L@S A/Os

7 marzo, 2012

Por Chico Santamano.

El pasado fin de semana saltó la noticia. Los enlaces que recogían los lamentos bolivianos de los miembros de la RAE corrieron como la pólvora por las redes sociales. La Real Academia Española ponía el grito en el cielo al ver cómo, cada vez más, se intentan imponer esas guías de lenguaje no sexista que en los últimos años habían publicado diversas instituciones relacionadas con la igualdad de la mujer.

Algunos de mis amigos en facebook se hicieron eco de quejas como esta. Muchas de esas personas que dijeron “¡Ya va siendo hora de que alguien ponga fin a esta locura!” se dedican de una u otra forma a esta cosa del lenguaje (guionistas, periodistas, lingüistas, traductores…). Curiosamente, la gran mayoría eran mujeres y todas estaban hartas de que se les impusiera una forma de hablar que en general viola el buen uso de nuestro lenguaje y sobre todo las fuerza a expresarse, ya sea de manera oral o escrita, como auténticas idiotas.

Les contaré un secreto (que he contado muchas veces), durante muchos años de mi vida he alternado esto de escribir guiones con curros como diseñador gráfico. La mayor parte de los clientes que tenía en cartera eran ayuntamientos. Así que se podrán imaginar la cantidad de mierda “no sexista” que he tenido que comer. Una vez tuve que hacer un folleto para críos en los que se explicaban los diferentes tipos de familias; la familia tradicional, la monoparental, con padres de diferentes razas, padres homosexuales, con abuelos en casa y sin ellos… ya saben, todas las variables posibles. Cada una de ellas se ilustraban con un dibujo de los miembros. Aparecían todos sonrientes, mirando a cámara, como en un retrato de familia. En todas ellas, en un ataque de ingenuidad por mi parte, el padre aparecía poniendo la manita por encima del hombro a su mujer. Como en cualquier imagen familiar que podamos tener en nuestro álbum de fotos, vamos. En la concejalía de asuntos sociales gritaron de indignación… Ese gesto de cariño era para ellas un descarado gesto de SOMETIMIENTO A LA MUJER. Tuve que cambiar todos los dibujos y borrar todas las manos masculinas sobre todos los hombros femeninos, claro.

En todos esos años, el caso más flagrante lo encontré en una concejalía de juventud. Posiblemente la concejalía mejor gestionada, con mejores intenciones, con más medios y ganas de hacer cosas útiles para la gente joven de toda España. Sólo tenían un problema… se habían vuelto locos con esto del lenguaje sexista. Durante mucho tiempo, en todas sus publicaciones me obligaban a poner el horrible y famoso o/a… dando lugar a despropósitos como “Todos/as los/as jóvenes podrán asistir con sus amigos/as”. Después de poner el grito en el cielo y hacerles ver que era un horror leer eso entraron en razón y se optó por una vía intermedia… ¡la arroba! Así que los textos se convirtieron en una especie de código marciano y absurdo… “Tod@s l@s jóvenes podrán asistir con sus amig@s”.

El climax de toda esta locura llegó un mes de Marzo. Sí, el mes en el que se celebra el día de la Mujer (trabajadora y/o en paro). Todos los meses sacaban una revista para jóvenes. Aquel año decidieron prescindir de a/o y arrobas. Ese mes llegaría el más difícil todavía. Ese mes toda la revista sería en FEMENINO. Muerte al género masculino. Ese mes no existían los chicos, ni los alumnos, ni los espectadores… sólo chicas, alumnas, espectadoras… No entro a calificar la idea, son libres de poner la etiqueta que les parezca, el problema vino con algo que nadie tuvo en cuenta. El reportaje central de la revista fue “El consumismo”. Así que todo aquel que leyera ese número fliparía al ver la imagen que se daba de la mujer con frases como “el grupo de amigas nos influye al vestir”, “la publicidad hace mella en nosotras” o “a veces compramos cosas que no necesitamos”.

La radicalidad más absoluta acabó como uno de esos planes imposibles del Coyote para cazar al Correcaminos. Quisieron normalizar el género femenino y lo único que consiguieron fue ahondar en el mito de las mujeres frívolas, gastonas y fácilmente influenciables.

Todos estas guías lingüísticas se entienden en un país que vivió por encima de sus posibilidades durante mucho tiempo. La ley del suelo dio mucho dinero a los ayuntamientos y comunidades y había que gastarlo… Daba igual el color político de la institución, cualquier chorrada bien intencionada encontraba su partida económica para sacar la publicación de turno. Les juro que he llegado a ver folletos explicativos con la ubicación de pasos de cebra en la ciudad.

Por suerte, creo que podremos vivir lo que quede de crisis sin la aparición de nuevas guías que nos obliguen a retorcer el idioma para solucionar problemas que ellas mismas han creado y que los ciudadanos (o como les gusta a ellos “la ciudadanía”) no los sienten como tal. Afortunadamente seguiremos hablando y escribiendo en español de una manera fluida sin que nos acusen de nada por escribir sin arrobas, barras o atajos retorcidos e innecesarios.

Muerte a los talibanes de lo políticamente correcto, por favor.


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