20 CONSEJOS “ÚTILES” PARA GUIONISTAS NOVATOS.

7 diciembre, 2016

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Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Hace un par de semanas, alguien dijo que lo que escribí en mi post anterior no era útil para los guionistas novatos.

Creo que todos los que escribimos en este blog intentamos que lo que se cuente sea de utilidad para el planeta Tierra en general: para novatos y para veteranos.

También opino que no es fácil acertar en el intento, por dos razones:

En primer lugar, creo que un guionista nunca deja de ser novato. Yo llevo 18 años escribiendo. Un bebé que hubiese nacido mientras ideaba mis primeros largos, hoy día podría hacer porno legal. Y a pesar de ello sigo sintiendo las mismas inseguridades de cuando empezaba, y también otras nuevas. Trabajamos en un negocio que depende de factores muy cambiantes. Todo se redefine de un día para otro, como las calles de Dark City.

En segundo lugar, uno acaba perdiendo la perspectiva sobre qué puede considerarse útil y qué no. Lo que resulta de utilidad para una persona concreta puede resultar inútil – o incluso contraproducente – para otra.

¿Estamos obsesionados con la utilidad?

Me entristece esa tendencia a buscar recetas fáciles. Estamos a un paso de buscar el sentido de nuestra vida en Google…

… y puede que estemos a medio paso de encontrarlo en Google.

Una de las cosmovisiones más recurrentes a la hora de construir historias es “el viaje del héroe”, y me atrevería afirmar que la esencia de ese viaje podría resumirse en:

No te lo puede contar nadie. Tienes que vivirlo en primera persona, tienes que interiorizarlo, tienes que echarle cojones, tienes que cometer errores“.

He omitido a posta las palabras “zona de confort”. Hoy no vienen al caso. Y además las odio.

Como decía uno de mis profesores de realización: “Te pueden explicar mil veces en qué consiste un salto de eje, pero hasta que no cometes uno, no sientes en tus propias carnes el horror que eso implica”.

Y a pesar de todo, me he propuesto recopilar 20 consejos de mi puño y letra con vocación de ser útiles. Eso no significa que lo sean. Caerán de forma distinta según el cerebro – o las tripas – donde aterricen.

Son consejos endebles. No pretenden sentar cátedra. Si están formulados de manera lapidaria es porque he intentado redactarlos de manera concisa.

No lo he conseguido.

(y ahora empiezan los 20 consejos)

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– Escribe las primeras versiones como si fueses un genio y escucha las primeras críticas como si fueses un aprendiz.

– Cuando vayas a cerrar un acuerdo para escribir un guión, procura que quede bien definido el número de versiones que te comprometes a entregar. A partir del segundo o tercer borrador, asegúrate de que te paguen aparte cada reescritura extra. No hay nada peor que un cliente con tarifa plana. Te pide cambios por el simple placer de pedirlos. Es comprensible: Cuando yo voy a un buffet me lleno el plato hasta arriba con comidas absurdas que ni siquiera me apetecen.

– ¿Estás atascado con tu guión? Define en tu cabeza – de manera concreta – ese problema que no sabes solucionar… y deja de pensar en ello durante un tiempo: el que te puedas permitir (unas horas, unos días, unas semanas) vete a dar un paseo, ponte a ver una peli, queda con otra gente… Cuando vuelvas a la pizarra o al teclado es muy probable que la solución aparezca de improviso. Tu conciencia puede estar de vacaciones, pero el inconsciente seguirá trabajando.

– No te obsesiones con innovar. La mayoría de las veces se innova casi sin querer. Dedícate a vivir con la actitud adecuada y a plantearte tu visión del mundo. A lo mejor así, con suerte, te conviertes en la clase de persona que innova sin querer.

– Incluye un midpoint en tu largometraje. Entre otras razones, porque dividir tu segundo acto en dos mitades lo hace psicológicamente más abarcable. Así se deconstruye la pereza.

– Si te gusta el alcohol y te apetece encarnar el arquetipo del artista bohemio, bebe para pescar ideas, pero no para “materializarlas”. A la hora de teclear suele ser más “útil” café o té. Yo soy de té.

– A la hora de arrancar con un guión, el paso más difícil es abrir el procesador de texto. Parece una chorrada, pero hay un factor de barrera psicológica ahí. Deja abierto el word/finaldraft/celtx, escribe el título, garrapatea el encabezado de la secuencia 1… Aumentarán las probabilidades de que, en ese partido de pin-pong que juegas lanzando tu mente de Facebook a Twitter, de Twitter a Facebook… acabes escribiendo las dos primeras frases de tu guión por inercia, casi sin darte cuenta. Y son quizá las dos frases más jodidas de escribir.

– Alíate con un director. Haced tándem. Apostad fuerte de cara al futuro. Pero todo tiene un límite. Según mi experiencia, la mayor parte de los directores se cansan enseguida de mover el primer guión que les escribes: Lo “aparcan” y te tientan para que les escribas un segundo largo “que tendrá más posibilidades de petarlo”. Y tú acabarás escribiéndoles ese segundo largo, claro… pero si ves que el director en cuestión aparca también el segundo, no te dejes tentar para un tercero. Pon tierra de por medio.

– No sólo de tele y cine vive el guionista. Cada vez hay más trabajo en formatos alternativos: Internet, videojuegos, realidad virtual, o en ámbitos que ni siquiera se nos ocurren a priori. Conozco a guionistas que se sacan un dinero diseñando juegos de mesa o de rol. Llevamos ya un buen rato en el siglo XXI. Conviven cyborgs con hipsters. Abre tu mente.

– Cada vez que alguien proclame una ley “sagrada” de la escritura de guiones, busca la excepción. Busca una peli que te guste y que no cumpla esa ley.

– Todo guionista debería dirigir, como mínimo, un par de cortos. Cuando conoces de primera mano los problemas a los que se enfrenta en el set un director, un esclavo de producción, un maquillador, un director de fotografía, uno de arte… te nace escribir facilitándoles el trabajo en la medida de lo posible… y mejor todavía: Tendrás una idea más precisa de cuántos euros/dólares costará rodar el material que escribes.

– Si te dicen que “ahora las cadenas están buscando equis tipo de serie“, no escribas esa serie… a menos que seas MUY rapido escribiendo, y seas MUY bueno escribiendo rápido. Si ese cotilleo ha llegado a ti, habrá llegado también a otras mil personas. Y, casualmente, veinte de esas mil ya tendrán una serie que se adapta como un guante a lo que se pide, lista para enseñar.

– En vez de eso, estudia qué series triunfaban en USA hace un año. Las cadenas españolas suelen tardar poco más de un año en solicitar la “versión barata” de lo que triunfa fuera. Antes tardaban dos o tres años. Ahora sólo uno…

– … a menos que quieras hacer Doctor Who. En España tardan unos 50 años en asumir que el público está preparado para un Doctor Who. Esto con Chicho no pasaba.

– Cuidado con los productores que te invitan a comer de manera ostentosa. En muchas ocasiones, luego no les queda dinero para llevar la película a buen puerto (o para pagar tu trabajo)

– No te nutras sólo de productos audiovisuales. Lee libros. Lee poesía. Escucha música. Juega a juegos. Conoce a gente que no es como tú.

– Afíliate a ALMA en cuanto te lo puedas permitir. Cuando existan más guionistas dentro del sindicato que fuera de él, tendremos más peso para negociar condiciones sensatas.

– Aprende inglés.

– Si lees este post con cinco años de retraso… aprende chino.

– Cuando te queden pocas páginas para terminar tu guión… tómatelo con calma. No te dejes llevar por las prisas. Aplaza esas páginas restantes para el día siguiente si es necesario. La mitad de los guiones adolecen de terceros actos descuidados a causa del ansia. Da igual si estás en la primera versión o en la novena: Cuando ves el final tan cerca, te vuelves impulsivo. La única palabra que te apetece escribir es la palabra “FIN”.


PETER FLEMING: ¿EL CAMINO PARA UN MEJOR EQUILIBRIO ENTRE TRABAJO Y VIDA PRIVADA? LOS SINDICATOS, NO LA AUTOAYUDA.

5 diciembre, 2016

Peter Fleming es profesor de la Cass Business School, y ha ocupado cargos en la Universidad de Cambridge y en el Queen Mary University of London.

Este interesantísimo e ilustrativo artículo, publicado por él originalmente en The Guardian, nos habla de la importancia que tienen los sindicatos en un momento en el que jornadas laborales son cada vez más largas y despiadadas. Como bien reza el título del artículo, si quieres perseguir un equilibrio entre vida privada y trabajo la solución no son los libros de autoayuda, son los sindicatos.


¿El camino para un mejor equilibrio entre trabajo y vida privada? Los sindicatos, no la autoayuda.

Título original:  The way to a better work-life balance? Unions, not self-help.

Texto original de Peter Fleming. Traducción de Nico Frasquet. 

Bienvenido al mundo del capitalismo 24/7, donde algunas personas incluso trabajan mientras duermen. ¿Por qué somos tan sumamente adictos al trabajo y qué podemos hacer al respecto?

En un relato fascinante sobre la adicción al trabajo, Melissa Gregg nos habla de Miranda, gerente de precios de una empresa de telecomunicaciones.

Miranda tiene un grave accidente de moto. Cuando su marido llega al hospital, ella apenas es consciente y solo es capaz de articular en susurros algunas palabras. Lamentablemente no es a sus hijos a quien van dirigidas. Y es que lo primero que Miranda quiere es llamar a la oficina porque probablemente mañana no pueda hacer la presentación que debía hacer; aunque si le mandan un portátil a la sala de emergencias verá que puede hacer para salvar la situación. Esta anécdota puede parecer inquietante, pero no es tan sorprendente.

El exceso de trabajo se ha convertido en una epidemia en el mundo occidental; Las autoridades sanitarias lo sitúan al mismo nivel que fumar cigarrillos en lo referente al daño que causa a la salud. Y el daño que ocasiona en la vida social puede ser igual de malo. ¿Qué podemos hacer al respecto?

Es importante darse cuenta que el problema de no saber compaginar el trabajo con la vida privada no es nuevo. Cuando trabajo y vida privada se separaron durante la revolución industrial, la primera lucha de los trabajadores fue reducir la duración de la jornada laboral, porque estar durante 17 horas al día, seis días a la semana dentro de una fábrica no era tener vida en absoluto. Y es que, de acuerdo con Karl Marx, la batalla sobre cuando uno entra a trabajar (o no) vendría a definir el sistema capitalista, y no estaba equivocado.

Actualmente están emergiendo ciertas tendencias que están comenzando a extender nuevamente, y de manera extraoficial, la jornada laboral. Ahora, a menudo, resulta imposible distinguir el trabajo del no-trabajo. Por ejemplo, pasar el domingo por la noche preparándonos para la jornada del lunes. ¿Eso es trabajo? Pues más o menos, pero eso no está remunerado y no hay jefes alrededor. Entonces quién sabe…

Con esta ambigüedad comprobamos cómo surge el capitalismo 24/7, en donde la gente trabaja hasta en sueños. Y no me refiero a simplemente soñar sobre trabajo, sino directamente intentando comprender códigos y algoritmos mientras duermen.

A menudo pensamos que todo el mundo trabaja tanto porque necesita el dinero. Esto puede ser correcto en cierta manera, dado cómo los ingresos se han estancado y el coste de vida se ha disparado en gran parte del mundo occidental. Pero otros cambios también han ayudado a esta progresiva colonización de la vida privada por parte de nuestros trabajos.

En primer lugar, hay que señalar que no todo el mundo trabaja, ya que en muchos países hay un alto nivel de desempleo. Lo que parece haber ocurrido es que los trabajos están distribuidos de manera muy desigual, lo cual se traduce en menos gente realizando más trabajo. Y aquellos atrapados en este inevitable cuello de botella están empezando a sentir los estragos.

En segundo lugar, la tecnología juega un papel fundamental dado que siempre estamos conectados – a veces, de manera obsesiva, incluso comprobamos el correo electrónico cuando ni siquiera es necesario. Algunos estudios han calculado las horas extras no pagadas para acabar descubriendo que los empleados pasan más tiempo trabajando en casa que tiempo disfrutando de sus vacaciones a lo largo del año.

En tercer lugar, la tendencia popular de reclasificar a las personas como trabajadores autónomos y contratistas fomenta el exceso de trabajo, porque sólo se les paga por las horas dedicadas de forma directa. Debido a que estos sueldos suelen ser inferiores a los de un puesto de trabajo normal (objetivo principal de la reclasificación), al final las personas se encuentran trabajando sin parar para poder llegar a fin de mes. Este sistema flexible de empleo al principio se nos vendió como el camino hacia un mayor tiempo libre y una mayor autonomía; básicamente, todos nos íbamos a convertir en emprendedores adinerados como Richard Branson. Pero, en realidad, ha acabado siendo una broma macabra.

Y, en cuarto lugar, nuestra sociedad está atrapada por una penetrante ideología del trabajo. Somos sermoneados continuamente con que el trabajo es la cumbre de la virtud humana. Si no estás haciendo esfuerzos sobrehumanos en la oficina, es que tienes un problema. Y no se te ocurra mencionar la palabra “desempleo” … ¡Esa palabra está prohibida!

La faceta más preocupante de esta ideología del trabajo es esta: estamos obligados a trabajar aun cuando ni siquiera es necesario en términos concretos y económicos. Parecer súper ocupados se convierte más en cumplir una expectativa social que en hacer algo útil, lo cual puede desembocar en problemas mayores.

Irónicamente, las personas que son alentadas a verse como si siempre estuviesen haciendo algo se acaban convirtiendo en las menos productivas. Investigaciones recientes han demostrado de manera convincente que el descanso y las jornadas de trabajo más cortas nos permiten hacer el trabajo mucho más rápido y de manera más inteligente en comparación con las crueles e innecesarias jornadas maratonianas que se han convertido en la norma.

Por todo esto, algunos trabajadores fingen que están trabajando todas esas largas horas porque de otra forma sería imposible lograrlo. En este sentido, un estudio estadounidense probó que algunos trabajadores hasta llegaron a idear formas muy ingeniosas para dar la sensación de que conseguían hacer un total de 80 horas semanales.

Claro, este camuflaje corporativo les permitió recoger a sus hijos del fútbol e incluso almorzar. Pero tal vez también ayudó a que el trabajo se realizara con éxito y a tiempo. Aquí vemos que la productividad (realizar una tarea bien) y la cultura del trabajo (trabajar hasta altas horas) no siempre van de la mano.

La mayoría de los contratadores se dan cuenta de que algo no funciona, pero la ideología del trabajo parece más fuerte que nunca. Algunas personas incluso se han autoconvencido de que adoran estar casados con su trabajo, lo que los investigadores etiquetan como “entusiastas adictos al trabajo”. Es muy difícil razonar con ellos, porque ni siquiera pueden pensar en vacaciones sin tener un ataque de pánico.

El problema con muchos de los consejos para equilibrar la vida y el trabajo es que han acabado mezclados con el concepto de autoayuda, movimiento que hace que todo se centre en el individuo. Proponen que si quieres reavivar tu bienestar y descubrir tu potencial interior, debes tomar el control de tus acciones, encontrar un trabajo que se adapte a tu temperamento, establecer fronteras firmes entre trabajo y ocio y aprender a decir que no.

Al final, esto acaba dando una imagen bastante poco realista de la mayoría de los trabajos, y si se toman en serio estos consejos lo más probable es que acabe llevando directo al paro. En otras palabras, los gurús del equilibrio entre vida laboral y vida privada asumen que todo el mundo es un creativo de mediana edad, que vive en Londres con una fortuna familiar de la que poder disponer en caso de urgencia, y que está firmemente en su derecho de decirle al jefe “¡Oye, no me molestes!”. Ya, claro…

El truco está en entender el ritual del exceso de trabajo como una presión social, no como un problema individual. Y gran parte de esta presión proviene de la falta de poder de la fuerza laboral que se ha producido en los últimos 20 años. La inseguridad –  real o imaginada – hace más probable que la gente sacrifique todo por su trabajo. Es por eso que lidiar con la obsesión por el trabajo como individuo es absurdo, tenemos que apoyarnos en grupo para expresar estas preocupaciones si se va a forjar una política y una legislación progresistas. De lo contrario, poco va a cambiar.

¿Quieres un mejor equilibrio entre trabajo y vida privada? ¡Únete a un sindicato! O mejor aún, créate el tuyo propio. Pero evita la sección de autoayuda de la librería del aeropuerto, pues intenta fingir que la ideología del trabajo puede domarse con la voluntad individual; pero no, no puede.


La versión original del artículo la podéis encontrar en este enlace: https://www.theguardian.com/careers/2016/oct/11/way-to-better-work-life-balance-unions-not-self-help


MÉXICO D.F. AHORA SE ESCRIBE C.D.M.X: ENTREVISTA A PABLO ARAMENDI

2 diciembre, 2016

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea. Fotografías de Caridad Riol.

Si hay una palabra que puede definir el panorama audiovisual actual en México, esa es cambio. A la apertura del mercado también se le suma la búsqueda de nuevos géneros e historias que contar, tanto en televisión como en cine, si bien ambos modelos todavía tienen elementos que los distinguen entre sí. Además, y pese a compartir lengua, el mercado mexicano presenta diferencias sustanciales respecto al español. Sobre todo ello pudimos hablar en profundidad con Pablo Aramendi, guionista español que ya lleva tiempo viviendo en México.

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Vamos a empezar a lo grande, con una pregunta fácil de formular pero difícil de contestar. ¿Cuáles crees que son las diferencias más notables entre el mercado mexicano y el español por lo que respecta a la forma en la que se escribe?

Buena pregunta, (ríe). Para mí la principal diferencia, si hablamos de la televisión y teniendo en cuenta que es la opinión de alguien que lleva aquí dos años, es que el mercado mexicano se ha basado muchísimo en la novela y en la teleserie, un formato que es muy largo y muy ajeno para nosotros. Se escribe mucho, y se escribe mucho más rápido. Para que os hagáis una idea de lo diferente que es aquí, están tan poco acostumbrados a hacer series de 13 episodios que muchas veces se encargan las temporadas de dos en dos o de tres en tres. Y la emisión también sigue ese esquema, a veces las series se emiten de lunes a jueves, casi diario, como si fueran telenovela. Por lo tanto, el tipo de historias también cambian. Necesitas más personajes, conflictos más fuertes y arquetípicos. Diría que en eso se basa el mercado mexicano, porque es lo que mejor ha vendido. Aún así, las series mexicanas, a mi parecer, no se han vendido bien fuera. Siento que no han viajado tanto como han viajado por ejemplo las españolas. Por ejemplo, algunas de las series que he escrito en España las he visto aquí en televisión. O sin ir más lejos, el Netflix mexicano me recomendaba series que había escrito yo, y ponía mis capítulos para ver si eso me da derechos de autor algún día (ríe). Pero volviendo a la pregunta, diría que sí, que se ha basado sobre todo en la teleserie y en la telenovela, que no han tenido tanto éxito como algunas españolas de prime time.

Por otro lado, aquí no entienden eso de los setenta minutos por episodio que tenemos nosotros. Son más cortas. Y la programación también es distinta, puesto que el horario es mucho más norteamericano y el prime time es antes que el nuestro. Por lo que respecta a los géneros, siento que se tira mucho más hacia el drama, que es la tendencia, por más que México sea un país con mucho sentido del humor la comedia se trabaja menos.

¿Crees que estas diferencias se deben a distintas exigencias por parte de las productoras, o a diferentes gustos por parte del público?

Esa es la misma pregunta que te van a hacer en España. Si le preguntas a cualquier guionista español seguro que te dice que el público está más preparado y que los productores y las cadenas son conservadoras. Pues aquí un guionista mexicano te va a decir lo mismo. Yo creo que probablemente el punto intermedio esté entre el mundo del guionista y el del productor.

Eso sí, hay que tener en cuenta que este es un mercado mucho más grande. Ten en cuenta que ahora mismo hay 110 millones de personas en México, por lo que creo que sí que debería haber hueco para más cosas. Aún así, sí que siento que es más difícil para las cadenas de televisión en México recuperar a los espectadores que han perdido por plataformas como Netflix o HBO, que aquí puedes contratarlo a diferencia de lo que ocurre en España. Eso implica que tienes mucha más variedad, puesto que puedes tener acceso casi a toda la oferta que hay en Estados Unidos, y creo que toda la gente que no busca su oferta en televisión difícilmente volverá a ella. Aunque tampoco sé si lo que se pretende es recuperar esa audiencia perdida.

ACTUALIZACIÓN: Si bien cuando estuvimos con Pablo hace dos semanas no era posible, a día de hoy ya se puede contratar HBO en España.

Quizá se trata de fidelidad el público que ya tienen escribiendo aquello que saben que le gusta a cierto público.

Sí, lo que pasa es que por un lado siguen perdiendo gente, sobre todo entre el target más joven, pero todavía siguen teniendo mucha fuerza. El último capítulo de la serie de Juan Gabriel lo vieron 17 millones de personas, que son un huevo de personas. Una Coca Cola vale lo mismo en España que en México. Pues imagina la cantidad de dinero de más si te están viendo 17 millones de personas.

Sí que es cierto que hay cosas que están cambiando. Por ejemplo, Tv Azteca tuvo que cambiar muchas cosas de su estructura y con ello paralizó los contenidos de ficción que tenía. Ahora lo están reactivando, están buscando su propio camino. O Televisa, que ahora está lanzando su propia plataforma y lanzando con ello multitud de series al mercado. Han salido unos datos que dicen que Televisa ha bajado sus beneficios en un 84% en los 9 meses que llevamos de año. Eso es cierto, pero también lo es que han vendido un 6% más de contenido. Hay que ver, quizá, qué es lo que les está fallando en ese modelo de negocio, porque quizá no es el contenido. Pero sí, ahora se está apostando mucho en México por hacer series.

¿Y con esta apertura de mercado se demandan nuevos tipos de series?

Va a ser lento, porque están buscando el tipo de público que se ha alejado de la televisión, pero la oferta va a tener que ser más variada sin duda. Esa es la apuesta, abrir la oferta y ver qué les funciona y qué no. Yo creo que no tienen una idea clara de qué es lo que están buscando, porque están comprobando, como digo, qué funciona y qué no. Es un poco como si pones Netflix en tu casa ahora. Están produciendo 20 series al año, y ahí dentro hay algunas que son para viejas, otras que son para jóvenes, otras para señoras, hay series históricas, y series que hacen directamente para el mercado afroamericano de Estados Unidos. Por tanto, yo creo que la idea de todas estas plataformas es tener a todo el público contento con su oferta. No creo que vayan a un público específico, que es lo que pasaba antes con la televisión. Antes, si tenías una única bala programada a cierta hora, lo que intentas es lo que ocurre con Juan Gabriel, que quieres que te vean 17 millones de personas. Pero si lo que vas a hacer ahora es encender Blim [la plataforma de Netflix] y tener 12 series, lo que quieres es que todas se diferencien entre sí para que le puedan gustar a alguien. O esa es mi interpretación.

A parte de las diferencias, ¿también ves similitudes en la forma de escribir?

Hay algunas cosas que sí que se comparten, no tanto por el idioma sino porque culturalmente estamos cerca en algunas cosas. Tendemos a enfatizar las emociones, a querer mucho a las madres en televisión (ríe). Ese tipo de cosas sí que son básicas y fundamentales, y no sé, seguro que tienen que ver con la religión católica. Hay parecidos por lo que respecta al respeto a la familia, que sí que está muy presente.

Aunque, volvemos a las diferencias, hay muchas cosas que no tienen que ver, porque aquí todo es más dramático y más intenso. Digamos que también España es una sociedad más acomodada que la mexicana, que es mucho más convulsa, por lo que las historias aquí también te piden más intensidad, porque lo que vive la gente es más intenso. Aquí cuando intentas hacer algo más diluido…

La televisión aquí está muy pegada a la realidad, por tanto.

Puede ser, y es verdad que luego también hay comedia y sentido del humor, pero siento que lo que es divertido en México no es lo que yo veo en la sociedad. No es ese tipo de comedia. La comedia aquí necesitaría evolucionar bastante. O al menos, para que me gustara a mí, puesto que todo es una percepción personal.

¿Cómo crees que podría darse esa evolución?

Es una pregunta difícil. La verdad, creo que no sé tanto como para poder dar una respuesta respetable.

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Cartel promocional de la película.

Si hablamos ahora de cine, ¿cuáles crees que son las diferencias que puedes ver a la hora de escribir para España –recientemente se estrenó en España The Night Watchman. La minadonde participaste en el guión– y para México?

Diría que hay una diferencia marcada en algo que también pasa en España, aunque cada vez menos. En España el que hacía cine se sentía cien veces mejor que el que hacía televisión. Creo que esa diferencia se ha estrechado, pero aquí todavía se mantiene un poco esa diferencia. Siento que la gente se siente muy jerarquizada en función del proyecto en el que esté trabajando.

Y luego aquí el cine tiene dos cosas. Tenemos el cine ultracomercial por un lado y el ultrafestivalero por el otro. Siento que hay pocos proyectos que estén en el medio. A mi parecer, el muy comercial está muy alejado de lo que me interesa, y en el festivalero, aunque encuentro cosas que me gustan más, lo siento un poco falso aquí, la verdad. El cine de autor, siempre hablando desde una perspectiva de extranjero, siento que es un cine de autor pensado para que le guste a un francés, pero no para que represente a un mexicano, y creo que hay mucha distancia entre el espectador mexicano y el cine de autor mexicano. Me parece que está más pensado para que te lleven a Cannes que más que para reflejar una realidad de aquí. Que muchas veces sí que tratan temas que son parte de la realidad mexicana, pero la forma de hacerlo creo que no es tan veraz, sino que es lo que queremos ver en Europa.

