CONSEJOS A LO CORNETTO, CURSOS PARA INVOCAR GUIONES Y MÁS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

27 marzo, 2015

Por Alberto Pérez Castaños.

1. “Para mí, la tortura es tener una idea, trabajar su argumento general, la estructura y la historia. Una vez tengo esto, puedo escribir un guión en dos o tres semanas”. Esto lo dice Woody Allen. Esto y cuatro cosas más sobre escribir guiones.

2. Y en la misma página, screencraft.org, que ya es de visita diaria obligada, podemos ver cuáles son los cinco ingredientes para grandes personajes que no estás utilizando (aún).

3. También se han ganado el calificativo de obligatorio todos los cursos y ponencias que organizan desde DAMA. Con el último que han montado te van a enseñar a invocar un guión en seis semanas sin perder demasiado la cordura y el responsable de hacerlo será el gran Carlos Molinero.

4. Mientras te apuntas al curso de Molinero puedes ver este video en el que Mario Puzo y Francis Ford Coppola hablan sobre la escritura de ‘El Padrino’:

5. El enlace semanal con un guión para leer se va a empezar a convertir en tradición. El viernes pasado fue el de ‘Tiburón’. Hoy, el de Nebraska, escrito por Robert W. Nelson (AKA Bob Nelson) y dirigida por Alexander Payne.

6. Por cierto, ya hay nuevas fechas para la próxima Fiesta del Cine: 11, 12 y 13 de mayo.

7. Los compañeros de Las Horas Perdidas nos descubrieron una de las lecturas más interesantes de la semana: un ensayo de 17.000 palabras escrito por el guionista de ‘Perdidos’ Javi Grillo-Marxuach en el que narra detalladamente su paso por la serie.

8. Simon Pegg, Edgar Wright y Nick Frost son los responsables de la “Trilogía del Cornetto”, es decir, de tres de las comedias más brillantes en lo que llevamos de siglo. Así que, atentos a sus consejos:

9. El sábado pasado nos dejó Moncho Alpuente, periodista, humorista, escritor, presentador, músico… En resumen: un grande. Su hija, Bárbara Alpuente, a la que se le ha pegado la genialidad del padre, le ha dedicado este precioso homenaje.

Buen fin de semana.


10 CANCIONES PARA NO MORIR DE ASCO / 2

26 marzo, 2015

por Sergio Barrejón.

Uno de los tesoros más preciados que puede tener un guionista es un buen arsenal de música que le inspire para escribir. Hacerse con él no es tan fácil como puede parecer. A mí, por ejemplo, no me sirve la música cantada. Salvo algunos coros religiosos. Sí. Música DE MISA. Mi musa es creyente, supongo, yo qué sé. En general prefiero la música clásica y el jazz. Uso mucho la lista “Música clásica para escribir bien“, del gran Borja Echevarría, por ejemplo.

Pero además de la música para escribir, hay que tener música para vivir. O sobrevivir, más bien. De eso va este post. La semana pasada publiqué “10 canciones para no morir de asco”. Y esta semana me he dado cuenta de que diez no son suficientes. Hacen falta más. Por lo menos, otras diez. Así que ahí van.

11. Resaca tras la fiesta de fin de rodaje. Recuerdas que le entraste a la estrella de la peli. Una entrada patética. Tienes flashbacks de tu lengua intentando alcanzar el lóbulo de su oreja. Recuerdas insertos de una cobra épica, inolvidable. Ecos de risas. ¿El flash de una cámara? Tienes la boca seca. Entras en Facebook, rogando a un Dios en el que no crees que no haya notificaciones de que alguien te ha etiquetado en una foto.

12. El primer visionado del montaje provisional de la peli que has escrito. El director está contentísimo. CONTENTÍSIMO. Lo dice así, es superlativo. En mayúsculas, sonriendo con todos los dientes. La sonrisa de Jack Nicholson en El Resplandor. Empieza la proyección y entiendes por qué. Lo ha jodido todo. Ha hecho evidente lo sutil. Ha hecho críptico lo que debería ser evidente. Ha cambiado diálogos sin motivo. Ha añadido diálogos innecesarios. Ha quitado diálogos imprescindibles para entender la trama.

13. Estás en la fiesta de un estreno. Mucha pomada. El productor al que quieres hacer un pitch está allí. Calculas tu momento. Repasas mentalmente tu pitch. Es perfecto para él. Está a punto de quedarse solo. Es tu noche. Hoy lo petas.

14. Te llama el productor y te dice “lo tenemos”. Se acabaron las versiones. Vas a cobrar el último pago. Tu guión entra en preproducción. Vas a llamar a tu madre y decirle que no hace falta que saque los trastos de tu antiguo cuarto. Que te quedas en Malasaña unos meses más.

 

15. Hace dos meses que cobraste un adelanto jugoso para escribir un encargo que no te apetecía un carajo. Intentaste resistirte, intentaste darles largas, pero te pusieron el dinero en la mano y qué coño, algo se te ocurriría. Ya te has gastado la mitad del adelanto, quedan tres semanas para entregar el primer borrador y no has terminado ni de escaletar el primer acto. No tienes ni puñetera idea de cómo vas a escribir algo decente, y empiezas a pensar en fingir tu propia muerte y desaparecer.

16. Te entrevistan en un blog ignoto, y te piden un consejo para la gente que empieza, y tú te quedas pensado “si el que empieza soy yo, joder”, y caes en la cuenta de que ya pasas de los cuarenta, de que ya hay tres promociones de la ECAM que te consideran “la vieja guardia”. Y aun así no tienes ni pajolera idea de qué aconsejarle a nadie, aparte de HUYE MIENTRAS PUEDAS. Pero tampoco quieres ser tremendista. Y tratas de salir del paso con alguna generalidad aséptica, y mientras hablas piensas de ti mismo “eres un viejuno”.

