EL PRODUCTOR

28 julio, 2010

Por Chico Santamano.

Santiago empezó en esto del cine como director. Sus dos unicos títulos aparecen en todos los repasos a ese género tan entrañable como chungo que fue el cine de destape. Dice que tuvo mala suerte con la época que le tocó, pero todos sabemos que aunque como director no tenía mucho futuro, como productor reunía las cualidades imprescindibles de la vieja escuela; simpático, dicharachero, manipulador, vendemotos… Santiago es el perfecto encantador de serpientes.

Montó su primera productora con un socio que le robó y le dejó literalmente en la ruina. Años después, el traidor se casó con una de esas actrices que enseñaban el vaginismo ilustrado en sus películas y Santiago levantó el vuelo produciendo muchas de esas películas que hoy en día nos presenta cada sábado Carmen Sevilla entre pastitas con té y sofás de Artimueble.

No había vuelto a verle desde el estreno. Hablamos un par de veces por teléfono, sí… pero desconocía cómo estaba el ambiente tras el batacazo de la última peli. Cuando entré a su despacho me recibió como si no hubiera pasado nada, porque la gran suerte (y al mismo tiempo el gran drama) del cine español es que, en contra de lo que piensa la gente, en el 85% de los casos los productores no se juegan su pasta. Derechos de antena por aquí, el ICAA por allá, el crédito del ICO por el otro lado, unas decenas de miles de euros de un par de Ayuntamientos y listo. Tienen la peli levantada sin necesidad de poner en peligro la ortodoncia de la hija mediana.

Le pregunto qué tal todo y me llora un rato. No, no me contradigo. Me recibió como si no hubiera pasado nada, pero no me lloró por lo de la peli. Me lloró porque como buen productor siempre llora. Que si que mal está la industria, que si la piratería les va a obligar a cerrar, que si los socialistas la están cagando (?), que ahora telecinco sólo va a invertir en cuatro pelis al año… En fin… LO DE SIEMPRE. Así que una vez pasado el trámite, que esquivo con mi optimismo perenne, me pregunta qué le traigo.

Como soy un cagueta le digo que le he escrito un par de páginas de una sinopsis. Una comedia… que se la dejo en la mesa, que salgo pitando y que cuando tenga un rato se la lea. Santiago me pide que no le toque los cojones, que le cuente de qué va y que no le haga leer más de lo necesario. Yo tomo aire, me lanzo y le suelto la historia tan sencillamente que ni yo mismo doy crédito. Él se toma unos segundos. Saborea la trama, sonríe y me suelta “Como El pelotón chiflado”. Yo asiento. – Bueno, no exactamente, aunque quizá el tono, sí que… Antes de que pueda decir más llama de un grito a Enrique y este no tarda en aparecer. De hecho tengo la certeza de que, mientras que estoy en el despacho, él está siempre con la oreja pegada al otro lado de la puerta.

Santiago me pide que le cuente otra vez la historia a su hijastro. Cuando acabo, él suelta con tono neutro “¿Cómo El pelotón chiflado?”.

En general, los productores siempre tienden a buscar referencias cuando les sueltas tus historias. Les hace sentirse más seguros. Si conocen algo mínimamente similar les reconforta porque lo entienden a la primera y sobre todo porque existe un precedente de éxito. Cuando sueltas tu historia y te saltan con esas sólo cabe dos tipos de respuesta. Si sueltan el título de otra peli similar con una sonrisa es que la cosa ha cuajado. Si lo dicen serios es que quieren quitarte del medio lo más rápido posible. Te lo escupen como una prueba de “sé más de cine que tú. No me la ibas a dar con esas, plagiador de los cojones”. Intentan minimizarte a ti y a tu idea. Eso es lo que intentaba hacer Enrique, pero su padre no le permitió continuar su labor de derribo. La idea le gustaba. Le gustaba mucho. Yo quise explicar que “El pelotón chiflado” era una película fantástica. Una peli de cabecera para toda una generación, pero que esta tenía un punto de partida mucho más novedoso y que… bla, bla, bla…

La reunión no se extendió mucho más. Santiago quería leer dentro de un mes una primera versión del guión y yo necesitaba ver por vez primera y con urgencia el puto “pelotón chiflado”.


