FIRMAS INVITADAS: LOS GUIONISTAS DEL FUTURO / 2

12 abril, 2013

Varios de los autores habituales de este blog somos profesores del Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Ayer comenzamos, y hoy continuamos, una serie de “firmas invitadas” muy especiales: los alumnos del Master, “los guionistas del futuro”.

—————————————

FRASES TATUADAS EN EL ALMA DE UN ASPIRANTE A GUIONISTA

por el desubicado en España, teatrero, melodramático, e intimista Luis Jara. Amante de lo fantástico y de la ciencia ficción, incansable contador de historias.

 

1. Antonio Sánchez Escalonilla: “Entrar tarde, salir pronto”

El gurú del guión en España nos dio una master-class de 11 horas, dedicada a los fundamentos de la narración y las estrategias del guión cinematográfico. Y con él llegó la primera frase grabada a fuego en mi corazoncito de futuro guionista: “Entrar tarde, salir pronto”. Esta frase, que ha sido uno de los leitmotiv del master, es la clave de una buena escena, y es en lo que más fallo como guionista. En la reescritura hay que replantearse cuándo realmente empieza una escena y cuánto de superfluo tienen, por ejemplo, las presentaciones de personajes antes de que comience la acción. Entrar en harina pronto conecta enseguida con el espectador, precisamente porque esa falta de contexto pone en alerta sus mecanismos de comprensión.

De igual modo, salir pronto  abre un abanico de posibilidades emocionales y narrativas. No mostrar el final de una escena, además de dejarla en alto para enganchar con lo siguiente, es mucho mejor que mostrar la conclusión de una acción. Un final trágico elidido; una última reacción ante el peligro; cortar antes del irremisible ridículo de un personaje… Mostrar sólo las consecuencias, da mucho más juego. Y ya si haces una elipsis de la destrucción de una ciudad a lo Transformer 3 o los escamoteos de batallas de Juego de tronos en la primera temporada, encima ahorras en producción…

 

2. Pablo Remón: “La información que necesita un espectador es menos de la que pensamos”.

El espectador es capaz de reconstruir lo que no se muestra, por lo que las explicaciones obvias le aburren y pierde su conexión activa con lo que ve. El problema que yo veo es encontrar un punto de equilibrio. ¿Hasta qué punto quiere trabajar el espectador?

De todos modos, la consigna es: no des todo tan mascado, no infravalores la inteligencia del que ve una película.

 

3. Sergio Barrejón: “Escribe primero la columna de acción”.

Los diálogos son la base de un guión, al menos de largometraje. De hecho, como lector es mucho más agradecido leer las partes dialogadas que las columnas de acción. Pero ya daba con la clave Mateo Gil en su visita al master: “Soy un buen lector de guiones, porque no me salto las columnas de acción…”

Sergio Barrejón, como profesor del taller de cortometrajes, nos insistió en replantearnos la necesidad de los diálogos. ¿Hace falta que se hable tanto? ¿Podrías contar lo mismo sin que se dijeran frases vacías?  Y nos sugirió escribir primero la columna de acción, hacer un corto mudo, y a partir de ahí buscar redondearlo con diálogos imprescindibles para que se comprenda la historia.

Por supuesto, la tendencia general cuando estamos escribiendo y el texto queda corto, es alargar las conversaciones. ¿Para qué? Deberíamos empezar a imaginar más lo que se ve en una película, y no sólo lo que se dice. Después de todo, el cine nació sin voz.

 

4. David Muñoz: “El acto 2 es lo que se promete al espectador”.

Desde las primeras clases teóricas del master había ya un fantasma que revoloteaba sobre nosotros, ilusos aspirantes a contadores de historias: El acto 2 (Trueno). El gran escollo, la gran muralla que salvar por los guionistas. ¿Por qué? Porque la cabeza de un guionista no empieza a maquinar en base a un desarrollo gradual de la hora de en medio de una película, sino con la idea de un planteamiento o conflicto interesante que se quiere desarrollar o por un final climático con el que dejar a todos sorprendidos y que se pasen horas hablando de tu ingenio o sensibilidad.

Y entonces llegó David Muñoz el profesor del taller de largo, que coge tus sueños creativos y los zarandea hasta dejarlos hechos unos zorros, peaje necesario para llegar a ser guionista. Las clases de David Muñoz son un continuo aprender a base de tropezar. Estando atascados en el acto 2, David pronunció la frase de arriba y me hizo plantearme el tema de otra manera: El acto dos es por lo que paga la gente cuando va a ver tu película, es con lo que va a disfrutar.  ¿Podría un guionista empezar la casa por el tejado, y comenzar a diseñar una estructura para un segundo acto “que a él le gustaría ver en el cine” y a partir de ahí empezar a construir?

Quizás esto último es bastante extremo. De cualquier forma, ayuda bastante tomar el acto 2 como un disfrute, como un paseo creativo en el que demostrar el guionista que somos.

 

5. Enrique Urbizu: “No me imagino haciendo otra cosa”.

Por el master han pasado algunos de los guionistas más importantes de nuestro país. Para terminar este artículo me gustaría hacer referencia a una frase de uno de ellos, el director de No habrá paz para los malvados, y que me viene a la cabeza cada vez que me encuentro ante una crisis creativo-existencial, o cuando me pregunto si merece la pena ser guionista.

Pues eso, que no me imagino haciendo otra cosa.

 



CÓMO ESCRIBIR UNA BUENA SINOPSIS (Y PARA QUÉ)

20 diciembre, 2012

por Sergio Barrejón.

Este año imparto un taller de guión de cortometraje en el Master de Guión de la Universidad Pontificia de Salamanca. Tres intensas sesiones en las que los alumnos aportan, respectivamente, una sinopsis, una escaleta y un guión… y yo los machaco sin piedad.

La enseñanza académica del guión es cruel y descorazonadora. Lo que uno quiere cuando tiene la edad de estar estudiando en la Universidad no es escribir sinopsis, sino escribir un GUIÓN. Así, con mayúsculas (y con tilde). Pero como no hay manera de quitarle las ganas de escribir a un verdadero escritor, he llegado a la conclusión de que lo más honesto por mi parte es enseñarles a manejar ciertas herramientas.

La sinopsis es una herramienta estupenda para dos personas:

- Al lector, productor o espectador le permite saber de qué va la historia.
- Al propio guionista le sirve para orientar su trabajo en una dirección, y no irse por las ramas al redactar el guión. Uno de los errores más comunes en los jóvenes guionistas es intentar calzar dos o tres películas distintas en un solo guión. La sinopsis les ayuda a evitar eso, y por eso decidí empezar el taller obligándoles a escribir una sinopsis de un guión que aún no habían escrito.

Para eso escribimos sinopsis: para contarnos a nosotros mismos qué tipo de película queramos escribir. Porque es muy, pero que muy frecuente, olvidarnos de lo que queríamos contar cuando estamos a mitad del segundo acto y los caminos se bifurcan y las posibilidades se multiplican, y nos sentimos como un jugador de ajedrez intentando anticipar demasiadas jugadas.

¿Y cómo se escribe una buena sinopsis? Pues como un buen guión: empezando por el principio y ciñéndote a la historia. Simple, pero nada fácil.

Desde mi punto de vista, y salvo excepciones (el cine es arte, y en el arte se tienen herramientas, pero no fórmulas), hay dos maneras de arrancar una sinopsis:

A) Con un párrafo que empiece con el nombre del protagonista y su situación al arrancar la película, seguido de un segundo párrafo donde se presenta el conflicto principal de la historia.

B) Con un breve párrafo que describa el universo en que se desarrolla la acción, y seguidamente un párrafo de tipo A).

La opción B) yo la reservaría para películas de época, fantásticas y, en general, todas aquellas historias que se desarrollen en un entorno muy distinto al “aquí y ahora”.