17. Esta mañana se leen las nominaciones a los Goya. No le das mayor importancia, claro. Pero lo ves en directo. No por nada, sabes que ese corto que has colado en la short list no tiene muchas posibilidades, pero hay colegas candidatos y les tienes cariño. Les deseas suerte. Eso, y que te has pasado seis semanas spameando como un campeón. Te has abierto cuentas en redes sociales que no sabías que existían para promocionar el corto de los cojones. Habrías CREADO una red social nueva si supieras hacerlo. Llega la lectura de los nominados a corto. Tu corto no está. No te duele. Ya lo sabías. Además, tienes miles de otros proyectos. Esto no te duele. Tienes la piel dura. Siguen las lecturas. Todos tus amigos salen nominados. Te tiembla un párpado. Te sangra una encía.

18. Estás harto de mover ese guión por España. Se lo has enseñado a todos los productores que conoces, lo has paseado por todos los despachos, te han hecho comentarios positivos, has tenido reuniones, ha estado incluso opcionado. Pero nada. El guión es bueno, lo sabes. Es España la que no está preparada para él. Pero qué demonios. Estamos en siglo XXI. Vivimos en una aldea global. Hollywood queda a un click de distancia. Te haces miembro de The Black List. Pagas 60 dólares como 60 guantazos en la cara y sacas tu guión out there. No pain no gain, buddy. Vas a tener un mánager en L.A. Vas a cenar en Spagos. Vas a pisar la alfombra roja. Te vas a MEAR en ella.

19. Festival de cortos de Calasparra. Hotel pagado. El viaje no, pero mira, el autobús sale por nada. Y te han dicho que hay premio. Premio CON PASTA. Por supuesto, no tienen ningún premio a Mejor Guión. Pero quedaste con el director que si el corto sacaba premios te daba un 20%. El premio gordo son 300€. Te tocan 60€. ¡Has recuperado lo que palmaste con The Black List! La vida te sonríe.

20. Esa idea que llevaba siete meses dando vueltas en tu cabeza de pronto ha cobrado forma. Justo en el instante en que estabas a punto de dormirte, haciendo cucharita con tu pareja. Medio mundo necesita dormirse haciendo cucharita, y el otro medio DETESTA dormirse haciendo cucharita. Ha habido GUERRAS por culpa de eso. Y no te importa empezar otra ahora mismo, si hace falta. Te vas a poner a escribir esa idea así se caiga el techo.

Te levantas y enciendes el portátil. Tu pareja te pregunta qué demonios estás haciendo. Mejor duérmete, que esto va para rato, dices. Estás on fire. Vas a escribir una sinopsis de tres páginas de una sentada. Y luego vas a dialogar un par de escenas. Los diálogos ya resuenan en tu cabeza. Ha venido la musa. Y cuando viene la musa, no existe el sueño, ni las redes sociales, ni las camas calentitas ni las parejas cabreadas. Sólo un teclado y una pantalla y diez dedos dislocándose para ir a la velocidad de tu cabeza.


ASESINAMOS A UN NIÑO CADA DÍA

25 marzo, 2015

matarnino

Por Juanjo Ramírez Mascaró.

Desde hace algunos meses vivo muy cerca de Tirso de Molina (Madrid) y no hay semana que no tenga que entrar en esa estación de metro, o salir de ella.

El otro día mi novia descubrió una cosa, investigando para su trabajo:

La estación de Tirso de Molina está construida sobre un cementerio.

Entre los siglos XVI y XIX hubo un convento donde ahora se encuentra la estación. Al parecer, cuando empezaron a cavar para iniciar las obras del metro descubrieron que estaban haciéndolo justo encima de la necrópolis donde enterraban a los frailes del convento.

¿Qué hicieron con los huesos? Pues… como no sabían dónde meterlos, los dejaron allí, tras las paredes de la estación. ¡La de veces que he esperado o abandonado trenes allí, sin saber que me encontraba en unas catacumbas dignas del mismísimo Allan Poe! Seguro que al propio Tirso de Molina le habría encantado la idea, como tatarabuelo que era de los escritores románticos.

Ésa es sólo una de las miles de cosas que están ahí, ocultas tras un frágil biombo de cotidianeidad. El ser humano es una criatura que se caracteriza por aburrirse en sitios en los que ocurren o han ocurrido cosas fascinantes.

Los nombres de las calles, por ejemplo: Todas se llaman como se llaman por alguna razón. Estamos tan acostumbrados a pronunciar esos nombres que olvidamos que detrás de cada uno de ellos hay una historia.

El otro día, sin ir más lejos, hablaba con un amigo acerca del nombre de una calle que está – curiosa coincidencia – justo al lado de Tirso de Molina. Me refiero a la Calle de la Cabeza. ¿Sabéis por qué se llama así? Por algo que, según la leyenda, sucedió en esa calle: Un caballero del S.XVI decidió comprar una cabeza de carnero en el rastro. La llevaba envuelta en su capa, pensando en cómo se la iba a zampar… y la sangre del carnero goteaba. Un alguacil se fijó en esas gotas de sangre y, “¿Qué lleva usted ahí?”, preguntó. “Es sólo una cabeza de carnero”, respondió el caballero. Pero cuando desenvolvió la capa para mostrarla, del interior no surgió la cabeza del animal, sino la de un hombre. O al menos eso aseguran los más fantasiosos. Ocurriese eso o no, lo que sí afirman los escritos más rigurosos de la época es que a causa del shock aquel hombre terminó confesando un asesinato que había cometido años atrás, y del que había salido impune. El tipo en cuestión, antes de ser caballero, había sido el criado de un sacerdote: Un sacerdote al que terminó estrangulando.

