MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: LOS TIBURONES BLANCOS Y LA CARNAZA

por Pianista en un Burdel.

En el post anterior, La Primera Dama, les contaba la anécdota del productor, su mujer y su perro. Un título digno de Peter Greenaway, pero con una trama mucho más deprimente. Relatada la anécdota, vamos con la moraleja. Y la moraleja es:

Un buen guión no te protege de los tiburones blancos. De los tiburones blancos sólo te protege LA CARNAZA.

Y me explico: nos guste o no, hay todo un segmento de la industria que considera que el cine tiene que promover determinados valores sociales. Desgraciadamente, los ignorantes que piensan esto son imprescindibles para poner en pie proyectos cinematográficos en este país. Los llamaremos tiburones blancos. Son unos escualos robustos y voraces, que encuentran su habitat natural en las comisiones ministeriales, los jurados de concursos de proyectos, y los departamentos de desarrollo de las cadenas, donde apenas hay otros depredadores que amenacen su hegemonía. (Ni que decir tiene que en esas comisiones, jurados y departamentos también hay gente inteligente, ecuánime y talentosa. Pero los tiburones les superan en número.)

Conviene señalar que el tiburón blanco no es intrínsecamente violento. No mata por matar. Reflexionemos un momento sobre las razones más habituales de sus ataques:

  • El tiburón no ataca a la víctima con intención de comérsela, sino porque la considera un intruso en su actividad diaria al que interpreta como una amenaza potencial. Por ello, la mordida y posterior retirada no sería más que una simple aunque desproporcionada “advertencia”.
  • El animal se siente confuso ante algo que nunca ha visto antes y no sabe si es comestible o no. Por tanto, el fugaz ataque es una especie de “mordisco-prueba” con el que intenta hacerse una idea de si le conviene alimentarse en el futuro de ese nuevo elemento en su mundo.
  • El tiburón confunde a la víctima con su comida habitual. Los ataques registrados contra pequeñas embarcaciones pesqueras y de recreo podrían explicarse como confusiones entre éstas y los cuerpos de cetáceos de tamaño medio o elefantes marinos muertos a la deriva.

(Fuente: Wikipedia – Carcharodon carcharias)

Para mí, la conclusión está clara: más nos vale a los autores darles carnaza que morder. Porque son ignorantes y descastados, pero no ciegos. Y necesitan alimentarse. Quieren su banderita de Cruz Roja. Quieren su pegatina de Greenpeace. Quieren la foto con el pobre. Y si no la colocamos en el lugar adecuado, lo harán ellos. Y siempre, siempre se equivocarán.

Yo descubrí en este proyecto cuál era la carnaza favorita del tiburón blanco. Y siguiendo mi vocación de servicio público, compartiré este hallazgo con ustedes: procuren que su guión tenga un tema. Un tema clarísimo. Del tipo “las putas también son personas“. Del tipo “mucho jiji y mucho jaja, pero si te pasas con las rulas, la puedes palmar“. Del tipo, “todos los franquistas eran malos y feos, y todas las republicanas eran monísimas“. Cuanto más evidente mejor. Y procuren colarlo de manera burda: Un monólogo. Una escena que no contenga material clave para ninguna trama. Un personaje ad hoc que no interactúe demasiado con los protagonistas.

En resumen: procuren colocarlo de manera que pueda desaparecer en montaje sin dejar rastro.

Recuerden: el tiburón blanco es capaz de confundir a un humano con su comida habitual. Diablos, es capaz de confundir un barco de pesca con un elefante marino muerto. No debería ser difícil colocarle una carnaza en forma de tema. Ellos no son capaces de distinguir la estructura del guión (que es su verdadero alimento). Ellos sólo ven el tema (que no es más que el envoltorio).

Créanme: nueve de cada diez productores, diez minutos después de leer un guión,  sólo recordarán aquellos highlights que le preocupan personalmente. No se van a dar cuenta de cómo están introducidos. Metan en el guión todo lo que vean necesario para venderlo. Si el director y el montador tienen cerebro, el proceso natural de creación de la película acabará con todos los flecos inservibles. (Y si no tienen cerebro, da igual lo que hayamos luchado: la peli será basura.) En la fase de montaje, cuando ya hay un millón de euros menos en el banco, los productores se vuelven mucho más razonables. Entonces entienden que ese minuto de buenas intenciones por el que tanto han luchado… sencillamente sobra.

Pero no peleen con los biempensantes durante la fase de guión. No intenten explicarles que la gente no va al cine a ser aleccionada, sino a divertirse. Eso es como bañarse solo, lejos de la costa, en aguas cálidas y a la hora del atardecer: no sería extraño que apareciera un tiburón blanco viejo (los más violentos) y te arrancase una pierna, o medio segundo acto. Recuerden que estamos en un país en el que se le dice a la gente que su obligación es ir a ver cine español. Este país todavía tiene un concordato con el Vaticano. La Iglesia Católica tiene su casilla propia en la declaración de IRPF. Todavía tenemos un Rey, por el amor de Dios. Aquí la moral importa.

Dado que el próximo día 1 de marzo acaba el plazo de las subvenciones a desarrollo de guión del ICAA, el jueves que viene les hablaré de eso que tanto les preocupa: ¿qué demonios es un tratamiento secuenciado y qué aspecto tiene?

