¿OTRA NOVELA ESCRITA POR UN GUIONISTA? PUES SÍ

15 junio, 2012

Antonio Mercero es guionista de cine y televisión y acaba de publicar su primera novela, “La Cuarta Muerte.” Comenzó su carrera en el periodismo pero pronto se pasó a la ficción y ha escrito series como “Farmacia de Guardia”, “Hospital Central”, “MIR”, “Lobos” o “Siete días al desnudo”, además de la tv movie “El Pacto”, dirigida por Fernando Colomo y emitida con gran éxito por Telecinco. Colaboró en “La vergüenza” de David Planell y ha escrito “Quince Años y un día”, la próxima pelicula de Gracia Querejeta, cuyo rodaje acaba de finalizar. 

Buenas noticias: las editoriales buscan guionistas que se pasen a la novela. Están convencidos de que sabemos contar historias con gancho, con un conflicto claro, con personajes realistas y diálogos ágiles. Algo hemos conseguido como gremio: nos atascamos en discusiones sobre sueldos, reescrituras, créditos, reparto de derechos, etc, pero hemos creado en el mundo editorial la sugestión de que conocemos el oficio de contar historias.

Malas noticias: la vida del novelista es todavía más penosa que la del guionista.  Se tarda un siglo en acabar el libro, se gana mucho menos que en la tele y, aunque durante unos días flota sobre tu vida una vaga fantasía de notoriedad, lo cierto es que no te conoce nadie. Descubres que has pasado de ser un guionista desconocido a ser un guionista desconocido que ha publicado una novela desconocida.

Y aun así, qué gozada escribir una novela y escapar por un tiempo de la vigilancia de las cadenas. La mía se llama “La cuarta muerte”, y no he tenido que convencer a un ejecutivo de que no pasa nada por llevar la palabra muerte en el título. El argumento es clásico: el viaje  a la madurez de un chico de dieciocho años. Veo las muecas de escepticismo de los ejecutivos de las cadenas. Oigo sus reservas: mmm, el fin de la inocencia, un tema interesante. Pero, ¿dónde está el toque distintivo? ¿Cómo vendo esa idea al público? ¿Dónde está el high concept? ¿Podemos hacer que Leo, el protagonista de la novela, tenga poderes?

No, Leo no tiene poderes. Lo que tiene es un espíritu hipersensible que le hace rechazar el mundo en el que vive. Y cuenta con ironía y una mezcla de amargura y esperanza su despedida de una etapa vital y su ingreso en la madurez. Como es gafe y atrae a la mala suerte, cuenta las cuatro muertes que se ha encontrado en el camino y que han marcado su aprendizaje.

-Nos da un poco de miedo que el tema segmente a la audiencia. ¿Podemos incluir una trama de adultos?

No hay trama de adultos. A menos que cuente como trama el instante en el que Leo descubre que su padre es un farsante. No es el héroe de su infancia, ni el hombre más culto del mundo, ni tampoco el más noble. Alguna vez en la vida le quitamos la máscara a nuestro padre, y eso sí que me interesa contarlo. Pero no  hay abuelos, asistentas con humor castizo, ni niños pequeñitos para sumar lectores a la desesperada.

Para un guionista, escribir una novela es como soltarse el pelo. A ver quién me dice a mí ahora lo que está bien y lo que no, piensas. Y sin embargo, hay días en que te sientes empachado de tanta libertad, y casi echas de menos las reconvenciones de las cadenas, las objeciones de siempre, que te acotan el universo y te van guiando poco a poco. Echas de menos la excusa que tenemos más a mano para justificar nuestra falta de talento: eso me lo pidió la cadena. Yo me he quedado sin excusas. Si al lector no le gusta la novela, la culpa es mía. Si no siente curiosidad por saber cuál es esa cuarta muerte de la que habla el título, es porque he hecho mal mi trabajo.

Así que sigo siendo un escritor invisible, no voy a ganar dinero ni fama con la novela y encima no puedo escurrir el bulto si la cosa sale mal. Menos mal que escribir es bonito y siempre nos quedará la vocación.

Más sobre la novela, aquí.


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