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Soy consciente de que nunca podré conocer todas esas curiosidades que me rodean, y eso me parece maravilloso. Porque implica que siempre, aunque viva mil años, tendré algo nuevo que descubrir. Por otra parte, creo que todos los que nos dedicamos a escribir deberíamos cultivar esa curiosidad, ese ansia de descubrir cada día que el mundo es ligeramente distinto a como creíamos que era, esa sensación de que nunca podremos dar nada por hecho, ese tacto blandito de arenas movedizas bajo el pie.

Ese estado mental que, para un escritor, ES ORO.

Vaya sarta de obviedades. Se cree que está descubriendo la pólvora“, pensaréis. Y por supuesto que no la estoy descubriendo. Pero, ¿cuántas veces nos aplicamos el cuento en nuestra vida cotidiana? Yo soy el primero que deja transcurrir la mitad de su existencia como un autómata, sin cuestionarse demasiadas cosas, mirando al dedo cuando el dedo señala a la luna.

En esto de la escritura casi todos nos desgañitamos la garganta repitiendo hasta la saciedad lo importante que es conservar ese “sense of wonder“, lo crucial que es alimentar a ese niño interior que se supone que no debemos perder bajo ningún concepto. Pero, ¿cuántos de nosotros nos dejamos llevar por la inercia, por las prisas? ¿Cuántos de nosotros tenemos a ese niño interior pasando hambre?

Aquella gran película del gran Chicho planteaba una pregunta escalofriante: ¿QUIÉN PUEDE MATAR A UN NIÑO? Y quizá la respuesta sea que casi todos asesinamos a un niño cada día… y ese niño somos nosotros.

Por si eso fuera poco, vivimos en una sociedad donde el asesinato de ese niño queda impune, como el del hombre de la calle de la cabeza. Porque hemos convertido el cinismo en algo “cool”.

Yo a veces retrocedo emocionalmente a aquel día en que, siendo niño, descubrí que en nuestro planeta existieron unos bichos llamados dinosaurios. A aquella edad tan temprana yo ha había sido “instruido” sobre que no existían los dragones, ni los monstruos. Y de repente… ¡zas, en toa la boca! Allí estaban esos libros CIENTÍFICOS demostrando que los monstruos y los dragones sí existían o, como mínimo, existieron.

Esa revelación fue la primera, pero no la única. Cada equis tiempo descubro cosas que me invitan a pensar que el mundo no es necesariamente tal y como me lo han contado. Me da igual si se trata de unas catacumbas en la estación de metro de mi barrio, de gente descubriendo América mucho antes que Colón, de hallazgos acerca de cómo funciona el Universo o cómo funciona el mundo subatómico… Lo realmente importante para mí no es acumular esos datos, ni siquiera la veracidad o falsedad de los mismos. Lo importante es ese cambio de chip, ese estado mental que cede el timón al puto niño interior, no sólo ante el teclado, sino ante la vida en general.

Finalizo con otro recuerdo. Hace algún tiempo vivía en otro edificio. Llevaba más de un año residiendo allí. Todos los días entraba y salía varias veces y de repente, uno de esos días… me di cuenta de que no sabía cómo era la fachada de mi edificio. Si alguien hubiese ido a interrogarme sobre el tema diciéndome que era cuestión de vida o muerte, no habría sabido describir esa fachada en cuyo interior llevaba viviendo más de un año. Aquel día crucé a la acera de enfrente y contemplé la fachada pensando: “Qué bien. Aún no conozco el mundo en el que vivo”.


TIBURONES, FESTIVALES Y MÁS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

20 marzo, 2015

por Alberto Pérez Castaños. 

1. Steven T. Seagle y Joe Casey forman parte del colectivo de guionistas y dibujantes “Man of Action”, responsable de éxitos como ‘Ben 10′, ‘Gormiti’ y el cómic original que inspiró la última ganadora del Oscar a mejor largometraje de animación: ‘Big Hero 6′. En esta interesante entrevista hablan sobre el éxito de la película y bastantes cosas más.

2. Abi Morgan no tiene un Oscar, pero ha escrito películas de bastante peso como ‘La Dama de Hierro’ o ‘Shame’. En esta conferencia (tiene subtítulos en inglés) comparte con todo el mundo, con mucho humor e inteligencia, su forma de trabajar.

3. ‘Tiburón’ tampoco se llevó el Oscar al mejor guión. Ni falta que hace. Volver a verla siempre es un placer. Leerla, algo que hay que hacer.

4. Por cierto, llevad cuidado la próxima vez que discutáis con alguien que descarga contenidos ilegalmente. Según este artículo, si le llamáis “pirata” los que os podéis meter en un lío sois vosotros.

5. El día 17 de abril dará comienzo el 18 Festival de Málaga. Esta semana se ha hecho público su programa completo. Leticia Dolera, Jonás Trueba, Manuela Moreno, Daniel Guzmán, Manuel Bartual y muchísimos más estarán presentes en el festival del cine español.

6. También falta poco para el Festival Internacional de Cine de Huesca y, para ir calentando motores, ya han convocado su concurso de relatos cortos sobre cine. El premio es de 800 euros y el plazo acaba el 20 de abril.

7. Y más sobre ‘El ministerio del tiempo’. Nos encanta la serie y, claro, no nos cansamos de leer sobre ella. En guionnews.com han publicado una crónica del paso de Javier Olivares, uno de sus responsables, por la convención “Boom Film & Comic”.

Buen fin de semana.


10 CANCIONES PARA NO MORIR DE ASCO

19 marzo, 2015

por Sergio Barrejón.

De guionista te puede ir bien. Puedes ganar dinero, conocer a gente estupenda y vivir sin jefes ni horarios. Eso puede pasar. No es imposible.

Pero no nos engañemos: como profesión, la de guionista es una mierda como un piano de cola. Traedme a un solo padre que quiera que su hijo sea guionista.

Si no has visto esta película, tú ni eres guionista ni eres ná.

La inseguridad económica es total, es imposible prever si tu trabajo será el éxito del año o la vergüenza de tu familia, y la consideración social de tu profesión está por debajo de la de barrendero. Y a ti ni siquiera te dan uniforme.

Para colmo, no existe el éxito. Puedes vender tu primer guión a los 23 años, hilar tres películas seguidas antes de cumplir los treinta… y luego estar un lustro entero en el paro, esperando a que suene el teléfono. Eso también pasa. Preguntadle a Cristóbal Garrido. Le pasó exactamente eso. Ahora lo peta haciendo series para la BBC y pelis para Ruiz Caldera, vale. Pero en el ínterin, su vida profesional tuvo durante AÑOS el aspecto de los créditos iniciales de The Big Lebowski:

Lo único que está garantizado en esta profesión es que…

Te van a decir veinte veces no por cada vez que te digan sí. De hecho, cualquier guionista profesional te dirá que perder por veinte a uno no es mal resultado.

Te van a intentar tangar de siete maneras diferentes. Y lo van a conseguir. De las siete maneras. Y en tres de ellas te lo harán amigos.

Te van a aplaudir por textos que no te convencen en absoluto y te van a hacer cambiar cosas que considerabas perfectas.

Y todo eso, si es que tienes la suerte de llegar a profesional.

Cuando me toca vivir esas situaciones, procuro recordarme que, con todo, es preferible escribir guiones que barrer las calles. Y si ese pensamiento no consigue reconfortarme, entonces recurro a la única medicina que alivia todos los males.

El rock and roll.

Hoy quiero compartir diez de mis pócimas secretas para superar las bajonas estándar que te proporciona esa maldita y maravillosa profesión, y también algunos de los cócteles perfectos para celebrar las pocas alegrías, que también las hay.

Y os invito a todos a completar esta pequeña lista en la sección de comentarios.

Play it loud.

All night long.

  1. CUANDO TE RECHAZAN UN GUIÓN

Lo enviaste a una productora, se lo propusiste a un actor conocido, lo presentaste a un certamen o una subvención, y te acaba de llegar una de esas cartas de “gracias, pero”, “está muy bien, pero”. Probablemente es el enésimo NO. El sonido de la puerta cerrándose en tu cara resuena con el eco de todas las puertas anteriores.

  1. CUANDO TE LLAMAN DESPUÉS DE UNA TEMPORADA DE SEQUÍA

Llevas meses sin currar. Has hecho diecisiete pruebas. Has hecho pitchings hasta sangrarte las encías. En despachos, en bares, en retretes de bares, en retretes de despachos. Ya estabas pensando en tirarte al Metro, o incluso en hacer un Notodo, cuando de pronto RING. Aquel colega con el que escribiste un corto hace seis años ahora es coordinador en una diaria. Y necesita un guionista. Sólo van a ser unas semanas, para cubrir una baja. Y tienes que verte cien capítulos de una telenovela y leerte doce más y otras tantas escaletas para el lunes. Pero eh, tienes curro. Vas a tener PASTA.

  1. CUANDO RECHAZAS UN CURRO PORQUE LAS CONDICIONES SON UN ASCO

“Déjame que lo mueva un par de meses, y si sale, te pago cuarenta mil.”

“Ahora no te puedo ofrecer más, pero si renovamos, te pago lo que dice el convenio.”

“Dinero no tengo, pero te ofrezco una oportunidad de trabajar con los mejores.”

“Lo que tú me pides ya no es viable, esto es lo que se está pagando ahora.”

Eres guionista. Sabes lo que es el subtexto. Todas esas frases significan lo mismo: “Arrodíllate y besa mi mano”.

Pero tú no lo haces. Te das media vuelta y sales del despacho muy dignamente. Tienes las pelotas más duras El Sargento de Hierro. Tienes más ovarios que Sarah Connor. Lo que no tienes es ni puñetera idea de cómo pagarás el alquiler del mes que viene. Ni el del mes pasado. La dignidad no paga las facturas. Pero sin dignidad… no se puede escribir bien.

  1. CUANDO TE VUELVEN A DAR LARGAS A LA HORA DE PAGAR

“Pero si te hice la transferencia la semana pasada. No me digas que ha vuelto a fallar. Maldita banca online.”

“Eso lo tienes que hablar con Conchi, de Administración.”

“Mira, este mes es imposible, pero si quieres te paso una tarjeta regalo de El Corte Inglés.”

“Conchi acaba de salir a tomar el café, ¿quieres dejarle un mensaje?”

“El número al que usted llama tiene restringidas las llamadas entrantes.”

  1. CUANDO TARDAN SIETE SEMANAS EN LEERSE EL PUTO GUIÓN.

Te estuvieron metiendo prisa para que entregases la primera versión cuanto antes. Que la querían llevar a Cannes. Que la querían presentar a no sé qué. Que en Antena 3 estaban muy a tope y no querían que la cosa se enfriase.

Enviaste el PDF con dedos temblorosos. No de los nervios: de pasarte dos noches sin dormir, bebiendo más Red Bull que un DJ de gira por provincias. Y de pronto, silencio absoluto. El silbar del viento. Ladridos a lo lejos. Grillos en la noche.

  1. CUANDO TE HACEN VIAJAR POR ENÉSIMA VEZ

Te enrolaste en este proyecto porque pagaban bien. Porque era una productora de otra ciudad. Mola trabajar con gente distinta. Y te pagan los viajes. Eso mola cuando lo cuentas. Cuando lo haces mola un poco menos. Cuando lo haces siete veces no mola nada. Descubres una de las pocas verdades inamovibles de este negocio: nadie te paga un viaje para darte buenas noticias. Has aprendido el verdadero significado de las palabras “tarjeta de embarque”: ESCABECHINA.

