GEMA R. NEIRA: "ME MOLESTA EL TÉRMINO 'SERIES PARA MUJERES'"

15 enero, 2020

Gema R. Neira entra a la cafetería 8 y medio con entusiasmo y con una energía vital admirable para alguien que se gana la vida coordinando series. La directora de desarrollo de proyectos de Bambú ya avisaba de cómo no morir con esto en una entrevista anterior para nosotros. Uno de los rostros detrás de exitazos como Fariña, Velvet o Las chicas del cable nos habla de sus inicios, del sindicato y de la importancia de utilizar la presencia en los medios para reivindicar.

¿Cual ha sido el camino para acabar siendo creadora de series?

Yo empecé en Galicia, haciendo diálogos para una serie autonómica. Luego estuve haciendo argumentos, luego de coordinadora de una serie, luego participé en un departamento de desarrollo; a partir de esto último fue cuando empezamos a generar ideas propias y fue cuando vendimos la primera serie original nuestra, que fue Desaparecida. Fueron muchos años, mucho trabajo para otros y trabajar con personas muy diferentes. Intenté aprender un poco de todas esas personas y de sus maneras de trabajar. Sobretodo es coger experiencia. Cuando voy a un máster me preguntan los alumnos “¿Cómo puedo vender mi serie?” y yo siempre le digo “A lo mejor ahora no es el momento de que vendas tu proyecto sino de que aprendas cómo trabajar dentro de una serie, lo que es una serie, el formato,… Para luego aplicar todo eso a tu propio proyecto, pero con más solidez.” Las mil primeras páginas de alguien siempre son horrorosas, del mejor escritor del mundo también. Entonces lo que hay que hacer es escribir mucho.

¿Qué perfil de guionista busca Bambú?

Trabajamos con perfiles muy distintos porque ahora por ejemplo estamos en un momento de mucha producción, ha entrado mucha gente nueva, con menos experiencia… Para mí una de las cosas más importantes es que sea gente que sepa trabajar en equipo, que le apasione su trabajo, porque no estamos haciendo tornillos. Gente a la que realmente le guste escribir y que se enamore voluntariamente de los proyectos. Que sienta que puede aportar algo personal. Para mí siempre ha sido muy importante el ambiente creativo de la empresa, que todos los guionistas puedan compartir las ideas unos con los otros. Y que si tienen un problema puedan meterse en el despacho de los otros y decir “chicos estamos bloqueados”. Que haya un ambiente colaborativo y nunca de competencia. 

La pasión yo creo que es lo más importante. Bueno y el trabajo también, que soy muy exigente (risas). Yo cuando empiezo a trabajar con alguien siempre le aviso “me voy a pegar a ti, y voy a ser muy pesada y voy a revisar y reescribir todo lo que hagas. Eso durante tres o cuatro capítulos, al quinto que ya veo que has entendido lo que quería te voy dejar mucho más espacio.” Creo que eso es lo que tengo que hacer porque creo que es imposible saber lo que está en la mente de una persona si esa persona no te lo dice. Lo primero es contar lo que tengo en mi cabeza y trasladarlo. Pero tampoco queremos escribanos. Yo no quiero gente que transcriba, yo quiero gente que aporte cosas. El resultado nunca va a ser exactamente el que tengo en la cabeza, si tengo suerte es mucho mejor. Pero para eso tienes que dejar un espacio para que otros pongan una parte de sí mismos. Además si haces eso, esa gente va a amar el proyecto, se van a quedar ahí y lo van a hacer lo mejor que puedan. 

En esta profesión, tan ligada a la pasión como dices, es difícil lidiar con el rechazo.

Yo siempre le digo a los chicos que vienen nuevos a Bambú “Escribir es reescribir”, y es asumir que va a salir una cosa bien de cada cincuenta mal. Y no pasa nada. Y cuando aprendes que no pasa nada ya no te frustra, asumes que a lo mejor esa serie no sale nunca, o que a lo mejor sale dentro de siete años, de nueve años… Porque eso también pasa mucho, a nosotros nos pasó con Fariña. Nosotros en Galicia queríamos hacer una serie sobre el narcotráfico y no había manera, porque en aquel momento en la televisión no había antihéroes como protagonistas, era todo mucho más blanco. Cuando años después apareció el libro de Nacho fue como “Ahora igual sí que es el momento de hacer esto que quisimos hacer durante tanto tiempo. Además tenemos una base que es un libro al que le ha ido bien y que además tiene el espíritu de lo que nosotros queríamos contar, que es ese carácter gallego que le da el puntito de comedia.” Hay muchas series de narcos en el el mundo pero ninguna puede ser como esta, porque en ningún sitio son como somos los gallegos. Eso es justo lo que evidenciaba el libro de Nacho y lo que nos molaba a nosotros. Y de repente fue todo súper rodado y la serie salió fenomenal y estamos felices, pero era una idea de hace un montón de tiempo. Cuando la gente dice “es que esto no ha salido” yo digo “no te preocupes, las cosas en las que uno confía hay que dejarlas ahí porque nunca sabes cuando se van a reactivar y cuando van a salir, que la industria cambia mucho.”

¿Que supone para ti pertenecer a ALMA?

