FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 1

11 abril, 2013

Varios de los autores habituales de este blog somos profesores del Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Con este post, comenzamos una serie de “firmas invitadas” muy especiales: los alumnos del Master.

Con ustedes, los guionistas del futuro.

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FRASES TATUADAS EN EL ALMA DE UN ASPIRANTE A GUIONISTA

por Luis Jara y Alejandro Campos.

 

Atrás quedan ya cuatro duros meses de trabajo intenso en el Master de guión de ficción de la Universidad Pontificia de Salamanca. En las teclas de nuestros portátiles han caído gotas de café, ceniza de cigarrillo y alguna que otra lágrima. Queremos compartir con vosotros algunas sentencias recogidas en el master que nos han marcado y que tenemos muy presentes a la hora de sentarnos a escribir…

“ No, no, eso no lo escribas…”

“Ale, llevamos una hora para escribir este párrafo.”

“Lo de la ceniza y las lágrimas, no. No seas melodramático”

“…”

“¿Qué te pasa, Luis?”

“Mira, Ale, lo mejor es que cada uno escriba sus frases, porque es que no hay manera de ponernos de acuerdo”

“Vale, bien, empiezo yo y no me interrumpas…”

“¿Y si te presento yo, y tú me presentas a mí luego?”

“Cuidadito con lo que escribes”.

FRASES DE ALEJANDRO CAMPOS ESPAÑA:

Sevillano y trianero, amante del flamenco y de Almodóvar. El género en el que más a gusto se siente como guionista es en la comedia costumbrista, disparatada y con toques  de humor negro; y sobre todo, eso sí, en el melodrama. Esta ha sido su elección.


1. Alberto Marini: “Bayona emplea unas premisas muy potentes en sus películas: madre busca a su hijo en El orfanato; y madre/padre busca a sus hijos en Lo imposible”.

Sin premisa no hay película y mucho menos si esta no es lo suficientemente potente como para arrastrar a los personajes a la aventura de solucionar los conflictos que se le presentan.

¿Hay acaso un conflicto más potente que el hecho de que una madre busque a su hijo desaparecido, o viceversa? Las historias con esta premisa se repetirán una y otra vez, lo importante es el cómo se cuenta más que lo que se cuenta. Este supuesto, que trata la unidad de la familia, funciona porque debajo de la premisa se esconden muchos sentimientos con los que cualquier espectador se sentirá identificado, pues todos tenemos o hemos tenido una madre o un padre, o hijos a los que queremos con locura.

2. Natxo López: “El vestuario da comedia”.

El vestuario resulta fundamental en la comedia. Es un elemento visual que no sólo sirve para caracterizar al personaje, sino que además da mucha fuerza dramática a la historia que se quiera contar, y más aun si se trata de hacernos reír.

Ejemplos de ello hay muchos: quizás los más conocidos son Tony Curtis y Jack Lemmon vestidos de mujeres durante todo el metraje de Con faldas a y lo loco; Dustin Hoffman en Tootsie; Robin William en la Señora Doubfire; los enormes pendientes de cafetera que llevaba María Barranco en Mujeres al borde de un ataque de nervios; el inamovible e inalterable peinado de Marcia Cross en la serie Mujeres desesperadas; o el disfraz de tigre que llevaba Roberto Álamo en La piel que habito.

¿Es tarea del guionista o del director decidir la ropa o complementos que deben llevar los personajes en las historias? Tratándose de comedia estoy convencido que deben ser los guionistas los que deben dejar marcado esta decisión, siempre y cuando aporten una mayor caracterización a los personajes, esté al servicio de la historia, y den una mayor fuerza visual. Recordemos que la comedia suele prestarse a la inclusión de una paleta de colores mucho más estridente que a primera vista puede impresionar y marcar un ritmo dentro de este género.

3. Pablo Remón: “En la comedia los personajes se toman su papel muy en serio. Nos resulta ridículo eso que a los personajes les parece vital”.

Natxo López, coordinador del taller de escenas, dijo también algo muy parecido: Los monólogos funcionan muy bien en la comedia cuando lo que cuenta el personaje le importa mucho”.

Esto que el personaje puede contar o no, a modo de monólogo, visto con una cierta distancia por parte del espectador es lo que nos hace reír. Pues vemos lo patético que resulta aquello en lo que el personaje cree con total convicción.

Generalmente, estos monólogos vienen acompañados de sinceridad y desnudez psicológica por parte del personaje. Es aquí donde los conocemos mejor, pues descubrimos sus errores, sus torpezas, su ignorancia o sus debilidades. Y es esto justamente -lo que los hace vulnerables- lo que los hace tronchantes, a la vez que nos permite identificarnos con ellos.

En ocasiones esa vulnerabilidad puede ser reconocida por el personaje, y en otras no, pero en ambos casos, colabora a que nos riamos y sintamos empatía hacia ellos.

Llegados a este punto, me pregunto: ¿cuáles son los límites entre el humor blanco y el humor negro?

El humor negro quizá se fundamente en la mayor distancia que adopta el espectador frente al personaje y aquello que le ocurre.

Bajo mi punto de vita, puede coincidir también con que el personaje adopte por sí mismo una mayor distancia frente a los conflictos que se le presentan.

Estos personajes me parecen más inteligentes, pues son capaces de identificar y reconocer con madurez y crudeza aquello que les ocurre y reírse de sí mismos.

Esto no quiere decir que el espectador no se sienta identificado en alguno de los defectos o debilidades por parte del personaje.

Ejemplo de ello podría ser la película Carmina o revienta, donde el personaje de Carmina es capaz de distanciarse de lo todo lo que le sucede, se ríe de sí misma, y busca soluciones poco ortodoxas que nos hacen reír y que nos colocan en una posición como espectador mucho más distante. Quizás aquí nos sintamos unidos al personaje de ella, a pesar de todos sus defectos, por el mero hecho de ser una luchadora.

(Continuará)



UN GUIÓN EN 25 HORAS

18 febrero, 2013

Por Daniel Castro

El origen

Hace poco más de un mes, Juanjo Ramírez Mascaró, uno de esos amigos con los que uno intercambia cientos de “me gustas”, comentarios y retweets en las redes sociales pero con los que apenas ha tomado cinco cañas, se puso a sí mismo un reto divertido y desquiciado: se comprometió a escribir un largometraje en 24 horas. Sí, entero. Juanjo, para que quedara clara la autenticidad de su gesta pidió que sus contactos en Twitter y Facebook le propusieran premisas. Natxo López, de Bloguionistas, le hizo llegar por twitter una propuesta convenientemente impertinente.

tweetganador

Y, como había prometido, Juanjo escribió un largo (de 70 páginas) basándose en ella. Podéis leerlo aquí. (Natxo escribió brevemente sobre este asunto aquí).

Como no hay idea descabellada que me sea ajena y ahora tengo algo de tiempo libre, me animé a hacer lo mismo. En mi caso, establecí algunas condiciones. Yo, con todo el cariño para Natxo, no quería escribir un largo sobre algo demasiado desquiciado. Además, si pedía a mis contactos que me propusieran ellos sus ideas, podría verme obligado a escribir sobre algo que no me interesara en lo más mínimo. Entiendo que tal vez esto formara parte del reto original. Pero mi quijotismo, siendo exagerado, no es comparable al de Juanjo.

