LA HUELGA QUE NO HICIMOS

1 octubre, 2010

Por Guillermo Zapata

El Miércoles creí haber hecho huelga, pero no. Y en realidad, soy reincidente, porque en el 2002 también creí hacer huelga, pero tampoco.

Creí hacer huelga porque hice lo que se supone que uno debe hacer en una huelga: deje de trabajar… Lo que pasa es que no estoy seguro de haber dejado de trabajar, eso para empezar. O sea, como guionista que soy mi trabajo no consiste exactamente en escribir, sino más bien en algo que podríamos llamar “proceso creativo” y que termina con la escritura. Entonces lo que hice fue dejar de escribir, pero estoy casi seguro de que no fui capaz de parar mi proceso creativo (por ejemplo, seguí haciendo muchas de las cosas que me sirven de documentación, viendo series, escribí en mi blog, leí artículos sobre algunos proyectos futuros, pensé en el trabajo del días siguiente, etc.)

Juro que, de verdad, intenté comportarme como un aguerrido sindicalista del sector metalúrgico no yendo al trabajo… Pero bueno, en realidad, trabajo desde casa con una conexión a internet que me pago yo mismo. ¿Qué iba a hacer? ¿No entrar en salón?

Lo peor no es eso, lo peor es que la huelga que hice no le hizo daño a nadie. ¿No es triste? Un trabajador en toda regla incapaz de parar la producción. ¿Saben lo que pasó? Lo mismo que en el 2002, exactamente igual. El día antes de la huelga apuré trabajo para que el día después de la huelga no me quedara mucho trabajo acumulado. En el curro en el que estoy ahora ni siquiera trabajamos mucho los miércoles, pero en el del 2002, que teníamos que estar allí todos los días bajo la atenta mirada de un jefe de producción que pasaba más tiempo vigilando a su fuerza de trabajo que ejerciendo su propio trabajo, en el 2002 recuerdo que lo de que íbamos a hacer huelga se daba por hecho. Ya saben, somos guionistas, somos progres, modernos, creativos y rebeldes, ¿cómo nos íbamos a perder un sarao? No hombre no, producción (A.K.A La patronal) se limitó a incluir la huelga en el plan de producción. Adelantar un poquito y aquí y atrasar un poquito de allá y todo sigue funcionando fe-ten.

Y mira que con los años me enteré de que a eso se le llama “producción flexible” y “posfordismo” y que es característico de la producción inmaterial y de la sociedad post-industrial (Más información: The Wire)  O sea, que no es que los de mi curro fueran especialmente listos, es que así es como va ahora el trabajo. Pero aún así, no aprendí.

O sea, yo esta vez ya lo sabía. Ya sabía que no les hacía daño. Lo que pasa es que pensé que bueno, que una huelga contra una reforma laboral que ya está aprobada, pues debía ser más una huelga en el plano “simbólico”. Y joder, no hay nadie mejor que un guionista para lo simbólico. Así que me quedé simbólicamente en casa, haciendo que no trabajaba simbólicamente y dañando al capital en el cortex semiótico.

Como la cuestión estaba en lo simbólico tampoco me importó que la reforma laboral hundiera unos derechos que ni siquiera tengo ni voy a tener jamás…

Una pausa para la publicidad:

“Históricamente, se reconoce una cosa que se llama “derecho del trabajo” que es la forma de que la relación desigual entre capital y trabajo se nivele a favor del trabajador. El encargado de ésto, es el Estado. Pues bien, gracias a sucesivos pactos de los tipos que mañana van a empezar a negociar la reforma de las pensiones con Zapatero- Ese Toxo, ese Toxo, eh, eh- ni yo ni mis compañeros guionistas estamos dentro de esa relación laboral porque se nos ha arrinconado en una bella relación mercantil”

Sigamos por la programación habitual.

Simbólicamente tampoco me importó que la reivindicación sindical del pleno empleo me dé más asco que pena (La sola idea de que me puedan contratar fijo para escribir en exclusividad las cosas que nos obligan a escribir hace que me quiera cortar mis muy poco simbólicas venas) Mi problema es que mientras no puedo parar de producir, solo se me paga cuando estoy dentro de una relación mercantil, que siempre es intermitente. Mi producción tiene continuidad imparable, mis derechos no.

Eso sí, simbólicamente, ayer lo peté a lo grande.

No solo eso, mi presencia hizo que, como cuando Zapatero ganó esas elecciones dónde prometió no fallar a nadie, ahora ese poder simbólico está en las expertas manos de los tíos que pactaron las anteriores reformas laborales.

Uno pensaría que esto iba a ser Matrix Reloaded, pero parece ser un remake de los de toda la vida.

Vale, y antes de que ustedes me digan que la huelga es muy importante les recuerdo que yo ayer SI hice huelga, solo que inútil. Pero eh, la intención es lo que cuenta.


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