A VECES OLVIDO…

9 marzo, 2010

…que las cosas más importantes que hay que saber para ganarse la vida como guionista sin volverse loco no tienen nada que ver con escribir.

Primera parte

David Muñoz

Hoy no voy a hablar sobre “cómo” escribir sino cómo “vivir” y “sobrevivir” como guionista.

Estas son algunas de mis  “verdades como puños”, las que trato de no olvidar nunca. Casi todas son conclusiones a las que he llegado después de meter mucho la pata.

Seguro que cualquier otro guionista escribiría una lista distinta,  pero ya digo que son “mis verdades”, no “las verdades”. Y aunque me siento un poco ridículo yendo de “abuelo cebolleta”, después de leer hace poco un par de mensajes de amigos guionistas que lo están pasando realmente mal por no tener claras cosas como las que voy a comentar, me he animado a escribirlas.

Y por supuesto, después de leerlo os animo a compartir “vuestras” verdades con nosotros.

-No te creas NADA de lo que te dice NADIE. Un día, ese productor que tan majo te parecía y que tantas ganas decía que tenía de trabajar contigo, deja de cogerte el teléfono. Y la mayor parte de las veces, cuando pasa algo así, nunca llegas a saber porqué.

-No hagas planes sin un contrato de por medio. En realidad, ni siquiera te fíes del contrato hasta que esté firmado y hayas cobrado la primera factura. Hay muchos  productores, sobre todo en el cine, que intentan levantar proyectos sin tener realmente la capacidad financiera para hacerlo y convierten su vida en una eterna huída hacia delante, esperando que a base de carambolas -que pueden salirles bien o no-, sean capaces de ir pagando a sus colaboradores. Pero de pronto, falla una subvención (esa que le habían “prometido” que le daban seguro) y tú te quedas si cobrar.

-Y esto no solo afecta a tu economía. Si la fecha en la que debe arrancar un proyecto depende de un canal de televisión, ten por seguro que se “moverá” treinta veces antes de que se firme el precontrato entre el canal y la productora. No hagas como yo, que este pasado verano me quedé sin vacaciones porque (¡a mis años!) me creí que iba a tener que empezar a escribir en Agosto los guiones de una miniserie en los que por fin he comenzado a trabajar hace sólo unos días.

-Delante de los productores, compórtate como si les creyeras. ¿Qué ganas amargándoles la vida? Lo triste del asunto es que ellos en realidad suelen querer hacer las cosas bien. Este no es un negocio fácil para nadie. Simplemente, no permitas que sus líos se conviertan en tus líos. Sobre todo porque los productores tienen una cierta tendencia a exagerar las pérdidas y a negar los beneficios… y tiene lógica, porque así luego les resulta más fácil pedirte que cobres menos y que lo aceptes. Si tú fueras el dueño de su productora, quizá harías lo mismo, así que no les juzgues de forma demasiado dura. Estar en bandos diferentes no significa tener que odiarse a muerte (como bien nos han enseñado todas esas películas de “hombres muy hombres” de John Milius, David Mamet y compañía…). Y en el fondo todos somos víctimas.  Nosotros de ellos y ellos de las cadenas de televisión, de las distribuidoras, etc.

-Firmar un contrato no significa nada. Los contratos se incumplen constantemente. Y no suele merecernos la pena meternos en un juicio para reclamar lo que se nos debe (aparte de que el productor suele dejar caer que lo mismo te llama para otro proyecto, y como tú vas y te lo crees no reclamas lo que te mereces para no perder un trabajo… que después nunca llega). Es raro el guionista que no se ha quedado en alguna ocasión sin cobrar parte del precio total del guión terminado (¡esos dichosos pagos “a rodaje” o “a preproducción…”!). Y tampoco es extraño que más de uno y más de dos compañeros se hayan comprometido a realizar grandes gastos pensando en que van a contar con un dinero que luego nunca llega. Hasta que no tengas el dinero en la buchaca, ese dinero no existe. El cuento de la lechera debería convertirse en tu Biblia. Si tienes que ser algún personaje de cuento, mejor hormiga que lechera.

