A VECES OLVIDO…

20 abril, 2010

…que Pulp Fiction es un peliculón y Quentin Tarantino un “peazo” guionista.

David Muñoz

Recuerdo que cuando vi por primera vez tanto Reservoir Dogs como Pulp Fiction me sentí muy desconcertado.

Las dos películas tenían escenas de no sé cuántos folios con personajes hiper estilizados sobre los que apenas llegabas a saber nada hablando sobre asuntos que me la traían al pairo (¡la letra de una canción de Madonna!), contaban argumentos más vistos que el tebeo, sus retorcidas estructuras respondían más al capricho que a una necesidad dramática clara (cosa que, aclaro, no es ni mucho menos mala), y a primera vista, como director Tarantino parecía más preocupado por reflejar una cierta idea de lo “cool” que por profundizar en lo que contaba.

Pero no importaba. Sus supuestos defectos eran parte de su encanto; eran, en realidad, sus virtudes. Su marca de estilo. Lo que las hacía especiales.

Ahora estamos tan acostumbrados a ver las películas de Quentin Tarantino que me parece que no nos damos cuenta de que hasta que punto resulta atípica su forma de contar las cosas. Y sí, es cierto, sé que alguno ya lo estáis pensando y que a lo mejor estáis a punto de escribirlo en los comentarios. QT no es totalmente original. Toma prestado todo lo que le interesa de otros y lo “remezcla”. Pero como este no es un blog sobre teoría cinematográfica os voy a ahorrar otro texto explicando sus deudas, plagios, homenajes o cómo los queráis llamar.

Lo importante es que el resultado final de ese mezcla es tan, tan particular, y Tatantino la ha hecho tan suya, que cuando otros cineastas la han intentado emular decimos que están haciendo “una tarantinada”.

Pero… ¿en qué consiste exactamente una “tarantinada”?

Da la impresión de que la mayor parte de sus emuladores piensan que es escribir diálogos larguísimos trufados de referencias a algún aspecto de la cultura popular. Y así, hemos tenido que soportar infinidad de escenas de siete folios con diálogos supuestamente ingeniosos sobre comic books, ignotos grupos de pop de los 70, etc. Pero creo que el mayor acierto de Tarantino, o lo que hace que su cine funcione tan bien desde el punto de vista dramático, y por muy divertido que resulte, no es precisamente ese.

Si algo ha hecho bien Tarantino es desarrollar estrategias dramáticas propias para lograr eso con lo que sueña todo guionista: contar las cosas de otra manera pero sin perder al espectador por el camino. Obviamente, tampoco en este aspecto Tarantino ha inventado nada, pero sí que creo que su forma de aproximarse a esas estrategias ya conocidas, llevándolas  muchísimo más lejos de lo que parecía posible, sigue siendo aún bastante inusual y son muy pocos -o prácticamente ninguno- los guionistas que se atreven a usarla de una manera parecida (o a los que se lo permitirían sus productores).

Para explicar de qué estoy hablando exactamente creo que lo más interesante es analizar la que para mí es una de las escenas más brillantes del cine de Tarantino: el comienzo de la trama protagonizada por John Travolta y Samuel L. Jackson en Pulp Fiction.

La escena empieza con ellos dos hablando en un coche. De buen rollo. Sonríen, parecen bastante relajados. Visten con traje. Podrían ser dos viajantes de comercio o dos oficinistas camino de su lugar de trabajo. Resulta que Vincent (Travolta) ha estado recientemente en Amsterdam, así que le está hablando a Jules (Jackson) de los bares en los que se puede comprar hachís legalmente y de lo que más le ha llamado la atención de Europa: lo que él llama las “pequeñas diferencias”, como los diferentes nombres que tienen allí las hamburguesas de McDonalds. O sea, hablan de chorradas sin importancia.

El diálogo, perfectamente escrito (y tiene que serlo para resultar soportable) fluye con naturalidad. Y, además de ser divertido dice cosas sobre los personajes. Obviamente, Jules ha viajado muy poquito y Vincent es un poco catetillo. Sus reflexiones son un poco ingenuas… da la impresión de que es un tanto pardillo. “Un Big Mac es un Big Mac. Pero le llaman Le Big Mac”. Pero Tarantino ha conseguido su objetivo, los dos tipos te caen bien, estás con ellos y les das un voto de confianza. “Vale, estoy con vosotros, me gustáis, tenéis mi atención”. Al mismo tiempo, algún espectador se sentirá desconcertado. “Pero bueno…¿esto no era una película de tiros? ¿qué está pasando aquí?”. Pero no pasa nada. Eso es bueno. La incertidumbre –mientras no se prolongue demasiado-, es necesaria para mantener el interés del espectador por una historia*.

