FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 6

16 mayo, 2013

Nueva entrega de la serie de artículos escritos por los alumnos del Máster de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Reconocido como el mejor máster audiovisual de España, abrió hace poco el proceso de selección de alumnos para la edición 2013/2014. Varios de los autores habituales de este blog, como David Muñoz, Natxo López o Sergio Barrejón, se cuentan entre sus profesores.

COSITAS QUE DECIRLE A UN GUIONISTA NOVEL PARA NO HERIR SU ENORME E INJUSTIFICADO EGO

por Sergio Granda y Sandra López.

Parte I: Las amistades peligrosas.

Una de las cosas que más se agradecen en el Máster de Guión de la UPSA es la verdad. Cierto es que cada ponente y profesor tiene su verdad. Sin embargo, siempre se trata de una verdad argumentada. Si lo escrito es una mierda, mejor saberlo cuanto antes. Sin medias tintas.

Pero más allá de las aulas nos encontramos con un fenómeno que sólo persigue controlar la estabilidad emocional del guionista novel. Y eso ocurre en el mismo instante en el que a uno se le ocurre enseñarle su trabajo a ese conjunto de personas cercanas que por extrañas circunstancias de la vida te tienen ligero aprecio.

He aquí una caprichosa, subjetiva y muy criticable colección de mentirijillas que, en el fondo, ocultan una opinión devastadora.

*Nota: El nivel de peligrosidad DEFCON va a la inversa, es decir, DEFCON 1 es el máximo y DEFCON 5, el mínimo.

***Nota2: Hemos añadido unos cuantos DEFCON más.

DEFCON 10. “Está… simpático”

Conserva esa amistad. En el fondo te quiere. Es posible que sea tu pareja y seguramente esté renunciando a muchas cosas por eso que tú llamas “tu vocación” y el resto de tu familia concibe como un “ya se le pasará, acabará trabajando en la frutería”.

DEFCON 9. “Está gracioso…”

-       Pero si no es comedia.

-       (Silencio incómodo)

DEFCON 8. “… me recuerda a aquella peli de Kevin Costner”.

Has plagiado. Eso es así. Y no tiene por qué ser de forma voluntaria. De hecho, es bastante probable que no te gusten las pelis protagonizadas por Kevin Costner, pero el plagio involuntario funciona así.  Un día te levantas y se te ocurre la maravillosa y, en realidad, desafortunada idea de hacer una peli de acción post-apocalíptica donde los océanos han cubierto la Tierra. “¡A nadie se le ha ocurrido antes!”.

DEFCON 7. “Mola”

La cosa se complica. Estamos ante una de las expresiones más abstractas que el humano haya creado desde el origen de los tiempos. La clave está en la impersonalidad con que se manifiesta. El término “mola” no habla en primera persona. El sujeto no dice “me mola”. Simplemente dice “mola”. Y la supresión del “me” es una forma bastante elegante de echarle la culpa al resto de la humanidad.

DEFCON 6. “Dale un par de vueltas”/ “dale una vuelta”

Aquí conviene detenerse y analizar más en profundidad. Mucho cuidado. Esta frase en boca de alguien que no esté vinculado al mundo, sólo esconde una cosa: investigación previa. Y cuando alguien investiga para no admitir que tu guión da asco, malo. Muy malo. Porque es bastante posible que el nivel de asco sea de DEFCON 1.

DEFCON 5. “Promete…”

Pero detrás de esta inofensiva palabra… ¿Qué se oculta? Os lo diremos: UNA CONSPIRACIÓN. Meticulosamente articulada, seguramente tu madre haya tejido una intrincada tela de araña, una red de contactos familiares y amistosos, donde el único que no se entera de nada eres tú. Todo para que no te dé uno de esos estúpidos ataques adolescentes de tristeza. Todo para que… acabes trabajando en la frutería.

DEFCON 4. “Es un guión muy válido…”

Acompañado de temblores, sudores fríos, sensación de mareo y pronunciadas arcadas.

No añadiremos más.

DEFCON 3. “Tío, yo es que no sé leer guiones”

¿Sueles ponerte agresivo cuando te dicen cositas que no te gustan? ¿Agredes físicamente a tus amigos? ¿Tus conocidos temen tu reacción? Reflexiona.

DEFCON  2. “Sabes que te quiero ¿verdad?”

No sigas con esa conversación. Sonríe. Disimula. Finge que no ha leído el guión.  Finge que ese guión no existe. La otra persona también lo hará. Será vuestro secreto.

DEFCON 1.

- Mamá ¿Qué te ha parecido mi guión?

-¿Puedes sustituir a tu padre en la frutería este viernes?

Salvo que realmente sea necesario, la respuesta es NO. No cedas. Estamos contigo. El resto de guionistas noveles te queremos. Y te apoyamos. Pero por lo que más quieras no sustituyas a tu padre en la frutería este viernes. Se trata de una trampa. Se trata del único contrato indefinido que verás en mucho tiempo. Y cuando una madre dice las palabras “sustitución” y “temporal” en la misma frase, en realidad quiere decir “remplazar” y “siempre”.


ESCRIBE

6 mayo, 2013

por Sergio Barrejón.

“Cuando Dios te da un don, también te da un látigo. Y el látigo es únicamente para autoflagelarse.” Truman Capote. Música para camaleones.

¿Cómo saber si Dios (llámalo como quieras) te ha dado el don de contar historias? Dado que estás leyendo un blog de guionistas, podríamos darlo por hecho, igual que en “la blanca”, la cartilla que daban a los soldados al terminar la mili, se decía VALOR: SE LE SUPONE.

Pero hay otro modo de saberlo, y es precisamente el látigo. La mejor prueba de que tienes talento es tu misma inseguridad. Sólo los mediocres y los locos tienen la certeza constante de estar en posesión del talento. Los verdaderos escritores se debaten entre la euforia de haber tenido una idea brillante y la angustia de estar desarrollándola como el culo.

Sólo un auténtico artista es capaz de sentirse un farsante. Precisamente esa duda es la que debería empujarte a escribir como un condenado. Porque de hecho, estás condenado. Si Dios te ha dado el don, también te ha dado el látigo. Puedes dejarte vencer por la inseguridad o la pereza y pasarte meses sin escribir una línea. Pero el látigo seguirá cayendo. Una y otra vez. El látigo no procrastina.

No pasará una semana sin que pienses cosas como “coño, qué bien contada está esta película, en mi puñetera vida voy a escribir algo tan bueno”. No pasará un mes sin que te asalte una idea brillante seguida de la certeza de que no sabrás darle una estructura decente. A cada poco te torturarán las dudas sobre tu capacidad de hacer un segundo acto como Dios manda. Te quitará el sueño el no saber si ese final sorprendente que acabas de escribir no será en realidad previsible. O peor, tramposo y falso. O peor todavía: una burda copia.

La única manera de amortiguar los latigazos es con una coraza de páginas escritas. Escribe. No entres en Facebook. Escribe. No leas el periódico. Escribe. No busques playlists inspiradoras en Spotify. Escribe. No chequees el email. Escribe.

Escribe, hijo de la madre que te parió. Olvídate de si es fácil o difícil vender un guión. Olvídate de lo injusta que es la vida, de lo malas que son las películas españolas y de que este mundillo es un círculo cerrado y las subvenciones siempre las ganan los de siempre. Olvídate de toda esa mierda y escribe como si tuvieras un tumor cerebral a punto de ser diagnosticado. Escribe como si te fueran a cortar las manos en cuanto las separes del teclado. Búscate un truco si lo necesitas: escribe un guión en veinticuatro horas. Enciérrate en casa y tira la llave por el balcón. Y el router de los cojones detrás.

Si no encuentras otra motivación, escribe por vergüenza. Escribe porque vives en un país donde hay un millón de familias sin un puto ingreso. Escribe porque vives en un país donde te pueden encerrar 60 días sin habeas corpus ni pollas en vinagre sólo por ser negro. Escribe porque, en mitad de ese país, tú aún tienes el privilegio de entrar en Facebook cuando deberías estar escribiendo.

