LA CITA CON CARLTON

14 octubre, 2010

Por Chico Santamano

Mientras que ustedes leen estas líneas un servidor se encuentra en la Sala Berlanga. Aunque en realidad mientras las escribo me estoy preguntando dónde coño está la dichosa sala.  Muchos planos temporales para una sola frase, ¿no?

Mi yo de ahora (el que escribe), mi falso yo del futuro (el que les habla) y mi futurible yo (el que estará en la Sala Berlanga).

La verdad es que no lo había hecho de una manera premeditada, pero este caos espaciotemporal me viene de perlas para decirles que en esa sala un servidor se encontrará con Carlton Cuse, co-guionista, co-productor, co-creador, co-alma mater de LOST… ya saben, aquella serie que nos enseñó a amar el universo “series descargadas” y nos descubrió que 02×06 era mucho más que 12.

En un principio la cosa iba a ser una cita más bien privada entre él y yo. La teníamos planeada desde hace algún tiempo, pero como la SGAE se enrolla y paga el billete y la estancia del amigo mexicano (nació allí, sí) me consultaron si no me importaba que se nos unieran algunos colegas de profesión. Y señores, podré ser muchas cosas, pero ante todo soy un tipo generoso, y no me importó que se acoplaran un centenar de guionistas más a nuestra reunión.

Serán dos mañanas entrañables en la mejor compañía. Me hace gracia pensar en la cantidad de fans de LOST que se han dedicado durante años a poner a parir a la SGAE (ante la amenaza de que esta consiguiera cortarles el grifo de su adicción favorita) y que, caprichos del destino, durante semanas han rogado y rezado a Teddy Bautista, como si este fuera el mismísimo Jacob, por una acreditación (previo pago de su importe) al evento. Porque sí, señores, la master class está reservada única y exclusivamente para miembros de la SGAE, pero aún así algún fan se colará y bombardeará a Cuse con preguntas concretísimas sobre por qué el ruso del parche resucitaba cada dos por tres.

Con un poco de suerte, los asistentes nos toparemos con algún que otro seguidor tan cínico como desencantado. Alguno que ponga al tipo contra las cuerdas. Esperemos ¿por qué no? que queme su camiseta de Dharma en público como protesta por incumplir su promesa de dar respuesta a la interminable lista de enigmas en la season finale más esperada de todos los tiempos.

Les informo de que José Luis Borau hará una introducción al protagonista de la master class. Se pueden imaginar la sonrisa maliciosa con la que el YO del pasado escribe estas palabras, claro… Mato por saber qué dirá el bueno de Borau sobre el fenómeno extradimensional, multiplataforma, ubercultural de LOST. También se proyectarán los episodios “Outlaws” (hoy) y “The constant” (el viernes). Después habrá un turno de comentarios y preguntas. Si alguno quiere que pregunte algo concreto sobre “The constant” (o mandarle algún otro recado) que hable ahora en los comments o calle para siempre.

En fin, no les quepa la menor duda de que la semana que viene les contaré todo lo acontecido en la Sala Barlanga. Soy FAN y también DESENCANTADO. Aunque no queme camisetas de Dharma, les prometo ser crítico con la figura en cuestión.

Un abrazo de parte de todos los Chico Santamanos repartidos en el espacio tiempo.

PD: Es curioso que la SGAE eligiera estas fechas para la master class, ¿no? Los días de inscripción coincidían JUSTO con el límite permitido para abandonar la SGAE y pasarte a DAMA. ¿Cuánta gente no habrá pensado “bueno, me apunto a esto y ya me piro si eso en enero”? Al menos uno… YO (aunque si me traen a Tina Fey GRATIS el año que viene me quedo un rato más, ¿eh?).


LA CARTA DE DESPEDIDA

26 mayo, 2010

Por Chico Santamano. (Ojo… Spoilers.)

¿Qué te creías? ¿Que después de tantos años no te iba a dedicar ni una mísera letra precisamente ahora que todo ha acabado? Otra cartita de amor pensarás… pues mira, te jodes. No haber ido por ahí calentando corazones a diestro y siniestro.

Te juro que han pasado tantas cosas que no sé por dónde empezar. Como buena carta de enamorado, será mejor que comencemos por los últimos años. Porque el principio fue lo bueno y prefiero acabar este texto con una sonrisa en los labios.