Desde hace cierto tiempo tenía una idea que nunca había llegado a escribir en papel. Sin embargo, en mi cabeza estaban el principio de la historia y una idea aproximada de su desarrollo y desenlace. También sabía cómo debían evolucionar las relaciones entre algunos personajes. Casi nada más.

Como la fase de estructurar la historia, de darle forma, es la que más me cuesta y, a veces, las horas de dar vueltas a la escaleta acaban, incluso, con mis ganas de escribir la historia, esta vez decidí aprovechar las condiciones de Juanjo para hacer un tratamiento de choque: la estructura y los diálogos se escribirían a la vez. Una primera versión de escaleta y diálogos al mismo tiempo. En un día. Luego, si la historia merecía la pena, la rescribiría con más calma.

pantalla

El desarrollo

Empecé a las 12 del mediodía del jueves 7 y escribí la última palabra aproximadamente a las 13 horas del viernes 8. Necesité una hora más de lo previsto para escribir 71 páginas.

Dormí unas cuatro horas y comí varios platos de pasta al pesto y sándwiches mixtos siempre frente a la pantalla del ordenador (con la pantalla en colores invertidos, para evitar que se me cansara la vista por el brillo).

Durante casi todo el tiempo escuché una playlist de Spotify seleccionada por un amigo. Nunca he escuchado tanta pachanga sobrio.

Al final, el artefacto tiene 71 páginas. Las fui publicando por entregas en este precario blog que creé en el momento. Cada parte era de unas 13 páginas, aproximadamente. Algunos amigos las iban leyendo conforme las colgaba, de forma que se iban “enganchando” a algo que yo estaba escribiendo en ese mismo instante. Esta sensación de inmediatez es una de las más curiosas que he experimentado recientemente.

Si queréis leer lo que escribí, aquí está el guión completo y, si preferís hacerlo por entregas, podéis verlas tal y como fui colgándolas, en el blog.

desayuno

Algunas conclusiones

¿Qué conclusiones saqué de una escritura tan acelerada? Vamos allá.

1.  La primeras es obvia: escribir un guión de largo en 24 horas (25 en mi caso) no es demasiado conveniente. Por unos cuantos motivos, pero, principalmente, porque uno tiene que ir muy rápido. Las consecuencias son las obvias: los diálogos no se revisan, las primeras ideas se llevan a cabo sin mucha crítica, el cansancio va haciendo mella… Sin embargo…

2. Escribir un guión de largo en 24 horas (25 en mi caso) es bastante conveniente. Obviamente, por otros motivos diferentes: contribuye a desatascar una idea que no has trabajado durante un tiempo, la urgencia te lleva a no detenerte en cuestiones estériles y, en algunos casos, a inventar soluciones que no se te hubieran ocurrido en otras condiciones. Si el guión no queda bien, no habrás perdido en él más que un día de intenso trabajo. Si el guión queda decente, o, al menos, inventas algo, habrás sacado de ese día más de lo que uno obtiene de una jornada normal de trabajo.

3. Escribir un guión de largo en 24 horas es muy jodido. Incluso si uno no duerme ni una sola hora (cosa difícil) y escribe un largo de sólo 70 páginas (muy corto para el estándar), debe producir casi tres páginas por hora. No es mucho para un guionista experimentado que trabaje con una escaleta clara y cerrada. Pero es demasiado si no se cumple algunas de estas condiciones.

Otro elemento positivo de esta experiencia es que, al ser un trabajo hecho en unas condiciones tan extraordinarias, al menos en mi caso, estoy mucho más abierto a escuchar opiniones ajenas y a modificar el guión y su estructura.

Por eso os quería pedir a quienes lo leáis que me digáis sin ningún tipo de escrúpulos (pero con cierta educación) qué os parece, qué secuencias os gustan, cuáles no, qué cambios haríais, etc. Os prometo tener vuestros comentarios muy en cuenta.

La moraleja

Son malos tiempos. Muchos creen que nunca van a trabajar en lo que les gusta. Algunos ya están buscándose la vida en otros sectores o países mientras esperan que las cosas vuelvan a ser como fueron. Pero casi todos imaginamos que eso no va a suceder. Para bien o para mal. Sabíamos escribir guiones para series de televisión. Algunas tenían éxito. Pero ahora ni siquiera las series de éxito lo tienen. Nuestras armas parecen oxidadas y son las únicas que tenemos.

Trabajar es lo único que nos puede salvar del desánimo. Rodar una película en un sólo día como los de #littlesecretfilm o, tal vez más fácil para nosotros los guionistas, escribir un cuento, una webserie, una saga épica o, ¿por qué no?, un guión de largometraje en 24 horas. Mandarle al mundo, y a ti mismo, una prueba de que estás vivo. De que sigues teniendo dos o tres cosas que contar. De que te has lanzado a una estúpida y peligrosa laguna y has llegado vivo a la otra orilla. Y de que, cuando quieras, puedes volver a hacerlo.


FIRMAS INVITADAS: 400 GUIONISTAS, 3 DÍAS Y 2 NOCHES

20 octubre, 2011

Juanjo Moscardó se estrena como firma invitada en Bloguionistas para hablarnos del II Encuentro de Guionistas que se celebrará del 4 al 6 de noviembre en Madrid. Moscardó es guionista de series para la televisión valenciana, y en cine su próximo guión lo producirá Fernando Colomo. Además, es presidente de EDAV, la asociación de guionistas de la Comunidad Valenciana, y miembro de la Junta Directiva de FAGA (Foro de Asociaciones de Guionistas Audiovisuales), que convoca el Encuentro junto al sindicato ALMA.

Después del éxito de la primera edición del Encuentro en Valencia, que podéis consultar aquí (noticias aparecidas en los medios), aquí (crónica de Pianista en un Burdel) o aquí (Informe de AbcGuionistas con entrevistas a algunos ponentes), las asociaciones y sindicatos de guionistas hemos hecho una apuesta fuerte para esta II edición. Podéis consultar todo lo relacionado con el programa, los ponentes, descuentos, etc… en el BLOG del II Encuentro donde está toda la información. Yo quería aprovechar para comentaros lo que no pone en el blog y que creo que os puede interesar.

Sesión inaugural I Encuentro de Guionistas (3 de octubre 2010,Valencia)

¿Por qué asistir al II Encuentro de guionistas? El otro día Chon González, un compañero guionista que escribe en Guionistas VLC me tuiteó: “Convénceme para ir al encuentro”. Lo primero que pensé fue: “Qué fuerte tu rollo, que estuviste en el primer encuentro como ponente, cabronazo. ¡Si te lo tengo que explicar a ti…! Como era a través de Twitter sólo le dije: “400 guionistas, 3 días, 2 noches, y mucha tela que cortar”. Le convencí. Y si a él le hacía falta el empujoncito para decidirse, pues a los guionistas que no vinieron creo que conviene que les explique un poco más.

Lo de la tela que cortar es una chorrada para rellenar, pero creo que ilustra de forma correcta lo intensa que será la experiencia.

400 guionistas, pensadlo bien. ¡Juntarnos 400 guionistas! En Valencia hicimos lleno, pero el aforo era de 200 personas y algunos no se pudieron inscribir por falta de plaza… Este año esperamos que no ocurra eso, pero si ocurre será que hemos vuelto a hacer pleno y será una muy buena noticia para el colectivo, que demostrará estar más unido de lo que muchos creen y desean. El año pasado hubo mucho feeling entre todos los que asistieron y de verdad que fueron unas jornadas de las que guardamos un recuerdo entrañable. (Noño, sí; pero es la verdad.)

