Les voy a ser sincero, hoy no tengo mucho tiempo para contarles gran cosa. Imagino que están familiarizados con el concepto “me encargan algo a última hora y lo quieren para AYER”, pues eso… Así estoy ahora mismo. De todas formas, no quiero perder la oportunidad de hacer varios apuntes sobre lo visto, oído y vivido en la noche del domingo.
Tras la vorágine del “minuto a minuto” en el que no dejamos títere con cabeza, quiero dar una opinión más reposada sobre la gala.
Es cierto que fue de lo mejor que se ha visto en los últimos años, pero no me negarán que no era muy difícil superar el nivel. Es cierto que Buenafuente estuvo correcto, pero se esperaba más de él. Se le veía nervioso, titubeante y no es posible que alguien que conoce tanto y tan bien el pulso de la tele caiga en un gag como el de la cámara de video (¿POR QUÉ?) y en esa cosa tan sobada de hacer efectos de sonido (¿se acuerdan de lo de las pisadas?) para presentar el Goya a efectos de sonido. Les juro que eso mismo lo vi hace tres años en la gala de un festival de cortometrajes en El Escorial. Esperábamos algo más y nos quedamos un poco desfondados.
En definitiva, yo no sé ustedes, pero sólo levanté el culo del asiento con esos locos locos locos pezones de Ana Belén y la aparición de Pedro Almodóvar. Todo lo demás fue un viaje tranquilo y sin sorpresas.
Por cierto, una vez acabada la Gala nos fuimos con toda nuestra cara a colarnos en la fiesta que Telecinco daba en el MOMA. Los detalles sobre todo el secretismo que rodeaba esa fiesta los pueden leer en el blog de El pasillero de Telecinco.
Nosotros nos pusimos en la cola y vimos cómo a Norma Ruiz y a otras caras conocidas de las series de la pantalla amiga las echaban para atrás. El portero les decía que si no estaban en lista no podían pasar. Una amiga gritona, ya saben… la típica amiga gritona… exclamaba “¡Pero ella es conocida!” en un patético intento de justicia pomadística para con la celebridad no reconocida. Visto el panorama, decidimos retirarnos con un poco de dignidad (eso es saber estar, saber respetar y hacerse respetar por la Pomada… jajajaa… tomen nota).
La que sí que se coló con toda su cara fue Aída Nizar, pero en la mismísima Gala. No sé si habrá saltado ya el incidente a los medios serios de este país llamado España. Al parecer, tuvieron que DESALOJARLA, casi a empujones, los encargados de la seguridad del auditorio porque se negaba a irse de allí.
Y ahora vuelvo a mi agujero negro donde tengo que salvar un marrón laboral con urgencia, no sin antes agradecerles el seguimiento espectacularísimo que hicieron de la gala a través de Bloguionistas. Esta entrega de premios fue la más vista en la historia de la Primera, pero este post nos ha catapultado al Olimpo de las visitas masivas y blogueros agradecidos. Mil gracias a todos.
Les dejo con lo único que parece haber puesto de acuerdo a toda la profesión. No les hablo de la incalificable indumentaria y estilismo capilar de Óscar Jaenada. Copio y pego el discurso “humilde y soberbio” (según Toni Garrido, locutor de la gala) del Presidente de todos los españoles que ven o no cine español: Álex de la Iglesia.
——-
Grggaggrrrr…
Hay que ser humildes. A mí me cuesta mucho, soy soberbio y engreído. Parece que forma parte de mi trabajo, y no debe ser así. No somos tan importantes. Importante es salvar vidas en un hospital. Eso sí que debería tener trascendencia mediática. Hay que ser humildes y estar agradecidos. El público, que es la gente para la que trabajamos, ha ido a ver nuestras películas más que nunca, y eso es un honor y un orgullo. No pensemos que somos mejores por eso. Pensemos que nos han dado una oportunidad. Hay que aprovecharla.
