APRENDE A ESCRIBIR GUIONES CON SHUTTER ISLAND

26 febrero, 2010

Por Ángela Armero

Creo que Martin Scorsese es una de las mejores cosas que le han pasado al cine. Sus pelis son de las pocas que intento ver el mismo fin de semana que se estrenan. Tengo varias en mi casa y me he leído un par de biografías. Todo esto es la versión larga de “Amo a Martin Scorsese”. Sin embargo, no me gusta demasiado Shutter Island.

Spoilers a partir de este punto. No digáis que no avisé.

Escrita por Laeta Kalogridis, guionista de la serie de televisión “La Mujer Biónica” y algunas cosas más, la película está basada en la novela homónima de Dennis Lehane, autor de títulos que se han transformado con éxito en obras como la magnífica “Mystic River” y “Gone Baby Gone”, de Ben Affleck, que también me pareció muy interesante. Por si fuera poco, Lehane es además guionista de la serie “The Wire.” Por eso me senté a verla con unas elevadas expectativas, que se fueron evaporando a medida que avanzaba el metraje. Al llegar al final, me sentí decepcionada. Y he hecho el ejercicio de leer el guión conociendo el desenlace, para ver si esa decepción está justificada.

Recordemos el argumento de SI:

Un ferry, en el mar. En su interior, vomitando, conocemos a Teddy Daniels, un US Marshall mareado y con mala cara, que habla solo, diciéndose que solo es agua, un montón de agua. Teddy sale del baño y se reúne con el que es su nuevo compañero, Chuck Aule. Hablan de sus vidas, de sus orígenes.Teddy dice que tenía una mujer, pero que murió en un incendio que se produjo en su edificio. Llegan a la isla en la que está Ashecliffe, una cárcel para enfermos mentales. Son recibidos por McPherson, el segundo alcaide del centro, quien les explica la organización de la institución y sus normas; además, les pide que entreguen sus armas. Les dan un paseo por la zona; Teddy ve a una mujer calva y de aspecto horrible que lleva una cicatriz en el cuello trabajando en las rosas de los jardines. Se tapa los labios con el dedo, pidiendo silencio. Teddy se asusta.

Por fin les recibe el Doctor Cawley, la autoridad médica que rige el destino de la prision junto al alcaide. Explica a ambos su metodología de trabajo y las misteriosas circunstancias en torno a la desaparición de Rachel Solando, hecho que justifica su presencia en la isla. Rachel, una viuda de guerra (su marido murió en la II.G.M.), ahogó a sus tres hijos en el lago de detrás de su casa. Al parecer, la mujer sigue pensando que sus hijos viven y que la prisión es su casa de Berkshire; atribuye roles cotidianos a los guardianes y celadores, pensando que son lecheros o carteros.

Se ponen a buscarla por las cercanías de la prisión, y al hablar con el personal de la cárcel no consiguen sacar nada en claro. El Dr. Sheehan, que atendía a Solando, se ha ido de vacaciones. Al parecer, la mujer se ha escapado del centro descalza y ha logrado superar una naturaleza y una climatología adversa, además de los barrotes de su celda. Daniels y Aule comienzan a pensar que la desaparición es cosa de la propia institución.

Esa noche conocen al Doctor Naehring. Al oírle hablar, Teddy le reconoce como alemán y como nazi, él estuvo de soldado en la liberación de Dachau. Le piden a Naehirng los expedientes del personal y éste se niega, por lo que Daniels decide que se marcharán mañana. Esa noche sueña con su mujer Dolores, quien afirma que ella sigue estando ahí, al igual que Laeddis.

Al día siguiente, un oportuno huracán les impide marcharse. Interrogan a los compañeros del grupo de la terapia a la que Rachel acudió la noche antes de huir. No sacan nada en claro, pero Teddy le pregunta a una paciente si conoce a un preso llamado Andrew Laeddis, ella dice que nunca ha oído ese nombre. Después, la misma presa le escribe una nota diciéndole que corra. Daniels le explica a Chuck que vino especifícamente aquí para encontrar a Laeddis, el encargado de mantenimiento de su edificio que era pirómano y provocó el incendio que mató a su mujer. Sin embargo, su motivación no es matarle, ya quitó suficientes vidas en la liberación de Dachau.

Los dos agentes creen que tanto Laeddis como Solando podrían estar muertos, Teddy dice que el cementerio es un gran sitio para ocultar un cuerpo; aunque Daniels piensa que Laeddis estará en el pabellón C, reservado a los pacientes más peligrosos. Hablan de lo extraño que es todo. Los dos sospechan de que el lugar es un tapadera para un proyecto del gobierno para financiar drogas sicotrópicas y crear así armas para doblegar enemigos de Estados Unidos. Daniels dice que conoció a un universitario que estuvo en Ashecliffe y se volvió loco, George Noyce. Chuck le convence de que los doctores han atraído la presencia de Daniels porque saben que él ha estado investigando el lugar. Todo podría ser una trampa que le han tendido para proteger esas operaciones gubernamentales. Al regresar de su búsqueda por el cementerio, Cawley les da las buenas noticias. Han encontrado a Rachel Solando, sana y salva. Daniels sufre una terrible migraña. Cawley le da un par de pastillas y en sus sueños aparece Rachel Solando diciéndole que si él se convierte en su marido muerto en la guerra, ella será su Dolores; también se le aparece Laeddis, que se convierte en Chuck, y también aparecen imágenes de la II Guerra Mundial, horrendos pasajes de muerte y destrucción. Por último, también aparece Dolores, pidiéndole que asesine a Laeddis.