No tiene que ver con el guión, pero hacer un buen casting suele ser otro de los aciertos habituales de Tarantino. Vincent parece un tipo que hace tiempo fue cool y que en su empeño de seguir pareciéndolo nos despierta cierta ternura, como el Travolta de entonces; y por otro lado Jackson, incluso con ese pelo, no puede dejar de ser cool ni queriendo.

Entonces, la escena corta a un plano rodado desde el maletero del coche. Jules y Vincent sacan unas pistolas. Es el primer punto de inflexión importante de la secuencia. Estos tipos van a matar alguien. De hecho, hablan de que van a tener que llevarse por delante a al menos cinco personas. Son dos asesinos a sueldo.

Ahora, Tarantino le está diciendo al espectador: “aquí va a pasar algo gordo.  Aunque no te gusten mis diálogos y lo que viene a continuación te resulte algo pesado, te va a compensar esperar. Al otro lado del arcoiris hay un cofre lleno de oro”.

Escribir es un proceso de negociación continuo con el espectador. Éste te entrega su confianza (y su paciencia) a cambio de la promesa de que le vas a contar algo interesante tarde o temprano. Por supuesto, el “umbral” de la impaciencia de cada espectador es distinto (y Hollywood parece pensar últimamente que todos lo tenemos a cero). Pero con eso es con lo que juega Tarantino continuamente. Si bien, más que un proceso de negociación, lo suyo es un regateo. Pero sería raro que en este momento hubiera alguien que no quisiera saber qué va a pasar después. La escena del maletero ha sido su “gancho”.

Ahora llega el momento más difícil desde el punto de vista de la escritura. Vincent y Jules llegan frente al edificio donde van a llevar a cabo su “trabajo” y, por supuesto, siguen hablando.

Y digo difícil porque una vez estamos con ellos, que hemos “picado”, Tarantino se permite hacer algo que casi nunca sale bien. Los personajes dejan de comentar banalidades (hasta ahora tanto podrían haber estado hablando de los bares de Amsterdam como de cualquier otra cosa), para pasar a verbalizar de forma casual, sin darle importancia, información que el espectador debe recordar para entender buena parte de la historia que se está contando. En los talleres de guión, los profesores siempre decimos que es mejor mostrar que contar. Pero sin embargo QT elige contar. Y le sale bien por los pelos.

¿De qué hablan Jules y Vincent? Pues hablan de “trabajo”. Para empezar, de Mia (el personaje que luego interpreta Uma Thurman),  una actriz cuyo único crédito es en un piloto que no llegó a emitirse de una serie de televisión. Y Mia  sale con un tal Marcellus. Como veremos más tarde, Mia juega un papel muy importante en la trama que posteriormente protagoniza Vincent.

Los dos asesinos entran en la casa. Mientras esperan el ascensor, siguen conversando. Marsellus ha quitado de en medio a un tal “Tony Rocky Horror” por darle un masaje en los pies a Mia.

Salen del ascensor y continúan hablando. Parecen algo más tensos. Pero su tensión no tiene nada que ver con el “trabajo” que van a llevar a cabo. Lo que les preocupa es la historia del masaje en los pies. Se paran un momento a discutir sobre lo adecuado del castigo o no que le propinó Marsellus al pobre Tony. Jules dice que le parece desproporcionado y Vincent dice que lo entiende. Ambos están tan poco preocupados por lo que tienen que hacer que cualquiera diría que todos sus días “laborables” son así. Y creo que eso es precisamente lo que quiere transmitir Tarantino. Estos dos tipos son más peligrosos que el típico matón hiperexcitado y bravucón de tantas películas de asesinos a sueldo. Tienen tan poco miedo que no se alteran ante la perspectiva de un inminente tiroteo**.

Recuerdo que en aquel momento cuando vi por primera vez la película ya estaba un poco nervioso. Quería… no, necesitaba saber qué iban a hacer estos dos tipos. Cuanto más tiempo pasaba, más tremebunda aparecía en mi imaginación la inevitable escena del tiroteo. Además, me notaba preocupado por lo que pudiera pasarles a individuos de los que no sabía nada hasta hace unos minutos.