Ha habido una labor interesantísima por parte de ALMA en los últimos años que nos ha dado mucha visibilidad a los guionistas y eso ha llevado a que tengamos más derechos. Creo que eso es lo interesante del sindicato,  por eso tenemos que apoyarlo todos, que cualquier lucha personal se convierta en una lucha colectiva. Ese tipo de lucha siempre tiene más fuerza y tiene más voz. Así que pienso que todo guionista debería afiliarse y intentar hacer lo que pueda a nivel particular. Porque es verdad que cada uno tiene su propia vida y sus cosas pero creo que lo que podamos aportar cada uno es interesante y hay que hacerlo. Nosotros hablábamos el otro día en los encuentros de ALMA del papel de la mujer dentro del mundo del guión, y yo siempre decía que a mí no me gustan nada los focos, no me gustan las entrevistas, no me gusta salir, a mi lo que me gusta es escribir; pero lo hago por conciencia, porque creo que es interesante demostrar que hay modelos femeninos en esta industria, y yo puedo decir en voz alta lo que muchas de mis compañeras dicen y no puede salir. Cuando no nos sacan en prensa, cuando nos relacionan siempre con un tipo de proyectos que tienen que ver con historias que se consideran femeninas… todas esas cosas hay que decirlas porque muchas veces ni quiera hay consciencia de que está siendo así. Hay que decirlo para que haya una reflexión y para que haya un cambio, lo tenemos que hacer a nivel particular y lo tenemos que hacer a nivel como colectivo. 

Entonces, ¿Hay una especial distinción a las guionistas en según qué géneros?

En los proyectos que se consideran más masculinos muchas veces los nombres de las mujeres que participamos en el proyecto han desaparecido de las noticias. Es bastante llamativo, nunca desaparecen de las noticias sobre Velvet o sobre Las chicas del Cable. Pero desaparecen de las noticias de Fariña y de El corredor de la muerte, porque se asocian directamente solo a mis compañeros. Qué curioso que sea justo en estos proyectos. No es casual. No quiero decir que sea intencionado, porque no creo que sea intencionado, pero creo que hay una ‘cosa’ interna. Muchos periodistas consideran que hemos participado menos, sin meditarlo, porque son series “masculinas” y “no seremos tan importantes.” Ese tipo de cosas hay que decirlas y hay que compartirlas con el sindicato, sobre todo cuando no se ponen los nombres de los guionistas en las noticias, a mí me han llegado mil veces quejas de los guionistas con este tema. [···] Para mi lo ideal es que nadie se preocupe si algo lo ha escrito un hombre o una mujer.

Siempre creo que se menosprecia un tipo de proyectos que tienen que ver con lo más comercial y sobre todo que tienen que ver con lo femenino. Y a mí eso me molesta mucho. Porque creo que hacer una serie como se ha hecho Velvet durante tantísimas temporadas, que viaje internacionalmente, es una cosa muy complicada. No sé por qué tiene que tener menos valor dentro de la industria que Fariña. Yo no lo creo. Además siempre me molesta el término “series para mujeres”, porque viene a decir que están las series y las series para mujeres. No existe el “series para hombres”; existen las series buenas y las series para mujeres, como en una segunda categoría. Como la novela rosa, siempre por debajo. Oye no, serán series todas. Y las verá además quién quiera. Si tu ves las audiencias de Velvet hay una audiencia masculina brutal, es una mentira que sean para mujeres. No hay una diferencia nada notable, es muy poquita. 

¿Rutinas de escritura?: Yo soy ‘de ofi’. Soy de horario fijo. Me gusta tener un espacio para escribir y un espacio para mi vida privada. 

Recomienda una serie: La serie de Mrs Maisel, que me encanta. 

Escena de la que te sientas más orgullosa de haber escrito: No es una escena mía solo, esto es un trabajo en equipo, pero me gusta mucho el momento en Fariña en el que el poder pasa a las mujeres porque creo que es una sorpresa. Porque hasta ese momento han estado siempre en segundo plano y de repente cuando aparecen, aparecen con una fuerza… Pues es increíble. 

Actualmente estás trabajando en: La tercera temporada de Alta mar, que estamos en rodaje, y con un montón de cosas nuevas que no te puedo contar (risas) Que espero que salgan. Y escribiendo más pelis.

Tiene muchos proyectos en el aire pero una cosa clara: por ahora, seguirá en ficción. Gema R. Neira está enamorada profundamente de su trabajo, el cual ahora mismo está centrado en explorar aspectos de la producción, y en continuar aprendiendo y mejorando cada día.

Entrevista por Paula Sánchez Álvarez
Fotografías de Ana Álvarez Prada


NÚRIA PARERA Y MARTA GRAU: DESARROLLO SOBRE RUEDAS

13 enero, 2020

De trabajo universitario a la parrilla de TV3 y Netflix. Las del Hockey es una serie creada por Ona Anglada, Marta Viver, Natalia Boadas y Laura Azemar. Posteriormente se sumaron las veteranas Núria Parera y Marta Grau a las que entrevistamos después de su ponencia en el Encuentro de Guionistas


¿Cómo se concibe Las del Hockey?

Marta: La serie nace de un trabajo de final de grado de la Universidad Pompeu Fabra. La idea se vende en un pitch en el Cluster Audiovisual. Ahí Brutal Media se interesa y compra el proyecto. Luego se pasa un proceso de dos años de desarrollo para poder acabar de venderla a TV3, que es quien había mostrado interés en el Cluster. Después de estos dos años de reformular toda la biblia y trabajarla con los argumentos que nos había pedido TV3, se consigue vender a la cadena y empezamos a trabajar las escaletas y los guiones.

¿En esta reformulación qué clase de diferencias hay?