No pienses si lo que estás escribiendo es bueno o no. Eso se piensa después de escribir. Dios (llámalo como quieras) te hizo tragar diamantes al nacer. Y ahora te toca cagar cada día con dolor. Eso es escribir. Reescribir es revolver la mierda con las manos, a ver si algo brilla entre la miseria.

Si te angustia no ser lo bastante bueno, mírate en el espejo y dilo en voz alta. No soy bueno. Soy un mierda. Soy un fraude. Díselo a tu cara. Dile que no vales para nada, si eso es lo que necesitas. Pero luego siéntate y escribe. Si no sabes qué escribir, escribe sobre lo deprimido que estás por no saber qué escribir. Escribe sobre el absurdo post que acaba de publicar un guionista subvencionado de mierda.

Ésa es tu tarea. Un escritor escribe. Nadie te ha pedido que escribas guiones buenos. Eso ni siquiera depende de ti. Eso lo decide Dios (llámalo como quieras). Tu tarea es sentar el culo en la silla, desconectar el puto wifi y escribir. Deja de leer blogs y ESCRIBE, maldito seas.

De estas y otras lindezas hablaré el sábado 18 de mayo en mi charla “El oficio de guionista”. La inscripción está abierta y el precio es pay-as-you-want. Más información en el banner de la columna derecha.


LEY DE SANGRE – LAS SERIES QUE NO RODAREMOS

19 abril, 2013

ley de sangre

Por Natxo López

Retomo esta propuesta de nudismo guionístico que hice hace unas semanas para volver a compartir hoy aquí otro guión escrito y no rodado. Esta vez se trata de un piloto para televisión titulado “Ley de sangre, una serie policíaca escrita hace unos dos años. Yo acababa de dejar mi trabajo de coordinador de guión de”Hispania” y me apetecía descansar y divertirme un poco escribiendo. Lo más habitual en televisión a la hora de crear un proyecto suele ser empezar con un documento de venta o una biblia, pero en este caso decidí escribir el capítulo piloto directamente. Llevaba tiempo dándole vueltas en mi cabeza y le tenía ganas, además que lo considero una forma estupenda de ir dando con el tono y la serie que uno está buscando.

Mi propósito era tratar de crear un producto adecuado al prime time nacional (y, por lo tanto, de 70 minutos), pero no iba a preocuparme tanto por lo que se supone que las televisiones demandan (series generalistas y familiares, en mayor medida), sino por lo que creo que podría interesarle a espectadores del target al que yo pertenezco. Vamos, que iba a intentar hacer una serie que me gustara y que al mismo tiempo fuera comercial. No era un equilibrio fácil de conseguir, pero eso formaba parte del reto.

Escribí un primer borrador y pedí a unos pocos colegas guionistas que le echaran un vistazo. Me transmitieron lo que les gustaba y lo que no, lo que les funcionaba y lo que no. Hubo apreciaciones valiosas, tanto positivas como negativas. Hice caso de muchas de ellas y desestimé otras con las que no estaba de acuerdo. Un par de meses después de empezar tenía una versión presentable, y me planteé la posibilidad de mover el proyecto. Parecía lógico intentar darle salida una vez escrito, a pesar de las dificultades que yo sabía que entrañaba su venta.

David Muñoz habló hace poco aquí de cómo se venden los proyectos en televisión en este momento. Él ya lo dijo y yo lo repito: los guionistas no vendemos las ideas, las venden las productoras. Ahora mismo, para bien o para mal, más importante que una idea es qué empresa está detrás de ella. Algunos profesionales dentro de las cadenas reciben con agrado proyectos de guionistas con una cierta trayectoria, pero si descubren alguna idea que les interese van a pedirte que vuelvas de la mano de una empresa grande con la que tengan buena relación. De esta forma las cadenas dejan, quizá, el mayor filtro de contenidos en manos de las productoras, que deciden qué proyectos se presentan (y de qué manera) y cuáles no. Pero eso es otro debate para otro post.

Justo en aquel momento una interesante productora de nueva aparición me ofreció un contrato de coordinador para ayudarles con el desarrollo de una serie que les había encargado una cadena generalista. A pesar de que me apetecía tomarme mi merecido descanso, el proyecto -ambicioso, de género- me interesó y decidí aceptar el trabajo. A cambio les propuse mover “Ley de Sangre” con ellos. Les pareció bien y además les gustó el guión, así que firmamos una opción de compra por la cual si la serie se vendía yo estaría al frente del proyecto. Era un buen trato para ambos puesto que ellos tendrían la posibilidad de hacerse con una idea bastante desarrollada sin invertir pasta y yo me aseguraba el control creativo de la serie en caso de que llegara a producirse. Hay muchas otras formas de negociar estos asuntos, quizá aparentemente más rentables a priori, pero yo cuento mi experiencia por si a alguien le sirve de ejemplo.

La serie se presentó en tres grandes cadenas nacionales. Fuimos bien recibidos. El proyecto gustó y de hecho recibí algunas muy buenas impresiones, estoy convencido de que sinceras. Supongo que también las pudo haber malas, por supuesto, pero a mí no me llegaron (hubiera preferido que sí lo hubieran hecho, porque ahí es donde más aprende uno).

Finalmente, o por el momento, la serie no se ha vendido. Las cadenas no suelen dar razones de por qué no compran una serie -tendrían que dar demasiadas y a demasiada gente- aunque leyendo el piloto creo que es fácil imaginar cuáles pudieron ser algunos de sus principales motivos (aventuro que diferentes en cada cadena). Además, claro, de que los grandes canales reciben cientos de proyectos cada año, y es una carrera en la que es muy, muy difícil llegar el primero.

Evidentemente a mí me gustaría ver rodada esta serie. Por eso la he escrito, porque me apetece, porque disfrutaría llevándola a cabo. Pero nunca me engañé a mí mismo: sabía de antemano que las posibilidades de ponerla en pie no eran muy altas, más en estos tiempos. No es una actitud derrotista, sino realista. Derrotista sería no intentarlo. Escribir un piloto exige tiempo, reflexión y esfuerzo. A cambio te ves retribuido con experiencia, mucho aprendizaje, y, al menos en mi caso, por el interés sincero de muchos compañeros, además de ser una buena manera, como ya apuntó David Muñoz, de mostrar tu trabajo y tus habilidades como guionista (para bien o para mal).

Considero que los guionistas, como narradores que somos, tenemos la responsabilidad, incluso el deber, de proponer historias. Seguramente este piloto no sea el mejor ejemplo de nada, pero les aseguro que hay por ahí rulando guiones e ideas que no desmerecen en absoluto a muchas de las series que nos llegan de fuera. Y aunque sean ideas difíciles de vender, el mero hecho de que existan supone, para mucha gente, un motivo de esperanza. Hay mucho talento y muchas ganas de ponerlo en práctica, y creo que poco a poco iremos disfrutando de propuestas más arriesgadas en nuestra ficción televisiva (en los últimos años ya se intuye, en mayor o menor medida, esa tendencia).

“Ley de Sangre” es una serie que no se rodará. No al menos en un futuro inmediato ni en España. Como además ya finalizó el plazo para la opción de compra de la productora y vuelvo a tener los derechos sobre ella, no me ha parecido mala idea compartirla aquí por si a alguien le pudiera interesar como ejemplo de lo que, ahora mismo, no se vende. Como dije en el anterior post, se puede aprender tanto de los proyectos que se producen como de los que no ven la luz.

Renuevo por lo tanto la invitación de ese post para que descarguen y lean aquí  el guión del piloto, si tienen interés, y que comenten, pregunten, critiquen todo lo que les apetezca, intentando mantenernos dentro de unos ciertos límites de buena educación. No me molestará que a alguien no le guste nada, incluso que le parezca muy mala, es el precio de exponerse. Insisto en la idea de que formarse como guionista implica también la necesidad de cultivarse una piel dura y de aprender de los errores propios y de las diferencias de criterio. Nada hay peor que un guionista endiosado que no acepta disensiones. Ya les avanzo que puede que algunos aspectos de la historia les recuerden de refilón a cosas ya vistas; en parte eran parecidos conscientes, en parte no, podemos discutirlos si quieren. Espero, también, que les resulte lo suficientemente entretenida como para animarse a leer hasta el final.