Norte de África. Durante la Segunda Guerra Mundial. En Casablanca, capital de la Francia Libre, se dan cita refugiados de toda Europa en su búsqueda desesperada de un pasaje para América.

Rick Blaine (40), un norteamericano renegado y solitario, veterano de la lucha antifascista, regenta el café más popular de Casablanca. Una ruleta, el aplaudido piano de Sam y la presencia habitual de autoridades y personalidades hacen de Rick’s el epicentro de la vida nocturna de la ciudad.

Una noche, Rick tiene un encuentro inesperado: Ilsa, la mujer de la que estuvo enamorado años atrás en París, y que desapareció repentinamente de su vida sin dar explicaciones, se presenta por sorpresa en el café. Ahora está casada con uno de los líderes de la resistencia antinazi: alguien a quien Rick admira desde hace años. Los dos necesitan un pasaje para América antes de que los nazis los arresten, y sólo Rick podrá conseguírselo… si es que está dispuesto a separarse por segunda vez de la mujer que amó.

Es sólo un ejemplo. A partir de ahí, la cosa consiste en algo tan simple y tan condenadamente difícil como SINTETIZAR. Ir a la esencia de la historia. Contar sólo los hitos fundamentales para entender la película. Para conseguir esto en tan sólo una o dos páginas, podemos observar las siguientes indicaciones:

- Un buen método para identificar lo esencial es mantener el punto de vista del protagonista. Procurar no escribir demasiadas frases sin su nombre.

- Usar el pasado, el futuro, el condicional o el subjuntivo si es necesario. La sinopsis no es esclava del presente de indicativo. Es pura literatura.

- No es buena idea “hacer zoom” en una determinada escena y contarla como si fuera un guión. A no ser que sea una escena de arranque muy significativa, que siembre un montón de información esencial, y que cumpla el cometido de los párrafos A) + B).

- Olvidemos los diálogos. No hay nada más aburrido que un diálogo largo contado en estilo indirecto.

- La sinopsis no es un mapa. Sólo es una brújula. Si necesitamos un mapa, ya haremos una escaleta.

- No hace falta explicar las causas de todo, si eso nos va a obligar a un farragoso párrafo sin interés dramático. Por ejemplo: en la sinopsis de Casablanca quizá no haga falta explicar cómo le llegan a Rick los salvoconductos. No es esencial: el personaje de Ugarte no vuelve a aparecer. Su muerte es espectacular, y el detalle de los salvoconductos escondidos en el piano tiene su gracia, pero todo ello no influye en acontecimientos posteriores de la trama. Lo único que interesa a la trama es que Rick tiene en su mano la posibilidad de salvar a Ilsa y su marido… o de marcharse él con ella.

- Sí: la sinopsis debe incluir el final. No estamos escribiendo la contraportada del DVD. Estamos trazando un plan de trabajo, y estableciendo el tono de la historia. Si te gusta escribir sin conocer el final, me parece bien. Pero entonces este post no es para ti. Es muy posible que el final no quede brillante ni gracioso en la sinopsis. No importa. Imaginad el final de El Tercer Hombre o Con Faldas y a lo Loco en versión sinopsis: un truño. No pasa nada. Y para demostrarlo, voy a terminar este post aquí, sin chimpún final.


EN PLAN ROMÁNTICO

24 octubre, 2012

por Peris Romano

En apenas unas horas, dentro de la sección oficial a concurso de la Seminci, se estrena el que es mi séptimo cortometraje: En plan romántico. He de reconocer que ha sido toda una sorpresa. No porque no esté satisfecho con el trabajo y el resultado final, si no porque siempre he creído que la comedia romántica es un género considerado menor por la crítica y los festivales (no por el público), que tienden más hacia el drama o la experimentación. Así que no podía imaginar un mejor arranque.

Y es que, a pesar de disfrutar como espectador con todo tipo de cine y de géneros, como guionista y director suelo tender más hacia historias minimalistas, de corte urbano. Historias del día a día, a medio camino entre el drama y la comedia, donde puedes identificarte con los personajes, con la situación que viven, con lo que cuentan, con las decisiones que toman… Me gusta analizar, darle la vuelta y contar de una manera diferente, esos momentos por los que todos hemos pasado, estamos pasando o pasaremos en algún momento de nuestra vida.

Es quizás por esto que también, visualmente, mis guiones piden estar a disposición de los personajes y de la historia. Por ello siempre he buscado una fotografía realista, basada principalmente en reforzar la luz del ambiente y sin artificios; con una cámara que pase desapercibida, muchas veces en mano, casi escondida y alejada de la acción para que el espectador asista como un voyeur a todo lo que ocurre, trasmitiendo así una mayor sensación de realidad de todo lo que ocurre… No obstante aunque esto queda muy bien así puesto, en el mundo del cortometraje, esta forma de escribir y de rodar no sólo es una decisión artística, si no que principalmente suele ser una cuestión presupuestaria. Únicamente algunos directores tienen la paciencia de buscar financiación privada o por medio de subvención (cuando las había) para rodar esa historia que tienen en la cabeza. Otros, la mayoría, no podemos.

Cuando lo que quieres es rodar por encima de todo, fuerzas la creatividad para que tu idea cumpla varios requisitos. Hay que escribir a la vez que produces. Por eso lo primero es ajustarse y comprometerse con un presupuesto razonable o contenido. Que sea una historia que puedas permitírtela. Lo de dejarte los ahorros en un corto no es una buena idea. El dinero que te está costando es en lo único en lo que estarías pensando durante el rodaje y a saber cual es el engendro que acabaría saliéndote. Hay que estar en lo que hay que estar. Sé por experiencia que hacer cine es el arte de la renuncia y creo que es mejor renunciar desde el papel a ciertos aspectos, que hacerlo en el rodaje. Además, para mí el cortometraje es el placer de contar historias porque sí, motivado sólo por el amor al cine y lo que hago. Nunca espero nada más allá que “escupir” esa historia que llevo dentro y que la vea el mayor número de gente. Así que al contrario que muchos otros cortometrajistas, jamás he diseñado ni distribuido mis trabajos con una estrategia comercial…

Mi cuarto trabajo en formato corto, Trío, fue estrenado directamente on line el mes de febrero de 2009 y en poco menos de una semana tuvo más de 10.000 visionados. El único medio para promocionarlo fue mi muro de Facebook y el de algunos miembros del equipo. Fue así, gracias a la red social, como conocí al que hoy en día puedo considerar mi productor, Sergio Barrejón. Le había gustado mucho y estaba sorprendido de que no lo hubiera mandado a ningún festival y que hubiera decidido “regalarlo” así sin más. Yo le reconocí que no tenía ni tiempo ni ganas de molestarme en enviarlo, que desconocía por entonces el funcionamiento de las distribuidoras. Además, habíamos tenido algunos problemas con el material original en vídeo, y no estaba muy satisfecho del aspecto técnico, en concreto de la foto. Pero aún con esto, él estaba convencido que con algo más de trabajo en la sala de montaje y con la distribución adecuada, era un trabajo que podría funcionar.

Llegamos a un acuerdo: él encargaría económicamente de solucionar todos esos problemas, y además se lo pasaría a Freak, considerada como la mejor distribuidora en lo que a pequeño formato se refiere. Para mi sorpresa, a pesar de mis inconvenientes técnicos, a Freak también le gustó mucho y una vez borrado su rastro de la red y solucionados los aspectos técnicos, arrancó la distribución. En un año, con algo más de 1.000 euros de inversión total, obtuvimos 30 secciones oficiales y 11 premios. Hoy lo “reestrenamos”:

Con esta experiencia y viendo que independientemente del presupuesto, se puede diseñar un corto para que funciones en festivales, decido abandonar temporalmente la comedia para probar suerte en el drama con Todo lo que sube. Con un presupuesto de 2.000 euros, es el único trabajo en estos casi 4 años que Barrejón no ha estado detrás y que a pesar de obtener algo más de una treintena de secciones oficiales y contar también con Freak para la distribución, los premios no llegaron. No sé decir que es lo que falló o mejor dicho, en que no acerté. Supongo que no marqué la diferencia, que es lo que hay que hacer para llamar la atención, pero independientemente de esto o de su rentabilidad, he de decir que es uno de los cortometrajes de los que más orgulloso estoy junto a El efecto Rubik.

