DESMONTANDO WALL STREET 2, EL DINERO NUNCA DUERME (SPOILERS)

15 octubre, 2010

por Ángela Armero

 

La fallida secuela de la mítica Wall Street parece contradecir el espíritu de la original: “La codicia es buena”. Tanto no puede serlo si a causa de esas ansias de llenar el saco se da una patada en la boca a todos los seguidores del film de 1987 y a cualquiera que pague una entrada por ver este complicado artefacto vacío.

Otra frase que se ha hecho popular y que en mi opinión tiene más verdad es “Si no puedes ser un buen ejemplo, procura ser una advertencia espantosa”, y esa sí que se aplica a “Wall Street, el dinero nunca duerme”. Yo creo que desde el punto de vista del guión hay abundantes lecciones sobre cómo no hacer las cosas. (También hay detalles de dirección que generan bastante “repeluzno”, como unas bizarras cortinillas que en el apogeo del cine mudo eran lo más, y como un cameo del director que a un amigo mío le inspiró el pensamiento “Disparadle, que está sufriendo”.)

Antes de entrar en detalle me gustaría recordar las virtudes que para mí tiene la primera. Wall Street se convirtió rápidamente en un éxito, en la peli que retrataba un nuevo estilo de vida, el de los yuppies y su ascenso social. Contaba la historia de Bud Fox, un joven ambicioso pero con buen fondo que gracias a los esfuerzos de su padre Carl Fox (Martin Sheen), un obrero sindicalista y trabajador, consigue una buena posición y un buen trabajo como corredor de bolsa. Logra captar la atención de un famoso tiburón financiero, Gordon Gekko (Michael Douglas), quien se hace su mentor y protector. Bajo su influencia, Fox va cambiando paulatinamente sus principios y su forma de obrar hasta convertirse en el mismo personaje sin escrúpulos que le prohija. Por si fuera poco, spoiler, Gekko le engaña para comprar la compañía aérea en la que trabaja su padre despidiendo a todos los empleados. Fox se alía con un rival de Gekko para devolver el golpe y mandar a su mentor a la cárcel.

Han pasado más de veinte años y llegan las rebajas. En la secuela tenemos a Jacob “Jake” Moore (Shia Laboeuf), un joven ejecutivo que trabaja en una firma de inversión, obsesionado con las energías alternativas, de cuyo entorno inicialmente no sabemos demasiado. Pero sí conocemos a su novia, Winnie (Carey Mulligan) la hija bohemia de Gordon Gekko, que no tiene ninguna relación con su padre, quien salió hace varios años de la cárcel. Su firma sufre una caída histórica y su jefe y mentor Zabel es finalmente derrotado por otro banquero, Bretton James, quien propicia el derrumbe definitivo de la empresa de Zabel. Al día siguiente, su mentor se suicida. Impactado y rabioso por la pérdida, Moore se acerca a Gekko con intención de conseguir información para destruir al enemigo de su antiguo jefe, James. A cambio, Gekko le pide que facilite la reconciliación con su hija Winnie, la bohemia, que dirige una web izquierdosa y pasa del dinero (aunque vive en un piso de caerse de espaldas.)

Con la ayuda de Gekko, Moore consigue hacerle perder millones de dólares a James propagando rumores interesados sobre sus negocios. Se entrevistan y James, impresionado ante su valentía, le ofrece un trabajo que Jake acepta con intención de hundirle más aún. Nada más llegar a la firma, ve la ocasión de venderle su energía alternativa esotérica a unos chinos y James parece orgulloso de su audacia. Paralelamente, el pollo va favoreciendo los encuentros entre hija y padre que de momento no van demasiado bien; además, Winnie se queda embarazada, pero su relación está deteriorada. Mientras, la economía se está hundiendo y James, su nuevo jefe, tras una “excitante” carrera en moto por un bosque, le confiesa que van a pasar de su energía esotérica para apostar por algo más convencional. Jake, cabreado a)porque su jefe lo hace para proteger sus intereses petrolíferos y pasa del bienestar de la humanidad y del planeta b) porque  él va a perder toda la pasta que ha metido ahí, le manda a la mierda y se despide.