Marta: La idea original estaba pensada para un target muy concreto, juvenil, que sería más de plataforma. TV3 nos pide que incluyamos personajes adultos para intentar aumentar la franja de edad dentro de la generalista. Entonces se amplían los núcleos familiares de las protagonistas dándoles también trama propia a los adultos. Así mismo se enriquecen algunas de las tramas respecto a la biblia original. Luego hemos de hacerla crecer para llegar a los trece capítulos, que es lo que pide TV3.

Marta Grau también es autora del brillante libro La Mente Narradora.

¿Qué recomendaríais a la gente que está empezando a desarrollar proyectos?

Núria: Que tengan una idea simple, vendible. Que esté conectada con la sociedad, con el momento en el que vivimos y haya una demanda de esa temática. Sobretodo que parta de tu propio mundo, de tu propia experiencia. Porque a veces crean proyectos muy lejanos a ellos mismos, de ciencia ficción, de terror… No es tanto por el género, sino por lo que quieres contar. Que tengan claro el tema y sepan contarlo. Han de beber de su propia experiencia y no de las series que nos rodean. Es importante que no quieran imitarlas y busquen más en su interior sobre lo que quieran contar.

A la hora de dialogar personajes jóvenes hay dos posibles enfoques. Buscar el realismo como en Skam o estilizar las conversaciones, como nos han comentado los creadores de Élite. ¿A que se acerca más Las del hockey?

Marta: Hemos intentado emular la realidad. Es el punto positivo de contar con cuatro guionistas jóvenes con cercanía al slang de la calle. Hay que poner mucha oreja. A mi me encanta escuchar cómo habla la gente joven cuando voy en el autobús o estoy en una cafetería. Ver lo que se está moviendo. En Las del hockey hemos intentado hacer el diálogo verosímil pero siempre buscando el objetivo de la escena. No hacer escenas retratistas, sino que tengan contenido y funciones dramáticas. 

En la serie se tratan muchos temas de actualidad social. ¿Cómo planteasteis su inclusión a través de las tramas? Del mismo modo que cada episodio está dedicado a un personaje, ¿teníais una lista de temas a tratar?

Núria: Más que lista de temas es el punto de vista en el que los tratas. Al ser una serie juvenil los temas son bastante comunes a otras series juveniles. Un embarazo no deseado, la relaciones sentimentales, qué haré con mi futuro, la relación con los padres etc. Son cosas comunes. Pero sí que analizábamos cómo contarlo desde el punto de vista feminista, que es de lo que va la serie.

Núria Parera tiene un extenso currículum de series en TV3.

El hockey tiene un un peso importante en la serie. ¿Cómo os enfrentais a la escritura de acción y diálogo mientras juegan?

Marta: Eso ha sido un trabajo muy interesante.Los partidos están insertados en la historia pero siempre dramáticamente. Es decir, les pasan cosas a los personajes dentro del partido y surge un conflicto entre ellas o se juegan algo importante. Con lo cual tiene que haber diálogo y situaciones concretas en ese partido. Las acotaciones están escritas como acciones habituales y los diálogos igual. Luego les pasábamos el guión al equipo de dirección y al asesor de hockey, Arnau Casanovas, para ver si es realizable o no. Para saber si tenía sentido dentro del hockey y si era realizable. A veces un diálogo que pasa en el campo, lo teníamos a trasladar a la banqueta o dejarlo para después en el vestuario. Vamos proponiendo desde guión y luego ajustando desde dirección y producción, porque requiere de un gran esfuerzo logístico. Nunca antes habíamos guionizado una serie deportiva. Hemos descubierto por qué (risas).

Una entrevista de Sergi Jiménez.



SESIONES CREATIVAS 2020: UN MÉTODO PRÁCTICO PARA GENERAR IDEAS

7 enero, 2020

¿De dónde sacas las ideas?

Es la pregunta que más oye un guionista. En cenas, en entrevistas, en coloquios con el público.

Según la percepción generalizada sobre nuestra profesión, concebir ideas es un proceso mágico reservado a los elegidos, mientras que escribir en sí no es más que juntar palabras, una actividad mecánica al alcance de cualquiera (al fin y al cabo, todas las palabras que usamos están ahí, en el diccionario. Inventar, no inventamos nada).

La realidad es totalmente diferente. Al menos yo tengo ideas para guiones todos los días. Y no una ni dos. Las tengo por docenas. Muchas de esas ideas ni siquiera tengo que pensarlas: están ahí, tropiezo con ellas. Lo que me cuesta trabajo es seleccionarlas, desarrollarlas y articularlas en una trama de ficción que las presente de forma sutil, inesperada, emocionante.

La realidad reparte cartas estupendas todo el tiempo. El mérito está en saber jugarlas. Que el cinéfilo o lector medio no sepa esto carece de importancia. Lo preocupante es que muchos estudiantes de guión encuentran dificilísimo tener ideas.

Llevo quince años dando clases de guión. He impartido cursos y talleres a cientos y cientos de alumnos. En el Master de guión de Salamanca. En el de Mediapro con la Complutense. En la ECAM. Y cada año me encuentro a más alumnos angustiados ante la dificultad de generar ideas para guiones.

Dando clase en el máster de Salamanca. Foto: © Jean Cité.

Esa angustia del “no se me ocurre nada” es especialmente dura en estos tiempos, con Netflix y Amazon instalados en Madrid, con ese runrún constante de que “estamos en una época dorada”, de que “hay muchísimo trabajo”, de que “se produce más ficción que nunca”. Estamos en plena fiebre del oro. Hoy en día, un guionista tiene que tener una mochila llena de ideas listas para ser presentadas en cualquier momento. Dos o tres series como mínimo. Y largos. Y cortos. Quizá un par de microteatros.

No basta con una “idea de oro”. Hay que llevar el revólver cargado.

Por eso, de un tiempo a esta parte, he decidido que la primera clase de mis talleres de guión sea una sesión 100% creativa: que los alumnos entren en clase sin nada preparado y salgan con una sinopsis ya planteada. Inventada por ellos. Allí. En directo.

En los últimos meses he desarrollado varias actividades creativas para facilitar ese proceso de generar ideas. Pero me preocupa que este método sólo esté disponible en posgrados y escuelas privadas. Creo que es hora de sacarlo a la calle. Que no sea algo exclusivo. Que todo el mundo pueda hacerlo, independientemente de su poder adquisitivo y su nivel de estudios universitarios.

Por eso, a partir de enero, voy a realizar en Madrid sesiones creativas para escritores que necesiten ayuda en la creación de ideas. Ojo: no sólo guionistas. El método es igual de válido para novelistas o dramaturgos. Todo el que venga terminará la sesión con al menos dos o tres ideas nuevas que meter en la mochila. Y lo más importante: con un método para seguir generando ideas en el futuro de forma fácil y divertida.

El precio no será un problema para nadie: cada cual puede pagar lo que considere. Habrá una hucha al final de la sesión. Si sales de clase habiendo parido dos o tres ideas jugosas, deja algo de dinero en la hucha. Lo que puedas, lo que quieras, lo que creas que ha valido la sesión. Si terminas sin nada nuevo que cargar en la mochila, no te habrá costado nada. Cuando llegue a mi casa, contaré la pasta, y valoraré la experiencia. Si el resultado es bueno, intentaré repetirla lo antes posible. Si no lo es, al menos habré intentado marcar una diferencia.

Bueno, matizo: sí pediré una cantidad simbólica por adelantado, en concepto de reserva de plaza. No más de 5€. Aparte de eso, en mis sesiones creativas sólo se pagará la voluntad.

En principio, las sesiones se llevarán a cabo en Madrid porque es donde yo vivo, pero no tendría problema en celebrarlas en otras ciudades si hay suficientes escritores interesados.

Si la iniciativa te parece interesante, por favor rellena el formulario y te contaré más detalles cuando se vaya concretando. Y si Madrid te pilla lejos, dime de dónde eres y te informaré cuando podamos celebrar una sesión en tu ciudad. También te agradecería que compartieses este post con quien creas que puede tener interés.

(Si ya estás suscrito a La Separata, no hace falta que rellenes nada: los lectores de nuestra newsletter recibirán noticias sobre las sesiones creativas directamente en su buzón).

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RESUMEN

¿Qué es esto? Sesiones creativas de 3-4 horas, 100% prácticas, en Madrid.

¿A quién va dirigido? Estudiantes de guión, narrativa o dramaturgia. Escritores aficionados. Escritores profesionales que tengan dificultades a la hora de generar ideas.

¿Qué obtiene el alumno? Un método práctico de creación de ideas que dará sus frutos durante la propia sesión y que podrá usar en el futuro. Un 10% de descuento durante un año en el servicio de Análisis de Guión de Bloguionistas.

¿Cuánto cuesta? 5€ en concepto de reserva de plaza (no reembolsables) + lo que consideres que ha valido la clase. Habrá una hucha al final donde podrás dejar el dinero que creas justo. Nadie vigilará qué deja cada uno.

¿Y si lo que considero justo es CERO? Si la experiencia no te resulta productiva, puedes irte en cualquier momento sin dejar un euro.

¿Cuándo? Las fechas están por confirmar, pero la primera sesión será en febrero en Madrid. A partir de ahí, según la demanda (y lo que vaya quedando en la hucha), podrán realizarse sesiones periódicas. Mensuales, bimensuales, quincenales…

¿Cómo sé yo que esto va a merecer la pena? Estas sesiones son el fruto de 15 años trabajando como guionista y cientos de horas de clases de guión impartidas en escuelas y universidades. Si realizas las tareas con mente abierta, las historias surgirán ante ti de manera inevitable.

¿Y si hay si cosas que no me han quedado claras? Escríbeme a bloguionistas@gmail.com y estaré encantado de contestar a tus preguntas.

Feliz año.


LOS HIJOS: EL MUNDO QUE DEJAMOS

6 diciembre, 2019

Por Sergio Granda

La herencia de toda una generación materializada en una catástrofe nuclear. En 2016, con solo 33 años, la autora británica Lucy Kirkwood estrenaba su obra The children en el Royal Court Theatre de Londres. Éxito posterior en Broadway y tercer mejor texto del siglo XXI para The Guardian, Los Hijos ha consagrado a su autora como una de las voces más inteligentes y críticas de nuestro tiempo. Con esta carta de presentación, el pasado jueves 28, David Serrano presentaba la adaptación española en el Teatro Pavón Kamikaze. Sobre el escenario, Susi Sánchez, Joaquín Climent y Adriana Ozores. Ellos son, respectivamente, los Hazel, Robin y Rose inventados por Kirkwood. Tres personajes que se reencuentran con su pasado individual para preguntarse, y preguntarnos, por el futuro global.

Cuenta la autora que su referencia para crear el universo de la historia fue el desastre nuclear de Fukushima. Así que, imaginemos los años posteriores a un episodio mucho más devastador: con electricidad racionada y sin apenas agua corriente, una pareja de físicos nucleares prejubilados pasa el resto de sus días en una destartalada cabaña perdida del mundo. Ellos vivieron en primera persona el desastre y sus consecuencias. Puede que de ahí, de ver la muerte tan de cerca, nazca su obsesión por el yoga y el cultivo ecológico. Es la inesperada visita de Rose, una antigua compañera a la que no ven desde hace más de 30 años, la que pondrá sobre ellos el dilema central de la obra: ¿estarías dispuesto a sacrificar tu futuro por el de tus hijos?