Mi siguiente proyecto con Barrejón, fue Llámame Parker. Ya conté aquí la experiencia y como le “engañé” de nuevo sin renunciar a mi filosofía de producción. Empeñado en que lo que cuenta es tener una buena idea por encima de artificios y grandes presupuestos, y puedo decir con alivio casi dos años después de estrenarse, que no estaba equivocado y así lo respaldan las 34 secciones oficiales y los 9 premios cosechados. No está mal para un documental de tres minutos y treinta segundos con menos de 600 euros de presupuesto.

En plan romántico es mi vuelta a la comedia y de nuevo a esta filosofía de producción más acorde que nunca con los tiempos que vivimos. Todo surge cuando empecé a desarrollar un guión de largometraje en el que aplicar todo lo aprendido en este tiempo. En plan romántico nace de una de las escenas de ese largo. Porque, siendo realista, asumo que por muy bajo que sea el presupuesto, las productoras no están para nada ni para nadie. El crowdfunding es hoy en día la opción más viable de financiación para este tipo de proyectos, pero sin paciencia para ponerlo en marcha en esos momentos y con mucho mono de rodaje, decidí sacar la historia de Pablo y Lola del guión y convertirlo en corto.

Sin olvidarme del largo, por ahora no tenía más pretensiones que rodar sólo por el placer de rodar. Y mi idea además era hacer una gamberrada, una parodia de las películas de Tom Hanks y Meg Ryan, especialmente de “Algo para recordar” o “Tienes un email”. Buscando esa parodia, con la “supervisión” de Barrejón, al final encontré la manera de homenajear humildemente a todas esas comedias románticas que me han marcado como espectador y a la vez me han formado como director. Hablo de películas, por citar algunas, como “Sucedió una noche”, “Tú y yo”, “El apartamento”, “Annie Hall”, “Cuando Harry encontró a Sally” o “Alta fidelidad”. Repito, un género menor para muchos, pero que para mí siempre ha sido de mis favoritos y con el que más he disfrutado en la butaca. Quizá solo yo vea todas estas referencias en el resultado final, pero de alguna manera Pablo y Lola, la pareja protagonista, son mi visión actual, madrileña, treintañera y desenfadada de Tom Hanks y Meg Ryan teniendo la conversación más importante de su vida sentimental… por Skype.

Dani Pérez Prada y Rut Santamaría son Pablo y Lola en En Plan Romántico.
Fotos: @Natxo López.

Esta vez le enseñé el guión a Sergio sin más intención que recibir su opinión y consejos. Desde hace 3 años es la primera persona a la que le enseño todo lo que escribo y reconozco que hacerlo, siempre ha mejorado mi trabajo. No iba a pedirle un céntimo, es más, pensaba rodar únicamente con un chico de sonido, un cámara y los actores. Unos 200 euros, incluso menos. Presupuesto asumible para mi bolsillo y “vergonzoso“ para pedírselo a un productor, pero como hay confianza…

Una vez leído me preguntó: “¿Qué necesitas?” y yo, que siempre quiero tenerlo cerca, le conté cual era mi “diseño de producción”. Pero a pesar de la sencillez de la propuesta, y de los resultados obtenidos anteriormente con la formula low cost, apostó está vez por hacerlo a lo grande y rápidamente puso en marcha una producción en la que incluía grabar con la última cámara de RED, la EPIC X de Morituri que estrenamos casi sacada de la caja. Y un equipo técnico de primera, entre los que se encuentran Antonio J. García, director de foto de Impávido y Fuga de cerebros 2; Raúl de Torres, montador de Pagafantas o No controles, o Aran Calleja que ha puesto la música (además de a estas dos últimas) a Éramos Pocos, corto nominado al Oscar. Incluso la Foto Fija es de Natxo López, uno de mis referentes de la comedia española televisiva y que aparcó sus labores de guionista para dejar constancia fotográfica del rodaje. Y así un largo etcétera.

Rodaje de En Plan Romántico. Foto: @Natxo López.

Y ante tal despliegue, sin renunciar a mi estilo, decidí que había llegado el momento de aprender de experiencias pasadas, no repetir fórmulas, optando por huir en está ocasión de todo lo que pudiera resultar “indie” y que ya había hecho en mis anteriores trabajos. Me olvidé de la cámara en mano y los escorzos, jugando más con las posiciones de cámara y las diferentes ópticas, acercándome así a la estética más efectista y comercial del género. Me costó, me resistía a cambiar de fórmula, pero por suerte esta profesión es un trabajo de equipo, el cual me contagió las ganas de superarme. Y esta unión de factores, se ha traducido en una sección oficial, como único representante Español en uno de los festivales más importantes del sector.

Es cierto eso de que hay que fallar para acertar. Y he aprendido que está guay hacer cortos de un presupuesto casi cero y obtener mucho más de lo que esperabas, pero también he aprendido que hay un termino medio entre el “aquí te pillo aquí te mato” y el periplo de subvenciones o de la búsqueda de financiación privada. A veces merece la pena esperar un poco.

Estoy convencido que en estos tiempos de incertidumbre que vivimos, el cine no puede ser únicamente para los privilegiados, también debe ser para los valientes. Y la valentía siempre tiene recompensa.


#STOP, UN GUIÓN DE CORTOMETRAJE

27 septiembre, 2012

por Sergio Barrejón.

Foto: Natxo López

El próximo 28 de Octubre estreno el último corto que he dirigido. Lo escribí para combatir el vértigo. Supongo que, en cierto modo, mucho lo que escribo trata de ser una medicina contra algún vértigo. En este caso era el vértigo de haberme quedado sin nada que hacer.

A finales de Febrero pasado, los escaletistas de Amar en Tiempos Revueltos rematamos la última semana de la 7ª Temporada. Y empezamos unas vacaciones que podían ser muy largas o incluso definitivas, habida cuenta de que TVE seguía sin Presidente, y por tanto sin capacidad de renovar ni cancelar la serie.

La última reunión fue en Valencia, y en el tren de vuelta a Madrid empecé a agobiarme con la idea de pasar varios meses sin trabajo. No sólo por el dinero, que también. Sino sobre todo porque era la primera vez en varios años que nadie me iba a obligar a escribir. ¿Sabría adaptarme a vivir sin el acicate de una fecha de entrega? ¿Dejaría montones de guiones a medias, para acabar convirtiéndome en productor a tiempo completo? O peor, ¿en analista a tiempo completo?

Decidí demostrarme a mí mismo que no aquello no iba a ocurrir. Decidí empezar un guión en ese mismo momento. Saqué el portátil, abrí la carpeta “Ideas locas” y elegí una historia que se me había ocurrido tiempo atrás, leyendo este artículo. Para cuando el tren llegó a Madrid, ya había escrito entero el guión de un corto.

Tenía claro un título, cosa que ayuda mucho, muchísimo más de lo que puede parecer: Se llamaría “STOP”. Y tenía decididas varias cosas: quería que fuese muy corto, quería que fuese mudo, y no quería que tuviese trama. Quería hacer una historia de ficción que pareciera un documental. Porque la historia es inventada, pero las circunstancias que la rodean son dolorosamente ciertas.

Foto: Natxo López

Y una cosa más: tenía que poder hacerlo con mis ahorros. No quería pedir subvenciones, no quería rellenar formularios ni esperar al fallo de ningún jurado. Acababa de producir así En Plan Romántico, el último corto de Peris Romano, y así quería hacer éste. Me estaba rodando encima, que suele decirse.