No sé si te refieres un poco a que el cine de autor aquí tiende a dar una perspectiva europeísta de lo que nosotros pensamos que es México.

Sí, también, pero sobre todo me refiero a que a veces ves películas mexicanas de autor donde la gente no habla como los mexicanos que te cruzas por la calle, donde los silencios son excesivos en un país que al menos para mí está lleno de ruido constantemente. Cuando un mexicano imita a un español, y lo sobreactúa, exagera la forma en la que hablamos, pero nos retratan como muy formales, y yo siento que aquí utilizan muchas más palabras que las que yo utilizaría para decir lo mismo, y sin embargo en las películas hay mucha tendencia a frase corta y mirada larga.

Luego, claro está, hay películas de autor donde también se pueden ver mexicanos, donde te los crees, como Y tu mamá también Temporada de Patospero hay muchas otras donde en el fondo lo que se hace es imitar la filmografía de países nórdicos con gente de aquí y con relaciones que no son las de aquí incluso. Siento a veces que los guionistas y directores mexicanos, como existe el rechazo desde la intelectualidad a todo lo que huela a telenovela, se desdramatiza y se limpia todo en exceso. Y para mí, después de eso, se pierde todo lo autóctono.

Digamos que queda un cine social casi prefabricado.

Sí, y no solo social, porque puede ser también de pareja, pero con esto quiero decir que si un matrimonio sueco descubren que se están siendo infieles el uno al otro quizá ni se lo dicen a la cara, o se lo dicen de una manera tranquila, pueden esperar dos semanas para decírselo, pero por lo general si aquí se descubre que se están siendo infieles los unos a los otros la discusión se empieza y se acaba esa misma noche. No son cosas que por lo general (no quiero generalizar) que aquí uno se vaya a guardar, o se vaya a eternizar como puede ocurrir en otros países, y siento que se imitan esos modelos cuando no son propios de la sociedad mexicana.

Quizá, a modo de conclusión, podríamos decir que lo que se está intentando (o lo que se debería intentar) es explotar más lo autóctono sin caer en clichés ni desdramatizar.

Podría ser. A ver, es verdad que es una exigencia un poco carona la mía. Es muy difícil encontrar un director que sea capaz de retratar la vida y las cosas como son, pero ni aquí ni en ningún lado. Hay que tener mucho talento para ello. Cuando digo todo esto no lo digo por condenar, sino que yo veo las cosas y reflexiono sobre si el proyecto acabado es realmente lo que está viendo su director. Muchas veces se me hace lejano.

Sería un poco hablar de lo que se conoce con tal de poder plasmar la visión sobre ello. 

Efectivamente.

¿Y ese alejamiento también está presente en el cine muy comercial?

Sí, pero yo creo que eso es algo que pasa en todos los cines del mundo. Lo comercial es comercial, y el modelo es el americano. Las películas que se hacen comerciales en España, por ejemplo, también siento en ocasiones que son productos que ya conozco de antes. Aunque bueno, eso ya depende de los gustos de cada uno.

Y por otro lado, también creo que es muy complicado conseguir hacer algo intermedio. Conozco a gente que ha intentado hacer películas de autor pero que a su vez sean accesibles y luego tampoco encuentran público. Y si en España la distribución ya es salvaje, aquí lo es mucho más, porque está duopolizada por Cinemax y Cinépolis, y hay muy pocos sitios donde se puedan ver películas fuera de ese duopolio. Por otro lado, hay películas que se pueden estrenar en la Ciudad de México este mes, pero que a ciudades más pequeñas pueden llegar en marzo. Y todo el esfuerzo publicitario que has hecho lo has hecho en este momento. ¿Cuánto queda de todo este esfuerzo de aquí a que la estrenen en otra ciudad? Muy poco. Y eso es un problema para este tipo de películas.

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Para acabar, ¿laboralmente qué te aporta este país que no te aporte España?

Ahora hay muchas opciones. También los proyectos en los que estoy, me gusten más o menos, son cosas que seguro que no estaría haciendo ahora en España. Hablo con mis amigos españoles y el 90% están haciendo cosas que ya hemos hecho, ellos y yo. Estaría haciendo series distintas pero muy parecidas. En cambio, las que estoy haciendo aquí, algunas mejores, algunas peores, son distintas, y eso me divierte. Me divierte, y es un desafío. Para mí eso es divertido. No sé cuánto me da a durar, supongo que llegará un momento que me deje de divertir si a partir de escribirlas no soy espectador de las series que escribo, pero de momento escribiendo aquí estoy muy cómodo y contento.

* Actualmente Pablo está dialogando una telenovela para Univisión, La doble vida de Estela Carrillo. Pronto podrá contar qué pasó con el proyecto Todo mal que hizo con Curro Serrano (de lo que ya empezó a contar en bloguionistas) y que se terminó de grabar en Los Ángeles en septiembre. Además, está preparando otros proyectos de serie que, como él dice, “avanzan dos pasos y retroceden uno” y escribe un guión de cine con Luis Gamboa que todo apunta a que se filmará el año que viene. Por si fuera poco está explorando nuevos territorios y escribe guiones para vídeos en 360º y de realidad virtual. Cuando no es guionista y, en sus propias palabras, “se aburre”, descarga diccionarios sonorenses de internet y ve vídeos en youtube de “buchonas” (novias de narcos) para aprender el idiolecto y que no le despidan.


NO TODO ES FICCIÓN: ENTREVISTA A ENRIQUE IZNAOLA

1 diciembre, 2016

Entrevista y fotografías de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea

En la SEMINCI 2016, entrevistamos para nuestra sección sobre guión de documental a Enrique Iznaola, quien presentó Miguel Picazo, un cineasta extramuros en Valladolid. La cinta, que se estrena el 1 de diciembre en salas, es una retrospectiva sobre la obra del director y guionista jiennense, autor de películas tan importantes como La tía Tula o Extramuros.

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¿Qué fue lo que te motivó a querer acercarte a la figura de Miguel Picazo?

Todo surge a raíz de la relación personal que yo tenía con Miguel, ya que éramos grandes amigos. En el año 2004, por le 40º aniversario de La tía Tula, yo organicé un homenaje a Miguel en la diputación de Jaén de la que surgió una línea editorial dirigida por mí mismo sobre su obra al completo, con incluso guiones inéditos hasta la fecha. También decidimos crear el Premio Miguel Picazo y poner en marcha algunas exposiciones sobre su papel en el cine español. Por todo eso, y cuando Miguel aún estaba vivo y tenía la cabeza muy bien, me pareció interesante la idea de poder transmitir su legado a la gente, para que conociese más sobre su personalidad y para responder a una pregunta clara: ¿Por qué después de una obra como La tía Tula, que supuso un hito dentro del cine español de su época y que todavía tiene su relevancia, solo hizo otras cuatro películas?

Al trabajar divulgando su obra y mantener con él una relación de amistad, el proceso de documentación debió ser curioso.

Claro. Fue un proceso de documentación diferente porque yo ya conocía tanto su personalidad como su obra. De hecho, yo soy depositario del legado de Miguel Picazo, lo que sumado a toda la investigación que ya había hecho para las publicaciones escritas y a que compartíamos bastantes amistades, me permitió dedicar este esfuerzo más a la organización que al descubrimiento. Sabíamos lo que queríamos contar y con quién queríamos contarlo.

Además, tuvimos la suerte de poder entrevistar al propio Miguel, que aunque murió durante el proceso de creación del documental, sí participó mientras pudo. Era un apasionado del cine y quería volver en cierto modo a las cámaras, y cómo no podía estar ya detrás se conformó con ponerse delante, algo a lo que estaba acostumbrado por su faceta de actor en películas como Tesis de Alejandro Amenábar o El espíritu de la colmena de Víctor Erice.

Aun habiendo hecho solo cinco películas, la obra de Picazo es bastante extensa en contenido. ¿Cómo decidisteis estructurar toda esa información y entrevistas?

Con respecto al diseño del documental, comenzamos con las entrevistas y a raíz de ahí buscamos generar una ficción en la que Miguel se encontraba con una joven que descubre su obra, pero no pudimos hacer todo lo deseado a causa del fallecimiento de Miguel. Tuvimos que utilizar más ese plan B que nos brindaban las entrevistas ya hechas con él, que desgraciadamente ganaron peso a causa de este triste suceso.

¿Cuáles fueron los criterios para la combinación de esa ficción con la realidad de los testimonios de los entrevistados?