Muchos de los 200 asistentes al I Encuentro

3 DÍAS de ponencias a cargo de guionistas y profesionales impresionantes (ver el programa), y de debates abiertos a todos los participantes. Muchos de los que estarán como asistentes podrían estar como ponentes, así que se les da a los debates la misma importancia que a las ponencias. El año pasado, por ejemplo, Alberto Macías (coordinador de guiones de la serie Cuéntame) estaba como oyente y este año será ponente. Algunos de los ponentes de este año serán Jorge Guerricaechevarria (Celda 2011, La Comunidad), Oriol Capel (Los quien, Aída), Tatiana Rodríguez (Aguila Roja, 2055), el bloguionista Natxo López (Hispania, Gran Reserva), Paco Cabezas (Carne de neón, Spanish movie), Ana Sanz Magallón (story editor de Bajo las estrellas, El truco del manco), Joaquín Oristrell (Dieta mediterránea, Inconscientes)… y muchos más.

Los guionistas y productores ejecutivos: Ramón Campos (Bambú producciones), Iván Escobar (El barco), Lluís Arcarazo (Salvador) en una de las mesas del Primer Encuentro.

2 NOCHES para la asimilación de conocimientos y terminar de atar cabos de las ponencias… O bien, una buena excusa para tomarse una copa juntos y conocerse mejor. Se comenta que fueron muy divertidas las noches del I Encuentro (yo organizaba, así que estaba demasiado estresado y me fui a desmayarme en la cama), así que si algún asistente las quiere comentar lo hará mejor que yo. Si llega el presupuesto (insisto: SI LLEGA) también incluiremos una copa en un pub por la noche donde invitaremos a otros profesionales del audiovisual: directores, actores, productores,… Además, se hará una gincana para estrechar lazos con los productores… ¡Que no! Es broma, mejor invitarles a un gintonic y así quedamos como señores.

Resaltar también que el precio de la inscripción (50€ para asociados, 100€ para no asociados) incluye la comida tanto del viernes como del sábado. Se hará un cóctel de pie en el mismo sitio donde se celebra el Encuentro a fin de potenciar espacios para que los asistentes y participantes se puedan relacionar. Unos MEETING POINTS en toda regla para practicar el NETWORKING, o como se diga… Otra oportunidad para entablar relaciones profesionales será el COFFE BREAK del sábado a media mañana. Y me dejo ya de anglicismos…

Todas estas actividades intentarán cumplir con dos de los principales objetivos que tienen las asociaciones y sindicatos de guionistas: poner en contacto a los profesionales del guión, y dar visibilidad al guionista y a su obra.

Antes de despedirme quería animaros a participar en el FORO sobre los temas que se tratarán en el II encuentro, y también donde se pueden continuar los debates que surgieron en el Primero.

Y recordaros lo que decía Chico Santamano en su genial post sobre la suerte… o estar. Creo que en este caso, es una suerte el esfuerzo que se ha hecho desde las asociaciones de guionistas para que vosotros podáis estar. Y recordad que estar sólo depende de vosotros, nosotros no podemos hacer más.

¡Saludos y suerte a todos!

PD: ¿Alguna sugerencia para la gincana con los productores?


LA MEDIA PENA – LA VISIÓN DEL GUIONISTA (I)

15 abril, 2011

Por Guionista Hastiado

Hace unos días Sergio Barrejón colgó este post donde hablaba de “La Media Pena”, cortometraje que ha dirigido recientemente, y cuyo guión está firmado por este servidor.

Barrejón me había sugerido ya antes que escribiéramos cada uno un artículo hablando del rodaje y de todo el proceso de elaboración del corto. La suya sería la visión del director de un texto ajeno, y la mía la de un guionista que comprueba cómo otra persona da vida a su historia.

Sin embargo, creo que voy a decepcionar las expectativas de mi buen amigo. Mucho me temo que él espera un artículo digno del mejor hastío, en el que desgrane todos y cada uno de los aspectos brillantes que estaban contenidos en las páginas el guión y que fueron estropeados por los torpes manejos de un incompetente realizador. Ya les adelanto que no fue así.

Pero vamos paso a paso, hablando de cómo fue el proceso del que surgió “La media pena”:

En el verano de 2009 escribí el corto. Mi intención era narrar algo sencillo que pudiera grabar con pocos medios. La manera más fácil de hacerlo, a priori, me pareció escribir una historia con dos únicos personajes en una sola localización (luego veremos que esto no era así de simple).

Tenía algunas ideas de partida que podían encajar en ese esquema y me puse con la que más me atraía. Se trababa de una historia breve sobre dos personajes muy distintos, ambos con un momento vital complicado, que se cruzaban y acababan influyendo el uno en el otro sin buscarlo. El título del corto provenía de un refrán popular sueco que dice algo así como “una alegría compartida es una doble alegría, y una pena compartida, media pena”.

Empecé a escribir sabiendo cómo empezaba la historia, pero no cómo terminaba. Me propuse intentar que los personajes sorprendieran al espectador, que no fuera fácil adivinar qué es lo que iba a suceder a continuación o cómo se iban a comportar los protagonistas. También tenía claro que quería escribir una historia que mezclara elementos de drama y comedia, y que intentaría huir del habitual “final sorpresa” que tanto puede llegar a obsesionar al cortometrajista.

Luis Callejo en pleno rodaje

Después de algunas versiones me gustó el resultado y me planteé la posibilidad de dirigirlo. Me puse en contacto con Barrejón para pedirle consejo. Él ya había rodado algunos cortos y le envié el guión para ver qué le parecía. Le gustó, y me dio el mejor consejo que te pueden dar en estos casos: “búscate una productora, no lo hagas tú solo”.

Le hice caso, pero no le puse mucho empeño, para qué nos vamos a engañar. Si hay algo que no sé hacer bien es venderme. Además en aquel momento tenía mucho trabajo y lo del corto era, en cierto modo, un hobby. Total, que el ser perezoso y pesimista que todo guionista lleva dentro acabó venciendo y, tras algunas tímidas gestiones infructuosas, terminé por abandonar la idea.

Cuando se lo comenté a Barrejón, creí que me iba a decir lo mismo que ya me decía yo para mis adentros: que soy un vago, un fracasado y que en mi vida jamás haré nada de provecho. Pero sin embargo lo que dijo fue “¿te importa que lo dirija yo?”. Creo que durante un par de segundos pensé que allí había gato encerrado.

Porque no nos engañemos, amigos. Rodar es un poco coñazo. Y no apetece. Lo que pasa es que si uno quiere crear una historia mínimamente personal, normalmente no tiene más remedio que rodarla uno mismo… o confiar en alguien que lo pueda hacer bien. Que un director y guionista solvente me ofreciera rodar mi corto era como ir a un puticlub y te digan que te la chupan gratis y encima te regalan un Ipad. Así que le dije que sí, que quería el Ipad.

Barrejón y Callejo cara a cara en un ensayo

Barrejón demostró ser mucho más despierto que yo (lo que no es muy difícil) y pronto estaba en el lío, haciendo dossiers, planes de producción y pidiendo subvenciones, esa parte aburrida del proceso. La casualidad quiso que le pusiera en contacto con un amigo productor con el que alguna vez había hablado de la posibilidad de dirigir algo, Íker Ganuza.