Desde hace doce o catorce años, lo primero que hago al terminar un guión es enviárselo a dos de las personas cuyo criterio valoro más en el mundo cuando se trata de guión: Nacho Vigalondo y Borja Cobeaga. Esta vez me salté ese paso. Por primera vez en mi vida, no quería opiniones ni críticas. Me seducía la idea de producirlo con la misma celeridad con la que lo escribí. Sin reescribir. Apenas hubo cambios entre la primera versión y el guión de rodaje, y sólo fueron ajustes mínimos de cara a facilitar la producción.

Todos… menos uno, que introduje por sugerencia de Caros Morelli, la otra persona cuyo criterio valoro más en el mundo cuando se trata de guión. Él me convenció de que la historia no se iba a entender si no la contextualizaba un poco. Me sugirió que introdujese un rótulo al arranque explicando la situación de las redadas racistas, en qué consisten y cómo funcionan.

La sugerencia de Morelli me resultaba realmente incómoda, porque por un lado sabía que era muy certera… y por otro lado me empujaba a usar un recurso viejo y gastado, que aportaría un convencionalismo y una rigidez que no cuadraban con el tipo de corto que quería hacer. Y sin embargo… era necesario hacerlo. Pero no quería. Pero era necesario.

Y entonces me acordé de esto.

Mi memoria me había traicionado: no fue al leer el artículo cuando se me ocurrió hacer el corto. El corto se me ocurrió algunos meses después, cuando descubrí el twitter de alertas contra redadas @BrigadasDDHH. Por eso el corto comienza con tres personas chequeando constantemente sus teléfonos. Son tres personas anónimas levantándose y preparándose para salir de casa. No sabemos nada de ellas, salvo que están pendientes de Twitter desde el momento en que abren los ojos.

Ésa era la solución. ¿Qué mejor manera de introducir información que visualizar los tweets en pantalla? Y el guión se prestaba a ello. Tardé menos de cinco minutos en hacer el ajuste. Y hacerlo, además, me dio una idea que creo que va a ser lo más llamativo del corto: decidí llevar el asunto un paso más allá y realizar un truco visual que solucionase por completo el problema del “pegote”. Para ello, necesitaría la colaboración de Alejandro Pérez, la persona cuyo criterio más valoro en este mundo cuando se trata de postproducción. Los tweets, decidí, no serían simples textos sobreimpresionados. Tenían que ser objetos, cosas que están ahí con los personajes. Elementos corpóreos, con un peso y un volumen. Twitter, literalmente, formaría parte de la vida de estas personas.

Además, aquello introduciría un curioso paralelismo con En Plan Romántico: si el corto de Peris se contaba a través de Skype, el mío se contaría a través de Twitter.

Cartel: Jorge Espejo.

En estos momentos, Alejandro está completando la postproducción del corto, que después de la irrupción de Twitter pasó a llamarse “#STOP”. Si todo sale como está previsto (han sido más de seis semanas de postproducción), en poco más de dos semanas estará terminado y volcando a DCP. Y con este corto, haré triplete de estrenos en Octubre. Porque unos días antes del estreno de #STOP, En Plan Romántico se presentará en competición oficial en la Seminci. Y también en Seminci, compitiendo en la sección La Noche del Corto Español, estará Lucas, el corto que escribí con Álex Montoya (una de las personas cuyo criterio valoro más en el mundo cuando se trata de realización).

Después de trabajar en estos tres cortometrajes seguidos, tengo la sensación de haber recibido mucho más de lo que he aportado. He aprendido una barbaridad de la gente con la que he trabajado, y tengo unas ganas enormes no sólo de enseñar los cortos, sino de compartir todo ese aprendizaje. Por eso siento que es una suerte tener la oportunidad de impartir, dos semanas después del estreno de #STOP, un taller de cortometraje en el Máster de Guión de Salamanca, que arranca hoy. Serán tres jornadas donde intentaré que los alumnos del máster creen un corto desde cero. A ser posible, un corto muy corto, y que puedan hacer con sus ahorros. Sin pedir subvenciones, rellenar formularios ni esperar el fallo de ningún jurado.

Y les pediré que empiecen por tener un título.

 



CINCO LECCIONES QUE APRENDÍ CON MI PRIMER CORTO

18 junio, 2012

David Victori (Manresa, 1982) es guionista y director. Durante cinco años fue asistente personal de Bigas Luna, con quien ha escrito su nuevo proyecto, Segundo Origen. Recientemente se ha rodado en Tarragona el largometraje Hijo de Caín, con guión escrito por Victori y Sergio Barrejón, y que se estrenará a finales de este año. Mientras tanto, Victori prepara su opera prima como director con la productora Oberón Cinematográfica. Sus dos últimos cortos, Reacción (2008) y La Culpa (2010), han sido seleccionados y premiados en múltiples festivales españoles e internacionales. 

El guión de un corto y el guión de un largo son cosas muy distintas. Es algo bastante obvio, pero a mí me pilló por sorpresa.

Esta es mi historia. Antes de los 16 años ya había rodado cosas, bastantes, pero en ningún caso me atrevería a llamarlo cortos. Eran más bien pruebas, ejercicios que hacíamos un buen amigo y yo para divertirnos los fines de semana. A los 17 cuando ya estaba enfrascado en la idea de ser director de cine y guionista, conocí a Bigas Luna, quien después se convirtió en mi maestro y con el que trabajé durante más de cinco años como asistente personal.

Cuando apenas hacía unos meses que nos conocíamos, Bigas me animó a que escribiera un largometraje. Me puso en contacto con una guionista de Barcelona y nos lanzamos a escribir. Ella ponía la experiencia y yo la intuición. Estuvimos casi un año escribiendo pero a los 19 ya tenía mi primer largometraje acabado. Yo, en ese momento, no conocía casi nada sobre la estructura, ni la teoría de guión, pero no lo necesité, escribía por instinto. Había un conocimiento que ignoraba: todas las películas que había visto estaban en mi subconsciente actuando como maestras. Lógicamente tenía (y tengo) mucho que aprender, pero la intuición, en ese momento, ya me llevaba por el camino correcto.

No me pasó lo mismo con mis primeros cortometrajes. ¿Cuántos cortos había visto antes de rodar el primero? Pocos, muy pocos. Aún no existía YouTube y yo nunca fui a una escuela de cine donde me guiaran. Me pasaba el día leyendo libros de teoría de guión (de largometrajes) asistiendo a seminarios, (entre ellos el clásico de Robert McKee) y cuando me ponía a escribir siempre me salían historias de una hora y media.

Un día, cuando tuve suficiente dinero ahorrado me dije: “voy a rodar mi primer corto”. Como era lógico, ningún productor me iba a dejar dirigir un largo sin tener varios cortos que demostraran mi valor como director, por lo que me puse manos a la obra. Me senté a escribir y pensé: “este guión tiene que ocupar máximo quince páginas, dieciocho como mucho. Fácil”. Pensé.

Había tres ideas que me apetecía trabajar en esa historia. Las tenía claras. Había una historia principal, una subtrama, un protagonista, un antagonista y una historia de amor. Las tres ideas se entrelazaban bien, todo encajaba. La primera versión era de casi veinte páginas, pero pude ir reduciendo  hasta las quince. Leía mi guión y me gustaba, así que me lancé a rodar. El rodaje fue muy bien. Gasté todo el dinero que tenía en ese momento y volví a casa pobre, pero feliz.

En ese época me estaba ganando la vida como montador, por lo que me puse a ello. ¡Dios mío! Recuerdo esos días encerrado frente al Final Cut y lloro. Fue un drama. No entendía nada. ¿Qué estaba pasando? ¿Dónde estaba la intensidad de las escenas que había imaginado en el momento de escribir el guión? ¿Por qué todo sabía a poco? ¿Por qué no empatizaba? ¿Por qué no sentía nada, nada de nada? ¿Por qué el conjunto no cuajaba? Los montajes se movían alrededor de los 25 minutos, pero por mucho que alargara o acortara seguía sin funcionar. Un desastre.