LA PRODUCTORA

25 julio, 2010

Por Chico Santamano.

Mis dos últimas películas fueron producidas por La Milla Films (sí, también es un nombre falso). En La Milla, ubicada en uno de esos pisos señoriales del centro de Madrid, trabajan tres personas; Sole, la secretaria. Enrique, la “mano derecha” y Santiago, el gran JEFE.

Cuando llamas a la puerta de la oficina te abre Sole. Si es la primera vez que vas a La Milla pensarás que es la señora de la limpieza, pero no, es la secretaria (que además también administrará tus futuros, MUY futuros, pagos). Si Sole fuera un personaje salido de Globomedia lo interpretaría Mariola Fuentes. Créanme si les digo que va siempre a trabajar en chandal. Ya sé que la imagen lo es todo y más si la empresa se dedica precisamente a eso, pero si a nadie le parece mal que esta mujer te reciba de la misma forma que saca la basura por las noches, qué vas a decir tú.

Como Santiago nunca te puede recibir en ese mismo momento, a pesar de que haya quedado contigo y tú llegues media hora tarde, esperas en la salita durante un buen rato. La del chandal y tú frente a frente. Sole no tiene picardía ninguna y te pregunta cómo llevas el fracaso de la última peli. – Bueno… teniendo en cuenta que para mí era EL GUIÓN, ese que sin venderte a los argumentos sociales con inmigrantes en patera, me podría haber reportado todos los premios del mundo… el incompetente del director que contratasteis lo destrozó… costó 3 millones de euros, ha recuaduado poco más de 316.000 y que la mayor parte de esa pasta es vuestra porque habéis tenido que comprar entradas para conseguir la subvención del ministerio… pues mira… ehhh… aquí estoy… con un nuevo proyecto que amenace vuestra jubilación.

Yo no sé si les pasará también a ustedes, pero para mí mis películas son algo personal aunque sea el más infecto de los encargos. No puedo evitar sentirme culpable y pensar que aunque la cagada fuera de ellos yo fui el que originó toda aquella ruina que supuestamente se le venía encima a la productora. Y ahí estaba yo… después de la que había liado, aparecía de nuevo por la oficina con una sinopsis de un par de páginas con un príncipe perdido en mitad de una guerra. Tenía la credibilidad por los suelos e intentaba convencerme de que allí no pasaba nada. Esas cosas pasan… ¿Eramos profesionales, no?

El que no lo entendía era Enrique… Enriquito… Enrique es el hijastro de Santiago, que se casó de segundas con una chilena forradísima. Todos conocemos al típico incompetente que trabaja en la típica productora y que como es típico no tiene ni puta idea, ¿verdad? En estas confesiones ese es Enrique. Él no sabía hacer nada en la vida y como el que vale vale y si no pues le ponen de jefe pues eso… Productor ejecutivo de La Milla Films.

Enrique siempre me ha tenido manía. Nunca nos hemos entendido. A él, como buen hijo de papá que nunca ha viajado en metro y que la vez que más cerca tuvo un pobre fue viendo “El diario de Patricia” en su plasma de dos millones de pulgadas, le gustaría hacer cine social… cine DEL BUENO… como el de León de Aranoa o el de Icíar Bollaín. Sin embargo, yo que soy de familia humilde me empeño en hundir la empresa con productos comerciales que puedan llegar a todos los públicos. Soy así… de… banal…

Enrique nunca dio un duro por mi último guión. Yo le decía que ese proyecto iba a multiplicar por 3 su futura herencia… Y la cagué, claro… 316.000 raquíticos euros, ¿recuerdan? Así que cuando la peli se fue a pique en el primer fin de semana, Enrique se alegró al pensar que nunca más me vería por la oficina. Mi optimismo aplastante y mis proyectos comercialoides ya no eran bienvenidos en La Milla.

Pero como Enrique no tiene ni puta idea, me subestimó.