Aprovechando que la tormenta causa un fallo eléctrico, se cuelan en el pabellón c, donde esperan ver a Laeddis, pero en su lugar Daniels ve a George Noyce, horriblemente desfigurado y en terribles condiciones. Noyce le acusa de estar allí por su culpa, diciendo que él tiene la culpa. Después, Daniels quiere ir al faro, que es donde cree que está Laeddis, ya que no está en el Pabellón C. Se separa de Chuck y teme que alguien le haya empujado al acantilado; de hecho, cree ver su cadáver en las rocas. Buscándole a orillas del mar descubre una cueva en la que está oculta Rachel Solando, quien refuerza su teoría de la conspiración; ella es una doctora que antes trabajaba allí y que quiso saber demasiado de los experimentos. Al regresar Cawley le recibe y Daniels le pregunta por su compañero. ¿Qué compañero?, pregunta el doctor. Daniels le sigue el juego, dice que no recuerda ningún compañero. Pero acto seguido se va al faro, convencido de que si Chuck es dado por muerto será utilizado para sus horribles experimentos.

Cawley espera a Daniels en el faro. Le revela la verdad. Los temblores son síndrome de abstinencia de una droga que llevan dándole dos años; es un paciente de esa institución. Le revela que cometió un horrible crimen y que él es Andrew Laeddis. El doctor le da los detalles de la charada que han montado para recrear la fantasía que ha creado, y le dice que Chuck es en realidad el Dr. Sheehan y la falsa Solando es su prometida. Su juego de roles ha sido ejecutado para que recupere la cordura, pero si no funciona, le lobotomizarán para que no haga más daño, ya que ha apalizado a Noyce y es una bestia parda. El futuro de las prácticas siquiátricas está en juego. Siguen contándole que mató a su mujer porque ella había ahogado a sus tres hijos. Tiene que asumirlo, que él es Laeddis, Daniels no existe. El protagonista entiende por fin que todo ha sido producto de su cabeza, parece recuperar la cordura. Sin embargo, pasados unos días, habla a Chuck/Dr Sheehan como si fuera Daniels y todavía estuvieran inmersos en la investigación. Se lo llevan unos enfermeros al faro, para lobotomizarle, ya que su estrategia ha fallado. Cortinas. Final de la historia.

Yo fui con dos personas y las dos salieron echando pestes. Mi impresión dista de ser tan negativa, pero tengo mis reservas. Sí creo que es una buena película sobre la locura, aunque al mismo tiempo creo que el guión es torpe, confuso, recargado y tramposo.

Desde la primera escena, la narrativa y la puesta en escena nos presentan a un detective vomitando en un barco. No despertándose de un sueño, no directamente en la isla, sino en un barco, y en un marco realista. La llegada a la imponente Shutter Island está contada con efectismo pero utilizando un lenguaje que parece decir “esto es verdad”. Para mí, esta es es la mayor trampa y el principal defecto de la historia, porque nos han hurtado ese momento en el que emerge de un sueño o de haberle drogado y se cree que su psiquiatra es, ni más ni menos, que su nuevo compañero. Por mucho que esté loco, ¿no es una apuesta algo excesiva? ¿Sobre todo por parte de alguien tan desconfiado como parece ser? ¿No debería haber un indicio de cómo se han gestado esos primeros momentos?

Sin embargo, una de las personas que vino conmigo al cine dijo “Seguro que es la típica que la vuelves a ver y nada encaja”, y eso no es del todo cierto. Cuando les llevan a pasear por el centro, Daniels ve a una mujer horrible, cadavérica, con un vestido estampado como el que lleva su mujer y según el guión, con una cicatriz horrible en el cuello, forma en la que él asesinó a su mujer. Por tanto, comienzan a entreverar elementos inquietantes, algunos reales, y otros producto de su imaginación, contados exclusivamente desde su punto de vista. Y en todo lo que se refiere al punto de vista, sí está bien manejado: creo que no hay una sola escena que no pertenezca a la subjetividad de Daniels, salvo quizá el plano general del barco que abre la historia.