Tuve que abandonar. Respirar. Desconectar de esa historia. Investigar que estaba pasado. Había invertido todos mis ahorros en hacer ¿un corto? ¿o en hacer un largo de 20 minutos?

Empecé a relajarme, a ver cortos y a comprender…

El guión de un cortometraje no es simplemente una historia que ocupa menos páginas. Los cortos tienen sus propias normas. El público se relaciona con ellos de forma distinta. Espera cosas diferentes. Parece obvio, ¿verdad? Yo no lo supe ver al principio y lo tuve que ir aprendiendo lentamente, corto a corto.

Y aquí van mis observaciones, quizás obvias, pero fruto de mi propia experiencia que espero sirvan a quien esté decidido a lanzarse a rodar su primer corto:

Primero, cuando la gente se sienta a ver un corto, su actitud es, básicamente, impaciente. No quieren que se anden por las ramas porque saben que esto dura poco y el tiempo es limitado. No te digo que mates a alguien en la primera imagen, pero sí que encarriles la historia tan pronto como te sea posible. No vaciles.

Segundo, muchas de las normas del guión de un largo, no funcionan en un corto. Cuidado con las subtramas, los secundarios, las backstory y los personajes complejos. Aquí también incluyo la norma de: página de guión por minuto. Esto dependerá básicamente del ritmo al que quieras contar tu historia, en mi caso, como yo suelo moverme en el terreno del thriller, avanzo lentamente. El guión de La Culpa, por ejemplo, ocupa siete páginas, pero la séptima casi está vacía y al final el corto dura casi trece minutos.

Tercero, céntrate en un concepto. En uno sólo. Explica una sola cosa y hazlo tan bien como sepas. Exprime ese concepto al máximo. Este creo que de todas las cosas que aprendí es la más importante. Aspira sólo a un gran momento (un climax) o como máximo dos.

Cuarto (y este es como director): siempre que puedas rodéate de un equipo de primera, alíate con los mejores. Puede que tu ego se resista, pero sé humilde. Cuanto más sepas mejor, pero si no ya irás aprendiendo (ya iremos aprendiendo). Estamos contando historias, no salvando vidas

Quinta, (y esta no creo que sea muy popular): los estereotipos o clichés son tus mejores aliados. En un corto necesitarás ir al grano, si te pasas cinco minutos explicando al original personaje que te has inventado (y la historia no va de eso) cuando termines ya casi no te quedará tiempo de ir al tema de la película. Los tópicos te ayudan a avanzar, a llegar en poco tiempo a escenas o momentos mucho más originales. Creo que fue Hitchcock quien dijo que no hay nada malo en partir de un tópico. El problema es acabar con un tópico.

Han pasado casi diez años desde esa primera experiencia y desde entonces he rodado cinco cortometrajes de más de diez minutos y tres de menos de cinco. Junto al primero, que finalmente conseguí terminar (como pude), son nueve cortos en total. Creo que es un buen número. De cada uno de ellos aprendí algo, algo valioso, quizás soy un poco lento, pero me esfuerzo y trato de hacerlo cada día un poco mejor.

Cuando estrené La Culpa en 2010, decidí que ese fuera mi último corto. Básicamente porque quería poner toda mi energía en las películas que estaba escribiendo y porque no creía que pudiese rodar otro corto en mejores condiciones que La Culpa.

Fotograma de “La Culpa”.

Ahora voy a muerte a por mi largo, ya no hay nada que pueda pararme, ni la crisis mundial, ni la piratería, ni el cambio climático. Este trabajo me gusta, me hace feliz. Mientras no pueda rodar, escribiré.

En estos últimos años, he escrito varios largometrajes para otros directores y junto a otros guionistas. Estoy aprendiendo más que nunca. Uno de ellos está a punto de ser estrenado, a otro no le queda nada para entrar en preproducción y mi debut como director parece que empieza a estar más cerca que nunca.

Me prometí estar centrado en los largos y no rodar ningún otro corto, ¡hasta AYER!

Ayer cambié de opinión. Eso demuestra lo firmes que son mis promesas. Mi cortometraje La Culpa, a punto de terminar su recorrido por festivales, ha sido seleccionado entre los 50 semifinalistas de Your Film Festival. El primer festival Internacional de cortos organizado por YouTube y Scott Free, la productora de Ridley Scott. Los datos me han emocionado y sorprendido a la vez: 15.000 cortos presentados, sólo 5 españoles entre los semifinalistas. De estos 50, sólo diez llegarán a la final, estos diez cortos se proyectarán en el Festival de Cine de Venecia y Ridley Scott junto a Michael Fassbender elegirán a un ganador.

¿El premio? Rodar otro corto.

Al director que gane, el Señor Ridley le producirá una película corta protagonizada por Fassbender y con un presupuesto de 500.000 dólares. ¿Qué os parece?

Ya, yo pienso lo mismo, a mi tampoco me gusta que me impongan a los actors, pero justo, por casualidad, creo que tengo un papel que encaja muy bien con él.

En el supuesto que ganase, sería mi décimo corto. Un número muy redondo y una forma brutal de cerrar mi etapa en el mundo del cortometraje. ¿Os imagináis? A mi me cuesta, la verdad.

Yo por si acaso ya tengo la idea preparada. Creo que es una idea a la altura. Una superproducción de doce minutos. Una mezcla entre Children of Men y Melancolía. Una locura, vaya.

Sé lo que estáis pensando. Es casi un insulto hacer un corto con este presupuesto. Imagino que habrá truco. Siempre lo hay. Pero aún así, parece un buen premio, ¿no?

A ver, admitamos que es difícil, prácticamente imposible. La Culpa no llegó a la final de los Goya, ni a la de los Gaudí, ni siquiera lo seleccionaron entre los siete mejores cortos catalanes de su año. Eso sí, es un corto que tiene fans, yo el primero. Con sus virtudes y sus defectos, lo amo incondicionalmente. Cuando escribí el guión lo sentí: esta historia necesito contarla.

Por suerte, conté con un equipo de lujo y cuando estaba frente al Final Cut, me saltó alguna lágrima, pero esta vez, no de pena. Cuando me senté a montar La Culpa y empecé a ver como lucía la foto, la dirección de arte, los actores (que estaban que se salían) y la música que (si te pones los auriculares acelera y frena tu corazón), no me lo podía creer.

Todo el equipo en esta película estuvo en estado de gracia, o al menos así es como yo lo siento. Me encanta La Culpa. Es el corto que siempre quise hacer.

Aunque ¿quién soy yo para decirlo? No hay ni un sólo padre que consiga ver los defectos de sus hijos (al menos hasta que son adolescentes). El mío de momento tiene sólo dos años.

Valóralo por ti mismo entrando aquí, y si te gusta, vótalo.


NO SABÍA NADA

9 abril, 2012

por Sergio Barrejón.

“Yo me enteré por la prensa”, dijo en su día Felipe González sobre el escándalo de financiación ilegal de su partido. Este señor dirigía un partido que llegó a ver encarcelados a un ministro, un secretario de Estado, un director de la Guardia Civil y algún que otro diputado. Pero no se enteró de nada.

 

“No sabíamos nada”, decían en Alemania los habitantes de pueblos vecinos a campos de exterminio. Veían llegar trenes y trenes cargados de presos. Los veían trabajando a punta de metralleta. Oían los disparos de los guardias. Veían el humo de las chimeneas. Pero no sospecharon nada.

Mi próximo corto trata sobre las redadas racistas que la Policía Nacional practica a diario en Madrid. Agentes de paisano a veces, de uniforme otras, se colocan en las entradas de Metro o de Cercanías, y se dedican a identificar de manera sistemática, actuando de oficio y siguiendo criterios exclusivamente racistas, a ciudadanos libres de toda sospecha, en la esperanza de encontrar gente a la que expulsar del país de manera arbitraria, injusta y costosísima. Para vergüenza de todos sus votantes, tanto este Gobierno de cobardes como el anterior gobierno de cobardes niegan que esas redadas existan.

