A MEDIO CAMINO DE UNA SÍNTESIS (IM)POSIBLE

Por Guillermo Zapata

Me gustaría que éste texto no se publicara por la mañana, me gustaría que apareciera en el filo de las doce de la noche, entre un año y el siguiente, entre una década y la siguiente.

Quiero decir que es, como todo lo que escribimos y leemos estos días, estos meses y, probablemente, estos últimos (o primeros) años, una cosa provisional, un intento de mapa, un borrador de algo. Es imposible pretender llevar razón porque nadie puede saber qué va a pasar.

Es imposible saber qué va a pasar en la industria cultural y es imposible saber que va a pasar en la cultura (Son dos cosas distintas, parece que hay que recordarlo). Es imposible saber que va a pasar en el cine y en el audiovisual en general (Son dos cosas distintas también). Es imposible saber qué va a pasar con nuestras formas de trabajar y con las formas de retribuir nuestro trabajo.

Esa imposibilidad no viene determinada por una cuestión cronológica. No es que no lo sepamos porque resulta que es nochevieja y porque resulta que el futuro tiende a ser distinto del presente. No, no lo sabemos porque estamos afrontando un cambio de paradigma en las formas de producir, distribuir y exhibir la cultura. Estamos colgados entre dos décadas, pero sobre todo colgados entre dos mundos…

En estas semanas, a raíz de la votación de la Ley de Economía Sostenible y sobre todo, del rechazo de la disposición final segunda de la misma, conocida popularmente como “ley Sinde”, hemos leído dos tipos de cosas sobre el futuro.

Una de esas cosas explicaba la consecuencias concretas de la aplicación de la Ley Sinde.

Generalmente, eran cosas técnicas que explicaban abogados. Yo, por ejemplo, estaba y estoy de acuerdo con esos abogados y por eso me alegro que la Ley Sinde no saliera y me preocupa que pueda salir en el senado. Sin embargo, éste texto no va de eso (O no exclusivamente)

Además de los abogados hablando de la ley Sinde había otro montón de gente hablando la industria cultural y la cultura. Una parte importante de esos parecían tener clarisimo lo que iba a pasar con la industria cultural y la cultura en los próximos años. A saber, algo horroroso.

De entre esos que opinaban sobre el futuro de la industria cultural y la cultura algunos (lo menos, lamentablemente) han dicho: “No sé lo que va a pasar”.

Yo tampoco lo sé.

Si sé, sin embargo, que no es suficiente con no saber. No saber es un punto de partida, es la orientación mínima para “poder saber”. La mayor parte de los que han dicho “No lo sé” han añadido “Mientras tanto, estoy haciendo ésto”.

Ahora, una breve historia autobiográfica.

He dirigido tres cortometrajes en mi vida. Los tres se han estrenado en Internet y cuentan con licencias Creative Commons. Los tres permiten casi cualquier uso si se hace sin ánimo de lucro. Uno de ellos permite también los usos con ánimo de lucro. Ninguno a ganado ningún premio. Uno estuvo nominado a unos cuantos premios. Uno de ellos lo han visto más de cien millones de personas, otro cientos de miles y otro, el más nuevo, está cerca de de ser visto por diez mil.

Si trabajo con regularidad en esta industria es, principalmente, gracias a la red, a esos cortos y a esa repercusión, pero fue mi trabajo como guionista lo que me permitió financiarlos. (Si, es un pequeño bucle)

Y eran cortos de inversión pequeña, no eran largos, ni series. Su coste era muy bajo, pero sus posibilidades de negocio también lo eran. Al menos en relación a los largos y las series. Como cualquier otro corto.

Eso es lo que yo he estado haciendo “mientras tanto”.

Dos moralejas posibles a la historia…

1.- La cultura libre en el ámbito audiovisual no es rentable (o es incompatible con una industria cultural solvente) Es necesario restringir de alguna manera el acceso a los contenidos. Esas formas de gobierno, aunque desagradables y autoritarias, son la única manera de seguir financiando proyectos.

2.- La producción de una cultura libre en el ámbito audiovisual puede ser compatible con modelos de negocio porque parte de que la mejor manera de construir un público es ponérselo lo más fácil posible para que acceda (y utilice) los contenidos que produces.