Como buen guionista poseo dos superpoderes: no tengo el más mínimo orgullo y me arrastro como la mejor de las sanguijuelas. Así que allí estaba de nuevo. Dispuesto a ser explotado durante un par de años y ver cómo mi guión era destrozado por las disparatadas propuestas de Santiago y la desidia de Enriquito.

La secretaria deportista interrumpe mis pensamientos. Santiago puede verme y a mí, como siempre, me entra el cague. Sí, vale… tengo dos superpoderes, pero también un talón de Aquiles. Me vendo como el culo. Esa es mi criptonita.


EL LARGO CAMINO DEL GUIONISTA

23 julio, 2010

Como ya he comentado en este blog, hoy 23 de Julio se estrena “El Diario de Carlota”, cuyo guión he firmado junto al director, José Manuel Carrasco y Roberto Santiago. Esta vez no voy a hablar de la película en sí misma, sino del proceso que la envuelve. Es la primera vez que veo cómo se estrena una peli en la que yo he participado y creo que mi experiencia puede ser interesante. “Interesante” en el sentido de que algunos aspirantes atacarán con más ganas su objetivo de escribir para la pantalla, e “interesante” en el sentido de que otros podrán sentir cierto desánimo. Las dos reacciones son posibles y lógicas. Todo depende, como diría ese filósofo moderno que es Jarabe de Palo, en cómo cada uno entiende las cosas. Yo he conseguido estrenar esta película. Pero me ha costado un cojón de pato, con perdón (sobre todo para el pato.)

El guión de esta película comenzó a escribirse en octubre de 2004. Gracias a un encargo de Tornasol, inicialmente Roberto Santiago y yo trabajamos sobre la novela de Gemma Lienas y después Carrasco se sumó al proyecto. Personalmente, creo que fue una decisión magnífica, porque tiene mucho talento y una gran sensibilidad y ha hecho un trabajo fantástico. Creo que el trabajo de escritura duró, como mínimo, unos dos años. El ritmo del cine es peculiar: esos dos años incluyen las semanas e incluso meses que los productores pueden tardar en leer una versión, buscar un hueco en su ajetreada agenda para reunirse con los guionistas, etc. Sin embargo, escribir un largometraje de cine implica, desde mi punto de vista, bastante esfuerzo en sus primeros ocho o nueve meses de vida. La estructura es la parte más complicada, en mi opinión. Sin una buena estructura, todo lo demás no tiene sentido. Suena a manual de guionista, pero es cierto.

Volviendo al tema, concluimos la escritura de nuestra querida Carlota. Hace tanto tiempo que en aquel momento se llegó a pensar en Clara Lago como protagonista, que ahora está hecha toda una mujer. Seguí con mi vida. Escribí más largometrajes. Me puse a escribir para la televisión. Dirigí un corto. Me apunté a clases de hacer el robot. Viví un tiempo en una buhardilla. Viajé a Costa Rica, atravesé canales repletos de caimanes en un bote bajo una recia lluvia tropical. Me compré una Nintendo DS.

Ya no me acordaba de Carlota, y un día de 2009 mi compañero y buen amigo Roberto me llama y me dice que por fin se va a hacer. Lo que, como os podéis imaginar, supone una tremenda alegría. Y después de tanta espera, toca esperar un tiempo más. A que se ruede. A que se monte. A que se sonorice. A que se encuentre una fecha adecuada. Al preestreno. Al estreno. La vida del cine está llena de esperas. Sólo en este párrafo hay un año y medio.

Y mientras escribo esto, en la víspera del estreno, tengo la sensación de haber aguardado mucho, y aún se me hace larga esta incertidumbre sobre el porvenir de esta peli. ¿Irá la gente a verla? ¿Me zumbarán los oídos de las críticas? Es este el momento en el que todo es posible. El éxito y el fracaso. El orgullo o la culpa. La alegría o la tristeza. O todo a la vez.