Están ahí, a la vista de todos. Miles de madrileños las ven cada día. Algunos lo comunican por Twitter. Pero la mitad de la gente que lee mi guión no da crédito cuando le digo que son hechos reales. No sabían nada.

Siempre he creído que Felipe González mentía descaradamente cuando lo de Filesa. Siempre he tenido claro que los súbditos nazis mentían sobre los campos de exterminio. Ahora me doy cuenta de que, en realidad, sería mucho más terrible que no mintieran. Sería mucho más escalofriante pensar que, en efecto, toda esa corrupción, toda esa degeneración ocurría delante de sus ojos y ellos, simplemente, eligieron no ver.

Nunca he aceptado que el arte tenga una responsabilidad social. No soporto la condescendencia paulocoelhista de algunos autores de “cine social”. Y no creo que nadie esté obligado a escribir guiones panfletarios ni reivindicativos. Pero me preocupa seriamente no haber visto un solo corto destacable sobre el 15-M, por ejemplo. Me preocupa que todo el mundo esté a tope con The Wire, The Shield, The West Wing, Crematorio y Grupo 7, pero casi nadie de mi generación haya intentado un relato serio sobre temas políticos de actualidad.

Y me preocupa, me preocupa muchísimo que no lo hagan porque han elegido no saber nada.


RETRATO DEL GUIONISTA ADOLESCENTE

29 febrero, 2012

por Sergio Barrejón.

Desde hace ya unos cuantos años, para mí el mes de febrero está marcado por mi cita anual con el Master de Guión de la UPSA. Empecé dando una charla de 2 horas sobre Recursos para Guionistas en Internet. Al año siguiente la amplié a 4 horas. Al otro, aparecí con Cristóbal Garrido y Álex Montoya a explicar cómo preparamos nuestros proyectos para subvención. Al siguiente, convencimos a los alumnos de que ellos preparasen un tratamiento secuenciado y una memoria para presentar a las subvenciones a creación de guiones (hoy seguramente extintas, en la línea de decidido apoyo a I+D que viene mostrando este Gobierno).

Este año la cita fue el viernes pasado. Junto al cineasta uruguayo Carlos Morelli, monté una jornada teórico-práctica de guión de cortometraje de ocho horazas. La parte teórica la impartía Morelli, proyectando y comentando una cuidadísima selección de cortometrajes, que ilustran todo tipo de planteamientos dramáticos, problemas narrativos y estrategias de guión. Mientras tanto, yo me iba reuniendo, uno a uno, con los ocho grupos de trabajo que habían formado los alumnos para trabajar. Cada uno de los grupos había escrito un guión de corto de menos de 10 páginas, y nos lo había enviado tres semanas antes de la charla. Yo los llevaba leídos y anotados, y dedicaba a cada uno una sesión de script doctoring de unos 45 minutos.

Carlos Morelli

Fue intentísimo, agotador y enriquecedor. Tanto para ellos como para mí. En primer lugar, descubrí que esta promoción del master tiene un nivel estupendo. De los ocho guiones, me pareció que tres estaban prácticamente para entrar en preproducción. Es una proporción insólitamente alta. Y en todos los guiones que me parecieron menos “redondos” podía encontrar elementos destacables: un planteamiento originalísimo, una gran habilidad para poner en juego ciertos “trucos de género”… Todos tenían algo bueno.

Pero no quiero aquí glosar las virtudes de los guiones, sino hablar de sus errores. Dicen que nadie aprende en cabeza ajena. Chorradas. Si así fuera, el drama no existiría. De los errores ajenos aprendemos tanto como de los propios, o incluso más. Porque los errores ajenos no intentamos ocultarlos bajo una capa de orgullo. Y el error más común de los guiones analizados en Salamanca (y quizá el error más común de los guiones amateur en general) era éste:

LOS PROTAGONISTAS NO CONFRONTAN A SUS ANTAGONISTAS.

¿Cuántos guiones de principiantes presentan un protagonista aislado, que apenas se comunica, que asiste a los acontecimientos de la trama como un mero testigo?

Un tipo que vive encerrado en su casa, observando el mundo a través del visor de su cámara de fotos.
Un tipo que vive obsesionado por las molestias que le produce un vecino al que nunca ve.
Un tipo que asiste a una situación absolutamente insólita e intolerable, pero la acepta sin más cuando alguien se la explica de manera poética.

La consecuencia lógica de un planteamiento antidramático suele ser el otro error más común de los guiones amateur:

LA HISTORIA ACABA DE UN ZAPATAZO.

Llega la policía.
Hay una explosión.
Alguien se pega un tiro.

Curiosamente, el zapatazo ocurre justo cuando el protagonista está a punto de abordar a su antagonista, o de enfrentar activamente los obstáculos que le separan de su objetivo.

El tipo intenta hablar con la chica que le gusta. El tipo sube a cantarle las cuarenta a su vecino. El tipo deja de correr por el bosque y decide enfrentarse a sus perseguidores. El segundo acto, vaya. Ahí, de pronto, BUM. Zapatazo y final. El Titanic se hunde antes de que Jack baile con Rose.

¿Por qué es tan frecuente este error, este terminar las cosas en el momento en que se ponen interesantes? Por un lado, evidentemente, está la cuestión de que el segundo acto es la parte más difícil del guión. Un principio original y un final de zapatazo, realmente, se nos ocurren todos los días. Y es divertido. Pero el público paga por el segundo acto. El público paga por ver cómo otras personas se enfrentan a sus dilemas. (Paga por aprender en cabeza ajena.) Desengañémonos: la gente no fue a ver Titanic porque se hundiese un barco. Eso ya se veía en el making of. Fue a ver cómo demonios lograban el chico y la chica estar juntos a pesar de todos los problemas que se lo impedían. El barco se hunde cuando llevas hora y tres cuartos en el cine. Si has aguantado allí ese rato, es porque resulta emocionante ver cómo Jack y Rose se enfrentan al problemón.

Un buen primer acto te hace preguntarte “¿qué haría yo en una situación así?”. Un buen segundo acto te cuenta qué hicieron los personajes, y te mantiene en vilo preguntándote “¿y qué pasará a continuación?”. Un buen tercer acto te cuenta una conclusión lógica, pero a la vez sorprendente, derivada de los actos de los protagonistas.

El clásico guión amateur tiene un primer acto, carece de segundo acto, y en el tercer acto te ofrece una conclusión más o menos sorprendente, pero en absoluto lógica ni derivada de los actos de los protagonistas. En el clásico tercer acto amateur, lo que ocurre básicamente es que entra el guionista y se carga a un personaje, para acabar con el tedioso esfuerzo de contar una historia de manera dramática.

Decir que “uno siempre escribe sobre sí mismo” es un cliché tan sobado como el de “nadie aprende en cabeza ajena”, pero creo que aquí viene a huevo para explicar por qué los guionistas principiantes escriben este tipo de historias. Hagamos un poco de psicología barata:

El protagonista elude la confrontación porque el guionista teme la confrontación.

Hay un tipo de guionista amateur, quizá más común en las escuelas de cine, que teme a su propia profesión. Que teme el momento de abandonar ese espacio protegido de la Universidad, de la escuela, donde “tiene derecho a equivocarse”. Que teme el momento de someter sus obras al implacable juicio del público. (El guionista sabe que el público es implacable, porque él mismo es implacable cuando ejerce de público de las obras ajenas.)

Dice Mamet en su “Manifiesto” que, para que una obra de teatro tenga sentido, es fundamental que el público pague por verla. En las escuelas de cine, es el guionista el que paga por escribir. Y sus únicos jueces, los profesores, están cobrando por analizar su obra. Es un ambiente espúreo. Pero comodísimo. A la hora de juzgar un guión malísimo, el más déspota de los profesores va a ser más suave que el más diplomático de los críticos.