Cuando digo “Cultura Libre” me refiero en realidad a lo que ya de por si pasa (El intercambio de contenidos en la red) Solo que existen ciertas herramientas para garantizar que aquello que pasa siga pasando y añadir “y me parece bien”, y algunas otras herramientas para intentar evitar que siga pasando o que siga pasando tal y como pasa ahora.

Y ahora tocaría que yo dijera que los próximos años serán el momento de una gran síntesis entre esas dos opciones. Ya sabéis, ¿no? tesis, antítesis, síntesis. Se llama dialéctica, se da en el colegio y es el motor de la mayor parte de las narraciones.

Pero como dije al principio, no lo sé. Eso tampoco lo sabemos. Entre otras cosas porque internet no es el mejor lugar para producir síntesis, sino al contrario. Internet no es el lugar dónde dos cosas se convierten en una, sino dónde una se convierte en dos.

Así que no lo sabemos. Solo tenemos pistas y experimentos. Solo tenemos lo que unos y otros vamos haciendo mientras tanto.

Lo único mínimamente exigible es tener la inteligencia y la determinación para conquistar la posibilidad de seguir experimentando.

Esa es la pelea, supongo.

Feliz Año Nuevo.

7 Responses to A MEDIO CAMINO DE UNA SÍNTESIS (IM)POSIBLE

  1. Marcos dice:

    Yo te oigo Lauren pero no te entiendo. Feliz año, eso por supuesto.

  2. Hace poco leí que apenas una veintena de páginas tipo “Seriesyonquis” acaparaban el 70% del tráfico de Internet en este país. Alguien, antes o después, se dará cuenta del enorme negocio que hay ahí (y que ahora está siendo rentabilizado por quien no debe).

    Supongo que de alguna forma u otra, al final todo esto se arreglará, y seguiremos sobreviviendo.

    Feliz año, compañero.

    • ¡Feliz año!

      Probablemente una página con precios competitivos, aceptada por la industria y con contenidos de calidad (Un spotify del audiovisual español) sería un mecanismo interesante, pero quienes ahora dicen que la web les quita mucho dinero descubrirían en seguida que no ganan tanto con esa web, que probablemente no les sirve para rentabilizar sus inversiones (Si tiene el precio necesario para ser competitivo.)y más cuando empezaran a repartir los beneficios entre los propietarios de los contenidos albergados.

      Lo poco que ganaran, eso si, se quedaría en “la industria” (Ese eufemismo para hablar de la patronal del audiovisual) pero me temo que no sería suficiente.

      Yo no sé si se arreglará (Ni si quiera me parece un problema terrible) lo que me da rabia es que creo que si en vez de tirar por el camino de intentar controlar lo que pasa y prohibir las descargas (Cosa bastante inútil) tiraramos por el de permitirla y favorecer espacios de compartir las mismas sin ánimo de lucro se generaria un espacio de confianza entre espectadores y productores (Si es que esas categorías siguen teniendo sentido, digamos espectadores y productores profesionales) que estimularía el consumo y permitiría que películas que tienen menos visibilidad tuvieran una vida más larga.

      Con ese espacio de confianza es más fácil comprender (y aceptar) mecanismos de protección industrial como las subvenciones, etc.

      De lo que estoy seguro es de que sobreviviremos. Hay más canales y más soportes, hay más necesidad de producir contenidos, luego hay más trabajo. Esto es de cajón. La pelea es en qué condiciones lo vamos a realizar, claro.

    • Cris dice:

      La difusión de la producción cultural se desarrolla actualmente a través de tres modalidades: pagar por ver, pagar por contenidos, y barra libre gracias a la publicidad. Respecto a la primera los cines o museos no son ni el principio ni el fin, si existe un nuevo soporte, como es Internet, que se busquen fórmulas como las que muchos comentaban por aquí (plataformas a precios razonables y con acceso a una distribución de productos impensable con el sistema actual); la segunda es una fórmula que parece vedada a determinados segmentos creativos… de la misma forma que arquitectos o escultores pasan por caja para cobrar por su obra no entiendo porque no es factible que escritores o guionistas o directores no hagan lo mismo sin tener que depender su subsistencia de cobrar el copyright; lo que irremisiblemente lleva a la tercera: la publicidad… gracias a la cual llevan viviendo muchos desde hace años gracias al trabajo o talento de unos pocos, por ejemplo, las cadenas. ¿El problema es que el dinero ha cambiado de manos? pues seguramente, ¿qué se rompe de alguna forma un modelo de negocio en el que los creadores quedan más desprotegidos? pues si y no, quizás pierden a corto plazo pero ganarán a largo cuando la notoriedad y, por tanto, el contenido, venda más que la mercantilización del mismo. Lo que está claro que quien pierde aqui son los modelos convencionales de distribucción y finaciación/producción de los contenidos… que me dan una pena relativa porque estoy convencida que en nada el mercado encontrará la manera de ganar dinero y de seguir generando negocio y, por tanto, de permitiros a los creadores de contenidos, la subsistencia.