Madrugas. Llegas a la estación del AVE a unas horas imposibles. Te sientes como la protagonista de 7:35 de la mañana. Rezas porque aparezca Nacho Vigalondo con una bomba en el pecho y un saco de confetti. Pero no. Nadie te va a librar de hacer más cambios en ese guión. Y no vas a poder dormir en el AVE. Algún imbécil trajeado se ocupará de impedirlo, hablando a voces por teléfono durante todo el maldito viaje. Pero tú tienes unos auriculares envolventes. Subes el volumen y…

  1. CUANDO DESCUBRES QUE NO TE HAN INVITADO A LA FIESTA DE NAVIDAD DE LA SERIE

Te la suda la fiesta de Navidad. No quieres ir a la fiesta de Navidad. Lo último que necesitas es escuchar las opiniones de un actor sobre lo que su personaje debería o no debería hacer. Sabes por experiencia que hay una relación inversamente proporcional entre la importancia de un personaje en la trama principal y la cantidad de ideas que tiene que comentarte el actor que lo interpreta. Y el ratio empeora cuando el genio de turno lleva tres gin tonics. No quieres esa mierda. Prefieres ver un maratón de Saturday Night Live versión española antes que ir a esa fiesta.

Pero te toca mucho los huevos que no te hayan invitado. ¿Quién coño se creen que son? ¿De qué iban a tener trabajo todos esos capullos si tú –tú y tus nueve compañeros– no hubiérais escrito esos guiones? Vas a llamar a Producción y vas a decirles cuatro verdades. Sólo necesitas saber el teléfono de Producción. Y el nombre de alguien de Producción. No has estado en plató jamás. Empiezas a pensar que, si tú no sabes cómo se llaman ni tienes su teléfono, tal vez sea lógico que ellos tampoco se hayan acordado de…

¡No, no! ¡Tú eres el creador! ¡Se van a cagar!

  1. CUANDO DECIDES NO CAMBIAR ESA ESCENA CRUCIAL POR MUCHO QUE INSISTAN.

Este guión lo escribo yo. No lo escribe el director. No lo escribe el productor. Y definitivamente no lo escribe ese analista de tres al cuarto, que ni siquiera tiene bemoles de firmar el análisis con su nombre y apellido. Esta escena se queda. Yo sé que está bien. Y el público estaría de acuerdo conmigo, si estos capullos no insistiesen en dejar su meadita en el guión. A ver si se enteran de una vez que firmar cheques no te convierte en escritor.

  1. CUANDO TE LLEGAN RUMORES DE QUE VA A HABER DESPIDOS EN TU SERIE

El coordinador ya no te ríe los chistes. Te tiene en el punto de mira y lo sabes. No te perdona que te seleccionaran aquel Microteatro cuando a él se lo rechazaron. Es un cabrón vengativo. Al menos podría avisarte, para que fueras buscando otro curro. No serviría de mucho. No hay curros. Aunque sería un gesto, coño. Pero no. Se limita a asignarte las escaletas con menos acción. A corregirte más que a los otros. Ayer te corrigió un leísmo en una acotación. ¡En una acotación! Vale que el tío sea filólogo, pero eso ya es ir a dañar. Tú lo das todo semana tras semana. Sólo quieres que te digan de un vez si tienes curro o si vas a tener que volver a casa de tus padres. Por tercera vez.

  1. CUANDO A LOS COLEGAS LES ENCANTA TU ÚLTIMO FRACASO

Escribiste una peli para el littlepollasenvinagre. Sacásteis mil quinientos euros en Verkami. Una sola localización, la casa de la actriz, que era novia del director, que era primo del que selecciona pelis para el littlepollasenvinagre. El travelling era una silla de ruedas. Comprasteis una 7D el viernes en El Corte Inglés y la devolvisteis el lunes. Junto con el vestuario. Estrenasteis en la Artistic Metropol un martes a las tres de la tarde. En el evento de Facebook había cientos de “tal vez asistirán”. Al final se presentaron diecisiete personas. Conocías a dieciséis. El que no conocías se fue a la mitad. A tus amigos LES ENCANTÓ la peli. Les pareció TAN BUENA que resultaba LÓGICO que gustase a poca gente. No era LA TÍPICA MIERDA comercial. No era un puto melodrama de Antena 3 a la hora de comer. MATARÍAS por escribir melodramas de Antena 3 a la hora de comer. Pero tus amigos tienen CRITERIO. Tus amigos saben apreciar LO BUENO.


El VALOR DEL AUTOR

17 marzo, 2015

Por Lea Vélez. 

Esto me ha pasado de verdad hace dos días. Imagino que le está pasando a otros compañeros guionistas, músicos o realizadores. Os pido que denunciéis los hechos a vuestra asociación profesional o sindicato y también a vuestra sociedad de gestión. La carta que reproduzco es real. Se la escribí yo al jefe de producción con el que había llegado a un acuerdo por la venta de una idea original para TV. He quitado los nombres de los implicados. Quién quiera saber de qué productora se trata, puede enviarme un mensaje a través de las redes y le contestaré por privado.

Querido productor,

Sintiéndolo mucho, no acepto la oferta que me hiciste de compra de derechos del proyecto de TV que os presenté el otro día. Es decir, que retiro mi idea de vuestra productora. No es una cuestión de renegociar condiciones. Es una cuestión de puntos de vista. Vosotros pensáis que las series las vende una productora y yo pienso que las series las vende una buena historia. Como me pides explicaciones y me dices que no entiendes bien qué me ha pasado y quieres reunirte y yo no tengo la menor intención de dejarme convencer, te lo explico por carta.