Y los guionistas lo saben. En este sentido, hay dos tipos de autores: los que están deseando rodar algo y presentarlo en público como sea, y los que piensan que aún no están preparados, que tienen mucho que aprender. Invariablemente, los primeros escribirán cosas más interesantes que los segundos.

Con esto no pretendo menospreciar la experiencia académica. Estudiar Ciencias de la Imagen en la Complutense me sirvió de mucho. Y no diré, como Amenábar, que “aprendí más en la cafetería que en clase”. Donde realmente aprendí fue escribiendo guiones sin pedir permiso a nadie, y grabándolos, y sobre todo, montándolos sin pedir permiso a nadie.

Creo que ésa es la clave de la madurez, ¿no? No sólo en esta profesión. En la vida en general. Has madurado cuando dejas de pedir permiso a nadie para hacer las cosas. Porque hacer las cosas sin permiso significa que te responsabilizas de ellas.

Si eres guionista, y estás estudiando en una escuela o universidad, enhorabuena. Tienes la suerte de recibir los consejos de profesionales, y de aprender en cabeza ajena. Pero nada de ello servirá si no dejas de pedir permiso para hacer las cosas, y te lanzas simplemente a hacerlas. Recuerda que, mientras tú escribes cortos para tus profesores, otros HACEN cortometrajes sin pedir permiso a nadie y los presentan al público. Sólo en el Notodofilmfest se presentan cientos y cientos de cortos cada año. Unos son buenos, otros son basura. Como los trabajos de clase. Pero los trabajos de clase no llegan al público.

Y presentar tu obra al juicio público es la esencia de tu profesión. Hazlo ya. No esperes a terminar la Universidad. No digo que dejes la Universidad. Pero tampoco dejes la vida real. Haz un corto. Equivócate. Pierde dinero. Haz el ridículo. No tengas miedo al ridículo. Es parte del trabajo. Y no necesariamente la peor parte.


BUCK HENRY – VENCIENDO LA PEREZA

6 febrero, 2012

por Fernando Navarro.

Como todos medio sabemos, un guionista es un ser extraño. Tan vago como constante. Tan currante como inseguro. Tan perezoso como decididamente entregado a su oficio. En varios de mis encuentros con los guionistas que escriben en este blog, Sergio Barrejón ha acabado pidiéndome textos, ideas, colaboraciones. Nunca he encontrado ni el tiempo para pararme a escribir sobre algo ni, aún peor, el tema sobre el que escribir.

Hasta ahora. Después de darle muchas vueltas, he encontrado una manera (modesta) de contribuir a Bloguionistas.

Intentaré, con la periodicidad que me permita mi pereza (y los compromisos contractuales) traducir un artículo breve, especialmente interesante, proveniente de “Written By”, la revista que edita el Sindicato de Guionistas Americanos (WGA) y que recibo periódicamente.


Para el primero he escogido una breve y divertida entrevista en la que Buck Henry
recuerda la escritura de una de las mejores películas (mi favorita) de los 60, “El Graduado”.

Espero que os interese.

—————————————–

BUCK HENRY RECUERDA “EL GRADUADO”

por ARLENE HELLERMAN. Traducción de Fernando Navarro

(Publicado originalmente en “Written By” Volume 15/No.6 November/December 2011)


“¿Qué opinas?”, preguntó el director Mike Nichols. “Creo que es fenomenal”, contestó el guionista Buck Henry después de haber leído la novela de 1963 “El Graduado”, escrita por Charles Webb.

Un simple intercambio que dio luz a un clásico del cine. La carismática película de 1967 que sorprendió al público de la época con su sexo realista y sus desnudos casuales mientras representaba el cambio de ciclo de toda una generación.

Henry empezó su carrera escribiendo e interpretando sketches en los primeros tiempos de la televisión (“El Show de Steve Allen”, “El Show de Garry Moore”). Se pasó a la sit-com de media hora cuando Dan Melnick, un ejecutivo de Talent Associates, lo puso a trabajar con Mel Brooks para co-crear “Superagente 86”.

En algún momento durante las dos temporadas de esta serie, Nichols (que también había sido comediante) le pasó la novela “El Graduado” para que se le leyera.

Una vez que Henry escribió el guión, todos los estudios rechazaron el proyecto. La película pudo hacerse solo después de que un productor independiente, Joseph Levine, la financiera. ¿Resultado? “El Graduado” se convirtió en la película más taquillera del 67. Henry recibió el premio del WGA por el mejor guión de comedia. Nichols ganó los premios del Sindicato de Directores y el Óscar a mejor director.

Henry dice que necesitó solo dos versiones para dar por terminado el guión. Rara vez escribe más de dos. Nunca escribe un outline, pero antes de sentarse y empezar a teclear necesita saber tres cosas: el principio, algo muy convincente en la mitad que lo anime a seguir avanzando y una idea para el final.

Ahora con 81 años, Henry recuerda la adaptación de “El Graduado” y como respetuosamente se esfuerza por “escribir el guión que el autor de la novela o la obra de teatro podrían haber escrito”.

¿Cómo surge “El Graduado”? Fue Mike Nichols quien te trajo el proyecto, ¿no?

Él me trajo el libro y únicamente me dijo: “Léete esto”.

¿Nichols trabajó contigo en el guión o simplemente te lo pasó y te pusiste a escribir?

Trabajó conmigo unas semanas cerca del final, sobre todo en la secuencia del montaje. La parte en la que el patio trasero de los Braddock y la habitación de hotel estás mezcladas.

Compartiste crédito con Calder Willingham. ¿Escribió él un guión?

Sí, pero yo nunca supe nada de los guiones que existían antes de que yo empezara a trabajar. Hubo varios, de distintos guionistas, pero Willingham fue el único que pidió al Sindicato un arbitraje por el crédito.

Este era tu primer guión de largometraje para un estudio. ¿Fue difícil la transición de hacer televisión a escribir una película?

Llevaba escribiendo para televisión unos diez años antes de eso. Yo no considero que hubiera ninguna transición. Era simplemente otra historia que contar.

En el guión, cada escena lleva a la siguiente. Por ejemplo, Ben abre la puerta de su casa y cuando la cierra ya está en la habitación del hotel con la Señora Robinson.

Ese tipo de secuencias son muy divertidas de ver. Pero son muy complicadas de escribir. Y de rodar y editar. Tienen que ser lo suficientemente ingeniosas. De lo contrario pueden quedar muy aburridas o sentimentaloides, como en esos montajes interminables de algunas películas con los chicos enamorándose mientras pasean, bailan, montan en una noria, comen chucherías y se besan.

Luego hay un muchos ejemplos famosos secuencias de montaje que funcionan perfectamente. Uno de los mejores y más sencillos está en la que puedo argumentar que es la mejor película jamás hecha, “El Tercer Hombre”. Cuando el detective, Trevor Howard, le enseña a Joseph Cotten por qué está equivocado sobre su amigo. Además, no es muy larga. No serán más de siete u ocho planos. Es brillante. Le enseña al público lo realmente malo que es Harry Lime.

¿Y esa escena en el hotel entre Ben y la Señora Robinson? En el guión la escena tiene 21 páginas. Es la única escena larga de la película.

Casi toda es del libro, que es maravilloso. Ese libro está lleno de un material muy bueno.

La interpretación de Anne Bancroft, su vulnerabilidad, ¿eso es tuyo o estaba ya en el libro?

Cuando íbamos a empezar los ensayos el personaje no era así. Ese personaje, ese carácter, se forjó durante el trabajo de los ensayos de Anne y Mike.

¿Necesitó Dustin Hoffman mucho trabajo de dirección con su personaje? Cuando uno ve la película parece que estabas escribiendo para él.

No lo estaba. Y nadie sabía que iba a interpretarlo hasta que se hizo el casting. El guión fue escrito sin ningún actor en la cabeza.