      Seguramente tengo una visión muy simplista de las cosas y hablo de estas cuestiones a brochazos, pero bueno, no puedo evitarlo, creo que Internet ha desbaratado modos caducos, e irrazonables en muchos sentidos, de hacer las cosas, pero está generando a su vez un “habitat” donde la cultura ya no se queda en manos de unos pocos.

      También feliz año y década nueva! (no había caído… de hecho estaba pensando en un par de pagos domésticos y para calcularlo he dado con el cursor para ver a que día estábamos,en fin, despistada que es una).

    • Rodro dice:

      No problemo, Hastiado! Es en ése tráfico intenso en el que tienen los ojos puestos las administraciones. Todos esos milloncetes sin recaudar vía impuestos directos e indirectos que todas las transacciones comerciales tienen hoy en día y que se están yendo por el sumidero van a ser nuestra salvación, porque es en la búsqueda de ése negocio por parte de las autoridades donde está nuestro santo grial. Digamos que seremos felices premiados colaterales en la caza del impuesto perdido, de ése “lucro cesante” que tanto se trata de evitar.

      Será la codicia de las administraciones la que salvará nuestro negocio.

  3. Diego Germán Gonzalez dice:

    Mi problema es que quiero pagar pero no me dejan.
    Yo quiero ver una película en mi casa en calidad flash, pero quieren que vaya a verla al cine en calidad 3d con aire acondicionado y sonido surround cosa que a mi que suelo reproducir la película mientras hago otra cosa en el ordenador no me interesa.
    leo 2 o 3 libros por quincena, muy poco de ellos me interesa conservarlos ya sea en formato digital o impreso. Pagaría gustoso por un servicio de alquiler de libros digitales que permitiera la opción a compra y la impresión. Pero no, insisten en que vaya a una librería de un centro comercial a pagar un volumen con ilustraciones y comentarios que no me interesan.
    Existe algo llamado Marketing, denle al consumidor lo que quiere y chau seriesyonquis

  4. Segui dice:

    Hace unos meses (justo antes de estrenarse en los cines “Toy Story 3”) comenzaron a emitir en un canal INFANTIL-JUVENIL (Disney Channel) un anuncio que por su forma y su tono fiscalizaba el uso que se le puede dar al trabajo que con arte y esfuerzo han realizado otros. Lo he buscado en youtube pero no lo encuentro. A grosso modo era la escena de “Toy Story 2” en la que el anciano del ajedrez repara a Buddy mientras se oye una voz en off transmitiendo el mensaje.

    Conste que no digo que el anuncio no tuviese toda la razón del mundo, no lo sé, pero como madre me indignaba bastante (vamos, que te entran ganas de no ir al cine a ver el que era el inminente, pero ni mis hijos, ni los padres de la criatura, ni yo, ja, ja, teníamos culpa de nada) y cada vez que salía no podía evitar decirle a mis niños que no lo tuviesen en cuenta, que ellos no son los malos de la peli.

    Dejaron de emitirlo cuando se estrenó la susodicha, no sé si porque ya había cumplido su cometido o porque algún organismo u organización puso el punto en la “i”.

    Y todo esto viene a lo que comentabas, Guillermo, qué ocurrirá. Desde este lado de la barrera yo no lo sé tampoco pero sí sé lo que ya he visto y no me ha gustado porque los niños son las personas más influenciables del mundo y son el futuro… Sin olvidarnos de que “los de ahora y de aquí” son consumidores de audio desde el vientre materno y de audiovisual desde “el minuto uno” de su nacimiento.

    ¡¡Feliz año!!

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