Al contarle esto a Gekko, éste le revela que su hija tiene cien millones de dólares en un fondo en Suiza y que pueden servir para financiar su tecnología altruista. Jake se los pide, Winnie se los da, autorizan a Gekko para hacer la transacción de modo seguro y éste sorpresivamente se queda con el dinero. Winnie manda a la porra a Jake y rompen su compromiso. Cabreado como un mono, Jake utiliza la información que Gekko le ha dado para hundir a James. Lo consigue, pidiéndole a Winnie que publique la “bomba informativa” sobre las actividades ilegales de James. Winnie lo hace, pero no vuelve con él. James se va al infierno de los ejecutivos, mientras llegan noticias de que Gekko está en Inglaterra haciendo negocios. Vuelve a ser billonario.

La película toca a su fin. Jake intercepta a Winnie llegando a su casa llevando unas maletas, le ayuda a llevar sus cosas. Pobre, separada, embarazada, pobre Winnie, con lo que ella ha sido. De repente aparece Gekko, diciéndoles que ha vuelto a meter el dinero en la energía alternativa, después de usarlo para forrarse. Epílogo. La feliz pareja ha vuelto y todos son felices.

FIN.

Las similitudes son numerosas. La figura seductora, Don Dinero, sigue siendo el mismo, con un oportuno giro: Gordon Gekko, en su vida después de la cárcel, convertido en un gurú económico, escritor y conferenciante, ya no tiene dinero pero ha conseguido respeto y admiración. Se puede pensar que se ha domesticado, que la prisión le ha hecho más humano, puesto que añora a su hija y quiere ver fotos de ella, etcétera. Sin embargo, el joven Bud Fox no tiene su equivalente en Jacob Moore, un joven sin personalidad, del que no se sabe si es un ecologista o si piensa forrarse lo más grande con energías esotéricas basadas en chorros de agua marina.

Mientras que en la primera el objetivo de Fox era claro, medrar, en la segunda, el objetivo de Moore es vengarse de James, quien destruyó a su mentor. No hay nada intrínsecamente malo en la venganza, pero si el tema de Wall Street es la corrupción, quizá este detonante no aporte tanto como el anterior. Sobre todo cuando Zabel nos importa un pepino. Por otro lado, hemos visto que se mete en la empresa de James para tener más información para vengarse de él, pero parece congraciarse con él cuando éste parece estar a favor de su energía limpia. Sólo cuando pasa de su tecnología para proteger su rentabilidad y su petróleo se decide a vengarse de verdad. Cuando se precisan dos detonantes encadenados con una tregua de por medio, la motivación de Jake parece bastante endeble, un mero pretexto argumental. El segundo detonante anula la realidad o sentido del primero.

En la secuela también hay una persona a la que defraudar en la familia. Mientras que en la original era el padre, en esta es Winnie, la novia bohemia.  A pesar de que la adora, Jake le pide la pasta, la despluma, utiliza su web para su venganza personal y paradójicamente lo que a la chica le cabrea es que le haya mentido sobre la relación con su padre. Cuando rompen, ella dice que es por esto, ¿no será que te cabrea que por tu novio gilipollas tu padre te haya levantado cien millones de dólares? Hay varias cosas chirriantes en la relación. Ella es anti Gekko total, pero como se comenta explícitamente en la película, es curioso que se haya enamorado de un hombre como su padre. (Esto queda sin explicación.)

A pesar de que se aman profundamente y de que van a casarse, ella no le ha comentado que es millonaria, pero no muestra el mismo recelo a la hora de entregarle su fortuna. La razón esgrimida es poder hacer una diferencia y mejorar el futuro de la humanidad con una energía más limpia. Ella, después de ser manipulada por él, parece feliz de poder hacer tal cosa, y se nos ha dicho que la chica es brillante. Se ha cabreado muchísimo por la insistencia que él muestra para que vea a su padre, pero se deja desplumar con lágrimas en los ojos. No sé a vosotros, pero a mí no me convence. Poco después, y cómo no se sabe muy bien qué hacer ya con ellos (o esa es la sensación que tengo yo), resulta que Winnie está embarazada.

Los dos, corazones puros, se sirven del nuevo Gekko para mejorar el mundo y caen en su trampa. Luego ella rompe con él por la mentira, pero lo hace al tiempo que sabe que su dinero ha volado, con lo cual la cosa a mí no me queda muy clara. Tenemos a Jake con enormes problemas al final, después de ser traicionado por Gekko: recuperar a su chica y recuperar el dinero, pero también vapulear a James. Y entonces llega uno de los momentos más torpes de la película, que es más o menos como sigue.

JAKE: Winnie, qué tal. Oye, mira, que deberías publicar lo del fondo de inversión de James en tu web, así le jodemos definitivamente. Ah, por cierto, te quiero mucho y te echo horriblemente de menos.

Después, Jake utiliza el DVD de la ecografía del bebé para conmover la conciencia de Gekko, quien devuelve el dinero después de forrarse a costa de su hija. Pero la sensación de aleatoriedad en los comportamientos de Winnie, lo falso de su relación emerge con toda claridad en estos vaivenes. Es como si los guionistas se vieran con mucho peso en las manos y lo soltaran de cualquier manera, sin llegar nunca a calar en el espectador los sentimientos de los dos como algo real.

Lo poco convincente de su relación se aplica también al personaje de Jake. No se sabe si es un idealista de las energías limpias o un codicioso. Creo que ese es el mayor problema de la película: que no tiene la valentía de presentar a su protagonista como alguien más o menos joven, más o menos puro que es seducido por el dinero y el poder.

En el caso de Bud Fox, se transformaba pasando de ser un chico idealista y ambicioso a ser alguien que utiliza información privilegiada y que se adentra en las turbias aguas del espionaje industrial. El precio que ha de pagar era arruinar a su padre y a todos sus compañeros de trabajo en la aerolínea. Aquí, el precio que Moore ha de pagar es  su relación con Winnie. En la teoría, funcionaría bien. En la práctica, es tan torpe como os he comentado. Sin embargo, en la película han intentado mostrar su evolución de otra manera bastante más pobre.

Antes de ser contaminado por Gekko, la madre de Moore le pide una burrada de dinero para sus negocios inmobiliarios y él se los da. Al final, vuelve a ver su madre, quien quiere más dólares, y esta vez le dice que no. Esa es su evolución. La trama con sus madre (Susan Sarandon) es una de las más innecesarias y absurdas de la película, con permiso de la escena en la que Winnie y Gekko se medio reconcilian, en la que se verbaliza por quinta vez y de forma tediosa e insufrible que Rudy, el hermano mayor de Winnie, se suicidó y en teoría por culpa de Gekko. Del mismo modo que Zabel (a quien hemos conocido brevemente) nos toca un pie, el amigo Rudy nos importa un comino. Los dos personajes, Rudy y Zabel, son y existen (o han existido) para hacernos creer en la motivación de los personajes. El motivo de Jake para vengarse de James y el motivo de Winnie para odiar a su padre. El de Jake puede ser necesario, aunque yo personalmente lo percibo como artificial (como he dicho, hace falta otra puñalada de James para desencadenar el final de su trama) pero el de Winnie no importa nada, o podría haber sido más revelado de forma mucho más sucinta. Cuánto más esfuerzo se percibe en resaltar esto, más pobre queda.

Wall Street (1987) tuvo la valentía de presentar a su protagonista como la codicia personificada. Lo mejor era que Gekko era el diablo y que todos se rendían a sus pies. El Wall Street de ahora tiene como protas a unos niñatos descafeinados que ni siquiera se atreven a decir que lo que quieren es pasta. Lo único que brilla en el film es la maldad de Bretton James, de su jefe Jules Steinhardt (Eli Wallach) y del propio Gekko. La maldad es mucho más cinematográfica que la bondad, y si no que se lo digan a Vic Mackey.

Corrección política, amoríos blandengues y retorcimiento al servicio de la nada. Una auténtica decepción.

 


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