Intentábamos combinar ambas cosas para generar un contenido lo más digerible posible, ya que igual que ocurría con Miguel, la media de edad de los entrevistados era bastante alta -hablamos de una generación de personas con ochenta y tantos años-, por lo que decidimos introducir al personaje de Ana, una joven ficticia de la actualidad que descubre la obra de Picazo a raíz de un pase de La tía Tula en un cine de verano. Fue nuestra apuesta para intentar hacer el contenido más cercano a la gente un poco más joven o menos conocedora de la obra de Miguel.

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Cartel promocional del documental

¿Y cómo se tradujo esto en guión? Nos referimos a esa combinación de lo que ya sabías por la documentación y tus experiencias con Miguel y la trama ficticia de Ana.

Nosotros partimos de un guión base, que consistía en los posibles elementos de ficción que se nos habían ocurrido para contar la historia en base a lo que sabíamos que nos encontraríamos durante las entrevistas, sobre todo en términos de espacio. Buscábamos que cada localización ayudase a su vez a contar la historia. Hemos grabado en Televisión Española, en la sede del Ministerio de Cultura, en la Academia de las Ciencias y las Artes cinematográficas. Y todo con ese objetivo, que cada espacio estuviese vinculado con la temática de cada bloque del documental.

Por otro lado, ese guión también contenía indicaciones dramáticas con su planificación y desarrollo, algo que nos podíamos permitir al no tratarse de un documental de descubrimiento de un fenómeno, sino de una retrospectiva sobre la obra de un cineasta. Las entrevistas, lógicamente, sí tenían un componente de improvisación algo mayor, pero también venían preconcebidas por la fase de documentación. Lógicamente, el hecho de conocer a la mayoría de los entrevistados nos permitía ir un poco más sobre seguro, aunque no quita que hiciésemos entrevistas previas para poder seleccionar los puntos interesantes del mejor modo posible, sobre todo entre la gente que conocíamos menos. Luego, tanto durante las entrevistas como en la fase de montaje, hubo gente que se acabó quedando fuera de ese proceso porque no queríamos ser repetitivos en cuanto al contenido o andarnos demasiado por las ramas.

Es lógico pensar que al ser una retrospectiva, esas decisiones de guión se hicieron en base a criterios cronológicos. ¿Es así?

Sí, al menos en parte. La cinta da comienzo precisamente con esa ficción, cuando Ana descubre La tía Tula en un cine de verano y a partir de ahí retrazamos la historia de Miguel. De igual modo, también hemos hecho una división temática para una mejor explicación de las diferentes facetas de Picazo en el mundo del cine, como la de actor en películas como Tesis. Dicho esto, también jugamos a retroceder o a avanzar en el tiempo en momentos puntuales y de cara a la comprensión del espectador.

¿Se os ocurrió directamente esta estructura o fue algo que tuvisteis que reflexionar antes de poneros a rodar?

Bueno. Fue una cosa que salió de entre varias ideas, que sí partían del descubrimiento de alguien ajeno de alguna de las obras de Picazo. Barajamos, por ejemplo, que alguien se familiarizase con esta al llegar a la residencia de Picazo y ver su Goya de honor. Al final nos decantamos por la opción del cine de verano porque nos pareció la más natural para el tema que buscábamos exponer con este documental, que era la importancia de la obra de Miguel.

Siguiendo esta última afirmación, ¿qué crees tú que aportó Picazo a la creación de obras cinematográficas?

Miguel Picazo fue un cineasta que, por ejemplo, apoyó mucho a Manuel López Yubero, quien escribió junto a él la adaptación de La tía Tula y algunas otras más. De igual modo, escribió junto con algunos de los más destacados autores de su época, y también del cine español. Hablamos de gente como Mario Camus, Joaquín Jordá o Paco Regueiro, y posteriormente de gente como Víctor Erice. Picazo tenía una gran formación literaria y eso puede apreciarse en la riqueza de sus guiones, tanto en las acciones y las descripciones como en el lenguaje. Son guiones que se alejan incluso de lo que él mismo luego enseñaba como docente de cinematografía.

En cuanto a los temas que trató, se interesó por algunos como la represión sexual o la lucha contra el sistema, haciendo suyos los universos de las historias, como hizo con el de La tía Tula de Unamuno, alterando la temporalidad y el entorno histórico para hablar de sus temas. Algo que también hizo al hablar de San Juan de Dios en El hombre que supo amar, donde lo trató de manera muy distinta a lo leído en las hagiografías para hablar a través de él de la lucha de un hombre contra el Sistema.

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¿Crees que la influencia de su obra todavía está presente en las nuevas generaciones de autores?

Sí. No es un autor en cierto modo universal, del que todo el mundo conozca la filmografía, pero sí tiene todavía un reconocimiento dentro de un nicho de directores y guionistas que sí han visto su obra, o que fueron alumnos suyos en la Escuela de Cinematografía. En definitiva, el documental intenta explicar por momentos cómo, tanto forma como sobre todo por las temáticas, las historias de Picazo, y es algo que reconocen cineastas como Almodóvar y otros contemporáneos, tienen su influencia en las generaciones posteriores de creadores cinematográficos. Y eso es algo que se muestra a través de las entrevistas del documental realizadas a personas tan reputadas dentro del cine español como puedan ser Carlos Saura o Imanol Uribe entre otros muchos actores, guionistas y directores.

 

 

 


GIJÓN 2016: ENTREVISTA A FLORIAN SCHNELL

30 noviembre, 2016

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea y fotografías de Diego Bernardeau

El guionista alemán Florian Schnell acudió a la 54ª edición del Festival de Cine Internacional de Gijón, donde se presentaba su último largometraje, Offline – Das Leben ist kein Bonuslevel como parte de la sección Enfants Terribles. Pudimos hablar con él sobre el proceso de escritura del guión, realizado en colaboración con Jan Cronauer.

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La película trata sobre un joven adicto a los videojuegos que es desposeído de su identidad digital por un hacker cuya identidad desconoce y debe salir al mundo real a encontrarlo. ¿Cómo surgió esta idea?

Me considero hasta cierto punto un amante de la fantasía y los juegos de rol. A ver, no soy un jugador empedernido como el protagonista de la película, pero sí comparto con él la fascinación por estos mundos imaginarios en los que te metes en la piel de un personaje y vives a través de él. De igual modo, trabajo habitualmente con niños, en workshops o en campamentos de verano, así que observo como su realidad se va volviendo cada vez más y más grande conforme se adentran en la naturaleza y comparten experiencias sociales. Quería por tanto hacer una película que aunara esos dos temas: el del enclaustramiento a veces obsesivo de los jugadores en el mundo digital y el del descubrimiento de la naturaleza durante la niñez y la adolescencia. En el mundo moderno, el equilibrio entre la cada vez mayor presencia de nuestras vidas en el contexto digital y la relación con el medio ambiente es en mi opinión muy importante, especialmente para los jóvenes.

Por un lado, sabía que corría el riesgo de posicionarme en contra del mundo digital, así que he tenido mucho cuidado al respecto porque no era en absoluto mi intención. Por el otro, quería que fuese una película plagada de aventuras y fantasía, una película de las que a mí me gustaría ver. He intentado mantener estas dos consignas en todo momento.

Empezaste por tanto con un tema y a partir de ahí desarrollaste el argumento concreto con el que poder contarla, ¿verdad?

En mi caso, creo que ambos procesos se entrecruzan en el tiempo. Cuando pienso en una idea, esa idea ya suele venir con un tema asociado detrás, es  decir, que el argumento moldea al tema igual que el tema moldea al argumento. Recuerdo haber llamado a mi coguionista, a Jan Cronauer, para hablarle sobre todo de la película de aventuras que pretendía llevar a cabo y que era bastante clásica en cuanto a su historia y dramaturgia, con la novedad de insertarla dentro de esta lógica narrativa de los videojuegos.

A partir de esa idea, ¿seguisteis un orden concreto en el proceso de creación? Nos referimos a las fases de sinopsis, tratamiento, escaleta y demás.

Sí. Sí que lo hicimos. Pasamos por todas las fases propias de la cadena de producción en la fase de escritura, paso a paso. Dicho esto, en el trascurso de cada fase nos dejábamos llevar sin pensar demasiado en la adecuación a estos aspectos y no era hasta después cuando realizábamos un análisis concienzudo para confirmar que todo estaba en su lugar. Me gusta seguir el mismo proceso creativo siempre, que consiste en dejar que fluya tu fantasía primero y posponer para un segundo momento la fase de criticar y analizar todo ese material surgido. Creo que favorece en gran medida la creatividad.

¿Hicisteis muchas versiones del guión?

