizu se regodea en el minucioso proceso de la investigación y búsqueda del protagonista, Valero se centra en los gestos mínimos de consolidación de la amistad y el cariño, y Winding busca la recreación de una atmósfera por medio del laconismo de los personajes y de cuidadosos montajes que ponen en relación personajes y ambientes, conducción y sentimientos, la ciudad y las personas.

Pero, si nos centramos más en aspectos relacionados con el guión, hay un evidente elemento común entre estas cuatro historias, y es que todas ellas tienen como protagonistas a hombres solitarios. Son cuatro personajes aislados del mundo por diferentes motivos, sobre todo por el sentimiento de culpa y la necesidad más o menos inconsciente de evitar el sufrimiento. A mí el asunto me interesa especialmente porque estoy escribiendo un largometraje que tiene un protagonista parecido, y me preocupó comprobar lo difícil que resulta mantener el pulso de la historia sin que se produzcan”bajones”.

¿Por qué sucede esto? Bien, yo creo que porque en algunas de estas historias la fuerza de un personaje principal muy potente -especialmente en la de Urbizu- ha relajado la necesidad de hacer hincapié en uno de los pilares fundamentales de la narrativa: las relaciones entre personajes.

Contar historias es contar historias de personajes y de sus relaciones. “No habrá paz para los malvados” tiene un montón de elementos que a mí me gustan en una buena película policíaca: violencia, oscuridad, personajes con códigos morales complejos, grises, inadecuados… (Atención ESPOILERS) Pero -contradiciendo algunos estándares del cine negro, del que tanto bebe- el protagonista apenas se relaciona con nadie durante toda la película. Está solo en su viaje. Da la sensación de que habla con otros personajes (la prostituta, su colega de la judicial, el marroquí hortera) porque es necesario o inevitable para su investigación/huída, pero apenas hay conflictos personales entre ellos, y creo que es parte del problema que provocó que la película no me entusiasmara tanto como podría haber hecho.

Tanto en “Somewhere” como en “El hombre de las mariposas” o en “Drive”, la narración se viene arriba en el momento en el que los protagonistas empiezan a interactuar con otros personajes y surgen relaciones personales complicadas e imperfectas que evolucionan a lo largo del metraje. Estas relaciones son las que sustentan el drama, las que alimentan los conflictos, las que ofrecen las motivaciones y, muchas veces, las “soluciones” a los problemas internos de los personajes, especialmente a aquellos que les han terminado separando del resto de la humanidad.

Las escenas de “mecanismos” (investigación, persecución) de “explicación de personaje” (me gusta conducir solo por la noche, observo de lejos a una mujer que me gusta) o las que remarcan un estado de ánimo (tipo “hombre agobiado mirando al infinito”) son necesarias y pueden ser interesantes, hermosas y llenas de sentido, pero necesitan ser contrarrestadas con escenas entre personajes. No se trata de que hablen mucho o poco, no es cuestión tampoco de irse al culebrón (que, por barato, se basa fundamentalmente en secuencias de dos personajes hablando en una habitación), pero sí que hay que buscar a los personajes en la manera de reaccionar ante los otros, porque eso es lo interesante de este mundo, que vivimos rodeados de gente absolutamente diferentes a nuestra forma de ser, pero con los que nos vemos obligados e impelidos a convivir.

El amor, la familia, la amistad… son los verdaderos sustentos emocionales de nuestra vida, al mismo tiempo que los causantes de muchos de nuestros conflictos, y por eso tantas historias hablan de la confrontación entre el deseo de aislamiento y la necesidad de no estar solos. Incluso en un filme tan complicado -por la premisa de la soledad forzada- como “Náufrago” tenemos que buscarle al protagonista una pelota con la que hablar. Sin Wilson, el filme no sólo habría sido un coñazo, sino que el personaje de Tom Hanks habría perdido todo su sentido, se habría quedado hueco.

Evidentemente esto es una reflexión personal y ustedes podrán estar en desacuerdo. Hay grandes películas que pivotan sobre el mismo tema, el mejor ejemplo que me viene a la cabeza es “Las aventuras de Jeremiah Jhonson“, pero ahora mismo, inmerso en mis divagaciones abstractas de cara al guión que afronto, me obligo a mí mismo a considerar importante no perder de vista que el sentido y la evolucion de un personaje -y de su historia- se encuentra, casi siempre, en su relación con los demás, no sólo en sí mismo.


LAS COSAS QUE HEMOS VISTO (y 4)

2 octubre, 2011

Por Daniel Castro

Acabo el repaso de las cosas que he visto el último verano. Esta vez son cuatro películas.

“La piel que habito“, de Pedro Almodóvar

Me resulta difícil escribir sobre esta película. No sé si me gustó o no. Tampoco sé si me angustió o no. Sé que sentí algo extraño cuando apareció un personaje disfrazado de tigre. Era una mezcla de vergüenza ajena y sorpresa incrédula. Era un personaje parecido al Paul Bazzo de “Kika” o al Ricky encarnado por Banderas en “Átame”: un semental con antecedentes penales.

