EL “GORDO” DE NAVIDAD

21 diciembre, 2010

David Muñoz

Guionista pensando.

“Mira que cuesta encontrar una buena idea”…

Eso es precisamente lo que estaba pensando cuando leí un comentario de “Hortensia” en mi post de la semana pasada en el que entre otras cosas decía: “Lo que sí me ha quedado muy claro es que no se puede ser guionista a tiempo completo. Por lo menos a mí, no se me ocurren ideas geniales todos los días. El guionista precisa parar, reposar o hacer otra cosa en cuanto arriba un nuevo proyecto”.

A veces se olvida que una de las cosas a las que tienes que dedicar más tiempo cuando eres guionista freelance es a intentar tener ideas geniales. Especialmente si lo que quieres escribir es cine, ya que como solemos descubrir  casi todos los guionistas cuando nos da por intentar vender el planteamiento de una serie o una TV Movie, el 90% o más de las ideas que acaban transformadas en producto televisivo se generan en las propias productoras. Incluso muchas veces los conceptos a desarrollar vienen “desde arriba” y no de los guionistas que trabajan allí. O sea, surgen de los productores ejecutivos de la empresa, que cada vez más, son también guionistas. Es raro que un guionista freelance venda un proyecto de serie de televisión que ha parido en casa. Ocurre alguna vez, pero tan pocas que casi resulta una ingenuidad intentarlo*.

Pero como decía antes, si lo tuyo es el cine, o como en mi caso, el cine y el cómic (me refiero a como “generador” de ideas, ya que también escribo TV), es inevitable que termines dedicando buena parte de tu jornada a encontrar ideas que puedan acabar terminadas en un largometraje o en un álbum.

Y resulta agotador.

Muchas veces, después de una racha especialmente intensa, lo que necesitas es lo que cuenta Hortensia: parar, reposar y hacer otra cosa. Y eso que yo siempre tengo muchas más historias por escribir que las que puedo escribir. Nunca me ha resultado un problema tener ideas. Otra cosa es que sean “geniales” o no.

A pesar de eso, a veces mi cerebro necesita desconectar.

Cuando digo esto, siempre me acuerdo de la escena de La guerra de las galaxias en la que el androide C3Po se “apaga” para descansar un rato. ¡Ya me gustaría a mí poder hacer algo así y quedarme tan pancho como él!

Un androide relajado.

Pero no, no es nada fácil conseguir “apagarse”. Y no solo por la cuestión económica. En mi caso, ni teniendo ahorros soy capaz de parar. Siempre tengo miedo de no tener algo bueno que enseñar cuando empiece a quedarme sin dinero.

Y por desgracia, tener buenas ideas, capaces de transformarse en una buena historia, no es precisamente sencillo. Aunque al principio todas te parecen geniales (si no, no las escribirías), cuando les das una vuelta y empiezas por Ej. a tantear cómo sería una posible escaleta basada en ellas, te das cuenta de que la mayor parte de las cosas que se te han ocurrido en realidad no funcionan, casi siempre porque no pasan de ser ocurrencias sin un desarrollo dramático claro. Eso, o de pronto descubres que alguien ha pensado lo mismo antes que tú y ya hay un productor desarrollando un proyecto similar al tuyo.

Estoy diciendo todo el rato “buenas ideas”, pero no es eso. Más bien debería decir “ideas vendibles”. Muchas veces lo que acabamos vendiendo es lo que nos parece más mediocre de lo que hemos escrito. También suele ser lo que más “suena” a algo que se ha hecho anteriormente. Y no hay nada que dé más seguridad a los que tienen que poner el dinero para que se haga una película (o lo que sea) que sentir que están en terreno familiar.

¿Pero cuáles son esas ideas vendibles?

Pues ni idea. Cada productor o cada director se haría una lista de la compra distinta.

Seguro que ya he utilizado esta metáfora aquí alguna vez, pero si quieres que te toque la lotería… más vale que compres todos los billetes que puedas.

Y los “billetes” que compramos los guionistas no cuestan dinero. Cuestan esfuerzo y tiempo.

Pero afortunadamente hay algo que hace que el proceso sea llevadero: inventar, además de agotador, es divertido.

Seguro que más de un lector que no trabaje en esto se echará las manos a la cabeza cuando diga que de cada 15 ideas que pares puedes acabar vendiendo una (eso, si tienes suerte), y que sin embargo, el proceso de crearlas puede ser divertido. Lo sé. Suena raro. Pero a mí también me cuesta creer que alguien pueda disfrutar subiendo una montaña en bicleta. Además, inventar una historia produce un subidón bastante difícil de explicar si no lo has experimentado. Estoy convencido de que produce adicción. Más de una vez he querido parar, casi obligándome a hacerlo, y no he sido capaz.

Pero hay días, como ayer, en que presa de un ataque de tontería “findeañera”, te da por repasar lo que has hecho durante el año, y descubres que en 2010 has escrito nada menos que:

-Dos guiones de largometraje.

-Dos tratamientos y al menos seis sinopsis bastante detalladas.

-Tres proyectos de cómic.

Y los has escrito sin cobrar, encajándolos entre los proyectos de televisión y las clases que te dan de comer. Vamos, que has currado de lo lindo.

Son billetes de lotería.

Y lo repito: disfruto haciéndolo. Este “post” no pretende ser otra lamentación de guionista agobiado. No cambiaría mi vida por nada. Además, nunca sabes cuándo va a sonar la flauta. Solo hace unas horas me he enterado de que un proyecto que creía muerto y enterrado desde hace meses puede que resucite en unas semanas, y de que un cómic que escribí un par de años atrás va camino de Los Angeles porque está interesado en leerlo un actor que puede querer protagonizar una película basada en él. Ya veremos qué pasa. Lo mismo ambos proyectos son proyectos “zombies”. O sea, están muertos y aún no lo saben. Pero de momento, ahí siguen, caminando.

Aún así, de vez en cuando a veces me gustaría ser como… no sé… J.K. Rowling, tener una idea brillante, conseguir desarrollarla de forma interesante y lograr que tanta gente se interese por ella como para verme “obligado” a escribir una continuación tras otra (a cambio de unas buenos emolumentos, claro). O como esos guionistas de televisión que llevan nueve años escribiendo la misma serie. Debe ser estupendo poder dedicarse a explorar en profundidad lo que ya has creado y no tener que estar inventando una nueva premisa cada dos semanas.

Y eso que luego cuando hablo con alguno de esos guionistas lo primero que suelen decirte es que “están hartos”, que se sienten “encorsetados”, que odian a sus personajes, y que sueñan con poder emprender otro proyecto que les permita experimentar con otro tono, con otra forma de contar.

Pero casi ninguno deja su serie.

Porque a veces la lotería solo toca una vez. Y lo saben.

En fin… ojalá todos tengáis alguna vez una de esas ideas de premio gordo.

Y si mañana os toca el Gordo de verdad…  pues oye, mejor que mejor. Entonces sí que podréis escribir lo que queráis y cómo queráis.

Feliz Navidad.

*Y que conste que yo he sido varias veces uno de esos ingenuos. Trabajé para nada, claro.


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