La pregunta no es casualidad en 2019. Al mismo tiempo que Madrid celebra la Cumbre del Clima, un evento de eco internacional, la historia de Kirkwood se construye en torno a un hecho específico, sobre el que proyectar la cuestión de fondo: nuestro legado medioambiental; las consecuencias dramáticas de la incursión humana en la naturaleza. De la distinta mirada de cada personaje por el mundo, nace la metáfora. Si Rose es la conciencia por la salud del planeta, Hazel es la preocupación por la suya propia, y Robin la temeridad de quien se acerca cada día un metro más al precipicio. Así, la asunción de la muerte funciona en dos direcciones: el planeta muere, pero en cierta forma, también mueren ellos tres.

En este sentido, no es casualidad la relación que se plantea entre el uso abusivo de los recursos, la tecnología y las futuras consecuencias. La escasez con la que viven Hazel y Robin deja al trasluz una evidencia: más abuso hoy, menos recursos mañana. ¿A qué parte de la ecuación queremos renunciar?

El texto crece y trasciende a sus tres protagonistas. Ellos representan una generación que vive con la responsabilidad de las generaciones futuras. Distintas conciencias e implicación frente a un problema cada vez más nítido. Y es que, en la ficción, son los jóvenes quienes exponen su cuerpo a la radiactividad para tratar de reconducir los efectos devastadores de la catástrofe. Aunque no suban al escenario, la presencia de todos los hijos, de los que se habla y de los que no, es continua y tangible. El peso del dilema está, por tanto, en los que empezaron todo tres décadas atrás.

Estamos, entonces, en una cabaña aislada. Sobre el escenario, ese lugar mínimo y solitario representa el individualismo de los que viven ahí. Su postura ante la vida. El “yo más no puedo hacer”.  Así, el lugar se convierte en un espacio de diálogo con el espectador. Una conversación constante y comprometida que, sí, parte de un relato construido sobre un mundo paralelo, pero de una realidad abrumadora. La premisa del “qué hubiera pasado si” es aquí la mejor forma de señalar lo que ya ha pasado.

Sin embargo, el montaje apuesta por la narración. Es difícil poner sobre escena algo tan grande y complejo como la emergencia climática desde los conflictos internos y propios de tres personajes. Pero Los Hijos lo hace. Se compromete a contar una historia, no a agitar una mera consigna ecologista. Eso es precisamente lo que eleva su mensaje y hace que todo tenga más peso y verdad. Esta es la historia de Rose, Hazel y Robin. De su reencuentro y sus recuerdos. De sus cuentas pendientes. El espectador se implica a tal punto con sus vidas que lo que va por detrás cala con igual o mayor fuerza.

En un momento en el que el negacionismo más vacío atenta contra el consenso científico, el montaje de David Serrano es contundente y reflexivo.  Necesario. Una mirada de emergencia a un problema contemporáneo, que nos obliga a replantearnos el futuro.

Los Hijos estará de martes a sábado a las 20:30, y los domingos a las 18:00, en el Teatro Pavón Kamikaze hasta el 5 de enero.


PRÓXIMO: AMOR A DISTANCIA EN EL TEATRO

5 diciembre, 2019

El pasado jueves 28 de noviembre en el Teatro de La Abadía de Madrid no quedaba ningún asiento libre en la sala. En el patio de butacas encuentro los rostros de varios actores conocidos: Carlos Hipólito, Patrick Criado… Y es que el regreso a los escenarios del autor argentino Claudio Tolcachir era algo muy esperado por todos, pero especialmente por los artistas. El dramaturgo estrenaba en España su obra Próximo, una representación con solo dos actores.

Próximo narra la relación entre Pablo (Lautaro Perotti) y Elián (Santi Marín), un argentino humilde que sobrevive como puede en Australia y un actor fanfarrón español con muy pocos amigos en España. Su relación se va estrechando hasta convertirse en amor separado por miles de kilómetros. Como cualquier otra relación pasa por diferentes etapas: flirteo, celos, necesidad de compromiso… Todo ello sin nunca llegar a tocarse. También están representados los momentos rutinarios de pareja, charlas tan humanas y normales como los personajes que las viven.

Esa paradoja de sentir tan cerca a quien tienes lejos es plasmada mediante el uso del espacio: sobre el escenario apenas hay montada una casa, que hace de la de cada uno de ellos. Esa magia generada al verlos compartir salón pero a la vez saber que no lo hacen es preciosa. Ver a los actores hablar con sus teléfonos, sus ordenadores… Y sentir que sin hacerlo se están mirando a los ojos. También está muy bien usado el espacio mental; el imaginario que construyes a partir de lo que te cuentan los personajes. Todo de lo que se habla pero que no se ve tiene rostro en la mente del espectador: los familiares que se mencionan, los compañeros de piso que nunca aparecen, etc.

El tipo de pareja a distancia que plantea Próximo es algo muy real y sin embargo muy pocas veces retratado (y menos en teatro). Los personajes están muy bien perfilados, tienen muchas aristas, defectos y contradicciones que los hacen verdaderos. Porque Próximo está llena de realidad: de choques culturales entre Argentina y España, de la emoción de una nueva relación, del miedo que da esto último… En definitiva, de la creación de un vínculo de afecto.