Sin embargo, hay más pegas. Al llegar a la celda de la que ha escapado Rachel Solando, encuentran una nota que habla del preso 67 y de la ley de 4. Esto forma parte de la trama que le montan como excusa, de la charada en la que participa el personal (creíble) e incluso algunos pacientes (¿quién pondría a unos cuantos locos a engañar a un loco paciente como ellos y esperar que no la fastidien?), que ya es menos creíble. Una de las pacientes le escribe en una nota de forma clandestina que corra. ¿Forma eso parte de la charada o se lo dice al paciente para que intente huir? No queda claro. Se explica que cuando hablan del preso 67 hablan de él, y que cuando Chuck/Sheehan blande la hoja de admisión de Laeddis, se trata de su propio ingreso en el centro. Pero la ley de cuatro se refiere a los acrónimos entre Andrew Laeddis y Teddy Daniels y Dolores Chanal, su esposa, y Rachel Solando, la presa supuestamente desaparecida.

Si Rachel Solando es un personaje que han creado para la charada, escoger cómo nombre un acrónimo de la mujer de Laeddis no sirve para demostrar lo loco que está ni para extrapolar una ley de cuatro, puesto que Solando no existía antes del experimento, es una creación de Cawley y Sheehan, no algo que se haya inventado Laeddis, y si es así, no está contado en la historia. No son elementos que se puedan equiparar con tanta alegría. Daniels es una invención de Laeddis; Solando es una invención de Cawley y Sheehan.

Tampoco me parece muy razonable la sofisticación de la charada, con Chuck / Sheehan convenciéndole de que todo se trata de una conspiración. Creo que la tesis, la excusa de la película (recrear su paranoia para hacerle ver lo loco que está) se sostiene difícilmente gracias a complicaciones artificiales como las que os he comentado. Además, las múltiples motivaciones de Daniels lo emborronan aún más. Primero va por que Solando ha desaparecido. Luego dice que va porque Laeddis está allí. Cuando Chuck refuerza su teoría de la conspiración, dice que ya había oído hablar de ese sitio, y que se experimenta con los pobres locos que no le importan a nadie. También su postura respecto a Laeddis cambia. La primera vez que explica por qué está allí, es porque quiere tirar de la manta. Pero luego la visión de Patricia Clarkson, que toma como la Solando real, le dice que no puede hacer las dos cosas: exponer la verdad y cargarse al asesino de su mujer., y ahí ya no sabemos bien qué va a hacer, salvo volverse loco, poco a poco. Después del encuentro con esta tía que debe comer ratas y beber agua de mar, su motivación es doble; encontrar a Laeddis y también a Chuck, con quien sospecha que estarán experimentando, y ya van tres razones. Esto ya es la barra libre de la confusión. Después Cawley, que le espera en el faro, le hace ver que está loco, y le explica su pequeño experimento. Encima le presenta a su psiquiatra, que es Chuck. Y yo personalmente a esas alturas, volví a entrar en la película porque estaba aturdida con tanto flashback, tanto periplo por la isla (deberían poner un cochecito de golf para que no fuera tan agotador), tanta agua, tanta conspiración y tantas apariciones fantasmagóricas (lo de quemar el coche de Ben Kingsley como distracción es más una invitación a buscar la salida de emergencia del cine.)

Además, cuando va al pabellón C y en vez de a Laeddis ve a George Noyce, este le dice que esta ahí por su culpa, por lo que le dijo de Shutter Island. Y qué el le hizo eso, referiéndose a no sé sabe muy bien qué. Cuando le revelan la verdad al final de la película, resulta que Noyce se refiere a que le metió una brutal paliza, ¿pero cómo se explica que dijera que está ahí por culpa de Laeddis? ¿Tenemos que hacer una línea de puntos imaginaria en la que Laeddis, en su época de Marshall le habla a Noyce del centro, adonde acude a hacer un estudio, al tiempo que Laeddis se reune con él después de cometer el crimen y se encuentran dentro? Es la conspiración completamente ficticia o tiene un poco de real? ¿Tenemos que entender que hay tres planos de realidad, lo que dijo Noyce en realidad, lo que añadió de su cosecha Daniels/Laeddis más la aparición de Dolores en medio de la celda? Vaya barullo, ¿no?

Y ya para acabar de rematar tenemos la multitud de flashbacks entre las imágenes de la Segunda Guerra Mundial, mezcladas con la niña que pivota entre los muertos de Dachau, el piso de la ciudad y la casita del lago. En el uso de los flashbacks también es delicado. Después de la aparición de Solando /Emily Mortimer hay una buena batería de ellos en los que yo me salí completamente de la película. Es verdad que no sabes si eres tú el que está perdiendo la chaveta, si es Leo, Laeta, Dennis o Martin Scorsese, pero está clarísimo que hay alguien perdiendo la razón, o quizá sea el proyeccionista, que se le han alborotado los rollos.

Lo único bueno del final es la idea verbalizada por Laeddis, “Es mejor morir como un héroe que vivir como un monstruo”, que parece indicar que consiente la lobotomización porque prefiere ser destruido antes que asumir la tragedia y su propia maldad.

En conclusión, la película me pareció confusa la historia cuando la ví en el cine, pero ahora que he leído el guión, me parece más extraña y torpe aún.

Tristemente, creo que la estrategia de Shutter Island es: “Si no puedes convencerlos, haz que se vuelvan locos.”


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