Tenemos que ser humildes, estar agradecidos y pedir perdón por haber fallado muchas veces. Nunca reconocemos nuestros errores. Nos miramos al ombligo, nos encanta nuestro ombligo. Tenemos pósters de nuestro ombligo en casa, cuadros de ombligos llenando nuestras paredes. Creemos que somos artistas, genios alternativos, creadores. Antes de todo eso, somos trabajadores. Nos pagan por hacer un trabajo, y hay que hacerlo bien. Este año ha sido uno de los mejores, pero el siguiente tiene que ser todavía mejor. Los primeros que tenemos que arrimar el hombro somos nosotros. Yo ruedo mañana, así que no me quedo a los canapés.
Y aquí viene el meollo de la cuestión, porque hay mucha gente que no puede rodar, que no puede trabajar. No tiene esa suerte. No sólo hablo de directores, o productores que no encuentran medios de financiación. No hablo de distribuidores que luchan por colocar nuestras películas en las pantallas, o exhibidores que ven cómo desaparecen sus salas. Hablo de miles de familias que no tienen glamour y no salen en las revistas; que no han estado ni estarán nunca en los Goya. Gente que se dedica al montaje, al sonido, maquilladores, eléctricos, sonidistas, actores de reparto, figurantes, empresas de catering, gente que vive de esto, que genera riqueza.
Estamos aquí para que esta gala sea divertida, promocionar las películas, y que la gente vaya al cine. Pero el asunto es más serio de lo que parece. Necesitamos fortalecer la industria, y así poder hacer mejores películas. Hacer todo tipo de cine, tanto grande como pequeño. Contar todo tipo de historias, comernos la cabeza para hacerlo con los medios que tenemos y competir con Hollywood. ¿Saben ustedes lo increíblemente difícil que es sobrevivir tanto sólo una semana en cartelera? Algunos de los que compiten aquí han conseguido el milagro de ser número uno en taquilla. Creo que se merecen un aplauso.
Estamos contentos. Tenemos motivos para estarlo. El cine hecho en este país ha vivido en 2009 uno de sus mejores años. No sólo por la taquilla. Este año nos hemos sentido vivos. Más vivos que nunca. Un año comprometido con nuestra profesión y con nuestro sector. Un año polémico, complicado, con desacuerdos y desencuentros. ¡No puede ser de otra manera! Somos así, como una imagen grotesca de nuestro propio entorno. Sin embargo, podemos cambiar. Miradme, 35 kilos menos. Podemos y debemos llegar a un acuerdo, y entender que no hay una manera de hacer cine, sino muchas, y que debemos contemplarlas todas.
Este semestre el Gobierno ha asumido la Presidencia de la Unión Europea. Es una oportunidad única para reafirmar nuestro compromiso con Europa. El cine es, precisamente, uno de sus mayores y mejores altavoces. Utilícenlo. Estamos a su disposición.
La Academia está a punto de cumplir su primer cuarto de siglo, y lo que fue un sueño de unos cuantos entusiastas, es ahora una comunidad de más de 1.200 personas, orgullosas de su trabajo. Tenemos que convencer a la sociedad de que también puede estar orgullosa de nosotros. Este año, los que disfrutáis de la gala, lo habéis conseguido. Enhorabuena.
Tenemos que cambiar, pero unidos. Tenemos un frente común y los mismos objetivos. No es tan difícil. Para todo esto necesitamos cobertura. Necesitamos leyes que protejan la coexistencia de todos los sectores industriales, y eso incluye también al cine. Desde aquí quiero hacer un llamamiento a los grupos de poder que pueden facilitar este cambio. Me refiero a las televisiones.
Televisión Española sigue demostrando su compromiso, sin el que, les aseguro, sería muy difícil la existencia del cine en España. A las restantes no les pedimos su generosidad, sino que les ofrecemos nuestra disposición a trabajar, para demostrarles que juntos podemos acercarnos a lo que todos queremos: la mayor calidad para nuestros espectadores. Las televisiones han ayudado a levantar películas que gozan de un éxito internacional inimaginable hace unos pocos años, proyectos rentables con un enorme prestigio y una imagen extraordinaria para sus productores. Eso sólo lo consigue el cine. Por favor, no lo olviden.
El año 2010 no ha hecho más que comenzar. Humildad, agradecimiento, ilusión y orgullo. Esforcémonos en ello. Les aseguro que habrá muchas películas españolas que disfrutar. No se las pierdan.
Escrito por Chico Santamano 