Lo único que sí les pido por favor es que, si alguien llega a la última página, no deje caer por aquí espoilers. Nunca se sabe.

Muchas gracias a todos.

(Por cierto, hoy estaré dando clase en el Máster de Guión de la UPSA, discúlpenme si no contesto inmediatamente).

GUIONES INVISIBLES

1 febrero, 2013

Invisible

Por Natxo López

Hace unos meses el guionista canario Juanjo Ramírez (a quien aconsejo sigan en twitter si les gusta la comedia descarnada y sin filtros) publicó este post  donde se proponía un reto: abría un plazo en el que solicitaba a los lectores que le dieran ideas para un largo en 140 caracteres. Él cogería la más repetida o la última en ser publicada antes del plazo, y con ella escribiría un guión de largometraje en 24 horas. Un guión de mierda. Y lo colgaría para que todo el que quisiera pudiera leerlo.

La propuesta invitaba a ser avispado; parecía claro que el último que publicara antes de plazo conseguiría que su idea fuera la elegida. Y ahí estuve yo, como siempre taimado, esperando a publicar mi tweet pocos segundos antes. Y conseguí mi objetivo. Mi propuesta rezaba así:

“Mujer robot convive con suicida para que no se mate. Atracción. Al final descubre q no es un robot, le mintieron desde niña”.

Más que un log-line era una gran hijoputada, lo sé. Pero Juanjo cumplió lo prometido, se puso manos a la obra y el resultado es éste maravilloso guión de mierda escrito en 24 horas, del que pueden disponer libremente y que les invito a leer con generosidad.

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El pasado diciembre, en el blog “Guionistas Vlc” se publicó esta entrada en la que se valoraban las posibilidades de que se pudiera llegar a crear aquí en España algo parecido a la “Blacklist” de EEUU, una lista de “mejores guiones por producir”, muchos de los cuales consiguen convertirse en películas. Recomiendo leer, también, los comentarios del artículo, así como echarle un vistazo a la web oficial de la Blacklist.

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En el último Congreso Mundial de Guionistas celebrado en Barcelona (del que nos hicimos eco aquí y aquí) se presentaron los resultados de un estudio a escala internacional en el que se demostraba la casi nula representación de los guionistas en los festivales de cine, así como la necesidad de pelear para que dicha presencia fuera cada vez mayor, concienciando a los festivales de que los guionistas son también autores de los filmes.

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Justo ayer me llegó a través de las redes sociales una invitación a descargar este guión por un módico precio. No conozco al autor ni sé si esos 1,84 euros merecerán la pena, pero la iniciativa me parece valiente. Si no puedes ver la película (porque no se produce), al menos léela.

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En los últimos tiempos, de hecho, cada vez es más frecuente que se difundan en Internet (de manera legal o por filtraciones) guiones de films que todavía no han sido estrenados en pantalla. De hecho es un ejercicio muy instructivo leer algunos de estos guiones antes de ver el film en una pantalla. Yo lo he hecho así, por ejemplo, con “This is 40“, la última de Appatow y “Django Unchained“, la última de Tarantino. El hecho de publicarlos no sólo es una manera de facilitar que los amantes del guión podamos aprehender maneras de escritura de grandes profesionales, también es una medio para que la productora cree expectación y movimiento alrededor de un estreno.

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He unido todas estas informaciones en un mismo post porque todas ellas tienen que ver con un asunto del que por lo general no hablamos mucho los guionistas, excepto para quejarnos: la VISIBILIDAD de los guiones (o la falta de ella).

Por lo general, los guionistas nos quejamos de que no se le presta suficiente atención a nuestro sector, pero al mismo tiempo somos muy recelosos a la hora de mostrar públicamente nuestro trabajo. En nuestro país apenas se pueden encontrar guiones españoles en la red, y sólo unos pocos films -ya estrenados con cierto éxito- son editados en papel (gracias sobre todo al buen hacer de la editorial 8 y medio).

Lo que me llama la atención es que hoy en día se explota publicitariamente cualquier mínimo detalle relacionado con la realización de un film o una serie. Incluso el mero hecho de que el proyecto exista es una noticia con la que alimentar expectativas y lograr titulares. Se muestran fotos de gente dándose apretones de manos en feos despachos, imágenes de pruebas de vestuario, se lanzan virales primigenísimos y se muestran pantallas verdes donde se clonarán bichos y bombas. Se lanzan notas de prensa desgranando cualquiera de los aspectos más nimios de la pre y la postproducción, y en cuanto se tienen dos imágenes de video guarras se esparcen a los cuatro vientos del youtube, se twitean, se facebuquean, se da pábulo premeditado a las rumorologías y el cotilleo…

¿Por qué los guiones están absolutamente fuera de este proceso, más allá de alguna información fría donde se dice “fulanito está escribiendo la peli de menganito”? Nadie se atreve a enseñar nunca ni una sola escena escrita en papel, ni una frase, ni una coma. Como mucho se enseña el título.

Supongo que se podrían argumentar diferentes causas:

- La inseguridad de los guionistas. Ya conocen esa máxima de que los guionistas vivimos con el miedo constante a que los demás descubran que somos un fraude. Ninguneamos nuestro propio trabajo, dudamos de nuestro talento, de nuestras capacidades. Nos hicimos guionistas y no actores o directores porque somos “un tipo concreto de creativos” a los que no nos atrae especialmente la idea de exponernos. Enseñar un guión siempre será un acto de valentía y una garantía de sufrimiento, especialmente en este país de críticos ingobernables prestos a saltar cual ninjas sobre el trabajo ajeno. Publicar un guión parece una invitación a que la gente diga: “ah, vale, queda confirmado oficialmente que eres un guionista de mierda porque esta vez no te puedes escudar en la excusa de que me lo rodaron mal“.

- El miedo al plagio. Es frecuente que creamos que nuestras ideas son dignas de ser plagiadas. Casi nunca lo son, y de hecho los casos reales de plagio son muchos menos de lo que la mayoría de la gente imagina. Pero el miedo está ahí.

- La eterna condición “provisional” de los guiones. Hasta que un film o un capítulo no está terminado todo es susceptible de ser cambiado, por lo que nos da mucho respeto mostrar algo que, seguramente, alguien nos acabará obligando a cambiar a lo largo del proceso (a pesar de que dicho proceso es algo ya muy asumido por el público, nadie se espanta al ver las pantallas verdes todavía sin los bichos y las bombas).

- En la mayoría de los casos, los guiones en los que ha habido un contrato de por medio ya no son “propiedad” del guionista, por lo tanto la decisión de mostrar el libreto, o no, está en manos del productor.

- El carácter asustadizo de los guionistas. Creemos que mostrar un guión que no ha sido rodado podría suponer un impedimento definitivo para lograr, efectivamente, que se llegue a rodar. Tenemos el convencimiento de que los productores no se van a interesar por un guión que ha sido previamente expuesto. Que, de alguna manera, esa historia ya estará “quemada”.

Y yo me pregunto, ¿todo esto es realmente así? ¿No estamos dando por hecho convenciones mantenidas durante décadas que, quizá, ya no se adecúan al momento tecnológico y cultural que vivimos? Ojo, no lanzo la pregunta con la prepotencia de quien ya tiene decidida su respuesta; realmente dudo al respecto. Lo único que tengo claro es que me parecen preguntas que merecen la pena ser planteadas.

¿Realmente alguien piensa que colgar en la red un guión significa, automáticamente, que millones de personas lo van a leer y que, por ende, esos millones de personas no irán a ver la película porque ya habrán leído el guión y ya “habrán disfrutado de él” y “sabrán lo que pasa”? Si esto fuera así, si realmente fuera lo mismo una cosa que la otra, ¿no sería mucho más fácil -y barato- publicar los guiones en lugar de rodar las películas?

Seamos sinceros, casi nadie lee guiones, y menos gente de fuera de la industria. Y cuando uno hace el esfuerzo de leer un guión que le interesa (porque casi siempre es un esfuerzo, no nos engañemos), si está razonablemente bien escrito, lo normal es que tenga muchas más ganas de ver la película que antes de leerlo, no menos.

