GUIONES VS GUIONISTAS: EL SÍNDROME O.T.

11 marzo, 2010

por Pianista en un Burdel.

En el consultorio de este blog, en el del anterior blog, en las clases y charlas que doy a veces, en el email… me encuentro muchísimas veces con guionistas noveles haciéndose la misma pregunta:

¿Cómo hago para mover mi guión?

Duda que suele acompañarse de estas otras: ¿Cómo consigo que los productores se lean mi guión? ¿Por qué cuando les envío el guión no me contestan? Etc.

No hay respuestas correctas para estas preguntas. Antonio Trashorras intentó contestarlas en mi anterior blog, pero estoy seguro de que casi nadie quedó satisfecho. Porque quien pregunta esas cosas no quiere la verdad. Igual que en el ejemplo que ponía el viernes pasado Bárbara Alpuente, los que preguntan eso quieren una pasadita en el lomo. O las palabras mágicas que abran la entrada de la cueva. Lo primero es agradable, pero inútil (ánimo, tú tienes talento, sigue intentándolo). Lo segundo, sencillamente, no existe.

Apenas hay diferencia, en realidad, entre el “¿Cómo hago para mover mi guión?” y el “¿Cómo hago para gustarle a esa chica?“.

¿Cómo consigo que los productores se lean mi guión? = ¿Cómo le entro a una chica para ligar?

¿Por qué cuando les envío el guión no me contestan? = ¿Por qué se lía con ese gilipollas y a mí no me hace ni caso?

Etc.

El problema de esas preguntas es que son capciosas. No están destinadas a obtener información del interlocutor. Sólo buscan confirmar la teoría conspiratoria que tiene el 90% de los noveles: que la razón de todos sus fracasos es que el mundo es injusto.

Cuántos noveles habrán pensando: “Si hubiera justicia en el mundo, yo ya estaría triunfando. Pero no, los productores prefieren seguir pagándoles sus caprichos a todos esos viejunos que no venden una escoba. Un fracaso detrás de otro, y ahí, siguen. Porque están enchufados.”

Porque el mundo es injusto.

De hecho lo es. Tanto, que incluso los más brillantes representantes de una nueva generación de cineastas llegó a la pantalla grande, también fracasaron en taquilla. Estoy pensando en Los Cronocrímenes, en Bosque de Sombras, en The Birthday. El mundo es injusto, sí. Pero no en la forma en que lo creen muchos noveles. Es injusto para todos. Un director puede estar enchufado a un productor. Un productor puede estar medio enchufado a una subvención, o a una distribuidora. Pero nadie está enchufado al público.

Pero volvamos a la primera pregunta. Porque el mayor y decisivo problema de esa pregunta es que casi todos los noveles omiten una palabra en ella. En lugar de “¿Qué hago para mover mi guión?” deberían preguntar:

¿Qué hago para mover mi PRIMER guión?

Porque la mayor parte de la gente que se preocupa más por colocar un guión que por escribirlo como Dios manda es gente que acaba de empezar. Y eso es lo que llamamos El Síndrome O.T.: considerar que todo lo que no sea llegar y besar el santo es un fracaso, y además por culpa de otros.

Dejémonos de pasaditas en el lomo. Seamos serios: el 99,9% de los primeros guiones no se venden. Y el 99,9% de los guiones que se envían a las productoras sin solicitud previa, ni se compran ni se producen.

Amenábar vendió su primer guión de largo, sí. Tuno Negro se envío de buenas a primeras y se produjo, sí. Anécdotas. Excepciones que confirman la regla. El 0,1%.

La regla es: el primer guión no se vende. Y si se vende, no se produce. La regla es: no esperes nada de las mil primeras páginas. Sé que esto suena terriblemente descorazonador, pero no es mi culpa. La culpa la tiene El Síndrome O.T.

La cantidad de escuelas de cine, festivales de cortos y cursillos de guión, junto con la cultura del triunfo rápido han generalizado tres ideas sobre el negocio del audiovisual que son completamente falsas:

1) Que es un mundo lleno de glamour y pastizábal.

2) Que es fácil pegar el pelotazo.

3) Que una vez que tienes un éxito, el resto de tu vida es un camino de rosas.

Eso, unido al desprecio generalizado por el autor que difunden los medios de comunicación más insensatos, ha generado la idea de que no hay nada más fácil que escribir un guioncito, venderlo, hacerse una peliculita, ganarse un par de goyitas, y a vivir.

Pues va a ser que no. Porque escribir un guión es facilísimo. Pero escribir uno bueno ya no lo es tanto. Y llegar a venderlo es difícil no ya para los noveles: para todo el mundo. Que llegue a producirse sin que tener que introducir cambios sustanciales es tremendamente improbable, incluso para los consagrados. Que llegue a distribuirse, es terroríficamente complicado. Y ya que la distribución sea decente y el marketing funcione… es tan fácil como que te toque la lotería.

Y si no, pregunten a Vigalondo cuántos años le costó sacar adelante Los Cronocrímenes. Pregunten a Álex de la Iglesia qué tal le va el rodaje de Balada Triste de Trompeta, que le produce ese oscarizado señor. Pregunten a Enrique Urbizu cuántos años han pasado desde su último rodaje.

En definitiva, que es una carrera de fondo. Si salimos esprintando como locos, a los 100 metros estaremos con la lengua fuera. Y no hay nada más estúpido que batir el record de los 100 metros lisos cuando no hay nadie para cronometrarlo.

No se trata, como ha apuntado algún troll en los comentarios, de desanimar a ningún novel diciéndole que todo está muy difícil. De hecho, lo maquiavélico sería lo contrario: decir que todo depende del talento y animar a los chavales a seguir fotocopiando y enviando Su Maravilloso Guión.

Lo que digo es que no se trata de intentar vender el primer guión. Se trata de venderse como guionista. Como una persona capaz de escribir muchos guiones. De diversos géneros. En solitario o en colaboración. Propios o de encargo. Originales o adaptados.

No vender un guión no es necesariamente un fracaso. Especialmente si es uno de sus primeros trabajos. No creo que se me pueda acusar de desmoralizar a nadie si digo que Vigalondo tenía escrita media docena de largometrajes -todos como mínimo interesantes- antes de Los Cronocrímenes. Me consta que movió varios de ellos, y nada. Por no hablar de sus montones de guiones de corto, los que dirigía y los que regalaba a sus amigos.

¿Son todos esos guiones fracasos? En absoluto. Una joyita como Los Cronocrímenes no se la saca uno de la manga sin haber roto antes unos cuantos teclados. En cada uno sus trabajos, un guionista está aprendiendo algo. Está enfrentándose con problemas técnicos desconocidos. Está aprendiendo a conocer su propia voz. Está descubriendo lo que funciona y lo que no. Está aprendiendo a manejar la estructura. A ocultarla bajo elementos ornamentales. Está generando nuevas ideas. Y si los mueve, además, estará generando un cierto interés a su alrededor. Pero nunca debe dejar que la energía dedicada a promocionarse interfiera con la energía dedicada a crear y perfeccionar sus obras.

Consideren que están ustedes corriendo la maratón. Su primer guión es su primer kilómetro. Es imprescindible recorrerlo, pero es todavía muy muy pronto para ir pensando en la meta. De momento, sigan corriendo.


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