Íker Ganuza supervisando el rodaje

Íker es un productor joven que estoy convencido de que llegará a ser uno de los grandes. Tiene buen ojo y conoce bien el medio, y rápidamente se puso de acuerdo con Barrejón para coproducir. Con el guión en la mano, consiguieron subvenciones del ICAA y del Gobierno Vasco, y empezaron a pensar en los actores y el equipo.

Por aquel entonces tuve algunas conversaciones con Barrejón, vía chat, en las que discutimos acerca de aspectos concretos del guión. En muchos casos, éste puede ser el momento chungo para el guionista, ese instante en el que comprendes que el director quiere hacer algo totalmente distinto que tú, en el que empiezas a ceder y a ceder, y el resultado acaba no teniendo nada que ver con lo que tú querías contar en un principio (si ven la serie “Episodes”, entenderán la sensación a la que me refiero).

Por fortuna, Barrejón, además de director, es un buen guionista y es fácil hablar con él en términos narrativos, y no de abstracciones pedorreteras de malos directores. Y encima él quería contar la misma historia que yo. Eso no significa que no discutiéramos sobre determinados detalles del guión, pero eran en su mayoría cuestiones de mecánica o narrativa visual cuya dificultad o falta de efectividad él -que había hecho sus deberes- preveía. Tal vez me hubiera gustado llegar a convencerle en algún que otro detalle, pero era consciente de que él iba a invertir mucho más tiempo y energía que yo en el proyecto, y que lo más importante es que se fuera a rodar con algo que le convenciera absolutamente. Así que no me importó ceder en ciertas cosas.  Siempre, además, cabe la posibilidad de que los demás tengan más razón que uno mismo, y es de la colaboración, no de la imposición, de donde surgen las mejores ideas.

Llegó la lectura técnica del guión, y empecé a comprender que el cortometraje no iba a ser tan sencillo como yo había previsto en un momento. Una localización, dos actores, sí. Pero surgieron dos problemas:

1 – La localización era un gran despacho de ejecutivo que debía tener un cuarto de baño anexo. Yo había oído hablar de despachos así, pero encontrar uno era mucho más complicado de lo que parecía. De hecho, fue lo más complicado de encontrar, y el alquiler acabó siendo la partida más cara de toda la producción.

2 – La segunda dificultad es que el corto entero transcurría de noche. En el guión yo había escrito esto:

“Un despacho amplio, frío, con ventanas que dejan ver las luces nocturnas de la urbe”.

Esto, que queda tan cuco sobre el papel, implica que tras los ventanales debía verse el skyline de una ciudad, lo que obligaba a rodarlo todo de noche, con las evidentes complicaciones implícitas (menos horas para rodar, gente trabajando sin dormir, obligación de evitar escandaleras…).

Bueno… eso creía yo. Porque luego Barrejón me explicó que eso era inviable. “A nada que metas un poco de luz en el interior para iluminar a los actores, pasarán dos cosas: a) El skyline quedará tan oscuro que ni se verá; y b) Las ventanas, con un fondo tan oscuro detrás, se comportarán como espejos, reflejando todo tipo de cosas que no queremos ver: desde las propias luces, hasta el personal de rodaje. Y eso sin contar con posibles problemas de raccord en el fondo: desde ventanas de edificios que se encienden y se apagan, hasta ambulacias o incluso fuegos artificiales”. Puede parecer exagerado, pero no lo es: la ley de Murphy siempre se cumple en los rodajes.

Por suerte había otra opción, a la que finalmente se llegó, que fue la de convertir los ventanales en un gran croma verde sobre el que luego se incrustará el fondo de la ciudad en postproducción. Una solución efectiva pero que, evidentemente, complica todo el proceso.

Rodaje de "La Media Pena", con el croma verde.

Otra dificultad evidente iba a ser la de encontrar a los actores adecuados. Había dos personajes: un ejecutivo cuarentón y una limpiadora sudamericana. Ambos debían ser buenos actores porque el cortometraje lo llevan ellos absolutamente; era fundamental que se manejaran bien en las acciones físicas, en las miradas, en el manejo del tempo y el tono tanto de la comedia como del drama… y que tuvieran las fechas libres, claro. (Y que les gustara la historia, porque no iban a cobrar).

Para el personaje masculino tuvimos a un famoso interesado durante meses que se cayó en el último momento. Fue una bendición, porque acabamos contando con el magnífico Luis Callejo, que hizo un trabajo increíble y que, además, es un tío cojonudo. (Y que Barrejón reconoció que era su primera opción. Por lo visto, siempre lo es.)

Luis Callejo en el rodaje de "La media pena"

El personaje femenino era más complicado, si cabe. Debía tratarse de una actriz sudamericana, con una mezcla de mujer sexy y “real”, con capacidad para dar registros muy diferentes. Elegirla fue a la vez muy fácil y muy difícil. Fácil, porque tanto Barrejón como Íker tenían claro que querían a Tania Roberto (antes Tania de la Cruz). Difícil, porque si no le gustaba el proyecto… no había plan B. Por suerte se leyó el guión y le encantó. Y para mí, junto con Luis, ha sido todo un descubrimiento.

Tania Roberto en el rodaje de "La Media Pena"

Y finalmente llegó la hora del rodaje. Les hablaré con más detalle de él en un próximo post;  sólo les adelanto un buen consejo: si son guionistas y van a estar presentes en el rodaje de uno de sus guiones…búsquense una ocupación que les obligue a hacer algo. En mi caso fue la de foto fija (aquí pueden ver algunas más de mis aportaciones en el cargo).


RANDOM THOUGHTS ABOUT FILMMAKING

31 marzo, 2011

por Sergio Barrejón.

El pasado fin de semana rodé un corto. Se titula La Media Pena y lo escribió un buen conocido de ustedes: el Guionista Hastiado. Era la primera vez que rodaba un guión ajeno, la primera vez que trabajaba con un productor al que no conocía de nada, y la primera vez que rodaba en Red One.

Y he aprendido mucho. Probablemente más que en todos los años que llevo haciendo cortos juntos. Y me gustaría compartir parte de lo que he aprendido.

- Empezaré por un par de cosas que ya sabía: como rezaba el cartel que Mike Hausman tenía en su oficina, todos los errores se cometen en la preproducción. Y yo añadiría: hagas lo que hagas, cometerás un par de ellos con toda seguridad. Así que más vale concentrarse bien.

- También sabía, aunque nunca lo había comprobado, que es posible montar la preproducción de un corto a distancia. Hace un tiempo que vivo entre Madrid y Berlín. Iker Ganuza, el productor, vive entre Navarra y el País Vasco. Y el rodaje fue en Madrid. La primera vez que Iker y yo nos vimos en persona, concretamente en el Talent Campus de la Berlinale, el proyecto ya estaba financiado (merced a sendas subvenciones del ICAA y el Gobierno Vasco, gracias) y teníamos fecha de rodaje. Todo el contacto previo había sido por teléfono y por email. El único secreto para conseguir esto es que tanto el productor, como el guionista, como el director, hagan muy bien su trabajo y lo entreguen siempre a tiempo. Cierto que es más fácil decirlo que hacerlo. Pero el caso es que es posible.