Desde luego que sí. Escribimos bastantes porque, para este proyecto en concreto, debíamos combinar la escritura más clásica de una película más tradicional con el mundo y la narrativa de los videojuegos. Con cada reescritura, lo que intentábamos era alcanzar el mayor equilibrio posible entre estos dos conceptos para que se entendiese toda la historia, incluso si el espectador no era un consumidor asiduo de los juegos o del mundo virtual online. Y lo mismo por el otro lado, queríamos que si alguien era un verdadero gamer, también se sintiera incluido en la historia y no pensara que se trataba de una versión demasiado simplificada de un mundo que sí conoce. En total, creo que hicimos cuatro versiones del tratamiento y cinco versiones del guión dialogado.

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Cartel promocional de la película

Hablemos de ese equilibrio. ¿Cómo decides cuál es el punto correcto entre la comprensión del público general y los específico del universo de los jugadores expertos de videojuegos?

Tienes que contar la historia desde la emoción. Contándola desde el punto de vista emocional, con la historia de este adolescente que se oculta la mayoría del tiempo detrás de su personalidad online como guerrero que ya se ha ganado una reputación, puedes hacer que el espectador comprenda como esas fortalezas de su avatar son en realidad sus debilidades como personaje en su realidad cotidiana alejada de las consolas. Podrías contar la misma historia, por ejemplo, a través de un encargado de tienda que vive por y para su trabajo, pero que no sabe bien cómo relacionarse fuera de ese ámbito laboral. Si consigues transmitir al espectador la apuesta dramática del personaje, este puede empatizar con el personaje y meterse en la historia, sin importar tanto el mundo concreto que se vea reflejado.

Deducimos por lo tanto que concedes una gran importancia al desarrollo de tus personajes, para que sean específicos y a la vez susceptibles de empatía para un número mayor de público.

Para crear al personaje de Jan, el protagonista, seguí varios pasos. Empecé relacionándome yo mismo con el personaje que quería para la historia y a partir de ahí me entrevisté con bastantes personas, con vidas más o menos parecidas a la del personaje, centrándome sobre todo en sus relaciones con el mundo virtual. Luego también investigué los juegos en sí mismos, con el objetivo de comprender también ciertos aspectos de sus narrativas para incorporarlas a la trama. Tuve que fijarme también en la mecánica, puesto que en los videojuegos, se elaboran en función de este criterio, en base a lo que es posible hacer o no en el software. Una vez creado el perfil de jugador, me fui al otro lado de su personalidad. Tenía que ser algo más que un jugador estereotipado, para dotarle de la complejidad necesaria para que sus emociones tuvieran sentido y fuesen reconocibles en el espectador. De igual modo, para el personaje de Carol, una chica que conoce a raíz de verse privado de su identidad online, seguí procedimientos similares. Quería además que ese personaje aportara a nuestro protagonista, por lo que parte de su construcción se hizo en base a Jan.

Escribí mucho sobre cada uno de los personajes en base a las reflexiones que me surgieron durante las entrevistas o incluso en el mismo proceso de escritura del guión, donde todavía los personajes se estaban moldeando. Me preguntaba sobre todo por sus expectativas, o por las opiniones que tendrían sobre ciertos temas. Y también reflexionaba acerca de sus backgrounds, sobre cómo, por ejemplo, llegaron a convertirse en jugadores a tiempo completo.

El arco de transformación de los personajes es de hecho lo que guía la trama, el paso de ese estado inicial hacia un cambio de perspectivas y objetivos, cosa que ocurre tanto en Jan como en Carol.

Trabajé los arcos de transformación a partir de la estructura. Me gusta mucho toda la teoría acerca de las estructuras narrativas en la dramaturgia. Creo que es muy útil seguir en  mayor o menor medida los cánones académicos, que han funcionado desde la Antigua Grecia. Que han funcionado porque son parte de una gran verdad humana. Dicho esto, creo que deben servir de base, para después poder diferenciarlos y jugar con el objetivo de hacer cada historia lo más original y única posible. En el caso de la película, es fácil observar que hemos seguido el clásico viaje del héroe, aunque siempre con una sonrisa irónica al respecto de la misma estructura.

Ya para terminar, este ha sido tu primer guión de largometraje, después de haber escrito varios cortos. ¿Qué diferencias encuentras a la hora de escribir estos dos formatos?

Creo que mi estilo de escritura es más o menos el mismo en ambos casos. Para mí, la diferencia estriba en que en el caso del largometraje, por tratarse de una historia más larga, debes sembrar más elementos, lo que exige un mayor control y análisis de la estructura y la escaleta para que tenga sentido, para que cada elemento aparezca de forma adecuada y en el momento justo, en equilibrio con el total de la obra. También tienes que encontrar el equilibrio entre las diferentes tramas que componen una historia más larga, algo no tan habitual en el cortometraje, donde se tiende a contar una única historia.

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También es verdad que yo no he trabajado este guión en soledad. Después de escribir el tratamiento definitivo conseguí sumar al proyecto a Jan Cronauer, un estupendo escritor, lo que me ha aportado muchas cosas que quizá no hubiese conseguido sacar yo solo. Por ejemplo, la escritura de diálogos ha sido mucho más eficaz y dinámica al poder hacerla junto con un interlocutor. Y ya no sólo con los diálogos, el hecho de poder hablar y reflexionar en voz alta sobre la historia creo que ha aportado mucho a esta película en concreto.

 


GIJÓN 2016: ENTREVISTA A MANANE RODRÍGUEZ

29 noviembre, 2016

Entrevista de Àlvar López y Carlos Muñoz Gadea y fotografías de Diego Bernardeau

La cineasta uruguaya Manane Rodríguez presentó en el 54º Festival de Cine Internacional de Gijón su último largometraje, Migas de Pan, un drama basado en hechos reales sobre la represión en las cárceles femeninas durante la dictadura en Uruguay. La película, que también cuenta con producción española, forma parte de la Sección Oficial del festival y será la representante de su país para los Oscar.

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Has coescrito el guión de Migas de Pan junto a Xavier Bermúdez, con el que ya habías colaborado en anteriores proyectos. ¿Cómo nace la idea de esta historia?

Yo siempre trabajo con Xavier ya que tenemos una productora juntos. Además, él es mi compañero de vida y vivimos juntos, así que cuando hago una película suelo empezar por escribir unas primeras líneas, que voy comentando después con él, o un primer esquema…Y después, dependiendo del tipo de película pues ya vamos hablando y escribiendo las escenas, él algunas y yo otras. En este caso, puede que haya escrito yo un algunas escenas más, ya que es una historia que yo conocía de antemano, pero en todo lo que se refiere a la estructura de la película, o al ritmo, es algo que trabajamos íntegramente juntos. En realidad trabajamos juntos durante todo el proceso, porque incluso en montaje él acude a visionar las primeras versiones para dar su opinión. Es una tarea bastante común la que hacemos.

¿Cómo llegasteis entonces a esta historia? ¿Por iniciativa propia o por encargo?

Migas de pan no es una película de encargo, sino una historia que decidí crear para hablar de esas mujeres que tuvieron la mala suerte, durante la dictadura en Uruguay, de no poder escapar, cosa que yo sí pude hacer. Yo tengo muchas amigas en Uruguay que pasaron por la cárcel en esa época y por todas las veces que he hablado con ellas sé que tuvieron que hacer frente a grandes obstáculos para salir de allí, por lo que ya sabía que era una historia que me interesaba poder contar, pero en realidad el detonante del proyecto vino más tarde.Un grupo de presas salieron en la prensa denunciando que, además de haber sido torturadas -algo que muchas ya habían denunciado-, habían sido violadas sistemáticamente. Empecé a pensar entonces en que la sociedad uruguaya no las había querido oír, que no las dejó hablar ni les preguntó cómo estaban después de aquella terrible situación, sino que solo las recibió de vuelta en su seno. Seguramente, es algo qeu se hizo con la excusa de que les haría daño hablar, pero realmente más daño les hubiese hecho a ellos escuchar.

Me pareció que hacía por lo tanto falta una película que les preguntara precisamente eso. Que les preguntara cómo estaban. En la función que cumple el hijo de la protagonista, que tiene una trama un poco independiente, y que sirve precisamente para enmendar dentro de lo posible este hecho, haciendo lo que la gente no hizo, que es preguntar directamente por las consecuencias para las presas de su estancia en las cárceles. Quería contar la historia de cómo esas mujeres consiguieron sobrevivir a unas condiciones extremas, manteniendo su entereza y su dignidad. Mujeres que eran además muy jóvenes en esa época. Eso fue lo que nos hizo querer contar esa historia, aunque sabíamos que sería una película complicada.