-Combina todos los trabajos que puedas a la vez. No tengas un solo jefe o un solo “empleador”. Por varias razones: no hay ningún proyecto seguro. Y como este curro tiene algo de lotería, lo más prudente es comprar todos los billetes que puedas esperando que de alguno al menos te caiga un reintegro. Generalmente tampoco hace falta matarse y trabajar doce horas al día. Aprovecha los “tiempos muertos” que se producen en todos los procesos (por Ej. esos diez días que tarda un productor en contarte qué le ha parecido la última versión que le enviaste). Y si eres uno de esos guionistas que trabaja cuatro horas al día (y los hay, lo juro) trabaja seis, no te arrepentirás.

Obviamente esta reflexión no se aplica a los guionistas de una serie en emisión, que bastante suelen tener con encontrar algún hueco para su vida privada.

Otro problema de trabajar para una sola empresa es que, nos guste o no, la mayor parte de los trabajos como guionista suelen salirte o bien porque alguien ha visto algo que ya has hecho o porque otro “alguien” te conoce de un trabajo previo y se quedó contento contigo. Por eso, aunque mientras las cosas vayan bien puede darte mucha tranquilidad trabajar para una sola empresa, luego puedes encontrarte que cuando te echan no tienes a quien llamar para buscar otra cosa. Para los demás, no existes. Y en un mercado audiovisual tan fragmentado como este, a no ser que se trate de grandes éxitos, te encuentras con que la mayor parte de la gente no conoce nada de lo que has hecho (cuantas veces habré tenido que explicar yo qué era Paramount Comedy…).

-No escribas un solo tipo de guiones. La versatilidad ayuda a tener más posibilidades de encontrar un trabajo. Un día tendrás que escribir drama y al otro comedia. Y aunque tú sepas qué hay una cosa que se te da mejor que otra, procura que se note lo menos posible.

-Implícate. No hay cosa más difícil que tener que escribir sin ganas. Es inevitable que te pase de vez en cuando, sobre todo en una profesión como esta donde la mayor parte de las veces se trabaja por encargo, pero residir a perpetuidad en la indiferencia y llevar a cabo tu trabajo de forma mecánica y desapasionada es el camino más rápido hacia la depresión. Por implicarte también pagas un precio desde luego, pero siempre es mejor una úlcera que una depresión. Al menos suelen curarse un poco antes. Pasar de todo no es ser “profesional”; y si lo piensas puede que estés quemado y, o no quieres darte cuenta, o no eres capaz de reconocerlo. Pero si lo intentas, casi siempre puedes encontrar alguna manera de hacer “tuyo” el material o hallar algo en él que te interese y que te permita poder escribirlo poniendo tanto interés como cuando escribes una de tus historias. Obviamente, a pesar de todo, muchas veces no habrá nada que hacer y tendrás que escribir obligándote. Pero no permitas que eso se convierta en tu rutina. Aguántalo mientras no tengas más remedio que hacerlo para pagar el alquiler. Pero déjalo en cuanto se te presente la primera oportunidad de incorporarte a otro proyecto que te haga levantarte deseando sentarte delante del ordenador y empezar a trabajar.

-Recuerda: no es personal. No, el productor no te odia. Ni el director. Bueno, a veces sí (y tú a ellos), pero no siempre. No se trata de que te quieran joder la vida; lo más probable es que como tú, lo único que quieran es hacer una buena película. Lo que ocurre es que no es la misma película que has escrito tú. Si lo enfocas así y evitas acabar la relación de mala manera, es probable que puedas volver a trabajar con ellos en otro proyecto en que veáis las cosas de forma similar. A mí me pasó recientemente. Después de darnos cuenta de que no podíamos seguir trabajando juntos en un proyecto de serie de televisión debido a nuestras diferencias creativas, un productor me llamó para escribir el guión de una película que se estrenará a finales de este año.

-Ahorra. Como he dicho antes, en este trabajo nunca tienes nada garantizado. La película que se iba a rodar “sí o sí” se cae tres días antes de empezar el rodaje y te quedas sin cobrar el último plazo del pago del guión; o ese “cañón de serie” que era una “apuesta personal” del responsable de ficción de la cadena (el mismo que te garantizó que la aguantarían al menos varias semanas aunque los primeros resultados no fueran los esperados) desaparece de la programación antes de que llegue a emitirse el cuarto capítulo. Y tú mientras, aunque ya cobraste los episodios que se han grabado, esperando en casa a ver qué pasa con las audiencias sin atreverte a aceptar otras ofertas. Así que más vale que tengas un mínimo colchón económico que te permita aguantar unos meses sin desesperarte mientras llega el próximo contrato. La desesperación no es buena para escribir (en el caso de que decidas usar ese tiempo de parón para generar nuevos proyectos) ni para buscar trabajo. Es mejor tomar decisiones con la cabeza fría que pensando en de dónde vas a sacar el dinero que necesitas para pagar el alquiler el mes que viene. Un guionista con miedo se deja engañar más y mejor. Procura que ese guionista no seas tú.

-Tu versión nunca es la versión definitiva. Y siempre será así. Da igual que esa versión sea como sea, mala, buena o regular. Un productor ejecutivo con el que estoy trabajando ahora lo explica con esta frase “todo el mundo tiene que echar su meada en el guión”. Y así es. Para sentirlo suyo e implicarse como debe en su producción todo Cristo pide cambios, “sus” cambios. Es normal. A cualquiera le pasaría lo mismo. Si te nombran coordinador por Ej., debes responsabilizarte de todas y cada una de las frases del guión que das por bueno. Es inevitable querer cambiar cosas. Nadie puede leerte la mente y escribir justo lo que esperas. Y si crees que tú no lo harías, espérate a que algún día te toque ocupar uno de esos puestos. Sería un buen experimento conseguir que durante un mes los guionistas hicieran de productores y viceversa. Seguro que después nos entenderíamos todos mucho mejor.

-Procura estar escribiendo siempre algún proyecto totalmente a tu aire. Nadie se mete en esto para ser escriba. Un guionista no es solo un técnico que se las arregla para transformar en un guión filmable las ideas de sus jefes. O no debería serlo sino quiere amargarse en pocos años.

Durante toda su vida, el guionista se entrega a dos procesos igual de apasionantes. En uno, va dominando poco a poco las herramientas de su oficio (sin llegar a lograrlo nunca del todo, ¡menos mal!), y en el otro averigua quién es desde el punto de vista creativo. Ese “viaje” de autodescubrimiento, cuyo destino final nunca es posible anticipar (casi nunca somos quienes creemos ser), puede llegar a ser una droga muy poderosa. Y creo que esa sí es la razón por la que uno un día decide intentar dedicarse a escribir: para contar las historias que quiere cómo quiere e inventar en libertad. Renunciar a ello me parece… no sé… impensable (y sí, sé que hay quien nos compara con los músicos y dice que es tan legítimo ser intérprete como compositor; pero creo que no es lo mismo).

-Limita el número de páginas web que miras al día. Casi todos los guionistas de mi quinta fuimos en su día “ratas de biblioteca”, ansiosos (y nunca satisfechos) consumidores de historias, de información, de cualquier montón de letras impresas sobre un trozo de papel. Y ahora disponemos de un aparatejo que nos permite pasarnos horas y horas dedicándonos a eso y nada más de forma gratuita… ¡y desde el salón de nuestra casa! La tentación es casi irresistible.

