LOPE DE PEGA

17 septiembre, 2010

Por Guionista Hastiado

Cuando escuché que iban a hacer un largometraje centrado en la vida de Lope de Vega tuve ganas de levantarme y aplaudir. No lo hice, que uno es un señor aburrido, pero me congratulé de que, una vez más, alguien tuviera la gran idea de escribir una película con un tema patrio de esos “que están ahí para cogerlos” e hiciera algo bonito con él. O lo intentara, al menos. Además Lope es de esos personajes que, a los que nos dedicamos a escribir, nos ponen un poco. Porque la mayoría de nosotros no somos para nada como él. Y nos gustaría serlo. Pero ni en sueños.

Aunque asistí a ver el largo el día de su estreno, no quise apresurarme a escribir al respecto por el absurdo temor de influir negativamente, aunque fuera una milésima, en los resultados de taquilla de una producción nacional (sí, todos estamos pensando lo mismo, no había ningún peligro de que eso sucediera). Tengo entendido que la  recaudación del film empezó mal la primera semana, pero que poco a poco se ha ido recuperando, de lo que me alegro muy sinceramente.

Sin embargo he de admitir que no disfruté mucho de “Lope” -y he de avisar de que esto no es una crítica, sino una pataleta-. Hubo diversas razones, pero una importante que me aburrí un poco, lo cual yo casi siempre achaco a cuestiones relacionadas con el guión, pesado que es uno. Ustedes me perdonen, pero tuve la sensación de que se trataba de un guión de manual, sin grandes errores, todo muy bien puesto, sus giros, su clímax, sus escenas de reír y de llorar, su trama de amor y sus momentos de acción… Me dio la sensación, también –y esto es una intuición que puede no ser correcta- de que es un guión en el que mucha gente ha metido mano (aunque sólo hay dos guionistas acreditados, de los que tengo buenas referencias). Quizá me equivoque. O quizá no, y todas estas circunstancias puedan ser responsables de que la historia me resultara falta de personalidad, algo hueca. Aunque no creo que sea una mala película y estoy convencido de que mucha gente disfrutará con ella.

Lo sé, todo son apreciaciones personales y baratas, y ustedes entran a este blog a que les expliquemos las verdades universales y absolutas del guión. Bueno, yo no las conozco, y quizá por eso sólo escribo una vez cada tres semanas.

El asunto es que me gustaría dejar constancia de que sí hubo un par de escenas en concreto que me hicieron removerme en mi silla, resoplar, y mirar a mi acompañante como diciendo “¿tú también lo estás flipando?”. Mi acompañante no lo flipó y me quedé resoplando solo. Pero me da igual, yo cuento aquí mi versión, que para eso soy del club cascarrabias del bloguionisteo.

Las dos escenas en cuestión están situadas en la primera parte del film, y vienen a ser algo así:

Primera escena:

  • Lope, un tipo que ha vuelto de la guerra, pasa por un teatro donde tiene algunos conocidos, para hacer algunos recados. Entra en el recinto propiamente dicho, una corrala con una tarima de madera entre muros de piedra. Lope se sube a la tarima. Lope observa el espacio que le rodea. De pronto la cámara empieza a moverse alrededor de Lope. La música sube en intensidad. Lope lo flipa mucho. Primeros planos con la cámara girando frente a Lope. Música más fuerte… Lope se ha enamorado mucho del teatro. Ha nacido la leyenda.


Segunda escena:

  • Esa misma noche, Lope encuentra un tintero y una pluma que utilizaba su padre para escribir. Lope tiene un impulso muy tocho y se pone a escribir como un desquiciado. No duerme. Se pasa la noche escribiendo y se casca una obra de teatro entera. Más tarde, el film nos explicará convenientemente que esa obra es la caña y que todo el que la lee se queda alucinado con su talento, su frescura, y su verso.

“¿Y bien?”, pensarán ustedes, “¿por qué a este cantamañanas le disgustan estas dos escenas?”. Lo cierto es que no están mal rodadas –aunque amigos directores discrepan de esto, pero yo ahí ya no me meto-, el actor aguanta más o menos el tipo, y son un detonante  correcto para que el film eche a andar…

Pues miren, a mí me desanimaron profundamente porque, en resumen, son mentira.

Son mentira históricamente, ya que si por algo es conocido Lope es por haber sido un escritor precoz que empezó a componer versos y obras de teatro desde niño, no cuando ya tenía barba. Pero esto no me importa, vale, son licencias que uno puede tomarse a la hora de adaptar al cine la vida de un personaje. Es una elección.

El problema es que son dos mentiras intrínsicamente relacionadas con el oficio de escribir. Vamos a ver, lo que nos cuentan estas escenas es:

1-    Que Lope de Vega se enamoró del teatro “de repente”.
2-    Que Lope de Vega se puso a escribir un día y resultó que era muy bueno.

Lo primero es falso porque lo que nos muestra la escena es que Lope se enamora del teatro en sí, es decir, del establecimiento. Cuatro tablas mal puestas no pueden provocar semejante reacción en nadie, no es un lugar tan espectacular. El teatro te enamora, en todo caso, cuando ves una obra que te toca, que te atañe, o cuando ves las reacciones del público y descubres que todas esas ficciones les ayudan a divertirse, a olvidarse de sus propias miserias e incluso a aprender ciertas lecciones vitales. Lo que emociona es el acto del teatro, su génesis, sus consecuencias, su arte… no el sitio.

Y la segunda mentira –todavía mayor- tiene mucho que ver con esta “generación OT” que nos sobreviene y que está empeñada en promulgar que el éxito y la fama te llegan gracias a los dones innatos, al talento genéticamente adquirido, y no gracias al trabajo y el esfuerzo. Si tienes buena voz, te forras; si tienes buenas tetas y las enseñas, te forras; si eres muy polémico y choni y te cogen en GH, te forras; si eres muy sentimental y expresivo y estás bueno y te haces actor… etc.

Claro, aquí el problema es que el trabajo y el esfuerzo son cosas nada “cool” y muy poco cinematográficas, y si vamos a convertir a Lope en una especie de calco barato de la chavalería de hoy en día, precisamente para que dicha chavalería acuda al cine y la película lo pete, lo más adecuado es apelar a los rasgos más molones que sabemos que tuvo el personaje –la rebeldía, la insumisión, la pasión y el gusto por las mujeres- y “arreglar” o directamente eliminar aquellos que resultan menos estimulantes.

Creo que ya lo he dicho algunas veces y empiezo a parecerme peligrosamente a mi padre, pero si alguno de ustedes quiere ser guionista, novelista, cantante, pintor, fotógrafo o trapecista, por favor no caiga en el error de creer que su talento y su pasión se lo darán todo hecho de un día para otro. No digo que eso no pase, pero es que no pasa casi nunca. No digo que la pasión y el talento no sean necesarios o incluso imprescindibles, pero los grandes creadores han sido siempre, además, grandes trabajadores, ninguna excepción me hará bajarme del burro.

Lope de Vega fue un genio, pero no sólo porque tuviera un don –que lo tenía- sino porque había mamado el teatro desde niño, porque había escrito casi desde que tenía uso de palabra, había vomitado tantos miles de versos que le salían ya solos, por las orejas, porque le apasionaba tanto su oficio, que no dejaba de ejercerlo ni un solo día y, sobre todo, porque, como todos los grandes narradores, era capaz de diseccionar con inteligencia, ironía y un cierto cinismo las mezquindades, los fingimientos y las complejas maneras de relacionarse que observaba a diario en la sociedad que le rodeaba.

Quizá esa sea la mayor mentira de todo el film, la más gorda, la que se plantea desde la propia presentación del personaje hasta el final de la película… la de definir a los grandes escritores como enormes inventores de mentiras, como unos fingidores mayúsculos, en lugar de como hombres o mujeres osados y salvajes porque se atreven a contar las verdades…


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