- He aprendido una técnica maravillosa para prepararse un guión. La protagonista del corto, Tania Roberto, remarca con rotulador verde todos los verbos del texto. Los verbos son la clave de todo, me dijo. Y tiene toda la razón del mundo.

Tania Roberto en el rodaje de "La Media Pena". Foto: Natxo López.

 

Vaya una técnica, dirán algunos. Pruébenla con sus propios guiones, y descubrirán muchas cosas. Hace un montón de años, Juan Antonio Porto enseñaba en su Taller de Guión que no se deben malgastar los verbos. Y es que, aunque todo el mundo está de acuerdo en eso de que el cine es acción, no todo el mundo ni mucho menos es capaz de ponerlo en práctica. Porque para hacerlo hay que saber manejar los verbos. ¿Y cuáles son los verbos que más usan los malos guionistas? Haber, estar, tener, ver.

Verbos sin acción.

“Jaime está junto a la ventana. Tiene una pistola en la mano.”

“Sobre la mesa hay una botella de whisky vacía.”

“Vemos a Jaime sentado en el sillón.”

Así escribe un mal guionista. Bueno, así y con perífrasis, circunloquios y voz pasiva. Compárenlo con este extracto del guión de La Media Pena:

La Chica lanza hacia atrás el vaso en el que estaba bebiendo.

El Ejecutivo lo esquiva por unos centímetros y el vaso rebota contra la ventana junto a su cara, sin romperse, con un sonoro “¡clonc!”.

La Chica se levanta canturreando y se acerca hasta su carrito.

CHICA

(cantando desafinada)

Metiste tu cintura / rozándola en mi selva / sacaste a mi pantera / y se comió tu corazón / chili-chili-chili-chili-¡pom!

Enciende una pequeña radio que lleva en el carrito, y SUENA UNA MÚSICA CARIBEÑA. La Chica empieza a bailar sensualmente mientras se desabotona la bata.

 

Así escribe un profesional. Describiendo acciones de manera precisa, directa, breve. Con frases simples, con verbos de acción, y por supuesto, en voz activa.

- Otra cosa que aprendí de Tania Roberto, y que muchos actores deberían grabarse a fuego: hay que respetar el texto a rajatabla, incluso las comas. Y no es una hipérbole: haciendo pausas en las comas y puntos que el guionista ha puesto en el guión, el actor se verá obligado a respirar como debería respirar el personaje. O al menos, como el guionista pensó que debería respirar el personaje. Y honestamente, si a uno no le interesa lo que piensan los guionistas sobre los personajes, ¿para qué se mete a actor?

- De Luis Callejo no aprendí gran cosa. Más que nada, porque lo conozco hace años, así que lo que hice fue más bien confirmar de nuevo que es uno de los actores más generosos que existen. Cuando uno está trabajando a la vez en una serie de éxito y en una película, dedicar un fin de semana entero a hacer un corto en el que te hacen correr, caerte al suelo varias veces y meterte debajo de una mesa durante horas… eso es generosidad. Y sin contar las horas que dedicó a los ensayos.

Luis Callejo en el rodaje de "La Media Pena". Foto: Natxo López.

 

- En los rodajes de cine hay familias. Hay Capuletos y Montescos. No es imposible que se mezclen, pero en general guardan una prudente distancia. Como consejo general: si eres guionista o director, sé muy prudente al tratar con la gente que lleva cosas colgando del cinturón y/o bebe vino con Casera en la comida. No son de tu familia, Romeo. Existen grandes probabilidades de que no aprecien tus chistes. Sobre todo en un corto, donde se mire por donde se mire, ellos van a sacar mucho menos beneficio que tú. Así que trátalos con mucha diplomacia.

Éste soy yo dirigiendo a Tania Roberto. Foto: Natxo López.

- En contra de lo que muchos trolls de este blog creen, los autores y productores de cine no sólo no ganan mucho dinero, sino que están lejos de ser los que más ganan en este negocio. Por lo que yo he visto, el coche más caro que hay aparcado en un rodaje siempre es del jefe de eléctricos. Lógico. Ellos son los que no paran de trabajar. Y los que cobran su caché incluso en los cortos.

- La frase vamos a hacer un wildtrack provoca carraspera y picores a la mayoría del personal. Estamos haciendo una toma, todo el mundo está tranquilo y calladito. Entonces el ayudante de dirección dice “silencio, por favor: vamos a hacer un wildtrack“… y todo el mundo empieza a toser, a cambiar el peso de pie y a rascarse. A mucha gente se le caen cosas de las manos que hasta ese momento había sostenido sin problema. Desconozco las causas científicas de este fenómeno, pero propongo que la frase sea definitivamente erradicada del vocabulario de un rodaje.

- En un rodaje siempre hay gente dispuesta a discutir sobre la correcta grafía de los términos wild track y making of. Las alternativas más comunes, y que sospecho sólo existen en España (como el footing) son “walltrack” y “making off“. Y sus defensores son capaces de argumentar hasta la muerte antes de admitir que están equivocados. Sospecho que esta gente es la misma que, en el instituto, defendía que la primera persona del singular del presente de indicativo del verbo convencer era yo convezco.

- Una gran mentira del cine: cuando la primera toma es buena, y el Ayudante de Dirección dice vamos a hacer una más por seguridad. Créanme: nunca es una más. Siempre son, mínimo, dos o tres más. Quizá también habría que erradicar esa frase. Sospecho que el equipo técnico, sabiendo que hay una toma buena en la lata, se relaja y tiende a fallar. La verdad es que no resulta muy motivador rodar una toma por seguridad. No en vano, mi Ayudante de Dirección, Aitor Basterretxea, solía decir: vamos a hacer una más por inseguridad.

- Otra gran mentira del cine: sólo es un inserto facilito. No existe nada facilito en un rodaje. Y los insertos son de las cosas menos facilitas que existen. Admito que un inserto de un cajón abriéndose puede ser simple. Pero simple no equivale a fácil. El número de elementos en plano, de hecho, suele ser inversamente proporcional a la precisión requerida para las acciones. Un plano general con cinco actores moviéndose de aquí para allá sin parar de hablar y la cámara en un travelling puede ser complicadísimo, pero no necesariamente difícil. Es más, es el tipo de plano que suele salir bien a la primera o a la segunda. Porque suele haber mucho margen, mucha flexibilidad. Un plano general suele tener profundidad de campo. El foco no suele ser tan estricto. Difícilmente algo se saldrá de foco, o de cuadro. Los actores adecuarán el timing con creatividad. Hay muchas maneras de que un plano así salga bien. Pero un inserto de un puñetero cajón abriéndose tiene que ser perfecto en todo. Y los directores (y esto va también por mí) suelen ser tremendamente exigentes al respecto.

- Otra cosa que he aprendido: repetir con el mismo equipo es maravilloso. En La Media Pena he vuelto a contar con el equipo de Dirección, Fotografía, Montaje, Música y Vestuario con el que conté en mi anterior corto, El Encargado. Y lo volvería a hacer cuarenta veces, si de mí dependiera.

- Y termino con un consejo ajeno: si van a rodar, consíganse un palo. Como casi siempre, Vigalondo tenía razón: es utilísimo.


A VECES OLVIDO…

2 marzo, 2010

…que cuando las cosas se hacen bien no hay tanta diferencia entre escribir para el cine y escribir para la televisión.