Si tienes un blog, no permitas los comentarios. Y si lo haces recuerda que no tienes que contestar a todo el mundo ni, sobre todo, intentar razonar con los inevitables “trolls”. Escribir no es un concurso de popularidad. La mayor parte de la gente que va a ver tus películas o las series de televisión en las que trabajas nunca sabrá que tienes un blog. 200 personas dejando comentarios es una cifra ridícula comparada con los miles a los que vas a tener que seducir con tus guiones.

-Nunca te sientas culpable. Decir “no” no es pecado. Ante todo, piensa en ti mismo. Esto es lo que más me ha costado aprender a mí. Durante años he sido muy vulnerable al chantaje emocional. Lo reconozco: he sentido pena de tipos millonarios que me lloraban en sus despachos pidiéndome por favor que les escribiera una nueva versión por la cara del guión de la película que querían producir. Y aunque al salir del despacho me he sentido un idiota al ver el Mercedes que tenían aparcado en la puerta, cara a cara con el productor me faltó poco para ofrecerme a escribirle no una versión, sino dos…¡y las que hicieran falta! Esto tiene que ver con el punto siguiente…

-Si tienes que preguntar “dónde está lo tuyo”, hazlo con calma pero sin agachar la cabeza. Aprende a ser asertivo.

Según la Wikipedia la asertividad es un “Comportamiento comunicacional maduro en el que la persona ni agrede ni se somete a la voluntad de otras personas, sino que expresa sus convicciones y defiende sus derechos.”

¿Qué bien nos vendría dominarla a los guionistas, no?

Pues en este libro está todo lo que necesitas saber sobre el tema:

Yo cada vez me siento menos culpable...

Yo cada vez me siento menos culpable...

Aunque con esa horrible portada lo parezca, no es un libro de autoayuda del “Todo a 1 euro”. Si te lo tomas en serio e intentas poner a prueba las aplicaciones prácticas de las teorías del psicólogo Manuel J. Smith, puedes aprender a no solo decir “no” sino a decirlo de una manera lo bastante serena para que no se convierta en un problema (salvo que, claro está, aquel a quien se lo estás diciendo quiera que lo sea; entonces no hay nada que hacer, el libro no hace milagros). Si mal no recuerdo, el libro parte de una idea muy sencilla que está en la base de muchos de nuestros problemas de relación: cuando no sabemos comportarnos con serenidad en situaciones de conflicto normalmente tendemos o a agredir a salir corriendo. Como si no hubiéramos evolucionado y siguiéramos siendo “monos que andan a dos patas”, ante el peligro tendemos a atacar o a escapar (y escapar, o sea, evadir el conflicto, suele consistir la mayor parte de las veces en el Siglo XXI en bajar la cabeza y tragar y no en salir corriendo; aunque recuerdo una vez en la que yo salí literalmente corriendo del despacho de un director con varios ayudantes de producción corriendo detrás de mí pidiéndome que por favor volviera…). Y en el caso de los guionistas una “situación  de conflicto” puede ser una reunión con un productor ejecutivo o un director; una de esas en las que por no tener una bronca o acabar dimitiendo acabamos por tragar con muchas más cosas de las que deberíamos.

La semana que viene, en la segunda parte de esta entrada, contaré una anécdota que protagonizamos otro guionista y yo hace ya unos cuantos años y que me parece que ilustra claramente los problemas en los que puedes meterte por no saber ser asertivo.

En su momento lo vivimos como un drama, pero ahora, cuando le cuento la historia a mis amigos lo que suele producir es risa. Y es que, como creo que dijo una vez Woody Allen: “drama + tiempo= comedia”.

¡Que no se preocupen los implicados! ¡No daré nombres ni datos que permitan deducir cuándo pasó todo exactamente o quienes fueron el resto de los protagonistas de la anécdota!

De momento solo diré que a uno de nosotros se le inflaron mucho los huevos.

Literalmente.

¿Esto sí que es un cliffhanger, no?


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