Qué pena que no supimos darle un final digno a tiempo, ¿no? Quién nos iba a decir que acabaríamos así. Nos sobraron días juntos y sobre todo muchas promesas incumplidas. Ahora dirás que no, claro… Que todo fue culpa mía, que nunca me juraste respuestas, que lo nuestro iba de otra cosa, pero sabías que precisamente ESO era lo que más me gustaba de ti. Lo que me tenía absolutamente enganchado. El pensar que algún día conseguiría desvelar todo lo que se te pasaba por esa cabeza de desquiciada entrañable.

Como Sherezade en “Las mil y una noches”, cada vez me lanzabas una nueva historia. Que si el negrito con poderes. Que si el vidente que envía a la embarazada a la otra punta del planeta. Que si el barco en mitad de la isla. Que si el ruso tuerto y el egipcio canario que no mueren nunca. Que si la estatua misteriosa de cuatro dedos… Yo quería disfrutar más y tú querías subsistir el mayor tiempo posible porque sabías que yo, primero enamorado y luego adicto, no tendría fuerza de voluntad para cortar esta historia. ¡Y mira que muchos de mis amigos me decían que te dejara! Que esto no iba a nada. Que me ibas a dar un palo gordo. Pues mira…

Vale que echando la vista atrás y observando cómo se desarrollaban los acontecimientos todo indicaba que la cosa iba a acabar mal, claro. Yo te preguntaba “¿qué pasa?”, tú movías un arbusto y sacabas al perro Vincent. Yo me reía, claro. Como buen enamorado pensaba “¡Que tontita eres!”. Te volvía a preguntar y tú me contestabas “¿Quieres saber la verdad? La clave está en… ¡los números!”. Pasaba el tiempo y te decía “No, en serio… ¿qué pasa?” y tú me contestabas que todo era por dos que se peleaban. Ben y Widmore… toda una vida buscándose las cosquillas porque… Ah, que no. La clave no estaba en esos. Que estaba en uno que era como un fantasma que vivía en una chabola y luego resultó que de fantasma nada, que era un rubio vestido de ibicenco y con ramalazo de mesías new wave.

Ya me tenías hasta las narices, claro. Pero te volví a insistir y resultó que eso tampoco… que era cosa del de blanco y otro de luto. Y yo, como soy un tío listo, me di cuenta de que si uno iba de blanco y el otro de negro… ¡El bien y el mal! Dos bandos en eterna lucha… otra vez… como Ben y Widmore… ¿Qué? ¿De qué coño vas, tía?

Hace unas semanas, al fin lo paras todo y me dices “que sí, ahora te cuento LA VERDAD del de blanco y el de negro”. ¡BIEN! Cuando ya no podía más, vas y me das la explicación más decepcionante de la historia… si a eso se le puede llamar “explicación”, claro.

El caso es que llegados a este punto y con la desgana, la decepción y la desidia como bandera yo ya no esperaba nada de ti. Si no tuviste un puñetero detalle en todos estos años, no confiaba en que me dieras una explicación coherente en nuestra última cita. Y así fue, pero al menos te lo curraste.

Y aquí empieza la parte bonita de la carta…

Lo que me hiciste anoche fue algo digno de los mejores tiempos de Sawyer. Me sedujiste, me echaste un polvo y me robaste. Pero QUÉ POLVO, cabrona.

No tendré en cuenta todo lo que me has engañado y que ahora vayas de mística y profunda cuando nunca lo has sido, porque ¿sabes qué? En el fondo, te quiero. Te quiero porque contigo he pasado horas y horas de placer. Porque tú, como ninguna otra, me has hecho sentir mariposas en el estómago mientras esperaba que bajaras. Porque has tenido la picardía de dejarme con el único sabor de boca que me obligaría a perdonarte: el sabor de mis lágrimas. Las mismas que han conseguido empañarme la mirada durante dos horas.

Me has estafado, sí, pero al mismo tiempo me has recordado cuando nos conocimos, nuestro primer beso, nuestras primeras vacaciones, nuestra primera separación y nuestro primer reencuentro, nuestras peleas y nuestras reconciliaciones…

Cielo, eres una puta de la peor clase. Una puta mentirosa. De las que te chantajean emocionalmente para salirse con la suya, pero al menos eres lista, eres guapa y, sobre todo, eres la mejor.

Te perdono porque te quiero, pero necesito no volver a verte nunca más.

Espero que lo entiendas como yo, a pesar de todo, te he entendido a ti.

Hasta siempre.

Chico Santamano
24 de Mayo 2010


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