Y, en un golpe maestro, rizando el rizo de la tensión subterránea de la escena, justo cuando van a llamar a la puerta del piso donde les esperan sus  “víctimas”, Jules dice que es demasiado pronto y él y Vincent se echan a un lado para seguir discutiendo otro rato.

Claramente, Tarantino reconoce que está jugando con nosotros. Y nos desafía a seguir jugando con él.

Entonces, descubrimos que Marsellus, que por lo que parece es su jefe, le ha encargado a Vincent ocuparse de Mia cuando se vaya a Florida dentro de unos días. Quiere que la saque por ahí para que no se sienta sola. A Jules el asunto le escama y suelta una frase que parece insinuar que intuye que por culpa de Mia va a morir más gente (y “gente” en este caso significa Vincent), pero cuando Vincent le pide que le repita lo que ha dicho porque no lo ha entendido demasiado bien, Jules se escaquea y le dice que ha llegado la hora de ponerse serios y hacer lo que han venido a hacer.

Por fin, llaman a la puerta y se abre la puerta del piso.

Y aquí dejo el “despiece/repaso” de la escena.

Aquí, Tarantino emplea otra de sus estrategias preferidas: escamotear el clímax de la secuencia y reservarlo para más adelante. Pero eso sería tema para otra entrada.

Aquí, Tarantino emplea otra de sus estrategias preferidas: escamotear el clímax de la secuencia y reservarlo para más adelante. Pero eso sería tema para otra entrada.

Pensemos un momento en lo que ha hecho Tarantino.

¿De dónde surge la tensión dramática?

De los dos niveles narrativos que se superponen en la escena: lo que está pasando (dos tipos charlan amigablemente camino de su lugar de trabajo) y lo que intuimos  que está pasando realmente y que Tarantino ha “dejado caer” de forma bastante sutil, sin subrayados innecesarios (aquí va a haber tomate).

Algo parecido ocurre al principio de Reservoir Dogs y de Inglourious Bastards y de tantas otras escenas de Tarantino.

Esto no quiere decir que sea lo más interesante que hace Tarantino (sus guiones están repletos de soluciones inusuales a problemas narrativos de toda la vida) pero sí es lo que creo que me enganchó en su momento a su cine y lo que me hace volver a él: que casi nunca sé hacia donde va.

Por supuesto, como todos los cineastas, Tarantino también tiene sus malos momentos, y hay ocasiones en los que ha olvidado incluir en una de estas escenas de folios y folios de diálogo ese segundo nivel que permite que te intereses por ellas aunque no te importe lo que se cuenta (como en esa pesadísima escena antes del clímax de Kill Bill 2 con “la novia” interrogando a un viejo mejicano); pero me gusten más o menos sus películas, al menos siempre tengo la impresión de estar ante un guionista que nunca da por buena la primera solución que le viene a la cabeza, que disfruta mucho con lo que hace y quiere que disfrutemos con él, y que tiene muy claro que una parte muy importante de nuestro oficio consiste no solo en contar cosas interesantes sino en contarlas de una manera interesante.

Y reconozco que un tipo capaz de incluir esta canción en una película de la Segunda Guerra Mundial ya se ha ganado mi simpatía para siempre:

Y por si queréis leerlas, he escaneado las páginas de la edición del guión que publicó Faber and Faber en 1994 correspondientes a la escena de la que he hablado:

*El momento de mayor incertidumbre que he vivido en un cine fue cuando fuir a ver “Los inmortales” con mis hermanos allá por 1986. Fuimos a verla esperando una película de batallas medievales y de pronto, nos encontramos con una pelea de pressing catch (que por entonces ni siquiera  teníamos ni medio claro lo que era) en el Madison Square Garden de Nueva York. ¡Un poco más y nos vamos del cine pensando que nos habíamos equivocado de película!

**Cuando vi por primera vez “Pulp Fiction” me parece recordar que un amigo decía que si hablaban tanto era precisamente por lo contrario. Porque estaban nerviosos y así no tenían que pensar en lo que le esperaba. A mí me parece que es una interpretación que quizá sobre guión puede ser válida. Y a lo mejor algún director la habría dirigido así. Pero viendo la escena rodada creo que los actores están haciendo justo lo contrario.


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