Mi idea me parece demasiado buena para nacer muerta. Tras la reunión que tuvimos –en la que he de decir que fuiste extremadamente educado, ningún reproche en ese sentido, de verdad– he dormido mal, he comido mal y por más que piense que hay una crisis, que igual las cosas están difíciles, no quiero vender en las condiciones que me ofreces, que son las de ignorar qué es o para qué sirve un autor.

El futuro del proyecto murió en la primera reunión de producción. No fue una muerte fulminante. Todo empezó cuando me dijiste que si la cadena pedía un tratamiento, yo debía desarrollarlo con otro guionista.

—Ya pero, la idea es mía… ¿No debería decidir yo si lo escribo con otra persona?

—No. Aquí todo se escribe entre dos personas.

—¿Y en quién habéis pensado?

—Eso ya se verá. A uno que escojamos.

—¿Y no puedo… escogerlo yo?

—No, porque nosotros llevamos la producción ejecutiva. Así que ese otro guionista es cosa nuestra exclusivamente.

Me quise levantar, ¿por qué no me levanté? Pensaba en la primera página de mi proyecto, que era una declaración de intenciones sobre la autoría del guionista, muy en plan Jerry Maguire… La primera página del proyecto es el alma de la serie que queríais comprar y que supuestamente os había encantado… y tú me decías esto de un guionista traído por el artículo 33 y yo no daba crédito. Hubo bastante forcejeo por mi parte: que si al menos me consultaríais, que si yo es que hay gente con la que no trabajo bien, que si tal… pero nada cuajó y tragué con esto del guionista “a ciegas” muy poco satisfecha. Entonces llegó la segunda cosa tremenda, que ni mucho menos es la más grave. No, no es la más grave, porque la tercera cosa es fenomenal. En este segundo punto me explicaste que si se decide escribir un guión piloto y la cadena no paga el desarrollo (cosa más que habitual), yo lo escribiría como debe escribirse un guión piloto: con su técnica, su escaleta, aplicando en él mis veinte años de experiencia, mi habilidad para el enganche, la más extraordinaria imaginación posible, las horas de sueño y reescrituras, sus diálogos brillantes, su alma, su total profesionalidad, su entusiasmo, las horas de reuniones y sugerencias y cambios, las idas y venidas, la creatividad, la ilusión. A cambio de todo esto, vosotros ponéis el 25 por ciento de su valor. Yo entrego 100 por 100 de trabajo ilusionante, vendedor de una serie a una cadena, piloto milagroso que dará empleo a un equipo de cien personas y con el que harás el negocio para el que existe tu productora… por el 25% de su precio. El resto, (cifra nada generosa) me será entregado al inicio de la producción, que en el mejor de los casos, si sucede el milagro de la ilusión, de aunar virtudes, de juntar emociones de ejecutivos y productores, de alcanzar la sublime inspiración en la desesperación económica o emocional… no será hasta dentro de… en fin. Vale, no empleaste tantas palabras, pero quería dejar clara la desproporción. Te dije que esto no me parecía nada bien y reclamé el pago total. Si yo te escribo un guión, tú me das lo que vale. Me dices que no. Que no se puede. Que lo tome como una inversión. Yo te digo que inversión sería si la productora fuese una cooperativa y yo socia de la cooperativa. No es el caso. Te digo que el que no está invirtiendo en la serie eres tú. Tu no inviertes, yo te lo escribo y encima tengo que poner de mi bolsillo tres cuartos del valor… tu insistes en esto de la “inversión” y yo te digo sin perder la amabilidad (y quien me conozca puede dar fe de la proeza) que tú estás cobrando un sueldo hoy, ahora y que renuncies tú a tú sueldo hasta que empiece la producción. Te lo digo sonriendo y tú también sonríes, jaja, y me dices que no es lo mismo. No, claro. No es lo mismo. Tú importas y yo no. Tú eres jefe y yo, una indigente de la escritura. No sé si la cadena alimenticia acepta que tú tengas todo el derecho a cobrar por tu trabajo, con tu sueldo, tu seguridad social y tu lo que sea mientras yo realizo mi trabajo por el 25% de mi sueldo cuando además, de este trabajo mío depende en un 100% que se venda o no se venda la serie. Sí señor. De eso depende. De un buen guión. Si la cadena alimenticia acepta esta indignidad, mi dignidad: no. Pero no me levanto. ¿Qué demonios sigo haciendo aquí? ¿Qué me está pasando? Al fin te digo:

–Tú… no has leído mi proyecto, ¿verdad? Este proyecto empezaba con una declaración de intenciones que habla de lo que es la autoría, la ilusión, el alma de un guión… No puedes haberlo leído porque si lo hubieras leído no me dirías todo esto. Si lo hubieras leído, entenderías que me estás insultando.

Ahí te quedas cortado, pero poco:

–Bueno… no… No lo he leído. Pero es que esto que tú has presentado no es el proyecto, es una cosa que tú hiciste para… un novela…

¿Estamos perdidos en la traducción? Yo en mi mundo de setecientas horas de televisión, sabiendo quien soy. Tú en el tuyo, aplicándome la fórmula negociadora que empleas maravillosamente con los agentes de los actores a los que pretendes contratar por el menor dinero posible. Sorprendido, me indicas que ya he tenido la suerte, ¡la lotería!, de que una productora se interese por mi idea para “hacer” un proyecto y ¡Es la productora la que arriesga!

Aquí todo está claro, pero yo no me levanto. ¿Por qué digo que sí a todo? ¿Qué demonios me pasa? ¿Por qué no me levanto?

