LA LARGA ESPERA

6 octubre, 2010

Por Chico Santamano.

ACTUALIZACIÓN: habría que ampliar el concepto de “peli intrusa” con la variante de el DOCUDRAMA INTRUSO.

Con la amenaza de la incorporación de Carles sobrevolando en mi proyecto, el paréntesis de la loca loca loca serie de las dos divas y el contrato cerrado AL FIN, sólo quedaba esperar que en La Milla se leyeran la nueva versión.

Yo no sé ustedes, pero cuando entrego una versión (supuestamente) definitiva pueden pasar dos cosas. Que me sienta tan orgulloso y seguro de ella que durante la espera sólo pueda sentir cabreo… ya saben, cabreo en plan “estos son una panda de incompetentes que no van a entender nada y me van a poner pegas absurdas y yo no sé hacerlo mejor porque no se puede hacer mejor y no pienso retocarlo más y si no les gusta como está pues que no hagan la película y me lo llevo a otro lado porque esta peli me la quitan de las manos y se acabó el asunto”. Todo muy sobrado, sí.

La otra situación es cuando entregas una versión conscientemente regulera. Una que sabes que como segunda versión no está mal, que tiene alguna que otra tara descarada y que, posiblemente con cualquier cosa que te digan tendrán razón. En ese caso, uno sólo piensa “Con el poco tiempo que me habéis dado, ¿qué queréis?”. Que en esto de escribir guiones es la excusa equivalente a “mi perro se ha comido los deberes” de cuando íbamos al cole.

En esta ocasión yo iba en plan sobrado. Cuando escribo enfadado, escribo bien. Y como la perspectiva de que el proyecto acabara en manos de Carles me cabreaba mucho pues entonces me salió, a mi juicio, una versión bastante redonda. Me esforcé especialmente pensando que si la cosa era brillante, Carles moriría cegado por el esplendor de mi talento y se retiraría de la peli con el rabo entre las piernas. Pensamiento bastante iluso porque todo el mundo sabe hacia qué se sienten atraídos las urracas.

El caso es que mandé esa nueva versión por mail y esperé. Esperé cabreado, por supuesto. Me encontraba en esa opción de espera. Y cuanto más tiempo pasaba más me cabreaba. En la ducha ensayaba mis argumentaciones en contra de sus posibles pegas “¿Más sexo? ¡Por el amor de Dios! ¡Los setenta ya pasaron! Ahora el que quiere ver tetas se mete en xhamster.com / megaporn.com / pornotube.com / redtube.com… ejem… ¡No voy a meter más sexo gratuito! ¡¡Están en la guerra!!”.

Como discutir desnudo y empapado con un productor imaginario te deja en una posición de clara desventaja, también me dedicaba a enfadarme con él y sus posibles opiniones mientras conducía. Gritar cuando conduzco también es algo que me libera mucho. Si algún día ven a un loco gritando solo en el interior de un coche… no lo duden, se trata de un guionista en la fase sobrada esperando opiniones de su trabajo.

Pero el tiempo pasaba y el teléfono no sonaba ni los mails de respuesta llegaban… En esto del cine sólo sobreviven los que tienen paciencia y no hablo de eso tan sobado de que a los actores les pagan por esperar. No. Hablo de que TODO va muy lento. Desde que se te ocurre una idea o te hacen un encargo, hasta que la peli está en cartel (si llega a estrenarse) pueden pasar fácil entre dos y tres años. Así que esperé un tiempo prudencial y una semana después llamé a la secretaria gimnasta. Me confirma que le llegó el mail. Como siempre, lo abrió, lo imprimió, lo encuadernó y se lo dejó en la mesa. Ya saben… Aunque yo se lo mande a Santiago es Sole la que abre el correo, porque él no sabe lo que es internet y para ver tetas (que no sean las de su mujer, ni las suyas propias… bastante parecidas en tamaño, por cierto) fuerza a sus guionistas a meter secuencias de sexo injustificadas en sus guiones. ¡Por el amor de Dios!

¡¡Están en la guerra!!

Bien…

Dos semanas después continuaba sin obtener respuesta y con la espera como principal terrorista de la seguridad en ti mismo y en tu trabajo pasé de la fase sobrada a la fase “conscientemente regulera”. Ya no gritaba en la ducha y en el coche… ahora sólo pensaba “Con el poco tiempo que me habéis dado, ¿qué queréis?”. Todas las dudas se agolpaban de repente en mi cabeza… ¿Y si el proyecto se ha caído y no me dicen nada? ¿Cuánto tardaron en decirle lo mismo a mi archienemiga? ¿Y si ya no les gusta? ¿Y si ha llegado otro pavo con un guión con más desnudos? ¿Y si en el climax final apareciera un ejército de afganas con las tetas al aire y metralletas con forma de falos? Quizá no sea tan mala idea… ¿no?

Tres semanas después, un viernes a última hora suena al fin el teléfono. ¡Por los pelos! Me llama Santiago… y yo ya estoy en fase de parada cardiorespiratoria. Me dice que tenemos que hablar. Le pregunto si pasa algo con la peli y me dice que no. Que no me preocupe. No se ha leído el guión aún porque hay un tema que quiere contarme.

En ese punto, tras comerme tanto la cabeza y con las defensas completamente destruidas por su dejadez, me siento como una auténtica mujer violada bajo la ducha en una tvmovie de Antena 3.

Me dice que tiene un amigo que quiere poner pasta en la peli. Cojonudo. Nos gusta mucho la pasta. Sólo hay un problema. El tipo es dueño de un hotel en Sevilla y quiere que el hotel salga en la película y que salga mucho, claro.

Bien… ¿Un hotel sevillano en una comedia bélica ambientada en un desierto afgano? Ejem…

 

Continuará…


A %d blogueros les gusta esto: