HOSTIAS COMO PANES

5 noviembre, 2010

Por Guionista Hastiado

Hace unas semanas, asistí al master class que impartió Carlton Cuse, del que tan profusamente nos ha hablado el amigo Chico Santamano aquí y aquí. Una de las primeras cosas que nos dijo el co-creador de “Lost”, mientras rellenaba tiempo charlando sobre su adolescencia, fue que para convertirte en un creador de cualquier tipo has de dejar a un lado el MIEDO.

El miedo es una de las principales razones de que haya tantos artistas frustrados que ni siquiera se atrevieron a intentarlo. El miedo al fracaso, al rechazo, al ridículo, a las críticas, a la exclusión, a la mediocridad o incluso al éxito… puede llegar a atenazar a un autor hasta el punto de hacerle incapaz, incluso físicamente, de poner a trabajar su talento.

La semana pasada se estrenó “Hispania”, serie en la que yo participo activamente, como ustedes saben. Tuvo un buen estreno. Los tres primeros capítulos han hecho un gran dato, las curvas de audiencia han sido muy buenas (lo que significa que la gente no se aburría de verla), el share comercial inmejorable y, en general, las apreciaciones por parte de gente del sector han sido positivas.

Sin embargo, en Internet ha habido opiniones para todos los gustos. Hubo profusas críticas centradas en detectar todos aquellos elementos que suponían algún tipo de error histórico, lo que me animó a escribir esta entrada explicando el por qué de algunas de las decisiones que se habían tomado, aunque no fueran necesariamente mis decisiones. Rápidamente el post fue linkado en “Menéame”, y en ambas páginas se montó un vertiginoso cruce de opiniones a favor y en contra de la serie, aunque me da la sensación de que ganaban los de “en contra”. Muchos de estos comentarios negativos se podrían resumir en la frase “¿Por qué no la habéis hecho como a mí me hubiera gustado?”, lo que no deja de ser una pregunta lógica, pero que no tiene muchas respuestas aparte de “porque no la hacías tú”.

El caso es que, independientemente de las intenciones que hubiera detrás de cada comentario, nos cayeron Hostias como panes. Nos han llamado feos, tontos, malos y ladrones. De ahí para arriba. No sabemos escribir, no sabemos rodar, no sabemos leer (libros de historia), nuestros actores no saben interpretar y, en definitiva, hubiera sido mucho mejor que no la hubiéramos hecho, que total para qué y que todos más tranquilos.

¿Y qué es lo que pasa cuando un estreno en el que hemos puesto cierta cantidad de ilusión, tiempo y esfuerzo recibe críticas de este calibre? Es muy fácil…

No pasa NADA.

No pretendo insinuar que no debamos atender, escuchar y aprender de las críticas, y desde luego que uno siempre va a preferir escuchar alabanzas hacia su trabajo antes que burlas malintencionadas. Pero hay que ser consciente de que el nuestro es un oficio absolutamente expuesto, y eso implica, necesariamente, que uno va a tener que aguantar chorreos y pataletas, esto es algo que viene con el lote y más nos vale hacernos a la idea cuanto antes.

Cuanto más exitosas, visibles o arriesgadas sean nuestras propuestas, más gente opinará sobre ellas. Y, en un alarde algebraico, me atrevo a asegurar que cuantas más opiniones haya, más opiniones negativas habrá…

Porque es imposible escribir pensando en satisfacer a todo el mundo. Primero, porque no lo vas a conseguir. Ni siquiera Nacho Vidal podría. Segundo, porque entonces tu trabajo estará lastrado por una visión simplista y generalizadora que bloqueará cada línea de guión que pretendas teclear.

El tipo más vilipendiado en nuestra industria posiblemente sea Almodóvar, que es, al mismo tiempo, el tipo que más éxitos ha cosechado en su carrera como director. Cualquiera de nosotros tenemos en nuestra cabeza tres o cuatro dardos esperando en la recámara para poner sobre la palestra en cuanto surja una conversación sobre el director manchego: “Es mejor director que guionista”, “abusa del melodrama”, “siempre cuenta la misma historia”, “no me interesan las historias de putas y maricas”, “titiritero”, “zapaterista”, “extiende los tópicos nacionales”, “no sabe hablar en público”, “Y ese pelo”…

Si Almodóvar tuviera presentes en su cabeza todas estas diatribas, machacándole cada vez que quiera idear un nuevo film o rodar un nuevo plano… sencillamente no haría nada, o cambiaría de oficio. Y eso -aunque algunos no estarán de acuerdo conmigo- sería una auténtica lástima, porque es un tipo -convendrán conmigo otros- que tampoco lo ha hecho tan mal…

Hace unos días hablé con un compañero de oficio que también acaba de estrenar un conocido proyecto –permítanme que me reserve nombres-, y andaba todo atribulado por todas las pedorretas sobre su trabajo que había leído en Internet. La evolución de la World Wide Web en los últimos 10 años ha cambiado la forma de enfrentarnos a los resultados de nuestro trabajo. Tenemos reacciones inmediatas, generalizadas, accesibles y muy pasionales.

Yo intenté tranquilizar a mi compañero explicándole, primero, que en Internet es mucha más la gente que tiene el impulso de entrar a criticar, que la que se decide a escribir a favor de algo. Reconozcámoslo, la mala hostia siempre ha sido un motor mucho más poderoso que la satisfacción.

Y, segundo, que lo importante es la propia valoración personal que él tenía de su trabajo, las impresiones que recogiera de entre la gente en cuyo criterio él confiara, y, finalmente, los resultados reales en términos de audiencias o taquilla (que no habían sido nada desdeñables), y que, a fin de cuentas, son los que le darán de comer y le permitirán seguir trabajando.

El MIEDO es nuestro mayor enemigo. Somos funambulistas de las palabras y debemos caminar sobre las teclas sin pensar en el abismo, o nos caeremos por ir con demasiado tiento. Si el miedo presidiera las reuniones de guionistas, se acabaría este oficio. Nadie aprendería, nadie haría cortos, ni escribiría sus primeros guiones, ni los llevaría a las productoras, ni se hostiaría en taquilla, ni obtendría éxitos. Nadie nadie nace con una bobina debajo del brazo. Y la única forma de desarrollarse como profesional es trabajando, errando, trabajando más, luchando día a día por hacerlo mejor… y abriendo el paraguas para pasar los chaparrones.


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