EL TRABAJO DEL GUIONISTA ES UN TRABAJO COLECTIVO

30 abril, 2010

Por Guillermo Zapata.

Hace una cantidad poco razonable de meses, me invitaron a escribir algo para Bloguionistas. El problema es que era absolutamente incapaz de encontrar un tema concreto que pudiere serle útil a alguien y que no se estuviera tratando ya con profundidad en la página. Por ese motivo lo he ido retrasando hasta ahora.

Hace unas semanas llegué a la conclusión de que hay al menos dos asuntos de los que se ha hablado poco o muy poco por aquí. Dedicaré este primer texto a hablar de uno de ellos: El trabajo del guionista (en televisión) no es un trabajo solitario.

Tengo la sensación de que en el proceso de contar cómo se desarrolla un guión se deja muchas veces fuera que el trabajo en televisión es sobre todo y por encima de todo, un trabajo colectivo. Que el guionista no es contratado (o no sólo) por sus habilidades “técnicas” sino principalmente por sus habilidades sociales y “mentales”. Dicho mal, que no te pagan por tus manos y tus diálogos, sino por tu cabeza y tus ideas. Y también, claro, por tu capacidad para relacionarte con otros.

La televisión es una industria y produce unos productos llamados series que constan de capítulos. Esa unidad mínima, el capítulo, sólo tiene sentido si se relaciona con los que le preceden y con los que van después. Esa relación se establece a través de dos cosas:

1.- Las continuidades de tramas y personajes

2.- Las constantes de la serie como producto y como marca.

El capítulo, por tanto, no es un producto, sino una parte del mismo. Por eso, la idea de “serie de autor” es algo que podríamos empezar a desterrar ya mismo.

En serio, hasta Perdidos la pensaron entre, al menos, tres personas. Hasta Aaron Sorkin tuvo que dejarlo una temporada y recuperar fuerzas cuando escribía El Ala Oeste de la Casa Blanca. Los guiones de Buffy, oh sorpresa, no los escribía todos Joss Whedon.

Para que un capítulo tenga sentido en la serie es necesario un trabajo colectivo (eso sin entrar en los capítulos escritos a medias o entre varias personas. Yo he trabajado toda la vida siguiendo ese método) En mi experiencia ese trabajo colectivo tiene dos momentos centrales que son los más importantes de la producción de una serie (especialmente el primero):

-La pizarra de tramas

-El desarrollo de un capítulo.

Digamos que la pizarra de tramas hace referencia a las continuidades de la temporada. Un documento personaje a personaje que nos va indicando de dónde a dónde vamos a avanzar. Ese documento, generalmente perfilado por el coordinador de guiones, es una especie de biblia después de la biblia. Sin él no hay temporada, y con él puede haber una temporada muy mala o excelente.

Ese trabajo de pura imaginación es un trabajo que se hace alrededor de una mesa, con tus compañeros de trabajo. Y es un placer. El espíritu de trabajo que destilan esas sesiones me recuerda un poco al primer acto de las películas de ladrones y timos: cuando se junta al equipo. “Cuevas y Toledano están organizando un trabajito con los de Sony al otro lado del río”. “Es una cosa sencilla, tres meses de trabajo”. Luego nunca es sencillo, ni son tres meses de trabajo, pero el espíritu es ése.

Lo más importante de esas sesiones es que por un lado tienes la obligación de poner en la mesa cualquier idea, por loca que sea y por otro lado tienes la oportunidad de que te digan (y de decir) “vaya puta mierda acabas de soltar”. Las ideas son todas buenas, hasta las malas. Las únicas malas ideas son las que no se dicen.

Algo parecido sucede cuando en vez de en las tramas de una temporada, se entra en el capítulo en sí. Digamos que es el paso entre lo que sucede, y el cómo sucede lo que tiene que suceder.

En la primera fase se puede haber quedado en que Juan y Pepa van a besarse, sí, ¿pero cómo? ¿Cómo llegan a ese momento? ¿Qué fue lo último que Juan le dijo a Pepa? No es lo mismo si le dijo “ya nos veremos” que si le dijo “ahí te pudras”. Por eso es necesario pensar el cómo de manera colectiva. Ordenar los pasos de forma común.

Es verdad que hay series (o momentos) en los que es imposible, y tú te limitas a recibir un documento que dice “en el capítulo 27, tras una fuerte discusión sobre las constantes mentiras de Pepa, Juan y ella se enrollan apasionadamente”.

Sí, son documentos muy divertidos.

Incluso en esos momentos de escritura solitaria, uno termina por llamar a la persona que escribió el capítulo anterior (o mejor, que lo está escribiendo en ese mismo momento), y le dice “oye, esas mentiras que se interponen entre Pepa y Juan… ¿Qué coños de mentiras son? ¿Tú que has puesto?” Y hablarlo.

Por eso, las series no las escriben guionistas, sino grupos de guionistas. Y eso genera una camaradería y una confianza que permite que las cosas salgan mejor. porque dos cerebros de persona normal tienen mejores ideas que un solo cerebro de genio, de verdad.

Por eso a veces a los productores ejecutivos les da miedo entrar en la sala de guionistas.

Y eso, pues también es bonito.


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