Nos quejamos de tener una industria dirigista, que crea los proyectos desde los despachos y no desde las teclas, pero luego somos absolutamente timoratos a la hora de proponer, de enseñar, de vender, y nos dejamos apabullar por pistas peregrinas sobre “lo que se pide ahora” o “lo que es vendible”, sin atrevernos a llevar la iniciativa narradora. Creo que no conozco a ningún guionista que no critique más o menos apasionadamente la industria audiovisual nacional, lo erróneo, antiguo y cobarde de sus propuestas; pero casi ninguno se atreve a mostrar un guión escrito y decir, “esto es lo que yo haría si me dejaran”. Es una crítica de carácter colectivo y por tanto injusta, sí. Pero nos entendemos.

¿No será, también, que gran parte de las producciones se montan sobre la premisa de “engañar al espectador” con fuegos artificiales promocionales para que crea que va a ver un film, o una serie, mucho mejor de lo que es en realidad, y que, por tanto, hay miedo de “romper el hechizo” si se publica el guión antes de tiempo? ¿Será, tal vez, que los directores o los productores se negarían por principio a que se pudiera confrontar el resultado de su trabajo con el planteamiento previo que había en el guión original? (De hecho, es más habitual que los guiones que se publican sean de directores-guionistas, lo que responde en parte a la pregunta).

¿No va siendo hora de buscar estrategias entre todo el gremio para que el guión adquiera en este país el lugar que le corresponde como motor fundamental en la creación de una historia audiovisual? ¿Y no es Internet una herramienta que podría ayudar, de alguna manera, a lograrlo?

Todo esto son preguntas abiertas. No voy a afirmar algo así como que todos tenemos que colgar en Internet nuestros guiones. Pero sí creo que tampoco pasaría nada demasiado terrible por hacerlo, y que no está de más planteárselo. Y para que esto no quede en un alegato retórico, voy a colgar, aquí y ahora, dos guiones escritos por mí, para que me los destrocen.

El primero es fruto de una petición. Se trata del guión del cortometraje “La Media Pena” , dirigido por Sergio Barrejón, y que varias personas me han solicitado en los últimos meses. Aquí lo tienen. En este caso lo bueno es que es corto, y que pueden compararlo con el resultado final rodado (que, en mi opinión, mejora mucho lo escrito, como siempre debería ser). Se trata de la última versión antes de rodaje, y he de decir que, aunque Barrejón se negó a firmar como guionista, aportó varias ideas al libreto, entre ellas el final tal y como quedó en pantalla.

El otro es un largometraje llamado “Objetos”, escrito en 2011, que recibió una subvención del ICAA a desarrollo, lo que me permitió trabajar en él sin presiones creativas ni condicionantes comerciales. Escribí, grosso modo, lo que me salía de los huevos; un thriller oscuro, personal, seguramente fruto de una mente un poco sucia. La verdad es que lo pasé bien con él y he de agradecer a varios colegas que leyeron, desmenuzaron y aconsejaron. Eso sí, es un guión sin ningún viso por el momento de que llegue a rodarse algún día. Ha sido leído por productores y unos cuantos de ellos hicieron valoraciones positivas, pero no demostraron intención o posibilidad de producirlo, al menos no en un futuro cercano. Quizá es demasiado personal, quizá no es comercial, quizá es muy caro, quizá es muy malo. Aquí lo pueden descargar y comprobarlo.

Sé que haciendo esto me expongo, pero en fin, es que vivir es exponerse. Algunos de ustedes podrán decir “vaya puta mierda de guión y de guionista”, y seré yo el que se lo habrá servido en bandeja. Están en su perfecto derecho de criticar, y aquí se publicarán sus comentarios intactos, siempre que no rasguen esa fina membrana que nos protege del mal gusto. En la medida de lo posible responderé a cualquier pregunta que quieran plantearme.

Si el experimento no es un absoluto desastre, puede que más adelante comparta otros textos de los que menos me avergüenzan, entre ellos también pilotos televisivos, que es donde más me prodigo y donde, tal vez, se echan en falta propuestas más audaces.

Por supuesto, esto lo hago con el deseo de animarles a todos ustedes a que aireen también sus creaciones, aquí o en sus propias bitácoras o twitters. Sé que seguramente no lo van a hacer. Casi seguro consideran esto un acto de gilipollez supina o de onanismo bloguestúpido. Puede ser, lo mismo me dijeron muchas veces cuando empecé con “El Guionista Hastiado“.

Sinceramente, a mí me interesaría mucho leer proyectos de compañeros de profesión. Proyectos que nunca se rodaron, que no pasaron el filtro, que eran demasiado personales, o audaces, o malos, o que están todavía en la dura pelea por ser llevados a término.

Porque los proyectos aparcados, invisibles, deficientes, los que se quedan sin pareja en el baile, los que no prosperan, nos hablan también de cómo funciona esta industria, tanto o más que los que sí llegaron a las pantallas. Y, de cualquier manera, la lectura, la colaboración, el conocimiento y el compartir inquietudes y críticas nunca pueden suponer, a la larga, algo negativo. Levantémosnos los refajos y enseñemos un poco de carne.


LÉELO EN VOZ ALTA

24 enero, 2013

por Sergio Barrejón

El año pasado por estas fechas impartí una masterclass sobre cortometraje en el Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca, acompañado por el cineasta uruguayo Carlos Morelli (conté la experiencia en un post titulado Retrato del guionista adolescente).

Este año me ha tocado impartir un taller de escritura de cortometrajes en tres intensas sesiones de ocho horas cada una. Mañana es la última. A la primera clase, los alumnos tenían que acudir con una sinopsis ya escrita. A la segunda tenían que traer un outline. Para esta tercera, ya tenían que venir con el guión debajo del brazo.

El pasado día 17 recibí sus guiones. Teniendo en cuenta que tienen varias horas de clase diarias, y que participan en otros talleres, como el de escenas con Pablo Remón o el de largometraje con David Muñoz, y considerando además que han tenido por medio las navidades, en las que lógicamente tienen más difícil reunirse para trabajar, hay que reconocer que se lo han currado. Hoy les he enviado este mensaje:

“Hola a todos,

En primer lugar, enhorabuena por haber completado vuestros guiones a pesar del parón navideño y de todas las otras tareas que tenéis. Habéis hecho un gran esfuerzo y el resultado es muy satisfactorio.

Pero aún quiero haceros sufrir un poco más: el viernes leeremos vuestros guiones en el aula. Enteros. En voz alta. Y cuando digo “leeremos”, obviamente quiero decir “leeréis”.

Es el momento de ir simulando estornudos, o de dejar caer como quien no quiere la cosa que vuestro compañero de piso anda con gripe y que ojalá no os contagie. Más os vale tener una buena excusa para no aparecer el viernes, porque cualquier ausencia va a ser muy sospechosa.

Bromas aparte, el ejercicio seguirá estas simples directrices:

1. QUÉ: Cada guión se lee de una sentada. Acotaciones y diálogos. Todo. Sin interrupciones ni comentarios.

2. QUIÉN: Cada grupo deberá elegir UN lector para salir a la pizarra y leer su guión ante la clase, de un tirón.

3. PARA QUÉ: El objetivo es descubrir las debilidades de cada guión. Oír cómo suenan los diálogos. Descubrir pasajes donde la redacción es mejorable. Notar dónde el público se interesa y dónde se aburre o se dispersa.

4. CÓMO:
-Los que presentan deben esforzarse por hacer una lectura clara y expresiva. Deben atender a las reacciones de la clase, que tras la lectura comentará sus impresiones. Y deben escuchar los comentarios con mente abierta.
-Los que escuchan deben seguir la lectura sin interrumpir, pero tomando notas para comentarlas al final de cada lectura: qué les gusta y qué no; qué les interesa y qué no; qué ven mejorable: qué pasaje ha captado su atención, etc. Tanto desde el punto de vista narrativo, como de redacción, como de estilo. Cualquier detalle que se nos ocurra. No se trata de hacer un brainstorming para cambiar el guión, sino de comunicar qué sensaciones nos ha producido.

5. POR QUÉ: Este ejercicio es probablemente el más difícil que os puedo plantear, y sólo os lo planteo porque he visto muy buen nivel en los guiones, y sobre todo, mucha dedicación y esfuerzo, por lo que confío en que será productivo.