13 Responses to MANUAL DE SUPERVIVENCIA PARA GUIONISTAS: LOS TIBURONES BLANCOS Y LA CARNAZA

  1. Fanshawe dice:

    Bueno, reconozcamos que las republicanas en su mayoría eran monísimas.

    ¿No vas a contar cómo terminó la cosa con la primera dama y su marido the calzonator?

  2. Kohonera dice:

    Una pregunta que me asalta cada vez que leo historias de productores escritas por guionistas: ¿no hay un sólo productor inteligente? ¿no hay un solo guionista estúpido y falto de talento? Si, siendo tan estúpidos, son capaces de poner en marcha proyectos de un millón de euros, ¿no podría un inteligente guionista hacer mucho mejor ese trabajo? ¿Por qué no lo hace? ¿Tan difícil es?

    Bueno, al final ha sido más de una pregunta, pero es soy muy inquieto.

  3. Flinn Sorrow dice:

    Ja, ja, ja… ¡Buenísimo, pianista!

  4. Cuando trabajaba en Pizza-Hut, la carnaza eran LAS TAPAS.

    A las masas de las pizzas, ya descongeladas, se les ponía el tomate por tandas de 20 ó 30, las que calculabas que ibas a necesitar en la próxima hora, y se volvían a tapar hasta que llegasen los pedidos. Y las tapas se manchaban de tomate.

    Al final de la mañana o de la tarde había un montón de tapas sucias apiladas a un lado de la mesa de ingredientes, con el tomate reseco como una costra. Cuando había una pausa teníamos que llevarlas al lavavajillas. El primer día que trabajé junto a Rizos, cuando iba a bajar las tapas a lavar, me dio un consejo:

    – Deja quince.

    Bajé el resto y dejé 15 haciendo una torre de costras horrible. Y nos tocamos los huevos hasta que llegó el encargado en su ronda habitual. Echó un vistazo y:

    – Venga, venga, esas tapas a lavar.

    Y se fue sin ver el suelo sucio, la mesa llena de restos, las cámaras sin rellenar, que no llevábamos la gorra y demás pijadas que habría visto si no hubieran estado ahí, escandalosas y tentadoras, tapando el bosque, LAS TAPAS.

  5. susopazo dice:

    Vaya, vaya… ¿no estarás insinuando que el cine español es una mierda por culpa de las subvenciones? O a lo mejor es que no entendí una mierda de lo que dices… (es que no quiero quedar muy troll)

  6. […] qué argumentos esgrimiría para defender sus principios, y no los nuestros. Como bien dijo ayer el Pianista, un guión no debería plantearse como un medio para proponer nuestras tesis, sino para […]

  7. Norin Radd dice:

    Claro, Pianista, claro… olvidaba que eres el único que tiene idea de por qué va la gente al cine.

    Por cierto, ¿has pensado a considerar meter el tema en la estructura en vez de en el diálogo? Supongo que en algún momento de tus tramas un personaje tiene que tomar una decisión. ¿No es eso una cuestión moral? Eso, querido pianista, es para el viejo Aristóteles el tema de la obra.

    Chi lo sa, al fin y al cabo yo sólo soy el becario, pero tal vez si reflexionaras un poco más sobre el tema de la historia que quieres contar va y resulta que empiezas a tener menos problemas para montar “el dichoso segundo acto” y consigues entregar a tiempo un tratamiento secuenciado (?) con sentido antes del 1 de marzo.

  8. Hombre Amarillo dice:

    Bueno, donde usted ve moral yo veo perjuicios. Parece que todo el mundo tiene muy claro como deben ser las cosas o dicho de otro modo si yo quiero meter mis alegatos patriotas de moral ultracatólica (pero divertidos), me voy a ver en sus zapatos y tendré que estudiar sus remedios o buscar otros parecidos (cómo decir a todo que sí y luego no hacerles ni puto caso). No veo que haya mucho interes en mirar nada que no sea el ombligo (el propio)… pero se lo juro que hay por ahí quien vende gatos muertos, y no muertos (zombis quiero ententer), y la gente los compra, se lo juro, los compra.

  9. krollian dice:

    ¿Y la frase final de Buenafuente mientras yacía moribundo?

    Jo.er ¡qué gremio! ¡No aplaudáis, ca.brrones!

    Por cierto. Nada para Pagafantas. MAL.

    Y en la estampita, la Bardem me recuerda a Sharon Stone en Instinto Básico

  10. krollian dice:

    Perdón. Esta no era la entrada en que debía comentar…

  11. chemalopez dice:

    Bien, a medias. Las últimas palabras ganan en ironía a costa de perder sus sentido. ¿Concordato, IRPF, Iglesia, Rey? Busco su relación con el término “aleccionar”, y su consecuente ausencia. Y ni hay relación, ni hay ausencia. Aquí no se alecciona, se adoctrina.

  12. […] poco, tanto el Pianista como el Hastiado escribían aquí en contra de los guionistas que piensan sus guiones como maneras […]

  13. […] qué argumentos esgrimiría para defender sus principios, y no los nuestros. Como bien dijo ayer el Pianista, un guión no debería plantearse como un medio para proponer nuestras tesis, sino para […]

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