Siempre he pensado que hasta para fracasar hace falta un poquito de éxito. El fracaso absoluto es tener una idea y no tener las ganas o el valor de escribirla. Siempre he pensado que terminar un guión, remunerado o no, es un pequeño gran éxito. Del mismo modo, también lo es ser pagado por ello, y más aún, que alguien ruede tu guión. Todo eso puede desembocar en un fracaso, detrás del que hay un montón de pequeñas victorias. Tanto si la peli funciona como si no,  yo estoy muy contenta de haber llegado hasta aquí. De ver los carteles por las calles. De oír las risas en el preestreno. De poder tener la posibilidad de ir a un cine a ver una peli en la que he participado. Creo que nada de eso es pequeño, ni despreciable. Del mismo modo,  con este y otros títulos también me he desesperado, me he enfadado como una mona, porque muchas veces los planes se tuercen. Las pelis se caen. La gente involucrada cambia de opinión de la noche a la mañana. O simplemente la financiación no se logra. Las modas se extinguen y las tendencias vienen y van.

Conseguir que se ruede un guión es como una partida de Mario, pero sin la capacidad de convertir a tus “enemigos” en monedas. (La Nintendo DS ha sido providencial.) Eso sí, después de jugar una larga partida donde has superado unas cuantas dificultades (fosos de lava, bichos saltarines, tortugas que te lanzan dagas…) te da mucha pereza volver a empezar desde el principio. Puedes tener los dedos entumecidos y los ojos rojos. Pero en el fondo sabes que no puedes dejar a Mario perdido en cualquier montaña absurda ni abandonarle ante la primera planta carnívora. Hay que seguir.

¿Cuál es el balance? Como todo en esta vida, es una cuestión de perspectiva. La pregunta es si tú eres de quedarte con la satisfacción de conseguir algún objetivo o con el cojón de pato que inviertes en el trayecto.

Yo escojo la alegría de hoy. Además, no sé qué puedo hacer con un cojón de pato. Pero se admiten sugerencias.


LA NOTICIA

21 julio, 2010

Durante estos meses de verano todos los miércoles y domingos y a modo de relato veraniego por entregas, voy a repescar los posts con los que inicié hace dos años esta andadura chicosantamaniana. Espero que los disfruten y a Dios pongo por testigo que, a la vuelta de vacaciones, el primer post del curso continuará la historia…

Por Chico Santamano.

Este pelirrojo con fama de juerguista es el culpable de todo.

Imagino que lo habrán reconocido bajo el “polvo” afgano. El chico en cuestión es el Pocholo de Windsor, el Príncipe Harry.

La semana pasada saltó la noticia. El hijo pequeño de la difunta Lady Di luchaba en la guerra de Afganistán contra los malvados talibanes. Medio mundo se sorprendió, al otro medio se la sudó y entre medias de unos y otros estaba yo. No me sorprendió porque desde hacía más de año y medio me lo olía y no me la sudó porque la aparición de la noticia podría influir más de lo previsto en el desarrollo del guión en el que estaba trabajando. Vaaa… me explico.

En el 2006 acababa de estrenar mi tercera peli como guionista. No se emocionen, es terriblemente mala. Y les aseguro que no es falsa modestia… Ya hablaré de ella, ya… Bueno, iba en el metro de Madrid y leo en uno de esos periódicos gratuitos (donde los titulares tienen más líneas que el propio artículo) que el rebelde Harry quería luchar en la guerra de Irak. Me imagino que todos los pasajeros que leyeron esa noticia lo harían con una sonrisa cabrona de absoluta incredulidad. A mí se me encendió la bombilla y las tres letras generadoras de más high-concepts de la historia aparecieron con sus inevitables signos de interrogación:

“¿Y si…?”

Todo lo demás vino rodado… ¿Y si un mimado y juerguista príncipe se mete en un lío muy gordo? ¿Y si el país se echa encima ante tal escándalo y tiemblan los cimientos de la monarquía? ¿Y si los asesores de la Casa Real planean un “pequeño” montaje para lavar su imagen? ¿Y si deciden hacer creer a los súbditos que el chaval está sentando la cabeza en el “Irak” de turno? ¿Y si sucede “algúnincidentedisparatado” y en lugar de disfrutar de una apacible jornada fotográfica en una zona segura del país el príncipe muerde el polvo de verdad durante una temporada más larga de la deseada?