El grupo que le ponga fe y pasión a la lectura y lo haga tremendamente MAL, tartamudeando, trabándose y sintiéndose muy ridículo, obtendrá una muy buena calificación. Porque no se trata de que seáis grandes oradores, sino de que os esforcéis por comunicar, y por descubrir dónde está fallando esa comunicación.

El grupo que no le ponga fe ni ganas, o que aborde este ejercicio desde la ironía, estará haciendo exactamente lo que hacen las películas que fracasan: dar la espalda al público.

El grupo que le ponga fe y ganas, y haga una lectura clara, confiada y con coraje, lógicamente se llevará la mejor calificación posible. Pero sobre todo se llevará un aprendizaje muy valioso. Porque si os tomáis en serio este ejercicio (y no es fácil tomárselo en serio), podéis aprender más que con cualquier análisis de guión.

Sufrir, vais a sufrir de todos modos. Así que, ya puestos, intentad sacarle algún rendimiento.

Nos vemos el viernes… siempre que esa tos que os acaba de entrar no se convierta en una bronquitis con fiebre alta y afonía severa.

Sergio.”

Si todo el mundo tuviese una check-list en la puerta de casa, nadie saldría nunca sin llaves. Pero viendo cómo viven los cerrajeros, es evidente que muy poca gente se toma ese tipo de molestias. Lo mismo pasa con lo de leer los guiones en voz alta: todo el mundo sabe que es una idea estupenda. Pero casi nadie la pone en práctica.

No digamos ya leer el guión en voz alta en público. Eso, además de pereza, produce vergüenza. Pero es una de las mejores lecciones que un estudiante de guión puede recibir. ¿Por qué?

-Porque los guiones no están escritos sólo para ser leídos. Están hechos para ser oídos. Ciertas cosas que sobre el papel aparentemente funcionan, al decirlas de viva voz resultan flojas o risibles. Y viceversa, leyendo para un público un pasaje aparentemente anodino, podemos descubrir un filón que no estábamos explotando.

-Porque juntar a cuatro amigos (o a veinte compañeros) y leerles el guión en voz alta de un tirón nos permite reproducir en condiciones de laboratorio la experiencia de presentar la película en público. Podemos empezar a prever qué funciona y qué no, dónde nos estamos enrollando y dónde estamos siendo demasiado parcos, si los chistes dan risa y si los cliffhangers dejan bocas abiertas.

No todo el mundo está preparado para ello. Habrá gente que lo pase muy mal. Seguramente lo pasarán peor aquellos que han escrito los mejores guiones. Porque ellos no sabrán hacerlo con la ceja levantada, no sabrán marcar una distancia irónica. Cada pasaje que no funciona les dolerá en el orgullo y les resonará en la cabeza durante días. Pero habrán presentado su película ante el público. Y descubrirán una sensación que normalmente no se tiene en las escuelas, y que es absolutamente fundamental para entender esta profesión: que estamos en manos del público. Trabajamos para el público, no para el productor, el distribuidor ni el crítico. Nuestro cliente es el público que paga la entrada.

Y el público es implacable. Si no le gusta la película, se larga. No hay justificaciones ni explicaciones que valgan. No hay subterfugios ni trucos que cambien eso. En algún momento hay que salir de la escuela, hay que hacer películas y hay que someterlas al criterio del público. Y cuanto antes lo hagamos, mejor.


ESO ES UN CORTO

22 noviembre, 2012

por Peris Romano.

Uno de los efectos colaterales de ser guionista, es que cuando sale a relucir tu trabajo entre amigos o gente que acabas de conocer, al final muchos creen tener “la obligación” de contarte una historia que ya sea real o inventada, debería ser una película o al menos un corto.

La mayoría de ellas, por no decir todas, no acaban de pasar de una simple anécdota o un gran batiburrillo de conceptos que, en muchas ocasiones sólo ellos le ven el sentido o la gracia. Pero en  otras pocas ocasiones, esas vivencias personales o esas ideas que tienen los ajenos a esta profesión, son el detonante para que a ti se te encienda la bombilla, tu inspiración comience a trabajar y digas: “Mmmm, detrás de esto hay una historia”.

Fue hace 8 años cuando oí una de esas escasas historias, que de principio a fin, piensas: eso es un corto. Quizás matizando alguna cosa, pero poco más. Todo funcionaba. Y no es la típica anécdota que le pasó al amigo de un amigo. Los hechos los conozco de primera mano. Narrados en primera persona y por boca de su protagonista.

X, llamémosle así, es un amigo mío, muy buena gente. Nadie diría cuando le conoces, que la mayor parte de su vida adulta se la pasó trapicheando. No trabajaba en un sector concreto, controlaba muchos campos de acción. Lo que se conoce como un tío polivalente, que como buen autónomo, se metía en lo que iba saliendo mientras pudiera sacar pasta de ello. Y si querías algo en concreto, solo tenías que pedirlo. Desde cualquier tipo de droga a toda clase de electrodomésticos. Cosas “que se caían de un camión” lo llamaba él.

Cumplidos los 30, cansado, escarmentado o quizás buscando redención, lo dejó todo. Y se propuso ganarse la vida con la interpretación. El siempre tuvo claro que lo suyo era ser actor, pero que se entretuvo por el camino. Dejó su ciudad natal, se traslado a Madrid y buscó un trabajo “de verdad” para pagarse las clases en una escuela. Además se hacía todos los cursos habidos y por haber. Y convencido de que iba a triunfar también fuera, se apunto a clases de inglés.

Se formó durante dos años, no paró y vio como el esfuerzo había merecido la pena al conseguir algunos papeles secundarios en varias series de televisión. Podía vivir de lo que le gustaba. Todo sin ayuda de un representante, sin conocer a nadie. El mismo consiguió en poco tiempo que uno a uno, le conocieran todos   los directores de casting presentándose en sus oficinas. No se iba de allí hasta que le recibían y nadie se atrevía tampoco a ello.

A esas pequeñas apariciones, se sumaron otros papeles como secundario o protagonista en unos cuantos cortometrajes. Yo le dirigí en uno de los míos y a pesar de la brevedad de su papel, rápidamente vi que tenía algo distinto. No tenía mucha técnica, lo suyo era innato. Reconozco que ninguna toma era igual a la anterior, pero me daba igual pues lo hiciera como lo hiciera, funcionaba.

Ese potencial que yo había visto, no había pasado desapercibido para una conocida directora de casting, que le llamo para hacer la prueba para un papel secundario en una importante película. Y le salió muy bien, pues una semana después le llamaron para decirle que le había gustado mucho al director y que querían hacerle una última prueba. Para ello le citan unos días después y le mandan una nueva separata: el monólogo de Forrest Gump cuando éste habla ante la tumba de Jenny.

Era una prueba rara, había que reconocerlo. Pero no quisimos desanimarle y él se lo tomo muy en serio. Era su oportunidad y no la iba a desaprovechar. Pasó tres días ensayando, recuerdo que estuvo por casa repitiéndolo una y otra vez con mi compañero de piso, que también era actor. Incluso lo ensayó con algunos de esos antiguos compañeros de trapicheo que estaban de visita y flipaban con él de lo bien que lo hacía. Parecía sufrir una deficiencia de verdad, sin caricaturas. A lo Leo Dicaprio en ¿Quién ama a Gilbert Grape? Todos estábamos convencidos que el papel era suyo…

La prueba era a media mañana de un viernes de mayo. Según sus palabras, cuando nos lo contó varios días después, allí en la sala estaban la directora de casting, el director y el productor. A su lado un hombre alto, otro actor que le daría réplica.  X no se dio cuenta  en ese momento de que en un monólogo no hay réplica, pero se puso de cara al otro “actor” y comenzó a ser Forrest Gump.

A penas había empezado con el texto cuando el productor dijo en voz alta: “Es él”. En ese momento, el “replicante”, que en realidad era un policía de paisano, sacó unas esposas, le puso contra la pared y comenzó a leerle sus derechos. X seguía improvisando pensando que todo aquello formaba parte de la prueba; actor hasta el final. Así que estuvo en su papel hasta que le aclararon cual era la situación real: Al parecer, el productor, al ver las cintas de los castings había reconocido a X de un robo con intimidación en su casa unos años atrás. Aún guardaba copia de la cinta de las cámaras de seguridad y junto con la policía, organizaron ese falso casting para pillarle.