Se suele hablar de las explícitas referencias que incluye Almodóvar en sus películas: una escena robada a “Opening Night” de Cassavettes, un diálogo de Johnny Guitar, una coreografía de Pina Bausch o unas esculturas de Louise Bourgeois. En algunos casos, esas referencias culturales pueden resultar algo irritantes (creo que el concierto privado de Caetano Veloso en “Hable con ella” es difícilmente soportable por una mente sensible).

Atención, espoilers a partir de aquí.

“La piel que habito”  empieza como una especie de thriller terrorífico, protagonizado por un inverosímil cirujano plástico en una increíble mansión de un improbable Toledo. La película, acaba, sin embargo, como el drama de un hombre literalmente encerrado en el cuerpo de una mujer. Lo mejor de Almodóvar es, en mi opinión cómo, utilizando géneros convencionales, acaba contando historias absolutamente personales. Almodóvar puede ser, según la opinión de cada uno, un buen guionista y director o uno muy malo. Pero, eso no lo discutirá nadie, es, desde luego, diferente. Personalmente, opino que ya hay muchos guionistas y directores que pretenden hacer las cosas de manera académica.

“El hombre de al lado“, de Cohn y Duprat

Es una largometraje argentino que demuestra una verdad muchas veces olvidada: hay películas argentinas en las que no aparece Darín. Y no todas son obligatoriamente malas.

Como sugiere el título, la película va de un problema entre vecinos. Un prestigioso diseñador ve cómo el vecino de al lado va a hacer una fea ventana que dará al salón de su propia casa. El pedante protagonista intentará evitar esa intromisión en su intimidad. Para ello, se verá obligado a tratar con el vecino, un tipo de clase mucho más baja, a veces entrañable, otras inquietante, y siempre rocoso.

Con un tono que varía entre la comedia y el drama, la película explota todas las posibilidades de un conflicto aparentemente tan nimio. Acaba por convertirse en una pequeña metáfora sobre la lucha de clases, la incapacidad de las élites culturales para relacionarse con las clases  populares, el fracaso de la cultura, la incomunicación…

“Historias extraordinarias“, de Mariano Llinás

Es otra PASD (Película Argentina sin Darín). Pero eso es todo lo que comparte con la película anterior.

Si “El Hombre de al lado” es una inteligente película pequeña, casi minúscula, “Historias extraordinarias” es un proyecto monumental y desquiciado. 245 minutos, dividos en tres películas diferentes, narradas por una torrencial voz en off. Historias épicas, misterios, venganzas, tres narraciones principales que se bifurcan y vuelven a bifucarse de nuevo. Lo mejor de “Historias Extraordinarias” es, para mí, la pasión por la ficción, por narrar, que desprende cada uno de sus fotogramas. Lo mejor de “Narraciones Extraodinarias” es que existe. Y lo hace gracias a un tipo llamado Mariano Llinás que invirtió en ella muchísimo trabajo y muy poco dinero; sólo 30.ooo dólares. (No puedo imaginar cómo consiguió rodarla con ese dinero, teniendo en cuenta que es una película de aventuras, con crímenes, escenas de guerra e incluso un viaje a África). Aquí podéis ver una entrevista con Llinás en la que habla con Alan Pauls sobre su epopeya.

La película apenas se ha exhibido comercialmente (se proyectó durante largo tiempo en el museo de arte contemporáneo MALBA de Buenos Aires). Puede verse, eso sí, ilegalmente, aquí. Así la he visto yo. Si alguien quiere detenerme por ello, puede hacerlo. Imagino peores motivos para ir a la cárcel.

Aquí, la primera secuencia de la película, que me dejó pegado al asiento.

“Todo está perdonado” de Mia Hansen – Løve

Como la anterior, “Todo está perdonado” sólo puede verse en España por Internet. Es la ópera prima de Mia Hansen Løve, de la que ya hablé aquí por “Le père de mes enfants”. En este caso, por vía legal, aquí, en Filmin por sólo 1’95 euros.

Aunque me gustó un poco menos que su segunda película, en “Todo está perdonado” ya aparecen todas las mejores cualidades de Mia Hansen Løve. Mientras algunos directores y guionistas se hacen presentes en cada plano, en cada giro de la trama, en cada frase… otros consiguen una mágica invisibilidad. Se disuelven en la historia y logran que al espectador le ocurra lo mismo. Viendo una película de Mia Hansen Løve uno siente que está viendo la vida. Todo es de verdad. Los personajes se desplazan y actúan con fluidez. Cada gesto, cada acto transmite nueva información, sorprendente pero coherente. Todo es narrado sin énfasis, con una inmensa naturalidad. ¿Cómo consigue llegar a esta sabiduría una mujer de menos de treinta años?

Creo que parte de su secreto está en que conoce los asuntos que trata en sus películas. Para “Le père de ses enfants” se basó en un productor al que conoció. Para “Todo está perdonado”, en el caso de su tío heroinómano.

Pienso que para contar historias diferentes y originales, lo mejor es basarse en lo que uno ha vivido de cerca. De esto y algunas otras cosas intentaré hablar en el curso de Bloguionistas, en Hotel Kafka. “El cine y/o la vida. La aventura de la autoproducción”. Allí proyectaré una secuencia de mi pequeña peli “Ilusión”, que está aún en montaje. Me encantaría veros por allá.


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