A nivel formal el arco de transformación del personaje de Elián es el más elaborado de ambos, madurando durante los setenta minutos que dura la representación. Con unos diálogos naturales, Tolcachir nos lleva de la mano en un viaje lleno de sensibilidad, de pelos de punta y de amor en estado puro.

Este conmovedor texto también habla de soledad. De soledad en tiempos de sobreestimulación. En nuestro día a día lleno de fotos, de likes, de matchs de Tinder, de corazones en Instagram, ¿Es más fácil o más complejo encontrar el amor? ¿Cómo ha transformado la tecnología nuestra manera de relacionarnos?

Palabras del propio Claudio Tolcachir sobre su obra y el origen de esta: “Es una obra nacida de la necesidad. [···] Y Próximo justamente también está atravesado por la persistencia en la fe. El sueño absurdo de amar e insistir. De avanzar en lo imposible. Sea el amor, la vocación, la felicidad personal o colectiva. Hablo de cualquier tipo de proyecto de fe.”

Próximo estará de martes a sábado a las 20:30 y los domingos a las 19:30 en el Teatro de La Abadía en Madrid hasta el 15 de Diciembre

Por Paula Sánchez Álvarez


CUATRO AÑOS CURRANDO

4 diciembre, 2019

Por Enrique Herrero.

Batman contra Superman. Nunca olvidaré Batman contra Superman. Si no la has visto te preguntarás: “¿Quién gana al final?” La respuesta es: “Tú, por no haber ido a verla”.

En mi caso, sucedió algo extraño durante la proyección. Tenía varias llamadas de un número desconocido, y no, no era de un comercial de Vodafone, (ese número para mí era de todo menos desconocido, de hecho, si me hubiera tomado una pieza de fruta cada vez que me llamaban de Vodafone, llegaría a vivir hasta los 150 años). El teléfono en cuestión era de la productora en la que trabajé e hice el máster. Me dijeron una frase tan bonita que deja a las de Neruda a la altura de la mierda: “Enrique, mañana empiezas a trabajar”. Chúpate esa, Pablito. Pablito Neruda, no Motos, que no me quiero cerrar puertas… Pues bien, el caso es que de esto hace ya casi cuatro años.

Tres preguntas sobrevuelan ahora este blog: “¿Quién es este tío? ¿Por qué cuenta esto aquí? ¿Si como mucha fruta puedo vivir hasta los 150 aunque me hinche a torreznos?” A la primera pregunta, soy Enrique Herrero; a la segunda, porque hace tiempo publiqué en este blog una entrada llamada “Cuatro años en paro”; y a la tercera, teniendo en cuenta lo que me gustan los torreznos, espero que así sea.

Lo de “Cuatro años en paro” fue una mezcla de reivindicación, desahogo y prueba de guion encubierta que nadie me había pedido.

Reivindicación de un tipo de guionista del que no se habla. Se habla mucho del que triunfa y del que quiere empezar a serlo, pero muy poco o nada del que ha demostrado su competencia durante años, y de repente pisa la zamburguesa equivocada, y le resulta imposible llegar de nuevo a ese Laberinto del Chinotauro que es el mundo del guionista profesional (metáfora solo para amantes del humor, del humor amarillo…).

Desahogo porque, desgracias personales aparte, estar en paro para cualquier persona es algo muy duro, pero en el caso de los guionistas hay un topping extra de putada, y es que en internet no se publican ofertas de guionista, no existen agentes de guionistas, y el número de puertas a las que puedes llamar para pedir trabajo es muy limitado. Así que si a ese cóctel le añades tanto tiempo libre como para ver los debates de Intereconomía, pues era o publicar un post en Bloguionistas, o volverme como Michael Douglas (me refiero a su papel en Un día de furia, no a convertirme en un pervertido).

Y prueba de guion encubierta porque todo lo anterior lo conté en clave de humor por si lo veía alguien de la profesión que me pudiera dar trabajo.

¿Funcionó? Pues a medias… El post en cuestión tuvo bastantes visitas y llegó a gente que está fuera del mundillo del guion, y eso hizo que cuñados dijeran cosas del estilo de “córtate el pelo y búscate un trabajo”, (a los que les dediqué otra entrada en éste blog, llamada “Viaje al centro de mi ombligo”). Pero por otro lado, un montón de gente maja me empezó a seguir por Twitter, me dio su ánimo, y me escribieron desde una productora que estaba preparando un programa para un canal, porque al señor que lo iba a presentar le gustaron mis chistecillos (desde aquí muchas gracias a ese señor, al que no he tenido la oportunidad de agradecérselo).

El caso es que me mandaron una prueba de guion que por lo que me dijeron les gustó, pero el programa al final no se llegó a hacer. El programa se iba a llamar “Saber y ganar”, es una lástima que no se llegara a hacer nunca. Evidentemente, esto último era una broma, ni fue esa productora ni ese programa, pero oye, todo por hacer un buen chiste, o incluso por uno malo como ese.

Y ahora viene el momento de la autoayuda. Después de que esa productora me dijera que se cancelaba el proyecto, me enteré sobre la bocina de que en un programa de radio buscaban gente, y ya sea porque llegué tarde, o porque les gustó más otra prueba, o simplemente porque son malas personas y yo no les gusto, (porque yo tengo que gustarle a todo el mundo, al final el mundo es mi película y el resto sois figurantes) no conseguí ese trabajo. Pues una semana después de eso, me consiguieron una entrevista para un programa que sí salió, y estaba todo al 99%. Por lo que sé, le parecí bien a los jefes de guion y de dirección, y de repente, la cadena metió a otra persona. La cadena… Pues días después estaba yo comprando en una tienda de armas para una movida y justo recibí la llamada en la que me decían “Enrique, empiezas mañana”.