Me pasa que estoy en inferioridad de condiciones, que no tengo poder ninguno, que mis contenidos no se están considerando como la pieza esencial del proyecto. Me pasa que si me levanto, me cierro para siempre la puerta de esta productora y de cualquier otra en la que vuelva a encontrarme contigo. Me pasa que me vienen frases de amigos guionistas a la mente. Frases que son reproches milenarios del tipo: “Lea, eres demasiado digna, a veces hay que tragar”. Me pasa que por motivos que no vienen al caso explicar pero que tienen que ver con la creatividad, llevo a mis hijos a un colegio que me cuesta un fortunón al trimestre, me pasa que soy mujer y eso a veces pesa, me pasa que a veces me dicen que soy dura, me pasa que creo en la libertad como una aspiración inalienable del individuo y también que todos me dicen que esto es una utopía, me pasa que no quiero ser esa loca diferente, la rara que no sabe pasar por los aros en llamas. También me pasa que igual es cierto lo que dice una amiga mía: que todos debemos hacer cosas que no nos gusta hacer y que debo pagar las facturas. Me pasa que todo el mundo acepta condiciones humillantes en un momento determinado, que yo no necesito humillarme y aún así… no sé qué coño me pasa que yo sé ya que este proyecto no se hace, que ha nacido muerto, que puedo permitirme tener dignidad y aún así… Yo no me levanto.

Pero, sigamos. El punto tres merece la espera. Tú no has leído el proyecto, esto ha quedado bien claro. ¿Qué sentido tiene lo que estamos hablando? ¿En base a qué estamos negociando? En vano quiero mantener una brizna de algo. En vano trato de conseguir el 35% del guión en lugar del 25%. Tu respuesta es no. En vano trato de que me paguéis menos dinero por el guión piloto y más porcentaje de partida, por pura dignidad, por puro principio. Pero no. Todo es inamovible. Lo tomas o lo dejas. Y yo… lo tomo. Lo tomo deseando salir de allí… Pero aunque me has matado tres veces o cuatro, no hemos acabado. Llega la guinda del pastel. El punto número tres. Me informas de que hay un tema más del que tenemos que hablar. Os gusta dejarlo todo atado para que luego no haya malentendidos… Me dices:

–Ahora está el tema de los derechos de autor.

Salto como un resorte. ¡De ese tema yo no hablo en el despacho de un jefe de producción! Pero insistes en que te escuche. El forcejeo verbal dura diez minutos. Yo que no y tú que sí. Tú me das argumentos de por qué sí y yo te doy todos los argumentos morales y legales y semánticos de por qué no pienso hablar del asunto. Al fin, me fuerzas la mano, como con todo lo demás (¿por qué no me levanto y me largo?) y me cuentas que el productor ejecutivo (principal socio de la productora, el jefe supremo, el que está encantado con mi idea y que sí se la ha leído y que a ti te paga el sueldo y que me pagará el mío –de tenerlo, algún día, no se sabe cuando-) trabaja mucho en las series que hacéis y opina mucho y “mete la cuchara” y eso merece un porcentaje de derechos de autor porque lo convierte en autor. Yo digo que no. Que el productor no es un autor. Que no es un problema semántico. Que su trabajo es opinar y por eso tiene un sueldo espléndido y todo el poder de decisión sobre la serie. Que los derechos de autor se inventaron precisamente para compensar esta espantosa precariedad laboral que tenemos los autores y que hace que a veces los productores nos obliguen a trabajar por el 25% de nuestro sueldo. Digo: no. Trataste de calmarme, tuviste que llamar refuerzos. Entró en el despacho otro empleado de la productora. Este hombre me explica que sabe mucho de derechos porque su padre ha producido 150 películas y ha escrito otros tantos guiones (o algo así) y que por tanto él (el hijo, no el padre) es todo un experto. Este muchacho quiere convencerme de que los ángeles tienen sexo masculino, me explica con ahínco y total convencimiento, que el productor es un autor porque opina mucho y me dirá cosas del tipo: “que esos dos personajes no se casen” o tal y cual. Sois dos contra una… y yo no me levanto. Yo aún no me levanto y voy y entro en el debate, como idiota, cuando lo que tenía que haber hecho es levantarme. ¿Por qué no me levanto? ¡¿Por qué coño no me levanto?! Al menos, no trago, no soy tonta del todo, e insisto en que opinar de todo no convierte al productor ejecutivo en autor. Que me dé a mí su sueldo de productor ejecutivo y los beneficios que saque la productora con la serie y se ponga ante la página en blanco y se quede con mis derechos de autor. Tampoco sé por qué no me levanto cuando me decís esta joya de frase: “si el productor por opinar no debe llevarse derechos, ¿por qué entonces se lleva derechos de autor un coordinador de guión?” Madre mía… y me vienen a la cabeza las jornadas de 16 horas, los viernes llegando a casa a las cuatro de la mañana, la escritura de 7000 palabras diarias y no me levanto. Yo-no-me-levanto. El hijo del padre productor-guionista-director (también es director) explica vehementemente que no es justo que los músicos se lleven el 25% por ciento de derechos por cada capítulo de una serie cuando solo hacen la música una vez y se pone la misma música en cada capítulo. Yo le digo que sí, será injusto, pero es lo que hay. Me dice que no tiene porqué ser así, que no está escrito en ninguna parte. Que entre todos podremos hacer un reparto más “justo” con la ayuda del productor. A dos manos, el experto por parte de padre y tú, me aclaráis e ilustráis con esquemas en un papel, que los músicos (qué cara tienen, ¿eh?) no se merecen este porcentaje y ya hay productoras o cadenas que les obligan a cederles parte de sus derechos de autor a la firma del contrato. Esas productoras les dan, digamos, un 5% por ciento (¡Les dan!) y la tal productora o la tal cadena registra el resto de los derechos como propios. Así que como ves, nosotros somos legales, me dices, porque nuestro productor solo se llevará un pequeño porcentaje de todos los autores, un porcentaje que “ya veremos cuál es” y que saldrá de un reparto verdaderamente equitativo y que además no incluirá robos de derechos de autor por parte de esta productora como hacen otras productoras. ¡Y yo no me levanto!