David Muñoz

Dado que escribo tanto cine como televisión, muchas veces tengo la impresión de que debo transformarme en un guionista diferente dependiendo de si estoy escribiendo para la gran pantalla o para la (cada vez menos) pequeña. Incluso en ocasiones me parece que lo que en un contexto se consideran virtudes en el otro se ven como defectos. Sin embargo, también es cierto que tanto la televisión como el cine están cambiando y que uno y otro medio ya no son compartimentos estancos sino que se influyen mutuamente, hasta tal punto que hay mucha televisión que desde el punto de vista de la escritura hace una década hubiéramos considerado cine y viceversa. Se trata de un fenómeno imparable por muchas razones de sobra conocidas que no voy a abordar en este texto. Pero, pensando en hablar de ello en “bloguionistas”, me di cuenta de que en vez de escribir un artículo me apetecía más hablar con otro guionista que, por aquello de no dar una visión muy sesgada del asunto, al contrario que yo hubiera trabajado más a menudo en la televisión que en el cine. Afortunadamente, rápidamente encontré a alguien así que se prestó a ser entrevistado. El guionista en cuestión es Natxo López, y ha escrito series como “La familia Mata”, “7 vidas” o “Gran Reserva”. Además, es autor del libro Manual del guionista de comedias televisivas (T&B Editores, 2008).

Tras terminar el intercambio de e-mails que ha acabado dando lugar a esta entrada, Natxo me comentó que le daba la sensación de que nos habíamos dejado mucho en el tintero. Y así es. Podríamos escribir un libro entero hablando de estas cosas.

Pero por algún lado hay que empezar.

DAVID MUÑOZ: Antes de escribir series de televisión yo había escrito sobre todo guiones de cine y pasé un “período de adaptación” (que no sé si ha terminado aún) en el que de alguna manera tuve que resetearme el cerebro. Cuando estás acostumbrado a escribir de una manera, te suele costar adaptarte a los requisitos de un nuevo formato. No sé si le ocurre a todo el mundo, pero en mi caso por muchos folios que haya escrito, cada vez que tengo que hacer algo que aún no he hecho, en cierta manera es como volver a empezar. Da un poco de vértigo y asusta, pero también es estimulante.

NATXO LÓPEZ: Por supuesto. Pero no sólo a la hora de cambiar entre “cine” y “tele”. Cada nuevo proyecto puede ser muy diferente del anterior, aunque se trate, por ejemplo, de dos series de televisión. El tono, los personajes, el formato de producción y el sistema de trabajo pueden marcar grandes diferencias. A mí también me atrae esa sensación de enfrentarte a algo que te obliga a “resetearte” un poco, porque es la mejor manera de aprender y crecer como guionista. No olvidemos que casi siempre trabajamos para otros, y nuestro trabajo se basa, en un 90% de las ocasiones, en adaptarnos a lo que nos piden, no en contar lo que nosotros queremos.

DM: Pues yo creo que aún hoy esa es una de las cosas que más me cuesta aceptar de este trabajo. Lo acepto, vaya. De hecho, no hay más remedio que aceptarlo. Pero si no pudiera escribir de vez en cuando otras cosas que siento más mías (no mejores ni peores, que es otra cosa), no sé si me motivaría seguir siendo guionista. Pero ese es otro tema del que tarde o temprano creo que también acabaré hablando por aquí.

NL: Cuando llevas dos o tres años en una misma producción acaba por ser algo repetitivo y te apetece cambiar. A mí me sucede especialmente con el drama y la comedia, aunque he trabajado más en clave cómica. Cuando llevo mucho tiempo escribiendo comedia, me apetece centrarme en algún proyecto dramático, y viceversa. Por lo general, me gusta “picotear”. En el último año he escrito drama y comedia, sketches, he desarrollado un largo, ideas para pilotos, algún monólogo… Todo es difícil pero también divertido. Si te gusta tu oficio, claro.

DM: Al principio, lo que más me costó de la tele –y me sigue costando- es tener que escribir guiones de entre 70 y 80 páginas para contar historias que de poder elegir yo contaría en muchas menos (y con muchos menos diálogos, pero de eso ya hablaremos luego). Las películas suelen ser mucho más densas argumentalmente que los capítulos de las series de televisión, “contienen” más cantidad de historia, y sin embargo los guiones tienen más o menos las mismas páginas. Me pasa con las series y me pasa también ahora con las TV movies.

NL: Bueno, es que en el cine es fundamental la condensación, porque a menudo narras grandes historias -incluso una vida completa- a través de unos pocos acontecimientos que no ocupan más de 100 páginas, mientras que las series son el arte de lo inalterable. La idea de la ficción televisiva es: “quiero que cada semana el espectador se siente a ver lo mismo”. Y, por lo tanto, uno de los fundamentos de la escritura de series de ficción es que, si funciona, no debes cambiarlo. Y esto se refiere sobre todo a los personajes.

Todo cambia para seguir igual

Todo cambia para seguir igual

En el cine el protagonista suele tener un arco de transformación potente, mientras que en una serie el protagonista no debe cambiar, en esencia. Si House se vuelve un buenazo se acabó el chollo. Se puede matizar, puede dejar las drogas, puede pedir perdón alguna vez, pero debe seguir siendo el mismo listo cabrón hijoputa o decepcionará. La gente se queja de que la serie “es siempre lo mismo”, pero es que ése es precisamente el secreto de su éxito, que no la han cambiado, que House no ha conseguido a Cuddy, que no es feliz, que sigue sufriendo y admirándonos con su mente preclara… Y lo mismo se puede decir respecto a la premisa principal de la serie, no puedes cambiarla de un día para otro. Si tu serie cuenta, por ejemplo, la historia de un médico de ciudad que debe adaptarse a una zona rural, has de mantener ese conflicto abierto durante el tiempo que dure la producción. Se puede poner en peligro (“El doctor quiere volverse a casa”), pero nunca ha de cambiarse. Los que hayan visto “The Shield” sabrán a lo que me refiero: no contaré nada, pero el primer capítulo abre un conflicto que se cierra en el último plano del último capítulo de la última temporada, y que mantiene la misma premisa durante años: un grupo de policías que sobrepasan los límites de la ley y deben lidiar con las consecuencias.

Por lo tanto, no puedes plantear puntos de giro radicales como sí haces en un largometraje. Las tramas se convierten en el sustento de los personajes, tienes que inventar acontecimientos y conflictos que tengan que ver con la premisa principal pero que no la cambien. ”Jed Bartlet se enfrenta a un proceso de Impeachment”. Es cierto que esto puede producir una sensación de algo “alargado” o constantemente irresuelto, pero también tiene una parte atractiva, que es la posibilidad de centrarte más en el detalle, en el “viaje”, en el contexto, en los personajes… Lo que nos gusta es ver a Tony Soprano enfrentándose a las dificultades y a sus propios demonios, no hace falta que resuelva su conflicto principal porque entonces ya no tendríamos “Los Soprano”, sino una serie, por ejemplo, de un antiguo mafioso que rehace su vida. Y ésa es otra historia…

El tema de las TV movies o las miniseries es más complejo. Se parecen mucho a largometrajes pero no lo son, y por eso quizá se nota más el “alargamiento”. Tal vez por eso a menudo se basan en personajes concretos, porque es más fácil encadenar acontecimientos de la vida real que quizá no cumplen el principio de “acción-reacción”, que contar una historia concreta con sus nudos dramáticos y sus puntos de giro.