A ver, ahora estoy en un dilema, porque lo de las armas me gusta como cierra, pero claro, ya  he contado la verdad de que en realidad me llamaron mientras veía Batman contra Superman y a estas alturas no me apetece cambiar el principio, así que mira, hacemos como si no hubiera pasado nada y tan amigos.

El caso es que si me lees y estás puteada o puteado por estar en el paro, puede que algún día también te llegue esa llamada. Ojo, que también puede que no, que yo no voy en plan “si lo deseas lo consigues fijo”. Anda que no quería ser Camilo Sexto un artista inmortal, y mira como la ha diñado hace nada el pobre… Pero el caso es que hay ocasiones, pocas pero alguna, en las que el golpe que te da la vida no es una hostia bien gorda, es un golpe de suerte, y te llaman para decirte “empiezas mañana”. Por cierto, el programa en el que tenía el 99% de posibilidades de entrar duró solo una emisión y si hubiera empezado no habría tenido la oportunidad de estar en este que me permite decir que llevo (casi) cuatro años con curro.

Bendiciones.

 


ANNA R. COSTA: LA SHOWRUNNER DETRÁS DE ARDE MADRID

3 diciembre, 2019

Anna R. Costa actualmente es uno de los nombres más relevantes en el panorama del audiovisual español. Con una extensa carrera como guionista y como dramaturga revolucionó la televisión el año pasado con la miniserie Arde Madrid, su primera experiencia como showrunner. Ahora continúa trabajando para Movistar+, además de tener otros proyectos propios para cine y teatro. Reivindicando siempre su papel como autora y como mujer dentro de la escritura, nos concedió a Bloguionistas una entrevista en el Hotel Iberostar Las Letras, en la Gran Vía de Madrid.

¿Crees que el ser mujer te otorga una perspectiva diferente de escritura, o solo es una excusa para relegar a las guionistas a las comedias románticas?

En absoluto, yo creo que las mejores comedias románticas que he visto han sido escritas por hombres. Porque claro, todo ha sido escrito por hombres (risas). Hay muy poco que se haya escrito por mujeres hasta ahora. Pero yo creo que una mujer puede escribir lo que sea, desde películas de guerra, hasta dramas sociales. Lo que sí que es interesante es la mezcla. El punto de vista de la mujer y el hombre en guión yo sí que creo que es distinto. Tú puedes contar una historia de guerra y siempre va a ser distinta desde un hombre y desde una mujer, pero no quiere decir que haya temas específicos de hombres y mujeres, eso sí que no lo creo. Yo siempre abogo por equipos mixtos para escribir a la hora de construir mis equipos. [···] En mi caso también defendí que Arde Madrid tenía que ser una serie de mujeres y ser consecuente con esto y que fuera de verdad. No ponerlas y ya está sino que fuese una experiencia femenina en toda regla. Una es la de una mujer completamente libre que viene a un país que está en dictadura y ver cómo se mueve ahí; y otra la de una mujer que es ignorante de todo y a través de su conexión con Ava Gardner empieza a conocer el mundo y saca sus propias conclusiones sobre cómo debe ser su vida. 

¿Cómo viviste este éxito de Arde Madrid y, en concreto, el premio de ALMA a la mejor serie de comedia? 

Pues el éxito ha sido para mí una sorpresa, porque no me esperaba yo que algo tan personal pudiera llegar a tantas personas: que la gente te parara por la calle, te comentara, te escribiera en las redes sociales lo que le había llegado la serie, de lo que ha entendido con la serie, de cosas que estaban por ahí en la historia y que nosotros hemos recuperado… Y claro, es una alegría muy grande. Parece que había algo que faltaba por contar; encontrar un caramelito que nadie había tocado y de repente ofrecerlo es muy agradable.

Para mí como autora el éxito de Arde Madrid ha supuesto más libertad. Haces una cosa que llega, que gusta, que tiene éxito, que te premian… Y eso te da más libertad porque la gente cree más en ti y te dan más manga ancha para casi todo. Y entre los muchos premios que hemos tenido el de ALMA al mejor guión de comedia para mí en particular es un orgullo muy grande porque es de donde vengo (del guión). Que los compañeros te premien es un orgullo y una satisfacción que se culmina por ahí. 

Ahora todo el mundo conoce Arde Madrid, pero el proyecto tardó en fraguarse.

Mucho. Los inicios fueron difíciles, tardamos seis años desde que yo empecé a escribir el guión: la biblia, todo el proceso de documentación que fue larguísimo… Porque yo había empezado con una obra de teatro que se llamaba El manual de la buena esposa que trataba el tema de la mujer en el franquismo, de la escuela franquista para las mujeres, y ese tema era tan suculento y tan desconocido (sobre todo para las generaciones jóvenes) que seguí investigando, y esto se cruzó con que Paco terminaba Aída y empezó un proceso de estar un poco “a ver qué hacemos”. Empezamos a investigar y lo cruzamos con las vivencias de Ava Gadner en Madrid y así surgió la serie. 

Arde Madrid tiene un tono de humor muy característico.

