INSPECTOR GADGET CONTRA EL GANG TITIRITERO

24 junio, 2010

por Pianista en un Burdel.

Últimamente hemos hablado varias veces de las inspecciones de trabajo en el sector audiovisual. En general, creo que todos celebramos el avance realizado en materia de derechos laborales.

Ésta es una profesión muy jodida. A diario bregamos con la falta de reconocimiento público, con el intrusismo desmedido, con las tías políticas que dicen tener una historia buenísima para un guión y se empeñan en contártelo durante la comida.

Podemos vivir con eso. Podemos asumir que hay muy pocas probabilidades de llegar a ganarse la vida como guionista de cine. Podemos pasar muchos años escribiendo series que no nos gustan, y sabiendo que el tipo de series que nos gustan muy probablemente nunca lleguen a hacerse. Podemos asumir que nuestras mejores ideas serán sistemáticamente percibidas como demasiado innovadoras, cosas que “en España no pueden hacerse”.

Podemos hacer todo eso y más. Pero no podemos vivir muchos años con unas condiciones laborales de mierda. Con jornadas de 14 horas. Con jefes que te acosan, te amenazan y te niegan lo que el convenio de los trabajadores que concede por derecho. Por todo ello, me parece muy bien que se hagan inspecciones de trabajo en las productoras. Un mercado bien regulado es bueno para todos.

Ahora bien, ¿es eso realmente lo que se está logrando? Recientemente, he sabido que una productora de las grandes habían descubierto un enorme número de falsos autónomos, sobre todo entre el personal de plató. La mayor parte de esos falsos autónomos llevaban más de dos años trabajando ininterrumpidamente en la misma serie y, por tanto, según la ley, deben ahora ser contratados como indefinidos. Esto, para la productora, supone un desembolso gigantesco en cuotas a la Seguridad Social. Un desembolso que puede ser, simplemente, inasumible.

En otras palabras, que todos esos falsos autónomos, gracias a la tenaz defensa de sus derechos, se pueden ir a la puta calle.

Sé que mucha gente me acusará de pensar como un neoliberal, pero ¿realmente salimos ganando con esta manera de defender nuestros derechos?

Insisto en lo que he dicho al principio. En general, me parece muy bien que se defiendan nuestros derechos laborales y los de los compañeros de plató. Pero también creo que hay algunas situaciones en las que convendría aplicar, usando un símil futbolístico que viene muy al caso en la actual coyuntura, la ley de la ventaja.

Creo que la cuestión es algo más compleja que decidir entre cumplir la ley a rajatabla o entonar el Virgencita, que me quede como estoy. Este problema viene de más atrás. Durante muchos años, nuestra querida clase política ha tratado la seguridad social como una patata caliente. Nadie se atreve a hablar abiertamente de privatización. Cualquier dirigente político tiene muy claro que intentar recortar la cobertura social es enfrentarse a una huelga general segura. Y a los periódicos me remito. Pero a la vez, saben también que la mayor partida de los presupuestos del estado con muchísima diferencia es la de las pensiones.

De manera que, aunque en el fondo no les guste, necesitan mantener la Seguridad Social funcionando, o se encontrarán con un problema social de una magnitud imposible de manejar. Esta es una de las razones por las que, durante muchos años, se ha fomentado tácitamente la proliferación del trabajo autónomo, incluso entre trabajadores que tenían una inequívoca relación laboral con su empresa. Los autónomos, en general, cotizan mucho menos a la seguridad social, pero a cambio, tienden a ponerse enfermos con mucha menor frecuencia que los trabajadores por cuenta ajena. Y es que, cuando uno no cobra nada durante los días de enfermedad, se lo piensa muy mucho antes de quedarse en la cama, así tenga 39 de fiebre.

Esto, naturalmente, le parece estupendo a muchos empresarios, así que durante muchos años el número de trabajadores autónomos ha crecido sin parar. Más de una vez he oído decir que los autónomos son los que mantienen (mantenemos) este país. Ha sido hace apenas un par de años cuando se ha empezado a humanizar un poco el estatuto de los autónomos. Durante mucho tiempo, el subtexto de la relación Estado-autónomos venía siendo algo así como “chupa, chupa, que yo te aviso”. Para muchos empresarios, los autónomos somos algo parecido a putas dispuestas a poner la cama.

En otras palabras, que beneficiamos a todo el mundo menos a nosotros mismos. Porque claro, un pequeño empresario siempre va a ver con buenos ojos la posibilidad de contratar a un trabajador sin tener que pagar su cuota de la Seguridad Social. Y precisamente por eso, el audiovisual, que es un sector enorme riesgo, está lleno de falsos autónomos. Trabajadores que las productoras pueden despedir de un día para otro si de un día para otro una cadena les cancela una serie.

Es una situación muy jodida para todos. Pero no creo que la solución sea entrar como un elefante en una cacharrería y arramblar con un sistema que durante muchos años se ha fomentado por el propio Estado, como paliativo a la habitual falta de cojones de nuestros gobernantes a la hora de encarar una reforma laboral seria (no la chapuza que ha sacado Zapatero).

Esto me recuerda a la regulación de las normas de circulación. De un día para otro, pasamos le poder conducir con 0,8 mg de alcohol a enfrentarnos a penas de cárcel por conducir con esa misma cantidad. No cabe duda de que es importante erradicar el uso del alcohol entre los conductores. Pero no deja de parecer hipócrita que hoy se presente como un pecado mortal lo que ayer mismo era perfectamente normal y tolerado por todos.

Y también me pregunto otra cosa. ¿No habrá entre esos falsos autónomos que ahora deben ser contratados como indefinidos un montón de personas que preferirían seguir siendo autónomos? Si finalmente, la productora que mencionaba antes se va a hacer puñetas, seguro que la respuesta a esa pregunta es abrumadoramente afirmativa.

Y dejo para otro día la conspiranoia. Porque serán cosas mías, pero algo me dice que determinados funcionarios de Trabajo y de Hacienda tienen una especial fijación contra todo lo que suene a “artista”, “titiritero” o similar.

¿Con la Iglesia hemos topado?

¿Otra vez?


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