EL PEREGRINAJE DE UN GUIÓN (I): LA MALA NOTICIA

13 enero, 2010

Por Chico Santamano

Entre hoy y la semana que viene quiero contestar esta duda que me plantea una guionista amateur que sólo existe en mi cerebro y que responde al nombre de Rita Barberá (sí, como la del PP… pero es casualidad, ¡lo juro!).

Querido Chico Santamano, os sigo a los bloguionistas desde hace años. Primero en vuestras carreras en solitario y ahora ya como la exitosa Boy band que formáis. Esta Nochevieja me propuse escribir un guión y… ¡voilà!… en una semana lo he escrito por las tardes. Se trata de un viaje iniciático de un parado y un subsahariano. Es muy social, muy emotivo y muy interesante, en serio. El caso es que me gustaría saber cómo conseguir que una productora me lea y compre mi guión.

Siempre tuya,
Rita Barberá.

Estimada Rita, como contestación a esta pregunta tendré que darle dos noticias. Una buena y otra mala. ¿Cuál quiere que le cuente primero? Como usted es un producto de mi imaginación y a mí me viene mejor contarle primero la mala, vamos a por ella.

LA MALA NOTICIA

Siento darle este disgusto, así tan de primeras, pero ahí va… El 95% de los “primeros guiones” que se escriben nunca se compran y de ellos sólo el 2% se ruedan. Ojo, la cifra no está apoyada en datos oficiales. Es pura intuición por lo que vivo, veo y oigo cada día.

Por desgracia, son poquísimas (casi ninguna) las productoras de cine españolas las que tienen un departamento de lectura de guiones. Por lo que su guión llegará a la productora de turno, la secretaria lo colocará en una estantería junto a otros 72 guiones sin leer y una vez al año serán desalojados y (con suerte) reciclados tras arrojarlos al contenedor más cercano.

También es una desgracia el hecho de que la mayoría de las productoras importantes no suelen estar abiertas a ideas que les llegan de fuera. El número de proyectos que pueden abarcar al año es muy reducido y generalmente los suelen tener comprometidos con guionistas y directores de confianza. Lo más parecido a “dar una oportunidad” a nuevos valores es ponerse en contacto con cortometrajistas que estén destacando en festivales. Rita, ¡no se enfade! Tiene que entender que es más cómodo y rápido ver UN cortometraje de diez minutos que leer durante una hora un tocho de 90 páginas que ningún festival ha testado con anterioridad.

Ante este panorama le voy a dar unos consejos “oficiales y prácticos” para colocar un guión en una productora (no le garantizo en qué parte de la productora, ojo).

–    Ni se le ocurra mandar la primera versión. Trabaje más, por mucha prisa que le corra.

–    ¿130 páginas de guión, Rita? Quítele 40 y siga leyendo.

–    Haga un pequeño estudio de campo sobre las productoras. Entérese de qué tipo de pelis suelen hacer generalmente. No le mande a Filmax su viaje iniciático del parado y el subsahariano ese, ni a Telespan una de dragones y mazmorras.

–    Incluya una sinopsis de menos de una cara tras la portada. No tenga miedo a parecerse a los ‘flipaos’ que redactan los textos de las carátulas de los dvds. Si tiene que usar hipérboles tipo “El planeta está a punto de destruirse. Sólo un hombre puede evitarlo” o similares, hágalo. Sin miedo. Enganche al lector sin pudor.

–    Nunca envíe su guión por correo electrónico. Si ya es difícil que se lo lean, peor aún si además tienen que poner ellos el papel.

–    Si lo va a enviar por correo, llame antes a la productora. Pregunte por quién es la persona encargada de leer y estudiar los proyectos y pida que le pasen con él o ella. No olvide apuntar el nombre (para ponerlo como destinatario en el sobre). Si consigue pasar ese filtro espero que haya practicado mucho el arte de la seducción y la concisión. Tiene menos de 20 segundos para venderse usted primero (sólo si tiene un mínimo de experiencia en este mundillo) y su guión después, antes de que el cerebro de su interlocutor grite “me aburro” y desconecte por siempre jamás. Si consigue causar una buena impresión, cuando llegue su guión no será un puñado de páginas más, sino que ¡lo estarán esperando con curiosidad e interés!

–    Rita, amor (¿puedo llamarle “amor”?)… esta opción es la que más le recomiendo. Es un mix entre lo anterior y lo que debería hacerse. Llame, pregunte por la persona encargada de leer guiones y pida que le pasen con él. Si le dan largas porque se huelen que usted es una amateur de tantas, no se preocupe. Llame al día siguiente y pregunte directamente por el encargado. Cuando le pregunten “¿De parte de quién?” diga su nombre sin miedo. “Rita Barberá” suena lo suficientemente contundente como para que atiendan todas sus llamadas.

Una vez pasado el filtro de la secretaria y con el encargado al aparato, preséntese y ¡atención! pregúntele si están buscando nuevos proyectos. Si la respuesta es afirmativa, entérese de si tienen predilección por algún género en cuestión o si están abiertos a cualquier cosa. Amiga Rita, si te dicen que buscan un thriller musical, olvídese. No se empeñe en mandarles su guión cegada por la convicción de que su película será un éxito. El Amazonas está lo suficientemente jodido como para que tire más papel a la basura.

Si la voz al otro lado del teléfono le dice que buscan algo parecido a su guión, ¡enhorabuena! Dígale que tiene una historia que les va como anillo al dedo y que le encantaría entregárselo en persona. Si siente una mínima receptividad, no lo dude. Concierte una cita y prepárese para verse las caras y “pichearle” su película. Si consigue entregar ese texto en mano, le estará poniendo un rostro (el suyo, claro) a su trabajo y por lo tanto darle otra dimensión a su guión de cara al señor que decide si verá o no la luz de los focos.

Ups! Se hace tarde (y muy largo), Rita. La semana que viene le cuento lo que podría pasar una vez llegados a ese punto y sobre todo… la BUENA noticia (que muy en el fondo no es tan negro el panorama como lo pintan/pintamos).


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