Durante el juicio la abogada de X llegó a presentar su videobook como prueba de que durante el robo, él estaba trabajando como actor y que era imposible que lo acometiera. Pero no hubo manera de demostrar que no estaba allí. Tenían las suficientes pruebas que dejaban claro que había sido él. Le declararon culpable y se pasó un tiempo como se suele decir, a la sombra…

Durante todo este tiempo transcurrido, cada vez que me planteaba un nuevo guión, está historia venía a mi cabeza. A penas tenía que estructurar toda la información y darle forma a los diálogos, pero a priori siempre era algo que pensaba que se escribía sólo. Tengo al protagonista para consultarle lo que quiera. Tengo la historia, los personajes, un principio, un final, un giro inesperado… Pero no sé muy bien por qué, cada vez que me pongo a ello hay algo que se me atraviesa, veo que son todo complicaciones, que hay mil posibles estructuras y tonos. Eso cuando no me invade el pesimismo y pienso que de verdad esto es una anécdota como otra cualquiera, sin atractivo ni interés  que  no merece ser puesta en imágenes. O quizás peor aún, a lo mejor no debería ser yo quien lo haga. Que lo asumo sin problema, pero como “yo la vi primero”, por lo menos quiero contarla y ahora quien quiera, que la adapte. Quede constancia aquí de ello.

Y la próxima vez os cuento una sobre un famoso futbolista sudamericano, una noche en Valencia, un puticlub, Rumanos y una cuenta sin pagar. Pero esa si que es la historia de un amigo, que conoce a otro, que se lo contó su primo que le paso a él…


EL FUTURO ES DEL QUE SIEMBRA

19 abril, 2012

por Sergio Barrejón.

Hace un par de semanas estuve en casa de un director. Le llamaré R. Acaba de finalizar el rodaje de una película autoproducida, y está buscando socios para financiar la postproducción y la comercialización. Me llamó para enseñarme el montaje de imagen, y proponerme un plan de negocio.

Nos sentamos y vimos la película de R. Estaba bien. Digamos que no va a “sacudir los cimientos del séptimo arte marcando un antes y un después definitivo”, pero está aceptablemente contada, bien interpretada y bien realizada, aunque con algunos problemas tecnológicos derivados de haber filmado con distintas cámaras. Resumiendo, podría ser una buena oportunidad de negocio.

Sin embargo, en mi corta carrera como productor he aprendido a valorar los proyectos no sólo por sus características industriales y estéticas, sino también en función de las características humanas de la gente con la que me asocio. Así que procuré charlar con R. todo el tiempo posible, a ver por dónde respiraba.

Por un lado, saltaba a la vista que a ese premontaje le faltaba trabajo. Había que cortar varias escenas, replantear otras y muy posiblemente filmar una o dos nuevas para cubrir algunos huecos del guión. Quería estar seguro de que R. sería receptivo. Al contrario de lo que piensan esos palurdos que dicen que “para hacer cine sólo necesitas una cámara y un par de actores”, el proceso de rodaje, aunque lleno de riesgos, no suele ser el más trabajoso, ni siquiera el más costoso. En mi experiencia, la postproducción suele ser la verdadera travesía del desierto. Y es facilísimo perder la perspectiva durante el proceso, que dura mucho e implica trabajar con muchos profesionales y muchas máquinas distintas.

Pero no fue de eso de lo que yo quería hablar con R. Yo quería conocerle a él como persona. Así que me entretuve hablando del tiempo -que está loco-, del Rey -que está peor que el tiempo- y naturalmente, de otros directores. La mitad de los directores pasan la mitad de su tiempo hablando del trabajo de otros directores, así que no me costó trabajo tirarle de la lengua.

Hablamos de Carlos Vermut y “Diamond Flash”: la voy a ver dentro de poco en La Casa Encendida, pero vamos, ya me han dicho que hay que verla con manual de instrucciones. Vamos, que no se entiende nada.

Hablamos de Rodrigo Sorogoyen y su recién filmada “Stockholm”: he oído que dio vueltas por todas las productoras y se la estaba comiendo con patatas. Si yo fuera él, habría escrito otro guión, porque total, me han dicho que tampoco es para tanto…

Hablamos de Manuela Moreno y su reciente premio en Medina del Campo: estamos en la dictadura de las tías. ¿Tú has visto ese palmarés? Mejor proyecto: una tía. Mejor corto: una tía. A ti te quitó el Goya una tía, ¿verdad? Pues eso. (Lo dijo así: te QUITÓ el Goya.)

Hablamos de varias cosas más, le seguí la corriente en todo, y me despedí. R. me sugirió que me tomara un par de semanas para pensármelo y le dijera si quería entrar. Ya han pasado un par de semanas. Con este artículo, que estoy seguro que R. estará leyendo, le digo que PASO.

El otro día escribí esto en Twitter:


Voy a explicar a qué me refería. Coger “una cámara y dos actores” sí es fácil. Hacer una buena película con eso es imposible. Antes, como mínimo, necesitarás un guión. Y uno bueno. Porque sólo un buen guión funcionará basándose sólo en dos actores. Lo sé bien, porque mi primer corto en cine era así y fue un fracaso. Y mi último corto también es así, y no le va nada mal. La diferencia: la que va de un guión flojo (mío) a un guión estupendo (de Natxo López).

Mucha gente cree que escribir un buen guión es fácil: visto desde fuera, sólo consiste en apretar teclas unas cuantas miles de veces. Y sin embargo, ocho de cada diez guiones que leo me dan ganas de arrancarme los ojos y echarlos en la comida del perro. Escribir un buen guión es probablemente el proceso más difícil de todos. Y no hablemos de conseguir el dinero para rodarlo. Y la postproducción muchas veces puede ser más complicada que el guión, la financiación y el rodaje juntos.

Conseguir una cámara y dos actores está tirado. TODO LO DEMÁS es un proceso largo y complejísimo. No me quejo, ojo. Al contrario: comparado con la mina, esto es un camino de rosas. Pero es difícil. La prueba es que casi nadie es capaz de hacerlo. (Al contrario que la mina. Porque si no hay otra manera de ganarse la vida, bajas a la mina, picas donde te dicen, y te pagan. Es durísimo, pero casi cualquiera puede hacerlo. Sin embargo, si no hubiera otra manera de ganarse la vida más que hacer películas, la mayor parte de la población se moriría de hambre. Porque esto no será tan duro, pero es terriblemente complicado. Sobre todo la parte de que te paguen.)

Mi conclusión es que, además de un buen guión, de “una cámara y dos actores”, de una cierta cantidad de dinero, de un montón de tiempo, de una estrategia adecuada, de mucho tesón y mucha suerte y de claridad de ideas para no perder el Norte en el proceso… hace falta rodearse de gente con una buena actitud. Si el proceso ya es duro, y las actuales circunstancias además están muy complicadas, ¿para qué embarcarse en un proyecto con gente que desprende tanta energía negativa?

No me quiero imaginar lo duro que habría sido discutir con R. sobre cada posible cambio de montaje, sobre cada diferencia de criterio. Porque la gente muy crítica con lo ajeno suele ser incapaz de hacer autocrítica. Atacar a todo lo ajeno no es más que inseguridad ante el propio talento. Sólo el que se tiene por mediocre crucifica a alguien brillante.

¿Es tan difícil alegrarse por los éxitos de tus colegas? ¡Se dedican a lo mismo que tú! Podrías aprender mucho de ellos, y hacer grandes amigos. ¿De verdad prefieres mirarles con los ojillos arrugados pensando “por qué él y no yo”?

La experiencia nos enseña que, en circunstancias desesperadas, el hombre común tiende no a ser más solidario, sino aún más miserable y rapiñador. La literatura nos enseña que el ejemplo a seguir no es el del hombre común, sino el del hombre excepcional que es capaz de oponer a las circunstancias desesperadas una actitud noble y generosa.