Si alguna vez han escrito algo de ficción me entenderán perfectamente sin tener que describirles esa sensación de “ufff… ésta es buena… ésta es buena”, ¿verdad? Ahora con el tiempo no estoy tan seguro de que fuera TAN buena como me pareció en aquel momento, pero mi mente salió del vagón echando humo. La fórmula “pez fuera del agua” siempre funciona en comedia…

Por un error absurdo, un príncipe estirado y egoísta intenta sobrevivir en mitad de la guerra con la única ayuda de un batallón de perdedores.

Príncipe… guerra… batallón de perdedores…

Si fuera un productor americano firmaba el contrato con una mano y con la otra llamaba a mi secretaria para que me buscara al nuevo Ben Stiller para protagonizarla. Mi productor español, sin firmar el contrato como es habitual en estas tierras, lo hizo y me trajeron a…

No tan rápido.


CONCIERTO EN UN PUEBLO DE PORTUGAL

19 julio, 2010

Por Daniel Castro (Guionista en Chamberí)

Como casi todos mis compañeros de Bloguionistas, me voy a tomar unas cuantas semanas de descanso, para volver después del verano, con más fuerzas e ideas para posts. Éste será el último en una buena temporada.

Escribo esto desde la cama de una especie de albergue de Lisboa. En la miníscula tele de la habitación, “The Dark Knight”. Sobre mis rodillas, un netbook recalentado.

Anoche estaba en un pueblo de la costa portuguesa, cerca de Nazaré, algo más al norte. Se llama San Martinho do Porto y os lo recomiendo. Igual que la “francesinha” (increíble sandwich de carne y salchichas cubierto con queso fundido y salsa de tomate, todo ello coronado por un huevo frito – no, no estoy a dieta). Todas las noches había algún tipo de espectáculo festivo cerca de nuestro hotel, frecuencia que algunos huéspedes encontraban algo excesiva.

El grupo que tocaba anoche era bastante ruidoso. Pero, si te acostumbrabas a la voz del cantante, no sonaba mal. Tal vez porque también me había tragado su larga y ruidosa prueba de sonido, que me había sorprendido mientras leía en la playa por la tarde, en el concierto de la noche las canciones me sonaron conocidas y me parecieron bastante pegadizas.

Esto me recordó a algo que pensé varias veces cuando formaba parte de un grupo de pop, hace unos años, en Pamplona: uno, con una guitarra, un piano o, simplemente, silbando, puede componer una canción mejor que las que escribe actualmente Mick Jagger. Incluso mejor que las que co escribió con Richards en su época dorada. ¿Por qué no? Jagger y ese principiante que sólo sabe silbar tienen las mismas notas a su disposición, los mismos acordes y las mismas palabras para rimar. Por mucho dinero que tenga, Jagger no puede comprar más notas. Ni guardar oculto cierto acorde mágico.

Escribir una canción o un guión no necesita de una gran inversión económica (rodar una película o grabar un disco sí – aunque cada vez menos-) Como guionistas somos afortunados al poder hacer nuestro trabajo sin apenas gastar dinero. Nuestros errores nos salen casi gratis. Cosa que no puede decirse del trabajo de un director de cine o un constructor de decorados.

No hace falta ir a una selecta escuela de cine ni vivir en Madrid, no hace falta estar en la “pomada” o haber rodado siete películas. Ni siquiera hace falta tener ese Celtx que tanto promociona nuestro querido Pianista: puedes escribir un buen guión en Pontevedra o en París, con un Macbook Pro o con un Bic Cristal. Puedes escribir un buen guión después de haber rodado siete largos o sin haber grabado ni siquiera la boda de tu prima con una videocámara doméstica. Puedes escribir un gran guión siendo un cinéfilo impenitente o, simplemente, teniendo una cultura cinematográfica superficial. Es cierto que la experiencia y una buena formación ayudan, pero no hay trabajo que te proporcione talento, ni escuela de cine que te convierta en un tipo laborioso.

La distancia entre nosotros y una obra maestra del guión es, simplemente, nuestro talento y nuestro esfuerzo. Ahora mismo, un tipo en Cartagena puede estar escribiendo el próximo “Padrino”. ¿Por qué no? Nada se lo impide.

Evidentemente, nada garantiza que ese guión, por bueno que sea, se lleve a cabo y, en tal caso, se convierta en una gran película. Ahí sí que entrarán en juego el dinero, los contactos, la suerte…

Pero, cuando estamos escribiendo un guión propio y no bajo encargo, no hay nada entre nosotros y el ordenador (o el Bic Cristal) que nos impida escribir algo verdaderamente bueno.

Ésa es una de las cosas más fascinantes de nuestro trabajo. Y una de las más terribles.

Cada guión terminado se convierte en un mapa que delimita dónde empieza nuestra capacidad y dónde acaba nuestro talento. Y, lamentablemente, siempre desearíamos que éste se extendiera un poquito más allá.


FIRMAS INVITADAS: GACELAS

16 julio, 2010

Por Ramón Campos

Esta semana los que formamos Bambú producciones hemos vivido la extraña situación de, a una semana de empezar a grabar nuestro nuevo proyecto, tener en antena la serie mas vista (Gran Reserva) y la menos vista (Guante blanco) de la televisión generalista. El hecho de estar al mismo tiempo en las tres esquinas de este triángulo audiovisual me ha hecho replantearme ciertas cosas sobre nuestro trabajo.

Llevo semanas, desde que se estrenó Gran Reserva, intentando sacar conclusiones que me hagan entender por qué unas  series funcionan y otras no de una manera tan rotunda. Es muy habitual que cuando algo falla le echemos la culpa a la cadena (la programación, la promoción, los cortes publicitarios, el target del canal…) e incluso en momentos de desesperación le echamos la culpa a los espectadores que, ignorantes ellos, no han sabido ver las virtudes de nuestra serie y sí en cambio otras que consideramos mucho peores.

Creo sinceramente que cuando algo fracasa es que no está preparado para sobrevivir en la dura jungla televisiva y que, la mayoría de las veces, el principal problema está en el propio producto. Una de las cosas que aprendí en los documentales de la 2 es que por muy rápido que sea el león jamás caza a la gacela más rápida.

Aunque nunca sabremos cuáles han tenido realmente que ver en el éxito o fracaso de una u otra éstas son algunas de las diferencias o similitudes que he encontrado entre las dos series:

– Gran Reserva y Guante Blanco comparten a los responsables de la mayoría de los equipos: Guion, dirección, fotografia, sonido, dirección artística, montaje, producción,

– En Gran Reserva acabábamos de fracasar con Guante Blanco. En Guante Blanco acabábamos de tener un éxito con Desaparecida.

– Gran Reserva fue una serie creada pensando específicamente en el canal en el que iba a ser emitida… pensada para un público concreto. Guante blanco fue una serie que no estaba pensada para el canal en el que iba a ser emitida.

– En Gran Reserva el espectador casi siempre tiene la información antes que los personajes. En Guante Blanco el espectador va casi siempre por detrás de los personajes.

– En Gran Reserva  los guiones son orgánicos. En Guante Blanco están perfectamente estructurados y formateados.

– En Gran Reserva la mayoría de los personajes son malos. En Guante Blanco la mayoría de los personajes (por no decir todos) son buenos.

– En Gran Reserva hay un giro cada cinco minutos y el ritmo narrativo es rápido (lo que no quiere decir que sea difícil de seguir). En Guante Blanco casi no hay giros vertiginosos y el ritmo narrativo es lento (lo que no quiere decir que sea fácil de seguir).

– En Gran Reserva lo emocional esta por encima de lo racional. En Guante Blanco el plan esta por encima de los que lo realizan.

– En Gran Reserva familia y negocio están intimimente relacionadas y elpaso de uno a otro es fluido. En Guante Blanco la familia y el “negocio” son tramas estancas.

– El casting de Gran reserva y de Guante Blanco están formados por actores de primer nivel.

– En Gran Reserva pudimos grabar la temporada entera antes de emisión y revisar el piloto durante meses. En Guante Blanco fuimos pegados a la emisión.

– Gran Reserva se grabó con una sola unidad. Guante Blanco se grabó con doble unidad.

– Gran Reserva se desarrolla en un ambiente rural. Guante blanco se desarrolla en un ambiente urbano.

– Gran reserva no tiene publicidad. Guante blanco en su primera emisión sí la tuvo.

– Gran Reserva tiene un genero claro. Guante blanco no.

– La fotografía de Gran Reserva buscaba el preciosismo. La fotografía de Guante blanco el realismo social.

– En el piloto de Gran Reserva, tras la primera secuencia, hacemos un salto atrás en el tiempo. En el piloto de Guante Blanco también.

– La mayoría de la crítica detestó Gran Reserva. La mayoría de la crítica alabó Guante Blanco.

Hay muchas más. Estoy seguro de que algunas de las que en apariencia justifican el fracaso de Guante podrían utilizarse en su favor si la serie hubiese funcionado, y al revés con las de Gran Reserva. Por eso el lunes, cuando el director diga acción de nuevo, creo que sólo podremos cerrar los ojos y esperar que esta vez nuestra gacela sea la mejor.


OBSESIÓN

15 julio, 2010

por Pianista en un Burdel.

Hace tiempo publiqué dos posts raros en mí: sensatos, lúcidos y con tesis. Probablemente los dos únicos artículos de los que me siento orgulloso.

Me lo paso bien soltando diatribas contra productores poderosos, ganándome el odio de ciertos compañeros del Sindicato, y publicando gilipolladitas supuestamente ocurrentes. Pero artículos como PLANTILLA DE GUIÓN PARA OPENOFFICE y MANIFIESTO POR UN FORMATO COMÚN son algo más que entretenimiento para frikis del guión. Creo honestamente que tratan un tema importante y proponen cosas útiles.

Naturalmente, nadie les ha hecho ni puto caso en la industria. Pero eso, dada la tesitura actual del negocio audiovisual español, no hace más que reafirmar mi convicción de que he dado en el clavo. Si recibiese aplausos de la gente que manda en la industria, me preocuparía y mucho.

Lo que venía a decir en MANIFIESTO POR UN FORMATO COMÚN es que más nos valdría a todos adoptar un formato común para los guiones audivosuales y renunciar a costosas y arbitrarias plantillas de su padre y de su madre, y cuya continuidad sólo se justifica por la fuerza de la costumbre y el arraigado yoesquismo ibérico. Verbigracia: “ya sé que es una mierda, pero yo es que estoy acostumbrado”. Más o menos el mismo argumento por el que, en el siglo XXI, en un país de la Unión Europea, aún se toleran cosas como el toro embolado.

En PLANTILLA DE GUIÓN PARA OPENOFFICE proponía que abrazar el software libre y gratuito, en vez de plegarnos a la absurda tiranía del Microsoft Word: un programa caro, complejo, de tamaño monstruoso y carente de ergonomía, que una vez más, sólo reina en el mundo audiovisual porque nadie con un mínimo poder de decisión se ha sentado a pensar cómo optimizar el sector de guión. No creo que nadie sea capaz de discutir que es mejor un software específico, multiplataforma, gratuito y accesible desde Internet que un macroprocesador que cuesta cientos de euros, que presenta todo tipo de problemas de compatibilidad, y que lo único que ofrece a cambio son miles de funcionalidades que no se necesitan en absoluto para un guión.

Que OpenOffice y Celtx son mejores que Word para escribir guiones es tan evidente como que las sitcom y las telenovelas diarias deberían durar 25 minutos por capítulo. Pero ya saben que hay personas que no están dispuestas a permitir que una evidencia distorsione sus queridos prejuicios. Esas personas se llaman MANDAMASES, y no hay nada que más les joda que una buena idea que no haya salido de su propia cabeza.

Como me dijo un jefe una vez: “no vuelvas a llevarme la contraria, y mucho menos si tienes razón“.

El caso es que recientemente ha aparecido un comentario de una lectora habitual de Bloguionistas en uno de estos posts, que dice lo siguiente:

Trabajé bastante tiempo con open office, pero después de dos años de problemas continuados por parte de los destinatarios de mi trabajo, trminé por poner una copía pirata de Office.

[…]

Aunque soy una firme defensora del software libre (muy acertado lo que comenta al respecto) creo que mientras no se solucionen las compatibilidades con otros programas es dificil pensar en su generalización.

Cristina, tiene usted toda la razón. Con un matiz: los problemas de compatibilidad no los tiene OpenOffice con Word, sino Word con el resto del mundo. Y sobre todo, los verdaderos problemas de compatibilidad los tienen los mandamases con el mundo real, con el pensamiento lógico.

Usemos un ejemplo práctico. Pongamos que yo escribo en Celtx el guión de un largometraje (como ya han hecho, recordemos, Borja Cobeaga y Diego San José con No Controles o Nacho Vigalondo con Extraterrestre, entre otros), y lo envío en PDF, que es como se envían los documentos serios en el mundo real.

Hagamos un inciso: ¿por qué se popularizó, precisamente, el formato PDF para enviar los documentos serios en el mundo real? Porque es un formato legible desde un software gratuito y multiplataforma, como es Adobe Reader. Es decir, porque cualquiera, aunque no sea orgulloso poseedor de un Word pagado, o miserable poseedor de un Word pirateado, puede leerlo en su formato original, descargándose gratuitamente el Adobe Reader. En otras palabras: por su gran versatilidad. Fin del inciso.

He enviado mi guión en PDF y lo he vendido a una productora. Hacemos un par de reescrituras y el guión entra en preproducción. Un ayudante de producción o de dirección me pide el guión en un formato editable para, pongamos por caso, numerar las escenas. Le paso en guión en su formato original, .celtx. Y ¿qué ocurre? Saltan las alarmas:

¡NO SE ME ABRE EN WORD!

¿Saben lo que ocurrirá a continuación? En la oficina de producción habrá denodados intentos por copiar y pegar el documento .celtx en Word. Viendo que el formato se va al carajo y los acentos se convierten en locos grupos de caracteres con aspecto de blasfemia de tebeo de Ibáñez (#$%*!!), intentarán abrir el PDF en Word. El resultado será igual de frustrante. Entonces, algún pobre asistente se comerá el marrón, y perderá valiosas horas de trabajo intentando reformatearlo. Cuando se vea que es una tarea inhumana, algún ayudante llamará al productor para quejarse, y el productor llamará al guionista para exigirle el guión en formato Word.

¿Saben cómo se denomina esto en psicología? OBSESIÓN.

Eso es lo que hay en la industria con respecto a Word. Una verdadera obsesión. Porque sólo desde la sinrazón se explica esa incapacidad para buscar caminos alternativos. Tan simples como pensar ¿qué formato es éste? ¿.celtx? VOY A BUSCARLO EN GOOGLE. Que en el siglo XXI, en un país de la Unión Europea, un profesional del cine sea incapaz de superar un mínimo problema técnico cuya solución se encuentra a un maldito click… sencillamente no es lógico.

Celtx, y para el caso OpenOffice, no tienen problemas de compatibilidad con Word. Sencillamente, no es su objetivo ni su responsabilidad ser compatibles con Word. ¿Desde cuándo lo que es gratis y accesible tiene que competir con lo que es caro y difícil de obtener? ¡Que Word se busque la vida para abrir documentos .celtx! ¡Que las oficinas de producción abran los ojos y se instalen Celtx y OpenOffice en sus ordenadores!

A nadie en su sano juicio se le ocurriría exigir una partitura musical o unos planos de rodaje en formato Word. Dejen de pedir los guiones en formato Word. Existe software específico y gratuito para escribir guiones. Existe otro procesador de textos tan completo como Word, gratuito, compatible con todos los sistemas, y descargable desde Internet.

Señores mandamases, queridos productores, amigos ayudantes y asistentes: solucionad vuestros problemas de compatibilidad con la vida real, por favor. Haced sitio en vuestros discos duros para Celtx y OpenOffice. Y sobre todo, haced sitio en vuestros cerebros para lo que viene siendo LA LÓGICA.


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