¿Complicada en qué sentido? Imaginamos que querer hacer ficción en base a unos hechos reales y tan crudos debe haber supuesto un reto difícil, por el hecho de querer respetar una realidad que indudablemente va a ser alterada por el bien de la dramaturgia.

Efectivamente. De hecho, yo siempre traté de tener mucha precaución con la parte no realista de la historia, con la parte más melodramática, puesto que no quería que cayéramos en la cosa fácil. No quería mentir. Yo conocía un caso sobre cómo era la vida en prisión para las mujeres, pero había más. Aprendí muchas más cosas hablando con mujeres que habían estado presas, y que me contaron que eran más de las que yo creía. Y contaban historias durísimas, donde además de vivir recluidas, eran castigadas sistemáticamente por los carceleros. Imaginad una mujer que ya de por sí recibía pocas visitas de su familia y que encima era castigada justo cuando la familia sí acudía, para destrozarla psicológicamente. Allí se vivieron verdaderos momentos de desesperación.

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Cartel promocional de la película

Escogéis contar la historia en dos momentos distintos en el tiempo, entre la actualidad y ese pasado de represión durante la dictadura. Ese paralelismo, por ejemplo, refuerza el carácter negativo de la vida en la cárcel. ¿Ya teníais esa estructura pensada desde las primeras versiones de guión?

Como siempre, la estructura sufrió variaciones durante todo el proceso. Al final, esta estructura en paralelo con dos tiempos fue la resultante del progresivo aumento de contenido. Yo me entrevisté con mucha gente para esta película, así que fue a raíz de toda esa información que pudimos construir la estructura final. Ya habíamos comenzado a idearla con los conocimientos que yo tenía al respecto y no fue hasta más tarde cuando ya comenzamos a informarnos a fondo sobre todos los aspectos para dotarla de profundidad.

¿Cuál fue tu criterio para seleccionar esas entrevistas?

Me entrevisté con bastantes presas uruguayas que habían pasado por aquella terrible situación. Me entrevisté incluso con una presa argentina, que no vivió la misma situación, pero que sí atravesó momentos muy parecidos durante la dictadura de su país. En Argentina, el tema de la dictadura se ha tratado en muchas películas, pero sobre todo el del los campos de exterminio, como fue el caso de la Escuela de Mecánica de la Armada, o algunos otros, donde se vivieron situaciones atroces, pero este caso era distinto. No se pretendía exterminar a las presas, sino una cárcel de tortura, donde mujeres con unas condenas completamente ilegales eran abandonadas allí, en un campo de concentración, para que perdieran todos sus lazos con la sociedad civil. Lo que se buscaba en aquellos lugares era liquidarlas mentalmente, así que las entrevistas me permitieron reflejarlo de la manera más exacta posible en la película, donde a veces los carceleos utilizaban métodos más sutiles per igualmente dañinos, como tomar notas de las presas continuamente, haciendo que se sintiesen perpetuamente observadas sin saber con qué objetivo. Por eso a las presas no les quedó más remedio que protegerse entre ellas, también de la locura, cómo se refleja en la cinta, donde unas cuidan de las otras.

Precisamente, los secundarios de la película aportan muchos matices a la historia, que enriquecen tanto a la atmósfera como a la protagonista. ¿Cómo habéis afrontado la construcción de personajes?

La verdad es que esta ha sido una tarea bastante complicada. Tuvimos que leer, y releer, y releer para ir puliendo a todo ellos, para que aportasen a la complejidad de la película y destilaran realismo. Lo que hice en este caso fue escribir más para cada escena de lo que en realidad quería. Sabía que esas escenas nunca verían la luz al completo, pero ayudaba mucho al realismo que las conversaciones vinieran de antes y fueran hacia algún lado. Quería sobre todo que se respirase verdad, tanto para el resultado final como para el buen hacer de los actores, que podían introducirse mejor en sus personajes de esta manera. Por suerte, estas cosas son ahora factibles con el rodaje digital, que igual que tiene cosas malas también trae consigo algunas ventajas.

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Sobre lo de escribir de más, aun sabiendo que no aparecería en la película, ¿cómo decides que merece aparecer y que no lo merece?

No es nunca una cuestión de mejor o peor, sino de lo que sirve más y lo que sirve menos, de escoger lo que más te ayuda a contar tu historia. Siempre quedan cosas, pero creo que esta vez hemos conseguido que lo principal quede bien reflejado: desde la ayuda y la camaradería entre las presas hasta sus estrategias para no perder la cabeza allí dentro, manteniéndose activas…Y creo que lo hemos reflejado con la cotidianidad de la que se convirtió en su casa obligada, como cuando una de las presas lee a Marcel Proust en voz alta mientras las demás realizan sus actividades manuales. Momentos íntimos que no hubiésemos sabido reflejar de no ser por toda la fase de documentación y entrevistas con las presas que nos han servido para mostrar como todas ellas consiguieron luchar y sobrevivir, utilizando sus fuertes vínculos como arma de resistencia.

 


HABLAN LOS GUIONISTAS QUE DEMANDARON A TRUEBA

28 noviembre, 2016

Semanas antes del estreno de “La reina de España”, Carlos López y Manuel Ángel Egea, coguionistas junto con Rafael Azcona y David Trueba de “La niña de tus ojos”, han presentado una demanda contra Fernando Trueba, director de ambas películas, por posible usurpación de derechos de autor.

El pasado 25 de noviembre se estrenó “La reina de España”. Escrita y dirigida por Fernando Trueba, la película se ha presentado como la secuela de “La niña de tus ojos” (Fernando Trueba, 1998).

Poco antes del estreno, el 8 de noviembre, dos de los guionistas del film original presentaron una demanda de diligencias previas en el Juzgado de lo Mercantil de Madrid para dilucidar si Fernando Trueba habría incurrido en usurpación de derechos de autor por haber usado sin autorización unos personajes creados originalmente por Carlos López y Manuel Ángel Egea. En esta demanda, a la que ha tenido acceso Bloguionistas, López y Egea piden al juez que requiera a Fernando Trueba para que explique si “La reina de España” es efectivamente una secuela de “La niña de tus ojos”, y para que aporte la copia de exhibición de la nueva película, así como los contratos de cesión de derechos entre Trueba y sus productores. La intención de la demanda (que no denuncia, como erróneamente se la denomina en algunos medios) es aclarar si Fernando Trueba ha usado sin autorización unos personajes sobre los que no tiene los derechos.

Y es que la génesis de “La niña de tus ojos” fue más complicada de lo que se puede adivinar consultando simplemente su ficha técnica. Según figura en los créditos de la película, su guión fue escrito por Carlos López, Manuel Ángel Egea, Rafael Azcona y David Trueba. Pero en realidad, hubo más de un guión, y más de un equipo de guionistas.

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Títulos de crédito iniciales de “La niña de tus ojos”.

Según documentación a la que ha tenido acceso Bloguionistas, la redacción del guión original tiene lugar en 1990, cuando Manuel Ángel Egea aún estaba centrado en su carrera como actor y productor teatral (más tarde llegaría a ser director de comunicación de UGT y profesor universitario) y Carlos López aún distaba mucho de ser el jefe de guión de series como “El Príncipe” o “La embajada”. López y Egea escribieron por su cuenta un guión original titulado “La niña de tus ojos” que contaba la historia de una troupe de actores españoles que viajaban a la Alemania nazi para rodar una película folclórica en los míticos Estudios UFA de Berlín. Allí, el mismísimo doctor Göbbels se enamoraba de la actriz principal, dando lugar a una serie de peripecias que incluían sacar a presos de los campos de concentración para hacer de palmeros, y una disparatada huida final.

En enero de 1993, López y Egea vendieron su guión a Pedro Pérez (por aquel entonces director gerente de Cartel) y Andrés Vicente Gómez (en aquellos tiempos consejero delegado de Iberoamericana) por tres millones de pesetas. Según el contrato suscrito, al que ha tenido acceso Bloguionistas, el guión se titulaba “La niña de sus ojos” (sic). Los productores manifiestan en dicho contrato su intención de realizar “un film de largometraje” (atención: uno, no dos) “basado en la idea original” del guión de López y Egea, “sin obligación de sujetarse a la literalidad del mismo”, y dejan clara también su intención de contratar a Rafael Azcona para escribir ese nuevo guión, y a Fernando Trueba para dirigirlo.

Carlos López y Manuel Ángel Egea.

Carlos López y Manuel Ángel Egea.

En la cláusula undécima de dicho contrato queda también estipulado que los productores ostentarán en exclusiva “sin limitación alguna, todos los derechos de explotación de la obra audiovisual”. Sin embargo, López y Egea aseguran en que esa cesión no implica la autorización para realizar secuelas. Según ellos, Fernando Trueba debería haberles pedido permiso para utilizar sus personajes. Y es que en el guión original de López y Egea, al que ha tenido acceso Bloguionistas, ya aparecían la gran mayoría de los personajes que acabarían protagonizando las dos películas: el decorador gay, el galán, la actriz protagonista con su séquito, el director de producción alemán, el intérprete…

Pero en entrevistas concedidas a diversos medios, Fernando Trueba ha afirmado, por un lado, que los derechos sobre esos personajes pertenecen al productor, y por otro, que en el guión de rodaje de la primera película no quedó “ni una palabra” del guión de López y Egea. Trueba ha llegado a afirmar que Azcona y él llevaron a cabo aquel guión “empezando de cero” y basándose “en hechos históricos”, a pesar de que el guión de rodaje mantiene los mismos personajes y la historia principal (“Jerarca nazi se enamora de cupletista española mientras ésta rueda película folclórica en los Estudios UFA”) que el guión original de López y Egea. En palabras de Carlos López, “¿en qué hecho histórico está basado que sacasen a palmeros de los campos de concentración, y que la protagonista de la película se fugase con uno de ellos?”. Episodios inventados como éste ya figuraban en el guión original, que López y Egea desarrollaron entre 1990 y 1991, dos años antes de que Fernando Trueba fuese siquiera propuesto como director. Estas fechas son fácilmente contrastables, ya que López y Egea recibieron en 1990 una subvención del Ministerio de Cultura para desarrollar dicho guión.

Aun así, en declaraciones a Europa Press, Cristina Huete, productora de ambos filmes, ha ido incluso más lejos que Trueba, acusando a López y Egea de figurar en los créditos de la primera película merced a un “chantaje”. Huete asegura asimismo que los guionistas percibieron “cantidades que no les correspondían”. Sin embargo, todas esas cantidades están claramente estipuladas en un segundo contrato que firmaron López y Egea con los productores, al que también ha tenido acceso Bloguionistas. En este contrato, fechado en octubre de 1998 (un mes antes del estreno en cine de “La niña de tus ojos”), se estipula que López y Egea aceptan “compartir a partes iguales con los Sres. David Trueba y Rafael Azcona” los derechos de autor gestionados por SGAE y otras entidades.

Según los demandantes, a los que Bloguionistas ha podido entrevistar en exclusiva, su intención nunca fue iniciar acciones judiciales contra Trueba. Cuando hace tres años vieron publicadas en prensa las primeras noticias sobre la producción de una segunda parte de “La niña de tus ojos”, López y Egea dieron por hecho que alguien de la productora les llamaría. “Sabíamos que necesitaban autorización nuestra para hacer esa película”, afirma Carlos López. Pero consideraron inapropiado tomar ellos la iniciativa. En aquellos momentos, no estaba del todo claro que “La reina de España” fuese de hecho una secuela, así que decidieron esperar. “Cuando ya vemos que la cosa va en serio y anuncian efectivamente una secuela, empezamos a revisar los contratos, también con el punto de vista humilde de pensar ‘a ver si nos estamos equivocando’”, explica López.

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A finales del pasado verano, con la secuela ya rodada y su estreno anunciado para noviembre, López y Egea aún no habían recibido ninguna llamada de la productora de Trueba. Finalmente, deciden mover ficha. En palabras de Carlos López: “Sólo queríamos llegar a un acuerdo sobre cómo figuraríamos en rótulos y en qué condiciones haríamos la autorización. Nada más”. Pero cuando el abogado de López y Egea se pone en contacto con los representantes legales de Fernando Trueba, el director se niega a hablar con ellos. La respuesta de su abogada fue tajante: “Mi cliente dice que si queréis algo, que pongáis un pleito”.

Preguntados sobre qué le habrían pedido a Trueba en esa hipotética reunión que no se llegó a producir, López y Egea afirman que “lo obvio en el mercado es: participación en el reparto de los derechos de autor, la que corresponda, la que se negocie, la lógica; y aparición en un crédito, el que se negocie, el lógico, compartido con quien haya que compartirlo”. También aseguran que los productores necesitan obtener una cesión expresa del derecho de transformación, que López y Egea podrían ceder “gratuitamente, o por una cantidad, pequeña, mediana o grande, según se llegue a un acuerdo”.

Según Manuel Ángel Egea, “si esto lo hubieran hecho de una forma legal, en el momento oportuno, nosotros hubiéramos negociado de forma razonable. Pero si se cierran en banda, y nos metemos en un pleito… pues que decida un juez”. Y añade que la afirmación de Trueba de que el derecho de transformación les corresponde a los productores “no sé de dónde la han sacado, porque la ley en ese sentido es muy clara”. En este mismo sentido se manifiestan expertos en propiedad intelectual consultados al respecto: el contrato sólo asegura a los productores los derechos de explotación de la obra audiovisual, es decir: de la primera película, pero no del guión. Al no reflejarse en el contrato una cesión expresa de los derechos de transformación de ese guión original, ni fijarse una remuneración por ese concepto como requiere la ley, no puede presumirse que dichos derechos hayan sido cedidos. Por lo tanto, al amparo de la vigente ley de propiedad intelectual, aseguran los expertos, esos derechos seguirían en poder de los guionistas originales.

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Viendo el convencimiento con que López y Egea plantean su reivindicación, cabe preguntarse por qué no pidieron al juez medidas cautelares, como por ejemplo se hizo en su día con “Manolete”. Aquella súper producción vio sus copias embargadas y su estreno prohibido por culpa de la deuda que el productor del filme (precisamente Andrés Vicente Gómez) mantenía con la empresa que construyó los decorados . Pero López y Egea ni siquiera se plantearon esa vía: “Con esas medidas podríamos perjudicar a mucha gente”, explica Manuel Ángel Egea. “Gente que ha participado de buena fe en esta película, dando por hecho que Fernando Trueba lo tenía todo en regla. Nosotros nos limitamos a intentar negociar. Y ojalá se pueda llegar a algún acuerdo antes de que esto pase a mayores”. Y añade López: “A nosotros no nos hace falta el dinero que podríamos sacar por esto. Nosotros escribimos el guión por amor al arte, no fue ningún encargo. Es por eso que veinte años después cuesta mucho cerrar los ojos y decir ‘bah, que haga lo que quiera’”.

La pregunta que queda en el aire, ahora, es ¿qué pasa con los otros dos guionistas de “La niña de tus ojos”? Ni David Trueba ni el fallecido Rafael Azcona aparecen tampoco en los créditos de “La reina de España”. ¿Se les incluirá en el reparto de los derechos de autor?

Bloguionistas ha contactado con Susan Youdelman, viuda y heredera de Rafael Azcona, para preguntarle al respecto. Aunque Youdelman prefiere no hacer declaraciones, sí ha podido confirmar que desconoce cómo será dicho reparto. Es decir: o Fernando Trueba no ha declarado aún la obra en su entidad de gestión, o lo ha hecho sin llegar a un acuerdo con Youdelman. Trueba ha manifestado públicamente que escribe sus guiones con una foto de Rafael Azcona en su escritorio, tal es la admiración que guarda por el mítico guionista. ¿Se atreverá a dejar fuera al autor que escribió para él tres de sus mayores éxitos: El año de las luces, Belle Epoque La niña de tus ojos?

Una ley no escrita de la profesión establece que el reparto estándar es como sigue: argumento 25%, guión 25%, dirección 25%, música 25%. Nadie duda de que un 50% corresponde a Fernando Trueba. La pregunta es ¿cómo se repartirá el 25% correspondiente a argumento?

Si esta incógnita se llega a despejar, podría ser clave en un hipotético proceso judicial. Puesto que los cuatro guionistas de la primera película pactaron por contrato repartirse “a partes iguales” los derechos de autor, es lógico pensar que López y Egea tienen derecho a percibir por “La reina de España”, como mínimo, lo mismo que pudieran llegar a percibir David Trueba o los herederos de Azcona, en el hipotético caso de que Fernando Trueba llegase a algún acuerdo con ellos.

La secuela de una comedia ha acabado convirtiéndose en un drama. Y todo parece indicar que el final, efectivamente, lo escribirá un juez. Pero lo que López y Egea sí tienen claro es que su cruzada no está movida por el egoísmo. “No estamos defendiendo sólo un asunto nuestro. Estamos defendiendo la dignidad de una profesión que está siendo muy maltratada”, sentencia Manuel Ángel Egea. “Ojalá esto sirva de ejemplo para los guionistas: cuidado con lo que firmáis”.

Texto: Sergio Barrejón. Fotos: Héctor Beltrán.


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