El tono en guión costó encontrarlo. Fernando Pérez ha sido mi mano derecha en el guión: ha sido el que ha encontrado el tono conmigo, el que ha escrito conmigo, no ha entrado a crear personajes porque estaban ya definidos cuando él llegó pero tuvimos un tú a tú muy agradable. Y quiero mencionarlo porque si un guionista no tiene visibilidad el guionista número dos ya se diluye en el abismo. Fernando ha sido un gran aliado y un pedazo de guionista. El tono costó muchísimo porque era histórico pero queríamos que desde fuera no se quedase anclado en el pasado sino que tuviera un tono desde aquí. El punto de vista queríamos que fuera comedia pero a la vez con contenido y a la vez que lo político no estuviese en primer término. La reivindicación para mí tiene que estar en tercera fila, que no se vea lo primero, que esté a lo lejos y que lo pille quien quiera. Al llegar a rodaje estas cuestiones es donde se acaban de configurar también; la cámara dónde se coloca, los actores cómo los mueves para que se conserve el tono adecuado… Fue otra parte del proceso interesantísima. Luego en montaje es otra vez como si volvieses a escribir el guión porque es donde se reafirma el guión, es muy curioso. En rodaje es donde se levanta pero luego en montaje es donde se asienta. Una cosa de la que estoy muy orgullosa es que el texto de Arde Madrid está al 100% en la película.

Planteamos en guión tres situaciones que las queríamos improvisar pero ya estaban marcadas así en guión. En guión ponía “esta secuencia la vamos a improvisar” y poníamos cuatro o cinco líneas de referencia. E incluso las líneas de diálogo apuntadas como referencia están en el resultado final. La decisión de improvisar algunas secuencias un poco es herencia del teatro pero también es por el gusto personal de Paco, él las dos Carminas las hizo completamente improvisadas, no tenía guión. Tenía solo una especie de escaleta. Algunas secuencias en las que la esencia viene de un estado emocional fuerte es mejor improvisarlas porque tienes que dejar libertad para que eso se produzca como se tiene que producir.

Respecto al sindicato, ¿Qué te ha supuesto a ti pertenecer a él?

Es mi casa. Lo siento como mi casa: es el sitio donde te protegen, donde te cuidan, te dan visibilidad… Me siento arropada, acogida, cuidada… El guión hasta ahora había sido un sector invisibilizado y ninguneado. El guión tiene una cosa que es que nadie te mira hasta que sacas la cabeza y entonces todo el mundo quiere firmar. Nadie lo quiere hacer y todo el mundo lo quiere firmar. Eso es así. El hecho que ALMA proteja este sector, que siempre procure que el guión esté bien pagado, que los guionistas tengan visibilidad, que tengan voz para expresarse, que tengan plataforma… Todo eso es importantísimo. Ya era hora de que ALMA estuviera en un lugar visible y que los guionistas tuvieran su casa. 

Es que lo de la invisibilidad del guionista me parece una cosa indignante. Yo que tengo la suerte de estar en todo el proceso creativo (desde el germen de la idea hasta que se estrena) y sé que la parte más complicada es el guión. Es la peor pagada, la que tiene menos visibilidad, la que todo el mundo se apunta cuando está bien… Me parece injustísimo. Tampoco yo es que quiera culpar a la gente directamente, es que cuando no escribes no tienes ni idea de la dificultad que tiene.

¿Tienes rutinas a la hora de escribir? 

Empiezo siempre con media hora de revistas del corazón. Este es un consejo que me dio Albert Boadella porque yo cuando estudiaba en el Institut del Teatre lo tuve de profesor y decía: “Las revistas del corazón relajan mucho porque se te queda la mente en blanco. Y como no te implicas solo estás ‘viendo’.” Lo que pasa es que a veces tengo sobresaltos porque me encuentro a mí misma (risas)

La rutina es empezar por el relax, empezar por la mente en blanco: Veo a los trajes, veo a Paula Echevarría, veo a todas… Y entonces a la media hora cuando ya tengo la mente completamente en blanco ya me voy al ordenador. Lo que sí que procuro siempre hacer es dejar el trabajo del día anterior en un momento que me ha gustado mucho. Cuando estoy en racha en vez de acabarlo lo dejo, me paro. Porque si empiezo en el vacío absoluto puede que no arranque ese día. Siempre dejarme un ‘ganchito’ del día anterior me sirve para no quedarme nunca en blanco. También siempre tengo un proyecto paralelo personal al que voy cuando me atasco con lo que estoy haciendo. Al irme al otro proyecto me ‘desintoxico’. Tengo estos pequeños trucos para no agobiarme porque yo si me agobio cae Roma. 

¿Qué serie de la actualidad recomiendas?

Euphoria. Me ha fascinado Euphoria. Yo me la he tenido que ver tres veces para pillar cómo la han hecho. Y todavía no sé cómo está hecha. Te estimula tanto a nivel visual como de guión que dices: ¿Cómo han escrito esto? ¿Lo habrán escrito lineal y luego lo han desestructurado? ¿Lo han escrito temáticamente? ¿Lo han escrito por personajes y luego los han cruzado? Es que todavía no lo sé (risas). Entonces para los guionistas que van a leer esto: la estructura narrativa de Euphoria me parece interesantísima. Estoy fascinada y me inspira mucho para lo próximo que estoy haciendo.

Anna R. Costa después de haber tenido la experiencia de showrunner lo tiene claro: difícilmente volvería a ser solo guionista. Considera que la esencia del proyecto cambia cuando se transmite, me habla del “alma de los guiones” y de lo bonito de no ser solo “un técnico al que le devuelven su trabajo tachado, con subrayados amarillos y con palabras cambiadas”. Un proceso desagradable a veces y otras veces tan satisfactorio; Anna R. Costa ha llegado al mundo de los showrunners para quedarse.

Entrevista por Paula Sánchez Álvarez.
Fotografías de Ana Álvarez Prada.


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