EL DATO

24 septiembre, 2010

Por Ángela Armero

Creo que todos los que trabajamos en televisión estamos de acuerdo en algo: el saber que calidad y audiencia no van reñidas. Puede que se emita un producto excepcional y se la pegue, puede que se emita un producto nefando y se la pegue. Puede que algo estupendo triunfe, puede que algo vergonzante rompa los audímetros. Y sin embargo no podemos sustraernos al influjo de los datos. O de “el dato”. En un mundo en el que Belén Esteban demuestra tener el mismo magnetismo que Felipe y Leticia o un evento deportivo de primer nivel, ¿qué significa “conectar con la gente”?

Un buen dato nos alegra, y uno malo o malísimo nos deja de bajón. Supongo que habrá excepciones, igual que no todo el mundo que se sube a un avión fantasea con la posibilidad de que se caiga. Hay muchas y variadas razones para vivir pendientes del share y de los miles de espectadores.

Una de ellas es por supuesto la vanidad y otra, el carácter absoluto de estos datos. Las opiniones (suelen ser benevolentes en nuestro entorno y crueles en los foros) son relativas, pero las cifras son incontestables y directas. Si la audiencia es buena, pensamos que lo hemos hecho bien, cuando lo cierto es que hacerlo bien puede haber influido algo, poco o nada. La promoción, la confianza de la cadena, la oportunidad o moda del producto por supuesto cuentan, al igual que el reparto o la programación.

Todas esas razones se vuelven super importantes cuando algo fracasa. “Apenas promocionaron mi serie”, “A ese actor no lo conoce nadie”, “es una serie demasiado inteligente”, “los Pilares de la Tierra han venido a por mí”, “había fútbol” o “la gente está tomando claras y tintos de verano” son excusas para aplacar nuestra tristeza. Sin embargo, somos tan humanos que casi nunca buscamos razones  fuera de nuestro producto ante un buen dato. “Ese día no había otra cosa”, “Hacía tanto frío que me pareció ver un burro congelado en la esquina”, “Salen muchas tías buenas duchándose juntas” no son razones que se emplean para explicar la situación. Al contrario, se brinda, se celebra y se piensa que somos unos campeones. La lógica de esto podría estar en que las primeras ocasiones abundan mucho más que las segundas. Y que de vez en cuando las palmaditas en el hombro son muy necesarias.

Es un negocio duro. Te pasas meses en una serie, un programa o una tv movie y en cuestion de diez horas el veredicto queda estampado en forma de dígitos. Muchos conocemos la mala noche que se pasa, el pasarse los veinte minutos entre las 08.50 y las 09.10 actualizando histéricamente las webs de tele, el nudo en el estómago ante el fracaso, el llegar al lugar de trabajo con ganas de ser invisible… y por supuesto todos sabemos aparentar que estamos por encima de eso, y a veces hasta nos lo creemos.

Por supuesto, la audiencia repercute en algo tan claro como quedarse en la calle y esa es la razón que más pesa de todas. Plantillas enteras dependen de un dato, vidas, familias, carreras. Algo tan trivial como escoger qué se ve mientras se come desganadamente la cena implica el destino de varios centenares de personas. Es así de crudo. La frase con la que vertele se promociona “lo sabemos todo antes” se convierte a menudo en “lo sabemos todo antes (que tú)”. Muchos de nosotros nos hemos enterado por internet de que nuestra serie o programa del momento se ha ido a la porra. Es una versión laboral y menos novelesca de enterarse de que tu novio está con otra viéndole aparecer en el Sálvame.

Por suerte, también hay días en los que te levantas y la gente te felicita por “el dato”. Ese dato que puede implicar tu valía, tranquilidad respecto el futuro, un bálsamo para tu vanidad, unas copas con los compañeros y un breve intervalo de satisfacción y sentido. Los días de tortas y rosas van y vienen, jugando con nuestros nervios, nuestros sueños y nuestro orgullo. Pero vamos tirando, ya lo hemos aprendido a base de leñazos, sinsabores y de autoconvencernos de que “lo importante es estar en proyectos que a uno le gusten”, afirmación en la que no puedo estar más de acuerdo.

Sin embargo, trabajamos en la televisión, un cacharro que tiene todo el mundo, todo un país que decide, vota, aprueba o condena. Puede que audiencia y calidad no vayan necesariamente de la mano, pero nuestro destino depende de esos datos y tenemos que ir a por la mayoría, a por los dos dígitos, si queremos seguir en esto. Si fuéramos David Simon podríamos decir esto, pero mientras tanto habrá que seguir bailando con el dato.

¿Cómo lo lleváis vosotros?


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