DM: Hace poco vi una lista de TV movies en preparación y vamos… me encargan a mí escribir alguna de estas sobre famosas de la “Jet set” y no sé si sería capaz de hacerlo. ¡Si no les ha pasado nada en la vida salvo que a lo mejor se han casado y han tenido un par de hijos!

NL: Ahí entra el oficio del guionista y su capacidad para sacar “oro” de donde no lo hay, para hacer que un momento aparentemente inocuo, en el que no pasa nada, se convierta en algo muy importante para el espectador. Ése es, creo yo, uno de los trucos principales de este oficio: darle importancia a todo lo que pasa.

DM: El tener que grabar tantas páginas de guión en unos siete días (o sea, más de 10 páginas al día) es una barbaridad. Aquí grabamos una media de 30 páginas más de guión en los mismos días que los americanos, y con bastante menos dinero que ellos. Eso obliga a tomar muchas decisiones desde guión que permitan cumplir los plazos previstos sin llevar a la muerte al equipo. En ese sentido, las “reglas” más importantes que tiene que acatar el guionista de televisión antes de ponerse a escribir un capítulo me parece que son:

-Si puedes usar una localización cuatro veces en vez de dos, mejor. Y si esa localización es uno de los decorados fijos de la serie, mejor todavía.

-Cuantas menos páginas de exteriores, mejor también. En las series en las que yo he estado teníamos unas 15 páginas de exteriores por guión. Con lo que, incluso en series supuestamente “de acción”, la mayor parte del capítulo ocurría en interiores. “La acción” muchas veces se contaba, pero no se veía. A veces las persecuciones policiales ocurrían en off y se hablaba de ellas delante de la máquina del café.

-Cualquier efecto especial es susceptible de ser eliminado porque puede suponer “perder” un día para grabar una sola escena, algo que no puede asumir casi ninguna producción.

¿Me estoy dejando alguna fuera importante?

NL: Esas son las más importantes, sí. De hecho, yo he trabajado en series donde algunas de esas “reglas” estaban perfectamente delimitadas, como por ejemplo la obligación de escribir ocho páginas de guión en una misma localización exterior, de modo que a la hora de escaletar contabas casi con una “plantilla” a la que amoldarse.

DM: Sí, eso suele ser bastante habitual.

"Acción" en "El comisario"

"Acción" en "El comisario"

NL: Otras exigencias habituales para controlar gastos tienen que ver con los actores.  Hay actores que cobran por capítulo (los más protagonistas) y también los hay que cobran por sesión (episódicos y secundarios, normalmente). A veces hay que controlar el número de escenas de los que cobran por sesión para que todas sus escenas se puedan grabar en uno o dos días. Eso implica también que dichas escenas se graben en una misma localización: o plató o exteriores. Si todas sus secuencias son en plató excepto una que es en exteriores… eso significa que habrá que pagarle una sesión extra (un día) sólo por una escena. De la misma forma, también suelen pedirte que concentres a los mismos actores en la trama “con exteriores”, porque eso facilitará que se pueda estar rodando al mismo tiempo en plató otra trama sin ellos. Por supuesto, escenas con pocos personajes son más asumibles que aquellas en las que aparece todo el plantel. También puede haber actores que tienen limitaciones de horarios, lo que puede limitar el número de escenas en las que pueden aparecer, y también hay actores especialmente problemáticos por diversas cuestiones a los que es mejor dar poco papel (por ejemplo, Marisa Porcel en “La Familia Mata”; es una mujer mayor que tiene serios problemas para moverse y para memorizar textos largos).

Se intentan evitar las escenas que precisan de muchos extras, y suele haber una limitación para el número de personajes episódicos que aparecen en un capítulo, porque también cuestan dinero (y porque muchas veces no se puede contar con grandes actores y se rebaja la calidad de la interpretación).

Luego también están los “pequeños inconvenientes” para rodaje, como es trabajar con animales, manchar o mojar a los actores, ejecutar acciones físicas complicadas (peleas, trompazos, slapstick), grabar canciones o actuaciones musicales, bailes… Evidentemente no es que no se pueda hacer nada de esto, pero si abarrotas un capítulo de este tipo de “problemas”, la grabación se complicará. En cuanto al tipo de exteriores, siempre será más barato y sencillo conseguir una calle o una casa normal que una Iglesia, un juzgado, un palacio, una playa…

Cada producción es diferente y el nivel de exigencia de “abaratamiento” puede variar. Normalmente las series diarias son las más complicadas y las que más recortes exigen, pero en este último año son muchas las producciones que se hacen con mucho menos presupuesto del que se debería, y es parte de nuestro trabajo adaptarnos a estas exigencias, por mucho que nos fastidie a veces.

Hombres de pocas palabras en "The Hurt Locker"

Hombres de pocas palabras en "The Hurt Locker"

DM: Ya solo desde el punto de vista de la escritura, una cosa que me cuesta mucho asumir es que en televisión los personajes tienden a “abrir su corazón” cada dos por tres (vamos, a verbalizar sus conflictos). En un episodio puede haber dos o tres escenas al menos en que alguien decide compartir sus sentimientos más profundos. Mientras que en cine lo más habitual es que los personajes “tapen” y que si alguna vez decidan hablar de lo que sienten sea una escena realmente importante (como el llanto del Bola en el final de “El Bola”) y no una de tantas. Además, muchas veces se hace contando historias que funcionan como alegorías simbólico-metafóricas de lo que el personaje está viviendo. Pero por Ej. el otro día vi la película “The Hurt Locker”. Y me gustó mucho. Sobre todo porque es una de las películas menos verbalizadas que he visto en mucho tiempo. Como decía en una entrevista su directora Kathryn Bigelow, es una historia en la que los personajes se explican a través de la acción. Y hay una escena que me pareció muy significativa de las diferencias entre escribir cine y tele. AVISO: aunque voy a intentar no destripar nada importante, si no habéis visto la película, a lo mejor no deberíais seguir leyendo. Casi al final, el “compañero de aventuras” del protagonista le pregunta si todo lo que está pasando le afecta o no. Los espectadores sabemos que sí, que le afecta, y mucho, aunque lleve toda la película “tapándolo”. Pero el protagonista, aunque el otro personaje no para de darle pie a que lo haga, se niega a decir la verdad, a “abrir su corazón”. Y viéndola se me pasó por la cabeza que una escena así sería inadmisible en muchas series de televisión, de aquí y de fuera, pero sobre todo en la mayoría de las españolas. Es muy ambigua y es posible que cada espectador la interprete de una manera distinta de acuerdo a cómo haya entendido todo lo que ha ocurrido antes.

Claro que luego vi “Up in the air”… y es todo (y más y peor) de lo que me gusta menos de las series (la moralina, el exceso de verbalización -¡en este caso con una voz en off que explica la moraleja de la película!-, el encadenamiento arbitrario de escenas/sketches sin relación de causa y efecto entre ellas que podrían eliminarse de la trama sin ningún problema, etc.). ¿Será que realmente ya no hay una manera de escribir tele y otra de escribir cine y lo que pasa es que la división formal entre formatos ya no es tan estricta y unos se “contaminan” continuamente de los otros?

NL: Creo que a estas alturas, es difícil -y estéril- definir lo que es “Televisión” y “Cine”. Muchas grandes series de la última década son más “cinematográficas” que la mayoría de las películas, y, también, como bien dices, se hacen muchas películas que parecen televisión. Más que de dónde se emite o proyecta algo, es una cuestión que para mí depende del lenguaje utilizado, que en cine, por tradición, siempre ha sido mucho más visual y complejo. Los mejores filmes se apoyan de diferentes elementos para narrar que van más allá del diálogo: fotografía, música, elipsis, interpretación, realización…

Las diferencias en la manera de narrar en televisión se deben a:

1- Normalmente hay menos dinero y tiempo, y por lo tanto no siempre puedes estar planteándote en profundidad cuál es el mejor plano para expresar un sentimiento, no puedes trabajar tanto con los actores, no puedes dedicarle tanto tiempo a la preproducción ni a la postproducción.Tampoco puedes permitirte tantos excesos de producción, así que cuando tienes que rellenar 80 minutos de ficción, no tienes otro remedio que hacer escenas más largas, apelar a los diálogos (más fáciles de rodar) y evitar secuencias complejas.

Sin embargo el factor dinero no es algo indefectible en función del formato: efectivamente, hay series con presupuestos abultados, y películas con presupuestos muy pequeños.

2- La televisión aspira a conquistar audiencias más heterogéneas y mucho más “caprichosas” porque tienen el mando a distancia en su mano y desechan rápidamente cualquier cosa que no les convenza. Por eso siempre se ha considerado necesario hacer las cosas más “fáciles” al espectador, dando la información más “mascada” por medio de diálogos, explicándole constantemente todo lo que acontece. Los personajes detallan lo que sienten porque es la manera más fácil de guiar al espectador, y porque las emociones en carne viva siempre parecen más “potentes” que los sentimientos reprimidos. Sin embargo yo no estoy del todo de acuerdo con esta idea: no hay más que ver cualquier culebrón para darse cuenta de que una excesiva acumulación de “momentos sentimentales” merma notablemente su eficacia.

En mi opinión es un error considerar que la única alternativa en televisión es contarlo todo mascadito, hoy en día el público tiene un bagaje audiovisual amplio y están perfectamente preparados para comprender más de lo que imaginamos y para “participar” en el relato. Pero esto suena a utopía viendo como he visto producciones donde, por ejemplo, era imposible plantear una imaginación o un flashback porque decían que el espectador se iba a perder, o que no lo iba a entender. Por suerte eso está cambiando poco a poco.

DM: Pues lo de los flashbacks me lo dijeron a mí hace solo unos meses en una cadena… ¡y eso que acababa de estrenarse con éxito en España “Flashforward”! Pero son ideas que es muy difícil cambiar. De hecho, más de una vez me han dicho que “Perdidos” no funciona en España debido a los flashbacks. A mí me parece absurdo, pero…

NL: Creo que el mejor ejemplo que tenemos ahora mismo de una serie “cinematográfica” es “Mad Men”. No te explican nada, no te dicen cuál es la moraleja ni hacen que los personajes verbalicen sus sentimientos cada dos por tres. Simplemente “muestran”, y el espectador debe llegar a sus propias conclusiones. Creo que es una serie en realidad muy “literaria”, porque no está escrita con patrones convencionales de escaleta, lo que tal vez pueda desconcertar a ciertos espectadores. Pero para los que entramos en ese juego, es una verdadera obra de arte narrativa.

No digo que haya que tener esas pretensiones en cada producción, pero sí que pienso que se pueden hacer series comerciales menos literales, que atrapen al espectador sin tomarlo por idiota, como han conseguido hacer ”Lost”, “24″, “El Ala Oeste”, “The Shield”, “House”, “The Office”…

Los "locos"

Los "locos"

DM: ¡Pero no citas ninguna española! Claro que no me extraña. Es verdad que las series españolas están cambiando, y que de pronto hasta se vuelven a hacer cosas de género y todo (aventuras, terror, superhéroes, ¡hasta algún proyecto de ciencia ficción se está preparando!)… pero tengo la impresión de que todavía falta mucho para que las series puedan alejarse del todo del patrón familiar/costumbrista dominante. De todas maneras, aunque hayamos renunciado ya a poder escribir episodios de 40 minutos en vez de 80,  me gusta pensar que por Ej. algún día no todas las series tendrán que tener como protagonistas a representantes de todos los sexos y todos los rangos de edad…

Ampliación:

Por una vez voy a hacer una excepción y voy a pegar un comentario junto al texto de la entrada. Su autor es “Rodro” y habla de una de esas cosas importantes que, como me dijo Natxo, nos hemos dejado en el tintero:

“Aquí siempre se nos escapa un matiz importante. No se trata tanto de cine versus televisión, sino de “single camera setup” contra “multiple camera setup”. Es decir, una aproximación cinematográfica a la grabación de la serie contra un modo casi de “teatrillo” de concebir la grabación.

Las diferencias entre ambos conceptos son enormes, pero podríamos reducirlo a la madre del cordero: el presupuesto. Cualquier que sepa un poco de técnica cinematográfica y televisiva, sabe que llevar a cabo cualquier proyecto pudiéndose dar el lujo de ir plano a plano es el escenario de trabajo ideal. A todos los niveles: profundidad de campo, espacio para la puesta en escena, ángulos de cámara, lucimiento de los decorados, mejor sonido (el micrófono lo limita una sola cámara), la luz se puede trabajar mejor, se hacen posible travellings y movimientos de cámara… las ventajas son muchísimas. Pero claro, las limitaciones de tiempo (ergo de dinero) lo hacen un método de trabajo muy caro, la pesadilla del productor, con lo que este modo “single cam” se reserva a producciones más holgadas, casi siempre proyectos cinematográficos. Existen excepciones, como bien sabe el Sr. Hastiado, como las sitcom con público, donde la espontaneidad y efecto en el público cuentan, y mucho, por lo que se recurre a la multicam. Los dos hitos más grandes de la televisión en ese formato, “Seinfeld” y “Friends”, eran grabados en multicam (en 35mm, ojo, pero ese es otro cantar).

El punto es que un trabajo hecho a una sola cámara permite técnicas cinematográficas que hacen posible mostrar sentimientos y resolver situaciones sin tener que verbalizarlas, y ahí es donde la escritura de guión se vuelve diferente. Así, un lentísimo tráveling hacia el actor, con la mirada fija en la pared puede indicarnos con mayor intensidad su preocupación que verle paseándose como pollo sin cabeza en la habitación, corte tras corte, tamaño tras tamaño, diciendo en voz alta “qué chungo, qué chungo”.

No todo es una cuestión de estilo, sino también de presupuesto. Seguro que hoy todos los directores y guionistas se han visto y revisto “Los Soprano” o “The Wire”, y como la selección de planos para una sesión entre Toni y la Dra Melfi se reduce a tres, cuatro máximo. El problema es que ¡vaya tres planos!: trabajados, cuidadosamente elegidos e iluminados… seda pura. El problema es que esa es una mañana entera de trabajo, y si le dices al productor de turno que te vas a tirar toda esa preciosa (de precio) mañana para una de las veinticinco escenas que tienes en el capítulo, será probablemente el último capítulo que dirijas con él”.



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