Es interesante que los tres cortes principales que hay en el guión sean secuencias de sueño. Aunque las dos segundas son más ensoñaciones. En la primera, el personaje de Dustin Hoffman, Ben, está leyendo un discurso en su graduación.

Está dando un discurso como estudiante con las mejores notas de su promoción. Recuerdo esa secuencia perfectamente, pero no me acuerdo de las otras.

Hablemos de esa escena, que abre tu guión. ¿Por qué la escribiste y por qué fue eliminada?

Mike y yo estuvimos hablando mucho de eso. La escribí después de terminar el primer borrador. La secuencia está sacada de un famoso incidente que ocurrió durante la investidura de John Kennedy. Robert Frost compuso el poema inaugural. Frost era un hombre muy mayor. Estaba allí, en el podio, con un frío y un viento heladores. Empezó a recitar su poema y tuvo bastantes problemas leyendo.

De repente, se detuvo, muy quieto. No estoy seguro de si había terminado de leer el poema. Pero para aquellos de nosotros que crecimos con Kennedy y con Frost fue un momento muy dramático. En eso está basado. La gente que vivió aquella época supongo que, de haber conservado la secuencia, hubiera sentido una sacudida al recordarlo. Aunque nunca la rodamos porque nunca la necesitamos.

Es como evocadora del resto del guión.

La escena va sobre una graduación. Y la película, después de todo, se llama “El Graduado”. Trataba de buscarle un sentido a eso, un significado. Pretendía ser una pequeña metáfora sobre el resto de la historia. He empezado muchos de mis guiones con este tipo de secuencias.

Los siguientes cortes son más de fragmentos que de secuencias. Ben está flotando en una colchoneta en la piscina y su madre le dice que si no llama a Elaine para una cita, invitará a cenar a los Robinson. Y él se imagina cómo sería de horrible esa cena. ¿Te acuerdas de escribir esa secuencia?

No.

El tercer corte es una serie de fragmentos en los que Ben está conduciendo a Berkley.

No tengo ni idea de lo que estaba haciendo ahí. Probablemente estaba perdiendo el tiempo y tratando de darle al guión un poco de luz. Estoy contentísimo de que la quitaran.

Parece que como si trataras de arropar el viaje en coche. Pero entonces llegaron Simon y Garfunkel e hicieron precisamente eso.

Excepto que, por supuesto, no había música hasta que todo estuvo escrito, rodado y montado. Imagino que estaba haciendo pasos de tiempo de la manera más interesante. En cualquier caso, ahí estaba trabajando por encima de mis posibilidades.

La película entera cambia de rumbo cuando Ben dice que se va a casar con Eleaine Robinson.

Cambia de rumbo un poco antes de eso. Cuando sale con Eleaine. Todo el pasado se desmorona y todo el futuro le asusta. Este es el “pitch”: un chico tiene una lío con una mujer y se enamora de la hija. Ese es el pitch básico de la película y es bastante bueno, aunque todo el mundo en los cinco estudios de Hollywood le dieran la espalda.

¿La película va también sobre rebelarse?

Va más sobre el desplazamiento que sobre la rebelión, en términos de como lo siente la gente joven. El alejamiento sobre sus padres, sobre sus hogares, sobre sus vidas.

Y eso está presente en la última escena. Ese último momento es un poco “¿Y ahora qué?”.

Es totalmente un momento “¿Y ahora qué?” Pero es solo en la última escena. No significa que toda la película haya girado en torno a eso.

¿Esperabas que esta película fuera tan bien como fue?

No. Pensé que iba a ser buena, pero nunca pensé que nadie excepto la gente que había ido a las prep schools1 fuera a verla.

El guión ganó el premio del WGA y el BAFTA.

Mi premio favorito es uno que tengo de un tipo de Brooklyn que inventó su propia Academia y me envío una precioso “Mejor Guión por “El G-r-a-u-d-a-d-o” con membretes en relieve y adecuadamente enmarcado. “El Graudado”.

Suena como la versión alemana2. Mientras hablamos estoy buscando en internet el título en alemán de la película. Es “Die Reifeprüfung”.

En Alemania no fue un éxito.

Traducido significa “El Examen de Selectividad”.

Y ahí está el porqué.

—————————————–

1. Las “prep schools”, comunes en los países anglosajones (en contraposición a los Institutos de Enseñanza Secundaria en España) son escuelas secundarias, casi siempre privadas, designadas para preparar al alumno para la Universidad.

2. Chiste intraducible con el vocablo “Grau”, muy común en el alemán.


CIENFUEGOS, LA PELÍCULA (SINOPSIS)

19 enero, 2012

por Sergio Barrejón.

PRÓLOGO.

Nunca he asistido al Festival Internacional de Cine de Gijón. Ninguno de mis cortos han sido seleccionados en el festival.

Coincidí brevemente con José Luis Cienfuegos como miembro del jurado de Ayudas a Creación de Guiones del ICAA en 2007. Allí discrepamos bastante sobre los proyectos que considerábamos mereceredores de subvención.

No he firmado el manifiesto de apoyo a Cienfuegos. No es mi amigo ni le debo nada.

ACTO I. AÑO 1994.

Se estrena en España la película de Joel Coen The Hudsucker Proxy (El gran salto).

La película arranca con el sorpresivo suicidio de Waring Hudsucker, el accionista mayoritario de una gran corporación juguetera. Tras su muerte, los demás accionistas descubren que sólo tienen un mes antes de que las acciones del finado, que ha muerto sin dejar descendencia, se pongan a la venta. Tienen un mes para hacerse con el control total de la compañía.

Los codiciosos accionistas deciden entonces poner al frente del negocio a un paleto. Un ignorante. Un patán que consiga desprestigiar rápidamente a la compañía, para que las acciones bajen y ellos puedan comprarlas a precio de saldo. Después despedirán a ese patán ignorante y paleto, y reflotarán la compañía, pero esta vez con un margen de ganancia mucho mayor. Un plan perfecto, hasta que el patán, el paleto, el ignorante… inventa el hula-hoop. Y se convierte en el mayor éxito de ventas de la historia de la compañía. Y las acciones suben como nunca.

You know, for kids!

Un año después del estreno de la película, y sin que medie ninguna relación aparente entre ambos hechos, José Luis Cienfuegos asume la dirección del Festival Internacional de Cine de Gijón.

ACTO II. AÑO 2011.

Foro Asturias, el partido de Álvarez Cascos, gana las elecciones autonómicas asturianas, y obtiene también la alcaldía de Gijón. Tienen un máximo de cuatro años para hacerse con el control total del principado.

Un año después, y sin que medie ninguna relación aparente entre ambos hechos, el concejal de cultura de Gijón destituye sin previo aviso a José Luis Cienfuegos, director del Festival Internacional de Cine de Gijón. Al frente del festival coloca al cortometrajista Nacho Carballo. Las primeras declaraciones de Carballo a la prensa incluyen las siguientes frases:

Los asturianos no somos menos que nadie.

He estado en las barricadas y he tragado mucha cosa.

Quiero a todo el público de Gijón y Asturias, no sólo a los inteligentes.

ACTO III. AÑO 2016

El festival internacional de cine de Gijón ha visto aumentar su presupuesto y disminuir su público, hasta el punto de que se decide privatizarlo. Algunos de los administradores de la empresa que lo adquiere ni siquiera se molestan en disimular su vinculación con el partido Foro Asturias.

Nacho Carballo, que nunca llegó a inventar nada parecido al hula-hoop, vuelve a las barricadas, a seguir tragando mucha cosa acompañado no sólo de los inteligentes. (En algunos lugares de España, esta situación se denomina popularmente quedarse en paro.)

José Luis Cienfuegos sigue trabajando en la industria del cine, en un puesto de prestigio, y con el apoyo manifiesto de cientos de profesionales.

Nacho Carballo

 


Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 3.159 seguidores

%d bloggers like this: