FIRMAS INVITADAS: JIMINA SABADU

21 octubre, 2010

Jimina Sabadú es guionista del largometraje “La máquina de bailar”, escribe habitualmente en “Mondo Brutto”, hace crítica de cine con Jordi Costa en “Otaku y Carcamal”, y ha escrito y dirigido el corto “Fiat Homo”.

MIS AMIGOS SON LA POLLA

En España hay muchísimo talento. Eso lo sabe todo el mundo. O debería. Porque, algo que para nosotros es obvio, para el espectador medio no lo es.  El espectador medio ve un programa o una serie de ficción, y no sabe lo que hay detrás, lo que cuesta hacerlo. No entiende el largo proceso que hay entre la escritura de un guión y el producto final.

Yo, en mi depauperada experiencia (y sí, digo depauperada y no paupérrima, porque lo que ha hecho ha sido empobrecerse) he visto cómo guiones estupendos se iban al garete por cuestiones completamente ajenas al proceso creativo. También he visto cómo series de muy buena calidad se iban de la parrilla al segundo o tercer capítulo.  Y esto es, sin duda, porque hay mucha gente que no entiende el proceso que se inicia cuando te pones delante de una hoja en blanco y que termina cuando se emite un producto audiovisual.

Casi todos los buenos guiones nacen en torno a unas buenas cervezas, mientras germina una sana amistad. Hablas con gente con tus mismos intereses y, de repente, ¡pam! Nace una idea. A veces es una coña, a veces es una cosa que te ha pasado. Y de ahí, salen las películas.  De ahí empieza el proceso. El proceso de la amistad.

En los años en los que he estado metida en el mundo del cine/tv (que no han sido ni tantos, ni tan pocos), he hecho muchos buenos amigos. Gente que te abriría las puertas de su casa sin esperar nada a cambio. Gente que está a las duras y a las maduras. Gente que es como las estrellas: cuando te sientes solo, están ahí, en el cielo. Puedes contarlos y sacarles fotos, etiquetarlos en Facebook hasta que el Universo implosione. Eso son los amigos. Personas que ves a lo lejos. Personas llenas de talento y de cosas buenas para compartir.  Lo mejor de la –irregular – profesión de guionista es compartir y conocer las buenas ideas de los demás.Me encanta estar con amigos y hablar de las películas que hemos hecho o que vamos a hacer. Ir a la cena de Pili, al karaoke con Mauro, Ceferino, y Paula.  Ver una película y no poder parar de reír con los audiocomentarios de mis amigos.

Me encanta ser una mujer y recibir los galantes requiebros de cortometrajistas que creen que soy una actriz; me hacen sentirme viva y especial. Me encanta ir a una gala y que uno de ellos me enseñe, orgulloso, su premio mientras me pasa la mano por el hombro y me comenta lo mucho que me parezco a mujeres deseadas por medio mundo.

Me emociona publicar un artículo diminuto en cualquier sitio y, tras meses de un buzón de entrada vacío, recibir unos cuantos e-mails diciéndome que ese artículo, en efecto, ha aparecido (no que se lo han leído, solo que ha aparecido), que felicidades, y que a ver si nos vemos, y que si me entero de algo de lo suyo se lo diga. Yo lo haría porque ante todo somos amigos, antes que compañeros.

Me encanta que todos mis amigos sepan que una serie como “Lost” cualquiera de nosotros se la hace con la punta de la polla y un millón de dólares. Que si no la escriben es porque están mejor aquí, conmigo, con la cañeja y las olivas.

Me encanta que cada vez que alguien dice “no he visto tu película” el otro responda “No pasa nada, yo tampoco he visto la tuya”, y todo se resuelva compartiendo un piti. El cine es maravilloso, pero no tanto como la especie humana.

Me encanta que el talento, como el valor, sea algo que se nos supone. Porque ya hemos hecho la mili, qué cojones, ya sabemos lo que hay. Nos conocemos de la cantina.

Me encanta que cualquier corto de mi amigo Juan, que es guionista en un programa prime-time sea mejor que todas las temporadas de “Los Soprano” juntas, y que el guión de Nico sea mucho mejor que la última de Scorsese, que está gagá.  No entiendo cómo a Terry Gilliam le dan dinero para hacer cosas como “El Imaginario del Doctor Parnassus” mientras que a Rafa no le dan dinero para su corto sobre lo complicadas que son las relaciones de pareja. Lo escribió cuando cortó con Laura, con la que llevaba desde hacía cinco años. Eran una pareja muy divertida, pero ahora nos hemos dividido. Los barbudos son amigos de Laura; los bigotudos, de Rafa. Nunca más volveremos a vernos.

Me encanta que una película española sepas que es buena cuando no parece española. Desde que hacemos películas que parecen americanas, el cine es mucho mejor. Como decía Abraham el otro día, yo nunca saldría con una chica más inteligente que yo.

Me encanta que un guionista te pueda llamar puta, entre risas, como broma, y que al saber que eres de su gremio sea tu amigo. Porque eso son nimiedades y todos lo sabemos.

Me encanta que alguien vaya a una cena aunque se rían de él porque todos sabemos que es broma, que no importa.

Y me encanta que las cenas sean encuentros generacionales, en los que mires a los lados y puedas pensar que todo el que merece la pena está ahí, y si hay alguien que no está, es porque no tiene talento, porque si lo tuviera, ya estaría sentado a esa mesa degustando las bravas y riéndose con nosotros. Generación del 98, generación del 27, y luego nosotros.

Me encanta que todos,  cuando se trata de temas laborales (porque aparte de ir de cañas, somos gente trabajadora) nos quejemos dando palmetazos en la mesa pero si hay que ceder, cedamos, porque sabemos que la dignidad es un privilegio y no un derecho.

Me encanta lo que me enseñaron en “La Bola de Cristal”: solo no puedo. Con amigos, sí. Con amigos hago cortos, series, nos enteramos de trabajos, nos soplamos quién es jurado en este o aquel concurso, y en definitiva, sobrevivimos. Porque mis amigos y yo no sólo somos la polla. También somos caballos de carrera. Nos alimentan, nos peinan, y nos dan un terrón de azúcar por si acaso un día llegamos los primeros. Entonces, será gracias a nuestros amigos. Todos los que estuvieron brillando en el firmamento de la superviencia durante todos esos años. Atrás quedarán el marasmo y la incertidumbre que son, me temo, patrimonio exclusivo de nuestra parte animal. La que olvidamos cuando todo parece ir bien.


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