Alégrate cuando otros ganen premios a los que tú optabas. No te dejes vencer por la frustración. Ya hace más de cien años que Chéjov ridiculizaba aquello de “yo podría haber sido un Dostoievski“. Y es que Dostoievski también escribió mierdas que no llegaron a nada. Ni siquiera los genios pueden ser genios todo el tiempo. Y lo más probable, estadísticamente hablando, es que tú ni siquiera seas un genio.

Sé humilde y trabajador. Sobre todo trabajador. Si trabajas lo suficiente, no tendrás tiempo de ser soberbio, ni de pararte a pensar en lo injusto que es el triunfo ajeno frente al fracaso propio. De hecho, si trabajas lo suficiente, dejarás de ver la vida en términos de fracaso y triunfo. Comprenderás que el triunfo no representa ninguna dispensa: hay que seguir trabajando.

Ayuda a tus colegas. Comparte lo que tienes, difunde lo que sabes. El futuro no es del que cosecha, sino del que siembra.

Y rodéate siempre de gente con actitud constructiva. El talento es necesario, pero no lo es todo. Ideas geniales también las tienen los patanes. La diferencia entre ellos y la gente brillante es la actitud constructiva. La capacidad de desarrollar laboriosamente esas ideas. Y la capacidad de empatizar con la gente que, como tú, se levanta cada mañana dispuesta a hacer el mundo un lugar un poco más entretenido.

No somos cirujanos. Por muy mal que hagamos nuestro trabajo, nadie morirá. Relajémonos. Sonriamos. Seamos amigos.


P.S. Obviamente, R. y su película autoproducida no existen. Jamás se me ocurriría rechazar una propuesta de trabajo a través de un post en un blog. Simplemente, pensé que el texto sería más entretenido con un antagonista y un poco de conflicto. Pero las cosas que R. dice de Vermut, Sorogoyen y Moreno, desgraciadamente, sí están sacadas de conversaciones reales con distintas personas en las últimas semanas. Ay.


NO SABÍA NADA

9 abril, 2012

por Sergio Barrejón.

“Yo me enteré por la prensa”, dijo en su día Felipe González sobre el escándalo de financiación ilegal de su partido. Este señor dirigía un partido que llegó a ver encarcelados a un ministro, un secretario de Estado, un director de la Guardia Civil y algún que otro diputado. Pero no se enteró de nada.

 

“No sabíamos nada”, decían en Alemania los habitantes de pueblos vecinos a campos de exterminio. Veían llegar trenes y trenes cargados de presos. Los veían trabajando a punta de metralleta. Oían los disparos de los guardias. Veían el humo de las chimeneas. Pero no sospecharon nada.

Mi próximo corto trata sobre las redadas racistas que la Policía Nacional practica a diario en Madrid. Agentes de paisano a veces, de uniforme otras, se colocan en las entradas de Metro o de Cercanías, y se dedican a identificar de manera sistemática, actuando de oficio y siguiendo criterios exclusivamente racistas, a ciudadanos libres de toda sospecha, en la esperanza de encontrar gente a la que expulsar del país de manera arbitraria, injusta y costosísima. Para vergüenza de todos sus votantes, tanto este Gobierno de cobardes como el anterior gobierno de cobardes niegan que esas redadas existan.

Están ahí, a la vista de todos. Miles de madrileños las ven cada día. Algunos lo comunican por Twitter. Pero la mitad de la gente que lee mi guión no da crédito cuando le digo que son hechos reales. No sabían nada.

Siempre he creído que Felipe González mentía descaradamente cuando lo de Filesa. Siempre he tenido claro que los súbditos nazis mentían sobre los campos de exterminio. Ahora me doy cuenta de que, en realidad, sería mucho más terrible que no mintieran. Sería mucho más escalofriante pensar que, en efecto, toda esa corrupción, toda esa degeneración ocurría delante de sus ojos y ellos, simplemente, eligieron no ver.

Nunca he aceptado que el arte tenga una responsabilidad social. No soporto la condescendencia paulocoelhista de algunos autores de “cine social”. Y no creo que nadie esté obligado a escribir guiones panfletarios ni reivindicativos. Pero me preocupa seriamente no haber visto un solo corto destacable sobre el 15-M, por ejemplo. Me preocupa que todo el mundo esté a tope con The Wire, The Shield, The West Wing, Crematorio y Grupo 7, pero casi nadie de mi generación haya intentado un relato serio sobre temas políticos de actualidad.

Y me preocupa, me preocupa muchísimo que no lo hagan porque han elegido no saber nada.


RETRATO DEL GUIONISTA ADOLESCENTE

29 febrero, 2012

por Sergio Barrejón.

Desde hace ya unos cuantos años, para mí el mes de febrero está marcado por mi cita anual con el Master de Guión de la UPSA. Empecé dando una charla de 2 horas sobre Recursos para Guionistas en Internet. Al año siguiente la amplié a 4 horas. Al otro, aparecí con Cristóbal Garrido y Álex Montoya a explicar cómo preparamos nuestros proyectos para subvención. Al siguiente, convencimos a los alumnos de que ellos preparasen un tratamiento secuenciado y una memoria para presentar a las subvenciones a creación de guiones (hoy seguramente extintas, en la línea de decidido apoyo a I+D que viene mostrando este Gobierno).

Este año la cita fue el viernes pasado. Junto al cineasta uruguayo Carlos Morelli, monté una jornada teórico-práctica de guión de cortometraje de ocho horazas. La parte teórica la impartía Morelli, proyectando y comentando una cuidadísima selección de cortometrajes, que ilustran todo tipo de planteamientos dramáticos, problemas narrativos y estrategias de guión. Mientras tanto, yo me iba reuniendo, uno a uno, con los ocho grupos de trabajo que habían formado los alumnos para trabajar. Cada uno de los grupos había escrito un guión de corto de menos de 10 páginas, y nos lo había enviado tres semanas antes de la charla. Yo los llevaba leídos y anotados, y dedicaba a cada uno una sesión de script doctoring de unos 45 minutos.

Carlos Morelli

Fue intentísimo, agotador y enriquecedor. Tanto para ellos como para mí. En primer lugar, descubrí que esta promoción del master tiene un nivel estupendo. De los ocho guiones, me pareció que tres estaban prácticamente para entrar en preproducción. Es una proporción insólitamente alta. Y en todos los guiones que me parecieron menos “redondos” podía encontrar elementos destacables: un planteamiento originalísimo, una gran habilidad para poner en juego ciertos “trucos de género”… Todos tenían algo bueno.

Pero no quiero aquí glosar las virtudes de los guiones, sino hablar de sus errores. Dicen que nadie aprende en cabeza ajena. Chorradas. Si así fuera, el drama no existiría. De los errores ajenos aprendemos tanto como de los propios, o incluso más. Porque los errores ajenos no intentamos ocultarlos bajo una capa de orgullo. Y el error más común de los guiones analizados en Salamanca (y quizá el error más común de los guiones amateur en general) era éste:

LOS PROTAGONISTAS NO CONFRONTAN A SUS ANTAGONISTAS.

¿Cuántos guiones de principiantes presentan un protagonista aislado, que apenas se comunica, que asiste a los acontecimientos de la trama como un mero testigo?

Un tipo que vive encerrado en su casa, observando el mundo a través del visor de su cámara de fotos.
Un tipo que vive obsesionado por las molestias que le produce un vecino al que nunca ve.
Un tipo que asiste a una situación absolutamente insólita e intolerable, pero la acepta sin más cuando alguien se la explica de manera poética.

La consecuencia lógica de un planteamiento antidramático suele ser el otro error más común de los guiones amateur:

LA HISTORIA ACABA DE UN ZAPATAZO.

Llega la policía.
Hay una explosión.
Alguien se pega un tiro.

Curiosamente, el zapatazo ocurre justo cuando el protagonista está a punto de abordar a su antagonista, o de enfrentar activamente los obstáculos que le separan de su objetivo.

El tipo intenta hablar con la chica que le gusta. El tipo sube a cantarle las cuarenta a su vecino. El tipo deja de correr por el bosque y decide enfrentarse a sus perseguidores. El segundo acto, vaya. Ahí, de pronto, BUM. Zapatazo y final. El Titanic se hunde antes de que Jack baile con Rose.

¿Por qué es tan frecuente este error, este terminar las cosas en el momento en que se ponen interesantes? Por un lado, evidentemente, está la cuestión de que el segundo acto es la parte más difícil del guión. Un principio original y un final de zapatazo, realmente, se nos ocurren todos los días. Y es divertido. Pero el público paga por el segundo acto. El público paga por ver cómo otras personas se enfrentan a sus dilemas. (Paga por aprender en cabeza ajena.) Desengañémonos: la gente no fue a ver Titanic porque se hundiese un barco. Eso ya se veía en el making of. Fue a ver cómo demonios lograban el chico y la chica estar juntos a pesar de todos los problemas que se lo impedían. El barco se hunde cuando llevas hora y tres cuartos en el cine. Si has aguantado allí ese rato, es porque resulta emocionante ver cómo Jack y Rose se enfrentan al problemón.

Un buen primer acto te hace preguntarte “¿qué haría yo en una situación así?”. Un buen segundo acto te cuenta qué hicieron los personajes, y te mantiene en vilo preguntándote “¿y qué pasará a continuación?”. Un buen tercer acto te cuenta una conclusión lógica, pero a la vez sorprendente, derivada de los actos de los protagonistas.

El clásico guión amateur tiene un primer acto, carece de segundo acto, y en el tercer acto te ofrece una conclusión más o menos sorprendente, pero en absoluto lógica ni derivada de los actos de los protagonistas. En el clásico tercer acto amateur, lo que ocurre básicamente es que entra el guionista y se carga a un personaje, para acabar con el tedioso esfuerzo de contar una historia de manera dramática.

Decir que “uno siempre escribe sobre sí mismo” es un cliché tan sobado como el de “nadie aprende en cabeza ajena”, pero creo que aquí viene a huevo para explicar por qué los guionistas principiantes escriben este tipo de historias. Hagamos un poco de psicología barata:

El protagonista elude la confrontación porque el guionista teme la confrontación.

Hay un tipo de guionista amateur, quizá más común en las escuelas de cine, que teme a su propia profesión. Que teme el momento de abandonar ese espacio protegido de la Universidad, de la escuela, donde “tiene derecho a equivocarse”. Que teme el momento de someter sus obras al implacable juicio del público. (El guionista sabe que el público es implacable, porque él mismo es implacable cuando ejerce de público de las obras ajenas.)

Dice Mamet en su “Manifiesto” que, para que una obra de teatro tenga sentido, es fundamental que el público pague por verla. En las escuelas de cine, es el guionista el que paga por escribir. Y sus únicos jueces, los profesores, están cobrando por analizar su obra. Es un ambiente espúreo. Pero comodísimo. A la hora de juzgar un guión malísimo, el más déspota de los profesores va a ser más suave que el más diplomático de los críticos.

Y los guionistas lo saben. En este sentido, hay dos tipos de autores: los que están deseando rodar algo y presentarlo en público como sea, y los que piensan que aún no están preparados, que tienen mucho que aprender. Invariablemente, los primeros escribirán cosas más interesantes que los segundos.

Con esto no pretendo menospreciar la experiencia académica. Estudiar Ciencias de la Imagen en la Complutense me sirvió de mucho. Y no diré, como Amenábar, que “aprendí más en la cafetería que en clase”. Donde realmente aprendí fue escribiendo guiones sin pedir permiso a nadie, y grabándolos, y sobre todo, montándolos sin pedir permiso a nadie.

Creo que ésa es la clave de la madurez, ¿no? No sólo en esta profesión. En la vida en general. Has madurado cuando dejas de pedir permiso a nadie para hacer las cosas. Porque hacer las cosas sin permiso significa que te responsabilizas de ellas.

Si eres guionista, y estás estudiando en una escuela o universidad, enhorabuena. Tienes la suerte de recibir los consejos de profesionales, y de aprender en cabeza ajena. Pero nada de ello servirá si no dejas de pedir permiso para hacer las cosas, y te lanzas simplemente a hacerlas. Recuerda que, mientras tú escribes cortos para tus profesores, otros HACEN cortometrajes sin pedir permiso a nadie y los presentan al público. Sólo en el Notodofilmfest se presentan cientos y cientos de cortos cada año. Unos son buenos, otros son basura. Como los trabajos de clase. Pero los trabajos de clase no llegan al público.

Y presentar tu obra al juicio público es la esencia de tu profesión. Hazlo ya. No esperes a terminar la Universidad. No digo que dejes la Universidad. Pero tampoco dejes la vida real. Haz un corto. Equivócate. Pierde dinero. Haz el ridículo. No tengas miedo al ridículo. Es parte del trabajo. Y no necesariamente la peor parte.


VALORAR UN BUEN GUIÓN. EL CASO DE DRIVE

13 enero, 2012

Por Guillermo Zapata

El pasado miércoles (antes de ayer, vamos) fui al cine a ver Drive, película de Nicolas Winding Refn escritra por Hossein Amini a partir del libro de James Sallis. Al salir de la película comente en twitter que me había gustado mucho. Varias personas comentaron conmigo que la película estaba bien, pero que la historia era un poco “simple” y que el guión, bueno, que no estaba mal.

Eso me llevó a pensar en las cosas que valoramos de un buen guión y aquellas que suelen pasarnos más desapercibidas.

Si pienso en mi mismo antes de saber cómo se escribían guiones, lo que más valoramos es lo que se oye. Los diálogos. Parece, por ejemplo, que una secuencia de acción tiene nada que ver con el guión. Como si la acotación dijera “X e Y empiezan a darse de palos hasta que X vence”. Así, las películas “habladas” tienen más posibilidades de parecer bien guionizadas que las películas “silenciosas”.

Algo parecido sucede con los personajes, viendo Drive, una película de poquísimos diálogos, encontramos como, precisamente, la diferencia entre los que hablan y los que callan determina quién es peligroso y quién no, quién es poderoso y quién no, etc. Las acciones de los personajes, que son las que los definen de forma primordial, las que los rebelan, vienen también del guión. Es difícil encontrar incoherencias en ninguno de los personajes de Drive, una película que si peca de previsible (que no lo creo) lo es precisamente por la coherencia de los personajes que se podría resumir en el viejo problema de matemáticas “Si un tren cargado de tensión y violencia sale del punto a y un tren cargado de mala leche y horror sale del punto b…” La duda no es si se va a liar o no la de Dios, sino cuando. El trabajo del guión es dosificar ese cuando no sorprender.

Lo siguiente que hemos aprendido (para mal, probablemente) con el acceso más o menos masivo a las conversaciones socializadas sobre guiones (quiero decir, a los foros, etc.) son los giros y estructuras. Pero en realidad, una versión un poco perversa de lo que es un giro y lo que es una estructura. Un giro no es una sorpresa, no es un descubrimiento que niega todo lo que hemos visto hasta ese momento, es un simple engarce en la estructura de la historia para que ésta siga avanzando. Y una estructura no es un modelo en cemento, solo es la arquitectura interna de una historia y cada historia debe tener su propia estructura. Que haya estructuras industrializadas no quiere decir que sean buenas estructuras para las historias que quieren contar o que no resulten previsibles. Ahí están las estructuras de las películas de los hermanos Coen (o la propia Drive)

En el guión no está el ritmo de la narración (eso es la planificación) pero si el ritmo de la historia que se cuenta, algo que normalmente pasa desapaercibido a la hora de valorarlo.

Otra de las cosas fundamentales para distinguir un buen guión de un mal guión es que, al final de la historia, la hayamos comprendido. La mayor parte de los guiones resuelven éste problema siendo excesivamente explicativos y recordando las cosas una y otra vez, generalmente además a través de los diálogos de los personajes que se recuerdan constantemente cosas que ya saben.

No creo que haya muchas dudas al final de la película de lo que ha sucedido, por qué cada quién ha hecho tal o cual cosa y cuales eran los intereses de todos los personajes, sin embargo, no solo los personajes no han verbalizado nunca más de lo necesario e incluso han hecho de sus silencios una explicación.

Entiendo que una película con una capacidad estética tan portentosa como la de Drive y con unas interpretaciones sobresalientes, de la sensación de que el guión no ha formado parte de la ecuación, pero si lo ha hecho. Y mucho.


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