Pero sí que levanto la voz. Me pedís que me tranquilice, que igual no lo estoy entendiendo, que este porcentaje que se llevaría el productor por opinar de todo muchísimo no saldría solo de mi parte de idea original sino del montante total de todos los autores, incluido el del músico (este músico que tiene tanto morro). Me decís que el porcentaje sería mucho más beneficioso para todos los autores (excepto para el músico, claro). Y entonces sucede algo terrible: me calmo.

Habéis tocado el resorte de mi avaricia y estoy a punto de entrar en vuestra corrupción. No me levanto y se me cae la cara de vergüenza de no haberlo hecho. No hay guionista de serie diaria que no piense que el porcentaje dedicado a los derechos del músico no sea exagerado, teniendo en cuenta que yo tengo que escribir cinco guiones por semana y el músico solo una música (esto luego no es tan así)… Así que sí. Ví los beneficios de la jugada: si el productor ejecutivo hace de árbitro con el reparto, le quitaremos al músico esta parte que no se merece. Esto es terrible.

Terrible. Los derechos autor han sido un anillo de Gollum de saldo. Me consuela pensar que hasta Frodo dudó y flaqueó por un instante. Porque fue la avaricia de un instante. La puerta a un lugar asqueroso por un instante. Estaba tan humillada por haber aceptado todas las condiciones anteriores que casi caigo en vuestro juego. Hice algo de lo que me arrepiento: sabiendo con el instinto que con todos estos puntos de partida morales la serie ya estaba muerta antes de haber nacido, te di la razón en todo. Me dije: les haré el proyecto y adiós. Eso pensé. Al llegar a casa, claro, entendí que tenía que haberme levantado y cambié de opinión. Quizá, si te lees la primera página del proyecto que os entregué, igual te queda todo más claro:

“Mi nombre es Lea Vélez y soy guionista de TV y novelista. Aunque llevo muchas series de TV a mis espaldas, esta es la primera vez que escribo un proyecto en primera persona. Después de casi veinte años alternando la escritura para televisión con la novela, me ha apetecido hablar por mí misma y tratar de insuflar a este proyecto, si no cara y ojos, al menos un interés personal del creador por su obra de ficción. Algunos a esto le llamarán “darle alma”. Espero conseguirlo.

A veces me engaño y pienso que para tener éxito solo hay que tener ilusión. A veces claro, comprendo que la ilusión no es bastante, pero aun así yo la busco y me muevo por ella de una forma activa. Todos deberíamos hacerlo. Para mí, la ilusión es generar una buena historia desde el humor, el gusto propio, el alma, la garra, la personalidad del autor, la técnica (por descontado), los años de experiencia, la máxima calidad. Generar una buena historia, digo, que enganche al equipo primero, empezando por la productora, después a la cadena, llegando al director y los actores hasta alcanzar a la gente que es quien “vota” con el mando a distancia. Si eso se consigue, quizá además haya… suerte. El éxito, esa suertaza, ese milagro que empieza no sabemos cómo y que no es otra cosa que una comunión entre lo que sabemos hacer, lo que tenemos que hacer y lo que nos divierte.”

Yo no sé cómo empieza la libertad, pero tengo muy claro, que no empieza así. Yo no sé cómo empieza el éxito pero tengo muy claro que no empieza así. Adiós. Siento haber perdido el tiempo. Al menos a ti te pagan un sueldo por perderlo. A mí, no.

Un saludo,

Lea Vélez


DIRECTORAS DE FOTOGRAFÍA, AUDÍMETROS Y MÁS ENLACES PARA EL FIN DE SEMANA

13 marzo, 2015

Por Alberto Pérez Castaños. 

1. Ellen Kuras, Reed Morano, Mandy Walker, Maryse Alberti, Rachel Morrison… Son nombres que quizás no te suenen, pero son reputadas directoras de fotografía. Y es realmente interesante leerles hablando sobre su trabajo.

2. Y donde parece que están empezando a hablar del nuestro es en las webs sobre televisión. Esta semana se ha publicado un artículo en Vertele sobre la nueva serie protagonizada por Antonio Resines y ¡nombran a los guionistas responsables! Bravo, Vertele. Y bravo ALMA también, claro.

3. ‘El contenido del silencio’ es la nueva película de Helena Taberna, que ya ha empezado a rodarse. Se trata de una adaptación de la novela homónima de Lucía Etxebarría, y uno de los responsables de ella ha sido el bloguionista Natxo López.

4. ¿Habéis visto la nueva web de FAGA? La han estrenado esta semana y está más reluciente y completa que nunca.

5. Tras los datos que hizo el último capítulo de ‘El ministerio del tiempo’ se ha reabierto el debate sobre el método vigente de medición de audiciencias: los audímetros. Por eso, no viene mal volver a ver este documental de Alejandro Pérez Blanco sobre el asunto:

6. “Sufrí a los hermanos Weinstein, sí. Distribuyeron Los otros y La lengua de las mariposas, que no se podría llamar La lengua de las mariposas porque suena mal en inglés. ¡Y se titulo Butterfly! ¿Pero somos gilipollas? Llámala El niño y el maestro, pero Butterfly…”. Esta es una de las muchas respuestas maravillosas que da el gran José Luis Cuerda en esta entrevista.

7. Uno de los creadores de ‘Los Simpson’, Sim Simon ha fallecido esta semana víctima de un cáncer terminal. Pero, a parte de una de las series más exitosas de todos los tiempos, Simon hizo algunas cosas más que no todo el mundo conoce.

Buen fin de semana.


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