MI ESCRITORIO

29 abril, 2010

por Pianista en un Burdel. Foto de Thomas Hobbes.

Uno de los memes más populares que circulan por la blogosfera, y en el que me han invitado a participar unas cuantas veces, consiste en describir qué tiene uno encima de su escritorio. Nunca he escrito al respecto porque no creo que pueda aportar gran cosa: normalmente sólo tengo el ordenador, el móvil, una taza de café y un sandwich mordisqueado: el 75% de mi trabajo lo hago en cafeterías.

No tengo el clásico escritorio en casa. Hace años que sólo trabajo con portátiles. Es más, creo que los ordenadores de sobremesa no tienen ningún sentido para quien no sea diseñador, operador de algo, o en general necesite una pantalla de más de 20 pulgadas para trabajar. En las épocas de más trabajo he llegado a alquilarme un despachito minúsculo, pero en general mi trabajo se desarrolla en el sofá, en la cama, en la mesa del salón, y en bares sin televisor ni tragaperras.

Así que mi escritorio ni es interesante, ni es mío. Por eso voy a tunear el meme, y voy a hablar del escritorio… de mi portátil. Y confío en que el post sirva como aviso para esos chavalines que rondan por los foros preguntando eso de “tengo un guión, ¿y ahora qué?“.

La respuesta abreviada sería: y ahora, OTRO. Pero entremos en detalles. En mi escritorio tengo los siguientes iconos de carpeta:

-“Un montón de buenas intenciones“*. Un proyecto de largometraje, un thriller, coescrito con el coordinador de una serie en la que trabajé.  Idea original mía. Estamos puliendo la primera versión.

-“92“. Otro proyecto de largometraje, esta vez de vampiros. Hoy en día, todo el mundo tiene un proyecto de vampiros, de zombies, o de Sherlock Holmes. ¿Por qué iba a ser yo menos? La idea original es de un antiguo alumno (caramba, qué viejo me hace esta frase), y lo coescribo con él. Tenemos un tratamiento secuenciado, y el guión va por la mitad.

-“Sarna con gusto“. Un guión de cortometraje, escrito por un buen amigo y mejor guionista, que pretendo dirigir. Estamos buscando financiación. Quizá a finales de este año, o a principios del que viene. La carpeta contiene varios análisis del guión literario hechos por amigos guionistas; un guión técnico y una memoria de dirección; y documentación sobre concursos y subvenciones.

-“Totum revolutum“. Podía llamarse de cualquier otra manera, pero se llama así. Como su propio nombre indica, es un revoltijo de cosas heterogéneas. Sinopsis a medias, recortes de periódico, ideas sueltas, a veces tan breves como una frase. Entre ese barullo, hay un par de ideas para cortometraje, unas cuantas para largo, un par de posibles tv-movies… Una de las ideas de largo voy a empezar en breve a escribirla con un compañero de Girona. Estamos completando la documentación.

Aparte de eso, tengo lo típico: el icono del disco duro, accesos directos a algunas apliaciones… y bueno, las carpetas de trabajo. De trabajo reumerado. Porque, no sé si se lo había dicho, pero todo lo de arriba son cosas que escribo por amor al arte.

Lo que me da de comer son otras cuatro carpetitas, donde guardo el material de la serie en la que trabajo; un documento de venta para una hipotética telenovela; la documentación para otra serie y para una tv-movie en las que -posiblemente- me embarque dentro de unos meses; y apuntes para clases y conferencias que doy cuando me queda tiempo.

Sí, esto funciona así. Se levanta uno por la mañana y trabaja. Se va a comer, y sigue trabajando. Y por las noches, después de cenar, piensa. No en cómo dar el pelotazo, no. En cómo mejorar un proyecto. En cómo presentar mejor a un personaje. En cómo dosificar la información. Cosas así.

Algunos pensarán que con ese volumen de trabajo, no me quedará tiempo libre. Bueno, no soy el tipo más trasnochador del mundo, pero tengo mi vida social. Voy al cine, salgo a cenar, tomo una copa de vez en cuando… En realidad, no es el trabajo lo que le roba a uno más tiempo. Es el síndrome de Tío Vanya. El pasarse las horas pensando en las teorías conspiratorias y los complicados sistemas de enchufes y nepotismo que nos impiden hacernos ricos y famosos. El por qué triunfa ése y no yo. Cuando uno trabaja de plano diez o doce horas diarias, no queda tiempo para esas gilipolleces.

¿Y ustedes, qué tienen en su escritorio?

* Los títulos son falsos, naturalmente.


A %d blogueros les gusta esto: